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University of Toronto 



http://www.archive.org/details/historiadelaleng01ceja 









HISTORIA DE LA LENGUA 



LlTEfiiTlA CiSTELLíJÁ 



(desde los orígenes hasta CARLOS V) 



POR 



D. JULIO CEJADOR Y FRAUCA 

CAIEURÁTICO l'i\ :.i,NGUA Y LlTKRAlUttA LATINAS 
DE LA UNIVhRSIOAD CENTKAL 




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Madrid 

■flP. UE LA "rEV. de ARCH., BIBL. Y MUSEOS*' 

0/ósaga, ¡. — Teléfono 3.18$. 
i9.5 



^031 

ÍA 
i. I 



CARTA Á GUISA DE PROLOGO 
Á DON ADOLFO BONILLA Y SAN MARTÍN 

Y Á QUIEN MÁS QUISIERE LEERLA 



La Historia de la Literatura castellana debióla escribir, 
como usted sabe muy bien, querido amigo mío, y nos prome- 
tíamos todos que la escribiese, el maestro don Marcelino Menén- 
dez y Pelayo. Ibala escribiendo de hecho, á retazos, con el vasto 
saber y galano decir que en sus libros admiramos. La Historia 
de las ideas estéticas, la Antología de poetas líricos, los Orígenes 
de la novela, la Bibliografía hispano-latina, los Prólogos á las 
comedias de Lope, tantos otros prólogos, bibliografías, estudios 
y libros, sillares son y aparejo, piezas artísticamente talladas, 
con las cuales pensaría sin duda labrar y levantar el edificio, 
que su misma inagotable é insaciable erudición, la demasiada 
grandeza de sus propósitos y la súbita y nO' esperada muerte le 
impidieron llevar á colmo. 

Lo que no pudo hacer el maestro debiera hacer usted, mi que-» 
rido y sabio ainigo, tan impuesto y enterado como está en todo 
cuanto atañe á Literatura española, á Filosofía española, á cultu- 
ra española y á bibliografía española, amén del continuo conver- 
sar con los antiguos clásicos, italianos y latinos, en que usted á 
diario se emplea, entrando y saliendo por aquellas literaturas tan 



VI CARTA A GUISA DE PROLOGO 

fami'liarmente. que no sé quién, en esta parte, no le reconozca 
ventaja. 

Bien sé yo, por el contrario, que el son de alabanza de estas 
mis palabras le habrán de apesadumbrar; pero ¿cómo hemos 
de sufrir los que su valer reconocemos que su nombre no suene 
por ahí dentro de España tanto como debiera sonar y suena en- 
tre los hispanófilos de fuera, por hallarse modestamente alejado 
de los acostumbrados conventículos de donde salen los bombos 
desaforados que algunos mozos pretenciosos, hinchados de 
huera necedad y fori-ados de grotesca ignorancia, suelen repar- 
tirse entre sí, sin mentar jamás á los que cabalmente por sabios 
macizos no meten allí el pie, contentos con trabajar en su retiro? 
¿Cómo hemos de sufrir que, con todo el matalotaje de conoci- 
mientos y saber que usted tiene allegado, se nos venga usted, 
al cabo y á la postre, con una sencilla traducción de la Historia 
de la Literatura española, como la que ha hecho del eminente 
hispanófilo Fitzmaurice-Kelly, dejando á los que menos valemos 
la recia tarea de hacer medianamente lo que con su erudición y 
saber haría usted por manera acabada? 

Bien conoce usted que no peco de exagerado ni en ensalzarle 
ni en abatirme, pues se conoce á sí y me conoce y es en tanta 
nianera verdad, que se me caía la cara de vergüenza cada vez 
que pensaba en poner en sus manos las cuartillas de este mi li- 
bro y que le oía decir asombrado y medio turulato: "Por cier- 
to que el atrevimiento de Cejador sobrepuja á cuanto yo imagi- 
nara y corre parejas con su diligencia y laboriosidad." 

Y e-stará usted en lo cierto. Porque á laboriosidad y diligen- 
cia se me figura que me igualarán pocos, y en atrevimiento ya 
bien ve usted y toca con las manos si yo me quedo corto. 

Ahora echará ustetl bien de ver cómo este Jibro, lan hijo de 
mi niuclio atrevimiento en escribirlo^ yo, como de su demasiada 
modestia en no haberlo escrito usted, á usted y á nadie más que á 
usted podia y tenía (|uc dirigírselo, como se lo dirijo por estos 



A DON ADOLFO BONILLA Y SAN MARTIN VII 

renglones. Porque de esta manera ini atrevimiento y su modestia 
podremos decir que se balancean y el libro queda justificado y 
en el fiel. Y ya que para los demás que hayan de leer esta carta 
he levantado y puesto en su punto sus merecimientos, quiero 
apocar y poner en el punto debido los míos, para que, dando 
razón de su justo asombro, disculpe con todo eso mi atrevimien- 
to. He intentado juntar en este libro, á la historia de nuestra 
literatura, la historia de nuestro idioma, cifrando en breve suma 
cuanto tengo más largamente probado en el Tesoro de la lengua 
castellana y en los Diálogos sobre el nacimiento del castellano. 
De Filología creo entender algo, por ilo menos para lo que en 
España se usa, y como los españoles tenemos por estilo y cos- 
tumbre, harto vieja, menospreciar lo nuestro y á la discreta 
modestia no se opone el reconocer el propio valer, me permitirá, 
mi querido amigo, que para que alguien no tome el rábano por 
las hojas, añada que aunque mis opiniones acerca de los orígenes 
del castellano sean algún tanto nuevas y no suenen del todo 
agradablemente en los oídos de ciertos filólogos, van fundadas 
en el conocimiento que tengo de los idiomas todos que pueden 
haber contribuido á la formación del castellano. De este asunto 
han tratado varones entendidos en uno ó más de estos idiomas, 
romanistas, arabistas y vascófilos, por ejemplo. Yo he gastado 
toda mi vida e.i estudiar griego y latín, árabe y hebreo, lenguas 
románicas y lenguas germánicas, y muy particularmente el vas- 
cuence. He trabajado en otros muchos y peregrinos idiomas, 
que no es del caso mencionar, y he escrito acerca del origen v 
unidad de las lenguas con argumentos que todavía nadie ha 
deshecho ni rebatido. Consecuencia de todos estos estudios y 
preparación de mi vida toda son las nuevas opiniones que susten- 
to acerca del nacimiento de nuestro romance. Creo, mi querido 
amigo, tener algún derecho á no dar oídos á calladas hablillas, 
que por detrás y sin dar la cara y menos sin redactarlas honra- 
damente en públicos escritos, se dejan caer por ahi de solapa 



VIII CARTA A GUISA DE PROLOGO 

ciertos filólogos, cuyos méritos reconozco, pero enteramente 
ayunos de la mayor parte de los conocimientos lingüísticos que 
este asunto requiere, que podrán estar bien enterados de la Filo- 
logia románica, pero que ni entienden dos renglones de cualquier 
libro griego, árabe, hebreo y vascongado, y gracias que lean 
tropezando algunos renglones de buen latin. He de añadir algo 
más. Estos filólogos españoles y otros extranjeros, qvie tratan 
cosas de nuestro romance castellano, desconocen lo que es nues- 
tro idioma. Usted, que ha leído el Tesoro de la lengua caste- 
llana, sabe muy bien que del habla vulgar y verdadero castella- 
no de hogaño y de antaño no conoce el Diccionario de la 
Academia las tres cuartas partes, que más que otro tanto de 
voces, digo mal, más que tres veces otro tanto de voces corren 
por ahí y andan en libros viejos, de las cuales la Academia no 
tiene noticia, ni de ellas tienen noticia los romanistas extran- 
jeros. Los cuales, con ceñirse á los vocablos latinos de nuestro 
romance ya creen conocerlo enteramente y fallar sobre su na- 
turaleza y nacimiento. Pero hay otros tantos y más que no son 
latinos y ni siquiera los mientan por la mayor parte los roma- 
nistas, porque no los conocen, y de los que conocen suelen dar 
etimologías tan chistosas como opuestas á las leyes fonéticas 
que ellos admiten en teoría y tienen después que dejar á un lado 
en la práctica al quererlos explicar por el latín. Todo esto he 
tenido que decirlo por cuanto atañe al castellano, cuya historia 
resumo en este mi libro. Ahora, cuanto á literatura castellana, 
confieso que tiene usted motivos para asombrarse de mi atre- 
vimiento. Porque ¿qué se me alcanza á mí de este menester si 
me comparo con usted y con Rodííguez Marín, el que más sabe 
de (literatura y folklore andaluz, y aun con otros menos claros 
en nombre, más peritísimos en letras españolas, á quienes no he 
de nombrar por ser harto conocidos, así como ni á los hisi>anó- 
filos extranjeros, que si menos al tanto de ciertas quisicosas del 
romance, me dan, en cambio, quince y raya en erudición y ver- 



A DON ADOLFO BOXILLA Y SAN MARTIN IX 

dadero sabei ? "¿Por qué, pues, me dirá usted, se ha atrevido 
á poner sus manos pecadoras en una Historia de ¡a literatura 
casteUatia, cuando de sólo pensarlo me tiemblan á mi las carnes?" 

A ese por qué deseaba responder en esta carta á guisa de pro- , 
logo. Cuando leí el ejemplar, que usted me regaló, de la nueva 
edición de la Historia de la Literatura española, compuesta por 
Fitzmaurice-Kelly y por usted traducida, Madrid, 1913, se m.e 
subió la sangre al rostro, considerando lo desairado del papel 
que representamos los 'literatos españoles al dejar que nos ga- 
nen por la mano y se nos adelanten los hispanófilos extranjeros 
en cosa tan nuestra, que, por muy conocedores que sean de 
nuestras cosas, nunca pueden penetrar en el espíritu de la raza, 
que en ellas late y bulle, y mucho menos en cosas tan castizas 
y hondas como el idioma y la literatura. Y esta es la disculpa 
que tiene, y yo le reconozco, la dicha Historia del eruditísimo 
hispanófilo inglés, en no haber acertado, según á mi me lo pa- 
rece, en bastantes pimtos cuanto á la crítica, siendo, en cambio, 
tan rica en noticias bien aseguradas y tan puntual en todo y tan 
al cabo de los últimos descubrimientos de la erudición, que hoy 
camina á más andar, como podía esperarse de su autor y de 
muy contados españoles podría esperarse le llegaran á igualar. 
Esta mengua en la critica de algunos libros y escritores, junta- 
mente con la brevedad sucinta á que el autor quiso ceñir su 
obra, están pidiendo se escriba otra, si no tan prolija, retórica 
y rebutida de ajenas historias como la de Amador de los Ríos, 
obra por otro cabo meritísima, de donde muchos sacaron no 
poco de lo que dieron por propio, una Historia de la literatura 
castellana del tamaño de la de Ticknor, poco más ó menos, más 
moderna y más española, que desenvuelva algún tanto más lo 
que en la por usted traducida se halla demasiadamente con- 
densad© y ajuste más el criterio estético en el todo y en las 
partes. 

Eso lo hubiera podido hacer, á lograr más larga vida, el 



X CARTA A GUISA DE PROLOGO 

Maestro ; eso lo pudiera hacer usted, si no llevase de calle tantas 
empresas á la vez, abrumado de las cuales me persuado que no 
lo llegará usted á hacer nunca; eso lo pudiera hacer Rodrígiiez 
Marín, si su cargo y ocupaciones se lo permitieran. Pero ello 
es que ustedes los que pueden... no pueden, y asi tenemos que 
hacer un poder los que no podemos. Alguna disculpa tiene, pues, 
mi atrevimiento, y si con él lograse echar no sea más que las 
zanjas y asentar anchos cimientos, y si no descontentándoles 
la traza, ustedes los que saben ú otros que después vinieren 
quisieran levantar sobre ellos más gallardo y mocizo edificio, 
daríame por bien pagado. 

Qué traza y criterio sea el mío héselo de apuntar aquí en 
dos palabras á los demás que me leyeren, ya que adelante lo' han 
de echar de ver al leer mi libro; usted ya lo tiene leído, puesto 
que tan cariñosa como desinteresadamente se me ofreció á re- 
visar las pruebas y las revisó, por lo que jamás le quedaré bas- 
tantemente agradecido. 

Dilicu'ltoso es atinar, cuando el público, que desea leer una 
historia de la literatura, es tan vario, que unos sólo quieren co- 
Tiocer ceñidamente los resultados, autores, obras, juicios del 
historiador y el cuadro general del desenvolvimiento literario 
en nuestra patria, y otros buscan la razón de los hechos, mayores 
pormenores, la bibliografía que les encamine para estudios par- 
ticulares c|ue pudieran emprender, los fundamentos en que los 
resultados estriban. A los primeros puede satisfacer la obra de 
Fitzmaurice-Kelly ó la que á su imitación publicó el benemérito 
hispanista Ernest Merimée, ó esta mia, ateniéndose á lo que, 
mirando á este intento, he hecho imprimir en letra más gruesa. 
Para los segundos es lo qtic va en letra más menuda, donde he 
procurado resumir lo más imiwrtante que me lia ])areci(lo hallar 
en tantísimos libros como se han escrito y cuya I)ihliografía 
anoto con particular esmero, valiéndome, sobre todo, de la que 
usted con tanta puntualidad ha sabido añadir á la traducción 



A DON ADOLFO BONILLA Y SAN MARTIN XI 

de la obra de Fitzmaurice-Kelly. Usted mismo, Menéndez )- Pe- 
layo, Foulché-Delbosc, Rodríguez Marín, Fitzmaurice-Kelly, 
Merimée, Farinelli y otros hispanófilos extranjeros han escrito 
páginas admirables sobre puntos sueltos y sin las cuales este libro ^ 
no hubiera podido escribirse. Mayormente la Reviic Hispanique, 
dirigida por Foulché-Delbosc, como usted sabe, el más cum- 
plido de dos hispanófilos, es un minero inagotable de hechos y 
apreciaciones, indispensable para cualquiera que desee ahondar 
un asunto cualquiera. Las Bibliotecas y Bibliografías de Nicolás 
Antonio, Gallardo, Salva, Heredia, Brunet, Juan M. Sánchez, 
etcétera, etc., son canteras harto conocidas. De todas me he apro- 
vechado, no para enseñarles á ustedes los que saben más que 
yo, pues ustedes pocas cosas han de aprender en este libro y 
muchas tendrán que enmendar, y se lo agradezco de antemano, 
sino para encaminar á los jóvenes que deseen trabajar en algu- 
nos puntos particulares. 

Cada vez estoy más persuadido, primero, de que al orden 
cronológico no ha de anteponerse el de géneros ni escuelas, y 
segundo, de que para comprender el cuadro literario es in- 
dispensable hallar junto á él y en su propio lugar de fecha los 
demás escritos no literarios, pero que completan el conocimien- 
to de las letras españolas. "Hasta hoy no se ha entendido bien 
la historia de nuestra literatura, dice M. Pelayo (Cieñe. Esp., 
II, I o), por no haberse estudiado á nuestros teólogos y filóso- 
fos." Orden riguroso de años en los cuales se imprimió la pri- 
mera obra de cada autor, desde que hubo imprenta, ó en los 
cuales se compusieron, antes de haberla, esto es, del tiempo en 
que cada uno comenzó á darse públicamente á conocer por sus 
escritos: tal ha sido mi pauta. Las obras no literarias van en 
caracteres menores, como lo demás que toca á ilustrar el asun- 
to principal. De tales obras de cultura general he escogido las 
de mayor momento, sin tratar de agotar la inagotable biblio- 
grafía. 



XII CARTA A GUISA DE PROLOGO 

Estas dos innovaciones son las que me han movido á em- 
prender este trabajo, ya que ustedes los que pudieran mejor que 
yo no lo hacen ; pero queda otro motivo, y es el principal. No me 
contenta el criterio de los que hasta hoy han tratado este asunto 
de la literatura y menos los que han hablado acerca del caste- 
llano. En literatura yo pongo muy por cima de cualquier obra 
erudita la menor obra del pueblo, la comúnmente no escrita, la 
sancionada en cambio por el consentimiento de la raza española, 
como aprecio el habla popular, la única natural, mucho- más que 
cualquier otra modificación que en ella introduzcan los erudi- 
tos. La razón es clara para los modernos filólogos: lo que los 
eruditos añaden al idioma nacional es sencillamente una falsi- 
ficación del idioma, bien asi como las flores de celuloide ó de 
papel son falsas flores para el botánico. Ahora bien, esto corre 
igualmente respecto de la literatura. Distinguir bien el elemento 
popular defl erudito en las obras literarias : tal es mi criterio. 
Cuanto á la historia del castellano, que es otra de mis innova- 
ciones, también me aparto de los romanistas, que son los que 
acerca de él han tratado, y naturalmente por ser romanistas no 
han visto en nuestro idioma otra cosa que lengua romana, latín 
y solo latín. Bien sé que disgustaré ya desde aquí á muchos lec- 
tores ; pero que contente á la verdad y á los que la buscan es 
lo que importa. En casi todas mis obras vengo probando que el 
éuscaro ó vascongado ó ibero ha contribuido enormemente á 
la formación del castellano. Todavía no se han rebatido mis 
pruel>as; ahí siguen, pues, en pie, grita que te gritarás. Y éste 
es mi criterio cuanto al idioma. 

Creo que son suficientes motivos para habenuc iniesto, con 
atrevimiento disculpable, á escribir l:i historia de la lengua y 
literatura castellana. El que tenga otros criterios escríbala se- 
gún ellos, los míos presentan sus derechos como los de otro 
ciialí|uiera. 

Soy tan devoto y aun apasionado de la literatura lielénica 



Á DOX ADOLFO BOXILLA Y SAN MARTIN XIU 

como quien se pasó su vida leyendo y saboreando sus obras 
maestras ; no soy, con todo eso, ciego por el clasicismo, al modo 
de los humanistas del Renacimiento, y aun por lo mismo que he 
gustado el único verdadero clasicismo, que es el helénico, dis- 
tinguiéndolo bien del postizo y de imitación, salvo raras excep- 
ciones, de los romanos y renacentistas. No quisiera ser un An- 
gelo Policiano, quien por locamente ciceroniano no alcanzó 
jamás á escribir como Cicerón. El clasicismo helénico contenía 
dos elementos : el uno la naturalidad virginal, nacida de la na- 
cionalidad en asuntos y modo de decir; el otro de idealismo que 
llevaba el arte helénico á ser un eco de la serena Sofrosine del 
Olimpo de los dioses. Ni uno ni otro imitaron comúnmente ro- 
manos ni renacentistas, contentos con tomarles los asuntos, la 
mitología, las frases y palabras y poco más, lo que jamás debie- 
ron tomar, por ser para los griegos nacional y para los demás 
extraño y postizo. Imitar el arte griego consiste en cultivar lo 
nacional y según las cualidades del sentir de cada nación. En 
España cultivar el realismo es imitar á los griegos cuanto á su 
idealismo; ahondar en nuestra historia, leyendas y espíritu es 
imitarles cuanto á su mitología. 

Lo nacional es lo único natural y grande en cada pueblo. 
Tal es la razón de mi criterio, que pudiéramos llamar democrá- 
tico y que no es mío, sino de la ciencia y de la estética moderna, 
para la cual vale más un cantar enteramente popular que el me- 
jor poema erudito, si no es popular á la vez. Hoy, tanto en pin- 
tura como en literatura, se busca lo primitivo, porque es lo más 
popular y nacional ; se quiere, por lo mismo, gozar de lo fuerte, 
recio, natural y realista. Ninguna nación europea atesora más 
obras de esta laya que España. "Cuanto á nacionalidad, ocupa 
la literatura española el primer puesto", dijo Federico Schlegel 
en su Historia de la literatura antigua y moderna (t. I, c. ii"). 
"El romancero es, no solamente la verdadera Riada de España, 
conforme ail dicho de Víctor Hugo, sino el monumento más 



XIV CARTA A GUISA DE PROLOGO 

variado y duradero y la manifestación literaria más curiosa 
de su vida pública y privada", dijo E. Merimée en su Précis 
d'histoire de la Littératiire Espagnole (pág. 165). Ahora bien, el 
romancero es la obra más popular de nuestra literatura. Todo 
ello lo sabe usted de sobra y no es pequeño regalo para mí el 
conocer que éste mi criterio lo sea también suyo, por más que 
no lo haya sido de la mayoría de nuestros historiadores litera- 
rios, chapados á la antigua, demasiadamente eruditos, renacen- 
tistas y librescos. 

Acepte, pues, mi querido amigo, lo que de sano y bueno 
hubiere dado mi atrevimiento en este libro, y eche lo malo, que 
no dejará de hallar bastante en él, á mi poco saber, que para 
eso se lo he confesado honradamente. 

TuLio Cejador. 



bibliografía general 



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NACIMIENTO DEL ROiMANCE 
Y DE LA LITERATURA POPULAR 



1. Los sabios que tratan de prehistoria nos dicen que hubo 
en España gentes de la fuerte raza que llaman de Cro-Magnon ; 
los teósofos añaden que aquellas gentes fueron atlantes, desga- 
jados de la Atlántida, que se hundió en el mar entre Eui^opa y 
América; los hechos y la historia sólo nos aseguran que las 
tierras de España conservan todavía, como los más antiguos 
nombres que los hombres les pusieron, vocablos claramente vas- 
congados y que, por consiguiente, la raza vascongada ó, por su 
propio nombre, escualduna, es la más antigua conocida en Es- 
paña; de haberlo sido otra, no dejarían de haber quedado huellas 
en la toponimia. Iberos llamaron los griegos á los escualdunas 
ribereños del Iber ó Ebro, nombre éuscaro, extendiendo des- 
pués la denominación al resto de los españoles. La de España 
es voz vascongada que indica extremo, el non plus ultra, que 
después la simbolizó traduciendo este nombre, por ser el límite 
de Europa. Por acá vinieron y traficaron por el Sur y Levante 
fenicios y griegos, y algunas corrientes de celtas por el Noroeste, 
que corriéndose por la cuenca del Tajo á la meseta central ha- 
cia el Nordeste, formaron con los iberos los llamados en aquella 
región celtíberos. Rarísimos rastros quedan de aquellas gentes 
en la toponimia é inscripciones. Trajéronnos los romanos su 
civilización y dieron su estructura al habla de los españoles. 
Bandas de godos, suevos y vándalos, ya romanizados, llegaron 
acá, dejándonos algunos vocablos y apellidos, y más de asiento, 
dejándonos otras veces algunos árabes de Siria y muchos más 
africanos, medio arabizados. El iberismo, que se toca y palpa 



2 NACIMIENTO DEL RO.MAN'CE 

en las provincias vascas y Navarra, está en el fondo de todos 
los españoles, á pesar de las diferencias que los distinguen, mer- 
ced á las cualidades de tierras y climas y á los tintes con que 
pueblos extraños los colorearon. Siglos y siglos vivieron aparta- 
das varias regiones, sin que la unidad, emprendida por los Aus- 
trias y continuada por los Borbones, haya pasado de la política, 
siendo de hecho más nominal que real. 

Galicia, en inmediato trato con Portugal y con la influencia 
francesa durante la Edad Media; Andalucía, respirando aire 
africano y moruno hasta el siglo xvii, ¿cómo iban á formar 
un todo verdadero por la unidad absolutista de algunos reyes? 
Menos lo hablan de formar con Castilla las regiones de Cataluña 
y Valencia, apartadas por el idioma y ¡sor la historia durante 
tanto tiempo. Los elementos que más ayudaron á la unidad tie 
España fueron la conformación geográfica de la Península, la 
cultura romana y la religión católica. Pero el verdadero lazo fué 
el idioma, que traba á Castilla con Andalucía y Aragón más 
apretadamente que á las regiones donde el habla se desvía del 
troquel castellano. Con todo eso, las cualidades, buenas y malas, 
que tan á la clara se hallan en los vascongados, se traslucen y 
aun campean en el común de los habitantes todos de España, 
incluyendo á Portugal ; distinguiéndose de los demás, si algunos, 
los catalanes. En el español el espíritu vence á la materia, tiene 
más cerebro que cuerpo, mejores cualidades morales que físicas. 
La elevación de sentimientos le lleva á reventar de hidalgo por 
no abatirse al trabajo manual, que tiene por servil, dando en la 
picaresca y busconerla, cegándose así en no ver en ella bajeza 
alguna, antes cierta grandeza de guapo dominador y no menor 
maestría en el ingenio: tal es la causa de su odio al trabajo, su 
afición á la vida apicarada y aventurera y el gusto por la biza- 
rría en el porte, la majencia en el trato y el matonismo con los 
<lemás. El ingenio del español es brillante, pronto y despierto, 
anas de intuición y fantasía que de abstractiva inteligencia, más 
<lc poeta y soñador que de sabio y erudito : de aquí su valer como 
artista y su poca afición á sistematizar científicamente los he- 
chos, lo i)lástico y realista de sus creaciones instintivas y el desvío 
tle lo simbólico, ideal y abstracto. E.l claro conocimiento de la 
justicia hace vivir continuamente al español en el mundo moral, 
juzgándolo todo éticamente, más que segi'm el interés y la con- 



RAZA Y CLIMA 5 

veniencia, moralizando siempre en literatura y fiscalizando los 
actos de los demás, sobre todo de los suyos y aun de sí mismo ; 
■de aquí la gravedad en todo su proceder, hasta hacerse pesado y 
tardo, perdiendo la oportunidad con la indecisión. 

El español es de una voluntad de hierro, tenaz hasta la testa- 
rudez, constante y apegado á sus tradiciones hasta el atraso en la 
civilización, religioso por tradición, amante de la independencia 
como nadie. No es guerreador por naturaleza, prefiriendo la 
paz; pero por la independencia, por cualquier grande ideal de 
justicia, se echa al campo y es constante, sufrido y bravo gue- 
rrero, sin importarle nada el perder la vida. Gracias á su claro 
ingenio y fuerza de voluntad, es el español extraordinariamente 
franco y sincero y nada supersticioso ni dado á ocultismos, ama 
la luz y aborrece las med'a.? tintas. En suma, de gran sentido 
•común en las cosas espirituales y de muy escaso en las materiales, 
•es pensador recio, original y elevado, artista realista y sincero, 
de gran corazón, compasivo y valiente y denodado defensor de 
la justicia y de toda noble causa; pero no quiere trabajar, odia 
■el ahorro, menosprecia el propio interés, no se muere por las 
comodidades materiales y sólo fué grande cuando los ideales 
■espirituales señoreaban la opinión pública en los pueblos, que- 
dando aniquilado y por tierra, sin saberse qué hacer, cuando 
los materiales del trabajo y del oro sobrepujaron á todos los 
■demás. El catalán, más europeo y francés, es trabajador y aho- 
rrador, comúnmente por interés ; lo es, no menos, el vasco, por 
honradez y hombría de bien. El español lo será, y con ello 
será grande, el día que haga lo que el vasco, y lo hará algún 
día, porque lleva en su alma los mismos ideales, donnidos hoy 
por el golpe que dio al caer de su ahidalgado estado, al volcarse 
los ideales de la sociedad ; cuando se persuada de que el trabajo, 
sí puede ser cosa vil y de esclavos, también puede ser una cosa 
virtuosa y noble, propia de toda persona honrada é indepen- 
diente. 

El clima en España es extremo: africano unos meses en 
valles y mesetas, siberiano otros en mesetas y alturas montaño- 
sas. Los ardores del estío siéntense en toda la Península, los 
fríos del invierno llegan á todas partes. Algún tanto se templan 
•estos rigores en las costas, y en todo el territorio la primavera, 
y más el otoño, son paradisíacos. Los tonos más violentos coló 



4 NACIMIEXTO DEL ROMANCE 

rean la literatura y el habla de los españoles. No son literatura 
y habla de chimenea rusa, de nieblas londinesas, de gris parisién, 
ni lo son de arenoso y sofocado Egipto, de tropical y malsano 
Ganges. Son de un ambiente atemperado; pero con los mayores 
rigores que en un ambiente atemperado pueden darse. Hay 
más violencia y rigor en el tránsito de los climas en España que 
en Italia y Grecia: el habla y la literatura lo dicen más claro 
que las lineas isotémiicas é isobáricas. 

2. La lengua castellana, como obra de arte popular, \"ale in- 
finitamente más que toda su literatura. Hay en los modismos, 
en las metáforas, en las frases hechas, en los refranes, mucho 
más hondura de pensamiento, mayor sutileza de ingenio, más 
brillante colorido, chiste más delicado, que en todas nuestras 
obras literarias juntas. Nuestro idioma vulgar, descostrado de 
la mitad ó más de las voces que traen los diccionarios y em.- 
pleamos los cultos, que sólo sirven de emporcarla, aguarla y 
empañar su vivo colorido, es la obra maestra del arte popular 
nacional, inconsciente si se quiere, pero de hecho hijo de la 
reflexión. Alguien fué el primero que dio en el chiste de una 
expre.'íión, que pintó el dicho con singular gracejo ó lo vistió 
con no esperada metáfora; el pueblo vio al punto que tal era 
la expresión propia confonne al genio de la raza, y en la cual 
los demás no habían dado, y la abrazó como suya, se la apropió 
y, olvidado ai día siguiente su autor, corrió ya como cosa co- 
rriente, como inconsciente brote del habla de todos. 

Ni el idioma castellano ni los romances ó poesia vulgar cas- 
tellana nacieron en el punto y hora en c]ue les ocurrió trasladar- 
los al papel ó á los pergaminos á algunos escritores más aman- 
tes de lo nacional y menos pagados de la muerta lengua latina 
y de la extranjeriza literatura, que el común de los escritores 
suponían como únicamente dignas de escribirse. Efectivamente, 
un idioma y un género poético no nacen en un día ni brotan 
en un pueblo al amanecer de un hoy tras un ayer de muchos 
siglos, durante los cuales ese pueblo viviera sin literatura y sin 
idioma. Al finalizar el siglo iv, todo latín había desaparecido 
de los labios de las gentes, habíase trocado de latín vulgar en 
otras liablas vulgares, que ya no se podían llamar latín. Para 
llegar á aquel acontecimiento largos años habían pasado que se 



ORIGEN LATINO DEL CASTELLANO 5- 

hablaban ya esas otras hablas populares, pues los truecos de 
idiomas, la evolución de uno en otro, como de padre á hijo, no 
son acaecimientos que pidan menos de varios siglos. Cuando 
Cristo vino al mundo se hablaba, por consiguiente, en España, 
latin y castellano á la vez : latín por los colonos romanos y por 
las personas cultas y aun acaso, más ó menos estropeado y en- 
tendido, por los vecinos, originariamente españoles, de los Con- 
ventos jurídicos. Colonias romanas y poblaciones á medio lati- 
nizar; castellano por las gentes del campo y de las aldeas, que 
eran los más. Creer que los aldeanos llegaron jamás en España 
á hablar latín, olvidando enteramente el idioma nacional pre- 
rromano, es un sueño, del cual puede suavemente despertar 
quienquiera que repare en que más de la mitad del caudal léxico 
castellano, inexplicable para los romanistas, no es latino, sino 
de origen ibérico ; en que la pronunciación castellana es ibérica y 
no latina; en que no pocos sufijos derivativos y algunas cons- 
trucciones pertenecen al habla prerromana de los españoles. De 
haberse hablado en toda España latín, olvidada enteramente 
aquella habla nacional, evolucionando después el latín hasta con- 
vertirse en romance, no estaría éste empapado de elementos ibé- 
ricos tan sustanciales como son la pronunciación, la mitad 
del caudal léxico y no pocos sufijos y construcciones, porque 
no hay idioma vulgar que vaya á tomar voces, sufijos y fone— 
tismo de otra lengua ya muerta, mayormente de lengua no 
erudita ni escrita, cual era el habla prerromana de los españoles. 
Que el castellano naciera del latín no era para puesto en 
duda; que naciera del latín vulgar, no del literario, tocaba ave- 
riguarlo á la moderna filología; pero cuándo y cómo naciera 
ya son puntos más espinosos, de pocos sabios conocidos, y aun 
esos pocos traen contienda sobre ello. ¿Qué latín vulgar era 
axjuel del cual nació nuestro romance ? Para deslindarlo hay que 
cifrar en pocas palabras la historia de la lengua latina. Hay que 
distinguir la lengua hablada de la escrita ó literaria: la primera 
la hubo desde que hubo romanos en el mundo; la segunda nació 
más tarde, puede decirse que con Livio Andrónico (514 de 
Roma), el primer autor en fecha de la literatura latina. Sabe- 
mos con toda certeza que, además del latín literario de los libros, 
hubo un lenguaje que los autores latinos llaman sermo vidgaris, 
plcbeiiis. iisiialis, cotiidiauus. inconditiis, prolctarins, prisca 



o NACIMIENTO DEL ROMANCE 

¡at'mitas, ó acaso varios lenguajes de la gente patricia y de la 
gente plebeya, y esto según los diversos tiempos, pero con al- 
guna distinción entre las dos clases sociales, pues le contraponen 
el sermo urbanns, cruditus, perpolitus de los patricios, el cual 
siempre se ha diferenciado en todas partes del habla puramente 
literaria. Lo primero que echa de ver el que conoce comparati- 
vamente las lenguas indo-europeas, es que el antiguo latín vul- 
gar, la prisco latinitas, tal cual se transparenta en las inscrip- 
ciones más añejas, en los versos saturnios ó nacionales y hasta 
en los mismos autores clásicos que afectan arcaísmos, se allega 
más en el fonetismo á las demás lenguas de la familia y á las 
otras itálicas en particular, que no al latín literario clásico de la 
época de Cicerón y de Augusto. Baste recordar el que e, o, del 
antiguo latín, de varios dialectos itálicos y de las demás indo- 
europeas, toman en latín literario el timbre más estable de i, u; 
que los antiguos diptongos, debidos al esfuerzo ó guna, por el 
cual deico se asemeja á deic-numi, etc., etc., se contraen en i, u 
al llegar al latín literario. No menos manifiesto es que las ten- 
dencias del literario van poco á poco obrando con mayor fuerza, 
dando sello particular á esta lengua semioficial conforme ade- 
lantan los tiempos, pues se les ve apuntar en los más viejos escri- 
tores y generalizarse en la época clásica. De modo que en sus 
comienzos el literario apenas difiere del vulgar; pero poco á 
poco estas dos lenguas, evolucionando conforme á sus particu- 
lares tendencias, que son, comúnmente hablando, la vulgar hacia 
el dialecto umbrío y la literaria hacia el oseo, van apartándose 
entre sí cada vez más. En un principio, la pequeña diferencia es 
de creer naciera de la diferente pronunciación y gusto entre la 
plebe y la clase patricia, más latina ésta, aquélla más montañesa 
y que se iba acrecentando con los sabinos y otros que se les iban 
allegando. La misma gente patricia, cuando se comenzó á escri- 
bir, de creer es que escribieron en su propia habla, no en la de 
la plebe : por manera que siem])re, en la época clásica, antes y 
después, el lenguaje hablado por las personas de cuenta en Roma 
se parecía más al literario que no al plcheius, vulgarís, prolctariits. 
De estas tres variedades, el vulgar hablado, el hablado urbano 
y el literario, sólo el primero fué el que pasó á las provincias, 
después de colorearse con los matices de los dialectos itálicos 
en sus correrías por toda Italia, y el que dio nacimiento á los 



HISTORIA DEL LATÍN 7 

romances. Tenemos, pues, una prisca rusticitas, más conforme 
al indo-europeísmo y al dialecto úmbrio y que encerraba en 
germen las tendencias que después se desenvolvieron, dando 
su carácter analítico y fonético á las lenguas románicas, y junto 
á ella un latín más culto y parecido al oseo, que llevado á la 
literatura, da otra variedad, la del lenguaje literario, el cual, to- 
mando otro sendero opuesto al vulgar, y acompañado siempre 
de cerca por el hablado de las personas más granadas, se des- 
arrolla y, apoyado en la fuerza de la política y de la cultura y 
caracterizado, ó digamos mejor, extranjerizado no poco con la 
lengua y literatura helénica, de la cual abraza vocablos y cons- 
trucciones, se aparta cada vez más del pueblo para vivir en los 
libros. En la época clásica apenas suena para nada el habla 
vulgar, que corre por lo más hondo sin meter ruido y evolucio- 
nando por todo el imperio. El literario es el único que aparece 
y domina, crece en poder por ser el habla oficial, se impone 
por la Administración central, por el establecimiento de escue- 
las, por el mismo esplendor de la literatura. Desde Augusto á 
los Antoninos lucha con el habla vulgar y aun parece arrollarla 
en todas partes; pero declinando el poder imperial, mejor diga- 
mos, perdiéndose el arte literario verdadero con mayor velo- 
cidad de lo que tardó en desenvolverse, puede decirse que al 
fin del siglo ii fenece la literatura clásica y su lenguaje, el habla 
urbana de Roma. Renace la literatura en el siglo iv, pero ya 
es otra : la literatura cristiana. Los autores desde aquel tiempo 
los más son cristianos y escriben en una lengua muerta, especie 
de jerga que ni es latín literario clásico ni latín vulgar hablado, 
sino mezcla hechiza de entrambos; los pocos escritores gentiles 
que aún quedan no escriben mejor, antes Lactancio y otros cris- 
tianos sobrepujan á todos. Con la venida de los bárbaros en el 
siglo V todo latín hablado desaparece, pues el mismo vulgar 
tiempo había que, no sólo en las provincias habíase convertido 
en verdadero romance en labios de los indígenas, pero aun en 
las ciudades más cultas de ellas y en la misma Roma, se confun- 
dían los casos, se perdían las terminaciones, sustituyéndolas por 
las preposiciones, se usaban los participios con los auxiliares, 
etcétera, etc. El lenguaje literario cristiano, lengua muerta de 
hecho y puramente erudita, apenas lo malsaben algunas perso- 
nas instruidas, por más que se siga enseñando en las escuelas 



8 NACIMIENTO DEL ROMANCE 

que quedan en pie y aun se emplee en el pulpito, siendo enten- 
dido de la selecta sociedad. Los pocos que lo escriben lo malean 
más y más latinizando los vocablos extraños que los bárbaros 
traen ó que las naciones diversas del mismo imperio emplean 
en sur. romances y que corren con las legiones en continuo tra- 
siego de una parte á otra. Tal es el llamado bajo latín, latini- 
zación erudita de todo el léxico vulgar, de cualquier procedencia 
que fuesen las palabras, en manos de los escritores. 

3. Cualquiera que conozca el espíritu de los antiguos sabe de sobra 
que para las personas cultas de aquellos tiempos no había más latín que 
el literario. A nadie se le ocurrió jamás escribir en aquella jerga vul- 
gar, que se consideraba como una degeneración del latín culto, torpe- 
mente desfigurado y estropeado en labios de la gente plebeya. Tal es 
la causa de que las únicas noticias que tenemos del latín vulgar las 
debamos á la investigación científica, que por medios indirectos ha 
llegado á rastrear algunos datos: de ahí la dificultad del problema. Y 
aquí ocurre una observación crítica de la mayor importancia. Ese 
menosprecio y extravagante manera de considerar el habla vulgar se 
mantuvo aun después de fenecido el Imperio. Hasta bieai adelantada la 
Edad Media, las personas instruidas no se pusieron á escribir en ro- 
mance por creerlo indigno instrumento para la literatura; mas, antes 
del siglo XII todos creían que su habla era el latín, bien que estropeado. 
Sólo así se explica que los autores modificaran el romance vulgar, 
acercándolo en su ortografía al latín cuanto podían, y que emplearan 
todos los términos latinos que les venían á la cabeza con sólo darles un 
ligero tinte castellano. De aquí esa dualidad lingüística en un mismo 
au'tor, que emplea, no sólo términos desconocidos del vulgo, sino aun 
los vulgares, con una ortografía semilatina ó etimológica y semifoné- 
tica. Es imposible que en tiempo de Uerceo sonara de tres maneras el 
mismo verbo : dannar, danpnar, damnar. Estas variantes ortográficas 
respondían á dañar, que era como i'micamente se decía entonces, lo 
mismo qtie ahora. Pero hubieran creído estropear el latín, si lo escribían 
tal como lo pronunciaban. Tenían un lenguaje para escribir y creían 
echarlo á perder al hablar su román paladino. Y aquí han tropezado 
no pocos, aduciendo esas variantes ortográficas como formas que 
realmente sonaron tal comió están escritas y que, por consig^iiente, 
eran las formas comprobantes intermedias de la evolución, en las 
cuales vemos convertirse el latín en castellano, vemos nacer á nuestro 
romance. 

Esta observación crítica se aplica lo mismo á los escritos latinos 
que á los castellanos de aquellos tiempos, y es de tal importancia para 
la investigación de la etimología y origen del castellano, que voy á 
descender á casos particulares. 

Está tan lejos de ser cierto que en los escritos mcdinovalcs se vea 
nacer el castellano, que, \)ov el contrario, lo (pie so ve nacer en ellos 



ortografía antigua del castellano 9 

es el latín. El castellano aparece, la primera vez que se le halla 
escrito, como una lengua robusta y acabada, y los vocablos sueltos que 
aparecen en los documentos latinos más antiguos son tan castellanos 
como hoy día. Antes bien, las formas que aparecen antes son las más 
castellanas y poco á poco se van acercando más á las latinas. Es que 
los escritores iban sabiendo mejor el latín conforme adelantaban los 
tiempos. Por ej., linde se encuentra en el Fuero de Evora el año 1166 
(M. P. Leges, p. 392) : "Qui linde alieno crebantaverit, pectet quinqué 
solidos, et septem ad Palacio." En la segunda recensión. Fuero de 
Abrantes en 1179, y de Corucha en 11S2 (ibid., págs. 419 y 427) : "Qui 
limdc alienum quebrantaverit." En la tercera. F. de Palmella en 1185 
(ibid., pág. 430) : "Qui limede (al. limide) alieno crebantar..." En la 
cuarta, F. de Covilhan del 1186 y de Centocellas del 1194 (ibid., pági- 
nas 457 y 487): "Qui limitem alienum fregerit...'" En la quinta, F. de 
San Vicente de Beira en 1195 (ibid., pág. 495): "Qui Umidcín alie- 
num fregerit." A la verdad, aquí no se ve nacer el castellano, sino di- 
ríase que el latín: linde, limde, limede, limitem, limidem. Otro tanto su- 
cede con el término asor y el asorera, que aparecen antes que acetare y 
aceptare. De las formas arroyo, arroio y arrogio, la primera es la más 
antigua, del año 841, en la donación de Alfonso el Casto á la catedral de 
Lugo. En la era 916 hallamos quoto: "factum est in supradicto quoto 8 
idibus junias"; y después, en las eras 937, 940 y 983, caiitum; y en la 
de 984, cautamus. Nq parece sino que el castellano va á convertirse otra 
vez en latín; y es que la cultura adelantaba, y lo único que pretendían 
era escribir en latín, haciéndolo cada vez mejor. Siendo para ellos el ha- 
bla vulgar un latín corrompido, lo saqueaban latinizándolo en sus escri- 
tos: abatiré de abatir, abadagium, acampanare, acannizare, alcanzare, 
advescit = consuevit (Glos. got. Card.) de avezar, "dña Thereysia mea 
ama", del ama castellano, attondus (era iioo, Arch. Arlam.) ó atuendo 
en ablativo (ch. Ferdin. I, Sota), del vascuence atondo, "térras cultas 
\el harbatas" de vervactum = barbecho (ch. Adeph. imper., era 11 17, 
Arch. Naj.), camlpidator de campeador, campear (ch. Adeph., mi, 
Sota), cargas de feno, carnerus, cavalcator, cerrus de cerro, collacius 
de collazo, collata, ganare, ganatus, autero de otero, heretarius de 
heredero, ingamno de engaño, quadrare, quitare, sacare, spolas. Sería 
insensatez figurarse que tales formas latinas hayan pertenecido jamás 
al habla : son vocablos castellanos, sin origen latino muchos de ellos, 
pero latinizados por los pendolistas de aquellos tiempos. El que sin 
criterio quiera amontonar los términos intermedios entre los caste- 
llanos y los latinos, los hallará todos en los documentos; pero no son 
términos medios de la evolución natural del latín hasta hacerse caste- 
llano, sino muchas veces, al revés, es la latinización cada vez más 
perfecta del habla vulgar. Por ejemplo. En Berceo hallamos miraculo 
{Mil., 46), mirado (id., 869) y miraglo (S. Dom., 315). "Berceo nos 
conserva tres de las cinco formas por que ha pasado miraculum para 
fijarse en milagro", dice Lanchetas. Si esto fuera verdad, en tiempo 
de Berceo aún no habría nacido el castellano, ni aun siquiera el latín 



lO NACIMIENTO DEL ROMAN'CE 

vulgar, pues el mirado del vulgar latino es posterior al niiraculo de 
Berceo. Lo que hay es que, menospreciándose entonces el romance 
vulgar, los escritores creían que debian escribirlo lo más parecido al 
latín, única lengua literaria para ellos; de modo que en vez de escril.'ir 
siempre miraglo, que es como se decía en el pueblo, escribían á veces 
mirado por acercarse al latín, y aun miraculo, tomado del latín clásico, 
del cual no había salido miraglo, sino del vulgar mirado. Siempre la 
reacción literaria corrigiendo el habla vulgar. 

No se pueden tomar sin discernimiento todas las formas que halla- 
mos escritas en los autores : la más vulgar es la única fehaciente ; las 
otras son préstamos eruditos del latín y no reflejan el castellano ha- 
blado. Mixtura por mezcla en Berceo {Duel., 40) es de origen muy 
posterior respecto de mesturar por mezclar y de mesta por cosa mez- 
clada, así como lo es misto. La x de mixtura denuncia un préstamo 
del latín; hoy ya ha pasado misto al pueblo, pero ha perdido la x, que 
ni los romanos pronunciaban, cuanto menos los riojanos del tiempo 
de su poeta Berceo. Modrar {S. MUÍ., 27, i), aunque erudito de origen, 
ya ha perdido la e; la reacción posterior originó el moderar, calcán- 
dolo sobre moderare. Como modrar no se usaba entre el pueblo, des- 
apareció ante moderar. Aquí se ve cómo la lengua erudita vive en parte 
enteramente divorciada del habla vulgar, puesto que en cada época ha 
tomado los vocablos latinos, modificándolos, no según el fonetismo 
castellano, sino conforme al uso que los eruditos tenían en la adapta- 
ción, mayor ó menor, segi'm las épocas, á ese mismo fonetismo. Hoy 
la reacción latina es mayor y lo ha sido cada vez más desde el renaci- 
miento. Hoy no nos parece bien se quite la e á moderare y decimos 
moderar, con sólo quitarle la e final para que quepa dentro de la tur- 
quesa de los infinitivos. No se atrevían á tanto los clérigos del siglo xiii, 
y decían modrar ; pero ambas formas han flotado y flotado sobre el 
habla vulgar, sin penetrar en ella, como escoria erudita que va y 
viene y se cambia conforme al capricho de los que la emplean en sus 
escritos y aun en la conversación. El mismo Berceo emplea ya mo- 
dulado : "Odi sonos de aves dulces e modulados" (Mil., 7) ; pero ese 
préstamo es posterior al que convirtió modulus en molde, que también 
es erudito, pero de época anterior, de mod(u")lus, perdida la u, que 
nunca sonó en el latín vulgar, y con la metátesis común que afectaron 
los eruditos más antiguos al transcribir vocablos parecidos, como tilde, 
si viene de titulus, espalda de spat(u)la. Hoy no nos atreveríamos á 
derivar con tales metátesis, porque nos picamos de mejores latinistas 
y tenemos menos cariño al fonetismo nacional. ¿Quién so atrevería 
hoy á decir motral junto á mortal, como se atreve Berceo? Mucbda por 
movida es de formación erudita de aquel tiempo (S. Dom., 119), como 
debda de debita; mover, movido, á ser vulgares, huberan perdido 
la v. También hay mueda = causa motiva {S. Mili., 387), ya más 
castellanizado, como mucdo i)or mndo (Mil., 29), que nadie se atre- 
vería hoy á decir, aunque es conforme al cambio sin excepción de 6 
acentuada en ue, lo mismo que nuiesso por mordisco {Loor., yj) de 



HISTORIA DEL LATÍN I I 

morsus, perdida la r según ley. En cambio multo {Mil., 259) es una 
condescendencia por multum, que hoy nadie la tendría, como no diría 
nadie nodicia. que dice Berceo (S. Mili., 164), suavizando legítimamente 
la t de notitia, ni nudrir ó nodrÍT por nutriré (S. Dom., 59, 528). No- 
creo que odlr ni udir se dijeran en tiempo de Berceo juntamente con 
oír, aunque él escriba de estas tres maneras {Sacr., 56, 5". Dom., 312, 
Duel., 209) ; la d es por reacción erudita, como en odiendo por oyendo. 
Tampoco creo sonara palomba como escribe junto á paloma {S. Or., 
40, 46), sino que la b era otra condescendencia de escritor hecha al 
latín. Toda cautela es poca cuando de los escritos queremos deducir lo- 
que realmente debemos atribuir a! romance hablado, separándolo de 
lo que los esritores añadían de su cosecha, por la creencia de que 
sólo el latín era un lenguaje digno de escribirse y de que el ro- 
mance, no siendo más que un mal latín, debía purificarse lo más posible 
para hacerlo digno de emplearse en los escritos, y que se podía y am 
debía echarse mano de todo el vocabulario latino, por ser latín lo que 
se escribía y no ser más que una misma lengua la hablada y la escrita. 
Otro tanto sucedía en Italia. Dante pensaba que el italiano y el latín 
eran una misma cosa ; llamaba al italiano habla vulgar y gramática al 
latín, como quien dice: el italiano es un mal latín y el latín sólo merece 
estudiarse ; ó de otra manera, el latín es la lengua literaria (gramática 
no significa otra cosa), y el italiano es latín mal pronunciado. Petrarca 
juzgaba lo mismo y menospreciaba el toscano, que en sus escritos le- 
vantaba á idioma literario. Tal es el poder de una lengua literaria 
cuando ha pertenecido á un gran imperio y á una gran civilización. 
Esas mismas creencias indican que el romance no nació de un golpe,. 
sino que fué, sin solución de continuidad, el mismo latín que, hablado, 
mejor ó peor, en España en tiempo de los romanos, había ido evolu- 
cionando insensiblemente hasta el punto de no cambiar de nombre. 

4- En los últimos tiempos del Imperio, verificada ya la fusión de 
razas, cuando las provincias, adquiridos todos los derechos de los anti- 
guos ciudadanos de Roma por el edicto de Caracalla (212), se tuvieron 
por tan romanas como la misma ciudad de Rómulo, despertando el 
espíritu patriótico de la nacionalidad romana ante los pueblos bárbaros 
ó extranjeros que por todas partes rondaban las fronteras, el adjetivo 
romaniis, aplicado antes á solos los habitantes y cosas de Roma, hubo 
de generalizarse á todo el Imperio, en oposición al de barbaras. Orosio 
llamó Romanía á todo el conjunto de razas y países comprendidos 
dentro del Imperio, como se llamaban Hispania, Britannia, Graecia, 
Gallia cada uno de ellos. Lo más propio de la Romanía, su idioma, 
llamóse, por lo mismo, lengua romana, hablar en román, romanice, 
en romance, era hablar el lenguaje de la Romanía, del Imperio roma- 
no, era lo mismo que hablar en latín. El tipo de esa habla era, natu- 
ralmente, el latín literario oficial de la administración, que era el 
que más se acercaba al literario; pero el habla vulgar de las provin- 
cias no se creía ser más que ese mismo latín, bien que algo estropeado. 



12 NACIMIEXTO DEL ROMAXXE 

Ese mismo latín siguió hablándose por varios siglos; pero ¡qué dife- 
rencias no habia causado la evolución incesante ! Virgilio Cordobés; 
citado por Sarmiento (i), escribía en el siglo ix : "Ule est vituperandus 
qui locjuitur latinum circa romancium, máxime coram laicis, ita quod 
ipsimet intelligunt totum... Et ita debent omnes clerici loqui latinum 
sunm obscure in quantum possunt et non circa romancium.'''' En este 
notable pasaje se traslucen algunos hechos históricos de la mayor im- 
}>ortancia. En aquel mismo siglo (842) se redactó el convenio entre 
Carlos el Cak'o y Luis de Alemania en francés ó romance del Norte 
de la Galia, el primer monumento que poseemos en lengua vulgar (2), 
del cual dice Sarmiento que lo podrían entender los gallegos sin nece- 
sidad de versión. Los clérigos hablaban su latín — dice el autor cordo- 
bés — , es decir, un latin de cocina, que distaba bastante, por una parte, 
del latín clásico y por otra del habla vulgar, puesto que les aconseja 
que lo empleen entre sí delante de la gente lega, cuando conviene que 
ésta no les entienda. Por donde se verá el craso error de Martínez 
Marina al sostener que sólo á principios del siglo xii pudo hablarse de 
tal manera que se tuviese el romance por distinto de la lengua latina. 

Por lo mismo, cuando se querellaba (3) Alvaro Cordobés de que 
el latín, habla de los cristianos, lo hubiesen olvidado los españoles que 
andaban entre los moros, teniendo en mayor estima la lengua arábiga, 
puesto que se refiere al pueblo español, trata del romance vulgar espa- 
ñol llamado por él latin por las razones antes apuntadas, no trata del 
latín clásico que sin género de duda hacía siglos sólo habían conocido 
algunos privilegiados eruditos, ni siquiera del latín vulgar que para 
el siglo IX ya había desaparecido. Les dice, pues, Virgilio que hablen 
su mal latin, latinum- sunm, lo menos parecidamente al habla vulgar, 
obscure et }ion circa romancium-. Ese circa romancium ó romance ya 
no era el romano ó habla romana y latina de la Romanía, y con todo 
conserva el nombre. ¿Qué habla fué la de la Romanía, es decir, qué 
fué el llamado latín vulgar? Por las dichas creencias, nadie escribió 
en ese latín; no tenemos ni el menor documento redactado verdadera- 
mente en esta lengua: de ahí la dificultad del problema. Se trata de 
recon.struírla por el estudio comparativo de las lenguas románicas, sus 
sucesoras; por el estudio del latín vulgar antiguo, sólo conocido en los 
arcaísmos y vulgarismos de Planto y otros autores y en las escasas 
inscripciones latinas ü'e la época republicana; por el estudio de los 
dialectos itálicos, el umbrío, el oseo, el falisco, el volsco, etc., que sin 
<Uida modificaron el latín de los conquistadores antes de llevarlo éstos 
á las demás provincias; por los defectos que á los lapidarios se les 
escapaban en las inscripciones de la época imperial, á causa de las 
diferencias entre el habla vulgar y el latín oficial en que las redacta- 
ban : por las correcciones de los gramáticos latinos, en las que cnmicn- 



(i) Mivutr. para la Ilist. de la poesía casi., I, par. 252. 

(2) Piicide verse en el m'im. 36 del Prólogo al Glosario de Du Cange. 

(3) Lsl>. S<i(jr.. XI. 274. 



HISTORIA DEL LATÍN 1 3 

dan defectos de pronunciación y ortografia debidos al habla común- 
y popular ; por los glosarios vulgares coleccionados algo posteriormente, 
sobre todo por autores africanos y españoles, en los que hicieron notar 
las diferencias dialectales de estas provincias (i). Pero todas estas- 
fuentes de información ó no bastan ó no se han estudiado á la vez con 
el único empeño de sacar á luz el latín vulgar. Los romanistas, que 
son los que más interesados están en hacer ese estudio, ocupados en 
el de las mismas románicas, tienen que formarse para su propio uso^ 
un sistema é idea particular de esa lengua problemática, encomendando 
su investigación exprofeso á los indo-europeístas. Estos, en cambio, la 
dejan para los romanistas, por verse atareados con las antiguas lenguas 
de nuestra familia. Resultado: que sólo tenemos hechos sueltos, algunos- 
jalones cronológicos y geográficos: pero que nos falta conocer, no sólo 
esa lengua, pero hasta su cronología y su geografía, los dos ojos que nos 
la permitirían ver. Esto}', pues, muy lejos de pretender hacer yo la 
historia del latín vulgar ; sólo propondré algunas ideas, algunos hechos 
indispensables para conocer el fonetismo latino-castellano. 

Sabemos con toda certeza que además del latín escrito, que cono- 
cemos por las obras literarias, hubo el habla de los romanos, algO' 
diferente de ese latín literario y diferente en las diversas épocas. A esa 
habla se refieren los mismos autores latinos, cuando mientan los tér- 
minos vagos de scnno viilgaris, plcheius, usiialis, cottidianus. incondi- 
tus, prolcíarius, prisca latinitas, etc., etc., en oposición á los de scrmcr 
urbanus, eruditas, perpolitus, etc. Unas y otras desaparecieron de 
hecho con la caída del Imperio, ahogadas y puestas en olvido por las 
lenguas románicas, que habían ido formándose insensiblemente en las 
provincias al evolucionar el habla vulgar romana entre razas tan di- 
ferentes, que habían hablado antes sus idiomas indígenas y tenían sus 
particulares tendencias fonéticas y semánticas, efecto de la idiosincrasia 
fisiológica y psicológica de cada raza. Lo primero que echa de ver el 
que ha estudiado comparativamente las lenguas indo-europeas es que el 
latín antiguo vulgar, tal cual se transparenta en las inscripciones, en 
los mismos autores clásicos que afectan arcaísmos y en los más viejos 
documentos, se allega más en el fonetismo á las demás lenguas de la 
familia y á las otras lenguas itálicas en particular, que no el latín clá- 
sico de la época de Cicerón y de Augusto. Luego veremos algunos casos 
prácticos que lo demuestran palpablemente : baste decir en general que 
e, o del antiguo latín, de muchos dialectos itálicos y de las demás I E, 
toman en el latín literario un timbre más estable, i, u; que los antiguos 
diptongos debíaos al refuerzo ó guna, por el que deico es paralelo á 
Seíx-v'j;!', etc., etc., se contraen en latín literario en i, u, etc. No menos 
manifiesto es que las tendencias del literario van formando y dando 
carácter cada vez más idiomático á esta lengua semioficial conforma 
adelantan los tiempos, pues se les ve apuntar en los más antiguos escri- 



(i) Merece especial mención el Appendix Probi, donde se corrigen for- 
mas del latín de Cartago del siglo iii (G. París). 



14 NACIMIENTO DEL ROMANXE 

íores y ya generalizarse en la época clásica. De modo que "en sus prin- 
cipios el literario no se diferencia apenas del vulgar; pero poco á poco 
cada una de estas lenguas, evolucionando conforme á sus particulares 
tendencias, va diferenciándose más y más. Con todo, al paso que crece 
la potencia del literario, por ser habla oficial é imponerse por la admi- 
nistración central, por el establecimiento de escuelas, por el mismo 
influjo del esplendor de la literatura, la reacción, por decirlo así, oficial 
y erudita, entabla lucha mortal con el habla ordinaria del Imperio y 
llega en la época del mayor esplendor literario político, desde Augusto 
á los Antoninos, á influir poderosamente en esa habla ordinaria. Pero 
declinando el poder imperial, enflaquecida esa fuerza impuesta, el latín 
vulgar prosigue su camino, arrolla al literario y lo vence, haciéndole 
desaparecer de la escena. Tenemos, pues, una prisco riisticitas, más 
•conforme al indo-europeismo y que encerraba en germen las tendencias 
Kjue después se desenvolvieron, dando su carácter analítico y aun su 
fonetismo á las románicas; y junto á ella un latín literario, que, toman- 
do otra dirección, se desarrolla, y apoyado en la fuerza de la política 
y de la literatura, trata de matar el habla común, sucesora de la prisca 
rusticitas, influye en ella, pero á su vez vencida y avasallada al fal- 
tarle el apoyo oficial, muere á sus manos. Esta victoria del elemento 
democrático sobre el aristocrático podría dar margen á largas y 
profundas consideraciones en el terreno sociológico y en el lingüístico; 
pero no me detendré más y paso adelante. 

Aquella prisca rusticitas, verdadero representante romano del habla 
.aria en Roma, siguió su camino, desenvolviendo sus tendencias analí- 
ticas, como siguieron desenvolviendo las mismas tendencias las ger- 
mánicas y el griego vulgar en Europa y las lenguas ario-iranias en la 
India, en la Persia y en la Armenia, pasando sobre los cadáveres de las 
lenguas literarias, que buscaron su scjuiltura en el efímero engalana- 
miento del artificio de un día. La naturaleza sola es duradera; lo arti- 
ficial momentáneo. El latín literario, una variante del verdadero ó anti- 
guo latín vulgar, por haberse separado de éste para acomodarse á las 
modas de unos cuantos literatos y al modo de ser extranjerizo del 
griego, atrofiado en manos de los mismos literatos y helcnizantcs, fosi- 
lizado en las brillantes oraciones ciceronianas, el autor más clásico y 
el ápice del latín literario, hubo de fenecer con la misma literatura y 
pinchado en la misma lengua del orador romano. La diferenciación 
había comenzado probablemente con la formación de la misma ciudad 
y pueblo de Roma (i). Sus dos clases de puros latinos, que fueron 
luego el patriciado, y de sabelíos y otras gentes itálicas, oriundas, sobre 
todo, de la montaña, y de los demás elementos allegados de la llaiuira 
■ ó Campania, llevaban en sus la!)ios lodos los gérmenes de idiomas algún 



(i) Hasta el 458 antes de Jesucristo, poco más ó menos, el etrusco, con 
su propio alfabeto, fué en Roma la única lengua literaria. (Lepsius, De 
Tabiil. F.ugiib., pág. 23.) 



HISTORIA DEL LATÍN l5 

tanto diversos. Esta divergencia fué agrandándose, cual se separan 
los dos lados de un ángulo, ya por la natural tendencia de la aristo- 
cracia á distinguirse de la plebe, ya por el prurito, poco después avasa- 
llador, de helenizarlo todo, mayormente desde que Andrónico llevó á 
Roma el culto artístico de los helenos. \'erdadero dialecto del latín 
común y distinguiéndose apenas del habla popular en un principio, fué 
separándose cada vez más, quedando enteramente fijado por los autores 
del siglo de Augusto. Pero como el lenguaje no puede detenerse en su 
curso, so pena de quedar petrificado como la mujer de Loth, esa sanción 
literaria le condenó á muerte. La historia suele repetirse, y un mismo 
sol alumbró en distanciadas regiones dos acontecimientos gemelos. El 
idioma védico siguió al pasar el Ganjes su evolución; pero los Himnos 
■de los antiguos Richis se refugiaron en los conventos, donde toda la 
civilización del Sapta-Sindhu, encerrada cual crisálida en su capullo, 
Labia de convertirse en la esplendente civilización brahmánica. Allí 
nació Brahma, endiosamiento del lenguaje, de los Vedas, y allí entre 
las glosas, prátiqükhyas y casuísmos gramaticales, políticos y religiosos 
de los monjes, guardadores del depósito sagrado, nació el habla per- 
fecta, el sánskrit, que pudo consignarse después por escrito cerca ya 
de la Era cristiana en un alfabeto tan divino como le correspondía, en 
la escritura devanágarl. 

El elemento semidemocrático alzóse contra los tiranos Brahmanes, 
valiéndose de los mismos principios sobre que se levantaba todo su 
artificioso poder, y con el nombre de Budismo luchó á brazo partido y 
se llevó de calle los pueblos orientales. Aquel fué el momento en que 
los adoradores de Brahma sacaron su Verbo, y el sánskrit clásico, 
desenclaustrado, comenzó su era de esplendorosa literatura, reaccio- 
nando contra el Budismo y contra su instrumento el Pali. Tan arti- 
ficial como el latín clásico, obtuvo el sánskrit largos siglos la hege- 
monía; pero las hablas vulgares que, en vez de estacionarse entre los 
laureles gramaticales de los Paninis ó Quintilianos, siguen adelante 
«n su natural evolución, dejaron fosilizada aquella habla divina, hoy 
sacada de su sarcófago por los indianistas, como de su sarcófago ha- 
bían sacado al latín literario los del Renacimiento. 

Las lenguas románicas no mataron al latín vulgar; fueron sus con- 
tinuadoras en la Romanía. Pero antes de salir de Italia y conquistar 
el Mediodía de la Europa occidental, aquella prisca latinitas hubo de 
recorrer toda la Península, y si logró imponerse y triunfar de las 
lenguas todas itálicas, no fué sino á costa propia, coloreándose de los 
matices de todas, enriqueciéndose con sus despojos, al par que perdía 
algo de su original personalidad. 

Es menester no conocer las antiguas lenguas de Italia, no haber 
hecho el cernido del latín vulgar, ya en sus elementos fonéticos, ya en 
los lexicológicos, para creer que el latín llevado á las provincias por los 
conquistadores era el latín puro de la antigua Roma, y mucho menos 
d de las familias aristocráticas. Conocemos por Tito Livio (XXVII, 
9, lo) las colonias latinas que hasta Aníbal (208 antes de J. C.) se habían 



1 6 . NACIMIENTO DEL ROMANCE 

desparramado por Italia. Desde este momento para el habla de los 
Romanos hubo de empezar una nueva era. Hasta la guerra social, 
época en que se extinguen las últimas protestas patrióticas de los pue- 
blos subyugados, y sobre todo hasta Sila, los dialectos meridionales 
llevan al latín nuevos elementos lingüísticos, y las diversas hablas de 
Italia se constituyen todas ellas cual dialectos latinos, pero seguramente 
matizados por el fonetismo local. Sin admitir la hipotética división 
de dialectos, sugerida por Mohl (i), en general su idea no puede recha- 
zarse; la unidad del latín vulgar, si tal vez no llegó jamás á realizarse de 
una manera completa, á pesar del dicho de Quintiliano de que el latín 
era en toda Italia sensiblemente uniforme (lo cual puede entenderse 
del vulgar tanto como del literario), mucho menos se había realizado 
por aquella época en que, vivaces aún al dar el último suspiro las len- 
guas itálicas, no tenían por enemigos la mayor centralización posterior, 
las escuelas que después en las provincias se establecieron y la litera- 
tura, que aún no había difundido su pujante influencia. 

Aún bastante más tarde asevera Quintiliano {Inst., I, v. 56) que los 
italiotas se distinguen en la pronunciación como los metales. Suetonio 
{Oct., 88) habla de un funcionario palatino que disgustó á Augusto 
por decir isse en vez de ipse : era vulgar, como se ve por las inscrip- 
ciones de Pompeya, en oseo essuf, en umbrío essu, isoc, eso. En Punía 
(£/>., IX, 23) se pregunta: "¿Italicus es an provincialis?"' La le.v Julia 
municipaUs, al fijar el latín como lengua oficial de toda Italia, dio el 
golpe mortal á todas las lenguas de la Península, que desde aquel 
momento fueron despeñándose más y más y acabaron por fenecer 
más tarde ó más temprano. Pero en aquella lucha, en que había de 
vencer, el latín hubo de colorearse con no pocos matices de las lenguas 
vencidas, tanto más cuanto mayor era el parecido fonético. "Noque 
solum riisticam asperitatem, sed etiam percgriiiam insolentiam fugere 
discamus", escribía Cicerón {De Orat., III, XII, 44). 

La lengua que primero y más decisivamente influyó en la antigua 
rusticitas de Lacio fué el umbrío, por el mayor parecido en sus ten- 
dencias con aquel latín vulgar y por las circunstancias históricas er» 
las que se fusionaron. Conquistada y colonizada la Umbría desdo el 
siglo IV antes de J. C, sus habitantes fueron siempre amigos de los ro- 
manos y de los más favorecidos en todos los deretíhos políticos. Siguió 
hablándose el umbrío, pero influyendo en el latín y perdiendo cada día 
terreno. Abandonóse el alfabeto nacional, que era el etrusco, hacia 
el siglo ni antes de J. C, conservándose tan sólo en los escritos rituales. 
En el siglo i, por la ky Julia, todo se latiniza y el umbrío sólo quedó 
como lengua religiosa. Así se escribieron las Tablas Engnbinas con 
letras ctruscas y con letras latinas, sirviendo el texto latino para el uso 
ordinario y cl otro como documento testificativo y religioso cíe la vene- 
rable antigüedad. 



(i) Inlnid. (1 Ai Cliroiwloí/ic du lnliii Tiilpaire. 



HISTORIA DEL LATÍN 1 7 

Fuera de las II y IV, todas las tablas son del reinado de Augusto ; 
de modo que los documentos umbríos que poseemos son del ii ó i si- 
glos antes de J. C. y del i después de J. C. La parte escrita con carac- 
teres latinos no puede, por su epigrafía, ponerse antes del principio del 
siglo I después de J. C. El latin vulgar, influido poderosamente por el 
úmbrio, fué el núcleo del latin hablado de Italia. El oseo y demás 
dialectos del Sur de la Península influyeron menos y tenían tendencias 
más parecidas á las del latin literario que no á las de la antigua rus- 
ticitas. 

Si el úmbrio influyó sobre el latín hablado, el oseo parece debió 
influir más bien sobre el latin literario. Según Tito Livio (IX, 36), el 
etrusco era todavía la lengua literaria de los romanos cuando los pue- 
blos de lengua osea recibieron los primeros establecimientos de los 
vencedores en el siglo iv, Capua en 342, Luceria en 320, Venusa en 290. 
La cultura de estas ciudades era muy superior á la de los entonces tos- 
cos romanos, merced á la influencia helénica; el oseo, tras un glorioso 
pasado, llegaba á lo sumo de su apogeo literario, y pudo educar la 
naciente literatura latina. Ennius, Pacuvius, Lucilius eran naturales de 
países donde se hablaba el oseo ; un samnita hacía tragedias griegas 
en Catana (Plut., Tiniol., 31, i) ; un orador lucano peroraba en Sira- 
cusa (DiON Crisost.j Or., II, pág. 113); había filósofos samnítas discí- 
fiulos de los griegos (Cíe, Senect., 41). El latín apenas adelantó un 
paso en la Italia meridional hasta la época de la guerra social, en que 
la fuerza venció todas las resistencias patrióticas. Por lo demás, las vo- 
cales, los diptongos, las consonantes del oseo convenían casi entera- 
mente con los sonidos latinos y su fonetismo fué el fonetismo que dis- 
tinguió al latin literario del latin vulgar. El oseo, refractario á la con- 
tracción de diptongos y á la debilitación de i en e, de u en o, fenó- 
menos propios del umbrío y del latin vulgar, se opuso á que éste, 
modificado ya por aquél, pasase SI Sur de la Península. En el siglo i 
después de J. C. todavía se empleaba el oseo en las actas oficiales, 
nada menos que en Ñapóles, cuando ya el úmbrio sólo se conservaba 
entre literatos y sacerdotes, y siguió hablándose durante el Imperio 
en las ciudades y en los campos. En el latin de Cartago es donde más- 
influjo tuvieron las lenguas de la Italia meridional. El oseo tuvo que 
empezar á perder terreno desde la guerra social, sobre todo cuando^ 
despoblado casi el Samnium y traídos habitantes de otras regiones 
además de las colonias militares romanas, echó Sila las bases de la 
latinización completa de Italia, abandonando la antigua política ro- 
mana de dejar la administración y la lengua indígena en los países 
conquistados. 

Esta política de Sila fué la que siguieron después Augusto y sus 
sucesores en las provincias, originando asi la uniformidad mayor 
ó menor del latín hablado en todo el Imperio, ayudándose mutuamente, 
como suele suceder, la unidad política y la unidad de idioma. El latín 
que las legiones romanas llevaron á sus primeras conquistas fué el 
latín vulgar, no influido todavía por el literario, y cargado en cambio 



18 NACIMIENTO DEL ROMANCE 

de los arcaísmos de la antigua rusticitas (i) e impregnado ya con toda 
suerte de elementos itálicos. Tal es el primer fondo del latín vulgar 
de España y de Cerdeña, que contiene rasgos arcaicos y dialectales itá- 
'■cos, no encontrados en las demás provincias. Conviene recordar el or- 
den en que fué introducido en éstas el latin : Italia, Cerdeña (siglo iii 
antes de J. C), España (siglo ii), Cisalpina, África, Iliria, Provenza 
(125), Galia septentrional, Rethia, Dacia. En lo que se refiere á España, 
Artemidoro de Efeso, que escribía hacia la época de la guerra social, 
dice en un fragmento de su Pcriplo que algunas tribus españolas de las 
costas hablaban, no el latín, sino la lengua de los italiotas : «■fpfzu.jKZTizf, 
oi ypüJvTxi "f, Tüív '{".oXiLv oí TEopd ÜaKa3^rj.'j olzouv:;; imv 'Ipr¡p(uv» (Cfr. ScHU- 
CHARDT, Vok., I, 93). Era, sin duda, el latín cargado de umbrismos de 
la Italia central, que entonces empezaba á bajar también hacia el Sur 
de la Península italiana. 

Naturalmente, cuanto antes fué colonizada una provincia, tanto 
más arcaico hubo de ser el latín que formó la primera base del romance. 
Los autores de glosarios y compiladores de arcaísmos son africanos, 
precisamente porque allí se usaban tales términos : Nonio, Fulgencio, 
Plácido, que escribió en África ó tal vez en España; Charisio, de ori- 
gen africano; el mismo Apuleyo de Madaura, en África. Estos auto- 
res hicieron lo que nuestro San Isidoro cuando recogía los términos 
característicos del habla vulgar de España. El comienzo de la coloni- 
zación de nuestra patria fué á fines de la República por colonos italio- 
tas, con muchos auxiliares pelignianos, marrucios, campanos, samnitas. 
Til italismo aparece aquí antes que en ninguna parte. Sertorio quiso 
tal vez formar una nueva Italia en España, en la que todos los de 
nacionalidad italiana gozasen de los mismos derechos. Su Senado cons- 
taba de 300 miembros después de habérsele unido Perpenna el año 77, 
tanto de italiotas como de romanos. Escipión el africano fundó en 204 
á Itálica famosa, favoreciendo la colonización de los mismos italiotas. 
Sus habitantes, coloni italicenses, formaban parte de la tribu Sergia. 
Eran, pues, políticamente romanos; pero italiotas de origen, sabinos, 
faliscos, marsos, óseos; y sin duda entre los vencidos en la guerra 
social no faltarían quienes vinieran á buscar aquí una nueva patria. 
Tal es la causa de que el castellano contenga bastantes elementos de la 
antigua rusticitas del Lacio y de las lenguas itálicas, elementos proce- 
dcnles de los siglos 11 y i antes de J. C. Por ej., cueva de cova. ñudo 
por nodus, por la ü del oseo, del sabino, en vez de la u latina. \'arron 
dice del coenáculum falisco que se empleaba por comedor en Faleria, 



(1) Hay que hacer hincapié en esta idea por lo mismo que muchos hoy 
parecen prescindir de ella. El elcmcnlo arcaico del latín vuJgar es más con- 
siderable de lo que creen los que se empeñan en convertirlo casi en latín li- 
terario en la época imperial: "was wir ais spiüatcinisch zu betrachtcn 
gcwolint sind, oft vicie Jnhrkunderte frühcr schon in der alten Volksspra- 
chc gcJcbt hat." (Volfflin, Arcli. Lat. Lev., I, 100). 



HISTORIA DEL LATÍN 1 9 

Lanuvio y Córdoba. Ya hemos visto que isse por ipse esa dialectal, y 
■que en úmbrio se decía essu y eso : es nuestro ese, eso, que sin duda 
viene del úmbrio, pues en Cerdeña es usadisimo (issu, sii), y en España 
se encuentra (ipse) en las inscripciones en vez de los demás demos- 
trativos. La contracción de au átono en o, excepto delante de sílaba 
con u, procede del úmbrio y era propia del antiguo latín vulgar ; el 
influjo literario restauró después en gran parte el au. La 3." p. plural 
-unt, legunt, sustituyó durante el Imperio por reacción erudita á la 
itálica antigua -ent del osco-úmbrio stahint, benurent; pero se conservó 
donde ya había echado hondas raíces, en Cerdeña y en España : elien, 
fachen y piden, abren, cogen. La preposición per en vez de pro se 
encuentra en todos nuestros documentos más antiguos, como en el tes- 
tamento de Odoar del año 747: "Per suis terminis": es el per úmbrio 
•empleado con ablativo, tota-per, norane per, como r^-pi , empleado por 
el antiguo latín, de donde el per italiano, el per del antiguo castellano, 
■del cual derivan pero, para y por. Conocida es la i del plural italiano, 
que colorea con este timbre delgado toda aquella lengua. Ni en España 
ni en Cerdeña se halla. Ninguna lengua itálica formó el nominativo plu- 
ral en I, excepto el latín: aun en las inscripciones antiguas latino-itálicas 
se ven formarse nominativos como filios, viréis, scalas. En úmbrio la 
primera declinación lleva -as en el nom. plural, urtas, anglar por rota- 
cismo, en vez del -ai latino, miisai. Lo mismo en oseo : pas exaisc-en ligis 
scriítas set ^ qaae hisce legibus scripíaf siint. En la segunda declina- 
■ción el úmbrio lleva -us, prinuvatus; el oseo lo mismo, Abellanus; mien- 
tras que el latín -i, domini. Sólo, pues, por la reacción erudita del tiempo 
del Imperio se explica esa -i italiana ; pero esa reacción nada pudo en 
Cerdeña ni en España. El dativo pronominal -ul, -el de formación 
reciente, mase, illuí, fem. illel, por el epiceno illT, hállase en todas las 
románicas y aparece en las inscripciones italianas desde los primeros 
siglos del Imperio. Sólo falta en castellano-portugués y en sardo ; en 
España y África no aparece ni en una sola inscripción. Estos hechos 
^irueban varias cosas. En primer lugar, el influjo de la antigua rustici- 
tas y del úmbrio en el latín de España y en el castellano. En seg^indo 
lugar, que la reacción erudita no fué tan poderosa en España como 
en Italia, contra lo que asevera Mohl, el cual parece que con insistir en 
■esta aseveración ya da satisfacciones cumplidas á los defensores de la 
•unidad del latín vulgar y á los que dicen que las lenguas indígenas no 
influyeron en las románicas. Cuanto más distanciadas estaban, dice 
Mohl, estas lenguas del latín, tanto más puro se habló el latín, tanfa 
mayor influencia tuvo la reacción literaria, y tanto mejor se olvidaron 
los idiomas indígenas ; y por eso, aunque el latín, viniendo á España 
antes que á otras provincias, hubo de tener elementos arcaicos y dia- 
lectales itálicos y evolucionar antes que las otras románicas; pero la 
reacción literaria, mayor aquí, niveló pronto el latín de España con 
-el resto del Imperio. Tal parece discurrir, ó debe de discurrir, de 
mantener el dogma de la unicidad del latín vulgar. Pero los hechos 
■desmienten este razonamiento y prueban que los elementos arcai- 



20 NACIMIEXTO DEL RO.MANXE 

eos y dialectales duraron en España sin que la reacción erudita pu- 
diera borrarlos, y que, por lo mismo, si el latín de toda la Romanía 
fué esencialmente el mismo, en concreto hubo diferencias dialecta- 
les de tanta monta como las que acabamos de ver y otras que irán 
apuntándose. Sólo añado por ahora la no existencia en España, de- 
mostrada por el mismo Mohl, del hic y del dativo reaccionario, que 
dio lui y leur á casi toda la Romanía, pero que no entró en España. 
La verdad es que no acabo de entender la última decisión de Mohi 
cuanto á la doctrina de la unicidad del latín vulgar : los hechos se la 
hacen negar unas veces, otras la opinión general le arrastra tras si. 
La teoría generalmente admitida entre los romanistas es que los 
romances provienen de un latín vulgar, idéntico en todo el Imperio, 
entre los siglos ii y iv después de J. C, es decir, después de la con- 
quista de la Cisalpina en el siglo ii, y sobre todo durante la romani- 
zación de la Transalpina. Esta teoría supone que sólo el celtismo pudo 
influir en ese latín vulgar, y que no influyeron ni el latín antiguo (an- 
tiqua nisticitas), ni las lenguas itálicas. En esta época fué realmente 
cuando el latín hablado llegó en todo el Imperio á ser más uniforme 
y á parecerse más al latín literario y oficial, por razón de la mayor 
unificación y centralización política y del mayor apogeo de la litera- 
tura. De aquel latín vulgar común provienen los caracteres comunes 
de todas las románicas y cuanto se encuentra de común en todas ellas. 
Es más: de entonces viene el trasiego de vocablos y radicales á todas 
las regiones de la Romanía, los cuales eran indígenas de una ó de 
otra exclusivamente. El léxico románico, compuesto de radicales latinos 
y no latinos se fundió entonces y se generalizó en toda la Roma- 
nía. En esta doctrina se apoyan los romanistas para inventar una 
forma latino-vulgar que explique cualquiera otra forma de cualquier 
romance. De tales formas latinas bien se puede repetir lo que dijo 
Sittl : "Das Vulgárlatein, mit welchem die Latinisten operieren, ist ein 
Phantasiegebilde" {Jahrcsb. Fortsch. Klass. Altcrt., t. LXVIII, pá- 
ginas 526-240) : es un latín de pura fantasía. Seduce la precisión mate- 
mática con que se reconstruye de esta manera el léxico latino y con 
que se deducen de tales formas forjadas todo un sistema de leyes 
fonéticas, que después se aplican mejor ó peor á otros vocablos. Y 
como para que quepan todas las variantes románicas no hay más que 
ensanchar la fórmula latina, el negocio es fácil : no hay más que po- 
ner fórmulas generales. Se trata — dice Mohl — de explicar la contra- 
dicción entre el it. orzo y el cast. orzuelo ante el prov. ordi y fr. orge. 
Se dice que en latín vulgar -di- en hiato después de consonante toda- 
vía no había consonantizado la i, que en todo el Imperio se pronun- 
ciaba *ordéu ú ordíu. Cgn esto, las formas más modernas provienen de 
aquella época, lo mismo que las antiguas: en "la fórmula caben todas 
ellas. Es lo que hacen los indo-europeístas al explicar todas las formas 
de las lenguas indo-europeas, sin tener en cuenta la cronología ni la 
evolución particular de cada una de ellas. Tal es el sistema compa- 
rativo, cuando á la vez no es histórico : se exagera y convierte en 



HISTORIA DEL LATÍN 21 

teórico y ultrametafísico. Si el latín vulgar no es más que lo que poda- 
mos deducir de las románicas, ese latin siempre será una lengua típi- 
ca y formularia, que explique las románicas, y nada más, una lengua 
de abstracciones. Y claro está, no teniendo en cuenta la investigación 
histórica, prescindiendo de la cronología de las formas, la ilusión de 
rigor científico que presenta este procedimiento teórico arrastra y sa- 
tisface. Pero la realidaid es harto más compleja. Cuando se nota la 
predilección en España por los pronombres iste, ipse, y lo raro 
de hic, y la ausencia completa de huic, huius en toda nuestra epigra- 
fía, mientras se menudea tanto en otras partes, no puede menos de 
ocurrir la sospecha de que el latin de España en algo difería del de 
Francia é Italia, y que es una ilusión pretender poner como tipos del 
latin vulgar general hic, huic, illul, illüius, que en España no aparecen 
jamás. Los elementos arcaicos, que no pueden menos de confesarse, 
se tratan de explicar como formas aisladas y de acarreo, con tal de 
que subsista en pie la unidad del latín vulgar. Pero las tesis deben 
desaparecer cuando los hechos claman contra ellas. Además, esta tesis 
lleva prácticamente á querer hallar un vocablo latino para cada voca- 
blo románico, como si las románicas no tuvieran formas debidas á su 
propia evolución. Este elemento idiomático, originado dentro de la 
vida de los romances, es, precisamente, el más interesante para cada 
uno de ellos, y es el que con mayor empeño pretendo yo que resalte 
«n mis estudios acerca del castellano, sin negar nada de lo que legí- 
timamente ha de atribuirse á la lengua común latino-vulgar. 

Desde la guerra social, el latín oficial y literario lucha contra el 
latín hablado y contra todas las tendencias dialectales, que había ido 
recogiendo al través de Italia y en su marcha triunfante por las pro- 
vincias. Esta reacción erudita va creciendo á la par que el poder y 
la centralización oficial romana hasta Augusto y sus primeros suceso- 
res. Las escuelas, la administración oficial, el arte literario, son sus 
principales palancas. Desde los Antoninos, en el siglo u, la lengua li- 
teraria y oficial comienza á decaer, vencida en toda la linea, y á prin- 
cipios del siglo IV desaparece. Las provincias más tardíamente conquista- 
das recibieron, por consiguiente, un latín más parecido al literario, 
Portugal ó Lusitania y el norte de la Galia. Mientras en España 
conocer y en Italia conoscere provienen del antiguo y vulgar coiíds- 
cerc, en Portugal el erudito cognóscere dio conhecer, en Francia co- 
noistre con n por gn; pero al sur conoscere junto á cognattis, 
prov. conhat, cast. cuñado. El latín hablado en todo el Imperio adquie- 
re en esta época su mayor unidad, ayudando poderosamente el con- 
tinuo trasiego de las legiones, que pasan de un punto á otro, llevando á 
todas partes las variantes dialectales de todas. 

En algunos centros españoles, el latín literario debió reaccionar 
poderosamente. Conocida es la completa latinización de parte de An- 
dalucía : las escuelas de Córdoba fueron famosas, más todavía que las 
de Xarbona, fundadas para romanizar la Provenza. Sólo en Proven- 
za y en España hay el pluscuamperfecto, que era rarísimo en latín 



22 NACIMIENTO DEL ROMANCE 

vulgar, y cuyo empleo en estas dos regiones parece deberse al influjc 
literario. Otro tanto se diga de los tipos del perfecto de subjuntivo, 
fuerim, habuerim, cantaverim, que no hay ni en Cerdeña: fuere, 
hubiere, cantare, en portugués fór, houver, cantar, no vienen del vul- 
gar latino, sino de la reacción literaria. Pero no es completamente 
exacto el dicho de Mdhl : Sin el latin literario no se hubiera unifor- 
mado el latín vulgar y los romances hubieran aparecido cuatro siglos 
antes. ¿Acaso el latín se plantó en España sin evolucionar, aguardan- 
do á que se le llevara á las últimas provincias conquistadas? ¿O tuvo 
tal poder la reacción literaria que deshizo todo lo producido, evolu- 
cionando durante ese espacio de tiempo? No desaparecieron los arcaís- 
mos y dialectalismos itálicos, ni se volvió atrás en su evolución el latín 
de España : por consiguiente, siempre hubo de tener algunos caracteres 
que le fueron propios. 

Hay, pues, en nuestro romance una mezcla de elementos eruditos 
con otros arcaicos, debidos á que, cuando vino por primera vez el 
latin vulgar, el literario todavía no estaba del todo fijado ni había in- 
fluido sobre el habla vulgar, llena de italianismos. Este doble carác- 
ter distingue á nuestro romance de todos los demás; conviniendo con 
el sardo en el elemento arcaico y diferenciándose de él en el literario, 
que en Cerdeña dejó muy pronto de influir en la época imperial. Ca- 
diello viene del katel umbrío, como catellus en Reichenau, no del ca- 
tulus. El influjo úmbrio dominó durante el Imperio extendiendo -el de 
nominativo á los demás casos, haciendo olvidar el -olo-, lat. -idus, 
-ulum: catel, acus. catello (úmbrio katlu) : de aquí el vulgar -ello, 
cast. -icUo, luego -illo, cuchillo de cultellus, preferido con vitellus por 
Planto á los clásicos catulus, vitulus. Estas huellas itálicas deben de 
durar más claras y en mayor número en los patois italianos, donde 
siempre hubo de haber dialectos rústicos del latin vulgar: al finalizar 
el Imperio se hablaba mejor el latín en algunas poblaciones de Es- 
paña y Provenza que en Italia. La lucha entre el latín literario y 
el vulgar termina en el siglo iii, en el que vence el vulgar en los 
autores cristianos; en el siglo iv Claudiano y los puristas versifican 
ya en un idioma literario muerto. El latín de Dacia ó su descendiente 
el rumano merece especial interés, pues nos presenta el latín que ha- 
blaban las legiones imperiales en los siglos ii y iii, ya que pronto 
quedaron allí los colonizadores como separados del resto de la Ro- 
manía y nunca hubo especial influencia literaria. 

En Italia, el latín, en tiempo de los Gracos, se componía de infini- 
nidad de patois locales, que fueron unificándose hacia la guerra social 
en una lengua común bastante uniforme. En Dacia, el país estaba 
abandonado casi enteramente al invadirlo los romanos; el latín mili- 
tar llevado por Trajano era el general del Imperio durante los si- 
glos II y III de nuestra era. Los colonos eran "ex toto orbe romano" 
(Eutropio, VIII, 6), sobre todo eran legionarios, unos 25.000 hombres; 
la literatura no influyó allí, pues no hubo escuelas por no haber bár- 
baros que latinizar, la dnininación fué efímera. El runinno presenta el 



HISTORIA DEL LATÍN 23 

latín vulgar común del InTperio á fines del siglo ii : los plurales -i, -e, las 
segundas personas en -i, la caída de las consonantes finales, o, u, 
como representantes del au átono, el tratamiento de las paladiales, 
son fenómenos comunes al rumano y al italiano, y de Italia debie- 
ron de partir la mayor parte de los colonos de Dacia. Después del fondo 
italiano contribuyeron más al latín de Dacia el de Retliia y el de 
España por medio de los auxiliares militares de las legiones, pues los 
de la colonia trajana, según aparece por las listas de Goos, son casi 
lodos españoles, retos y sirios. Los hispanismos del rumano actual 
son manifiestos. El verbo ajuná, macedonio adzuná = ayunar. Al fina- 
lizar de la República ja- átona se hace jé- en literario, Plauto no co- 
noce más que iáiünus, iánuárius quedó junto al iénuario vulgar á cau- 
sa de lánus. De modo que iáiünus es más antiguo que iéiünus, y Thur- 
neysen cree que antes fué *éiünos, skt. ájiina-. En Philoxeno éiünat, 
de donde por asimilación iaiunat, luego por reacción literaria ieiunat, 
ó tal vez de eiunus salió aiunos. La legión VII galbiana, compuesta 
de tarraconenses y llevada por Galba á Roma y al Lacio (Tac, Hist., 1, 
6, SuET., Galba, lo), fué la que más hispanismos llevó á Roma y á la 
Campania. Un hispanismo es la general suaviíación de las explosivas, 
sin excepción en España, acaso por influencia itálica anterior. En 
Italia la reacción erudita se opuso á la generalización de la ley. En 
umbrío las explosivas tendían á suavizarse ante r, 1 : subra = lat. su- 
pra, kabru y kapru, mandraclo, podruhpei ; en oseo también : embra- 
tur = imperator; pelignianoi enipratois, oseo Aderl(ú) = Atella, 
umbrío adro, adrer = áter, en Igubium -br- por -pr-. En el latín 
imperial de Italia las mudas ante r nunca llegaron á suavizarse del 
todo, pietra, padre, ladro ; capra, cavriulo en Toscana. La -t final cae 
pronto en las inscripciones provinciales; en Roma y el Lacio al revés, 
tarda mucho en caex. En Pompeya (siglo i) pedikaud, licíid, ya se sua- 
viza en -d, como en oseo, luego las formas sin dental, muy generales 
al Norte, se generalizan. Del siglo iv al v sólo persiste la dental ante 
vocal. Después de los Antonínos, sobre todo desde el siglo iii, el latín 
imperial hablado se descompone, perdiendo la unidad que en mayor ó 
menor grado había conseguido apoyándose en el lenguaje literario y 
oficial. Las provincias caen en la cuenta de la debilidad del poder cen- 
tral, despiértanse sus iniciativas y su autonomía política y adminis- 
trativa, la disolución comienza en la lengua como en la política. 

Al retirarse en 329 Constantino á Bizancio da á entender que no 
podía ya conservar la unidad política, abandona el Occidente á su pro- 
pia suerte, á la futura civilización que ya despuntaba. Teodosio, en 395, 
no hizo más que confirmar oficialmente esta escisión, dividiendo para 
siempre el Imperio. Las lenguas románicas habían sofocado, no sólo 
á la lengua literaria, sino á la latina vulgar, de la cual habían nacido. 
Cuando Odoacro destruyó el Imperio de Occidente, en 476, todo latín 
había dejado de liablarse — dice Groeber (i) — . Francia quedó libre de 



(i) Airh. Lat. Lev., I, 44. 



24 NACIMIENTO DEL ROMANCE 

toda relación con el Imperio romano en 538; España entre el 615 )' el 
623; Italia en 650 (l). 

Pero el latín literario continuó siendo la lengua oficial y diplomá- 
tica, el habla de la ciencia y de la cultura. Se enseñaba exclusivamente 
en las escuelas, y era el único instrumento de comunicación para todo 
el que escribia. Los romances eran considerados como no diferentes del 
latín, eran el latín mal pronunciado, que no podia escribirse. Sin em- 
bargo, la cultura iba decayendo, y los escritores aprendían cada vez 
peor esta lengua oficial. Además, las instituciones y costumbres traían 
consigo sus términos propios en las lenguas vulgares, ya derivados del 
latín vulgar, ya de las lenguas nacionales, ya de las que trajeron los 
bárbaros del Norte, ya del griego en el culto católico, etc., etc. Parte 
por la necesidad de tener que nombrar nuevos objetos, parte por ig- 
norancia del buen latín clásico, los mismos escritores de los tiempos 
medios se veían precisados á latinizar todos esos términos vulgares. 
Ese latín medioeval es el llamado bajo latín, y es de suma importancia 
tener entendido que ese latín no fué jamás lengua vulgar que se ha- 
blara ; era la lengua literaria antigua, bien que no bien sabida, con 
latinización d^ muchos vocablos vulgares; era una lengua muerta y 
artificial, como lo era en el siglo xvi entre los teólogos y filósofos y 
aun entre los autores de cualquiera materia que escribiesen, cuando 
lo hacían en latín. Es, por consiguiente, un crasísimo error el creer 
que los escritos en mal latín de los siglos viii y ix, x y xi están en la 
lengua vulgar hablada, y deducir de aquí que en tales escritos se ve 
cómo se transforma el latín en las lenguas romances. Tales documen- 
tos son latinos, escritos en una lengua artificial y muerta ya hace 
siglos; aunque á veces es tan malo el latín que induce á creer que era 
el latín que se iba corrompiendo y transforntando en romance. Si el 
Fuero de Aviles estuviese redactado en lengua vulgar, se daría el caso 
de que desde él hasta las Partidas, la evolución lingüística hubiera 
sido cien veces más rápida y mayor que desde las Parlidas al Quijote. 
El Fuero de Aviles quiso escribirse en latín, y resultó escrito en una 
mezcla de lenguas, parte reales, parte imaginarias: es el documento 
más polilingüc que hay, el arlequín de los documentos. 

5. Bibliografía. — Sobre el latín vulgar: Edélestand Du Méril, 
Pocssics populaires latines, París, 1843; Eniil Ilübner, Inscriptiones 
Ilispaniae christianac, Rerolini, 1871, con suplemento en las Inscrip- 
tiones Britanniae christianae, Berolini, 1876; Mardquardt, R'ómische 
Staatsverzvaltung, I, 1873; Budinszky, Die Ansbreitung der latcinis- 
chen Sprache, 1881 ; J. Jung, Die romanischen Landschaftcu des ro- 
mischen Rciclus, 1881 ; F. Mohl, Introduciion á la chronologic dn la- 
tín vulgairc, 1899; O. Densusianu, Ilistoire de la languc Roumaine, 
1902; C. Jireczck, Die Romanen in den Stadten Dalmatiens, 
Denkschr. O. Wien. Akad. Phil. Hist. Kl., t. 48; A. Carnoy, Le latin 



(i) Meyer-Lilbkc dice que las naciones romanas comienzan el año 600. 



ORIGEN ÉUSCARO DEL CASTELLANO 25 

<j!'Espag>ic d'aprcs les inscriptions, 2." ed. París, 1906; Sohuchardt, 
Vokalismus dcr Vulgádatcins; H. Keil, Grammatici latini, 1857-18S0; 
Appcndix Probi, edic. Heráus, Arch. lat. Lcx., XI, 301-331, y K. Ull- 
mann, Rom. Forsch., VII, 145-225 ; G. Loewe, Prodromus corporis 
¿lossariorum latinonim, 1876; G. Gotz, Corpus glossariorum latino- 
rum, II-MI, 1888-1903; Lindsay, Noniíis MarccUus, 1901 ; G. Gótz, 
Líber Glossanim, Abh. d. kgl. sáchs Ges. d. Wiss. phil. hist. Kl., 13, 
211-290 (glosas de voces latino-hispanas de la primera mitad del si- 
glo viii) ; Corpus Inscript. latín., en el t. 11 las de España, por Hübner; 
Wólfflins, Archiv fiir lateinischc Lexikographie. 

6. La lengua primitiva de los españoles, que los griegos 
llamaron iberos, de los ribereños del Ebro, fué el éuscaro ó 
lengua vascongada, por la cual se declaran la mayor parte de 
los nombres propios, de los nombres geográficos y algunos otros 
citados por los autores griegos y romanos. Esta teoría del ibe- 
rismo, sustentada por Larramendi. Erro, Astarloa y Humboldt, 
sigue sosteniéndose entre los sabios, fuera de ciertos autores 
franceses, que con haber corregido algunas de las etimologías 
vascongadas de las traídas por Humboldt en Los primeros ha- 
bitanics de España, se dan á entender haber derrumbado ente- 
ramente lo que confirman muchedumbre de otras, que no han 
podido desechar. \'eintidós siglos de lucha del latín y de su 
sucesor el castellano, de la literatura, de la cultura y de la po- 
lítica no han bastado para hacer desaparecer del suelo español su 
primitivo lenguaje, que, acorralado,' fuese retirando poco á poco 
hasta reducirse á las provincias vascas. Todo en torno de ellas, 
en Álava, Navarra, Huesca, hay una zona de tierras donde los 
euscarismos muestran haber pasado por allí el vascuence al reti- 
rarse, y fuera de esa zona, en el castellano de toda España, 
vulgar y literario, no sólo han quedado huellas del idioma pri- 
mitivo, sino que en varios puntos vence al latín. El fonetismo 
del castellano es contrario al latino y es puramente eusquérico, 
porque el fonetismo y pronunciación, como dijo Hervás, es lo 
último que se pierde, si llega del todo á perderse alguna vez en 
la raza que habló un idioma. Sólo el castellano, entre todas las 
románicas, tiene las cinco vocales puras, que ni el mismo latín 
tenía ; pero que es carácter distintivo del vascuence. Solos los 
españoles y los aquitanos, que rodean el país vasco, convirtieron 
la / latina en la aspiración /: y confundieron la b y la v. Solos 
los españoles pronuncian tan recia la rr y tan suaves las expío- 



26 NACIMIENTO DEL ROMANXE 

sivas b. d. g, como los vascongados, y hasta el siglo xvi no co- 
nocieron la pronunciación moderna de la /, y propio de unos y 
de otros es el uso de las palatizadas //, ñ, ch. De los grupos de 
consonantes, que el latín admitia y siguen admitiendo las demás 
románicas, sólo sufrió el castellano los que permite el vascuence, 
desechando todos los demás. De aquí que el fonetismo castellano 
sea el que más se acerca al vascongado, y por lo mismo es el más 
armónico y á la vez brioso de las lenguas de Europa. Los feos 
sonidos /, j, z, nacieron en el siglo xvi, perdiéndose, en cambio, 
lo sonidos de la / y ch francesas, que hasta entonces el castellano 
tuvo y se conservan en todo el litoral de la Península, así corno 
la aspiración de la h; pero este mismo cambio de sonidos venía 
preparado por el fonetismo eusquérico de la raza. (Cejador, 
Lengua de Cervantes, I.) Por años que vivan en España un 
inglés, un francés, un catalán, siempre los distinguiréis en la 
pronunciación; el vascongado, con ser su idioma tan ajeno á 
las románicas é indo-europeas, en aprendiendo el castellano no 
se distingue en la pronunciación del resto de los españoles, hecha 
que demuestra, sin género de apelación, que el fonetismo cas- 
tellano proviene del fonetismo del éuscaro ó primitiva lengua de 
España. 

Muchedumbre de sufijos, los más vulgares, son vascongados, 
BjSÍ como el matiz de las vocales en los llamados diminutivos y 
despectivos, como -acó, -ico, -itco, -aclw, -uclio, etc. Fuera de al- 
gunos fenómenos morfológicos vascongados, queda sobre todo en 
castellano el inmenso caudal léxico, que sobrepuja al caudal latino- 
en el habla vulgar, quiero decir prescindiendo del caudal latino 
traído por los eruditos y no debido á la primitiva evolución del 
latín en romance. (Véase Cejador, Tesoro de la ¡cmjua cas- 
tellana.) 

De las demás lenguas habladas en España antes de la llegada 
de los romanos, el fenicio, el griego, el celta, no se conoce en 
el castellano palabra alguna que con certeza á ellas pertenezca. 
Cuanto griego encierra nuestro idioma vino latinizado á Es- 
paña. Del celta no podia esperarse otra cosa, puesto (|ue son con- 
tadísimas las vcxes cpie le debe el mismo francés, con haber sida 
céltico el idir>ma principal ¡¡rerromaiio de Francia. El fonetismo 
céltico es lo único (pie inlluyó en las hablas del Este y Noro^este 
de la Península, fomiandd el portugués, el gallego y el llamado 



ORIGEN' ÉUSCARO DEL RO.MANXE 2/ 

dialecto leonés, cuya manera más propia es el bable de Asturias,. 
rodeado del leonés oriental, que corre por parte de León, Fa- 
lencia y Santander, y el occidental por León, Zamora, Sala- 
manca y buena parte de Extremadura. Dialectos lemosines son 
el catalán, el mallorquin y el valenciano. En la parte Nordeste 
de Huesca se nota otra variante más desleida, por influjo, sin 
duda, del catalán. El llamado aragonés, fuera de algunas sal- 
picaduras catalanas en los antiguos escritos, en el habla vulgar, 
desde que se conoce, no difiere sustancialmente del castellano ; 
sólo en el lé.xico de voces de pura cepa castellana hay diferencia, 
tan antiguas las más, que se usan en León ; á ^Murcia pasó el 
habla aragonesa y allí se conserva con la misma riqueza léxica. 
Algo más se distingue el dialecto andaluz, sobre todo en eí 
fonetismo, y se debe al influjo semítico de fenicios y árabes, que 
señorearon por tantos siglos aquellas tierras. 

7. Acerca del cuándo y cómo naciera el romance caste- 
llano, parece que fué al primer choque entre el éuscaro ó len- 
gua nacional de los españoles con el latín vulgar que traían I03 
romanos, esto es en cuanto las gentes vulgares de España, que 
carecían de la instrucción romana de algunos españoles roma- 
nizados en las Colonias y Conventos jurídicos, quisieron darse 
á entender en latín, puesto que pronunciándolo según el fone- 
tismo éuscaro, mezclando á medio latinizar muchas voces y 
radicales éuscaras, añadiendo sufijos latinos á éstos y sufijos 
vascongados á radicales del latín y perdiendo más de lo que 
lo estaban las desinencias flexionales, verbales y nominales, 
hubo de resultar en sus labios una habla que, sin ser éuscaro nt 
latín, con gramática más latina, pero con fonetismo y léxico 
más vascongado, era el verdadero romance castellano. Este 
cliapurreo y transformación hubo de verificarse durante bas- 
tantes años, pasando de región á región, desde los centros ro- 
manos hasta las partes más alejadas de su trato. Así se hallaií 
todavía huellas de vascuence en gran parte de España hasta la 
época de los árabes, y hoy en día aún no ha sido del todo vencido 
en España, conservándose en las provincias vascas. 

8. No ha}^ que figurarse que al día siguiente de haber puesto el 
pie en España los romanos ya los españoles habían tenido la humora- 
da de dejar su lengua para aprender el Musa musac. Baste decir que. 



28 NACIMIENTO DEL ROJIANXE 

si en Cartago se hablaba todavía el púnico en el siglo iv, como afir- 
ma S. Agustín, y si, como ha probado Budinszky (Ausbrcit. der 
latcin. Spr., pág. 115), el galo no desapareció de las Gallas hasta el 
siglo VI ó más tarde (Cfr. Diefenbach, Orig. Eiirop., pág. 15S), en 
España, donde la tenacidad del patriotismo llegó hasta el extremo de 
■ser la última provincia dominada, habiendo sido la primera en ser 
invadida y atacada, de haber luchado doscientos años por su indepen- 
dencia, la lengua indígena tuvo que vivir más acá del siglo vii. Las pri- 
meras colonias que vinieron á España no tuvieron trato particular 
con los españoles, que preferían la alianza con los cartagineses, sus 
■antiguos amigos. Hasta que Augusto emprendió la latinización siste- 
mática de las provincias, la población indígena no había hablado la- 
■tín. Por medio de la nueva organización administrativa, por medio 
de escuelas romanas, por el traslado continuo de grandes muchedum- 
bres, por la abolición ó inobservancia de las leyes restrictivas del iiis 
connubü, por la atribución progresiva del derecho de ciudadanía á to- 
das las provincias, el Imperio fué latinizándose desde Augusto; pero 
antes de Jesucristo las colonias romanas eran las únicas que habían 
hablado latín en España. Situadas en las costas y en los grandes ríos 
y demás vías comerciales, sólo habían tenido intento á asegurar el 
dominio político, la posesión de las minas, la percepción de los im- 
puestos y á facilitar e! comercio y el cultivo de las tierras por los colo- 
nos romanos é italiotas. Poquísimos hubieron de ser los españoles que 
supieran entonces latín; el número de bilingües en las provincias fué 
Tarísimo, dice Gróber {SprachqucUcn und Wortg., Arch. Lat. Lex., 
I, 43). No mueren ni se dejan matar así como así las lenguas indíge- 
nas. El griego no desapareció de Sicilia y de Italia hasta la Edad 
Media, vencido por el árabe y el italiano (Bitdinszky, pág. 44) ; de 
NápoleS tenemos inscripciones griegas hasta el siglo vii de nuestra Era. 
En el siglo i se hablaba la lengua indígena en España. No sólo entre 
los vetones, en Tormes, donde cuenta Tácito {Ann., IV, 45) que un la- 
briego, atormentado por el pretor L. Pisón, apostrofó á los romanos 
sermone patrio, "lo cual indica, dice Mohl, que el latín era general- 
mente desconocido en el país; no sólo en Galicia, donde dice Pom~ 
ponió Mela que aún eran celtas sus habitantes, etiam nunc cclúcae 
gentis, es decir, que seguían apartados de toda influencia romana 
(MoiiL, pág. 59), sino que hasta el año 74, en que Vespasiano concedió 
el ius civitatis óptimo inre á todas las ciudades de España, municipa- 
les ó federadas, no cesaron las ciudades españolas de batir moneda, 
con su escritura y su leyenda propias é indígenas (i). 

Si, pues, á fines del siglo i deja oficialmente de batirse esa moneda, 
¿vamos á creer que dejó de repente de hablarse la lengua indígena 
en que se redactaba la leyenda? Por largo tiempo se siguió hablando 
aquella lengua en las mismas ciudades. Y si el influjo romano no fué 
aquí mayor que en Cartago y en Ñapóles, aquella lengua duró lodavia 



d) llí'iiNKR, Moniim. ¡iiig. ibcr. Rcrlín, 1894 



ORIGEN' ÉUSCARO DEL ROMANXE 29 

siglos. Y si tal acaecía en las ciudades, ¿qué había de suceder en los 
pequeños núcleos de población y en los campos? "Caesar Augustus, 
dice Justino (Hist., XLIV, 5), perdomito orbe victricia ad eos (Espa- 
ñoles) arma transtulit populumque barbarum ac ferum legibus ad 
cultiorem vitae usum traductum in formam provinciae redegit.'' Se- 
ría extraño que en el siglo 11 todavía se hablara etrusco en Italia como 
lengua general (Aulo Gelio, XI, \'II, 4) y se escribieran inscripcio- 
nes griegas en Xápoles hasta en el siglo vii, y que en España se hubiera 
olvidado la lengua indígena en el siglo 11. Cuando Justino llama bárbaros 
á los españoles no hay que creer que eran más que extranjeros para 
los romanos. Un país donde por tradición se conservaban poemas, 
como Estrabón afirma, y de venerabilísima antigüedad, y que tiene su 
alfabeto propio, con el que escriben en su lengua, y donde tantas ciu- 
dades baten moneda, no es un país de bárbaros. El apego á su lengua 
tenía que ser conforme á esta cultura, y, más que nada, conforme al 
carácter tenaz y conservador de sus habitantes, cuya nota caracterís- 
tica ha sido siempre el apego á sus tradiciones y costumbres. El fa- 
moso pasaje de Estrabón (III, 3) : 'vJíi -a^z v.alAv-m -f^:, Ts.izípa- 'í-\ ¡iHu-vr,- 
(jiivoi, además de no ser más que una exageración, como dice Mohl, 
no reza más que con los turdetanos, los primeros que se romaniza- 
ron, cuyas ciudades, sobre todo Itálica y Córdoba, eran más romanas 
que españolas; en fin, trata de andaluces, los más amigos de noveda- 
des y los primeros en extranjerizarse de todos los españoles en todo 
tiempo. Xada de extraño que los colonos romanos de la Turdetania 
y los turdetanos que vivían con ellos en los establecimientos romanos 
no hablaran más que el latín; y aun Mohl cree que no eran más que 
bilingües, como los habitantes de las cercanías de Marsella y Narbona 
(Estragón, IV, I, 12). Casos aislados que el geógrafo de la antigüedad 
cita para ponderar el influjo romano y que comprueban precisamente 
que la romanización de las provincias no estaba todavía muy adelan- 
tada. Otro tanto asegura de los samnitas, lucanos y brutios (VI, I, 2)^ 
para halagar al Emperador, diciendo que habían abandonado ente- 
ramente sus antiguas hablas; y con todo, la epigrafía, que es algo 
más verídica, prueba lo contrario, mostrándonos las insfcripciones 
oseas y otros dialectos en las grandes ciudades, tales como Pompe- 
ya, por lo menos hasta el Imperio, y que, por consiguiente, esos dia- 
lectos tuvieron que durar muchísimos años más, sobre todo en el 
campo y en las aldeas. El mismo Estrabón, en otra ocasión, confie- 
sa que aún se hablaban el tirreno, el véneto, el ligur y el insu- 
brio en la Cisalpina (\^ I, 6). Después de seiscientos años de domina- 
ción romana y de colonización activísima, las lenguas berberiscas to- 
davía debieron hablarse, por lo menos en el campo, puesto que aún 
duran, á pesar del latín, que allí desapareció, y del árabe, que aún se 
habla. Señal de que si el latín era el habla de la gente instruida afri- 
cana, el habla del pueblo era la lengua camitica indígena, la cual so- 
brevivió al latín venido de fuera. Cuatro siglos duró la dominación 
romana en la Gran Bretaña y no pudo implantar el latín como habla 



3o NACIMIENTO DEL ROMANCE 

popular junto á la lengua céltica, dejando solamente algunas palabras 
latinas en aquellos dialectos cómicos y galos (i). 

Por más que se empeñan los defensores de la unidad del latín vul- 
gar, y por más que queramos conceder á todas las fuerzas unificado- 
ras de la época imperial, si el latín vulgar hubo de tomar algo de 
las lenguas itálicas al salir del Lacio, no pudo menos de colorearse al 
llegar á las provincias. Con razón afirma Sittl que al pasar el Rubicón 
•el latín fué de alteración en alteración. Algo, ó mucho si se quiere, 
llegaría á uniformarse después; pero las modificaciones dialectales, 
una vez adquiridas, nunca llegan á desaparecer del todo. Los autores 
•nos hablan del latín squamosiis, pingue sonans, agresHs, inquinatus 
■atque harhants, que se hablaba y aun se escribía en las provincias, y 
los retóricos amonestan á los que van á viajar por España ó las Ca- 
lías que tengan cuidado con las verba non trita Romac (Cíe, Brut., 
XL, VI, 171). "No se trata aquí, dice Mohl, más que del latín ha- 
blado por los colonos romanos, por la población romana ó italiota 
■establecida en las ciudades y centros provinciales; no del lenguaje 
•de los campesinos indígenas." Pero si estos defectos tenía el latín en 
labios de los colonos romanos, ¿qué defectos no tendría en labios 
de los colonos indígenas, que no eran romanos ni italiotas y que no 
■habían aprendido el latín más que de esos mismos colonos? ¿Acaso 
los españoles hablaron jamás el latín mejor que los que se lo enseña- 
ron? Yo creo que no. A las modificaciones que ya traía el latín, debi- 
das á su paseo por Italia y á los mismos colonos, italiotas en su mayor 
parte, hubieron de añadirse las que ese latín tomó al pasar á labios 
extraños, á labios españoles. Sería el único caso en la historia el que 
los discípulos hubieran sobrepujado á los maestros y hubieran evitado 
todos sus barbarismos, sin añadir otros nuevos, y seria el único caso 
en la historia el que una lengua hubiera pasado á raza extraña sin 
modificarse en lo más mínimo. Los mismos españoles é ingleses, con 
sólo apartarse de la madre patria, van modificando en América el 
español y el inglés. ¿ Cómo no modificarse más en labios de criollos 
ó de otras razas extrañas? Parece increíble; pero, á pesar de ser 
cosa tan evidente, los romanistas siguen tan aferrados á la unidad 
del latín vulgar y, por consiguiente, suponen que el latín en nada se 
modificó en labios de españoles ó de galos. Lo que hay, en realidad de 
verdad, es que de tal modo hubo de modificarse el latín, que, al ser 
hablado, no digo por los romanos de España, ó por los primeros pro- 
sélitos que acudían como amigos y se romanizaban viviendo en común 
con ellos, pero sí por españoles de pura raza y algún tanto apartadas 
de los focos romanos, se tuvo que convertir en romance; es dcsir, 
hubo de ser pronunciado á la española y recibir no pocos términos 
de la lengua indígena. Lo contrario no ha sucedido ni puede suceder 



(i) Lf)Tii, í.cs nwls ¡(iHiis Jíiiis Irs Idugucs íti/idiuí./iíiw. .hiiiaU-s de 
Brctayitc, VI, 561. | 



ORIGEX ÉUSCARO DEL ROMANXE 



3i 



jamás. Confiésese que no se conocen esas modificaciones extrañas; 
pero que no las hubo desde un principio no puede negarse sin ir con- 
tra todas las leyes históricas y fisiológicas. Puesto que al desenvol- 
verse aquellas modificaciones, más ó menos patentes en un principio, 
dieron por resultado la diferencia del castellano, del francés y del ita- 
liano, hubo esas modificaciones, y las atestiguan los monumentos más 
antiguos, en los cuales siempre se notan las diversas tendencias fo- 
néticas de cada uno de los romances. Las escuelas fueron un gran 
instrumento de propaganda; pero en ellas sólo se enseñaba el latin 
clásico, y á una minúscula parte de la población. El pueblo no aprende 
una lengua extraña en la escuela, sino en la calle y en el trato ordi- 
nario ; y en ese trato ordinario el latin les llegaba bastante alterado, y 
■ellos lo alteraban más. ¿ Qué significa la escuela de Osea, fundada 
por Sertorio, ni la bola de oro de los patricios romanos que se daba 
á los premiados, con el resto de la población? Los labriegos de en- 
tonces no creo fuesen á que se les colgara del cuello esa bola, sino 
•que irían á vender y comprar entre los romanos, dándose á entender 
•de cualquier manera, es decir, chapurreando y destrozando el latín, 
no, ciertamente, hablándolo mejor que sus dominadores. De esas es- 
cuelas saldrán tan buenos escritores como de las escuelas romanas, 
y llegó una época en que los mejores literatos de Roma fueron es- 
pañoles ; pero una cosa es el estudio literario y otra el habla vulgar 
aprendida en calles y plazas. La necesidad y la moda, ésas llevaron 
■el latín á todas partes. Véase lo que pasa hoy en las provincias vascas. 
Se tiene en poco el vascuence, porque el español es el habla de la 
gente granada de las poblaciones. Así los pueblos se degüellan á sí 
mismos con el mismo cuchillo, que, atraídos por la moda, se escogie- 
ron: "idque apud imperitos humanitas vocabatur, cum pars servitutis 
esset", dice Tácito al hablar del cebo con que Agrícola atraía á los 
britanos para romanizarlos. Todos quieren seguir á las personas de 
más cuenta, aprecian más sus términos extraños que los propios, por 
ser éstos usuales entre la plebe^ se los apropian y mezclan en su habla. 
Poco á poco hablan castellano ; pero con pronunciación vascongada, 
con no pocos términos y giros vascongados, y resulta una jerga como 
el castellano que hasta poco ha se hablaba en Bilbao. Estamos asis- 
tiendo á las últimas conquistas del latín entre las lenguas bárbaras. 
Pero i qué latín el que lucha hoy día contra el vascuence ! Tan latin 
como el que luchó en otro tiempo en el resto de España. Latín es 
nuestro castellano actual; pero... romanceado. Y tal fué el latín que 
habló siempre la masa general del pueblo español. 

^. Acerca de si se habló latín por todo el pueblo español, así como 
del influjo del vascuence en el romance, he tratado largamente en los 
Diálogos sobre el origen del castellano, donde pueden verse muchas 
autoridades. Añado aquí !a de Simonet (Glosario, pág. xxxvii) : "Aun- 
que el latín logró predonvnar y hacerse vulgar en la antigua Iberia bajo 
la dominación romana, conservando sus fueros bajo la visigoda, su uso 



32 NACIMIENTO DEL ROMANCE 

no debió ser universal y exclusivo. La lengua latina llegó á ser el idioma 
oficial, religioso, culto y literario de toda la Península, y aun el vulgar 
y corriente en su mayor parte ; pero coexistiendo muchos dialectos vul- 
gares, y, sobre todo, palabras y locuciones de distintos orígenes. Prué- 
banlo así : el dicho de Cicerón de que los españoles no serían entendidos 
en el Senado sin intérpretes; los nombres de scrmo patrias y patria 
Intgua, que aplican Tácito y Silio Itálico á palabras y modismos usados 
por los españoles en aquellos tiempos, y las voces ó formas no latinas 
que cita San Isidoro como usadas vulgarmente en su tiempo por los 
mismos españoles latinizados: vulgits vocat, Hispani vocant, vocamus. 
Quien desee más sobre esta materia, consulte lo que discurre el señor 
Ríos en su mencionada Hist. crít., tomo II, ilustr. i.', núm. i, corrigien- 
do la opinión de Martínez Marina, quien pretendió negar la existencia 
de todo lenguaje español distinto del latín bajo la dominación romana. 
Baste á nuestro propósito observar que la corrupción del latín y su 
fusión con otros dialectos se debieron en gran parte á la influencia 
unificadora del espíritu cristiano y de la monarquía visigótica. Y 
aunque este hecho no puede apreciarse con exactitud en los docu- 
mentos públicos y literarios de aquellos siglos, cuyos autores habían 
de afectar en lo posible las formas y propiedad latina, nos dan motivo 
suficiente para sospechar que en el habla corriente, en la poesía po- 
pular, y siempre que la ignorancia ó la necesidad no permitía ajustarse 
á la pureza y rigor clásico, se usaba ya un lenguaje muy distinto del 
escrito por los Marciales y Lucanos y aun por San Isidoro. Finalmen- 
te, documentos latinos del siglo viii, pertenecientes á la nueva Mo- 
narquía asturiana, acreditan con muchas palabras y frases la gran 
corrupción en que había caído el latín y la existencia de un romance 
hispano vulgar." Véanse estos documentos en la Colección de Fueros y 
Cartas municipales, publicada por D. Tomás Muñoz y Romero, y 
constiltese al Sr. Ríos, tomo II, pág. 390 y siguientes. 

!*• El latín solo no se hubiera podido modificar tanto en el corto 
espacio de dos ó tres siglos para llegar á formar un idioma tan distinto 
como el castellano. Aquí hubo una lucha con alguna ó algunas de las 
lenguas indígenas. Lo está diciendo esa misma repentina transforma- 
ción, que contrasta con el desenvolvimiento lento de las indo-europeas 
antiguas y con el del griego moderno respecto del griego antiguo, y 
del alemán respecto del antiguo alemán y godo. Lo está diciendo el 
que todavía viva la lengua indígena de España, con la que hubo de 
encontrarse frente á frente el latín. Lo está diciendo el fonetismo cas- 
tellano, tan opuesto al fonetismo latino y tan semejante al fonetismo 
dfl éuscaro. Lo está diciendo el cúmulo de sufijos derivativos y gran 
parte del vocabulario cuscpiérico, que forman parte importantísima 
de nuestra lengua. 

Y esa lengua es el éuscaro: si el latín fué el padre, el éuscaro fué 
la madre del castellano. 

El influjo del éuscaro difiere enteramente (hl influjo tlcl latín: en 



OKIGEN ÉUSCARO DEL ROMANCE 33 

la formación y evolución del castellano influyó, ha influido y sigue 
influyendo el latin, puesto que, si no en el elemento popular, en el eru- 
dito ha seguido siempre dando nuevos vocablos al castellano; el éusca- 
ro influyó solamente en su primitiva formación, y una vez pasada la 
primera niñez, durante la cual lo amamantó á sus pechos, murió, como 
quien dice, de sobreparto, dejándolo á su desarrollo propio bajo la 
tutela de su padre. Metáforas son éstas y nada más, pero que expresan 
de alguna manera lo que yo pretendo decir y resumen en pocas pa- 
labras el problema etimológico de la lengua castellana. 

Lo más intimo del organismo de un idioma es su fonetismo, pues, 
no sólo le da todo su aspecto exterior, que pende del elemento sonoro, 
sino que él es el que más influye en todo su desenvolvimiento. No in- 
fluyó el éuscaro en el castellano nuás que hasta el momento de darlo á 
luz; una vez nacido, hubo por el mismo hecho de morir la madre. Pero 
la adaptación continua del elemento sonoro del mismo latin tuvo que 
irse verificando en la hija después de muerta su madre, de la misma 
manera que en el período de su gestación. Dado el fonetismo eusqué- 
rico en nuestro romance, las leyes fonéticas que han convertido al 
latín en castellano son meras aplicaciones de ese mismo fonetismo. Y 
las leyes fonéticas castellanas, manifestaciones de ese fonetismo eus- 
quérico, son las que más han contribuido al desenvolvimiento y á la 
caracterización del idioma. 

Proceden igualmente del éuscaro ciertas tendencias morfológicas 
del castellano, un gran número de sufijos derivativos, que lo separan 
enteramente de las demás neolatinas, y casi la mitad del vocabulario, 
esfinge de la lingüística. Hace, por lo menos, diez y seis á diez á ocho 
siglos que el castellano fué destetado de los pechos del éuscaro, y, sin 
embargo, es asombrosa la enorme cantidad de raíces que de él con- 
serva nuestra lengua, y no vocablos comoquiera, sino raíces fecun- 
dísimas, más fecundas que las raíces latinas, y de un empleo el más 
vulgar y cuotidiano. Si hubiera poseído el éuscaro la literatura y la 
cultura que el latín, no sólo hubiera entrado éste á formar nuestra 
lengua como un elemento muy secundario, sino que ni siquiera hu- 
biera podido llegar á ser un romance, á tener, digo, el corte y la es- 
tructura del latín, lo cual sucedió con el godo y el árabe, que traían 
una escasísima cultura, comparada á la romana viviente en España, y 
así sólo pudieron prestarnos algunos vocablos. Pero la cultura ro- 
mana en la religión y la filosofía, en la política y en la literatura, en la 
ciencia y en las artes, era tan ingente y avasalladora que arrolló ¡a 
precaria cultura indígena, y sus modas se impusieron y su lengua di6 
el tono, transformando el idioma indígena en su gramática y en la 
mitad de su vocabulario. La lucha de las dos lenguas que concurrie^ 
ron á la formación del castellano está como estereotipada en el mismo 
castellano. El verbo comer no ha vencido al indígena yantar hasta ei 
comienzo de la Edad Moderna. Los españoles empleaban su yantar, 
latinización del ianta eusquérico; los romanos traían su comedere, que 
por ser de moda empezarían á emplear las altas clases sociales cspa- 

3. 



34 NACIMIENTO DEL ROMANCE 

ñolas; después el comer, contracción española de comedcre, fué ba- 
jando hasta las últimas capas sociales y fué arrinconando al yantar, 
hoy ya anticuado, pero sin duda más antiguo en el romance que el 
comer, puesto que lo debió de usar el pueblo cuando el comedcre sólo 
lo empleaba la gente alta, y el comer no derivó más que después, cuan- 
do el comcderc llegó á los labios del pueblo. 

El vocablo de origen latino joven no debió de emplearlo el pueblo 
hasta muy posteriormente, puesto que poseía los de origen eusquérico 
chico, pequeño, mozo, niño, muchacho, y algo se tardarla en convertir 
iuven-cm en iovcn-em, ioven, xoven, joven. Más moderno es párvulo, 
de origen eclesiástico y canónico, entierro de párvulo, de donde des- 
pués escuela de párvulos, etc., y que en la primera formación del cas- 
tellano lo olvidaron los romanos españoles, prefiriendo los vocablos in- 
dígenas anteriormente citados. Los de puer y adolescente quedaron 
perdidos por completo, pues adolescente es de introducción erudita 
muy posterior, como que no 'ha llegado aim á las i'iltimas capas sociales 
del pueblo español. 

Fatigarse debió de ser aristocrático y de moda, y nunca pudo des- 
tronar al cansarse de cepa eusquérica, ni siquiera generalizarse tanto 
entre el pueblo. Ambos son castizos ; pero no habrá quien no tenga 
por más castellano el cansarse y el cansar que el fatigarse y el fatigar, 
como el halagar eusquérico que el adular, y los vulgarísimos asir, 
agarrar, arrebatar y atrapar, que el recibir y el mismo coger. El satis 
y satis esse hubieron de ceder ante bastante, bastar y asaz. El quacrcre 
tuvo que cambiar un poco el sentido originando el querer, porque el 
eusquérico buscar no se daba por vencido, como ni callar, que tapó la 
boca al lacere y al silere. Otro tanto sucedió al lucrari, que hubo de 
convertirse en lograr, mudando de significación, porque el ganar eus- 
quérico no le dejaba á sol ni á sombra, y el ciicere no pudo levantar 
cabeza ante los eusquéricos y vulgarísimos echar, arrojar, lanzar, tirar 
y botar. Soltar derivó posteriormente de suelto, pero para entonces ya 
habían dominado echar y dejar, que no se le han sometido jamás. 

Bueno es el juego y el jugar latinos, pero la holganza y el holgar 
no les van en zaga, y el divertirse, si vino á significar lo mismo, fué 
porque su primitivo valor lo tenía acaparado el dis-tracrsc ; el gaudcrc 
no pudo vivir entre los españoles, que tenian su eusquérico gozar, y 
aun alegre, alegrarse, tomaron su significación, tan distinta de la de 
alacrc-m, porque el gozo para los escualdunas era un esse alacrán. 

!'• La evolución del romance con casi solos elementos eusquéri- 
cos muestra la energía del elemento popular sobre el elemento de los 
conquistadores. Déjase el término rostrum y se conservan los indíge- 
nas pico, morros y hocico = f ocie o de hiz, con el sufijo -ico. 

Si el bcc céltico hubiera sido el origen de pico, no se hubieran for- 
mado ios derivados siguientes: picar, piqn-cra, pico-la, pico-tero, pic- 
otc-ar, pic-tido, pic-aza, piqu-illo, pir-a, pica-cha, pica-do, pieo-taz'o, 
pica-dura, pica-joso (picaxo-so), pie-aro, picar-csco, picar-on. picaron- 



i 



ORIGEN ÉUSCARO DEL ROIIAXCE 



35 



a:o, picar-illo, pie-ardía, pica-dcro. pica-dillo. picard-car, pica-za, p'i- 
ccra-da, picara-ca. Todos estos sufijos son eusquéricos, excepto el -ar 
verbal. Añádanse las formas latinizadas pica-do, pica-ate, repicar, 
pica-miento, picante-mente, picara-mente. De un bec céltico no se hacen 
tantos guisos, como no se hacen de un término arábigo ó gótico, cuyos 
vocablos, entrando en nuestra lengua, pierden la fecundidad de repro- 
ducirse. Ese bcc céltico es el biko del éusquera pronunciado por los 
semiiberos del Sur de Francia. 

Ni los nombres sueltos latinos han tenido tanta riqueza de deriva- 
dos como los nombres sueltos eusquéricos. De un verbo latino derivan 
muchos nombres; pero vinieron ya formados en su mayor parte del 
Lacio. No así de las palabras indígenas; como tenían fuerte arraigo, 
tomaron multitud de sufijos: unos puramente eusquéricos, otros lati- 
nos, otros comunes á las dos lenguas. La comunidad de raíces y sufijos 
fué un gran factor en la evolución del nuevo romance. 

Carrus es término suelto en latín, tomado á los iberos de la Galia, 
así es que no tiene equivalente en las I-E, ni más derivados que ca- 
rrüca 6 silla volante, en Suetonio, carrucarius y carrñlus, diminutivo 
y aun la terminación -ca es ibérica. Pero ese carrus lleva la termina- 
ción latina -tis; en éuscara, c-karr-i, llevar, kar, raíz de todo el verbo. 
Véanse los derivados del romance: carr-aca, embarcación de acarreo; 
carra-co, viejo tardo; carr-al, barril para llevar vino en carro; carral- 
ero, carre-ar, a-carrcar, carrejar, dim. carrello = carrillo, carr-era, ca- 
rrcr-illa, carrer-a, carr-eta carreta-da, carreta-je, carreta-r, carre-te, ca- 
rrete-ar, carrete-l, carret-ela, carret-era, carreter-ía, carreteri-l, carre- 
icr-o, carret-illa, carretill-ero, carret-illo, carret-ón, carreton-ero, carri- 
car, con -ka éusc, carri-ego, carri-l, carrill-ada. carrill-ar, carril-era. 
carr-illo, carrilhi-do, carri-ño, carro-za, carroc-ero, carro-cha, carro-ma- 
lo, carromat-ero, carru-aje, carru-co, a-carrear y todos sus derivados. 
Todos éstos no vienen de carrus ó carro, sino que, en su mayor parte, 
derivan de la raíz kar, habiendo contribuido el uso del carrus latino, 
sin duda alguna, á tanta fecundidad. Viene luego car-ga con -ga eus- 
quérico, y tras él otros tantos derivados : cargar, dcs-cargar, re-cargar, 
í-n-cargar, cada uno de los cuales cuenta con una nueva prole, y otro 
tanto digo de des-carri-ar, des-carrilar, en-carrilar. Y nótese que ya 
no se trata de carro, sino de llevar, idea del kar, ekarri, que está aún 
€n el acarreóme muchos disgustos, etc. 

La infinidad de derivados aumenta si pasamos á la variante garra, 
mano en cuanto coge y lleva, que suena y es la misma en éusquero 
que en castellano, y es la misma raíz suave del kar fuerte. \ Cuán- 
tos derivados no salen de garra, a-garrar, des-garrar, gar-za, en- 
gar-zar, des-engarzar, garro, garro-te ! ¡ Y todavía nos vendrán con 
que de carrus viene toda esa balumba de términos ! Muchos de 
ellos podrían usarse también en éuscaro como en castellano, mien- 
tras que no podrían serlo en latín: es que los sufijos y la raíz son 
•eusquéricos, mientras que sólo carrus es latino por préstamo, y ni la 
raíz car lo es, ni la mayor parte de los sufijos. 



36 NACIMIENTO DEL ROMANCE 

Comparando la masa etimológica que el castellano posee directa- 
mente del latín y del éuscaro, se nota en seguida que del latín tiene 
muchos términos en las explosivas c-, p-, t-, y poquísimos en las sua- 
ves g-, b-, d-, y al revés del éuscaro. La razón es manifiesta: las sua- 
ves son en éuscaro las más numerosas, por eso lo son los términos cas- 
tellanos tomados directamente del éuscaro. Por el contrario, como esas 
suaves eusquéricas se hicieron fuertes al pasar á las indo-europeas, y 
entre ellas el latín, los términos que el castellano tomó del latín llevan 
de ordinario esas explosivas fuertes. Por manera que, cuando en algu- 
nos casos el romance suavizó las fuertes latinas, vino á parar por un 
circulo completo á los sonidos primitivos. Por otra parte, cuando el 
mismo romance reforzó las suaves eusquéricas, no hizo más que lo que 
habían hecho las demás indo-europeas. Y esta ley de refuerzo, aunque 
no sin excepciones, se halla en el paso del éuscaro al castellano, lo 
mismo que en el del éuscaro á las demás indo-europeas. Es la ley de 
Grimm, inexplicable hasta hoy, pero que en nuestro caso paréceme que 
se vislumbra la razón y por qué. El pasar de las fuertes á las suaves 
no necesita otra explicación que el principio de la degeneración fónica, 
del descuido en articular. Lo difícil está en explicar el hecho opuesto: 
el paso de las suaves á las fuertes. La pronunciación eusquérica y cas- 
tellana es notable por la suavidad de los sonidos suaves; relativamente, 
es mucho más suave que en las demás lenguas antiguas y modernas. 
Por eso, cuando los extranjeros aprenden estas lenguas, pronuncian 
las explosivas suaves tan fuertemente, que nos choca, y parécennos 
articular más bien las explosivas fuertes. Del bihere hemos hecho nos- 
otros un beber, que mejor se escribiría weiver; viene un francés y le 
oímos casi pepcr. Por la misma razón se originaron en castellano la 3 
y la i, espirantes nacidas de la extremada suavidad de í = </, t = g. 
Así óyese decir Madris, Valladolis, y la / casi siempre viene de x, ó 
sea antiguamente ch francesa y eusquérica. Ahora bien: á los romanos 
les pasó, sin duda alguna, lo mismo que les pasa á los franceses al ar- 
ticular éstos el castellano ó el éuscaro, aquéllos el éuscaro ó ibero y el 
naciente romance: hicieron fuertes las suaves eusquéricas. Esta tenden- 
cia se hacía más necesaria por el deseo de pronunciar claro unos so- 
nidos que á los oídos poco acostumbrados siempre parecen obscuros, 
sobre todo si son suaves. Así acontece que el extranjero, instintiva- 
mente, hace hincapié en cada sonido de la lengua que le es extraña, por 
lo mismo que deletrea y recalca cada una de las sílabas por no poseer 
todavía la rapidez propia del que, sin reflexionar, pronuncia en su len- 
fjua propia. 

>2. Sobre el éuscaro: W. v. Humboldt. Prüfiiiuj dcr Unicrsiicliiin- 
gen über dic Urbcivolmcr Spanicits, vcrmittclst dcr lashisclicn Spra- 
che, 1821; Emil Ilübncr, Monumcnla linguac ibericae, Bcrolini, 1893; 
Edouard Philipon, Les Ibíres, París, 1909, y las obras de Erro sobre 
el alfabeto celtibérico, Astarloa, Larramcndi y demás vascófilos (.\llen- 
dc Salazar, Biblioteca del l'ascófilo, y la que después escribió Vinson). 



ELEMENTOS DEL ROMANXE 3/ 

Sobre el celta: H. d'Arbois de Jubainville, Coiirs de Litt. Celt., 
t. XII, 1902; id., Les celtes en Espagne, Rev. Celt., t. XIV, 1893, pá- 
gina 357; t. XV, i; t. XVI, 383; K. Müllenhofí, Deutsche Alter- 
íumskunde, IV, pág. 237; Grober, Grundriss der Román. PhiloL, t. I, 
página 388. 

En general, sobre el origen del castellano: Fórster, Spanische 
Sprcchlehere, Berlín, 1880; Cejador, Tesoro de la lengua castellana, 
10 vols., 1908-1914; id.. La lengiM de Cervantes, 2 vols., Madrid, 1905- 
1906; Grober, Grundriss, citado; F. Gorra, Lingua e letteratura spa- 
gnuola dellc origine, Milano, 1898; F. D. M. Ford, Oíd Spanisch-text, 
Boston, 1906; J. Cejador, Diálogos sobre el origen del castellano, Ma- 
drid, 1915. 

13. En e! castellano primitivo, formado del latín vulgar y 
del éuscaro, hay que distinguir: i.°, el elemento éuscaro de 
voces las más corrientes y que expresaban los conceptos más 
tradicionales ; 2.", el elemento vulgar latino, de voces también 
comunes y de otras que el buen tono de la sociedad romana po- 
nía de moda y de las que la cultura latina trajo como ideas 
nuevas para los indígenas ; 3.°, finalmente, el elemento de evolu- 
ción, que fué formando nuevas voces }• acepciones, barajando 
los radicales y sufijos de entrambas lenguas. Por cima de esta 
habla vulgar, los eruditos, romanos y españoles, fueron aña- 
diendo el elemento erudito, que no llegando al pueblo, no en- 
traba de lleno en la turquesa fonética castellana, y cuando á 
medias entraba, formaba voces que decimos semieruditas. Unas 
)• otras comenzaron á usarse desde el principio y han seguido 
tomándose del latín literario, como son las eclesiásticas, que el 
cristianismo trajo á poco; las forenses, las gramaticales, litera- 
rias y artísticas, etc. Como espuma que flota, han sido usadas 
unas un tiempo, olvidadas otras. Desde el renacimiento el pru- 
rito por estos vocablos ha ido creciendo, sobre todo en la época 
del gongorismo, y hoy más á imitación del francés (idioma 
que fué perdiendo la herencia evolutiva popular, sustituyéndola 
por otro léxico latino muerto y erudito, sacado del diccionario) 
lleva nuestro idioma el mismo camino, de arte que en nuestro 
diccionario sobrepuja el número de estas voces á las evolutivo- 
vulgares, menospreciándose éstas en cambio, que no hallan en 
él cabida, aunque entre la gente popular sigan vivas y lozanas. 
Así se divorcia el habla erudita de la nacional cada vez más. 

El elemento griego ha llegado siempre al castellano pasando 



38 NACIMIENTO DEL ROMANXE 

primero por el latín, esto es, latinizado, lo mismo las palabras 
que desde el principio vinieron, que se atienen á las leyes foné- 
ticas de la evolución latino-castellana, como las que después 
fué trayendo la erudición, ya sean puramente eruditas, ya 
semicruditas. Hoy se traen infinitas técnicas, pronunciándolas 
á la latina para que pasen por la hilera tradicional. 

Una vez formado el romance al choque del latín vulgar con 
el éuscaro, resultando un latín vulgar pronunciado á la espa- 
ñola, perdidas las terminaciones casuales, con la mitad del lé- 
xico éuscaro, los idiomas que después influyeron en él tan sólo 
le tocaron en la superficie, prestándole algunas palabras suel- 
tas, sin modificar en nada la gramática, la estructura ni apenas 
la derivación. 

!■*• "La lengua, ha escrito Novicow (i), caracteriza por ejocelencia 
las facultades mentales de los pueblos: el vocabulario de una lengua 
es como una enciclopedia popular, porque no se da nombre más que 
á las cosas de que se tiene noción; la gramática y la sintaxis son la 
quintaesencia de la lógica de un pueblo ; la lengua es la trama más ín- 
tima de las facultades mentales." Cada pueblo se mueve dentro de un 
círculo de ideas propias y á ellas corresponden los vocablos de su idio- 
ma: diferentes son las ideas de un francés moderno de las de un esqui- 
mal y de las de un griego de la antigüedad. El pueblo español prelatino 
se movía en un círculo de ideas bastante diferente del romano. Por muy 
adelantados que supongamos á los españoles de entonces, hay que con- 
venir en que la cultura latina era mucho más extensa. Aun descartando 
los elementos esotéricos de cultura, propios de un número poco con- 
siderable de romanos, en la religión, en la filosofía, en la política, en 
las ciencias y en las artes, los cuales no pudieron generalizarse en 
España sino muy poco á poco, todavía quedan bastantes otros más e.xo- 
téricos y populares que, en mayor ó menor grado, todo romano poseía. 
Estos elementos populares de cultura, que no tenían los españoles, 
los trajeron los primeros colonizadores romanos á España, y desde el 
primer momento en que al choque del latín con la lengua indígena que- 
daron como esbozadas las primeras líneas del nuevo romance, éste 
tuvo que apropiarse los vocablos latinos corre.spondicntes á las ideas 
de esos nuevos elementos de cultura, que acá no tenian propia expre- 
sión. 

Tal es el estrato de cultura, cuyos vocablos, ciertamente, formaron 
parte del habla que entonces nacía entre los españoles que so latini- 
zaban y los romanos que se españolizaban ; pero no respondiendo á 
ideas genuinnmente españolas, hay que colocarlos en una capa supe- 



(i) El forvcuir de la ra:a blanca, pág. 87. 



ELEMENTOS DEL ROMANCE Sg 

rior, menos primitiva, menos general, menos castiza en una palabra, 
que los de las capas de que voy á hablar en seguida : son el terreno ter- 
ciario del romance. 

Vengamos al estrato de aristocracia. Al nacer el romance por el 
choque del latin con la lengua indígena de España, sucedió lo que 
siempre sucede : que ni los españoles (hablo de la masa popular) ha- 
blaban latín, ni los romanos podían hablar latín con los españoles, ni 
la lengua indígena, que no conocían ; los españoles latinizaban sus 
vocablos propios y los romanos españolizaban los suyos. Pero en 
esta lucha y entrechoque de elementos lingüísticos ya se podía conje- 
turar cuál sería el vencedor : el más fuerte. No el más fuerte por las 
armas, pues godos y árabes no pudieron con ellas vencer y matar la 
lengua nacional, ni el más fuerte por el número, pues los árabes con- 
quistadores impusieron su lengua en Persia y Egipto, y los romanos 
en España, á pesar de ser menos en número que los pueblos venci- 
dos; sino el más fuerte por la civilización, que es lo que, al fin y al 
cabo, se impone siempre, como se impuso la civilización indígena espa- 
ñola á la gótica y arábiga, y como á la española se impuso la romana. 
Ya no trato aqui de los elementos de cultura, sino del poder debido 
á la civilización y á esa misma cultura. Veamos lo que pasa hoy día. 
Las naciones más civilizadas imperan moralmente : Francia impone 
sus modas en todos los países latinos: en Italia, España, Portugal y 
América, y aun, en parte, puede decirse que en toda Europa; en el 
siglo XVI las imponía España. Si el trato de los franceses con los 
españoles fuera más íntimo y doméstico, si vivieran con nosotros, en 
nuestros mismos hogares, sucedería respecto de los vocablos lo que 
hoy sucede respecto de las modas en el vestir, de la quincallería y ju- 
guetes de la industria parisiense, de la literatura y de otras muchas 
cosas. Quiero decir que, así como en todas éstas la moda francesa se 
• impone, por una especie de poderío como aristocrático que ejerce, ha- 
ciendo que en la opinión pública pase como de buen tono lo que viene 
de Francia, así en los españoles de aquellos tiempos influía ese po- 
der mágico como aristocrático y de buen tono de cuanto llevase el 
sello romano, y mucho más de los vocablos y modos de decir. Los tér- 
minos indígenas se menospreciarían y se irían arrinconando poco á 
poco, prefiriéndose los términos latinos de moda, quizá menos expre- 
sivos, pero de mejor tono. Las clases sociales superiores, que estaban 
más en contacto con los romanos, serían las primeras en aceptar, en 
procurar distinguirse por el empleo de dichos términos, y, como hoy 
sucede, las clases inferiores seguirían más ó menos gustosamente á las 
clases como aristocráticas. Es lo que vemos suceder en el país vascon- 
gado, qu« teniendo vocablos eusquéricos prefieren, los que viven en 
contacto con los castellanos, emplear los vocablos castellanos, y esto 
aun cuando hablen en vascuence, y, por el contrario, castellanizan 
no pocos vocablos vascongados, resultando, por ejemplo, el patois 
bilbaíno que se habló hasta hace poco en Bilbao, ó la mezcolanza que 
se nota en todas las poblaciones vascongadas. Hasta los predicadores 



40 XACIIIIEXTO DEL ROMAXXE 

piensan en castellano y, por consiguiente, sus discursos vascongados 
están empedrados de términos castellanos con las terminaciones eus- 
quéricas, y mucho más el pueblo, al hablar su lengua, la rellena de 
castellanismos, y al revés, cuando hablan castellano emplean muchos 
vocablos, terminaciones y giros vascongados. Pero el castellano va ga- 
nando terreno por estar de moda y ser de buen tono : y lo mismo en 
otros tiempos iba ganando terreno el latín, aun en el empleo de vo- 
cablos comunes á las dos lenguas que luchaban por su independencia. 
Tal es el estrato aristocrático, ó de moda, si se quiere, el cual está 
formado por términos latinos, pero más castizos que los del estrato 
de cultura, en cuanto que responden á ideas no traídas de fuera, sino 
propias del pueblo indígena, como que tenían sus términos propios én 
el país, sino que fueron cediendo ante la moda y el poder cuasi aristo- 
crático de los términos latinos. 

Y á este estrato, que podemos comparar al terreno secundario, 
creo yo que corresponde el influjo del latín en nuestro romance, cuan- 
to á los elementos gramaticales: por ese influjo, el habla indígena de 
los españoles entró en la gramática latina tan de lleno, que el nuevo 
idioma vino á ser un romance. Y si no, véase lo que pasa en las po- 
blaciones vascongadas, que han abandonado ó están abandonando y 
olvidando su propia lengua en nuestros días. La gramática castellana 
es la que impera: muchas terminaciones, muchos vocablos y, sobre 
todo, el fonetismo, son eusquéricos: ni más ni menos que en nuestro 
castellano respecto del latín, ó sea el latín que hablamos en Espa- 
ña respecto del éuscaro. El castellano es un latín por la gramática y 
por la mitad ó más de sus vocablos; pero contiene muchísimos eusqué- 
ricos, casi la mitad de su vocabulario doméstico y popular; contiene 
muchas terminaciones derivativas eusquéricas, y el fonetismo. la pro- 
nunciación, es del éuscaro casi exclusivamente. 

El estrato de formación, el terreno primitivo, como quien dice, de 
nuestro romance, está formado por un corto caudal de verbos sobre 
todo, demostrativos y nombres latinos, que son del uso más vulgar y 
necesario para la vida ordinaria. Los verbos decir, hablar, haber, tener, 
ser, estar, ir, llevar, traer, coger, dar, recibir, ver, oir; los nombres 
de los miembros corporales, de los utensilios más comunes en el ajuar 
doméstico, pertenecen á este estrato, el más castizo y primitivo, el 
que concurrió desde el principio á la formación del romance. 

Por estos tres estratos, el terciario, el secundario, el primario, es 
por lo que el latín puede decirse que es padre del castellano, sobre todo 
por el primario y secundario, por los cuales le infundió su gramática y 
la parte esencial de su vocabulario. 

15- Respecto del elemento scmicrudito del castellano, las leyes 
fonéticas más esenciales se guardan en parte también en todos sus vo- 
cablos; pero aun esas mismas y las que obraron después de la primera 
formación del castellano dejan de guardarse, haciendo que las tenden- 
cias fonológicas del idioma los modifiquen á medias. Los escritores en 



ELEMENTOS DEL ROMANCE 4' 

!as diversas épocas los allegan al latín cuanto pueden ; el pueblo los 
castellaniza: resultado, que viven en continuo vaivén, sin acabar de 
entrar enteramente en el molde casíellano. La reacción erudita comen- 
zó á oponerse al curso evolutivo natural de las lenguas románicas 
desde su mismo nacimiento, i Cómo explicar la unidad del latín vulgar 
y de las románicas sin ese poderoso freno que las contenía? ¿Cómo 
pudo aguardar el latín en España cuatro siglos, hasta aparearse con 
las demás v presentar idénticos fenómenos? Durante todo ese tiempo 
en España no pudo quedarse estacionario el latín; evolucionaba. Pero 
la lengua oficial lo tenía á raya y lo iba atrayendo hacia sí, y cuando 
ya el latín se había extendido por todo el Imperio, la reacción del habla 
oficial y la mutua comunicación entre las provincias igualó el habla de 
todas ellas, por lo menos superficialmente, como por medio de un rase- 
ro. No hav dialecto románico algimo que no posea términos abs- 
tractos : todos ellos son de origen erudito, como ha notado Mohl. Esos 
abstractos, dejados á merced de la evolución popular, se hubieran mo- 
dificado; pero la reacción erudita estaba siempre allí para no permitir 
se alejasen de la latinidad. Los verdaderos abstractos nacionales son 
los posverbales, abstracto-concretos propiamente. Artificialmente ha 
ido renovando á la continua esa misma reacción erudita todos los tér- 
minos de menor empleo entre el vulgo y de uso cotidiano entre las 
personas instruidas, que siempre tendían hacia el latín. La palanca 
principal de esta reacción fué siempre la Iglesia, conser\-adora en sus 
ritos y entre su clero del latín más ó menos clásico. De la Iglesia eran 
los que algo sabían y escribían, eran clérigos, ellos mismos se llamaban 
■del mester de clerecía : en sus escritos tenían que mezclar el latín, 
y por la preocupación de que el romance no era más que latín estropea- 
do, se creían obligados á reformarlo, á volverlo siempre hacia el tipo 
latino, único para ellos castizo y perfecto. Cierto es que el latín de 
la Iglesia, nacido precisamente como ella, de entre el pueblo, distaba 
bastante c'el clasicismo ciceroniano. Pero una vez que la jerarquía 
eclesiástica subió al poder, gobernó el mundo europeo y quedó dueña 
exclusiva de la enseñanza y de la cultura, tendió hacia el clasicismo 
cuanto se lo permitieron los tiempos. Si no llegó del todo á él, sino 
en contado número de escritores, fué porque siempre se resentía sti 
latín de su vulgar origen, porque el pueblo, á quien se dirigía, llevaba 
la dirección opuesta, porque la literatura clásica era una literatura 
muerta, que sólo admitía imitación más ó menos lejana. Pero todos los 
términos eclesiásticos son eruditos en su origen, y, cuando llegados al 
pueblo, empiezan á evolucionar, arrastrados por el cauce común, la 
erudición eclesiástica los renueva otra y otra vez. Así se explican las 
mil variantes de tales términos: cabildo, capítol y capítulo, deán y de- 
cano. Pero en los primeros tiempos el agente principal de la restaura- 
ción fué la administración romana, oficial y letrada por oficio. La sin- 
taxis apenas pudo modificarse; pero sí los términos sueltos, el fone- 
tismo particular. El ejército es un gran instrumento nivelador, v no lo 
fué menos durante el Imperio. Las escuelas, donde sólo el latín clá- 



42 NACIMIENTO DEL ROMA.XCE 

sico se aprendía, eran focos de reacción contra las tendencias vulgares. 
La literatura, con su autoridad, presentaba la forma típica, á la qi^e 
trataban de amoldarse en lo posible en su manera de hablar las per- 
sonas cultas y los funcionarios todos imperiales. Todos estos elemen- 
tos dieron cierta unidad al latín vulgar de aquella época y reacciona- 
ron sobre muchas tendencias que llevaba consigo desde la época de la 
antigua rusticitas y desde la época republicana, en la que había tomado 
tantos elementos itálicos. 

Una vez muerta la lengua literaria, su poder fué menor ; pero nun- 
ca cesó de reaccionar, más ó menos, según la mayor ó menor cultura 
de los tiempos. En los siglos más decadentes, los romances, dejados 
libremente, fueron subdividiéndose y multiplicándose, á la par que po- 
líticamente se subdividian y multiplicaban los pequeños Estados. La 
tendencia que después llevó á éstos á unirse en grandes nacionalidades, 
llevó también á las hablas populares á unirse, predominando unos dia- 
lectos sobre otros. El castellano ha ido oscureciendo los antiguos dia- 
lectos y provincialismos, borrando casi las pequeñas variantes nava- 
rras, aragonesas, leonesas, salmantinas, extremeñas, andaluzas, mur- 
cianas. La lengua va adonde la llevan la unidad ó la multiplicidad de 
la política. Pero en todos tiempos todas las hablas románicas hallaron 
un freno y un elemento reaccionario que las volvía hacia el latín, en 
los eruditos, escritores y eclesiásticos. 

Como elemento erudito que influye en el lenguaje hay que poner 
la escritura, que en otros tiempos apenas podia reaccionar por el 
corto número de personas que sabían escribir y leer; pero que en el 
presente, merced á la vulgarización de la cultura, pone en grave pe- 
ligro el lenguaje. A pesar de lo natural que parece el principio de 
que la escritura debe acomodarse á la pronunciación, puesto que no 
es más que un instrumento para perpetuarla, no han faltado quienes. 
hayan proclamado que la pronunciación debe acomodarse á la escritu- 
ra, por la especiosa razón de que ésta se halla menos expuesta á co- 
rromperse que no aquélla. Es el triunfo de lo artificial sobre lo natural, 
que se verifica en todos los órdenes y asuntos de la sociedad humana. 
que de suyo parece tender al convencionalismo, á la falsedad y á la ru- 
tina. Todas las instituciones sociales, todas las obras humanas, dege- 
neran en convencionalismos: omnis homo mcnda.v. Hoy se aprenden 
las lenguas por los ojos, más bien que por los oídos; no sólo las len- 
guas extrañas, sino hasta, en parto, la lengua materna. La mitad del 
vocabulario castellano lo hemos aprendido por la lectura, puesto que 
entre el pueblo no se usa, fuera de alguno (pie otro de esos infinitos 
términos latino-eruditos, que la generalización de la cultura va sedi- 
mentando y haciendo penetrar hasta en las más homlas capas sociales. 
Naturalmente todos esos vocablos los aprendemos y proniuicianics 
como los hallamos escritos, es decir, como quisieron propinárnoslos 
los eruditos que los trajeron, no del hilin hablado, sino del latín escri- 
to. Tomaron esos cadáveres seculares, que son las palabras latinas 
escriías, y medio vistiéndolos á la española, nos los dieron como seres 



ELEMENTOS DEL RO^L\^•CE 43 

vivos : pero no son más que monigotes, maniquíes que se mueven me- 
cánicamente por el resorte de la escritura. 

Llegará un dia en que pronunciemos Septiembre, obscuro y subs- 
tancia, porque así han querido los eruditos que escribamos estos térmi- 
nos, que todo €l mundo pronuncia setiembre, oscuro, sustancia. La psí- 
quica, en el lenguaje, tiene poder para todo eso y mucho más. Porque 
mucho más es lo que ha conseguido : es una máquina que tritura y mo- 
difica cuanto se le eche en la tolva. El castellano rechazó la / latina, 
la cual en antiguo castellano sólo servía como signo de otra articula- 
ción muy diferente, de cierta aspiración. Pero vinieron los ignorantes 
eruditos y, viendo escrita la /, dieron en pronunciarla á la latina, y hoy 
no sólo decimos fatuo, sino fuego, y hasta en Folgaba el rey Rodrigo 
pronunciaremos la /, que nunca sonó, porque era mera variante orto- 
gráfica de h, letra añadida á olg-aba, de oiga, olgucta en éusquera. En 
halagar, por el contrario, no suena /, por haberse sustituido h- por /-, 
falagar, y esa sustitución ortográfica ha cambiado la forma hablada. 
Los castellanos pronuncian tan suave la h. que pudo escribirse falagar 
el balaka-tu vascongado ; pero en su variante empalagar tenían la eti- 
mología bien clara. En fecha la / es puramente ortográfica ; pero ha 
servido para oistinguir de sí mismo al vocablo, que sin ella es hecha, 
hecho. 

Por centenares se cuentan en Madrid los rótulos en los que se lee 
carnecería: pronto diremos todos carnecería en vez de carnicería. De- 
bió ocurrir á algún mentecato, si no fué á algún erudito consultado, 
que debía decirse carnecería, puesto que de carne se trata y no de 
carni; mandó ponerlo así en su rótulo, y los demás lo han seguido. 
O tal vez fué algún aragonés el que lo puso de moda, trayéndolo de 
Aragón, donde por etimología popular se dice carnecería. Pero esta 
palabra no viene de carne directamente, sino de carnic-ero, y nadie 
dice carnecero, como que carnicero deriva de carn-isa, ó sea el despo- 
jo de las carnes, las carnes, como quien dice, despojadas, partidas, de 
las que trata el carnicero ó cortador. Con haber puesto la Academia 
en su Diccionario vagabundo, quitando el vagamundo castizo, los es- 
critores escribirán vagabundo y vagabundear, verbo no castellano, 
pero derivado de ese esqueleto vagabundo. La etimología de vagamun- 
do es popular, por creerse que encerraba los vocablos vagar por el 
mundo, ya que -blindo nada dice á los oídos castellanos, como no sea 
á los eruditos, que nos han traído treme-bundo, nausea-bundo, lacrima- 
bundo, fnri-bundo, etc. Nuestros padres decían diño, y así lo escribían ; 
pero los latinizantes y etimólogos escribieron después digno para ves- 
tirlo á la latina, siendo así que en castellano gn da ñ, y diño es de 
préstamo posterior: hoy, á fuerza de leer digno, lo pronunciamos como 
lo leemos. Es tan antipático al castellano el núcleo gn, que por evo- 
lución natural dio ñ, cuñado de cognatus, empeño de pignus; y tomado 
después digno por los eruditos, por la misma tendencia tuvieron que 
reducirlo á diño. Otra vez vienen los eruditos y nos escriben digno : 
esta vez la escritura ha vencido, y digno decimos todos los que sabe- 



44 NACIMIENTO DEL ROJIANXE 

iiios leer y aun los que no saben y no quieren pasar por rústicos. De 
electus la evolución fónica hubiera hecho elecho, como pecho de pec- 
iiis; pero yo estoy seguro que se dirá siempre electo; y que el pueblo 
lio erudito dirá eleto. ¿La razón? La escritura, que se impone á la 
evolución. ¡ Bonita lengua vamos á trasmitir á nuestros nietos ! Como 
dijo á este propósito Darmesteter: "La lengua escrita deforma la len- 
g'ua hablada", es la gran palanca en manos de los eruditos y de las 
Academias, con la cual antes no contaban. 

Los términos eruditos pueden ya dividirse en dos clases: los anti- 
guos, que mejor se llamaran semieruditos, puesto que se acomodan 
en parte al fonetismo castellano, y los modernos, eruditos enteramente, 
que, merced á la generalización de la escritura, vienen al castellano 
sin modificación alguna. De éstos, muchos no son ni latinos, pues no 
suenan como en latín; son ultralatinos, pues se pronuncian como 
los encontramos escritos y como no se pronunciaban en latín. Impli- 
car se dice, sin tomarnos la molestia de darle la modificación del semi- 
erudito plegar, cuya variante vulgar es llegar. Hoy suenan ce, ci como 
dentolinguales; en latín sonaban kc, ki. Encontramos escrito excep- 
tum, y escribimos excepto, y pronunciamos con la dentolingual : somos 
ultralatinos. Ellos dirían tal vez eskeptmn; nosotros pronunciamos la .v, 
sonido que nunca fué castellano: es que hemos aprendido que x 
era se en latín. El núcleo xt sonaba en latín st; pero nosotros, que 
encontramos escrito extendere, escribimos extender y pronunciamos 
jet: somos, repito, más latinos que los romanos. Pero eso no es lim- 
piar ni dar esplendor al castellano: es matar á la hija ¿para resu- 
citar á la madre? — No; á la abuela, con todos sus carcamales á 
cuestas. Pero de resucitarla, había que resucitarla del todo, y no 
á medias. ¿ No dicen, aunque no es verdad, que tino viene de 
dignus f Pues escribamos y digamos : tiene usted mucho tigno, ha 
atignado usted. ¿No dicen que acontecer viene de adcontingcscere? 
Pues digamos: adeontingesció quod illos hispaniolos stabant laxiatos de 
illa manu de Deus. Tal es el ideal de los latinizantes. Eso ¿es purificar 
el castellano, ó volver al modo de escribir de los tiempos medios y á 
un modo de hablar que nunca fué? Ciertas pronunciaciones actua- 
les se deben á una falsa lección : dicese danza macabra de danse tna- 
cabre; pero la variante verdadera es danse Macabré, y Macabré era 
un nombre propio de persona, que, por errada lectura, ha parado en 
adjetivo, por no llevar acento la -e en las ediciones antiguas de "la 
Dance Macabré". Un necio me corrigió compaña, diciéndome que era 
errata ortográfica por compañía en el dicho "en buena paz y compa- 
ña'". Pero compañ-ía y compañ-ero ¿de dónde viene, sino del castizo 
compañ-a, como montañ-és de montañ-a y fontan-ero de fontan-a? Si 
resucita el antiguo maguer, se dirá maguer, porque así han dado cu 
escribirlo con diéresis y pronunciarlo los que no sabían que se pro- 
nunciaba maguer, y que la u se puso para que la g no tuviera la anti- 
gua pronunciación, para que no se dijera mujer, ó antiguamente mad- 
jer. Tal es el poder de la escritura. Y esto ha sucedido, más ó menos. 



ELEMENTOS DEL ROMAN'CE 4^ 

en todos tiempos. Hemos convenido en que Berceo escribió, con 
mayor ó menor dosis poética, en lengua castellana. Yo estoy conven- 
cido de que más de la mitad del Diccionario de Berceo no es caste- 
llano, y que, por tanto, escribió en una lengua convencional de la 
gente leída y para la gente leída. Escribía con palabras de los libros, 
no con palabras vivas de lengua alguna. Ni las pronunciaban así los 
españoles ni las pronunciaron los romanos. Pero escribir entonces era 
calcar el latín con un mal transparente castellano. Entonces, ahora y 
siempre el arte de escribir tiene mucho de artificial y reniega del len- 
guaje que emplean los que no escriben. El castellano rancio que oye 
uno en las aldeas no forma parte del léxico berceano, como ni de 
otros muchos escritores. Buscando sus ideas en los libros, más que 
en el mundo real, es natural que también dejen las palabras del habla 
real por copiar las muertas de los libros. Hay que repetir, pues, que 
"la lengua escrita deforma la lengua hablada". 

16. Como los eruditos han continuado sacando del latín nuevos 
términos en todas las épocas, después de separado el castellano de la 
lengua madre, desfigurado un vocablo latino y á veces modificado en 
el sentido, se ha puesto en uso otro derivado del mismo original latino. 
Antojo, por ejemplo, de ante-oculum = delante del ojo, es de forma- 
ción antigua; pero ante-ojo es posterior, de fonnación erudita, sacado 
del mismo antc-oculum. Tales son los multiformes que han enriquecido 
el idioma. Desde luego, se echa en ellos de ver su mayor ó menor an- 
tigüedad y su origen popular ó erudito. En nuestra lengua hay unos 
1.800 temas ó estirpes latinas que, por este medio, han dado origen á 
más de 4.000 palabras diferentes; en francés, unas 3.000 de 1.400 temas; 
en portugués, i.ooo, de unos 300 temas; en italiano hay muchas menos. 
Pueden clasificarse las voces multiformes con arreglo á la modifica- 
ción fónica que las distingue. i.° Por simple cambio de género : el cura, 
la cura; el canal, la canal ; el vista, la tnsta. 2." Por simple mutación de 
vocal final, cambie ó no el género: fruto y fruta, de fruclum; madero y 
madera, de matcrics (y materia) ; ramo y rama, de ramus; base y basa^ 
de basis; mangla y mangle; tinto, tinte y tinta, de tinctus, -a, -un; tardo 
y larde, de tardus; huerto y huerta, áe. hortus; grado y grada, de gradus; 
talle y tallo, de thallus; alegre y alegro, de alacer. 3.° Por alteración de 
consonante: hervor y fervor, de fervor; hondo y fondo, de fundas, aun- 
que hondo puede ser el ondo eusquérico; aliñar y alinear, aunque aliño 
parece ser el lein; allanar y aplanar, de planus; domeñar y dominar, de 
dominari; hilo y filo, de filttm; hosco y fosco, de fiuscus; jalma y salma,. 
¡lorma y forma, aunque el primero parece venir de ornw. éuscaro, y el 
segundo de forma, latín ; tajar y fallar y talar, cambio y cange, bahirdo^ 
y fwlurdo. 4° Por modificación de vocal interior: braña y breña, torta- 
y tarta, calvario y calavera, campaña y campiña, cerco y circo, antojo 
y anteojo, vedija, vedeja y guedeja. 5.° Por alteración de vocal y con- 
sonante: calis, cas y cauce, de calix; lucha y luto, de lucta; alnado y 
entenado, payo y Pelayo, dis y dice, trueno y cs-trucndo, sarcillo y cer- 



46 NACIMIENTO DEL ROMANCE 

quíllo. 6." Por aféresis, síncopa, apócope, epéntesis, etc. Son voces de 
diferente forma y significación, aunque de común origen. La una es 
obra del pueblo, la otra del literato; una es más antigua, otra más 
moderna. 

Entre las mismas populares hay formas que sólo difieren por el su- 
fijo, empleándose en sentido algo diferente; otras veces se diferencian 
por la suavización de las explosivas, ley antigua de nuestro romance, 
•que la formación erudita no tiene en cuenta. De modo que nuestra len- 
gua obedece á dos series de principios muy encontrados, porque casi es 
lengua doble. Las formaciones antiguas populares constituyen el cas- 
tellano verdadero; las eruditas son un emplasto de puro latin ó griego, 
•con ligeras modificaciones en las desinencias, jerga parecida al latín 
macarrónico que se quisiera añadir al habla del Lacio, y que consiste 
en dar terminaciones latinas á las palabras castellanas. 

Segijn el genio del castellano se formaron los sufijos -ado, -ago, 
-blo, etc. ; los eruditos han introducido formas en -ato, -acó, -pío, 
•etcétera, verdolaga, de portulaca; clérigo, de clericus; amigo, de ami- 
■cus; ¡ligo, de ficiis; lego, de laiciis; cantiga, de cántica; fuego, de focus. 
Van contra esta ley: bellaco, cántico, público, apostólico, cizñco, cáusti- 
co, cómico, famélico, lumínico, músico, laico, físico, etc. Decir famélico, 
•de fames, teniendo hambriento, es como decir hambricnticus en latín 
macarrónico. El sufijo -.la es más antiguo que -cía, -tia, pereza y pi- 
,gricia, pigritia, dureza y duricies; avaricia, codicia, justicia, planicie, 
franquicia, son eruditos; franqueza, llanesa, son populares en su ori- 
gen. Terneza y ternura, pureza y puridad, tienen diverso sufijo y di- 
\erso valor. Llano y plano, tilde y título, cabildo y capitulo, frío y frí- 
gido, tizón y tizne, velar y vigilar, vertganza y vindicta, tienen el 
mismo origen, algunos con sentido diverso; pero otros ni aun en esto 
•difieren, y sólo se deben al capricho de los autores, que han querido 
ostentar originalidad necia y vana palabrería. No tienen razón de ser 
frígido, vigilar, vindicta, como la tienen huebra, obra y ópera, sueldo 
y sólido, fragua y fábrica, habiendo demás el francés forja. A veces 
la ignorancia, ó el quererse atener á la letra, han originado ciertas 
voces, como, por ejemplo, algunas eclesiásticas: moñaco, monago y 
monje, de monacus; deán y decano, episcopado y obispado, decanato, 
pináculo, cenáculo y cenador, dominica y domingo, todas litúrgicas. 

La pronunciación varía á veces, otras la sola ortografía, fundada 
acaso en una etimología falsa: holgar y folgar, faca, haca y jaca, hata- 
jo y atajo, hasta y asta, buhardilla y guardilla, hosco y fosco, agur y 
■ ahur, halda y falda, hanega y fanega, arpado y harpado, holgorio, folgo- 
rio y jolgorio, atiborrar y atiforrar, crear y criar, hierba y yerba, fleco 
y flueco, frey y fray, mcnjuí y benjuí, albóndiga y almóndiga, aspavien- 
to y espaviento, moñiga y boñiga, bodrio y brodio. balandro y molon- 
dro, cuáquero y cnácaro, cogulla y cugulla, entremeter y entrometer. 
No poco influye en esta variedad el uso de los diversos dialectos, que 
no se han fundido todavía. Por lo mismo, esta variedad fué mucho 
.mayor antiguamente, y en sus principios debió de haber una espantosa 



ELEMENTOS DEL ROMANXE 47 

confusión. No habiendo las comunicaciones de hoy ni la literatura, 
elementos que fijan las formas en cada provincia y en cada población, 
era natural se formasen los vocablos con cierta variedad y libertad: 
dentro del genio del castellano caben muchas particularidades, puesto 
que las leyes fonéticas se fundan en principios generales cuya aplica- 
ción permite cierta amplitud, y los sufijos y raices, no teniendo otro 
valor que el convencional del uso, fácilmente se modifican en los labios 
■del pueblo. Los sufijos latinos, por su mayor parte, tienen una signifi- 
cación muy vaga, no responden á una idea fija: de aquí que se apli- 
caran con mucha libertad y poca precisión al derivarse nuevas formas. 
Esto no sucede con los sufijos de origen eusquérico, cuyo valor es 
■exactísimo y determinado, y así lo conservan y se conservan ellos 
mismos más intactos en castellano. 

El genio del castellano tiende á formar diptongo de cualquier com- 
binación de vocales; los eruditos tienden á conservar el reflejo eti- 
mológico de las voces. De aquí la varia pronunciación: los eruditos 
dicen amoníaco, zodíaco, Calíopc, miríada, saúco, Esaú; pero el pue- 
blo quita ese acento y forma los diptongos zodiaco, Caliópe, miríada, 
jáuco, Esáu, y tiene el derecho de hacerlo, pues una cosa es hablar 
griego ó latín y otra hablar castellano y como lo pide el genio del cas- 
tellano. 

17. Los radicales helénicos de! castellano pueden dividirse en 
cuatro clases: 

i.° Los que han dado palabras y derivados vulgares en castellano. 
Todos han venido per el latín vulgar y se atienen á la fonética de los 
radicales vulgares latinos. Tales son los radicales vulgares latino- 
helénicos. 

2.° Los que vinieron desde el tiempo del Imperio como vocablos de 
erudición y de cultura, con la religión, las artes, las letras, las cien- 
cias. Han penetrado más ó menos en el castellano vulgar, segi'm que 
las ideas que consigo llevan han llegado á ser patrimonio del pueblo. 
Pero en la fonética se atienen á los radicales latinoeruditos, no trans- 
formándose enteramente y mudando de pronunciación según los tiem- 
pos, como herencia exclusiva del clero, de los sabios, de los artistas, et- 
cétera, en la cual sólo indirectamente el vulgo tiene parte. Son los ra- 
dicales semieruditos. 

Es de advertir que aun en Occidente la lengua de la Iglesia en los 
primeros siglos, fué el griego, y que en los dos primeros se empleaba el 
griego en la liturgia, en la predicación, en las cartas de los Pontífices, 
en los escritos de los Padres y autores eclesiásticos, y en las inscrip- 
ciones sepulcrales, como puede verse en la Roma subterránea. 

3.° Los que han llegado al castellano pasando por el árabe ó por el 
italiano y el francés entran en el caudal común de radicales románicos, 
ateniéndose á su fonética. Son los radicales que podemos denominar 
helénico-extraños. 

4.* Los que se han traído ó ídose formando artificialmente por los 



48 XACIMIEXTO DEL ROMAN'CE 

eruditos con el transcurso del tiempo, conforme á los nuevos inventos 
y doctrinas, necesitando de un tecnicismo apropiado : han acudido los 
eruditos como á conocido arsenal al Diccionario helénico. Son los 
términos eruditos técnicos, que, con la gran expansión de la cultura 
moderna, se han multiplicado, sobre todo desde la época del Renaci- 
miento, y más desde la Revolución francesa. Este caudal, que, con al- 
gunos términos latinos, otros híbridos de latín y griego y otros de las 
lenguas modernas, forma un diccionario particular de cada ciencia, 
arte y oficio, por ejemplo, el tecnicismo de medicina, de las ciencias 
físicas, de las matemáticas, de la filosofía, de la gramática y literatura, 
etcétera, contiene algunos vocablos que van llegando hasta las úl- 
timas capas sociales, en razón de lo generales que son las ideas y 
cbjetos que designan. Son términos cosmopolitas, como son cosmopo- 
litas esas ¡deas y objetos, por manera que se han introducido en todas 
las lenguas cultas, no sólo de Europa, sino del mundo entero. Si el 
individualismo de las naciones y pueblos no opusiera constantemente 
sus tendencias diferenciadoras, llegaría un día que el mundo entero se 
hallaría, sin saberlo, dueño de una lengua realmente universal. Esta 
lengua, que ya es universal para la ciencia, la industria, las artes 
y el comercio, iría arrinconando multitud de vocablos particulares 
de cada idioma, reemplazándolos con otros cosmopolitas grecolati- 
nos. Porque no se limita al tecnicismo, sino que esta lengua uni- 
versal va infiltrándose hasta en el léxico general y vulgar, intro- 
duciendo vocablos para designar ideas y objetos de uso antiguo, ha- 
ciendo que la moda y el buen tono les hagan lugar y se les pre- 
fiera á los antiguos vocablos. Es que la cultura fransforma poco á 
poco todas las instituciones, todas las ideas, todos los artefactos, el 
modo de ser de las ciencias, de las artes, de los oficios, y las nuevas 
modificaciones traen consigo nuevos términos, que se sacan, general- 
mente, del léxico griego, fuente de la cultura europea y arsenal de 
nue.stra civilización. 

Los que pretenden generalizar esas lenguas artificiales, tan desas- 
trosamente fabricadas por gentes que poco ó nada entienden de lin- 
güistica, bautizándolas con el pomposo nombre de lenguas universales, 
iiiuHiue sólo tengan la efímera vida de dos ó tres años entre algunos 
íiliciunados á este género de deporte, que lo es tanto como el del bo- 
;■ «1, de la esgrima, del automovilismo, de la filatelia, llegará un día. 
ci] que se darán de bruces con la verdadera lengua universal, que, 
sm manos de hombre, como todas las cosas naturales y necesarias, 
se había ido formando por sí sola y sin sentir, como efecto consiguien- 
te íle la comunidad de ideas y de la expansión mundial de la civilización, 
qiu- llena ya el mundo, se arraiga y afianza hasta en las regiones más 
salvajes, y allega todas las razas en una sola comunidad humana. 

La lucha entre estas tendencias niveladoras de la civilización, con 
su instrumento propio, que se está formando, quiero decir con esta 
lengua helénica universal, y entre las tendencias separatistas de los 
pueblos con sus correspondientes idiomas, está entablada tiempo ha, y 



ELEMENTOS DEL ROMANCE 49 

ha venido á heredar la de los antiguos imperios conquistadores, con sus 
propios idiomas, contra los pueblos inferiores con los suyos. Como el 
Imperio griego con su lengua griega dominó el oriente, como el Im- 
perio romano con su lengua romana dominó el occidente, porque no 
fueron imperios apoyados puramente por la fuerza bruta, cual el de 
los bárbaros del Norte ó el de los árabes, sino fundados en la cultura, 
y que lo que llevaban á los pueblos vencidos era la cultura, eso mismo 
pasará, y está ya pasando con la cultura europea y su lengua propia, 
que es la helénico-cientifica. 

No puede desconocerse el resultado de la lucha: la cultura será 
vencedora, tarde ó temprano, como siempre lo fué, y lo que el griego 
y el latín antiguamente, será para el mundo entero esta nueva lengua, 
que á nuestros ojos vemos formarse en nuestros días y crecer y reco- 
rrer el universo. Tal es el porvenir de! tecnicismo helénico. 

Cosa de risa es oir á los que creen tachar de pobres algunos idio- 
mas, pongo por caso el vascuence, con echarle en cara su falta de 
términos científicos, artísticos, industriales. ¿ Acaso los tiene el caste- 
llano ó el francés? Ese lenguaje de las artes, de la industria, de la 
ciencia, tan vascongado es como francés ó castellano. Es griego cien- 
tífico, ó, digamos mejor, griego artificial, á veces muy mal fraguado 
por manos inexpertas, ajenas á todo conocimiento lingüístico, y que 
se contentaron con hojear un léxico helénico y pegotear malamente 
raíces y sufijos. 

Ese lenguaje es del mundo de la civilización. Cada pueblo lo modifica 
algún tanto al pasar por sus labios, y algo menos al escribirlo ; pero 
ninguno puede alabarse de ser suyo propio, ni aun los mismos griegos, 
cuyo idioma difiere de aquel antiguo del cual se ha formado. 

Los alemanes tienen en gran parte formado un tecnicismo con radi- 
cales y sufijos alemanes, y otro tanto pudieran hacer los vascongados, 
si, constituyendo una nación tan numerosa como la germánica, hubie- 
ra alguna utilidad en ello. No han dejado de intentarlo, para la gramá- 
tica sobre todo, algimos autores vascongados, y no es menos ridículo 
el que se hayan algunos burlado de tal intento, diciendo que ese era un 
lenguaje artificial. Tan artificial es, ciertamente, como el del tecnicismo 
alemán y como el del tecnicismo griego. El griego, el alemán, el vas- 
cuence, dan de sí para formar ese lenguaje, y claro está que siempre 
será artificial, digo parto de algunos particulares eruditos, puesto que 
las ideas que expresa nunca pueden ser propiedad común de la multitud. 

Pero ni el individualismo germánico, ni el empeño de algunos 
euscarófilos lograrán hacer viables y duraderos esos lenguajes artifi- 
ciales. El único que tendrá porvenir será el helénico, porque es hijo de 
toda una civilización que conquista el mundo y que en sus tendencias 
transformadoras lleva camino de volver de arriba abajo todas las 
ideas, artefactos é instituciones, por manera que, á pesar de ser artifi- 
cial en su punto de arranque, es un lenguaje que se irá haciendo na- 
tural por ser indispensable vehículo de la cultura, que penetra cada vez 
más hasta las más hondas capas sociales. 



30 NACIMIENTO DE LA LITERATUIL\ POPULAR 

Ni hay que temer que, en llegando al pueblo ese lenguaje, habrá 
de mudar fonéticamente en cada nación, desmembrándose en infinidad 
de idiomas, conforme al color fonético de los idiomas peculiares de 
cada una de ellas, que es lo que sucedió con el latín en las diversas 
regiones de la Romanía, y lo que sucedería con cualquier lengua uní- 
versal de esas artificiales, que hoy se fabrican cinco ó seis al año. 
Las comunicaciones han de ser cada vez mayores. Los pueblos tienden 
á imificarse en sus costumbres é ideas y á unirse políticamente en 
grandes nacionalidades, que el día de mañana tal vez sean tres ó cua- 
tro en toda Europa, y se hayan de llamar la nación latina, la nación 
germánica, la nación eslava. La ciencia, el arte, la industria, el co- 
mercio, estarán todavía más unidos, y siendo precisamente propiedad 
de ellos ese lenguaje, es más difícil que se disuelva, desmembrándose, 
con lo que se perdería el propósito final de la unidad lingüística. Estas 
mismas instituciones, fundamento de tal lenguaje, tienen por instru- 
mento indispensable la escritura, que contiene la evolución del habla. 

La civilización, en una palabra, será única para todos los pueblos, 
y la escritura y las comunicaciones servirán de archivo perenne con- 
servador del instrumento de esa única civilización, que será el lenguaje 
helénico-científico. 

Ni es necesario, ni siquiera conveniente, el que de todo punto des- 
aparezcan las hablas populares y con ellas las literaturas de las razas. 
Con ellas puede convivir hermanadamente una lengua científica, artís- 
tica, comercial y, hasta cierto punto, popular y literaria, que sea patri- 
monio común de todos los pueblos. Pero del porvenir sólo puede ha- 
blarse por conjeturas, y adivinando por las señales que deja traslucir el 
estudio de las tendencias históricas de la sociedad y de la civilización. 

18. Nacimiento de la literatura popular. — No menos que 
en el lenguaje, entre el popular y erudito, hay que asentar esta 
distinción capital en la literatura. Son dos corrientes que corren 
paralelas : todo idioma que no se escribe tiene su literatura po- 
pular, que es tan necesaria consecuencia de la fantasía y del 
entendimiento de un pueblo como lo es el uso del adorno y de 
la mi'isica, que en ningiin pueblo faltan, por salvaje que sea. Ha- 
blárase la lengua que se hablara en España, siempre el pueblo 
tuv'O su propia literatura no escrita, que llamamos popular. Desde 
que se habló romance hubo, pues, literatura popular castellana, 
que constaba, como siempre ha constado, de refranes, que per- 
tenecen más bien al genero didáctico y son frases particulares 
que envuelven algi'm principio doctrinal ; de cantares ó coplas, 
que más bien pertenecen al género lirico, y de narraciones algo 
más largas, al nnnli) de los romances, (|ue pertenecen al género 
narrativo, épico y más ó menos dramático. Estos géneros cidtiva 



LITERATUR.\ POPULAR Y ERUDITA 5l 

hoy el pueblo de por sí y los cultivó siempre en España. Aventa- 
jan en universalidad y profundidad á las obras literarias eruditas, 
cuanto al habla erudita aventaja el habla popular, por ser lo 
popular más nacional, mejor dicho, lo único nacional y digamos 
personal de la nación, y valer tanto más cualquiera obra de 
arte cuanto más de personal tiene. La raíz de ello está en lo 
natural é inconsciente y como nacido de lo más hondo del alma 
■de toda la sociedad, y esto en la literatura no menos que en el 
idioma. En cambio, las obras eruditas son más reflexivas y 
más individuales y en gran parte producto de la imitación de 
las obras extrañas de otros pueblos, por consiguiente, menos 
personales y menos nacionales. Por eso, el criterio estético mo- 
•derno se gobierna por el principio del ser las obras más ó menos 
nacionales, populares y personales. Lo más popular es lo más 
nacional ; pero lo más personal en un autor dado es lo más na- 
eional y popular igxialmente, porque la raíz más honda de la 
personalidad de un individuo es la que arranca del alma común 
•del pueblo y nación donde nació. Así, el Quijote es obra perso- 
nalísima de Cervantes, y lo es mucho más que el Persiles, por- 
que es, á la vez, más española en el pensamiento y en el len- 
guaje. La personalidad, en vez de desviarse de la nacionalidad, 
tira á ella, como á su propio centro, y lo más personal es lo que 
■con la nacionalidad se confunde. 

La nota característica de la literatura popular española es 
•el realismo, quiero decir, el aferrarse á la realidad de la vida y 
de los hechos, huyendo de todo ensueño, quimera, símbolo y 
abstracción metafísica. Lo cual no empece para que el empleo 
de la metáfora no sea tan propio de la literatura como lo es 
del idioma castellano; antes bien, llega al derroche y adonde 
no llegó lengua ni literatura alguna. Pero esto mismo confirma 
lo dicho, en vez de debilitarlo, porque la metáfora hace que los 
pensamientos más abstractos se aferren á la realidad, pintán- 
•dolos, no con otro color que la pura materia real, con hechos 
reales, que se ven, se tocan, se huelen y suenan. Por ser rea- 
lista es, además, ética, moral, esto es, mira siempre á la práctica 
del vivir, como nuestra filosofía, realista y ética, que no se 
desvaha en metafísicas y sistemas idealistas á la griega ó á la 
alemana 

19' El cotejo del saber popular, encerrado en refranes, cantares, 



52 NACIMIENTO DE LA LtTER.\TUR.\ POPULAR 

romances y gestas, comparado con el de los eruditos y sabios particula- 
res, lo ha hecho como nadie Joaquín Costa en la Poesía popular espa- 
ñola (Madrid, 1888). El saber, especificado por los artistas del pueblo, es 
más objetivo, porque también es más impersonal, y, como consecuen- 
cia, más homogéneo, más uno y, en el fondo, más verdadero; el saber 
de los científicos (hablamos de la ciencia de las escuelas) sufre más 
la presión y el influjo de la individualidad; revela, por punto general, 
menos discreción y prudencia; es más propenso á declinar en quimé- 
rico y abstracto y á tomar por imágenes verdaderas de los objetos 
cognoscibles engañosos espejismos de la fantasía; se muestra más 
perplejo é inseguro en las conclusiones y más fecundo en fórmulas 
doctrinales sobre un mismo problema, por lo mismo que difiere más de 
la realidad. Que si, ciertamente, la verdad es una sola, los aspectos re- 
lativos, falsos ó parciales de la verdad son infinitos. Así, en el saber 
del sentido común, no se conciben los sistemas, al paso que sería difí- 
cil concebir sin ellos el desenvolvimiento histórico de la ciencia. 

En segundo lugar, el saber popular, si es más uno en el fondo, es 
más inorgánico en la forma, y su oposición al de los científicos nace de 
ser éste en la forma uno, y vario é inorgánico en la esencia. La unidad 
visible es dote de la teoría; la invisible, del sentido común. En aquélla 
la aparente unidad no tiene otra existencia que la puramente exterior, 
no es eco ni reflejo de la interior real, porque en el interior no hay sino 
variedad y oposición insoluble; en el sentido común, al contrario, la 
unidad es sólo de cosa, vive replegada en la substancia, no se revela al 
exterior, es unidad amorfa. Podría compararse el saber de los teóricos 
á aquellas armonías fantásticas y puramente subjetivas que creen es- 
cuchar los enfermos de ciertas dolencias, y que son efecto de una per- 
turbación de sus facultades psíquicas. Mientras que el Refranero, por 
ejemplo, semeja tumultuoso clamor de voces discordantes, siendo en 
realidad acordada sinfonía de infinitos armoniosos acentos y ecos en 
que toma parte toda la humanidad; mas para percibirla es menester 
apoderarse antes de la clave, replegarse en lo íntimo de la conciencia 
y abstraerse de algunos ruidos extraños que no alcanzan á turbar aquel 
divino concierto: es preciso saber escuchar. 

En tercer lugar, el individuo falla en su saber por sobra de teoría 
y falta de práctica, y así, el varón más sabio es de hecho el más ex- 
perimentado. Pero ¿qué es para la experienia la cortedad de la vida 
de un hombre, si la comparamos con la suma de las vidas de cuantos 
constituyen el pueblo, y esto durante una y otra generación? El saber 
popular es como el sedimento de la experiencia de los siglos, es lo más 
aquilatado que pudo pasar por la criba de millones de hombres, de 
suerte que sólo lo que todos aceptaron como bueno y verdadero, lo 
más apurado, el epifonema de todos los desengaños de las gentes, es lo 
que entra á formar parte del tesoro del saber común. El saber indivi- 
dual no puede menos de llevar mucha liga, que sólo la experiencia, á la 
larga, iría desechando. 

Finalmente, la sabiduría del saber popular en refranes, canciones,. 



LITERATURA POPULAR Y ERUDITA 53 

romances, se expresa en lenguaje figurado, mientras que en la ciencia 
teórica la expresión es directa, lógica; explica lo invisible por lo visi- 
ble, habla á la imaginación, no conoce el lenguaje abstracto ni el aná- 
lisis, en que se declara la ciencia de los sabios; sus silogismos son 
vivientes encarnaciones estéticas, sus verdades no se encasillan en 
conceptos abstractos, sino que se vierten en hechos vivos, en figuras 
sensibles. El refrán es obra de poesía, de intuición; la ciencia es obra de 
abstracción, de razonamiento. El refrán dice las verdades pintando 
los hechos ; la ciencia, abstrayendo fórmulas. 

Parecidas cualidades encierra el conocimiento histórico popular, 
cotejado con la historia erudita. Toda la literatura sabia puede redu- 
cirse á lo de Horacio: r^s gestac regtimque ducumque ct tristia bella. 
La Historia de España es la historia de sus reyes, no la de la nación 
española de su vida, de su cultura, de sus instituciones. Las narracio- 
nes populares, del Romancero y de las gestas, diríanse una protesta con- 
tra esas Crónicas reales, personificando al pueblo en Bernardo del 
Carpió, Fernán González, el Cid, contra la monarquía. No que contra 
ella vaya el espíritu popular castellano, antes se muestra amantísimo 
de sus reyes; sino que se complace en salir por los fueros del común 
y goza con sus triunfos y pena con sus desastres, personificándolo en 
caudillos que son otros que sus reyes, retratando así la lucha natural 
entre el egoísmo de uno y la sumisión de la muchedumbre. Xo suelen 
ser los reyes los más cantados por la musa popular, sino los personajes, 
á veces obscuros, que simbolizan los ideales del pueblo ó sus penas y 
sentimientos. Lo que es esencial al cantor é historiador erudito es se- 
cundario á la musa popular, y, al revés, le es á ella esencial lo que deja 
en la sombra el escritor erudito. 

La verdad histórica en las narraciones populares, tamizadas por 
los siglos, es mayor en el fondo, siquiera lo sea menos en los acceso- 
rios: el espíritu es más independiente, la palabra más ingenua, los 
juicios más desinteresados é imparciales, porque el pueblo, al través 
de los tiempos, por ser impersonal, ni adula ni teme, ni se inclina á 
una ú otra bandería más que á la parte donde le lleva el peso del saber 
popular encerrado en sus refranes, de la moral eterna encerrada en el 
sentido común. Si fuera parcial, una parte del pueblo no aceptaría la 
narración, y así ha de quedar apurada por el parecer de todos antes 
de llegar á ser popular. Además, la narración del erudito queda á 
veces sacrificada al arte, á un buen dicho, á un rasgo elegante, á una 
frase, al afeite exterior, al golpe y efecto que desea producir en el 
público; la popular carece de toda afectación y propósito técnico, es 
natural, y su arte consiste en no tenerlo sino inconscientemente. 

La musa popular castellana se distingue, además, de la de otros 
pueblos por no hacer intervenir lo maravilloso más que en una justa me- 
dida. Cree en apariciones de Santiago y de otros bienaventurados y 
en milagros, pero mucho menos que los autores del mester de clerezia, 
y todo ello puede reducirse al providencialismo, que el pueblo espa- 
ñol reconoce; pero no adolece del carácter quimérico y fantástico que 



54 NACIMIENTO DE LA LITERATUIL\ POPULAR 

saca de la realidad á la épica arábiga, francesa ó germánica, donde 
hormiguean tantos entes de razón, filtros, talismanes, varillas encan- 
tadoras, hadas, jayanes, enanos, nigrománticos, magas, encantamien- 
tos. Solos algunos agüeros, restos latinos, quedan en la poesía popu- 
lar castellana como en el pueblo, y aun en esto, los demás pueblos 
europeos, y hoy mismo las clases elevadas de fuera de España, son 
infinitamente más supersticiosas. El simbolismo que personifica vicios, 
virtudes, doctrinas, no es del genio popular castellano, sino sólo de 
los eruditos, que lo mamaron en Italia. Lo más propio de la narración 
popular es el predominio de lo concreto sobre lo abstracto, el por- 
menor ahoga á la idea del hecho, lo individual á lo general. El árido 
cronicón escueto es el comienzo de la narración erudita; la escena 
pintoresca, el germen de la narración popular; las vastas síntesis 
descuellan en aquélla, en ésta los hechos particulares. El pueblo na 
es generalizador, porque es más poeta ; no ama los abstractos concep- 
tos, sino los cuadros vivos; no labra sus obras con el seco razona- 
miento que abstrae fórmulas científicas, sino con la jugosa visión y la 
fantasía pintadora de rasgos particulares. Y con todo, en lo hondo de 
esas visiones particulares hállase con mayor brío y con toda la fuerza 
de la realidad la doctrina abstracta y el conjunto de hilos que traman 
la doctrina científica, la cual, por presentarnos el erudito de un golpe, 
sacada de los quicios vivos de la realidad, pierde su fuerza, no se impri- 
me tanto en el lector y se olvida fácilmente; es una doctrina ahilada y 
enclenque, menos fecunda, por lo mismo, en hechos y en la práctica 
de la vida, mientras que la doctrina desleída en hechos de la narración 
popular, clavándose más hondo, acicatea continuamente á las grandes 
y virtuosas acciones. Asi resulta que el arte erudito, al parecer más 
filosófico, es de hecho menos filosófico que el arte popular. 

2 0. En punto á gustos y criterios estéticos, sabido es que necedad 
es escribir. Hombres hay nacidos para todo lo artificial, convencional, 
afectado, en suma, para gustar de la mentira; otros aborrecen cuan- 
to empañe la naturalidad. Los primeros jamás sabrán apreciar el arte 
popular. Y el mejor encomio que del arte popular puede hacerse e."» 
que jamás traspasa las lindes de la naturalidad; la afectación es su 
mayor contraria. En cambio, el arte erudito, de letrados, de cultos, 
está tan á dos pasos de la afectación, que en ella bastardea siempre en 
las épocas de decadencia, y aun en las de mayor esplendor son conta- 
das las obras eruditas que por alguna afectación no se vean manci- 
lladas. Ahora bien, la naturalidad es la primera virtud del arte, y el 
peor vicio la afectación. 

La lucha entre el gusto popular ó natura! y el afectado ó erudito, 
que, por lo dicho, bien pueden aparcarse ambas tendencias con la 
virtud y vicio más comunes, se da hasta en los grandes ingenios, arras- 
trados por su elevado criterio á buscar lo popular, y refrenados por la 
vanidad, que les hace temer no sean contados entre la gente no leida. 
La hallamos en Lope de Vega, mayormente en su Arle nuevo de hacer 



LITERATURA POPULAR Y ERUDITA 55 

contedias. "En Lope hay dos hombres, escribe M. Pelayo (Ideas estét., 
t. II, vol. II, pág. 446), el gran poeta español y popular, y el poeta 
artístico, educado, como todos sus contemporáneos, con la tradición 
latina é italiana. Estas dos mitades de su ser se armonizan cuando pue- 
den, pero generalmente andan discordes, y, según las ocasiones, triun- 
fa la una ó triunfa la otra. Con su alma de poeta nacional, Lope tiene 
conciencia más ó menos clara de la grandeza de su obra... Pero al mis- 
mo tiempo se acuerda de que le enseñaron, cuando muchacho, ciertos 
libros llamados Poéticas, en los cuales, con autoridades mejor ó peor 
entendidas del Estagirita y del Venusino, se reprobaban la mezcla de 
lo ■trágico y lo cómico y el abandono de las unidades. De aquí con- 
tradicción y aflicción en su espíritu... Sobre el mismo que en la prác- 
tica audazmente rompe las cadenas de la antigua estética, suelen pesar 
enormemente el prestigio y la reverencia de mil trivialidades de 
gramáticos y retóricos...: unas veces hacía gala de menospreciar su 
teatro, declarando que "las comedias eran flores del campo de su vega 
que sin cultura nacían" ; pero que "él tenía ingenio y letras para más, 
como lo mostraban los libros suyos, que corrían por Italia y Francia", 
es decir, sus obras líricas y épicas, lo que la posteridad estima menos." 
Como si el arte del pueblo y el de los sobresalientes ingenios necesi- 
tase esa cultura erudita, y como si el ingenio hiciese falta para la 
erudición á quien basta el trabajo y un mediano talento. "Otras veces, 
por el contrario, anunciaba el advenimiento de una poética invisible, 
que se lia de sacar ahora de los libros zntlgarcs. Pero llegado á formular 
esta Poética, avergonzábase de aparecer como un ignorante y un bár- 
baro ante los italianos ó ante los cultísimos ingenios que componían 
la Academia Matritense..., y llama bárbaro de mil modos al pueblo 
que, teniendo razón contra él, se obstinaba en aplaudirle, y se llama 
bárbaro á sí mismo, y hace como que se ruboriza de sus triunfos por 
contemplación á los doctos "refinados y discretos", y se disculpa con 
la dura ley de la necesidad, como si hubiese prostituido el arte á los 
caprichos del vulgo ; y hace alardes pedantescos de tener en la uña la 
poética de Aristóteles y sus comentadores." 

Del mezclar lo trágico con lo cómico dice que "aunque resulte un 
minotauro", 

"Buen ejemplo nos da Naturaleza, 
Que por tal variedad tiene belleza." 

Lo que es belleza en el miiverso es, pues, monstruoso para los eru- 
ditos. Es la eterna antinomia entre la naturaleza, inconscientemente 
sabia, y la docta y presuntuosa reflexión humana. 

Algunos piensan que en España no hubo Renacimiento, porque así 
se desviaron nuestros ingenios de la pauta italiana y aun latina, como 
Lope en el teatro y Velázquez en la pintura al romper con Pacheco y 
la escuela clásica. Si á imitar lo extraño se hubiesen ceñido, ¿qué li- 
naje de renacimiento fuera? Renacimiento de aprendices. Los españo- 
les se apropiaron las ideas del Renacimiento, y, conforme á su verda- 



56 NACIMIENTO DE LA LITERATUR,\ POPULAR 

dero espíritu, se lanzaron por sí á no esperadas aventuras, poniendo su 
propio y nacional sello al Renacimiento español. 

"Con los versos extranjeros, 
En que Laso y Boscán fueron primeros, 
Perdimos la agudeza, gracia y gala. 
Tan propia de españoles... 

Y así ninguno lo que imita iguala, 

Y son en sus escritos inferiores, 

Pues ninguno en el método extranjero 
Puso su ingenio en el lugar primero." 

Asi Lope, en La Filomena (parte segunda). Y no le dejemos sin 
que nos diga lo que sentía del popular romance (prol. á las Rimas) : 
"Algunos quieren que los romances sean cartilla de los poetas; yo no 
lo siento así ; antes bien los hallo capaces, no sólo de exprimir y decla- 
rar cualquier concepto con fácil dulzura, pero de proseguir toda grave 
acción de numeroso poema. Y soy tan de z'eras español en esto, que 
por ser en nuestro idioma natural este género, no me puedo persuadir 
que no sea digno de toda mi estimación." Y al escribir La Dorotea re- 
comienda la prosa para el drama realista, "porque siendo la Dorotea 
tan cierta imitación de la verdad, le pareció que no lo sería hablan- 
do las personas en verso, como las demás que ha escrito... Si algún de- 
fecto hubiese en el arte..., sea la disculpa la verdad, que más quúso el 
Poeta seguirla que estrecharse á las impertinentes reglas de la fábula." 

21. No se distingue lo popular de lo erudito en que lo popular sea 
producto inmediato de todo el pueblo y lo erudito de un solo individuo, 
puesto que siempre es un individuo el autor inmediato de cualquier 
clira popular. "La distinción nace de que la recíproca no es verda- 
dera, diremos con Costa (pág. 136) : el artista no siempre especifica 
ni declara en sus creaciones el sentimiento artístico de la colectividad 
de que forma parte: no es siempre intérprete fiel de su pueblo; sus 
obras no encuentran eco siempre en el alma de éste ni hablan el len- 
guaje de la universalidad": tal es el artista erudito. Por el contrario, lo 
popular es obra de un individuo, pero como ministro é intérprete del 
pueblo todo y su obra á veces la va perfeccionando ó amoldando el 
pueblo, limando lo que no es enteramente conforme á su espíritu, lo 
que el individuo le pudo poner de subjetivo y no popular. 

Jintre lo enteramente popular y lo enteramente erudito caben mu- 
chos grados: obras hay populares que tienen dejos eruditos, y el pueblo, 
con el tiempo, se los va quitando; obras eruditas que tienen mucho ó 
poco de populares, y el pueblo gusta, más ó monos, en consecuencia, de 
ellas; obras eruditas puramente, que para el pueblo son letra muerta. 
Así se comprende que haya obras hechas por eruditos, que el [¡ueblo 
se apropia tarde ó temprano, por ser populares en lo principal y cos- 
tarlc más ó menos tiempo al pueblo el quitarle lo que no le es á él aco- 
modado. Artistas populares son los que Carlyle llamó héroes, los in- 



LITERATURA POPULAR V ERUDITA Sy 

térpretes que con su levantado ingenio individual fueron voz de las 
aspiraciones más ó menos conscientes del pueblo, hombres que, sin- 
tiendo lo que todos, vieron y supieron expresar lo que ninguno otro pudo. 
Otras veces son varias las voces, todas débiles, pero una entre ellas, 
la más popular y expresiva de las populares necesidades vence, y otros 
intérpretes populares van después robusteciéndola, como acaece con 
las costumbres que se van convirtiendo en leyes; el código es popular; 
pero en cuanto salió, por mano de un individuo, de las costumbres po- 
pulares, que ya de hecho eran leyes por el uso recibido. Un indivi- 
duo es el que supo expresar en forma lapidaria lo que todo el mundo 
sentía y no acertaba con su propia expresión. Así nace el refrán, el 
cantar, el romance, el poema popular. El pueblo lo desbasta de lo que 
no dice con su manera de sentir, de lo que el individuo puso en él de 
subjetivo y no común ni popular; el nombre mismo del autor se olvida 
al hacerse en cierta manera obra de todos la que comenzó siendo obra 
de uno: "Ea quoque quae vulgo recepta sunt, hoc ipso quod íncertum 
auctorem habent, velut omnium fiunt." (Quintil., Inst., 5, 11.) El autor 
individual sacrifica su fama por el mismo hecho de ser enteramente 
popular ; y si no queriendo sacrificarla pone en su obra más elementos 
subjetivos, antipopulares, correrá su nombre entre los eruditos, pero 
su obra no será apreciada más que por el escaso número de ellos. Así 
nacieron las llamadas rapsodias griegas ó retazos, en las que, como 
Wolf dijo, "la Grecia se cantó á sí misma", Hasta que en tiempo de los 
Pisistrátidas, juntos todos los pedazos por algunos eruditos de Atenas, 
salieron en su forma corriente la liia-da y la Odisea. No hubo, acaso, 
tal Homero ó autor único; los horneros fueron los ciegos rapsodas, 
que cantaban los trozos y los iban aumentando ó mejorando y añadien- 
do otros nuevos á los ya conocidos. Muchos de aquellos retazos des- 
aparecían; los mejores, aprobados por el pueblo y hechos asi populares, 
duraron y fueron merecedores de formar la epopeya griega ú homé- 
rica. "Toda obra literaria, dice Costa (pág. 155), es de creación indi- 
vidual: erudito, cuando, por razón de su contenido, es subjetiva ó ex- 
temporánea, hija de la pura individualidad del artista, cuando no 
reconoce por base los materiales fragmentarios ofrecidos por la tra- 
dición ni ha bebido su inspiración en el arsenal de los recuerdos vivos 
y de las creencias y aspiraciones ideales de la sociedad, cuando la 
sociedad no ha sido consultada ni atendida; popular, en el caso contra- 
rio, cuando el poeta se ha hecho nación, raza, humanidad, despren- 
diéndose de todo elemento egoísta y particular, empapándose del sen- 
tido universal histórico é informándolo en un cuerpo esplendoroso, 
cuando el pueblo se reconoce objetivado en la obra, la acoge y la san- 
ciona con la aprobación y se la transubstancia, haciéndola carne de su 
carne y hueso de sus huesos. En lo cual no difiere un ápice el refrán 
ó el romance del poema cíclico ó de la epopeya: la diferencia es me- 
ramente cuantitativa." La colaboración popular va perfeccionando la 
obra. El primer romance ó gesta cuenta el hecho escueto, prosaico ; 
pero en alas de la musa popular, al pasar de boca en boca, de genera- 



58 NACIMIENTO DE LA LITER.\TURA POPULAR 

ción en generación, va tomando por una parte más color y brío en los 
pormenores, como lo toman las noticias, y como ellas, va, por otra 
parte, idealizándose y agrandándose y agigantándose, haciéndose hasta 
maravilloso y sobrehumano el personaje. Asi nacieron, por evolución, 
los héroes, y tan héroes son el Cid y Bernardo del Carpió en España, 
como Aquiles y Ulises en Grecia. Alrededor de esos héroes va creando 
cada región los suyos, de donde nacen los poemas cíclicos y los ciclos 
de gestas y romances, todos eslabonados en torno de una empresa 
como Troya ó la Reconquista ó de algunos héroes más sobresalientes. 
"Quem conta hum contó, sempre Ihe accrescenta hum ponto", dice 
el refrán portugués. Ni las leyendas anteislámicas de Antara salieron 
desgajadas de un poema único, ni las rapsodias helénicas, ni los ro- 
mances castellanos de una gesta; antes los retazos fueron cosiéndose 
hasta formar poemas, gestas y leyendas, y la síntesis siempre fué 
posterior al análisis. Asi es anterior el refrán al cantar, el cantar al 
romance, el romance al poema, sin que al nacer cada uno de estos 
géneros perezca el anterior, sino que convive con él y le da siempre 
nueva savia y acrecentamiento. 

Un cantar, copla, quintilla, seguidilla, no es más que el mismo dicho 
apodictico en que consiste el refrán; pero parafraseado, ensanchado, 
dispuesto para el canto, y así en todo cantar se encierra, tácita ó ex- 
presamente, un refrán, y todo refrán puede desdoblarse en un cantar. 
Refranes se han llamado á los estribillos de las canciones, que lo glo- 
san y nada más: "Fecieronle (á D. Jaime I) un cantar, de que no:i 
me acuerdo sinon del refrán: Rey bello que Déos confonda, ! tres son 
esta con a de Malonda", escribe D. Juan Manuel. Los Proverbios de 
• Saníillana son refranes glosados. "Mi madre me lo predica | y yo la 
digo: I Predicar en desierto \ sermón perdido." "En la isla de León | 
se pesca con hilo y caña: | por la boca muere el pea; \ cuenta con 1» 
que se habla." 

Un romance no es más que una canción desarrollada en sus porme- 
nores, ó varias canciones zurcidas, explicativas del mismo hecho. Por 
eso se llamaron Cantares las gestas ó narraciones largas, y Coplas 
las composiciones largas, como las de ¡Ay, panadera!, ó las del Pro- 
-c'incial. Cantares glosados, ampliados, los hay á montones. El cantar- 
cilio "Sí, ¡ganada es Antequera! | ¡Ojalá Granada fuera!", dio 
nacimiento al romance: "¡Si! me levantara un día..." Otras veces 
sale de un golpe el romance entero, y es lo ordinario; pero no es más 
que un cantar que necesita muchos versos para exponerse todo cl 
hecho. 

La gesta ó poema sale de los retazos ó rapsodias cuando un poeta 
junta en un todo lo que se cantaba esparcido acerca de un mismo asun- 
to. Tal dice hoy la filología que pasó con los poemas homéricos, y tal 
debemos concluir que sucedió con muchas gestas. ¿Quién duda si no, 
que antes de componerse el Mió Cid se cantaron trozos sueltos sobre- 
cada uno de los hechos que esta gesta abarca? Los trozos poéticos 
que entraron en las Crónicas creyeron Menéndez Pidal y Mcnéndcz 



LITERATURA POPULAR Y ERUDITA 59 

Pelayo que lo son de gestas largas; ¿y por qué no de retazos, de pe- 
dazos, que aún no llegaron á coserse ó á fundirse en una gesta ó- 
poema? Nadie ha probado hubiese tales poemas. Sólo se sabe por las 
Crónicas que hubo retazos, pues retazos y no poemas entraron en 
ellas. Hubo, pues, rapsodias, romances, digamos, y nada más; y de ellos 
sólo llegaron á cuajar algunos poemas ó gestas: el de Fernán Gonzá- 
lez y los dos del Cid. Los romances viejos de los siglos xv y xvi porv 
tan rapsodias como las que entraron en las Crónicas. En qué se di- 
ferenciaran de las rapsodias ó romances más antiguos de las Cróni- 
cas y de las que cuajaron en poemas ó gestas largas es otra cuestión % 
pero los romances viejos son sucesores de los más antiguos que debe- 
mos de suponer y que sin suposición hallamos diluidos en la prosa de 
las Crónicas: quiero decir que, en sustaaicia, es el mismo género, aun- 
que pudieran diferenciarse accidentalmente, á la manera que de los 
romances viejos se diferenciaron los posteriores eruditos y los mismos 
populares, que el pueblo sigue cantando. 

Todos los días asistimos á la creación de romances: los vemos 
componer á propósito de un crimen, de una desgracia privada ó pú- 
blica, de un acontecimiento glorioso. No eran los hombres antaño di- 
ferentes de los de hogaño : asi hacian romances en el siglo xv y los 
hacían en el siglo xii y los hicieron antes. Cuando el acontecimiento- 
6 el héroe daban de sí por la variedad de hechos, se hacían otros- 
tantos, contándolos. Llegaba un ingenio sobresaliente, y, juntando Ios- 
asuntos de todos los pertenecientes á un acaecimiento ó héroe, y aua 
recosiendo los romances sueltos, fraguaba una gesta ó un poema. Eso 
se ha hecho siempre y en todas partes, y no vamos á creer que en 
España solamente se hiciera lo contrario, que primero hubo gestas- 
ó poemas y luego trozos ó romances de ellos descosidos. Los romances 
del siglo XV aguardaban un ingenio que con ellos forjase un poema, ó- 
varios ingenios que recogiesen en un poema los romances de cada ci- 
clo. No nacieron tales ingenios épicos, porque los tiempos mejores de 
la épica habian pasado. Pero hubo ingenios dramáticos que con ellos- 
hicieron dramas, que no es otro el drama que la épica de tien.pos más 
cultos, como se ve en Grecia y en todas partes. ¿ Qué otra cosa hicie- 
ron Juan de la Cueva, Matos Fragoso y Lope de Vega con los ro- 
mances de los Infantes de Lara, al componer sus dramas? La mitad 
del teatro de Lope, ¿no está formada sobre leyendas más ó menos- 
cantadas antes de él? Por eso fué Lope popular, como lo fué Esquilo- 
y lo fueron sus sucesores, por poner en escena las antiguas rapsodias y 
leyendas griegas. Las mocedades del Cid, de Guillen de Castro, soa 
los romances dramatizados. Y esto mismo puede decirse de todo- 
el teatro español popular, á diferencia del erudito, que se entrete- 
nía en repetir asuntos mitológicos ó extranjeros, que desconocía et 
pueblo. 

Entender que la primera manifestación artística de Grecia fuero:» 
los poemas homéricos, y la primera española fueron las gestas de- 
Mio Cid y las que sueñan algunos diluidas en las Crónicas, equival- 



6o NACIMIENTO DE LA LITERATUR.\ POPULAR 

■dría á proclamar las Doce Tablas ó el Digesto como primera manifes- 
tación en Roma del derecho. Sostener, como Damas-Hinard, que los 
primeros monumentos de la poesía popular española fueron poemas 
liechos y derechos, y que, efecto de su descomposición posterior, nacie- 
ron los romances, es desconocer el proceso ele las obras sociales é in- 
<l¡viduales, que es enteramente el inverso. Y eso han sostenido M. Pidal 
y M. Pelayo. Todo cantar es breve por tener que acompañarle la mú- 
sica : el poema ó la gesta es refundición de muchos cantares : "Arma 
virunque cano", "Canto l'arnie pietose", "Eu canto o peito ilustre 
Lusitano"'. 

Ahora bien, la primitiva poesía es siempre cantada, y á ello alude 
todo el tecnicismo poético. Luego los cantares cortos fueron antes que 
los largos ó poemas. "Los primeros principios de los versos menores en 
España, dijo el P. Sarmiento (Memor. p. hist. poes., § 404-405) ha- 
brán sido los adagios ó proverbios, y los versos mayores se compon- 
drán de los menores... No se podrá oponer que el refrán, que se com- 
prende en un metro, tuvo origen en el metro de los poetas, antes bien 
se podría decir que los poetas hicieron ó formaron tal y tal metro, á 
imitación de los adagios." "El proverbio se trasformó en canto" 
{Wolf, citado por Milá, Poesía hcroico-pop., pág. 49). Los refranes 
son tan viejos como los idiomas, aunque su expresión vaya moderni- 
zándose al mismo paso que éstos. Los himnos ó cantos cortos, esto es, 
las canciones, son las más primitivas manifestaciones literarias en 
todos los pueblos; pocos son los que llegan á tener poemas y dramas, 
y siempre son posterior perfeccionamiento y síntesis de las canciones, 
después de desarrolladas en rapsodias ó, digamos, romances. Como 
•ejemplo práctico de esta evolución de la poesía trae acertadamente 
Costa (pág, 213) el refrán: "Entrarásle por la manga, saldrá por el 
cabezón", y la leyenda en romances y en drama y en poema, que lo 
es el Moro expósito, y el de los Lif antes de Lara. Su gesta, que M. Pi- 
dal ha visto en las Crónicas, yo no la percibo; sólo veo trozos, rapso- 
dias, romances, en suma. La gesta, ó poema, ó drama, salió mucho 
después bajo la pluma de Lope y de Saavedra. 

22. La primera y más sencilla manifestación del arte popular es 
el refrán, que pudiera clasificarse como poesía épico-didáctica; pero 
que abraza todos los géneros y es como el germen de todos ellos. Ni 
el único fin de los refranes es la enseñanza, ni es hacer una obra bella; 
en los refranes, como en toda obra popular, se barajan tan honda- 
mente el fondo y la forma, que hacen un todo, inconscientemente 
nacido del pueblo: as! pertenecen tanto á la filosofía como á la litera- 
tura, mezclando utilc dulce. Si en su forma no hubiera brotado bello 
el modo de expresar el pensamiento, no hubiera corrido como refrán, 
pues cabalmente se repite y corre como tal el pensamiento que ha ha- 
llado su bien entallada expresión; y una expresión, por bella que pa- 
rezca, no corre como refrán si no entraña un pensamiento disno de 
retenerse por su provecho común. Como los pensamientos de esta 



LITERATURA POPULAR Y ERUDITA 



6i 



laya abarcan todas las disciplinas y la vida entera, asi el campo de las- 
ideas donde brotan refranes es inmenso y abarca todo linaje de doc- 
trinas. Ig-ualmente en la forma artística, ya cuanto al estilo y figura 
retórica de la expresión, ya cuanto al metro y ritmo, la variedad es 
infinita, y no nace cada refrán vaciado en determinada encella, aunque 
siempre suena á manera de verso, de un metro ú otro, no pensado de 
antemano, y con una expresión, metáfora ó comparación, que pare- 
ce venirle como nacida. Sólo cuando fondo, forma y sonido se ajustan 
entre si acabadamente y que, andando de boca en boca, nadie da en lo 
que pudiera mejorarlo, es tenido como refrán y cunde bien asegurada, 
su inmortalidad. Tan sólo de tiempo en tiempo y muy á la larga, suele 
remozarse alguna palabra de él, cuando ya la vieja es tan desusada 
y oscura que ha menester nuevo ropaje para lucir entre las gentes. 

Al hablar de los refranes no pueden pasarse por alta las palabras 
de Mal-Lara en el Preámbulo de La Philosophia vulgar, dodne se de- 
clara lo espontáneo y natural del saber vulgar y su infalible certeza' 
"En los primeros hombres..., al fresco se pintaban las imágenes de 
aquella divina sabiduría heredada de aquel retrato de Dios en el hom- 
bre, no sin gran merced dibuxado... Se puede llamar esta sciencia, no< 
libro esculpido, ni trasladado, sino natural y estampado en memorias 
\ en ingenios humanos; y, según dize Aristóteles, parescen los Pro- 
verbios ó Refranes ciertas Reliquias de la antigua Philosophia, que- 
se perdió por las diversas suertes de los hombres, y quedaron aquéllas 
como antiguallas... No hay refrán que no sea verdadero, porque lo 
que dize todo el pueblo no es de burla, como dize Hesiodo..." Libro 
natural llama á los refranes, y añade: "Antes que hubiese filósofos- 
en Grecia, tenía España fundada la Antigüedad de sus refranes... 
¿Qué más probable razón habrá que la que todos dizen y aprueban? 
¿ Qué más verisímil argumento que el que por tan largos años han 
aprobado tantas naciones, tantos pueblos, tantas ciudades y villas, y 
lo que todos en común, hasta los que en los campos apacientan ovejas,, 
saben y dan por bueno...? Es grande maravilla que se acaben los su- 
perbos edificios, las populares ciudades, las bárbaras Pirámides, los 
más poderosos reynos, y que la Philosophia Vulgar siempre tenga su 
reyno, divido en todas las provincias del mundo... En fin, el refrán 
corre por todo el mundo de boca en boca, según moneda que va de 
mano en mano gran distancia de leguas, y de allá vuelve con la 
misma ligereza por la circunferencia del mundo, dejando impresa la 
señal de su doctrina... Son como piedras preciosas salteadas por ropas- 
de gran precio, que arrebatan los ojos con sus lumbres." 

La riqueza de formas que revisten los refranes castellanos es ma- 
ravillosa en lo ingenioso y profundo, en lo socarrón y grave, en lo 
sentido y sentencioso, en lo chistoso y severo, en lo cortado y 
dramático. Cuanto á la métrica, tienen parte el paralelismo, la alitera- 
ción, la acentuación, el número de sílabas y la rima. La rima la busca 
el pueblo en los refranes ; pero el metro nace como exigido por la 
expresión misma espontáneamente. De aquí la grandísima variedad : 



62 NACIMIENTO DE LA LITERATUR.\ POPULAR 

4 + 6, 4 + 7, 4 + 8, 5 + 6, 6 + 5, 6 + 7, 7 + 4. 7 + 6, 7 + 9, 8 + 6, 
■8+10, 9 + 4, 9 + 8, 4 + 6 + 4, 5 + 5 + 7, 8 + 8 + 8 + 9, etcé- 
tera, etc. Abundan los pareados de 4 + 4. 5 + 5, 6 + 6, 7 + 7, 8 + 8, 
■que pueden considerarse como hemistiquios rimados de octosílabo, de 
decasílabo, arte mayor, pentámetro y pie de romance. Cuanto al acento, 
no siempre se sujetan los refranes á las leyes prosódicas, como en el 
verso de once sílabas, el acento en la sexta ó en la cuarta y octava ; en 
el de diez sílabas, el acento en la tercera y sexta ; en el de nueve, en la 
octava; en el de ocho, en la séptima y en la primera y tercera ó en la 
segunda, quinta y octava, etc. Cuanto á la rima, hay versificación libre, 
semi-nma ó concordancia de vocales finales ó rima imperfecta ó 
asonante, tanto llana como aguda, rima perfecta ó consonante, agu- 
óla ó llana, aliteración ó congruencia de sonidos en la sílaba radi- 
cal de . las dos palabras principales que se componen ó contraponen, 
aliteración y á la vez asonante ó consonante, consonancia com- 
pleta ó de todas las sílabas, ó sea repetición de una misma palabra al 
final de los versos y, finalmente, rima interior. Las combinaciones rít- 
micas son variadísimas. 

33. Tras los refranes vienen las canciones ó cantares, expresión 
del lirismo popular, del dolor, de la alegría, del amor con todas sus 
consecuencias. Las formas más populares de la canción son la copla ó 
redondilla y la seguidilla, entrambas de cuatro versos, aunque poste- 
riormente la seguidilla tomó los otros tres versos del estribillo. La nn'i- 
sica requiere cinco ó seis versos, pero se repite el primero una vez al 
principio, ó dos veces: una al principio, y otra al fin. Los cantares son 
imas veces circunstanciales, ya por un acontecimiento social, ya por 
lo que al que canta le sucede particularmente; otras veces encie- 
rran un pensamiento 6 un sentimiento común y trascendental. En el 
primer caso, el cantar vive poco, aun los de acontecimientos sociales 
■suelen olvidarse á las pocas generaciones; en el segundo, pueden llegar 
á tener vida tan larga como los refranes, y así corren siglos y siglos, 
■más ó menos modificados. Si los refraneros tardaron en escribirse, 
mucho más tardaron los cancioneros populares, los cuales puede de- 
■cirse que comienzan á compilarse en nuestra edad. Los eruditos 
apreciaban más las canciones cortesanas y artísticas, y así, ni un can- 
cionero popular se imprimió en el siglo xvi entre los muchos eruditos 
que vieron la luz pública. Todo lo más, hállanse en ellos, y glosados 
aparte, cantares sueltos, verdaderamente tradicionales y tan prover- 
biales como los mismos refranes. Nuestro pueblo los hace con facilidad 
•asombrosa é ingenio estupendo. Los improvisan los mozos en sus se- 
renatas y rondallas tan chispeantes, tan hondos y sentimentales, que 
es un duelo no se recogieran en los tiempos pasados, como hoy se va 
haciendo en colecciones de las varias provincias, sobresaliendo en esta 
liarte los cantares baturros ó cantas de Aragón, y los cantares' y cantes 
andaluces y flamencos. Toda admiración queda aquí sobrepujada por 
Ja realidad. Esta vena fecundísima del pueblo español es de todo punto 



LITERATURA POPULAR Y ERUDITA 



63 



imposible que no haya corrido en todo tiempo en esta tierra de canta- 
res sin fin ni cabo, tan en todo tiempo como las tonadas regionales, que 
son antiquísimas, de variadísimas tonalidades en cada tierra: en Gali- 
cia, en Asturias, en la Euscalerria, en Navarra, en Aragón, en Anda- 
lucía, etc., etc. Aires vascongados hay que se salen de las medidas y ' 
compases conocidos, y deben proceder de los iberos. Podemos, pues, 
asegurar que desde que se habló castellano hubo cantares populares 
en España, y á ellos se alude en los escritos de todos tiempos. Ui 
pueblo que verdaderamente nada en un mar de sentidísimos cantares 
•que chorrean ingenio y delicadeza tiene que ser poeta. Grima da pasar 
los ojos por los farragosos cancioneros eruditos sin hallar una ?ola 
flor, una flor que huela, que robe las miradas, cuando, al revolver de 
la esquina, se oyen, al caer de la noche, por esas calles, á mentones, 
sin que nadie se bajara durante tantos siglos á recogerlas. Ei metro 
más común en las coplas es el octosílabo, rara vez adulteradas con 
algún verso de siete ó nueve sílabas, porque tal es el verso más propio 
del castellano, como veremos al hablar del pie de romance, cuyo he- 
mistiquio es igualmente octosílabo. En cantarcillos ó coplillas se usa 
el verso de seis, á veces el de cinco ; en las seguidillas, de siete y cinco 
alternados. Los eruditos prefirieron en lo antiguo los metros franceses 
■ó yámbicos, de siete y nueve sílabas; pero presto desaparecieron, que- 
dando vencedores los metros trocaicos españoles, hoy los únicos que 
se cantan, pues si alguna vez se hacen de siete ó nueve, el cantor los 
acomoda á la música de los octosílabos por medio de la sinalefa, siné- 
resis, apócopes y paragoges: tan contrarios son á la métrica castella- 
na. La rima de los cantares es de dos, tres, cuatro y hasta ocho versos, 
todas las combinaciones de los refranes, pareados, monorrimos, rimas 
alternas, encadenadas, etc. En los de cuatro versos, la más frecuente 
combinación es ahch, asonante ó consonante : rara es ahba, y más toda- 
A-ía aahb; las seguidillas, abcbcdc. 

24. De los pueblos europeos sólo el pueblo griego tuvo un arte y 
una literatura enteramente nacional, popular, castiza, por eso fué gran- 
de y sin par el arte y la literatura de la Grecia. El arte y la literatura 
son como las plantas, que no pueden vivir sino arraigando en la tierra, 
y no medran y se desenvuelven bien sino en la tierra suya propia; 
en trasplantándose á otras tierras de diferente calidad, condiciones, 
clima, bastardean. Verdad es que se dan plantas lozanísimas en otras 
tierras de las que fueron originarias, pero es porque en el mundo hay 
lugares y tierras de condiciones muy parecidas y apropiadas para cada 
planta. La nación es la tierra del arte y de la literatura, y no hay dos 
naciones iguales ni casi parecidas, como hay parecidas tierras cuanto 
á la aclimatación de las plantas. Por eso, toda arte ó literatura tras- 
plantada á otra nación bastardea y vive como en terreno impropio. 
Tal es el gran principio del arte y de la literatura. 

Robusteceráse y quedará aclarado con otra comparación. Toda obra 
de arte es tanto mejor cuanto más personal sea, cuanto más individual 



64 NACIMIENTO DE LA LITERATUR.\ POPULAR 

y propia de su autor y más distinta de las obras de los demás. Porque 
la obra de arte es la expresión del autor que la íragua. Y tanto más 
expresiva será de su autor, cuanto más propia suya é individual y más 
distinta de los demás autores. El sello de la personalidad de su autor 
engrandece las obras del arte. Si todos los hombres supieran expresar 
su alma, serían todos los hombres artistas; sonlo los pocos que pueden 
hacerlo, y sonlo en tanto que lo pueden hacer : así la obra de arte es 
más levantada, más sobresaliente, cuanto el autor pudo poner en ella 
más de su alma individual, de su propia persona. Ahora bien, cada 
nación, respecto de las demás, es lo que respecto de los demás es cada 
individuo: cada nación tiene su alma propia y su personalidad, tanto- 
más sobresaliente cuanto, ¡oh, paradoja!, cuanto sobresale de las de- 
más, cuanto menos adocenada y común. El arte, pues, cuanto más na- 
cional será más expresiva del alma de una nación, y se distinguirá, 
más del arte de las demás naciones. Tal es la doctrina del casticismo- 
en el arte, en la literatura y en el idioma, que es la obra artística por 
excelencia de cada nación. 

Contra ella no valen ni pesan todos los reparos que los innovado- 
res oponen á los defensores de lo castizo en el habla. Los extranjeris- 
mos, bien se ve, por este principio, que no enriquecen el idioma, antes- 
lo em.pobrecen. Porque lo que en el árbol no salga de su propio tronco 
y savia, no sólo no le adorna, sino que lo afea y le daña. Colgad de 
sus ramas púrpuras y joyas: hasta el más rústico patán os gritará 
que quitéis de él esas ricas preseas. Los extranjerismos cuelgan, como 
ellas, del idioma ; no sirven más que para quitarle el calor vivificante 
del sol, para embarazar la respiración pulmonar de sus hojas, para 
secarlo y encanijarlo, empobreciéndole la savia y acabándole la vida. 
Por cada palabra ó construcción extraña que se mezcle en el idioma,, 
se olviden, no una, sino muchedumbre de palabras, construcciones y 
frases equivalentes, pero idiomáticas y propias. Las voces así perdidas 
eran expresivas del alma nacional, llevaban el calor y el color, el 
pensar y el sentir de la nación ; por ellas se usan las extrañas que 
saben, suenan, huelen á extraño, no dicen nada á los oídos nacionales,, 
porque extraña es su raíz y procedencia, no arraigan en el sucio nacio- 
nal y no pueden llevar su savia ni su alma. 

Lo que en el idioma, pasa en la literatura y en el arte en general. 
No respondiendo al alma nacional, si se traen de allende, la necesidad 
obliga á desfigurarlas. La expresión de la personalidad nacional, que 
forzosamente ha de manifestarse en sus obras artísticas y literarias, 
se ve mezclada con la expresión propia y diferente de la nacionalidad 
que ellas traen de fuera consigo, y el forzoso resultado es una mezcla, 
que ni es cosa propia ni extraña, sino común. Y expresión común 6 
arte común no puede ser arte ni expresión sobresaliente, artística. 
Trasplántese á España la arquitectura del Norte, y la necesidad la 
transformará en breve plazo. Tráigase la pintara francesa, elegante 
y de salón, pero por lo mismo demasiado idealizada, y el artista espa- 
ñol, todo realismo y verdad, hará un pisto ni francés ni español, pero- 



LITERATUR,\ POPULAR ERUDITA 



65 



menos español que francés. ¿Y habrá necio que se atreva á luchar 
con otro en expresar el alma del otro, contraria á la suya propia? 
El pintor español que quiera vencer á los franceses en pintar á la fran- 
cesa es un loco, porque tendrá que inventar lo que los franceses, lle- 
vándolo dentro, no tienen más que manifestarse para conse^irlo. 
Loco será el francés que pretenda escribir una historia de picaros á 
la española, porque, no llevando esa española picardía en las venas, 
tendrá que ceñirse á imitar las historias picarescas hechas por espa- 
ñoles, y toda imitación queda por debajo del modelo. 

Ahora se verá claramente por qué la literatura latina clásica, imi- 
tación de la griega, trasplante de Grecia, tuvo que ser flor de un dia, 
entretenimiento de unos cuantos poderosos, que no pudo gozar el pueblo 
romano, porque no arraigaba en el alma nacional, ni pudo quedar sino 
por debajo de su modelo. ¿Fué expresión del alma romana aquella li- 
teratura, griega en las creencias y en los dioses, en el estilo, en gran 
parte de las voces? Ni lo fué, ni, por lo mismo, fué literatura romana, 
más que á medias, ni más que á medias literatura griega. Los dioses, 
que en Grecia lo eran de veras, fueron monigotes ó nombres de moni- 
gotes en Roma, con los cuales jugueteaban los literatos rebutiendo de 
ellos sus versos como de borra helénica, elegante, pero borra al cabo. 
Las tragedias de Terencio agradaban á los cultos, porque oían en 
latín lo que en griego admiraban; el pueblo dejaba á Terencio y se 
iba tras Plauto, no por lo griego, que también tenía, sino por sus gordas 
sales romanas y sus romanas sentencias. La filosofía, que en Grecia 
había desmenuzado los seres todos, que había escudriñado el alma 
humana, perdió los vuelos de sus levantadas elucubraciones, que se las 
cortó el romano, práctico hombre de mundo y nada amigo de soñar 
científicamente: así patulló por el suelo en Roma, rotas las alas, la 
filosofía helénica. La tragedia, expresión ritualista de la religión grie- 
ga, vióse convertida, al llegar á Roma, en ejercicios retóricos, lirico- 
prosopopeicos, para recitación de los palacios y palmoteo interesado 
de algunos señorones. Y en la misma Roma, la elocuencia, fruta ver- 
daderamente tan romana como la jurisprudencia, una vez quitada la 
libertad, terreno propio que la hizo nacer, vióse convertida en retó- 
rica de escuela, y retórica de escuela ha seguido siendo en las nacio- 
nes nacidas del Imperio, hasta que volvió á ellas la libertad política. 

Las literaturas europeas nacieron nacionales, naturalmente; pero 
sólo cuanto á las obras del pueblo ; las obras eruditas, que se sobrepu- 
sieron á las populares y las obscurecieron, la que se llama literatura, 
rebrotó como retoño de la literatura decaída, retórica y de imitación 
helénica, que vivía muriendo en los últimos tiempos del Imperio ro- 
mano. Sólo en algunos momentos históricos, en que las nuevas nacio- 
nes europeas se sintieron fuertes y poderosas, capaces de romper las 
cadenas extrañas y tradicionales, en que se fundieron en una recia 
personalidad nacional las clases popular y erudita, se dieron frutos 
literarios propios, nacionales, sinceros y de verdadero valer estético, 
ó cuando algún ingenio sobresaliente se sintió tan de su pueblo que, 

5 



66 NACIMIENTO DE LA LTTERATUR.^ POPULAR 

dejándose de erudiciones peregrinas, se levantó como eco de los sen- 
timientos de su raza. Tal en Italia Dante, que supo interpretar el 
alma cristiana medioeval ; tal en España el cantor de Mió Cid; tal el Ar- 
cipreste de Hita; tal Cervantes en la novela caballeresca; tal Lope 
en el teatro. Tal España entera en el siglo xvi, cuando el Renacimien- 
to para los mejores ingenios sólo sirvió de acicate, que les movió á 
buscar dentro de la tradición misma española, en las entrañas mismas 
del pueblo, asuntos y lenguaje, el arte entero, que los adocenados no 
sabían hallar más que entre las piltrafas desenterradas de la cultura 
greco-latina. 

25. El realismo y la moral práctica en nuestro idioma, en nuestra 
literatura popular y aun en la erudita cuando es verdaderamente na- 
cional, son notas tan manifiestas como en nuestra filosofía. De ésta lo 
ha proclamado claramente Bonilla (Hist. de la Filosofía española, 
Madrid, 1908-1911, 2 vols.). Séneca es el dechado de nuestra filosofía 
y lo es de la filosofía práctica, física y moral ; parece ignorar la meta- 
física griega y hasta las elucubraciones abstractas acerca de la teo- 
dicea y de la física. Cierto que esta nota es propia de los romanos 
todos y en ella convenimos con ellos los españoles; pero el. realismo es 
acá harto más pujante y dominador. Acaso la falta de cabeza idealiza- 
dora hizo que Lucano no diese unidad á su obra y le tacharan de ha- 
ber sido más historiador que poeta épico, mientras que Virgilio fué 
más épico y de historiador no tiene nada; que poeta, fuélo Lucano, no 
á la manera de Virgilio íi Homero, sino á la española, pintando lo 
real de la manera más viva y realista posible. Lo maravilloso que en su 
obra hay se le pegó de la educación helénica; en la literatura popular 
castellana no hay nada de maravilloso. Hadas, silfos, enanos, ondinas, 
dríadas, gnomos, gigantes, todo eso se queda para griegos y germanos. 
Las exageraciones, como las del Roland francés y de los libros caballe- 
rescos, las deificaciones de la mujer á lo caballeresco y provenzal, no 
son cosas españolas. Hasta lo caballeresco y lo heroico tratado en los 
romances muda de tono y pierde todo el extraño idealismo que traje- 
ron de fuera. Don Quijote y Sancho entierran con su realidad viva 
todos esos sueños. Acaso no haya obra más simbólica é ideal que el 
Criticón, de Gracián, una de las más extraordinarias obras del mundo; 
con todo, es un simbolismo tan cuajado en seres concretos y vivos, 
qne la Virtud, la Verdad y todas las demás personificaciones obran 
y hablan como personas de carne y hueso, hechos y palabras de eterna 
verdad, que vive en los hechos y palabras de todos los mortales. No 
hay allí metafisiquerías, maravillas ni músicas celestiales de ninguna 
especie: son las ideas platónicas, como si las hubiera hecho bajar á 
la lierra y vivir en el mundo. Nuestra mística no sabe desprenderse 
de la ascética en sus más levantados arrobos. Nuestra novela es la 
realisima picaresca. Nuestra épica, el Romancero y Mió Cid. Nuestra 
lírica, la copla popular. 



ÉPOCA ROMANA 
(siglos i-iv) 



26. La más añeja noticia que de las letras españolas nos 
Tía llegado es la que nos dejó escrita Estrabón, autor grave 
de la época de Augusto, el cual nos dice que los ribereños del 
Betis. llamados turdetanos, de raza española, tenían literatura 
y conservaban escritas sus antiguas historias, poesías y leyes, 
en verso, había seis mil años, segiin ellos contaban, siendo los 
más sabios de los españoles, y que todos los demás indígenas 
también entendían de literatura y no sólo de la del propio idio- 
ma, sino aun de las demás lenguas que en España se hablaban. 
Alude, sin duda, á las literaturas romana, griega y fenicia, 
que sabemos tenían los extranjeros de estas naciones ave- 
•cindados en España y con cuya comunicación muchos españoles 
eran bilingües y conocían varias lenguas. 

Cicerón, en su oración Pro Archia poeta, menciona los vates 
llevados de España á Roma, el año 682, por Mételo Pío, muerto 
ya Sartorio, fundador de los estudios romanos en Huesca. Na- 
cidos aquellos poetas en Córdoba, y discípulos, quizá, de As- 
clepiades, sonábale á Cicerón algo toscamente su habla, ó ya 
que se resintiera del origen umbrío de los colonos italiotas de 
las orillas del Guadalquivir, ó que le chocase al orador romano 
el tonillo provincial que de Córdoba traían. Pero por los autores 
consta que los puros españoles tenían sus cantos y danzas na- 
cionales, que son, sin duda, los precedentes de lo que todavía 
se usa en toda España. 

Todo ello se confirma con las inscripciones y monedas espa- 
ñolas, que las había, y se conservan en fenicio, griego, latín y en 



68 ÉPOCA ROMANA (s. I-JV) 

los caracteres propios de estos idioinas ; i>ero sobre todo, con 
las inscripciones y monedas batidas por las ciudades puramente 
españolas, en caracteres nacionales, llamados celtibéricos ó de le- 
tras desconocidas, y en el idioma nacional. 

2 7. Strab., III, I : 30(so'j-;cito'- oJ^EtaCovicii TÜJv "ipi^pojv outoi. xal YpctuijioiX'.XTi 
"/pmvtotí, ¡íCí! X'^; -rjXoxd.c, ¡ivi^pT,; r/_ou3t xó. a'j-{'\^jrj\¡.y.rj.iu, xa! icoií^jiaxa, xa! vojiou; 
EjijjLéTpouí éíazi3Xi)^ío)V £x<5v, ÓJ; <pa3i' xa! oí aXKm S' "Ipr¡p£?xpa)v-ai fp(zji]j,czxixíi, ou 
¡iií loi'a •0Ü03 fcíp yXüjxxiti loía^ Sarmiento, siguiendo á Palmario, espantado 
con la cifra de seis mil años, cree que por ixüjv deba leerse i-im, seis 
mil versos. {Memorias para la hist. de la poesía y poct. esp., piárra- 
fo II, n. 46). El íoia alude á la lengua propia, además de la cual los 
doctos entre los iberos sabían griego y fenicio, lenguas extrañas de 
los colonos, que se les habían venido al olor de las minas y habían 
asentado, en las costas sobre todo. "Asclepiades Mirleano, que enseñó 
gramática (griega) en la Turdetania y dio á luz una descripción de 
las naciones que habitaban la tierra." (Strab., III, IV) : xcii AT/Xri-\.rjir¡c 
ó MjpXiavo;, óí'vr^p iv x?i Toup8ixtzvi5 xaiSsúoa; xa ipa^í^aziiía xai Tcspuj^rjaiv xiva xüiv 
i6voiv EzSsoíDxcí); xiüv xaóxT,. Bueno será recordar que en los dos textos la 
voz gramática significaba literatura. Cíe, De orat. : "In grammaticis poe- 
tarum pertractacio, hístoriarum cognitio, verborum interpretatio, pro- 
nuntiandi quídam sonus." 

Famoso es el texto de Silío por donde sabemos que los españoles 
cantaban versos en su lengua y bailaban repiqueteando los broqueles: 
"Barbara nunc patriis ululanteni carmina linguís, nunc pedís alterno per- 
cussa verbere térra, ad numerum resonans gaudentem plaudere cae- 
tras" (III, 353). Otro tanto dice Diodoro (V, 34). No pueden ser 
estos corros y danzas más que las danzas corales de toda España, des- 
de la danza prima asturiana hasta el aurresku y espatadantsa vascon- 
gada. Y Silío, en otra parte : "Ritu iam moris Iberi | carmina pulsata 
fundentem barbara caetra." Y á la muerte de Viriato, dice Apiano 
(VI, 75) que "armados, le entonaron un himno en su lengua", pappapixiü^j 
y Estrabón añade que insultaban los cántabros en verso á los cru- 
cificados (III, IV, 18). Véase, además, Amiano Marcelino (XVI, § 8), 
Estrabón (III, I, § 6, y.opsúcivx:; ) y Diodoro (V, 34, opy.rjoi; xoútpr) dan- 
za ligera, el arinarin vasco). San Eugenio nos dice que "Cántica vul- 
gus habet" {Bibl. Patr. tolct., t. I, pág. 66) y los "turpes cantus" fue- 
ron condenados en los Concilios toledanos (X\'I, 23). 

28- Las inscripciones y monedas celtibéricas puede decirse que to- 
davía están por descifrar. Después de leer todos los trabajos de Hübner, 
en su Monumcnta Ibérica, queda uno persuadido de que no se ha sa- 
cado nada en limpio. Se menospreció, harto á la ligera, cuanto halló 
Erro, y con todo, fué el único que descifró buen golpe de inscripcio- 
nes y i)Uso en claro el valor de las principales letras. El dcsconocí- 
niíciilo del vascuence, entre los que le han juzgado, tiene la culpa de 



LITERATUR.^ HISPANO-ROMANA 69 

todo. Las inscripciones son ibéricas; esto es, vascongadas por la 
mayor parte. Los caracteres son, en substancia, los mismos de los 
antiguos alfabetos; pero ofrecen formas más primitivas, que pintan 
los objetos y las articulaciones de la boca. Pueden verse algunos exr 
pilcados en el Tesoro de la lengua castellana. Hoy se cree que los 
alfabetos todos del antiguo mundo vienen de los jeroglíficos egipcios, 
segi'm pruebas de Rouge y Lenormant; pero hay que distinguir en los 
jeroglíficos las pinturas ideológicas y los caracteres realmente alfabé- 
ticos que con ellas andan mezclados, los cuales son los mismos que 
los más primitivos y sencillos caracteres celtibéricos. Los mismos se 
Tiallan en la más vieja forma de las inscripciones cuneiformes de 
Nínive y Babilonia, en los llamados caracteres hieráticos, antes de 
convertirse en caracteres cuneiformes por el empleo del clavo ó cuña 
al estamparla en los ladrillos. Los pocos caracteres alfabéticos que hay 
en los jeroglíficos egipcios y los pocos hieráticos asirlos, de los cuales 
salieron después los cuneiformes, convienen con los más sencillos ca- 
racteres celtibéricos. Dificultades tipográficas y, ¿por qué no decirlo?, 
la ignorancia y el menosprecio que aquí hay de este linaje de estudios, 
me han retraído de publicar una obra, cuyos materiales tengo prepara- 
dos. Ahí está vivo el vascuence, sin que nadie lo estudie para ver qué 
pueda deberle el castellano, y ahí está el Tesoro de la lengua castellana, 
nueve volúmenes, donde cabalmente se estudia esta cuestión impor- 
tantísima para conocer los orígenes del castellano y de nuestra historia. 
Ni siquiera se dignó citar la obra Menéndez Pelayo, menospreciando 
juntamente la teoría de Humboldt, aún hoy mantenida por todos los 
sabios, menos por algunos caballeros antivascófilos y antiespañoles. Y 
eso que dedicó á las cuestiones ibéricas un tomo entero, el de la re- 
fundición del primero de los Heterodoxos. 

29. La literatura latina de la época de Augusto y aun la 
de la época de Cicerón puede decirse que más estuvo en manos 
de italianos que de ciudadanos romanos ; pero luego que las de- 
más provincias tuvieron abiertas las puertas de la Ciudad, cuando 
de enmollecida y por demás helenizada se caia á pedazos la lite- 
ratura romana y había muerto con la pérdida de la libertad la 
elocuencia, nervio verdaderamente romano de todo aquel arte 
literario, vinieron los ingenios españoles, no á corromper lo que 
harto corrompido, caído y carcomido estaba, por extranjerizo y 
poco nacional, sino á robustecerlo, si menos delicada y elegante 
que la helénica, con la sangre bravia y severa de nuestra raza. 
Toda la edad de plata pertenece á los españoles. La verdad de 
Porcio Latron y Séneca el viejo, la reciura ética de Séneca el 
joven, el chillón colorido de Lucano, el realismo de Marcial, no 
hubieran sido menor parte para levantar de su postración á la 



yo ÉPOCA ROMANA (s. I-IV) 

literatura latina que los empeños que por volverla á los tiempos de 
Cicerón y Virgilio puso el gran Quintiliano, si humano media 
hubiera podido darse para hacer revivir lo que se moría por mo- 
mentos por no tener arraigo en el pueblo romano, y menos cuando 
al pueblo romano, diezmado por las guerras civiles, habían sus- 
tituido gentes venidas de los más lejanos rincones del mundo, 
convirtiéndose Roma en una ciudad de todos los pueblos. 

30. No puede prescindirse de los autores hispanolatinos en la 
historia de la literatura castellana, ya porque el castellano es el mismo 
latín evolucionado, ya, sobre todo, por la unidad de espíritu que alien- 
ta á unos y otros autores, salvo la diferencia de religión y política. 
Lucano es tan cordobés como Góngora; Marcial, tan aragonés como 
los Argensolas y tan español como Baltasar del Alcázar; la gravedad 
y el sentido común de Quintiliano es la de nuestra raza, y la de nuestra 
raza es la ética y el acerado decir de Séneca. Bonilla, Hist. filos, esp., 
I, pág. 92: "No puede ponerse en duda que los escritores y pensadores 
de nuestra Patria, aun dentro de la época romana, tienen cierto aire 
de familia." Las inscripciones latinas de España pueden verse recogi- 
das por Hübner en el tomo II del Corpus inscriptionum latinantm; 
las poéticas son delicadísimas, muy sentidas y elegantes, en Bücheler. 

En ellas, lo mismo que en los autores hispanolatinos, no parece 
para nada el pueblo puramente español; todo es romano. ¿Quiere esto 
decir que España entera se había romanizado, no quedando ni huella 
del iberismo primitivo? Suponerlo es una verdadera necedad. Sólo 
escriben los romanos que habitaban en España y, por excepción, los 
nombres de algunos españoles romanizados se hallan en los epitafios ; 
de la población indígena no se acuerdan los romanos para nada, y, 
cierto, los romanos ni e! pie habían puesto en algunas regiones españo- 
las. En este engaño han caido, sin embargo, muchos, que han preten- 
dido hablar de los puros españoles tomando sus noticias de los escritos 
romanos, qué sólo á los romanos atañen. ¿Cuándo nos importará lo 
enteramente nuestro y prerromano? 

31. El primer escritor español conocido es Turraniu.s Gra- 
ciLis, natural de Mellaría, en Andalucía, que trató de historia 
natural, según Plinío, y suelen ponerle en la primera mitad del 
siglo VII de Roma, bastante antes de Cicerón. Ya en tiempo de 
este orador hallamos á Ramio, el primer bárbaro que logró 
el Consulado, y su sobrino del mismo nombre, el primer bárbaro 
que alcan^íó el triunfo, así como más tarde fué el español Tra- 
jano el primer bárbaro que llegó á Emperador romano. Consér- 
vanse entre las Cartas de Cicerón algunas de Balbo (A(í Attic, 



S. I. CAVO JULIO líIGIXO 7 1 

8, 15; 9, 8), y fué de los íntimos de Pompeyo, César y Cicerón. 
En la época de Augusto floreció Sextilius Ena, épico cordobés. 

33. Plinio, Histor. nat., III, pág. 3: "A vico Mellaría Hispaniac- 
ad promontorium Africae álbum, auctore Turriano Gracile iuxta ge- 
nito." Se le cita en primer lugar entre las fuentes consultadas para los 
libros III, IX y XVIII {Naturae fritgum). Véase IX, 5, 11: "Turra- 
nius prodidit expulsam beluam in Gaditano litore." Qué Mellarla sea 
ésta, si Béjar de Melena, ó, como quiere Ambrosio de Morales, Béjar de 
la miel, no se sabe. Menos probable es sea Fuente Ovejuna, llamada 
así por Abejuna, la Mellarla del convento de Córdoba, que también 
cita Plinio. Turr-anius parece latinización del éuscaro Iturria, ó fuen- 
te, apellido común, perdida la i- como en Turiasso ó Tarazona, por 
Iturriaso, Turduli. Turdetani, de la misma raíz. Lo cual indica que era 
de origen español romanizado. L. Cornelius Balbus fué gaditano; 
dióle la ciudadanía, por sus servicios militares, Pompeyo el Grande, 
según la ley Gellia Cornelia. Defendiósela Cicerón el año 698 de 
Roma, ó 56 antes de J. C. Fué de familia distinguida, no sólo por 
su nobleza, sino también por los servicios que había prestado á la Re- 
pública en tiempo de la guerra de Sertorio. Fué honrado y enriquecido 
por Pompeyo y César, de quien era capitán de la Artillería é inten- 
dente de su Ejército, cuando Cicerón le defendió ; después alcanzó 
el Consulado. Su sobrino triunfó de los Garamantas (Cicer., Pro Bal- 
bo). Plinio es el que afirma haber sido españoles los primeros foraste- 
ros que lograron estas honras. 

Séneca, Suas., 6, 27: "Sextilius Ena fuit homo ingeniosus magis 
quam eruditus, inaequalis poeta et plañe quibusdam locis talis quales 
esse Cicero (Pro Arch., 10, 26) Cordubenses poetas ait, pingue quid- 
dam sonantes atque peregrinum. Is hanc ipsam proscriptionem (de 
Cicerón) recitaturjs in domo Messalae Corvini... in principio hunc 
versum... recitavit: deflendus Cicero est, etc." 

Z3. Cayo Julio Higixo (hacia el 690-770 de Roma?), liber- 
to de Augusto y bibliotecario suyo en la Biblioteca Palatina (726, 
Roma, 28 a. J. C), juntó los estudios de Varron con los de 
Nigidio Fígulo, procurando imitarles. Escribió De sito urbinin 
italicarinn, otra obra De viris inliistribits y Genealogiae. Ade- 
más, sobre un poema de Ciña y sobre las obras de Virgilio y 
otras originales de agricultura y apicultura. A ejemplo de Ni- 
gidio, compuso libros acerca de la religión ó de astrología, más 
conformes á razón que los de su modelo. Las 277 fábulas de la 
Mitología, que corren como suyas, no son más que un extracto 
de la obra original ; igualmente se conservan abreviados cuatra 
libros De Astronomía, sacados de fuentes alejandrinas. 



72 ÉPOCA ROMANA (s. J-IV) 

34. Suetonio, Gramm., 20: "C. lulius Hyginus Augusti libertus, na- 
tione Hispanus — nonnulli Alexandrinum putant et a Caesare puerum 
Romam adductum Alexandria capta (en 707 de R., 47 a. J. C.) — studiose 
et audit et imitatus est Cornelium Alexandrum (de aquí el creerle ale- 
jandrino) grammaticum graecum, quem propter antiquitatis notitiam 
polyhistorem multi... vocabant, praefuit palatinae bybliothecae (fun- 
dada en 726 = 28), nec eo secius plurimos docuit; fuitque familia- 
rissimus Ovidio poetae (que le dirigió la carta III, 14, Tristium) et 
Clodio Licino... qui eum admodum pauperem decessisse tradit... 
huius libertus fuit lulius Modestus, in studiis atque doctrina vesti- 
gia patroni secutus." Había muerto en tiempo en que escribía 
Colnmela (I, i, 13...)- Lwis Vives hace á Higino natural de Valencia. 
Praef. Gcorg. Virgil., Basilea, 1555: "C. lulius Hyginus conterranus 
meus commentaria in eum scripsit qui fuit eius pene aequalis." 

Consúltese B. Bunte, De C. lulii Hygini... vita et scriptis, Pars. 
prior, Marburg, 1846, 63 p. : y delante de la edición de las fábulas, 
págs. 1-16, Lipsiae, 1857 y 1875. PP. Mohedanos, Historia literaria de 
España (1777), t. V. Edic. además Moritz Schniidt, lena, 1872. 



35. Siglo I. Los más famosos retóricos del siglo de Augus- 
to fueron Marco Porcio Latron, Arellio Fusco, Lucio Junio 
Gallion y Séneca, que es el que nos ha conservado cuanto de 
ellos sabemos. Menos Fusco, los otros tres fueron españoles. 

Latron, hombre férreo, robusto en el cuerpo y en el ánimo, 
grave y suave, ingenioso y sutil, vehemente, nunca pudo desha- 
cerse de su carácter español. Molestado de cuartanas y no pu- 
diendo sufrirse, se quitó la vida (751 = 3 a. J. C.) 

Gallion, amigo de Séneca ("Gallio noster") y de Ovidio, que 
le consoló al morir su mujer {Pont., IV, II), fué de la edad de 
éste, más bien que de la de Séneca (Controv., VII, praef. 5), y 
autor de una obra de retórica (Quintil., III. i, 21) y de declama- 
ciones (IX, 2, 91). Adoptó al hijo mayor de su amigo Séneca el 
retórico, que de Marco Aneo Novato vino asi á llamarse Lucio 
Junio Gallion (Dion., LX, 35). Este hijo de Séneca el retórico 
fué Cónsul en tiempo de Claudio y Gobernador de Acaya el año 
52, después de J. C, en cuyo tribunal presentaron á San Pablo. 
Dedicóle Séneca el filósofo, su hermano, con el nombre de 
Novato, su tratado De ira, y con el de Gallion, el De vita beata, 
y sobrevivió al mismo Séneca (^ 65), pcrt) presto se quitó la 
vida. Era Gallion, el ¡■¡adre adoptivo de Novato, moderado en el 
decir, con cierta suavidad, caída y afeminada. De otros retóricos 



) S. I. ANEO SÉNECA EL RETÓRICO 73 

ú oradores españoles hace mención Séneca, llamados Cornelius 
HisPANUs y VÍCTOR EsTATORio, de Córdoba. 

36. Séneca, Control'., I, praef., 13-18, 20-24: "Latronis Porcii,. 
carissimi mihi sodalis, memoriam... et a prima pueritia usque ad ul- 
timátum eius diem perductam familiarem amicitiam... nihil illo viro 
gravius, nihil suavius... nemo plus ingenio suo imperavit, nenio plus 
indulsit. In utraque parte venementi viro modus deerat." Id. 16: "Cor- 
pus illi erat et natura solidum et multa exercitatione duratum... vox 
robusta, sed sórdida, lucubrationibus et neglegentia... infúscala... nulla 
unquam illi cura vocis exercendae fuit: illum fortem et agrestem et 
hispanae consuetudinis morem non poterat dediscere." Id., IX, 
praef. 3: "Latronem Porcium, declamatoriae virtutis unicum exeni- 
plum, cum pro reo in Híspanla Rustico Porcio propinquo suo di- 
ceret, etc." Id. I, praef. 17 : "Memoria ei natura quidem felix, plu- 
rimum tamen arte adiuta.'" Id. 20: "Cum in illo, si qua alia virtus 
fuit et subtilitas fuerit." S. Jerónimo, Chron. : "Taedio duplicis quar- 
tanae semet ipsum interficit." Quint., X, 5, 18: "P. L., qui primus 
clari nominis professor fuit." Le querían tanto sus discípulos (Sen., 
Control'., IX, pág. 409, 18 etc.), que bebían el Cuminuin sih'cstrc por 
imitarle en la palidez del semblante (Plin., H. N. XX, 160). Entre 
ellos se cuentan Ovidio, Floro, Fulvio Sparso, etc. Véase G. Líndner, 
De M. Porcio Latrone commentatio, Breslau, 1855, 52, p. Bdic. Schot- 
to y mejor Kiessling. Trataron de él ó le comentaron los Padres Mo- 
nédanos, Hist. lit., t. V, Hernán Xúñez, Antonio Covarrubias y Anto- 
nio Agustín. 

Sobre Gallion, Quintil., IX, 2, 91 : "Remissus et pro suo ingenio pater 
Gallio." Dial., 26. "Tinnitus Gallionis." Sus declamaciones las conoció 
San Jerónimo (Cotnnt. in Esaiant, praef.) y Séneca el retórico nos ha 
conservado bastantes trozos. \'éase B. Schmidt, De L. luuio GalUonc 
rhetore, Marburg, 1866, 33 p. ; F. G. Lindner, De I. G. comm., Progr. de 
Hirschberg, 1868, 14 p. 

37. Aneo Séneca el retórico (54 a. J. C. — 38 ú. J. C. ?), 
padre de Novato, del filósofo Séneca y de Mela, padre de Lu- 
cano, fué de familia equestre, nació en Córdoba, tuvo por mu- 
jer á Helvia, á quien, y á sus hijos, educó en la más severa 
tradición romana. Rudo y riguroso, de claro entendimiento, 
huyó de las ligerezas griegas, admiró á Cicerón y mantuvo el 
habla varonil de Roma y de España, su patria. Abarcó su vida 
casi todo el siglo octavo de Roma, conoció los mejores oradores 
y retóricos, y á instancias de sus hijos, en su vejez, con el gran 
memorión que siempre tuvo y conservaba, compiló de ellos diez 
libros de Controversias y uno de Suasorias, con el título de 



74 ÉPOCA ROMANA (s. I-IV) 

Oratorum ct rhctorum sentcntiac, divisiones, colores, brava mina 
para el conocimiento de la oratoria en la época de Augusto y 
Tiberio, á pesar de habernos llegado la obra bastante mutilada. 
En los prefacios, lo único propio suj^o, escritos con pureza de 
lenguaje y nervio de estilo, se muestra riguroso censor de los 
vicios que la oratoria iba tomando, por haberse convertido en 
retórica de salón con la pérdida de la libertad, y de la exagerada 
delicadeza de dicción y falta de fuerza, con que la imitación 
greco-alejandrina había bastardeado el fiero y robusto decir de 
los romanos, avergonzándose de que le hagan recordar autores 
y discursos de entre paredes, que nada tienen que ver con la ver- 
dadera y recia elocuencia, que ya no sonaba en el foro. "¿Qué 
cosa hay que no sea inútil, dice, en este ejercicio escolástico, si 
la misma escolástica es inútil? Cuando hablo en el foro, tengo 
algún propósito; cuando declamo, me parece trabajar en sue- 
ños. Si conducís á e;os declamadores al Senado, al foro, apenas 
se encontrará uno que sepa sufrir el sol ni la lluvia. Es imposible 
que salga un orador de tan pueril ejercicio. Es como si quisié- 
ramos juzgar de las condiciones de un piloto haciéndole nave- 
gar en un estanque." (Excerpla.) 

También escribió una Historia de las guerras civiles, pero la 
franqueza de su autor debió de causar su pérdida, como las que 
escribieron Asinio Polion, Cremucio Cordo y Aufidio Baso, 
en tiempos en que ya no ¡x^dian escribirse verdades que amar- 
gasen al amo de la cosa pública. 

38. El preiiombre Lucius de algunos manuscritos viene de con- 
fundir sus obras con las de su hijo, como en la edición de Erasmo; 
se arbitró el llamarle Marco para distinguirle mejor. Sobre su familia, 
Sen., Ad Hclv., 14. 3. y Tac, An., XIV, 53. Marcial, I, 61, 7: "Duosque 
Sénecas... facunda loquitur Corduba." Su carácter en Sen., Ad Hclv. 
mair., 17, 3; "Patris niei antiquus rigor... utinain... patcr meus, minus 
maiorum consuctudini dcditus, voluissct te praeceptis sapientiae erudiri 
potius quam inibui... propter istas quae littcris non ad sapicntiam 
utuntur, sed ad luxurianí instruuntur, minus te indulgcre studiis passus 
est." Lo cual concuerda con lo que dice el padre, Controv., I, praef. 6: 
"Insolens Graecia", y 8: "Canlandi saltandique obscena studia." Bio- 
grafía, Sen., Controv., I, praef. 11: "Omnes iiiagni in cloquentia nonii- 
nis excepto Cicerone vidcor audisse; ne Ciceroncni quidem aetas mihi 
eripuerat, sed bcUorum civilium furor, qui tune orbem totum pervagaba- 
tur, intra coloniam meam me continuit: alioqui in illo atriolo in quo 
dúos grandes praetextatos ait secum dcclamasse, potni adesse illudque 



S. I. ANEO SÉNECA EL RETÓRICO 7^ 

ingenium... cognoscere et... potui vivam vocem audire." Debió nacer 
el 700 de Roma, 54 antes de J. C, lo más tarde, y murió hacia el 792, 
no sobreviviendo al destierro de su hijo del año 796. Dos veces fué 
á Roma: Controv., IV, praef., 3: "Audivi illum (Asinio Polion, 679- 
758 de Roma) et virideni et postea iam senem." Se casó ya de edad ' 
con Helvia, "bene in antiqua et severa institutam domo". Sen., Ad 
Helv., 16, 3; ibid., 2, 4: "Carissimum virum, ex quo mater trium 
liberorum eras, extulisti." Sententiae eran las opiniones de los ora- 
dores sobre la aplicación de la ley en cada caso ; divisiones, las 
particiones del asunto en varias cuestiones; colores, las maneras de 
atenuar la culpabilidad del reo. Su intento, Controv., I, praef.: "lu- 
betis enim quid de his declamatoribus sentiam qui in aetatem meam 
inciderunt, indicare, et si qua memoriae meae nondum elapsa sunt,. 
ah illis dicta colligcre." Su criterio, Id., IV, praef. : "Velut ex umbroso 
ct obscuro prodeuntes loco, clarae lucis fulgor obcoecat: sic istos (re- 
tóricos) a scholis in forum transeúntes, omnia tanquam nova et in- 
usitata perturbant, nec ante in oratorem corroborantur, quam multis 
perdomiti contumelias, puerilem animum scholasticis deliciis lan- 
guidum vero labore durarunt." Id., X, praef.: "Sinite me ab istis 
iuvenilibus studiis ad senectutem meam revertí. Fatebor vobis, iam 
res taedio est... iam me pudet, tanquam diu non seriam rem agam." 
Id., I, praef.: "Nunquam par fit imitator auctori. Haec natura est rei ; 
semper citra veritatem est similitudo. Deinde, ut possitis aestimare 
quantum quotidie ingenia decrescant, et nescio qua iniquitate naturae. 
eloquentia se retro tulerit: quidquid romana facundia habet quod inso- 
lenti Graeciae aut apponat aut praef erat, circa Ciceronem effloruit... In 
deterius deinde quotidie data res est, sive luxu temporum: nihil est 
enim tam mortiferum ingeniis quam luxuria, sive cum praemium pul- 
cherrimae rei cecidisset, translatum est omne certair.en ad turpia.. 
multo honore quaestuque vigentia, sive fato quodam, cuius maligna 
perpetuaque in ómnibus rebus lex est, ut ad summum perducta, rursus 
ad infimum velocius quidem quam ascenderant, relabantur. Torpent 
ecce ingenia desidiosae iuventutis nec in ullius honestae rei labore 
vigilatur... Quis aequalium vestrorum, quid dicam. satis ingeniosas, 
satis studiosus, iimno quis satis vir est?... Ite nunc, et in istis, nisi in 
libídine, viris, quaerite oratoren." Comentaron entre los nuestros á 
Séneca Juan Pérez (Petreius), en los Scliolia, al fin de sus Progytnnas- 
mata; H. Núñez, Castigationes. Venecia, 1536; París, 1603; en la edi- 
ción de Erasmo, I537-I5S7; Antonio Covarrubias y Antonio Agustin, 
de cuyos Exccrpta se valió Scotto en su edición de 1604; Francisco de 
Ouevedo tradujo y continuó dos de las Suasorias; Luis Vives imitó 
las Controversias. Véanse, además, Nic. Antonio y Rodríguez de Cas- 
tro, en sus Bibliotecas, y los PP. Mohedanos. La mejor edición A. Kies- 
sling, Teubner, 1872; id., Nene Beitr'áge cur Kritik des Rhelor Séne- 
ca, Hamburgo, 1871; Max. Sander, Der Sprachgehrauch des Rhetors 
Ann. Séneca, Waren, 1877; Buschmann, Characteristik der Gricchischer, 
Rhetorcn heim Rhetor Séneca, Parchim, 1878; L. Friedlander. De 



7^ ÉPOCA ROMAXA (s. I-IV) 

Senecae conirovcrsiis iii Gcstis Romanormn adliibitis, Regimonti, 1871; 
Koerber, Uehcr den Rhetor Séneca und die rómische Rhetorik seincr 
Zeit, Cassel, 1S64; O. Gruppe. Ouaestiones Annaeanae, Stettin, 1873; 
O. Rebling, Observat. crit. in Sen. patrem, Gotting., 1868. 

39. Lucio Juxio AIoderato Columela, gaditano, contem- 
poráneo de Séneca, escribió en el imperio de Claudio 12 libros 
De re rustica, dirigidos á P. Silvino. El libro décimo acerca de 
la horticultura lo compuso en verso para completar lo que no 
tocó Virgilio en sus Geórgicas (1. IV, 148). Muéstrase el autor 
muy aficionado á los menesteres del campo; el estilo, llano, y el 
lenguaje, castizo, casi sin el mal gvisto, grecismos y voces poéti- 
cas de sus contemporáneos. 

PoMPONio Mela, de la bahía de Algeciras, escribió en tiempo 
de Claudio De chorographia en tres libros, la primera y mejor 
descripción del mundo antiguo que se escribió en latín y se ha 
•conservado. Las fuentes consultadas, excelentes, y de él tomaron 
los demás el plan bien ordenado y substancioso, acaso demasiado 
conciso, con noticias de las costumbres de las varias naciones. 
El estilo, algo retórico y apretado en demasía, con la construc- 
ción y frases quebradas de la época de Séneca. 

MoDERATO DE Gades, filósofo pitagórico del siglo I, declaró 
€n 1 1 libros la doctrina pitagórica. 

40. Colum., X, 185: "Mea quam generant Tartessi littore Gades." 
Pertenecía á la tribu Galería y á la legión VI ferrata. que estaba en 
Siria, donde vivió muchos años. Su patntus fué "M. Columella, doc- 
tissimus et diligentissinnis agricola" (II, 16, 4), vir illustribus disci- 
plinis eruditus ac diligentissimus agricola Baeticae provinciae" (V, 5, 
15), "acris vir ingenii atque illustris agricola in municipium Gadita- 
num" (VII, 2, 4). Ediciones en los Scriptores rei rtisticae, Gesner y 
Schneider. Véase Meyer, Gcsch. dcr Botanik, II, págs. 58-67. Tradú- 
jole Alvarez de Sotoniayor. 

Mela, II, 96: "Carteia... atque unde nos sumus Tingentera", otros 
el "Transducta", de Tolomeo, sin duda Algeciras. Cítanse en su obra 
más de 1.500 nombres geográficos. Edic. C. H. Tzschucke, Lips., 1806, 
con comentario crítico y exegético; G. Parthey, Ad Uhrorum mss. 
fidem edidit notisque criticis iiislnixit, Berlín, 1867. Comentáronle ó 
Iradujéronle Tribaldo, González de Salas, el Brócense y Chacón. Acer- 
ca de Moderato de Gades, véase Bonilla, Hist. filos, esp., t. I, pág. 17J. 

41. Li;cio Aneo Séneca (4 a. J. C. — 65 j;l. J. C), hijo de 
Séneca el retórico, nació en Córdoba, estudió en Roma con los 




Lvcio Annku Séneca (.Berlín, Altes Muscuiii). 



S. I. LUCIO ANEO SÉNECA 77 

filósofos Átalo, Sotion y Papirio Fabiano ; fué hecho senador en* 
tiempo de Caligula, desterrado á Córcega (41) á poco de tomar 
Claudio las riendas del imperio; á instancias de Mesalina, volvió,^ 
ocho años después, á Roma (49), llamado por Agripina, que le- 
confió, con Burro, la educación de su hijo Nerón, y le hizo nom- 
brar pretor; más tarde, hecho cónsul por Nerón (57), gobernó 
algún tiempo el Imperio ; pero acusado (65), aunque falsamente, 
de haber participado en la conjuración de Pisón, fué forzado- 
por Nerón á quitarse la vida, lo que hizo abriéndose las venas 
en el baño. Fué Séneca el hoaiibre de más valer de su época, el 
más poderoso por algún tiempo, el mayor filósofo y uno de Ios- 
más sobresalientes escritores de Roma. Los de la conjuración, 
contra Nerón pretendían, sin saberlo Séneca, hacerle Emperador, 
lo cual, junto con el ningún abuso que hizo de su poder y la 
serenidad y fortaleza con que murió, prueban la virtud natural 
de aquel grande hombre. 

42. Fué envuelto Séneca en la acusación contra Julia I.ivüla, la 
menor de ¡as hijas de Gennanico y de las hermanas de Calígula, eF 
año 41, y como ella, fué desterrado (Tac, Anal., XIII, 42; Dion., LXI^ 
10). Tac, Anal., XII, 8: "Agrippina... veniam exilii pro Annaeo Séne- 
ca, simul praeturam impetrat... ut Dbmitii pueritia tali magistro ado- 
lesceret et consiliis eiusdem ad spem dominationis uterentur, quia Sé- 
neca fidus in Agrippinaní memoria beneficü et infensus Claudio dolore 
iniuriae credebatur." Sobre la conducta de Séneca, De Otio, 3, 3: "Sr 
resp. corruptior est quam ut adiuvari possit, si occupata est malis, noa 
nitetur sapiens in supervacuum nec se nihil profuturus impendet"; y 
es lo que hizo, retirándose á su quinta, cuando, tras los buenos años 
de Nerón, debidos á sus consejos, se despeñó aquel monstruo en los 
desórdenes, lujurias, crueldades, que sabemos por Tácito y Suetonio. 
Tac, Anal., XIII, 2: "Ibatur in caedes, nisi Afranius Burrus et 
Annaeus Séneca obviam issent. Hi rectores imperatoriae iuventae et... 
concordes diversa arte ex aequo pollebant... Séneca praeceptis elo- 
quentiae et comitate honesta, iuvantes invicem, quo facilius lubricant 
principis aetatem, si virtutem asperneretur, voluptatibus concessis re- 
tinerent"; pero contra esta aserción, véase Dion., LXI, 4. Que se apro- 
vechó con usuras, según la costumbre ya añeja de la República, lo dice- 
Tácito, Anales, XIII, 42; y Dion., LXII, 2; LXI, 10; aunque éste le 
achaca cuantas hablillas recogía del vulgo, como hizo con Cicerón. Pero 
supo bien emplear sus riquezas, siendo generoso hasta con los escla- 
vos, á quienes tiene por hombres, único ejemplo entre gentiles, 
y viviendo él con moderación, y á tiempos hasta con aspereza, por 
amor á la filosofía. 

Pudo, al morir, echar una ojeada tranquila sobre el curso de sir 



78 " ÉPOCA ROMANA (s. I'iv) 

-vida, mayormente si la comparaba con los más de su tiempo: "imagi- 
nem vitae suae relinquere" (Tac, Anal., XV, 62), "contemplatione vi- 
tae por virtutem actae" (id., 63). Volquardsen, Ehrenrettung des Sé- 
neca, Hadelrsleben, 1839; E. F. Gelpke, De Scnccae vita et morihus, 
Bern, 1848; A. Martens, De Senecae vita et de tempore quo scripta 
eius philosophica... cotnposita sunt, Altona, 1871. 

43. Las obras de Séneca conservadas son varios libros de 
asuntos morales, cartas á Lucilio, cuestiones naturales y ocho tra- 
gedias. No es filósofo especulativo ni menos metafísico; como 
todos los romanos, rehuye las abstracciones y hondas concepcio- 
nes y toma de la filosofía la parte práctica, la moral, y aun ésta 
sin sistema fijo y bien redondeado. En las mismas cuestiones 
naturales se ve al moralista. En el fondo es estoico; pero, qui- 
tadas las sutilezas especulativas y suavizada la aspereza y severo 
rigor de la escuela, todo él, rebosando hambre de virtud y jus- 
ticia, se derrama en alabanzas del bien moral y comunica á sus 
lectores esas mismas ansias de la justicia y de la virtud. Ni él 
mismo sabe acaso á qué atenerse acerca de la naturaleza de 
Dios, del alma, del universo, del origen y fin de las cosas, de la 
inmortalidad, de la providencia ; pero es el más caluroso predi- 
cador de la bondad y el más elocuente encoiniador de la virtud y 
del bien. Le falta plan, orden, unidad, repítese en mil partes ; pero 
siempre hay honda sinceridad, grandeza de miras, nobleza de 
pensamientos, nervio y calor. Séneca es, en suma, un varón 
fuerte, todo voluntad y nervio, que esfuerza y alienta á sus 
lectores para emprender cosas grandes, confiando en la virtud. 
Es un gran reactivo contra la afeminación de su tiempo, y en ello 
se muestra fino español, no menos que en la gravedad y en el 
sentido común de atenerse á la práctica de la vida, sin evaporarse 
en metafísicas soñadoras. Educar y robu.stecer '!a voluntad, 
llevando por norma la razón como único imperativo categórico; 
tal es la filosofía de Séneca. De ahi la vaguedad hasta en definir 
lo que es la naturaleza, cuando siempre repite que hay que obrar 
confonne á ella. La naturaleza para él es la razón, (pie dicta 
certeramente el bien y se da leyes á sí misma, como después ha 
dicho Kant. 

El estilo es el que corresponde á este espíritu apostólico, 
en una época en que la serenidad grandiosa, hija de la libertad, 
^quc brotaba de labios de Cicerón en suelta y musical ondulación, 



S. I. LUCIO ANEO SÉNECA 79 

hubo de pkgar sus alas, reconcentrada por los fríos vientos de 
tiranía y espionaje que soplaban por doquier y convertirse en 
cejijunta reflexión y escudriñamiento solapado de los repliegues 
del alma. Este color del estilo en los escritores del Imperio, cuya 
más perfecta manifestación se halla para la prosa en Tácito y 
Séneca, para la poesia en Juvenal y Persio, es la causa del estilo 
corlado, sentencioso, á llamaradas, que entre la obscuridad brilla 
por momentos como centellas súbitas que sé encienden y se apa- 
gan. A ello contribuía no menos el tono de predicador de la 
moral y de perseguidor del vicio en que consisten los escritos 
de Séneca, y en ello se muestra tan español como en lo demás, 
pues tal es el corte del castellano en sus refranes, ceñido y hon- 
•do, sutil y brillante. Con su valentía y personalidad propia y con 
la fogosidad y reciura, que le venía de casta, como verdadero 
«spañol, creó un estilo maravilloso para su intento y para su 
tiempo, contrarrestando el afeminamiento con que el arte griego 
había reblandecido los aceros del primitivo decir romano. Pe- 
ligroso era imitar lo inimitable, por lo cual Ouintiliano refre- 
naba sus alabanzas al ver que la mocedad toda se iba tras él, 
abandonando la pureza sin tacha de Cicerón. Pero eran otros 
los tiempos, y el esfuerzo de los escritores españoles no podía 
contrarrestar la rauda del mal gusto de otra manera que devol- 
viendo al habla literaria la vehemencia, que le dieron Séneca 
á la prosa, Lucano al verso y la sinceridad que refrescase 
y remozase el artificioso y huero estilo, propio de toda lite- 
ratura que se despeña por el bastardeamiento de lo natural. Esta 
sinceridad es manifiesta en Marcial, tan fuerte como en Catulo, 
es visible en Quintiliano, que remoza el habla de Cicerón y se 
echa de ver hasta en el brío de Séneca y Lucano. "Puso tan me- 
nudas y juntas las reglas de la virtud, en estilo elocuente, como 
si bordara una ropa de argentería, bien obrada de ciencia, en el 
muy lindo paño de la elocuencia." (Alonso de Cartagena.) 

El á;co/t>).ozúv-u)3'.; Ó satírica apoteosis de Claudio es una 
satura en la mezcla de prosa y verso y en el tono mordaz. 
Las tragedias de Séneca no se hicieron para representarse, ni 
siquiera como obras puramente dramáticas. Tenía suficiente 
talento su autor para ver que ni había en ellas enredo, ni des- 
arrollo psicológico, ni nudo, ni caracteres fijos de los personajes. 
Eran temas para desenvolver cuadros líricos, y así consideradas 



8o ÉPOCA ROMAXA (s. I-IV) 

no puede negarse que en sus versos, si ha}^ menos aticismo,, 
mesura y sobriedad que en los de Horacio, hay, en cambio, más 
calor, anas vida, más honda filosofía y tanta ó mayor fuerza de 
imaginación, con parecida maestría en el metrificar. Su imi- 
tación dañó á los que desde el Renacimiento escribieron tra- 
gedias, por no comprender todo esto y por no acudir á los 
trágicos griegos, de los cuales Séneca quiso pasar al latín la 
ex;)resión lírica y nada más, sobre todo, de Eurípides. 

4-i- Tac, Anal., XII, 3: "Fuit illi viro (Séneca) ingenium amoe- 
num et temporis eius auribus accommodatum." Ouint., X, I, 125: "Ex 
industria Senecam in omni genere eloquentiae distuli, propter vulga- 
tam falso opinionem qua damnare eum et invisum quoque habere sum 
creditus. Quod accidit mihi dum corruptum et ómnibus vitiis fractuní 
dicendi genus revocare ad severiora iudicia contendo." Id., 126: "Tum 
autem solus hic fere in manibus adolescentium fuit. Quem... potio- 
ribus (sobre todo á Cicerón) praeferri non sinebam, quos ille non des- 
titerat incessere..." Id., 127: "Placebat propter sola vitia..." Id., 128: 
"Cuius et niultae alioqui et magnae virtutes fuerunt, ingenium facile 
et copiosum, plurimum studii, multa rerum cognitio..." Id., 129: "In- 
philosopliia parum diligens, egregius tamen vitiorum insectator fuit^ 
Multae in eo claraeque sententiae, multa etiam morum gralia egenda;. 
sed in eloquendo corrupta pleraque atque eo perniciosissima quod abun- 
da! dulcibus vitiis", respecto de su modelo, Cicerón; pero hay muchas 
maneras de elocuencia, si bien la de Cicerón es más grandiosa y de 
mejor gusto. Id., 131: "multa probanda in eo, multa etiam admiranda 
sunt: eligere modo curae sit". Frontón, que decía no haber en Tulio 
ninguna voz exquisita ni rebuscada, y por ello le tachaba de perezo- 
so (!), como si la elocuencia consistiese en palabrillas raras y desusa- 
das, dice de Séneca, pág. 155: "Eloquentiam... Senecae moUibus et 
febriculosis prunuleis insitam subvertendam censeo radicitus"; sino 
que tal elocuencia no es la de Séneca, sino la suya. M. Pelayo, CietK. 
esp., I, 252, 3.' ed. : "Grande debió de ser el elemento español en Séne- 
ca, cuando á éste siguieron é imitaron con preferencia nuestros mora- 
listas de todos tiempos y cuando aun hoy es en España su nombre el 
más popular de los nombres de filósofos y una especie de sinónimo de 
la sabiduría, lo cual indica que sus doctrinas y hasta su estilo tienen 
alguna esencial y oculta conformidad con el sentido práctico de nues- 
tra raza y con la tendencia aforística y sentenciosa de nuestra lengua,, 
manifiesta en sus proverbios y morales advertencias, de expresión con- 
cisa y recogida, como los apotegmas de Séneca, que pugnan con el ge- 
nio de la lengua latina y la cortan seca y abruptamente." Edic. de las 
obras completas: Fr. Haase, Lips. Teubner, 1852, 3 vols. y Adnotatio- 
ncs crilicac ad Sen., Breslau, 1852, J859. Consúltense: Boissier, El 
cristianismo y la moral de Séneca; Martha, Los moralistas bajo el im~ 



S. I. MARCO ANEO I.UCANO 



8i 



perio. Entre los nuestros, H. Núfiez editó y anotó á Séneca en 1536; 
Pablo Mártir Rizo publicó Historia de la vida de Lucio Anneo Séneca, 
Madrid, 1625; Fernando Alvaro Díaz, Séneca y Nerón, Madrid, 164 1 ; 
Alonso Núñez de Castro, Séneca impugnado de Séneca en cuestiones 
políticas y morales, 1651; Diego Ramírez de Albelda, Por Séneca sin 
contradesirse, en dificultades políticas, resoluciones morales, Zarago- 
za, 1653; Juan Baños de Velasco, L. Annco Séneca ilustrado en bla- 
sones políticos y morales y su impugnador impugnado de sí mismo,. 
1670; id., Comentarios estoicos á Séneca, 1671. Traducción de los li- 
bros: Alonso de Cartajena, Navarrete, 1627; Martín Godoy de Loaisa 
(Ms. 17, 731. Bibl. Nao.); De beneficiis, además, Gaspar Ruiz Mont'a- 
no eleg-antísiniamente; las Cartas por mandado de Fernán Pérez de 
Guzmán; González de Salas, las Troyanas; Quevedo 90 epístolas, de 
las que tenemos 11. Otras traducciones manuscritas en Bonilla, Hist. 
filos, esp., t. I, pág. 394, y t. 11, apénd. III, pág. 473. 

No he tocado la cuestión de las Cartas cruzadas, según creía hasta 
el mismo San Agustín ó no lo contradecía por no escandalizar á la gen- 
te menuda, entre Séneca y San Pablo, porque basta leerlas sin más para 
ver que son falsas, )' que Séneca no conoció la doctrina evangélica, 
como ni más tarde Tácito. El corro de eruditos y magnates de Roma 
no sabía ni quería saber nada del pueblo, en el cual iba germinando 
la doctrina evangélica. 

45. Marco Aneo Lugano (39-65 el. J. C), sobrino de 
Séneca el filósofo e hijo de Aneo Mela, el hermano del mismo 
Séneca, nació en Córdoba y de ocho meses fué llevado á Rcua, 
donde, educado por Cornuto y otros grandes maestros, dio 
presto clara muestra de su ingenio y elocuencia, tanto en prosa 
como en verso. Partióse á Atenas, y llamado á Roma por Ne- 
rón, le admitió en el corro de sus amigos; pero sus triunfos poé- 
ticos despertaron la envidia en el emperador. Prohibióle la lec- 
tura de sus versos, con lo que, irritado el poeta, tomó parte en 
la conjuración de Pisón, la cual descubierta, fué condenado á 
muerte, dándole á elegir el modo y él dio el brazo á su médico 
para que le abriese las venas. Suetonio dice que se rebajó de- 
masiado demandando perdón al Emperador; de todos modos, 
acabó con fortaleza varonil. 

De sus obras sólo nos queda la Farsalia, en diez libros, epo- 
peya sin acabar de la guerra civil entre Pompeyo y César, en 
la cual se pone del bando de Pompeyo y de la República. AI 
principio adula á Nerón ; pero después habla con libertad y gran- 
deza de ánimo. El estilo es grandilocuente hasta dejarlo de so- 
bra, rebuscado, cuajado de descripciones, discursos y sentencias. 

6 



82 ÉPOCA ROMANA (s. l-iv) 

Muestra, con todo, cualidades envidiables en la fuerza trágica, 
en la riqueza de fantasía, en la oratoria y en la facilidad del vci- 
sificar sonoro y magnífico. La falta de naturalidad, lo campa- 
nudo y algo de la obscuridad consiguiente, débense en parte al 
gusto de su tiempo, en parte á la falta de madurez del jov'en 
autor. 

4 6. De las dos biografías que tenemos de Lucano, la una, que 
parece ser de Suetonio, le es desfavorable y concuerda con la Crónica 
de San Jerónimo; la otra, más completa, le admira y defiende, y puede 
ser del gramático Vacca, que vivió en el siglo vi. F. Weber, Vitac M. 
An. Lucani collectae, part. I. Marburg, 1856; Reiííerscheid, I, I, pági- 
nas 392-394; C. F. Weber, Lucani vita per annos digesta, I, I. Part. II, 
Marb., 1S57; vitae postcr. (extracto de manuscritos), ib., 1858 
(Part. III). Suet., Vita: "detecta coniuratione nequáquam parem ani- 
mi constantiam praestitit... impétralo autem mortis arbitrio libero... 
brachia ad secandas venas praebuit medico." Vacca: "Sua sponte 
coactus vita excederé venas sibi praecidit." Vacca: "Quo interdic- 
tum est ei poética"; Tácit., Anal., XV, 49: "Famam carminum onts 
premebat Ñero prohibueratque ostendere, vanus adsimulatione." 
Quint., X, I, 90: "Lucanus ardens et concitatus et sententiis cla- 
rissimus et, ut dicam quod sentio, magis oratoribus quam poetis imi- 
tandus." La acusación de Servio {Ad Aencid., I, 382), "Lucanus 
ideo in numero poetarum essc non meruit, quia videtur historiam 
composuisse, non poema", parece venir de Suetonio; repítenla Petro- 
nio y San Isidoro, y nació del creer que no puede haber poema si no se 
sigue el plan de los homéricos. La causa de Pompeyo es para él la del 
derecho y de la libertad; la de César la llama scelus, y así es héroe 
negativo del poema; sólo Catón sobrepuja á Pompeyo. M. Pelayo, 
Ideas estéticas, I, pág. 409: "¿Quién no ve claro en el ingenio hirviente 
y tumultuoso, á la vez que pesimista y sombrío, de Lucano ; en aquella 
epopeya tan rica de color y al mismo tiempo tan abstracta y tan triste; 
en aquel poema sin dioses ni ciudad romana, pero henchido de mora- 
lidades y presentimientos y alumbrado de vez en cuando por la miste- 
riosa luz de las supersticiones druídicas y orientales; en aquella ento- 
nación solemne y enfática, una especie de eco del imperativo categó- 
rico de Séneca, que Lucano aplica á la poesía, para levantarla con 
empuje extraordinario y darle la única vitalidad que entonces podía 
tener, si bien luchando con los resabios de escuela, que obligan á ser 
f.nl.so al poeta hasta en la expresión de lo verdadero?" Algo de vago 
y lucanesco hallo en esta parrafada del insigne M. Pelayo, aunque su 
pincel diera en ella toques tan colori.stas como en su poema el sobrino 
de .Séneca. Edic. Usener, Lucani ptignac Pharsaliae narratio ex H. Gr. 
rec. ed- cum comni. crítico, Grcifswald, 1863; C. F. Weber cum nolis 
variorum, Lips., 1821-1831, tres vols. ; en el último, los escolios. Cónsul- 



S. I. CAVO SILIO ITÁLICO 83 

tense: Gentlie, De Lucani fita ct scriptis, Berlín, 1859. Traduc. Laso 
•de Oropesa, Juan de Jáuregui, Agiiilar, Jerónimo de Forres. 

47. Cayo \'alerio Flaco Balbo Setino, probablemente 
nacido en Setia, de España, floreció en tiempo de Vespasiano y 
murió hacia el 86 ú 87 de Cristo. Sus ocho libros del poema 
Los Argonautas es traducción libre y mejorada del de Apolo- 
nio de Rodas, habiendo cercenado lo erudito y ensanchado las 
•escenas patéticas, ceñido y pintado mejor los personajes y ahon- 
dado más adentro en las almas. Es algo retórico, é imitando á 
Virgilio le añade demasiadas figuras y expresiones atrevidas y 
rebuscadas. No parece quedó acabado el poema de este único 
poeta, cuyas obras conocemos, del imperio de Vespasiano. 

48. Quint., X, I, 90: "Multum nuper in Valerio Flacco amisi- 
mus." Fué quindcceinzñr sacr. fac. (I, 5). Cotejo del poema Argonau- 
íica con el de Apolonio en A. Weichert, Ucbcr Lehen und Gcdicht des 
Apol., Meirsen, 1821, y G. Thilo, Proleg. Consúltense Schenkl, Studien, 
págs. 103-110; G. Meyncke, Quaestiones Valer., Bonn, 1865; Reuss, 
Obscrvationcs Valerianae, Marburg, 1871. Edic. Cur. P. Burmann, 
Utrecht, 1702; Ciim comni. perp., ed. J. A. Wagner, Gotting., 1805; Re- 
censuit Georg. Thilo, Halle, 1863 ; A. Báhrens, Leipzig, Teubner. Hay 
una traducción del siglo xvi y otra de León Bendicho. 

49. Cayo Silio Itálico (25-101) nació probablemente en 
Itálica, fué Cónsul (68) y Procónsul en Asia, venerado y querido 
de todos, mayormente de Plinio el joven y de ^Marcial. Devotí- 
simo de Cicerón 3' de Virgilio, poseyó algunas de sus quintas, y 
retirado á la de Ñapóles, escribió en diez y siete libros ja epopeya 
sobre la segunda guerra púnica, tomando la materia de Tito 
Livio é imitando bastante servilmente á Homero y Virgilio. 

Explicando los hechos históricos por la intervención de los 
dioses, convirtió la historia en mitología. La exposición, rica 
en episodios, declamatoria y prolija; la versificación, de puro 
esmerada, cansa por lo monótona. De refinado gusto, pero de 
corta vena poética, versificaba con más cuidado que ingenio. 

50. Los que niegan fuese de Itálica se fundan en que Marcial 
nunca le llama compatriota, y aun en que los de Itálica hablan de lla- 
marse italicenses. ¿Por qué se llamó, pues, Itálicus? ¿Por ser de 
Italia? Cuanto al argumento negativo de no llamarle tal ó cual un 
autor tampoco es de grave peso. Plinio, Epist., III, 7: ''Causa niortis 



84 ÉPOCA ROMANA (s. l-iv) 

(de Silio) valetudo. Erat illi natus insanabilis clavus (apostema), 
cuius taedio ad niortem irrevocabili constantia deciicurrit, usque ad 
extremiim diem beatus et felix... Laeserat famam suam sub Nercne: 
credebatur sponte accusasse. Sed in Vitelli amicitia (Tac, Hist., III,. 
65) sapienter se et comiter gesserat, ex proconsulatu Asiae gloriam 
reportaverat, maculam veteris industriae laudabili otio abluerat... Fuit 
Ínter principes civitatis sine potentia, sine invidia : salntabatur, cole- 
batur, multumque in lectulo iacens cubiculo semper non ex fortuna 
frequenti doctissimis sermonibus dies transigebat, cum a scribendo 
vacaret... Scribebat carmina maiore cura quam ingenio, nonnumquam 
indicia hominum recitationibus experiebatur... Novissinie ita suaden- 
tibus annis ab urbe secessit seque in Campania tenuit ac ne adventu 
quidem novi principis (Trajano €l 99) inde commotus est... Erat 
(oikóxaKo^ usque ad emacitatis reprehensionem. Plures isdem in locis 
villas possidebat" (una de Cicerón, acaso el Cnmanum; Marcial, XI, 
48: "Silius haec magni celebrat monimenta Maronis, iugera facundi 
qui Ciceronis habet. Heredem dominumque sui tumulive larisve non 
alium mallet nec Maro nec Cicero.") adamastique novis priores 
neglegebat. Multium ubique librorum, multuní statuarum, multum 
imaginum, quas non habebat modo, verum etianí venerabatur, 
\'ergilii ante omnes, cuius natalem dieni religiosius quam suum 
celebrabat, Neapoli máxime, ubi monimentum eius adire ut templum 
solebat." Tiene el poema de Silio, como Homero, su "Ovsipoí (III, 163), 
su lícíTc/Xofo; (III, 222), su partida de Héctor (Hannibal, III, 62), su 
descripción del escudo (II, 395), sus a6XK (X, 227), su y-'-Jfn xctpaTtoTCínio; 
(IV, 667), su Proteo (VII, 415), su vexuia (XIII, 395). Escipión 
se halla dudoso entre la Virtus y la Voluptas, como Hércules 
(XV, 20); Juno favorece á Hannibal; Venus y Vulcano trabajan por 
su parte. Edic, Comm. perp. illustr., J. C. Th. Ernesti, Lips., 1791, 
2 vols. ; Perpet. annot. ill., G. A. Ruperti, Gótting., 1795, 2 vols. Con- 
súltense C. Thilo, Quacstiones Silianae, Halle, 1858. Traduc. Miguel 
Cortés, Diccionario geográfico-histórico de la Espaíia antigua. 

SI- Marco Valerio Marcial (42-102 d. J. C), nació en 
Bilbilis, junto á la actual Calatayud; de familia equestre; el pa- 
dre Valerias Pronto, la madre Flaccilla. Fué á estudiar leyes á 
Roma, pero se entregó á la poesía, viviendo alli treinta y cuatro 
años con harto mediano pasar, no obstante lo Ixijamcnte que aduló 
al Emperador Domiciano, de quien recibió una mediana quinta 
en Nomentum y una casilla en Roma (II, 38, I, 55), el cargo 
de trilnmo (III, 95, 9) y el iiis triiiiii Ubcrorum (II, 92). Vuelto 
á su tierra, casóse con la rica Marcella, que admiraba sus versos, 
mmiendo poco después. Como poeta fué uno de los mayores 
de Roma, y en el género epigramático, ya en el estilo griego y 



S. I. MARCO VALERIO MARCIAL 85 

primitivo de delicada y hierática inscripción (el libro XIII, 
Xenia, y el XIV, Apophorcta), ya en el satírico (casi todos los 
demás), el primero de todos. Fué en su manera de vivir lo 
que hoy llamaríamos un bohemio sin casa ni hogar de ordina- 
rio, mal trajeado, sin un cuarto; pero con su ingenio sutil, abier- 
to á toda novedad, curioso y comunicativo, con su gusto ático 
refinadísimo y, más que nada, con la franqueza y sinceridad 
de los de su tierra aragonesa, con su delicada socarronería, 
baturra y ateniense á la vez, nos dejó la pintura de las cos- 
tumbres del imperio de Domiciano día por día, como en un 
semanario satírico. Picante y mordaz, tanto como Lucilio y 
Catulo, elegante á fuer de otro Horacio, lascivo y bullicioso 
¿ par de Ovidio, sobrepuja á todos los poetas romanos en la 
fuerza de la sinceridad y á ninguno da ventajas en la delicadeza 
del gusto y estilo ático. Las costumbres que pinta son á las veces 
soeces, pero no se refocila en lo obsceno como Ovidio. Nunca 
es prolijo, como Lucilio, sino siempre mesurado, ceñido y justo; 
está muy lejos del muelle abandono y casi afeminada risilla de 
Horacio ; antes, con más sutil humorismo que él, muéstrase siem- 
pre varón de más recia urdimbre y de más decidido empuje. Hu- 
biera hecho mal en seguir los consejos de los que le animaban 
á poetizar en géneros de más estruendo; no era hombre para 
trompetear campanudamente á lo Estacio ó para zurcir sobre 
ajena tela descoloridos mosaicos á lo Silio Itálico. No está en 
los asuntos ni en los géneros poéticos la substancia de la poesía ; 
ni Marcial, todo verdad, todo nervio y á la vez todo galanura 
y mesura, podía sufrir el fragoroso rimbombeo de poemas 
hueros ó hinchados ni aun siquiera la sátira retórica y discur- 
seadcra á lo Juvenal. Se ejercitó en el género que cuadraba á 
su ingenio y que respondía mejor á la sociedad aquélla, y vale 
más un perfecto epigrama que un mediano poema. Y tanto 
más de miaravillar aquel poeta provinciano, cuanto remozaba 
la verdadera y más fina poesía en una época de ampulosidad y 
de bastardeado gusto. 

52. Todos los hombres de su tiempo se hallan nombrados en sus 
obras, salvo Tácito y Estacio, con quienes no debia de congeniar. Favo- 
reciéronle los más allegados de Domiciano, de quienes mendigaba 
cenas y vestidos, con la misma bajeza con que al Emperador cortejaba, 
encomiando á aquel monstruo más que ningi'm otro escritor de su tiem- 



86 ÉPOCA ROMANA (s. I-Iv) 

po, y eso que los más lo hicieron grotescamente. Véase, sobre todo, el' 
libro VIII. Como los otros, se desdijo al subir Nerva al trono (X, 72; 
XII, 6, II y 15, 9). Marcial no era mejor ni peor que los demás roma- 
nos; pero supo pintar los vicios como ninguno de su tiempo, y no hay 
razón para achacarle el encenagamiento de los que pone en la picota- 
Achaque común de historiadores, atribuir al poeta los vicios que es- 
carnece en otros: "Lasciva est nobis pagina, vita probast" (I, 4, 8). 
Era mirado en no señalar personas (I, praef., y VII, 12, 3) : "Mea nec 
iuste quos odit pagina laesit"; X, 33, 10: "Parcere personis, dicere de 
vitiis; véanse además II, 23; III, 11 ; IX, 95; P. Giese, De personis a 
Mart. commemoratis, Greifswald, 1872. Juicio en Plinio, Epist., III,. 
21, I : "Audio Valerium Martialem decessisse et moleste fero. Erat 
homo ingeniosus, acutus, acer, et qui plurimum in scribendo et salis 
liaberet et fellis (cfr. Mart., VII, 25, 3) nec candoris minus." El juicio 
que da de Marcial M. Pelayo, Ideas estéticas. I, pág. 412, etc., cabría, 
mejor en labios de un fraile predicador de misiones: "No hay bestia- 
lidad de la carne que el poeta bilbilitano no haya convertido en materia- 
de chistes, sin intención de justificarlas, es verdad (¿Quién es capaz 
de calar esas intenciones?), sin hermosearlas tampoco (¡Va en gustos 1, 
y extraño se lo quitara aquí al Maestro el fervor de misionero) ; pero 
con la malsana curiosidad de quien reúne piezas raras para un museo 
secreto" (!). Edic. Ramírez de Prado, París, 1607; Cnm animadv. 
J. Fr. Grcnovii, ed. C. Schrevelius, Amsterd., 1661, 1670; Edidif 
F. Guil. Scheneidewin, Grimma, 1842, y Ex rec. siia dcnuo rccognita, 
Lips. Teubner, 1853. Consúltese A. Brandt, De Martialis poetae vitUy 
Berlín, 1853 ; G. E. Lessing, IVcrke, I, pág. igo seqq. Mart. ais 
Mcns'ch und Dichter, Berl., 1843. Traduc. : González de Salas, Tomás 
Tamayo de Vargas, Manuel Sarmiento de Mendoza, Baltasar Céspedes- 
y varios en la Biblioteca clásica. De un Deciano, poeta y filósofo es- 
pañol, natural de Mérida, escribe Marcial (1. i, ep. 9, 40, 62; 1. 2, 
pref. y ep. 5.) 

53. Marco Fabio Quintiliano (35?-95? d. J. C), nació err. 
Calahorra y fué llevado á Roma por Galba, donde tuvo por 
maestro á Palemón (68), y abrió el primero allí escuela pagado 
por el fisco (88). Domiciano le encomendó la educación de los 
hijos de Flavio Clemente, á quienes pensaba dejar el In-iperio 
y le nombró Cónsul. AI>og-ó con gran loa, entre otros muclios,^ 
por la Reina Bercnicc en el Imperio de Vcspasiano, y ya en- 
trado en edad y retirado de la enseñanza escribió la histitución 
oratoria en doce libros, tomando al alumno desde sus tiernos 
años y educándole para orador perfecto. 

En el libro X, tratando de la imitación de los mejores auto- 
res griegos y romanos, va dando el juicio acerca de ellos res- 



S. I. MARCO FABIO QUINTILIAXO 87 

pecto del arte oratoria, presentando como modelos más acaba- 
dos á Demóstenes y Cicerón. Antes había compuesto una obra 
acerca de la decadencia de la oratoria, que parece ser el Diá- 
logo de los oradores, que otros atribuyen á Tácito. Plinio el 
mozo y á Suetonio. Ouintiliano fué varón grave y serio, de na- 
tural dulce y humano, poco amigo de tildar ni criticar á los 
demás y de los que menos adularon á Domiciano. Propúsose 
remozar la antigua elocuencia y el habla ciceroniana y es el que 
más trabajó por contrastar la decadencia del mal gusto, siendo 
además su estilo y lenguaje el más parecido de todos los escri- 
tores romanos al de Cicerón, sobre todo en el Diálogo de los 
oradores, donde, libre de las trabas didácticas, podía mejor de él 
hacer gala. Como preceptista tiene un criterio sano, sin nada 
de dómine, sin triquiñuelas de pequeños gramáticos y retori- 
cuelos. Su fundamento moral es el dicho de Catón y suyo, 
vir honus dicendi peritiis; la discreción, el eclecticismo y la 
libertad de opinar, sus nonnas. Como buen romano, no pensó 
en las especulaciones científicas de su arte, como Aristóteles; 
atúvose á la práctica formación del acabado orador y tal como 
Cicerón mismo lo había soñado. Las declamaciones que algunos 
le atribuyen no son suA-as. 

5-í. San Jerónimo: '"AI. Fabius Quintilianus Romaní a Galba perdu- 
citur... primus Romae publicaní scholam et salariuní e fisco accepit et 
claruit."' Ausonio, Prof. Burdig., I, 7: "Asserat usque licet Fabium 
Calagurris alumnum." Quint., IV, i, 19: "Ego pro regina Berenice 
apud ipsam causam dixi." Marcial, II, 90, i : "Quintiliane, vagae mo- 
derator summe iuventae, gloriae romanae, Quintiliane, togae." Plinio, 
'Epist., II, 14, 10: "Ita certe ex Quintiliano, praeceptore meo, audisse 
memini.'' Quint., I, proem. : "Post impetratam studiis meis quietem, 
quae per viginti annos erudiendis iuvenibus impenderam." Id., IV, 
proem.: "Cum mihi Domitianus Aug. sororis suae nepotum delegaverit 
curam." Juven., VII, 197: "Si fortuna volet, fies de rhetore cónsul." 
Quint., VI, proem.: "lia forte accidit ut eum quoque librum quem de 
causis corruptae eloquentiae emisi." Los que atribuyen el Diálogo de 
los oradores á Tácito, se fundan en estos argumentos: i.° La frase 
"Ínter nemora et lucos", que Plinio (Ep. IX, 10, 2) atribuye al mismo 
Tácito y se lee en el Diálogo (9, 12) ; pero era frase hecha, "ut ipsi 
(los poetas) dicunt", como en el mismo Diálogo se dice, y en las Ins- 
tituciones se halla con el mismo sentido "nemora et sylvas." 2° Que 
no hay otro autor de talento y carácter capaz que pudiera escribirlo; 
pero mejor puede esto decirse de Quintiliano que de Tácito. 3.° Que 
fuera de las imitaciones de Cicerón, el estilo del Diálogo se parece al 



88 ÉPOCA ROMANA (S. l-iv) 

de Tácito; pero es el caso que todo el Diálogo es imitación de Cice- 
rón, y que jamás Tácito le imita en sus obras. Los que lo atribuyen á 
Plinio, como Hesse, dicen que lustus Fabius es á quien el Diálogo s". 
dirige y á quien Plinio escribió cartas; pero pudieran ser dos perso- 
nas, y aunque fuera la misma, la consecuencia no es necesaria. Pero, 
además de la diferencia de estilos, Plinio nació el 62 y tenia diez y 
ocho años el 79 de J. C, como dice él mismo, de modo que cuando se 
supone habido el Diálogo, año 76, tenía catorce ó quince años, edad en 
que no era capaz de reparar en estas cosas. Contra Quintiliano se dice: 
i.° Que el autor del Diálogo dice era iiivenis admodum, cuando lo oyó 
entre los literatos famosos del tiempo de Vespasiano, Curiatius Ma- 
tcrnus el trágico, Vipstanus Messala el historiador, y los oradores 
M. Aper y Julius Secundus, el año 120 después de la muerte de Cice- 
rón, ó sea el 76 de J. C, y que entonces tendría Quintiliano, á lo más, 
veintiocho ó treinta años, si al llegar á España con Galba, el año 68, 
tenía unos veinte, como es de suponer : ahora bien, de veintiocho ó 
treinta no podía llamarse iuvenis admodum. Pero, según Varron, en 
Censorino, la iiiventns llega hasta los cuarenta y cinco años, y, según 
San Isidoro, hasta los cincuenta, pues es la virilidad, a iuvando. 2." Que 
Quintiliano dice en las Instituciones haber hablado de la hipérbole 
en su obra De causis corniptae eloqnentiac, y no hay tal en el diálogo ; 
pero hay una laguna, además que harto hiperbólicamente se habla en 
él. 3.° Que el estilo del Diálogo es superior al de las Instituciones; 
pero no es superior, sino el mismo, aunque por la materia sea más 
amplio y oratorio que en su obra didáctica. 4.° Que hay opinión: > 
opuestas en estas dos obras acerca de Cicerón, por ejemplo; pero es 
M. Aper el que, como orador, alaba la oratoria de su tiempo, rebajan- 
do algo la de Cicerón; no es el autor del Diálogo el que la rebaja, 
antes es admirador de ella, como Quintiliano. Véanse: Eckstein, 
Proleg.; J. W. Steiner, Ueber den dial, de or. des Tacitus, Kreuznach, 
1863; H. Gutmann, Diss. qiia Tacitum dialogui de or. scriptorcm non 
esse demonstratur, en la ed. Orelli. Por más argumentos que se trai- 
gan en favor de Tácito, nadie me persuadirá de que fuera capaz de 
escribir el Diálogo de los oradores con el estilo ciceroniano en que lo 
admiramos, como el trozo que en toda la literatura latina hay de 
mayor parecido á los escritos de Cicerón. Siempre Tácito presenta otro 
estilo más duro, severo, cortado y á brincos, como imitador de Saliis- 
tio; no tiene ni un período sonoro en el ritmo ciceroniano, á quien 
jamás imita. Ahora bien, él descartado, no conocemos otro autor que 
se parezca á Cicerón, si no es Quintiliano, pues Plinio queda ya muy 
por bajo de entrambos. Y sabiendo que había escrito sobre el mismo 
asunto del Diálogo, el Diálogo^ forzosamente, es ese escrito suyo. 
Quint., Pref., Instit.: "Effiagitasti... ut libros quos ad Marcollum 
meum de institiitione oratoria scripseram ianí emiltere iiicipercni. 
Nam ipse eos nondum opinabar satis niaturuisse, quibus componendis... 
paulo plus quam biennum tot alioqui ncgotiis districtus impendí", 
tiempo que gastó por la mayor parte en allegar los materiales. Id., I, 



S. II. ANIO FLORO 89 

proein. : "Ego... non aliter quam si mihi tradatur educandus orator 
studia eius formare ab infantia incipiani." Id., XII, "]•]•. "Non conve- 
nit oratori iniusta tueri scienteni." Id., X, 7, 15: "Pectus est quod 
•disertos facit et vis mentis." Id., X, i, 112: "Hnnc spectemus (á Ci- 
cerón), hoc propositum nobis sit exemplum, ille se profecisse sciat cui 
Cicero valde placebit." Id., III, i, 5: "Hic liber... pleraque non inven- 
ta per me, sed ab alus tradita continebit." Id., 22: "Ñeque me cuius- 
•quam sectae velut quadam superstitione imbutus addixi." Id., 4, 11: 
"Nobis et tutissimum est auctores plurimos seqiii et ita videtur ratio 
dictare." Id., II, 8, 6: "Libera vel contra receptas persuasiones ratio- 
nem sequenti sententia est." Las fuentes de su obra son, en gramática, 
su maestro R. Palemón ; en retórica, Aristóteles, el Ad Hereninm 
de Cornificio, Cicerón, Rutilio Lupo, Cornuto y Dionisio de Halicar- 
iiaso en el De Compositione verborum; para el libro X, el ^^pi V-'-vA- 
azmz del mismo autor. Edic. : C. Halm., Lips, Teubner, 1862, 1869. 
Consúltense: J. D. D. Clausen, Quacstiones Quintiliancae, Lips, 1873; 
F. Ozann, Adnot. crit. 6 particulae (sobre el 1. X), Giessen, 1841, 1842, 
1845, 1850, 1S57, 1858; J. Staender, Quacstiones Quintiiianeac (sobre 
la gramática), Bonn, 1865; C. Morawski, Qnacst. Qicint., Posnaniae, 
1874; P. Teichert, De fontibus Ouint. Rhctor., Brunsbergae, 1884; 
E. Bonnell, Lexicón Quint. et Índices en la edic. de G. L. Spalding, 
Lips., 1798-1816, 6 vols. ; E. Hummel, Quintiliani vita, Gotting., 1843; 
C Pilz, Quintilianus, ein Lehrerlebcn aus dcr rom. Kaisscrscit, Leip- 
zig, 1863. Trad. de los PP. Escolapios. Véase M. Pelayo, Ideas est., I. 

55. Siglo II. — Anio Floro, retórico historiador y poeta, 
vivió en los tiempos de Trajano, Adriano y Antonino Pío, y 
nació, probablemente, en la España Tarraconense. Fué amigo 
de Adriano, con quien jugueteó en verso, escribió probablemente 
un Dialogiís^ VirgUius orator an poeta, el PervigUiítm Vcneris y 
otras composiciones ligeras en versos trocaicos sobre todo, v 
una breve, sucinta, florida y retórica historia romana hasta 
Augusto, llamada Belloriiin oimiium annonim DCC libri dúo, 
con tendencias de panegírico. 

No debe pasarse en silencio Antonius Julianus, de la es- 
cuela de Frontón, retórico español de los más famosos en tiem- 
po de Adriano y Antonino, maestro de Aulo Gelio, muy elo- 
cuente y entendido en literatura antigua y que enseñaba pública- 
mente en Roma. 

56. La introducción del diálogo de F. Annius Florus sobre Vir- 
gUius orator an poeta, descubierta por Th. Oehler en un manuscrito 
de Bruselas, publicado por F. Ritschl, Rhcin Mus., I, 1842, págs. 302- 
314, y luego en las ediciones de Julius Florus de Jabn y de Halm, nos 



90 ÉPOCA ROMANA (s. I-Iv) 

dice que su autor había concurrido de mozo (puer) á los juegos capito- 
linos, donde, por parcialidad, no alcanzó la corona, y, despechado, se 
dio á viajar, quedándose al cabo en Tarragona, entregado á la "Pro- 
fessio litterarum." "Quid tu tam diu in hac provincia (le dice el in- 
terlocutor), nec... urbem illam revisis ubi versus tui a lectoribus con- 
cinuntur et in foro omni clarissimus ille de Dada triumphus (de Tra- 
jano, el 102 ó 106) exultat?" Esto concuerda con la tradición española 
que hace de nuestra tierra al Floro historiador, que hoy creen los 
autores ser este mismo Floro poeta y retórico. Volvérnosle á ver en 
Roma, en tiempo de Adriano, pues todos creen ser el "Floras poeta" 
que jugueteaba poetizando con aquel emperador español y tan bien 
recibido en Tarragona. Spartianus, Hadr. 16: "Floro poetae scribenti 
ad se : Ego nolo Cacsar cssc, \ ambulare per Britannos, \ Scythicas pa- 
ti pruinas, rescripsit. Ego nolo Floras essc, | ambulare per tabernas, \ 
tatuare per popinas, \ cidiccs pati rotnudos." Véase Charisius, I, pá- 
ginas 53, 14 y 140, 6. Keil : "Annius Florus ad divum Hadrianum : 
poematis delector." Es, probablemente, autor de los 26 hermosos te- 
trámetros trocaicos sobre costumbres, que llevan por titulo en el 
codex Salmasianus y en el Thuaneus: Flori de qualitate vitium 
(núms. 245-252 en A. Riese, AnthoL lat., págs. 168-170) y de los cinco 
hexámetros sobre las rosas (ib., núm. 87, pág. 191). El lindísimo poe- 
ma Pervjgilium Veneris, que hoy se pone en la época de Antonino, me 
sospecho sea también suyo. Véase O. Müller, De P. Annio Floro poeta 
et carmine qnod Pervigilium Veneris inscriptum est, Berlín, 1855. 

Es un poema en estrofas, de 93 versos septenarios trocaicos, que 
celebra la vuelta de la primavera y el poder de Venus Genitrix, cuyo 
culto había restaurado Adriano. El estilo vivo, coloreado, sentimental 
y melancólico, á la vez que regocijado, con no sé qué de helénico, gra- 
cioso y galano. El estribillo: "Cras amct, qui numquam amavit, quique 
amavit cras amet." El tono y metro son muy de Floro. Edic. Fr. 
Bücheler, Lips. Teubner, 1859; A. Riese, Anthol. lat., págs. 144-148; 
y en Wernsdorf, Poet. lat. min.; y en la edición de Petronio por Ha- 
drianide. El título de la obra histórica de Floro es en el Códice Dam- 
berg.: "luli Flori epitomae de T. Livio belloriim omnium annontm 
DCC libri dúo. El parecido del nombre Florus y el convenir la época, 
no menos que el tono declamador y el empleo de los mismos giros y 
frases, hacen creer que el autor de la historia es el mismo retórico y 
poeta P. Annius Florus del Dialogas: asi lo oreen Moninisen, Halni, 
Spengel y Rcber. El luU seria corrupción de Publi y Aiinei de los ma- 
nuscritos de segundo orden, una mala lección por Anni (Halm, Flc- 
ckeisens lahrb., 69, pág. 192). Floro quiso "non tam narrare bella ro- 
mana, quam romanum imperium laudare" (San Agustín, Civ. Dci, III, 
19). Así recoge cuanto halla escrito en favor de los romanos. Su afi- 
ción por España salta á la vista. Edic. O. Jahn, Juli Flori epit... rcc. 
ct cmendavit, Lips., 1852; C. Halm, Lips. Teubner, 1854. Consiiltense 
F. E. Kóhlcr, Observ. criticae in Jul. Fl., Gotting., 1865; J. 1'. Bins- 
feld, Quacst. Florianae crit., Dusseldorf, 1867; Sauppe, De arte critica 



S. IV. CAYO VECIO TUVEXCO 9 1 

in Flori Bcllis recle faciendo, Gótting., 1870. Traduc. : Eloy D'\a.z 
Jiménez. 

Aillo Gelio, I, 4, I : "Antonius lulianus rhetor perquaní íuit honesti 
atque amoeni ingenii. Doctrina queque ista utiliore ac dcleclabili ve- 
terumque elegantiarum cura et niemaria multa fuit. Ad hoc scripta., 
omnía antiquiora tam curióse spectabat et aut virtutes pensitabat aut 
vitia rimabatur ut iudicium esse factum ad amussim díceres." Ib., 8: 
"Ad hunc modum lulianus enodabat diiudicabatque veterum scriptorum 
sententias, quae apud eum adulescentes delectitabant." Id., XIX, 9, 2: 
"Venerat nobiscum ad eamdem cenara Antonius lulianus rhetor, do- 
cendis publice iuvenibus magister, hispano ore florentisque homo fa- 
cundiae et rerum littcrarumque veterum peritus." 

57. Siglo IV. Año J2¿. Osio (256-357), nació en Córdoba. 
electo allí por obispo en 294, mártir en tiempo de Diocleciano, é 
influyó mucho en el ánimo de Constantino, con quien se hallaba 
en Milán el 313; presidió el Concilio de Nicea (325), cuyo Sim- 
bolo de Fe redactó, y murió en Sirmio. Escribió además una céle- 
bre carta á Constancio, Cánones del Concilio de Sardis, una 
epístola De laude virginitaiis y De interpretatione vestium sa~ 
cerdotaliiim. 

58. Parece fué Osio, cordobés, el que hizo que Calcidio traduje- 
se y comentase parte del Timeo, única obra en que se conoció á Pla- 
tón, hasta que en el siglo xiii se tradujo el Fedon. A un Osio dirige 
su obra Calcidio. Sobre Osio, véase M. Pelayo, Hist. hetcrod., I, 65-77 ; 
Flórez, Esp. Sagr., t. X y V; Bern. Alderete, Antigiied. de Espatia, 
Madrid, 1614, 1. i, cap. 3. 

59. Aíio jjo. Cayo Vecio Aquilio Juvenco, presbítero 
español, que floreció en tiempo de Constantino Magno, escribió 
hacia el ai"io 330 su Historia evangélica, siguiendo, sobre todo, 
á San Mateo, y valiéndose de la ítala y á veces del original 
griego, y acaso la Historia del z'iejo testamento. Ambas están 
en hexámetros, con poco esmero en guardar la cantidad silábica ; 
no le falta con todo cierta sencillez y aun elegancia, y salpica 
sus versos de frases virgilianas, aunque desechando, y con ra- 
zón, la mezcolanza de la mitología en los asuntos cristianos. 
Puede llamársele el más antiguo poeta cristiano, ya que el obispa 
de Gaza, Comodiano, de la primera mitad del siglo iir, es un 
mal versificador, qne no se cuida para nada de la caníidnd ni 
de la poesía. 



92 ÉPOCA ROMANA (s. I-IV) 

SO. San Jerón., Cron.: "Juvencus presbyter, natione Hispanus, 
■evangelia heroicis versibus explicat." Id., Vir. ill., 84: "Juvencus, nobi- 
lissimi generis Hispanus presbyter, quattuor evangelia hexametris versi- 
bus paene ad verbum transferens quattuor libros composuit et nonnulla 
•eodem metro ad sacramentorum ordinem pertinentia. Floruit sub Con- 
stantino principe." Del antiguo testamento no habla San Jerónimo. Edic. 
Ad vaticanos cod. rcc. F. Arévalo, Roma, 1792; Migne, Patr., XIX. 
Consult. : A. R. Gebser, De C. Vett. Aq. Juv. vita ct scriptis, lena, 1827. 

61. Año S55- San Potamio, obispo de Lisboa, floreció en 
tiempo de San Hilario, en la segunda mitad del siglo iv, antes 
de Teodosio ; nos ha dejado una Epístola ad Athanasium cpisco- 
purn Alexandriae de consnbstantialitatc füii Dei, escrita el 
año 555. 

Prisciliano, discípulo del egipcio Marco, llegado en 350 á 
España, hasta poco ha tenido por hereje, hoy en balanzas de si 
fué más bien un reformador del alto clero, perseguido é infa- 
mado, después que Schepss descubrió hasta once opúsculos su- 
yos, no conociéndose antes nada de él, parece fué lusitano y que 
nació del 340 al 345, y murió hacia el 380 ó 381. 

63. La Epístola de San Potamio se publicó por primera vez en 1657, 
véase Galland, Bibil. patr., V; Migne, Palrol., VIII; Gams, Spanische 
Kirchengeschichte, II. Consúltense: Bonilla, Hist. filos, esp., t. I, pá- 
gina 196, y t. II, apénd. III ; M. Pelayo, Heterod. esp.; Georg. Schepss, 
Priscilian, Würtzburg, 1886; id., Corpus Scriptonnn Ecclcsiasticorum 
Latinorum. vol. XVIII; Priscilliani quac sopcrsunt, Vindobonae, 1889; 
Babut, Priscillicn et le Priscillianismc, París, 1909; F. Paret, Priscillia- 
fius, Würtzburg, 1891. Paisano y contemporáneo suyo fué el monje 
Baquiario, á quien se atribuyen dos opúsculos. De reparatione lapsi y 
De Fide, en Flórcz, Esp. Sagr., t. XV. 

San Jerón., Vir. ilt, 422 : "Latronianus, provinciae Hispaniae, valde 
•eruditas et in métrico opere vctcribus comparandus, caesus est Treveris 
cum Priscilliano (385; cfr. Sulpic. Sever., Chron., II, 513-..) extant 
■eius ingenii opera diversis metris edita." Fué de los corifeos principa- 
les del priscilianismo. 

63. Año 3ÓÓ. San Dámaso (305-384), papa desde el año 

366, fué español de nación y murió en tiempo de Teodosio (384). 

Escribió cartas y elegantes versos, aunque ya con alguna rima 

<le que gu.slaba el pueblo, sobre todo epilaíios (íituli) para los 

sepulcros de los mr'irlires. 



S. IV. AURELIO PRUDENXIO CLEMENTE 9? 

San Pacian'o, obispo barcelonés, escribió contra los no\a- 
cianos y murió en 391. Fué padre de Dextro y se distinguió' 
por su elocuencia y santidad. Aquilio Severo, espai'iol, com- 
puso en prosa y verso una obra titulada KaTaiTposf^v ó Uz'pav y 
murió en tiempo de Valentiniano. También fué escritor de 
aquel tiempo el andaluz Tiberian'O, que escribió una Apología 
en estilo rebuscado. Dextro, hijo de Paciano, escribió una 
historia, que se ha perdido. 



64. San Jerónimo, De z'ir ill., 103: ''Damasus, romanae urbis epi- 
scopus, elegans in versibus componendis ingeniíun habuit multaque et 
brevia metra edidit et prope octogenarius sub Theodosío principe mor- 
tuus est." Suidas, M^aoo-. San Jerón., £/>., 22, 22: "Legas... de virgini- 
tate papae Damasi... versu prosaque composita"' (volumina), y 48, 18, etc. 
Los epitafios en Rossi (Roma sotterranea y en Inscript. christ., I, 329, 
pág. 146, II) : "Dam. cultor atque amator, Furius Dionysius Philoca- 
lus" grabó hermosamente las inscripciones (Rossi, I, pág. lvi). La 
mayor parte de sus poesías, en hexámetros; algunas en elegiacos; otras 
en dimetros yámbicos, etc. Tiene ¡7 composiciones, sobre los após- 
toles, los mártires, los Papas, los cristianos difuntos. Edic. F. Ubaldin,. 
Damasi papae opera... ctim notis Martii Milesii Sarazaiiü, Roma, 1638; 
París, 1672; Maittaire, Opera veterum poct. laf., 2 vols., London, 1713; 
Migne, Patrol., XIII, págs. 347-375 (Epistolae), 375-417; Opera apo- 
crypha, págs. 423-441. 

San Jerón., Vir. ill., 106: "Pacianus, in Pyrenaei iugis Barcilonae 
episcopus castitate et eloquentiae et tam vita quam sermone clarus, 
scripsit varia opuscula, de quibus est Cervus (?) et contra Novatianos 
Sub Theodosio principe iam ultima senectute mortuus est." Paciani 
opera studios Jo. Tilii, París, 1538, y en la Bibl. patr. ma.v., IV, pá- 
gina 305 ; en Galland, Bihl. patr., VII, pág. 257, y en Mig^e, Pa- 
trol., XIII. San Jerón., Vir. ill., iii: "Aquilius Severus in Hispania, de 
genere illius Severi ad quem Lactantii dúo epistolarum inscribuntur 
libri, composuit volumen quasi óSoirop.zóv totius suae vitae statum 
continens tam prosa quam versibus, quod vocavit Kct-djTpo-ir^v sive- 
-s'pav, et sub \'alentiniano principe obiit." San Jerón., Vir. ill., 123: 
"Tiberianus Baeticus scripsit pro suspicione qua cum Priscilliano ac- 
cusabatur haereseos apologeticum tumenti compositoque sermone.". 
San Jerón., Vir. ill., 132: "Dexter Paciani filius, clarus apud saeculum 
et Christi fidei deditus, fertur ad me omniniodam historiara te.xuisse, 
quam necdum legi." El Clirouicon De.vtri (de 752 á 1183 de Roma), 
que el P. Jerónimo Román de la Higuera, jesuíta, pretendió haber 
hallado (Zaragoza, 1694, Migne, Patrol., XXXI) es obra indigna de 
falsificador. Türk, Gcschichtl. Studien, I. págs. 34-45; Gams, Kirchcn- 
gesch. Spanieits, II, pág. 335. 



94 ÉPOCA ROMANA (s. I-IV) 

65. El poeta más célebre del imperio de Teodosio es Aure- 
lio Prudencio Clemente (348-410), natural de CalahoiTa 
(Pci'isf., IV, 31, cf., I, 116), más bien que de Zaragoza (ib., IV, 
I, 97). Ejerció la abogacía, fué Gobernador de una provincia, 
tuvo elevado cargo en la milicia y publicó sus poesías á los cin- 
cuenta y siete de su edad (Praef. I), compuestas en metros va- 
riados: CatJicuicrínon, Hamartigenia, Apothcosis, Psyclwuia- 
chia, Contra Synuiiaclumi libri II, Pcristeplianon, Diltocliacoii. 

C6. Prud. praef., 7: "Docuit toga (virilis) infetum vitiis falsa 
loqui" (de los retóricos), 13: "Exin iurgia túrbidos armarunt ánimos" 
(abogado); 16: "Bis legiim moderamine frenos nobilium reximus ur- 
bium, ius civile bonis reddidinius, terruimus reos. Tándem militiae 
gradu evectum pietas pirincipis (Teodosio) extulit, adsumptum propius 
stare iubens ordine próximo (primer lugar). El orden de sus obras 
■en el prefacio (34) : KaOrjaspivAv Hbcf, del empleo de las horas del 
día y de la vida, como hymnus ad galli cantum, ante cibum, post cibum, 
Ad incensum lucernae, etc. 'A\íctp-.qv/2\.a, del origen del pecado, según 
Tertuliano, contra el dualismo de los gnósticos y Marción. 'AtcoOíido'.; 
del dogma de la Trinidad, contra los arrianos, sabelianos, ebionitas, 
maniqueos, según Tertuliano. Tuy/j|ic!y!a, las pasiones en lucha con las 
virtudes, tradújola Francisco Palomino. Contra Symmachnm libri II, 
acerca de la restitución del altar de la Victoria en el Senado, que so- 
licitaba aquel famoso orador. FIsp! atecpávujv libcr, himnos á los márti- 
res, sobre todo españoles é italianos. Dittochaeon, 49 epigramas sobre 
la Biblia (AixToy/z'ov, Gennadius, Vir. ill., 13). Edic. Faustino Arévalo, 
Roma, 1788, 2 vols. ; Th. Obbarius, Tubing., 1845; Migne, Patrol., LIX 
y LX; Alb. Dressel, Lips., 1860; A. Puech, Pnidcnce, Etude sur la 
pocsie latine chrétienne au iv sude, París, 1888; Conde de la Vinaza, 
Aur. Prudcnc. Clemente, Madrid, 1888; Risco, Esp, Sagr,, t. XXX^. 
Los himnos de Prudencio, tradújolos Luis Diaz de Aux. Comentóle 
A. Ncbrija. 



ÉPOCA VISIGÓTICA 
(siglos v-vii) 



67. El germanismo en el romance. — Qué deba el romance 
á las lenguas germánicas, aunque es problema que todavía ofrez- 
ca algunos puntos dificultosos, la moderna filología lia llegado á 
determinarlo claramente en los más substanciales. Está averigua- 
do que no nacieron los romances del choque entre ellas y el latín 
vulgar, ni mucho menos del latín literario corrompido por los 
godns, que se decía antes lo echaron á perder por no compren- 
der la flexión latina de ios casos y del verbo. Las lenguas ger- 
mánicas tenían flexión verbal y casos lo mismo que el latín, 
y tan parecidas eran las gramáticas, que de la mezcla del latín 
y de las germánicas probablemente sólo hubiera resultado otra 
lengtia tan flexional como uno y otras. Además, los godos, que 
fueron los que convivieron con la raza española, donde nació 
el castellano, eran, respecto de la población que aquí hallaron, 
un río de pequeño caudal respecto del mar donde desagua. Y 
sobre todo, cuando á España llegaron venían ya harto roma- 
nizados, con su idioma gótico tan aguado que acaso fuera más 
bien romance provenzal que gótico puro. Cuando las naciones 
germánicas se pusieron en comunicación con las gentes del Im- 
perio iban ya diferenciándose las hablas románicas, de suerte 
que no podían llamarse latín vulgar, que de tiempos atrás se 
había en ellas transformado. Así que el influjo germánico no 
caló muy adentro de los romances, no les dio elemento ninguno 
gramatical, ni mucho menos tocó al fonetismo, reduciéndose á 
verbos, nombres y adjetivos sueltos, que vinieron á añadirse al 
caudal léxico que ellos tenían. Mayor dificultad ofrece averiguar 



96 ÉPOCA VISIGÓTICA (s. V-VIl) 

la lengua germánica de la cual procede cada vez en particular, de 
las así añadidas, por ser tantas las que los germanos hablaban y 
la época en que se les pegaron á las románicas semejantes voces. 
Al rafclellano, por ejemplo, no fué el godo el que le dio cuantas- 
voces germánicas tiene, sino que provienen de otras lenguas de 
los bárbaros por la mayor parte, de modo que no es tan liacedero 
deslindar cuándo, cómo y de qué dialecto germánico llegó cada 
una de ellas á nuestro romance. 

Desde que los godos fundan el reino de Tolosa, el año de 
418, y entran en España con su rey Ataúlfo, la continua co- 
municación de los godos y de los provenzales con los españoles 
trae á nuestra lengua las pocas voces góticas que encierra nues- 
tro romance y las más antiguas que de las germánicas se derra- 
maron por toda la Romanía. Estas últimas suenan en castellano 
como en provenzal, y así, es de creer que por la Provenza vi- 
nieran. 

68. Más bien es, dice Kluge (Romanen tind Germancn in ihrcn 
luechselhesiehungen) , problema histórico éste, que puramente lingüísti- 
co. Los germanos, ya en el primer siglo de Jesuoristo, tenían cierta 
cultura é influyeron en los romanos, así como éstos en ellos. Palabras 
sobre la guerra, la caza, sobre armas y vestidos, pasaron hasta al la- 
tín literario. La Gemianía más antigua la conocemos por la obra de 
Tácito, así intitulada, ya que los veinte libros de Plinio sobre suj 
guerras con los romanos se han perdido. No pocas voces eran comunes 
á romanos y germanos, hasta el punto de no poderse decir quién las 
tomó prestadas á quién. Así son voces germano-latinas de dudoso ori- 
gen stuba, vapor, de donde estufa; tunna, que dio tonel ; flaska ó fras- 
co; taska, faltriquera; ratto, que dio rato y ratón, falkon ó falcón,. 
karpon ó carpa, kattii ó gato, que es tan germánico y latino como vas- 
congado, aunque sólo en vascuence tiene claro origen. Obras voces co- 
munes parecen más manifiestamente venir de las germánicas ó de las 
románicas, como kuppo ó copa, flokko ó flueco, bakktno ó bacía, pipa 
ó pipa y pepa, krnkkia, muleta; bulgia, alforjas. El parecido entre pala- 
bras como el latino salicem y el germánico salha, miscere y mischcn, 
se complica todavía más cuando se trata de voces románicas que pu- 
dieran proceder del latín, del germano y del vasco, ó de voces romá- 
nicas que pueden declararse por el vasco y por el germano á la vez. 
Aquí es donde los lexicógrafos dan de bruces, y dan á cada paso, por- 
que son muchísimas las palabras que vienen del éuscaro, y el éuscaro 
es idioma enteramente desconocido para los lexicógrafos. ¿Hay roma- 
nista más entendido y discreto que Mcycr-Lübke? Abrase su Romanis- 
ches Elymologisches Wdtcrbuch por cualquier página. Broche lo trae 
de un broccns, que no dice de dónde proviene, y que, cierto, no es voz 



EL GERMANISMO EN EL ROMANCE 97 

latina. Bresca, de un *br\sca, "Ursprung unbekannt, wohl galüsch, 
doch bieten die neiikeltischen Sprachen nichts". Bíro, de "*brkios, galo". 
Bosque, de "bosca, griego". Bocha, de '^*bottia, Beule. Woher?" Bor- 
near, de *bornius, emángig. Woher?" Brisa, de *brisa, Weintrester", 
y "saufter Wind, Woher ?" Broma, de "bromus, griego". Bufar, de 
"bufí, Schallwart". Buñuelo, de ''*bu>la. Ursprung unbekannt". Buces, 
de "6"í, arábigo". Borrico, de "*burricus". Bota, de "buttis, griego". 
Con todo respeto debo decir que eso no es estudio etimológico. 

El tema *patta, que no lo es, sino pata, de donde patear, patán é 
infinitos derivados, dice que es de origen oscuro, "ist dunkel." El de 
parra, "germ. ?", esto es, ¿ será germánico ? El de pardo, oscuro, "dun- 
kel". El de morro, onomatopeico, "Schallwort". El de mofar, no lo 
sabe, "Woher?" el de momo, onomatopeico, "Schallwort". El de 
niño, otro que tal, "Lallwort". El de pita, "Schallwort" ú onomato- 
peico. El de pequeño, desconocido, "unbekannt". El de picar, "unbe- 
kannt", desconocido. Del de pipa no dice nada. El de brillar, birlar, 
perinola, "Schallwort", onomatopeico. El de... (aquí un sinfin de voces) 
no debe ser muy claro cuando ni aun las voces conoce el autor y no 
las pone en su Diccionario, que está en publicación, flamante y caliente 
todavía. 

Por eso creo yo que hay que ahondar en las raices germánicas, indo- 
europeas y vascongadas á la vez, deslindando los entronques de cada 
voz, juntando todas las voces emparentadas en todas estas lenguas 
para ver de dónde salió la voz dudosa. Tal he procurado hacer en el 
Tesoro de la lengua castellana, donde el lector podrá ver lo que atafie 
á las voces citadas y las demás. Más de la mitad del Diccionario ro- 
mánico está en este caso. No basta inventar la forma latina ó poner 
la correspondiente del bajo latín, pues de ella no nacieron las románi- 
cas, sino al revés. ¿ Qué sacamos con poner por fórmula br'isa, bosca, 
brocusf Esas voces no se han dicho jamás; son fórmulas latinizadas 
de otras voces vivas. Lo que se busca no son fórmulas, sino el origen 
de esas voces. Como, por otra parte, hay radicales latinos, germánicos 
y éuscaros parecidos, ya que tienen un mismo origen, según los gus- 
tos y preferencias, así señalan -como origen de las voces románi- 
cas, éste la raíz latina, aquél la germánica, nadie la éuscara, por- 
que el éuscaro lo desconocen. El estudio comparado de los tres ra- 
dicales, latino, germánico y éuscaro, y de los derivados, esto es, de 
todo el parentesco, sería el único medio de averiguar la verdad, 
como hago yo en el Tesoro. Después de haberse estudiado á fondo la 
lexicografía latina y germana, todavía queda á oscuras la mitad del 
Diccionario románico. Luego, además del latín y del germano, alguna 
otra fuente del romanismo queda por descubrir. No es la arábiga ni la 
céltica : todos convienen en ello. ¿ Cuál será ? ¿ De dónde vendrá la 
luz á la lexicografía románica, tan oscura aun después de bien cono- 
cidas las lenguas que pudieran haber originado el caudal de sus voces? 
Extraño parece que quedando un idioma ahí, en medio de las romá- 
nicas, como un antiquísimo islote, nadie se ponga á estudiarlo, y cuando 



98 ÉPOCA VISIGÓTICA (s. V-VIl) 

alguien lo hace, es con tan mala mano ó dañada intención, que por 
no conocer la cepa éuscara entera, córtale un sarmiento, diciendo ser 
de la cepa latina que tiene al lado. Hay, en efecto, quien se entretiene 
en probar que ésta y la otra voz vascongada es latina de origen, y va 
desmochando de manera el idioma vasco, que, á este paso, se queda 
sin diccionario, con tener la gramática más complicada y maravillosa 
del mundo: tal hace Schuchardt. Razones aparentes no le faltan al dar 
por latinas las voces realmente éuscaras, porque, teniendo un mismo 
origen los radicales éuscaros y los latinos, el parecido no puede faltar. 
Y claro está, todo le parece hablar en favor del latín, pues se habló en 
España, donde halla esas voces explicables por el latin. Como si en 
España no se hubiera hablado más generalmente el éuscaro y por más 
siglos y mucho antes de llegar á ella el latín. El estudio de la lexico- 
grafía vasca, desde sus raíces y en todos sus derivados, y en cotejo 
con la lexicografía latina, es indispensable para decidir si tal ó cual voz 
es latina ó vasca en su origen. Ese estudio no lo ha hecho el citado des- 
mochador, ese estudio es el que he llevado al cabo en el Tesoro de 
la lengua eastcllana, que vuelvo á mentar, porque los romanistas, por 
falta de conocimiento del éuscaro, todavía no lo han tenido en cuenta, y 
creo hay que tenerlo, aunque me esté á mí mal el decirlo. Volvamos al 
germanismo. Las terminaciones nominales, iguales en las germánicas 
y en latín, aumentan la dificultad de distinguir los vocablos que vienen 
de aquellas lenguas ó de ésta. Tan románicas como germánicas son las 
terminaciones -o, mase, y -a, fem., como en kuppo, kampo, brando, 
elino, blanco, mariscalco, bruno, falbo, y en duna, falta, marca. Igual- 
mente es germánica y latina la terminación -ón, como en espolón, cam- 
peón, escorpión. Los verbos germánicos en i (de -ian) responden á los 
latinos en -i (de 'iré), como furbire, ital., y furbian, germ. ; guarnir y 
warnian, tarir,. fr., y tharrian, honnir y honian = haunian. Con todo, 
pueden servir de notas distintivas algunas particularidades, pero aun 
con ellas no se aclaran del todo las dificultades. Las románicas ponen 
gu donde las germánicas llevaban w : guarir y zvarian, guarnir y war- 
nian. La h germánica se conserva en francés, y la h latina se pierde 
en todas las románicas, it. elmo, cast., yelmo; pero fr. hcaume del germ. 
helm. Los grupos hr y hn se hacen har, han: fr. hanap, de hnapp; 
harongue y arenque, de hring. El acento germánico, que va en la sílaba 
radical, no pasa á las románicas, y así se atienen ellas, por analogia, 
á la acentuación latina que éstas conservan. 

Durante los siglos iii y iv hubo casi continuas guerras entre los godos 
y los romanos, en las riberas del Danubio, hasta que el 402 entró en 
Palia, con sus visigodos, el rey Alarico, del antiguo linaje de los 
Balthos. El 406 entran los ostrogodos con Radagaso. Vuelve Alarico 
á Italia el 408 y se apodera el 410 de Roma. Muerto á poco, siguen 
los godos en Italia, con su cuñado Ataúlfo, hasta el 412, que pasa con 
ellos al Sur de Francia, conquista la Aquitania y funda el reino de 
Tolosa el año 418, entrando en España, por donde extiende sus domi- 
nios. Ataúlfo es para nosotros el primer rey godo. 



EL GERMANISMO EN EL ROMANCE 99 

Los ostrogodos sonaron con Teodorko, su rey (475-526), entraron 
en Italia el 489, apoderándose de ella, y su imperio duró allí hasta el 555 
(Wrede, Sprachc dcr Ostgotcn jii Italicn, Strassburg, 1891). De los 
godos parece que pasaron pocos nombres apelativos á las románicas, 
según Kluge, y hay que tener en cuenta que el gótico era muy parecido 
al norso. Tregua viene del gótico triggwa, it. y prov., tregua; en os- 
trogodo, trczviva; del gót. manwjan parecen venir el prov. amanavir 
y el ant. fr. amanovir; de raus, el prov. raiis, ostrogod., raitr. El guante, 
it. guanta, sólo se halla en el norso, aunque debió de haber un gótico 
wantus. El it. lesto, cast. listo, parece venir del gótico *lista. No hay 
en godo un tvisa de donde pudiera venir guisa. No es fácil decir á qué 
dialecto germánico se deben lesna, yelmo, etc. 

En el siglo v entraron en España varios pueblos bárbaros. En el 
primer cuarto de siglo asentaron en Galicia y Andalucía los vándalos, 
has'^a que el 429 pasaron al África con su rey Genserico, donde acabaron 
destruidos mediado el siglo vi. Tras los alanos siguieron los suevos, 
cuyo poderío deshizo en 456 Teodorico II, rey de los visigodos, y que 
habían tomado asiento en Galicia, hasta que, á fines del siglo vi, en- 
taron á formar parte del reino visigodo. Sabemos de ellos por la 
Crónica de Idacio, que comprende desde el año 379 al 469. Los visigodos 
entraron en España luego de fundar su reino en Tolosa el año 418; 
señoreáronla toda, puede decirse, desde la mitad del mismo siglo v, y 
fueron deshechos por los árabes el año 711. No queda monumento algu- 
no escrito en suevo ni en visigodo, fuera de los nombres propios, con- 
servados por la historia, la leyenda de las monedas y el Fuero Juzgo, 
en latín, mandado traducir por San Fernando en castellano. Del gó- 
tico *fala (norso, fot, vestido) parece venir hato; sitio, de sitjó; lúa, qí 
lofa; aliso, de *alisd: brico, banco de arena (norso, brcke) y acaso 
tascar, de taskon (ant. alem., zascdn) : voces que no se hallan en el res- 
to de la Romanía. Lo que pudiera venir del suevo y vándalo al caste- 
llano ó portugués es muy incierto (Baist, Román. Forsch., I, 106; 
Wrede, Sprachc der Vandalcn, Strassburg, 1886). Nombres propios 
suevos ó visigodos ha recogido Fórstemann 430 (Kuhns Zcitsch., XX, y 
Kremer PBbeitr., VIII, 452), sacados, sobre todo, de Idacio, Gregorio 
Turonense y de las inscripciones (Hübner) ; los más famosos que pasa- 
ron al castellano son Alfonso, Hernando ó Fernando, Rodrigo, Ar- 
naldos, Regnaldos. La mayor parte de las voces germánicas llegaron 
á España por el provenzal, el francés y el italiano, como puede verse 
al tratar del influjo de estas lenguas. Véase Goldsmidt, Zur Kritik der 
altgermanischen Elemente iin Spanischen, Diss., Bonn, 1887. 

A principios del siglo xix publicó Raynouard una serie de obras, 
cuya reseña puede verse en la "Poesie der Troubadours, de Diez (1827), 
compuso la Gramática y el Diccionario de la lengua de los Trovadores 
provenzales, y tomó el empeño de probar que todas las lenguas romá- 
nicas procedían de esa lengua, la única derivada inmediatamente del 
latín. Admitieron esta teoría Perticari, Champollion-Figéac, Sismon- 
di, Niccolini, Lampredi, Ugo Foseólo, Ralbi y Bernhardy; la des- 



100 ÉPOCA VISIGÓTICA (s. V-VIl) 

echaron Daunoii. Galvani y Schlegel sobre todo {Ohscrvations sur 
la Languc ct la Littérature Provéngales, París, 1818.) La tesis hizo 
mucho ruido entre los literatos y fué impugnada por George Cor- 
newal Le\'*is, en su Bssay on the origin and formation of the Ro- 
mance Languages, Oxford, 1835. La Grammatik der Romanischen 
Sprachen. de Diez, publicada en Bonn, de 1836 á 1844, y luego su 
Etymologisches IVórterbiích der Rom. Sprachen (Bonn, 1853), pu- 
sieron en olvido tan extravagante teoría, sin atacarla directamente, 
con la sola exposición amplia y científica de las lenguas románicas, 
que en estas obras hizo el fundador del romanismo. 

69- Radicales tomadas del provenzal: albergue (del germ.), alodio 
(del germ.), brial, brida, bruno (del germ.), calzada (del lat.), cota (del 
germ.) , dalle, deleitar, empeine, escarnir (del germ.) , esgrimir (del 
germ.), espiar (del germ.), espuela (del germ.), forro (del germ.), fra- 
gua (del lat.), granja (del lat.), grava (del celt.), grima (del germ.), 
guardar (del germ-), guarir (del germ.), guarnir (del germ.), guerra 
(del germ.), guía (del germ.), homenaje, jayán (del lat.), jornada (del 
lat.), joya (del lat.), lista (del germ.), mala, manjar (del lat.), menes- 
tral (del lat.), moflete (del germ.), monje (del lat., gr.), niel (del lat.), 
nivel (del lat.), novio (del lat. y galo) , palenque, pauta (del lat.) , pin- 
cel (del cat.), pote, preste (del lat., gr.), randa, receta (del lat.), reve- 
llín (del lat.), rico (del germ.), rima (del germ.), robar (del germ.), 
rodela (del lat.), ropa (del germ.), sala (del germ.), salvaje (de! 
lat.), senescal (del germ.), serventesio (del lat.), toalla (del germ.), 
tralla (del lat.), triscar (del germ.), tropa (del germ.). trovador, ven- 
daval (del lat.). 



70. Literatura latinu-hispana. Arrancada hasta sus raíces 
l)or los desbocados caballos de los bárbaros invasores la cultura, 
que en todo el suelo del Imperio romano había tan gloriosamen- 
te florecido, no parece sino que á España cupo la suerte de salvar 
los últimos restos durante los siglos vi y vii. San Isidoro y 
los demás Padres de la Iglesia visigótica y los Concilios tole- 
danos dieron los i'iltimos destellos, y bien brillantes por cierto, 
entre las espesas sombras que habían ya caído sobre la Europa 
occidental y central, y el Fuero Juzgo fué monumento imperece- 
dero de aquellos dos gloriosos siglos de la historia de España. 
Véase Gams, Spau. Kirchcngcschichtc. 

Siglo V, año 417. Paulo Orosio, natural de Tarragona 
(Oros., VII, 22) y presbítero en Braga, de Portugal, escribió 
la mayor parte de sus Historiarum lihri ]H advcrsus paganos 
en HiiKJna (417-418), valiéndose de la biblioteca de San Agus- 
tín, que escribía entonces su obra de la Ciudad de Dios, y á ins- 



S. V. FLAVIO MEROBAUDES 10 1 

lancias suyas. Es apologética para demostrar que las calamidades 
sobrevenidas al Imperio romano no se debían á la religión cris- 
tiana, como decían los gentiles. Llega hasta la toma de Roma 
por Alarico, el 410, y se vale de Livio y de la Crónica de Ensebio, ' 
refundida por San Jerónimo. También escribió un tratado sobre 
el libre albedrío, contra los pelagianos. Es Orosio el primero 
que introdujo la providencia en la historia y la hizo verdadera- 
mente universal ; consideró al hombre como ciudadano de todo 
el mundo, ensanchando el concepto de patria, según el espíritu 
del Evangelio. Siguióle por este camino Bossuet. 

íl- Gennadius. Vir. ilL, 39: "Orosius presbyter, Hispanus genere, 
vir eloquens et historiarum cognitor scripsit adversum queridos et in- 
famatores christiani nominis, qui dicuiit defectum romanae reip. Chris- 
ti doctrina invectum, libros VII... Hic est Orosius qui ab Augustino 
pro discenda animae ratione ad Hieronymum (á Belén) missus rediens 
reliquias b. Stephani primi martyris tune nuper inventas primus intulit 
occidenti (á Menorca). Claruit extremo paene Honorii imperatoris tem- 
pore." San Agust., Epist. 166, 2 (á San Jerónimo) : "Venit ad me 
(413 ó 414) religiosus iuvenis, catholica pace frater, aetate filius, ho- 
nore compresbyter noster Orosius, vigil ingenio, promptus eloquio, 
flagrans studio... ad refellendas falsas perniciosasque doctrinas, quae 
animas Hispanorum multo infelicius quam corpora barbaricus gladius 
trucidarunt." Véase su intento en el prefacio. El onncsta de algunos 
manuscritos alude á Orosii moesta mundi. "Primum, dice Orosio, quia 
si divina providentia, quae sicut bona et iusta est, agitur mundus et 
homo." "lure ab initio hominis per bona malaque alternantia exerceri 
hunc mundum sentit quisquís per se atque in se hunianum genus videt." 
Con razón dice Ebert que es "prodigioso este primer ensayo de una 
historia universal cristiana, que es al mismo tiempo el primer ensayo 
de una historia universal en el sentido más amplio de la palabra". 

Edic. S. Havercamp, Lugd. Bat., 1738 y 1767; Migne, Patr.. 
XXXI, 1846, págs. 636-1212 y 1212-1216; Ad f'd. rec. Havcrcampi, 
Thorn, 1857; Zangemeister, t. V del Corpus Scriptor. Ecclesiast. latin., 
Vindobonae, 1882. Consúltese Morner, De Orosii vita eiusque hist. 
lib. VII adv. paganos, Berlín, 1844; Gams, Span. Kirchengcsch., II, 
pág. 398. Tradujeron á Orosio, Alfonso Gómez de Zamora (1439) y 
Domingo de García Martín (códice del siglo xv, Bibl. Nac, 10200). 

72. Año 4^. Flavio Merobaudes, español y cristiano, tan 
excelente soldado como poeta, mereció, en tiempo de Teodosio el 
mozo (siglo v), una estatua de bronce y una inscripción en el foro 
de Trajano; llegó á ser Cónsul. Conocíasele por el poemita en 
treinta hexámetros Merobandis Hispani scholastici carmen de 



102 ÉPOCA VISIGÓTICA (s V-VIl) 

Christo; pero Niebuhr descubrió en 1827 fragmentos de otras 
poesías profanas, de la misma elegancia y pureza de lenguaje 
de Claudiano, aunque no de su facilidad y flexibilidad. 

S.^NTO ToRiBio, Obispo de Astorga desde 447, escribió 
una carta á los obispos Idacio y Ceponio contra los Apócrifos 
y los Priscilianistas. 

El obispo Idacio, natural de Lamego, en Galicia (395-470), 
compuso su Crónica, que abarca del 379 al 469, de gran impor- 
tancia para la historia española. No parecen ser suyos los Fasti 
consulares hasta el año 468, sacados de Tito Livio. 

En el mismo siglo v florecieron Oriencio y Sedulio, que 
se han tenido por españoles y hoy se creen ser galo el primero 
y escocés el segundo. También se tiene por africano de Cartago 
al poeta Blosio Emilio Draconcio, autor del poema didáctico 
cristiano De Deo ó Hexaemeron, en tres libros ; pero por San 
Eugenio, Obispo toledano, parece fué español. El santo Obispo, 
por lo menos corrigió, mejoró y acabó el poema. También com- 
puso Draconcio epopeyas mitológicas : Hylas, Raptas Helende, 
Mcdea y otros temas retóricos: Deliberativa Achillis, Contro- 
versia de statua viri fortis; dos epitalamios y una elegia, Satis- 
factio, en la que ruega al Rey de los Vándalos. Gundamond 
(484-496), le dispense por no haberle celebrado en sus versos, 
habiendo loado á uno de sus enemigos. Resiéntese el poeta de 
la retórica de escuela ; pero es erudito en la Biblia y literatura 
romana. 

'3. Inscripción de Roma (Orelli, 1183, del año 433): "Fl. Me- 
robaudi v. s. coni. SC", después: "Fl. Merobaudi aeque forti et docto 
viro, tam faceré laudanda quam aliorum facta laudare praecipuo, cas- 
trensi expericntia claro, facundia vel otiosoruní studia supergresso, 
cui a crepundiis par virtutis et eloquentiae cura ingenium ita fortitudini 
ut doctrinac natura stilo ct cjladio pariter exercuit, neo in umbra vel 
latebris mentis vigorem scholari tantum otio torperc passus Ínter arma 
litteris militabat et in Alpibu.s acuebat cloquiuni. Ideo illi cessit in 
praeniium... iuiago aere forniata... Quod huic quoquc cum Au_s;ustissi- 
mis Roma principibus Theodosio et Placido Valenliniano reruní do- 
minis in foro Ulpio detulerunt. Remunerantes in viro antiquae nobili- 
latis novae gloriae vel industriam militaren! vel carmen, cuius prae- 
conio gloria triunphali crevit imperio." Sidonio, Carm., IX, 293: "Sed 
nunc tertius ille non Icgctur Raetin qui, patrium .solum relinquen.s, 
undosae pcliit sitim Ravcnnae, ])losorcs cui fulgidam Quiritcs et carus 
popularitale princeps Traiano statuam foro iocarunt." Edic. del poema 



S. VI. SAN MARTÍN DUMIENSE Io3 

cristiano en Migne, Patr., LXI, pág. 972. y en las obras de Claudiano. 
Las poesías profanas publicólas Niebuhr, Saint-Gall, 1823. Bonn, 1824; 
Weber, Corp. poet. lat., págs. 1367, 1370. Hay dísticos, endecasílabos y 
hexámetros, sobre todo en alabanza de Aecio y de Valentiniano III. 
Hansen, De vita Actii, Dorpat, 1840; G. Wurm, De rebiis gcstis Actü, 
Bonn, 1844. 

La carta de Santo Toribio se publicó después de la Epístola 15 del 
papa León I, Migne, LIV, págs. 693-695. 

Sobre la vida de Idacio, véase el prefacio de su obra. Procura ser 
veraz y es digno de crédito. H. Hertzberg, D. Hist. des Isid. (1874), 
pág. 52; F. Papencordt, Gesch. d. Vandal. Herrschft (1839), pági- 
nas 352-355 ; Flórez, Esp. Sagr., IV, pág. 345 ; Migne, Patr., LI ; J. M. 
Garzón, Idatii chronicon; ed. F. X. de Raní, Bruselas, 1845. 

Edic. del De Deo y de la Satisfactio: Faust. Arévalo, Roma, 1791, 
reproducidos en Migne, Patr., LX, págs. 595-932. Dracontii carmina 
minora plurima inédita ex códice neapolitano. ed. Frid. de Duhn, 
Lips., 1873, Teubner. 

74. Siglo VI. San Martín Dumiense (561-580), nació en 
Panonia, estuvo en los Santos Lugares, vino á Galicia (550), 
convirtió á los suevos, fundó el monasterio de Dume y fué des- 
de 561 Obispo de Braga, firmó el primero en el segundo Con- 
cilio de aquella ciudad (572), y murió en 580. Escribió Formula 
vitae honcstac. ó como dice San Isidoro. Differcntiac qiiatiior 
virtufuní (570-580?), cristianización de la doctrina de Séneca, 
tanto que por de Séneca aparece en algunos códices : Epístolas, 
Cánones. De ira, Pro rcpcUcnda iactantia. De Sitpcrhia, E.v- 
hortaiio huniilifatis, De Pascha. De moribiis, De correctione rus- 
ticorun y poesías. 

En este mismo siglo escribió su Cronicón Juan Biclaren- 
SE, godo de nación. Obispo de Gerona desde 591 y fundador 
del monasterio de Biclaro ó Valclara, en Cataluña (586). Alcan- 
za la historia desde el 565 al 590. 

'5- Greg. Tur., Hist. Franc, V. 38: "Nidli in litteris secundus 
suis temporibus habitus... versículos qui super ostium sunt in basílica 
S. Martini ipse composuít." Isid., Vir. ilL, 22: "Floruit regnante Teu- 
dummiro rege Suevorum, temporibus illis quibus Justínianus in rep. et 
Atanagildus Hispanus imperium tenuere." Sus obras en Migne, PatroL, 
LXXII. Consúltense: A. Weidner, Martini Dum. Formula rec, Mag- 
deburg, 1872; Gams, Kirchengeschichtc Spaniens. 1864, II, i, pági- 
nas 471-475- 

La Formula vitae en Flórez, Esp. Sagr., t. XV, págs. 383-393; en 



I04 ÉPOCA VISIGÓTICA (s. V-VIl) 

el códice de la Bibl. Nac. 10190 está traducida al castellano. Hay 
otros manuscritos que cita Bonilla, Hist. filos, csp., t. I, pág. 219. 

Isidor., Vir. ill., 31 : Joannes, Gerundensis ecclesiae episcopus, na- 
tione Gothus provinciae Lusitanae Scallabitanus." Estudió en Cons- 
tantinopla latin y griego y "séptimo demum anno in Hispanias rever- 
sus est". Fué perseguido por el rey arriano Leovigildo, "postea con- 
didit monasterium quod nunc Biclaro dicitur... Addit et in libro chroni- 
corum ab anno primo Justini iunioris principatus usque ad annum 
octavum Mauritii principis Rom. et quartuní Recaredi regis annum, 
histórico compositoque sermone." Edic. ; Flórez, Esp. Sagr., VI, y 
Migne, Patr., LXXII. Véase H. Hertzberg, D. Hist. des Isici., 1874, 
pág. 61. 

Isid., Vir. ill., 17 : "Apingius, ecclesiae Pacensis Hispaniarum epis- 
copus, disertus lingua et scientia eruditus, interpretatus est Apocalyp- 
sim, etc. Scripsit et nonnulla alia... Claruit temporibus Theodi prin- 
cipis Gothorum." Id., 20: "Justini.\nus, ecclesiae Valentinae Episco- 
pus... scripsit librum Responsionum ad quenidam Rusticum de interro- 
gatis quaestionibus... Floruit in Hispaniis temporibus Theudi princi- 
pis Gothorum." Id., 21 : "Justus, Orgellinatae ecclesiae episcopus et 
frater praedicti Justiniani", escribió una declaración alegórica del 
Cantar de los Cantares (Migne, LXVII). "Huius quoque fratres (obis- 
pos como él) Nebridius et Elpidius quaedam scripsisse feruntur." 
Id., 29: "LiciNiANUs, Carthaginis Spartariae episcopus (hacia el 584) 
in scripturis doctus", escribió cartas dogmáticas (Migne, LXXII). 
"Claurit temporibus Mauricii Aug. (582-602). Occubuit Constantino- 
poli." Véase Bonilla, Hist. filos, esp., t. I, pág. 220. Isid., Vir. ill., 30: 
"Severus, Malacitanae sedis antistes (hacia 580) collega et socius 
l.iciniani... edidit unum adversus Vicentium Caesaraugustanae urbis 
episcopum (arriano)... Est et alius eiusdem de virginitate ad sororem 
libellus. qui dicitur Anulus... Claruit temporibus praedicti inip." (Mau- 
ricio). Id., 32: "EuTROPius, ecclesiae Valentinae episcopus... scripsit 
ad episcopum Lucianum... epistolam... Scripsit et ad Petrum episcopum 
Ircabicenseni de districtione nionachorum epistolam" (Migne, LXXX). 

76. San Leandro, obispo de Sevilla (576-596), convirtió 
á los principales señores gcxios á la fe católica, juntamente con 
su rey Recaredo, en el tercer Concilio toledano (589). E.scril)ió 
contra los arríanos y un libro De institutionc zñrginuui et con- 
temptu mundi, dirigido á su hermana monja, Santa Florentina, 
y además no pocas cartas al papa San Gregorio I y á otros 
obispos. 

"• .San Leandro nació, probablemente, en Cartagena (Flórez, 
Esp. Sagr., V, 74 y 78), así como sus hermanos San Isidoro, San 
Fulgencio y Santa I'lorcntina. Isid.. Vir. ill., 28; "Lcander, genitus 



S. vil. SAN ISIDORO I05 

patre Severiano, Carthaginensis provinciae Hispaniae..., ex motiacho 
Hispalensis ecclesiae provinciae Baeticae constitutus episcopus." "Prae- 
terea edidit unum ad Florentinam sororem de institutione virginum et 
contemptu mundi libellum... Scripsit et epístolas multas ad papam 
Gregorium et... ad ceteros quoque episcopos. Floruit sub Recaredo, 
viro religioso ac principe glorioso." Edic. Migne, Patr., LXXII. 

78. Siglo VII. S.\N Isidoro (570-636), obispo de Sevilla, 
fué el escritor más eminente de su tiempo y el último notable 
del Imperio romano. Trabajador incansable, imitó á Casiodoro 
en recoger la ciencia antigua, tomando mucho de él y de otros 
autores, aunque no de Varron, cuyas obras, por consiguiente, 
se habían ya perdido por aquel entonces. Son famosos los Ety- 
mologiarnm (Originv.m) libri XX, y De natura rerum, obra 
muy leída y aprovechada en la Edad Media. 

También escribió sobre la Escritura San Fulgencio, su her- 
mano, Obispo que fué de Cartagena y de Écija (desde 591). 

79- San Isidoro fué hijo de Severiano, duque de Cartagena, y su- 
cedió á San Leandro en la Sede hispalense; presidió el Concilio I\' 
toledano, que uniformó la liturgia, y el hispalense II, que condenó la 
herejía de los Acéfalos, sostenida por un obispo sirio. 

Praenotatio libroriim d. Isidori a Braiüione edita: "Isídorus... His- 
palensis ecclesiae episcopus, Leandri episcopi successor et germanus. 
Floruit a tenipore Mauritii imp. (582-602) et Recaredi regis... Vir in 
onini locutionis genere formatus... Edidit libros differentiarum II... 
irooemiorum libruní unum (lista de los libros del Nuevo Testamento)... 
de ortu et obitu patrum librum unum... ad germanum suum Fulgen- 
tium episcopum' astigitanum officiorum libros II (litúrgicos)... synony- 
morum libros II... de natura rerum ad Sisebutum regem librum unum, 
in quo tam de ecclesiasticorum doctorum quam etiam philosophorura 
indagine obscura quaedam de eleinentis absolvit; de numeris librum I... 
de nominibus legis et evangeliorum librum I... De haeresibus librum I... 
sententiarum libros III, quos floribus ex libris papae Gregorii morali- 
bus decoravit, chronicorum a principio mundi usque ad tempus suum 
librum I... contra ludaeos, postulante Florentina germana sua... li- 
bros II... de viris illustribus librum unum, cui nos ista subiunximus, 
monasticae regulae liber I... de origine Gothorum ct regno Suevorum 
et Wandalorum historia librum I, quaestionum libros II... etymolo- 
giarum codicem nimia magnitudine, distictum ab eo titulis, non libris, 
queni quia rogatu meo fecit, quamvis imperfectum ipse reliquerit, ego 
in XX libros divisi. Ibi redundans diversarum artium elegantia, ubi 
quaecunque fere sciri debentur restricta collegit. Sunt et alia huius viri 
multa opuscula et in ecclesia Dei multo cum ornamento inscripta. 



I06 ÉPOCA VISIGÓTICA (s. V-VIl) 

Ouem Dens post tot defectus Hispaniae novissimis temporibus susci- 
tans, credo ad restauranda antiquoriini monunienla, ne usquequaque 
rusticitate veterasceremus, quasi quandam opposuit destinam... Quo 
vero ilumine eloquentiae... Acephalitarum haeresim confoderit synoda- 
lia gesta coraní eo Hispali acta declarant... Obiit temporibus Heraclii 
imperatoris (610-641) et christianissimj Chintilani regis" (636-640). 
Ildef. l'ir. ilL, 9: "Floruit temporibus Recaredi, Liwanis, Witterici, 
Gundemari, Sisebuthi, Suinthilani et Sisenandi regum annis fere XL 
tenens pontificatus honorem." Véase Ebert, Lit. d. Mittelalters, I, pá- 
gina 555. La lista de las obras de San Isidoro, escrita por San Braulio, 
parece seguir el orden cronológico. La Chronica sigue, según se lee en 
el prefacio, á "Julianus Africanus, Eusebius-Hieronymus et Victor 
Tunn". Los Viri ühistres, continuación de los de Gennadius ; y á San 
Isidoro continuó San Ildefonso (t 667). La obra De natura rerum es 
un manual de ciencias naturales, sacado de Suetonio en los Prata, de 
Solino y acaso de Higino, además de San Ambrosio, San Clemente y 
San Agustín. Los Origines ó Etimologías, están sacados de los Prata, de 
Suetonio, de Plinio, Casiodoro, Boecio. Edición completa : Faustino 
Arévalo, Roma, 1797- 1803, 7 vols., reproducida por Migne, Patr., 
LXXXI y LXXXIV. 

Consúltese H. Hertzberg, D. Hist. des Jsid., 1874; Carlos Cañal, 
San Isidoro, Exposición de sus obras é indicaciones acerca de la in- 
fluencia que han ejercido en la civilización española, en La Andalucía 
moderna, 1897; Flórez, Esp. Sagrada, t. IX y XXII; Bonilla, Plist. 
filos, esp., t. I, pág. 224, y en la pág. 437 los códices, traducciones y 
ediciones españolas de San Isidoro. Alfonso X hizo traducir las Eti- 
mologías al castellano, y hay un códice (i-6-13) en El Escorial del si- 
glo XIV ; otros en latín de los siglos x y xi allí mismo (J-&-3; Q-H-24). 

Sobre San Fulgencio, P. Martín de Roa, Ecija. sus santos y su an- 
tigüedad, Ecija, 1890. 

80. Poetas y músicos himnogratos en tiempo de los visi- 
godos fueron el obispo palentino Conancio (609-639), orde- 
nador de la música eclesiástica y autor de muchas y nuevas me- 
lodías, y Juan Cesaraugu.stano (S. Ildef., Vir. ¡II., c. 11 y 6). 
Distinguiéronse en aquel siglo, vii de la época visigótica, 
los Obispos de Zaragoza Máximo y Braulio. El primero escribió 
en verso y en prosa, sobre todo la continuación de Dextro, cuanto 
á lo sucedido entre los años 431 y 644. San Braulio, discípulo 
de San Isidoro, escribió la Fita Aemiliam, de San /Vcmilinno ó 
San Millán, monje de la Cogolla, las Actas de Ins mártires de 
Zaragoza y Cartas; murió Jiacia el 648. 

Tajón (Taius), de Zaragoza, discípulo y sucesor en aquella 
ciudad de San Braulio, escribió sus famosos libros Scntcntia- 



S. vil. SAN JULIÁN 107 

riii, en que trató de reducir á sistema la teología, mucho antes 
que Pedro Lombardo. Debió de escribir entre 649 y 672. 

San Eugenio se educó en la iglesia de Zaragoza, como dis- 
cípulo de San Braulio ; fué Obispo de Toledo (646-657) y escri- 
bió en metros variados poesías y, sobre todo, mejoró y acabó el 
Hcxacnieron de Draconcio. 

San Ildefonso, obispo de Toledo (657-667), escribió De 
virgínitate perpetua S. Mariae, De cognitione baptisrni, De zñris 
illiístribus (continuación de San Isidoro) ; murió en 667. 

San Julián, obispo de Toledo (680-690), discípulo de San 
Eugenio, nació en Cuenca y escribió : Prognosticon futiiri saecul'i 
ad Idalhim (Obispo de Barcelona) sive de praescientia fittiiri sae- 
culi libri III. una Doitonstratio scxtac actatis sen de Cliristi ad- 
ventu adversus Indaeos libri III, dirigida en 686 al rey Ervigio 
(680-687) ; una Historia de Wambae regís Gothorum Toletam 
expeditione (674) ó Historia rehellionis Pav.li adversus Wambam, 
la Vita Ildefoim Toletani, Memorialis sanctorum, Ars gratnma- 
tica^ poética et rhetorica (Roma, 1797; Keil, Gram lat., V, 
317-326).- 

Del 693 al 700 fué Obispo de Toledo Félix, que escribió la 
vida de San Julián y compuso himnos. 

81. San Isid., Vir. ill., 33: "Maximus Caesaraugustanae civitatis 
episcopus multa versu prosaque componere dicitur. Scripsit brevi stilo 
historiolam de liis quae temporibus Gothorum in Hispaniis acta sunt 
histórico et composito sermone. Sed et multa aha scribere dicitur, quae 
necdum legi." Edic. en Migne, Patr., LXXX, pág. 618; pero todo ello 
es obra de falsario, como lo de Dextro. Véase H. Hertzberg, págs. 65-73. 

San Ildef., Vir. ill., 12: "Braulio frater Joannis in Caesaraugusta 
decedentis adeptus est locum... Clarus est iste habitus... quibusdara 
opusculis. Scripsit vitam Aemiliani cuiusdam monachi... Habuit sacer- 
dotium ferme XX annis... Duravit in regimine temporibus Sisenandi, 
Chintilae, Tulganis et Chindasuinthi regum." Las 44 cartas que se 
Conservan, la Vita Aemiliani y las Acta de martyribus Cacsaraugus- 
tanis, hállanse en Migne, Patr., LXXX, págs. 649-720; Flórez, Esp. 
Sagr., t. XXX; códices de la Nacional en Bonilla, Hist. filos, csp., t. I, 
pág. 255. 

Las obras de Tajón en la Esp. Sagr., t. XXXI; Bonilla, Hist. filos, 
isp., t. I, pág. 257, y Z. Garcia Villada, Fragmentos inéditos de Tajón 
(Rez'ista de Archivos, Enero-Febrero de 1914). Las obras de San Julián 
en Migne, Patr., XCVI. Pero juntos los Padres toledanos, en la edición 
de Lorenzana: 55". Patrum Toletanorum Opera; Madrid, 1782. Véase, 



108 ÉPOCA VISIGÓTICA (S. V-VIl) 

además, el P. Tailhan. Les bibliothéques espagnoles du Haut Moyen Age; 
París, 1877. 

82. El Formn hidiciim, ó acaso mejor Liber ludiciorum, 
acabó de refundirse y completarse en el tiempo que medió entre 
la asociación de Witiza á la corona por Egica hasta la muerte de 
éste, insertándose leyes de Witiza en compañía de Egica á la 
colección que éste mandó, en el Concilio toledano XVI, se hi- 
ciese (ley 6 de Egica) de las leyes hispano-visigodas. La Lex 
l-Visigothornvi es la ordenada y compilada por Eurico (466- 
484), el primero que puso por escrito las leyes, antes no escritas, 
ó usos y costumbres legales de los visigodos; la Lex Romana 
WisigothoriuH ó Breviarium Alarici ó Aniani (su referenda- 
rius), dada por Alarico en 506, era para los romanos de su 
reino y están tomadas de las viejas leyes romanas, sobre todo 
del Codcx Theodosianus (438). En el Foritm ludiaim' hay 
leyes tomadas de una y otra ley wisigotlwnan, que están entre 
las que llevan por título Antigua, y las hay dadas por los Re- 
yes visigodos, cuando ya reinaban en España, según lo dicen 
sus títulos: Recesvinctus, Chintasvintus, Vbamha, Ervigius, 
Egica. 

83. Véase Rafael de Ureña, La legislación gótico-hispana, Ma- 
drid, 1905, y resumen en la Revuc hisp., t. XV, pág. 868. Es un estudio 
completo del Fuero Jusgo, de sus fuentes, evolución de sus leyes desde 
la antigüedad, de sus ediciones y trabajos hechos sobre él desde la edi- 
ción de la Academia en 1815. Complemento necesario es el Discurso 
del mismo Ureña en la Academia de la Historia, Madrid, 1909. 



ÉPOCA ARÁBIGA 
(siglos viii-xi) 



84. Resumen político: Monarquía asturiana (718-914). Monarquía 
leonesa (910-1037). Condado independiente de Castilla desde 930, se 
une al reino de León en 1037, apártase de 1157 á 1230. Reino de Na- 
varra (905) ; de Aragón (1035) ; juntos, de 1076 á 1134. Reyes de Cas- 
tilla y de León: Fernando I (1037-1065). Sancho II (1065-1072). Alfon- 
so VI (1073-1109). Toma de Toledo en 1085. Los árabes: Ommia- 
das (756-1031). Almorávides (1086-1156). Mozárabes eran los cris- 
tianos voluntariamente sometidos á los árabes y vivían entre ellos; 
muladics, los cristianos renegados; mudejares, los musulmanes que si- 
unieron viviendo entre los cristianos en las tierras reconquistadas; los 
judíos vivían entre moros y cristianos. 

85. El arabismo en el romance. — Conocida es la fecha del 
711, en que, entrando en España los moros, deshicieron el po- 
der visigótico y la señorearon en poco tiempo. Pasaron á Fran- 
cia ; pero, vencidos en 732 por Carlos Martell en Tours-Poitiers. 
fueron echados á esta parte de los Pirineos en 759 por el rey 
Pipino En 778 pasó á España Cario Magno, señalando la Marca 
hispánica. Por su parte, los españoles de Asturias y Aragón em- 
prendieron la reconquista, y á principios del siglo ix el Duero 
era la frontera, de manera que quedaban libres de enemigos 
Galicia, Asturias, León, Castilla (tierra de Castillos, con Burgos 
á la cabeza"), las provincias Vascas, Navarra, Aragón y Catalu- 
ña, con Barcelona. Tras los gloriosos reinados de Abderramán I 
(756-788) y Abderramcán III (913-961) acabó el califato cordo- 
bés (1031), desmembrándose en los emiratos (Reyes de Taifas). 
Vinieron después los almorávides (1086-1156), los almoha- 
des (i 156-1228), rotos en las Navas de Tolosa (12 12) y, toma- 



no ÉPOCA ARÁBIGA (S. VIII-Xl) 

da Córdoba (1236), quedaron reducidos al reino de Granada, 
hasta que en aquella ciudad entraron los Reyes Católicos (1492). 
Los moriscos fueron echados por Felipe III en 1609. 

El castellano debe al árabe solamente voces sueltas de cosas 
materiales, los verbos acicalar y taniar, la interjección ojalá (in 
slia Allah) y la preposición hasta (hatta) ; pero la mitad de esas 
voces son latinas, griegas y españolas arabizadas en la pronun- 
ciación. Los árabes tomaron del castellano no menor número de 
vocablos. La mayor parte de los que pasaron al castellano y los 
emplearon los antiguos autores han desaparecido ya ; otros cien- 
tíficos han pasado á la ciencia europea, como álgebra, cifra, cero, 
aldebaran, alhihada. 

En el comercio continuo de árabes y españoles, multitud de 
términos sueltos pasaron de una á otra lengua, ya que la índole 
de entrambas y las circunstancias políticas no llegaron á per- 
mitir un préstamo más íntimo, fonético ó morfológico. El árabe 
tomó del castellano tantos ó más términos que el castellano del 
árabe. De los primeros no pocos nos los volvió á regalar vestidos 
á la arábiga. De los segundos, unos procedían de pura cepa ará- 
biga; otros del persa, del griego, del latín, arabizados en diver- 
sas épocas; pero ya por haber sido unos eniplcados por solos los 
mudejares ó en poblaciones mudejares, ya porque, aunque gene- 
realizados otros en toda España, tenían sus equivalentes indí- 
genas, andando los tiempos han ido desapareciendo del habla ó 
de la literatura en su mayor parte, quedando otros confinados 
en Andalucía, Murcia, Aragón ; por manera que son muy redu- 
cidos los que han podido sobrevivir en el castellano general. Aun 
de éstos, no pocos son propios de las costumbres arábigas, como 
emir, sultán, alcoran ; de los apelativos enteramente castellanos, 
que designan objetos españoles, casi la mitad son arábigos ]x)r 
su lonna, pero proceden de otras lenguas. Puede asegurarse 
que los términos apelativos que expresan objetos españoles y que 
tienen su raíz en cl árabe no llegan á 250. Sola la preposición 
hasta y algunos verbos derivados de nombres ó adjetivos, 
pueden señalarse como huellas morfológicas; ningún sufijo, nin- 
gún influjo fonético debemos al árabe. La mayor parte de los 
térmmos que le hemos tomado j>crteneccn á la agricultura y á 
los industrias moriscas, y proceden de los últimos tiempos de la 
reconquista. 



El, ARABISMO EN EL ROMANCE I I I 

Hay que tener en cuenta que el árabe llegó á España in- 
fluido por los caracteres dialectales del Magreb y de la Siria, 
puesto que de estos países procedían los conquistadores. Ade- 
más, es sospechosa en extremo toda forma arábiga que se aduz- 
ca para explicar otra castellana, si esa forma no se encuentra en 
P. de Alcalá ó R. Martín. Los diccionarios arábigos, el de Frey- 
tag, el de Kazimirski, etc., dan de sí raíces y témiinos para sacar 
todas las palabras de todas las lenguas conocidas, con tal de ir 
á buscar las etimologías con un poco de buena voluntad. Muchas 
palabras que se han querido traer del árabe por hallarse en 
Alcalá, Martin, en escritores árabes españoles.y aun en Freytag, 
son de origen español, tomadas por los árabes de España. Con- 
viene, por lo mismo, señalar la raíz arábiga ó la fomia persa, 
griega, latina, etc., de donde proceden los términos arábigos 
de los cuales se pretenden derivar los castellanos. Alboroto y 
alborozo se encuentran en el árabe español Aben Cuzman ; pero 
no teniendo raíz arábiga, con razón los da por sospechosos 
Eguílaz : otro tanto debiera haber hecho con otros varios voca- 
blos. No basta tampoco que se usen en Marruecos, puesto que á 
Marruecos y á Túnez han ido multitud de palabras españolas, 
ya durante la reconquista, con el continuo trasiego de los moros, 
ya después llevadas por los moriscos, ya por los mismos españo- 
les. Hay también que tener en cuenta que algunos de los térmi- 
nos orientales han venido á España por mediación de otras ro- 
mánicas, aunque lo ordinario es que, nacidas en España, pasaran 
al resto de la Romanía. Sólo así se explica el fonetismo de los 
términos arábigos del francés, puesto que, antes de ser france- 
ses, fueron castellanos. 

El préstamo de los vocablos arábigos por el castellano fué 
durante los ocho siglos de su pemianencia en España, ni es fácil 
señalar cuándo se tomó cada uno de ellos. Es de notar que los 
moriscos, en el siglo xvi, influyeron con su pronunciación para 
que en algunas voces castellanas la í sonase como nuestra an- 
tigua X y quedase /, como jabón de sapóii, tijeras de tiseras, etc. 

86. El habla de los mozárabes se llamaba entre los árabes .,L.^J 
,,jsi*JI Usan al-ghadjam (Almaccarí, Analectas, t. I, págs. 86 y 170, tex- 
to arab.) ó ic<.»sr<jij| at-ghadjam'ia (Aben Cuzman, Aben Aldjazzar, Aben 
Buclarisli, Aben Alauam), ó sea el Aajamia, de P. Alcalá ó aljamía. 



112 ÉPOCA ARÁBIGA (S. VIII-Xl) 

Crón. Alf. XI: "Vos, escudero, ¡ sabedes bien la Arabia, 1 seredes bien 
verdadero | de tornarla en aliamia, ¡ departierdes el lenguaje | por Caste- 
llano muy bien." También adjamiat-al-Andalus (Aben Buclarish, Aben 
Albaitar). Significa lengua bárbara ó extraña, esto es, el romance cas- 
tellano, y distinguían el aljamia de Aragón (Aben Buclarish, "baina de 
sirvo" ó vaina de ciervo; el aljamia de Zaragoza (id.) ; aljamia balcnsia 
ó de Valencia (id.) ; el aljamia del levante de España (Aben Albaithar). 

También llamaban al romance al-latinia y al-latvñ-alghanñ ó latín, 
latín vulgar. Así Aben-AIbaitar, que asimila frecuentemente el nombre 
al-latvi'iat con el al-adjam'ia, y que alude al romance es manifiesto por 
ser vocablos castellanos y por la época en que vivió, del siglo xiii; 
al revés, aljamia llamaban los mozárabes toledanos, después de la 
toma de aquella ciudad, al puro latín (Simonet, pág. xxvi). Y es que 
el romance lo consideraban como un latín malo, pero latín al cabo. 
De este romance nos lia hecho el Diccionario Francisco Javier Simonet, 
el cual es de parecer que era el mismo romance de la España libre del 
Norte (pág. xxxvi). Consérvanse dichos, motes y voces en romance de 
los siglos IX y X (Simonet, pág. xxi), y sobre todo en los tratadistas 
arábigos de agricultura, que mencionan los nombres castellanos de mu- 
chas plantas. 

El arabismo en castellano fué tratado por el P. Francisco López Ta- 
marid de Granada {Diccionario de los vocablos que tomó de los árabes la 
lengua española, Nic. Ant., Bibl. Hisp., I, 334), por el P. Francisco 
Guadix (ibid., I, 329) ; por Covarrubias {Tesoro de la lengua castellana, 
161 1) ; por Martínez Marina {Memor. de la Acad. de la Hist., IV) ; por 
M. Ha.mmer {Bull. des Scances de I' Acad. de Vienne. 1854) ; por M. 
Mahn {Etimologische Untersuchungen auf dem Gebiete der Romanis- 
chen Sprachen, 1854-1864) ; por Diez {Gram. de las Icng. romi) ; por 
M. Engelmann {Glossaire des mots espagnols et port. derives de l'ara- 
be, 1861) ; por su continuador Dozy (el mismo título, seg. edic, 1869) ; 
por D. Leopoldo Eguilaz y Yanguas {Glosario etim. de las pal. españ. 
de origen oriental, 1886). Como obras indispensablemente auxih'ares 
hay que citar: la de Sousa {Vestigios da Ungoa Arábica em Portugal, 
1789) ; la de Fr. Joaquim de Santa Rosa de Vitcrbo {Elucidario das 
palavras, termos, e frases, que em Portugal antif^uamcnte se 'uisarao, 
1798), y, sobre todo, las de Pedro de Alcalá {Vocabulista aravigo en 
letra castellana, 1505) y Fr. Raimundo Martín {Vocabulista in .4rabi- 
co) : SciiiAPARELLi lo editó en 1871. Y la del P. Lammens {Remarques sur 
les mots franjáis derives de l'arabc). Don Leopoldo Eguilaz ha abarcado 
los términos todos orientales, procedentes del árabe, hebreo, persa, turco, 
malayo. Pedro de Alcalá nos dio en su Vocabulista (Granada, 1505) el 
dialecto granadino de su tiempo en letras latinas, lo que nos permite co- 
nocer la pronunciación puntual de los moriscos. 

La literatura castellana no debe nada á la arábiga. A. F. v. Schack, 
Poesie und Kuiist der Araber in Spanicn und Sicilicn. 1877, obra que 
tradujo Juan Valera al castellano. Añadamos la obra de Francisco Javier 
Simonet, Glosario de voces ibéricas y latinas usadas entre los mozárabes. 




Banquete de Nabucodonosor. 
S.\N Beato, Cotncntarw del Apocalipsis (Catedral de Gerona). 



S. VIH. SAN BEATO Y ETHERIO Il3 

Madrid, 1888, con eruditísimo estudio sobre la civilización arábiga en 
España y su influencia sobre la cultura española, probando cómo todo 
se debió á los cristianos, fuera de las magníficas circunstancias de la 
grandeza á que llegó el Califato cordobés. Véase además Reinhart 
Dozy, Recherches sur l'histoire poUtique ct littcraire de l'Espagne ' 
pendant le moyen age, Leyde, 1849; 3.^ ed. París, 1881, 2 vols. 

87. Literatura latina y semítica en España. — Algunos secos 
cronicones y los escritos eclesiásticos de los mozárabes cordo- 
beses, qne conservan la tradición isidoriana, tal es la única lite- 
1 atura latino-hispana durante los siglos viii y ix; los siglos x 
y XI pertenecen á los árabes y judíos españoles en medio de la 
ignorancia imiversal europea. Esta literatura .semítica sólo' llega 
á influir en la latino-hispana y en la castellana de los siglos xii 
y XIII, avivando más la filosofía escolástica, comunicándole las 
obras griegas, tomadas de la escuela alejandrina, despertando 
la ciencia en Europa, las matemáticas, la medicina, la astrología 
y la alquimia, y trayendo á la naciente literatura castellana el 
apólogo y otros libros sentenciosos y morales de la India. Flore- 
cen desde el siglo xi la epopeya francesa en la lengua d'oil de 
la Francia septentrional, y en Ja d'oc del Mediodía la lírica pro- 
venzal, que adelantarán en el siglo xii el naciiniento de la len- 
gua literaria castellana y originarán el mester de clerezía, la 
epopeya francesa en Castilla y la escuela galaico-portuguesa la 
lírica pro^'enzal en las partes occidentales y orientales de la Pen- 
ínsula. 

88. Siglo VIII. El año 754, según Dozy, se escribió la Crónica de 
Córdoba, atribuida falsamente al Pacensis ó Isidoro de Beja de Por- 
tugal ó Badajoz, y que abraza del 611 al 754. Hay, del mismo autor, 
otro Epitome Imperatorum vel Arahum Ephcmeridcs atquc Hispaniae 
Geographia, uno voluminc collccta. Véase Flórez, Esp. Sagr., t. VIII, 
apénd. II. Editólo Sandoval, Pamplona, 1615. 

89. El año 783, S. Beato de Liébana y Etherio escribieron una 
Apología ó refutación de los errores de Elipando, obispo de Toledo 
(hacia el 782, t 808), del cual véase Flórez, Esp. Sagr., t. V, apénd. X. 
Expusieron en ella doctrinas filosóficas curiosas sobre el compuesto 
humano, el alma y sus potencias, sobre las relaciones entre Dios y el 
alma, sobre la naturaleza y origen del mal. Imprimióse en 1677 (Ma.vi- 
ma Bihliotheca Veierum Patrmn, t. XIII, pág. 353). Además, S. Bea- 
to escribió, desde el 784 en adelante, un insigne comentario al Apo- 
calipsis, del cual hay un códice en la Academia de la Historia, otro 

8 



I 14 ÉPOCA ARÁBIGA (S. VIII-Xl) 

en la Biblioteca Nacional y otros dos menciona Jaime Villanueva 
(Viaje literario) como haber visto en las catedrales de Urgel y de 
Gerona. 

90. Año 798. Casi el único poeta de la corte de Cario Magno fué 
el español Teodulfo, discípulo de San Isidoro, obispo de Orleáns y 
aficionadísimo á la antigüedad clásica. Fué nombrado Missus domini- 
ciis en 798 y consejero del Emperador; pero en 818 fué encerrado en 
un convento por falsa acusación, al parecer, donde murió, en 821. 
Edic. Sirmond, Opera varia, t. 11, 1696; reproducida en Migne, Patr., 
CV. Consúltense: B. Hauréau, Singidaritcs Historiques ct Littérairrs, 
pags. 37-99; Ebert, Histoire gen. de la Httérat- an Mayen Age, t. II, 
págs. 81-97; Baunard, Théodtilphe, évcque d'Orleans, París, 1860; 
Lieroh, Die Gedichte Theodulf, Halle, 1880. 

91- Siglo IX, año 82¡. Claudio, obispo de Turin (823), discípulo 
de Félix de Urgel, hereje, escribió Cathena Patruin, comentario sobre 
San Mateo, allegando y concordando las sentencias de los Santos Pa- 
dres, y un libro explicando por qué había quitado las imágenes y cru- 
ces de sus diócesis. Fué, luego de muerto, condenada su doctrina en 
el concilio de París. Vivía todavía el año 839. 

93. Año Ssy. El ABAD EsPERAiNDEO, mozárabe de Córdoba, tuvo 
escuela, donde estudiaron San Eulogio y Alvaro. Escribió el Apologé- 
tico contra Mahonta, del cual nos ha conservado un trozo San Eulo- 
gio, en el Memoriale Sanctorum. Además la Historia del martirio de 
Adulfo y Jvan (827), según dice el mismo santo, á ruegos de Alvaro; 
pero se ha perdido, asi como un tratado contra ciertos herejes. 

93. Año SjQ. Probablemente el que suscribió el Concilio de Cór- 
doba (839) fué el Juan, arzobispo de Sevilla, que los árabes llamaban 
Caett Almatran, y es diferente del retórico Juan Hispalense; comen- 
tó en árabe los Evangelios. 

94. Año 849. Prudencio Galindo, obispo de Troyes, tenido por 
santo en aquella tierra, escribió un tratado sobre la predestinación, si- 
guiendo la doctrina de San Agustín, presentándolo en el Sínodo de Pa- 
iis el año 849. Intervino Juan Escoto Eriugena (¿800-873?) con su 
tratado panteísta y racionalista De dii'isione naturac. Refutólo Ga- 
lindo con la extensa obra De divina Praedcstinationc liber (851). Es- 
cribió también Anales de Francia y poesías, de las que se conservan 
algunas, publicadas por Nicolás Camuzat, Sacrar. antiquit. Tricassia- 
nae dioecesis; Barthio, Advcrs., 1. XVIII, c. 2; y Le Bocuf, Crit. de 
los anales Bertinianos, t. I. Consúltese Bonilla, Hist. filos, esp., 1. I, 
pág. 281. 

9.'». Año 851. San Eulogio, cordobés, martirizado el 859, escri- 
bió Memoriale Sanctorum (hacia 851 y 853), Documcntum Martyriale 



S. X. LITER.\TURA SEMÍTICA Il5 

(851), Apologcticus Sanctorum (857), Epistolae. Edic. Alcalá (acabada 
«•n 1574, con Notas de A. Morales); Francfort, 1608; después en la Bi- 
bliotheca Patrum. Consúltese Flórez, Esp. Sagr., t. X. 

96. Año S54. Paulo Alvaro ó Alvaro Cordobés, de raza hebrea, 
vivió hasta después del 859, pues escribió el martirio de San Eulogio 
de aquel año, de modo que debió morir el, 861. Compuso versos hexá- 
metros y pentámetros (después del 851). Confcssio Alvari (860, lo 
más tarde). Líber Epistolarum. Luminosus Indicnlus (854). Liber 
Scintillarum. Vida de San Eulogio. Ed. Flórez, Esp. Sagr., t. XI. 
Ms. en la Nacional, véase Bonilla, Hist. filos, esp., i. I, pág. 297. 

9 7. Año 864. El ABAD Samson, cordobés, fué elegido abad del 
monasterio Pinamelariense, cerca de Córdoba, el año 858, cura de 
San Zoil de Córdoba el 862. defendió la Iglesia contra la mala doctri- 
na del obispo malagueño Hostegesis y otros herejes antropomorfitas, 
siendo por ello muy perseguido, desterrándose en 864 á Tucci, desde 
donde escribió un Apologcticus y murió en 890. Edic. Flórez, Esp. 
Sagr., t. XI ; Bonilla, Hist. filos, esp., t. I, pág. 299. 

98. Hacia el 871 floreció Romano, prior del monasterio de San 
Millán, que escribió poesías. 

Sebastián, obispo de Salamanca, parece ser el autor del Chroni- 
con, de escaso valor histórico, que reseña los hechos de Wamba á Ordu- 
ño I (672-866), que otros atribuyen á Alfonso el Magno. Escrito en As- 
turias, comprende desde el año 672 al 866. Consúltese Flórez, Esp. 
Sagr., t. IV, pág. 200, y t. XIII, apénd. VII, pág. 477, donde está edita- 
do. El Chronicon Albeldense tiene dos partes: la primera se acabó del 
881 al 883, por autor desconocido ; la segunda, en 976, la escribió Vigi- 
la, monje de Albelda. Flórez, Esp. Sagr., t. XIII. 

A fines del siglo ix, San Valerio, abad del Vierzo: De Vana saeculi 
sapicntia, Dicta Bcati Valcri ad Beatum Donadcum. De Boncllo mona- 
cho. De rei'clationc Baldarii. 

99. Con razón dice Bonilla que, exceptuando los nombres de 
Isaac Israeli (t 940), del caraita David ben Meruan y, sobre todo, el 
de su contemporáneo Sadia Gaon (892-942), no hay ningún otro en el 
Oriente hebraico que pueda competir con los de la patria de Aben 
Gabirol y de Maimónides. El neoplatonismo místico y el racionalismo 
aristotélico son las dos corrientes de los autores hispano-judíos. Pero, 
además, los principales escritores arábigo-españoles de la escuela his- 
tórica cordobesa (Aben Alcutia, Aben Hayan, Aben Hazem, Aben 
Pascual), fueron de raza española y descendientes de mozárabes ó de 
muladíes (renegados). 

100. Siglo X. Rabí-Moisés-i-en-Hanoch (t 965) fundó en Cór- 
doba una célebre escuela talmúdica, fuente de cultura para los hebreos 



Il6 ÉPOCA ARÁBIGA (S. VIII-Xl) 

españoles, superior en la Edad Media á la de sus demás correligiona- 
rios de Europa y Asia. El cordobés Mohamed-ben-Abdalah-ben-Me- 
SARRA trajo de Oriente los libros del seudo Empedocles, propagando 
en España su doctrina filosófica. 

Menahem-ben-Saruk, de Tortosa y Dun-asj-ben-Labrat inaugu- 
raron entre los judíos de España, siguiendo las huellas de Saadia 
(892-942) y de los Karaitas, los estudios gramaticales. El primero 
fué autor del más viejo léxico hebreo, que ha sido impreso en Lon- 
dres, en 1855; distinguió antes que nadie las raíces, ordenando por 
ellas su Diccionario. Los discípulos de estos dos maestros trajeron larga 
contienda. Iuda-ben-David fué el primero que dio base científica al es- 
tudio del hebreo sobre las raíces trilíteras, y escribió en árabe tres libros 
de gramática. 

101. Del mismo siglo x fueron: Abul Cassen Moslema-ben-Ah- 
med-el-Magherity, "el primer gran nombre de la España sabia", se- 
gún Leclerc, que comejitó el Almagcsto, de Tolomeo ; compuso un Su- 
mario de las Tablas de Albatcgui; comentó las de Mohamed-ben-Muza, 
reduciendo los años persas á los arábigos; dejó un Tratado sobre el 
Astrolabio; otro de Alquimia (Ms. Bibíl. Escorial) ; otro de piedras 
preciosas (Ms. en la Bodleyana) y otro De la generación de los anima- 
les (Ms. Bibl. Escorial). Arib-ben-Said-el-K.'^teb escribió el Calcfda- 
rio de Córdoba, y en árabe el Kiiab el Anua. El obispo de Ilíberis 
Rabí-ben-Zaid ó RecemundOj cordobés, compuso en árabe obras de 
Astronomía (Almaccari, II, 125) y el Santoral Hispano-Mozárabe, 
escrito en 961 (Sinionet, La ciudad de Dios, 1871). 

102. En Medicina fueron famosos: Hiaya-ben-Is.^ac, médico, de 
origen judío ó cristiano, que compuso un tratado de Medicina en cin- 
co volúmenes. Said-ben-Abd-Rabihi, inventor de un tratamiento de 
las fiebres, escribió un poema de Medicina. Abderrahman-ben-Ishag- 
ben-el-Heitham escribió Iktifa ó El libro suficiente. Aben-Golgol, 
E.rplicación de los nombres de los medicamentos simples de Dioscó- 
rides, Tratado de la Triaca, Historia de ¡os médicos del reinado de 
Al-haken, etc. Arib-ben-Saíd-el-Kateb, Tratado de la generación del 
feto y arte de los partos (Ms. Bibl. Escorial). Abulcassis (.^bul-Cas- 
sem-Kalef-ben-Abas), el más famoso cirujano de la Edad Media, com- 
puso Tcsrif, en 30 libros. 

103. Autores ¡aliños en el siglo .v. Sampiro, notario real de 
León; después obispo de Astorga (1020 á 1041) ; escribió su Clironi- 
con del 924 al 982, y abrazaba en él desde Alfonso el Magno á Rami- 
ro II I (866 á 982). Ed. Flórez, Esp. Sagr., t. XIV. 

Del mismo siglo x fué Josef el Español (Josephus llispanus), que 
escribió De mtiltiplicatione et divisione numerorum. A fines del siglo x. 
Salvo, al);id de .Mbclda, compuso liinmos latinos elegantes {Esp. Sagr., 



S. XI. LITERATUR.\ SEMÍTICA IIJ 

t. III). Véase Aguirre en el t. III de los Concilios, y Mireo, De Scrip- 
ioribus ecclesiasticis, pág. 102. 

104. Siglo XI. En el siglo xi el gramático Rabí-Jonás-ben-Ga- 
NAj sienta en su libro De la Crítica ó de la Guía y Dirección lumino- 
sos principios exegéticos. Avempace (Ben-Padja ó Badja) (t 1138) ' 
fué el gran filósofo arábigo de aquel siglo: Régimen del Solitario; su 
Teoría del entendimiento adquirido originó la de Averroes. El filósofo 
y poeta judío Salomóx-ben-Gabirol (Avicebron) (io25?-io7o?), de 
quien Duns Jacobo (i265?-i3o8) se llama á sí mismo discípulo, es- 
cribió La Fuente de la Vida {Makor Hayim). la Corona real (Keter 
Malkuth) y e! Collar de perlas, donde enseñó su doctrina moral. Ba- 
chya-een-Ioseph fué moralista judio en el Libro de los deberes de los 
coracones; escribió entre 1040 y 1060. 

105. Filólogos fueron Samuel Naguid, que escribió El Libro de 
la Riqueza; Abul-Gualid-Meruan-ben-Ganah, cordobés, autor de "una 
obra maestra de lexicografía y gramática", segim Renán ; "creador 
de la sintaxis hebrea", según Graetz ; combatióle Samuel-ben-Negrela, 
entre otros. Avicebron compuso una Gramática hebraica en 400 versos 
ferósticos monorrimos. Abu-Ibrahim-Isaac-Aben-Kastar ó Saktar- 
YiTZAQUi (982-1057), filósofo y médico, escribió una gramática llamada 
Compilación y comentó la Biblia en su Sefer ha-zerufim. 

106. Entre los sabios del siglo xi se cuentan los siguientes: Abex- 
Essamej, que comentó á Euclides y escribió De la naturaleza de 
los números, De los cálculos del comercio, un Tratado de viatemá- 
iicas. Tablas astronómicas y el Tratado del astrolabio. Aben-Esso- 
FAR, Tratado del astrolabio y Tablas astronómicas. Arzaquel 6 
Azarquel, cordobés, vecino de Toledo, 402 observaciones para deter- 
minar el apogeo del sol, determinó el valor real del movimiento de pre- 
cesión de los equinocios en 49 grados y mdio á 50; nuestras tablas 
lo ponen en 50. Inventó instrumentos como el astrolabio Zarcallicum, 
y escribió no pocos tratados de Astronomía, puestos después algimos 
en latín por Gerardo de Cremona, y la Asafeha, en castellano, por 
orden de Alfonso X. Abderram^n-ben-Abdallat-Abu-Zaid, valencia- 
no. Tratado de Aritmética y Algebra. Abraham-ben-R.-Chija, judío 
barcelonés, Libro de Astronomía, que publicó Sebastián Munster con 
el título de Sphera Mundi (1546"). Libro de Geometría. 

107. Médicos famosos de aquel siglo fueron Aben-Guefith, De 
los medicamentos simples, Experiencias medicas, Tratado de las en- 
fermedades de los ojos. Manual de Terapéutica (Bibl. Escor.), Sobre 
los baños. Tratado del sueño. Mohamed-Ettemimy, del que hay en El 
Escorial un manuscrito de consultas de médico. Abu-Abdallaii-ben- 
Abdel-Aziz, el-Bekry, de Murcia, escribió sobre las plantas andaluzas 



Il8 ÉPOCA ARÁBJGA (s. VIII-.Xl) 

y una descr¡j>ción del Mogreb. Mohamed-ben-Ali-ben-Farak, el-Cha- 
FRA estableció en Guadix un jardín botánico. 

El presbítero Vincencio escribió en 1049 una Colección Canónica 
en árabe (Bibl. Nac.) ; varios muzárabs compusieron poesías arábigas 
(Simonet, Glosario, pág. xv). 

108. Fecha memorable, tanto para la política (i) como para 
la cultura española, fué la del año 1085, en que Alfonso VI tomó 
á Toledo y nombró por primer arzobispo de aquella ciudad á 
D. Bernardo, abad del Monasterio de Benedictinos de Sahagún, 
enviado por los cluniacenses de Francia á ruegos del mismo Rey, 
que había deseado introducir en España la reforma, comenzando 
por aquel Monasterio. Don Bernardo llevó á Toledo monjes de 
Sahagún y llamó á otros de Francia. En el Concilio de León, año 
de 1091, se decretó la reforma de los eclesiásticos y el uso de la 
letra francesa, y poco antes, á fuerza de mañas que se dieron el 
Arzobispo, el Legado del Papa y la Reina, se mudó el rito muz- 
árabe, tradicional en España, por el romano que hoy tenemos. 
La influencia de los cluniacenses señoreaba en los consejos 
del Rey y en toda España. "Allá van leyes do quieren reyes", dijo 
el pueblo, que tenazmente se opuso á la mudanza de rito, y pasó 
la frase en proverbio. La cultura francesa despertó, pues, la es- 
pañola, amortecida por tantos años de sujeción musulmana; 
hizo nacer en España la literatura escrita y erudita de los clé- 
rigos y frailes y el castellano literario; pero, por lo mismo, la 
nueva literatura castellana nació, como veremos, afrancesada y 
pretenciosa. Fué un movimiento aquél nada grato al pueblo, 
porque no se contó con él para nada y se hizo harto á su pesar. 
En Toledo, entre cluniacenses franceses, apoyados por los Reyes, 
y el Arzobispo, nació la literatura castellana y el lenguaje litera- 
rio juntamente con ella. Primero se escribió sólo en latín ; más 
tarde en castellano; pero siempre menospreciando las cosas del 
pueblo y verdaderamente nacionales. Y con todo, el pueblo se 
solazaba oyendo cantar á sus juglares gestas y romances, y tenia 
sus coplas y cantares y menudeaba sus refranes y proverbios, y 
esta popular literatura valía infinitamente más que -la que, á 
imitación de la francesa y en metro francés, comenzaron á es- 
cribir los clérigos y siguieron después escribiendo clérigos y 



(1) r>e Corles tenemos como lis más antiguas las de I.C'Sn, lo», ó Kuero ilt León, j 
las de Coyaora, loSo, cuy<s tcaijuccioaes castellanas son del siglo xill. 



S. XI. LITERATURA LATINO-HISPANA I IQ 

magnates durante siglos, hasta fines del xv^ en que abrieron los 
OJOS, conocieron lo que valía el arte popular y olvidaron sus 
afrancesados y aprovenzalados versos. 

109. Para conocer el influjo cluniacense y su carácter opuesto al 
castellano, oígase á Vignau, en el índice de los documentos del Monas- 
ttrio de SahagiUi, Madrid, 1874, introd., pág. v: "El rito mozárabe es 
sustituido por el romano; la letra llamada visigótica cede su lugar á 
la galicana; se reforma la administración de los Monasterios de la 
Orden, subdividiéndola en varias dependencias ú obediencias, dirigidas 
por otros tantos monjes, con los nombres de armarius, apothecarius, 
cellerarius, camerarius, sacrista, elcinosinarius, ostalarius, iiifirmarius, 
etcétera; sustráense aquéllos á la jurisdicción episcopal, con sujeción 
inmediata á la Santa Sede, que, por su parte, les concede exenciones 
y privilegios; se trata de implantar en nuestro suelo el feudalismo exa- 
gerado, que noblemente rechazan los pechos castellanos; y las mitras 
y los capelos, las prelacias y dignidades pasan á manos de los refor- 
madores de Cluni. Sahagún ve en tanto acrecer sus rentas y aumentar 
sus propiedades; en su recinto se labra moneda; consejeros áulicos son 
sus abades; sagrados é inviolables sus bienes; tumba de reyes sus bó- 
vedas, y el que fué humilde Monasterio, conviértese en almenado cas- 
tillo, que más parece regio alcázar que abadía de cogullados." 

101. Autores latinos en el siglo xi. El monje Oliva compuso en 
latín el Poema de la Música, prólogo al tratado de Música, de Boecio. 
En 1038 y 1095 acabó el presbítero Juliano, en Alcalá, las colecciones 
latinas de Concilios (Morales, Opúscída histórica, t. III, págs. 63-66; 
Burriel, Índice de la Librería de Toledo, núms. 199-200). 

A fines del siglo xi escribió el monje de Silos Grimaldo (t 1090) 
la Vida de Santo Domingo de Silos, en latín, publicada en 1736 por 
Fr. Sebastián de Vergara, y versos latinos que en ella inserta, por la 
mayor parte trocaicos octosílabos, conforme á la métrica popular es- 
pañola. 

Ni es de pasar por alto que en los Sínodos de León (1012), de San- 
tiago (1031 y 1056) y de Oviedo (1050), se prohiben los agüeros y en- 
cantamientos y demás obras de magia, mientras por la misma época 
en las escuelas arábigas de Córdoba "dúo erant magistri astrologiae 
qui legebant quotidie de astrologia... tres magistri legebant de Nigro- 
mantia et de Pyromantia et de Geomantia. Et unus niagister legebat de 
arte notoria" {Virgilü Cordub. Philosophia, Bibl. Tolet., plut. XVII, 
n. IV). 



ÉPOCA DEL NACIMIENTO DEL IDIOMA LITERARIO 
Y DE LA LITERATURA ERUDITA 

(siglo xii) 



111- Resumen político: Sepáranse Castilla de León de 1157 á 1230. 
Júntanse el Reino de Aragón y el Candado de Barcelona en 1137. Fun- 
dación del Reino de Portugal en 1139. Úñense definitivamente Casti- 
lla y León con San Fernando en 1230. Reyes de Castilla y León: Al- 
fonso VI (1073-1109). Doña Urraca (1109-1126). Alfonso VII (1126- 
1157). Reyes de Castilla; Sancho III (1157-1158). Alfonso VIII (1158- 
1214). 

Literatura francesa: la vida de Saint Brendan (1121), las epo- 
peyas de Roland, Chanson d'Antioche (de mediado el siglo xi y pri- 
mer tercio del xii) ; canciones caballerescas (de Francia, Bretaña y 
Roma) en los siglos xii y xiii; la Geste Royale {Roland, Pélerinage de 
Charlemagne, Huon de Bordeatix, Berte aux granas pies) ; la Geste de 
Gtiillaiime, la féodale (de Doon, d'Ogier, de Renaud). el ciclo del 
Saínt-Graal (d'Artus, de Lancelot, de Tristón) ; los Romans (de Tliébes, 
de Troie, d'Enée, d'Alexandre), que dan asunto á las demás literaturas 
de Europa. Desde mediado el siglo xii la lírica de la lengua d'oil ó 
francés, toma sus formas á la limosina d'oc, pastourelle, débat, auhe, 
chanson ó son d'amour, y de fines del siglo xii son los primeros fa- 
bliaux y dramas (Vierges folies, Adam, Jen de Saint Nicolás). 

Literatura provensal, de.sde fines del siglo xi hasta los Albigenses, á 
principios del siglo xiii. En el siglo xii Guillaume de Poitou, Bertrán 
de Ventadour, Marcabru, Jaufré Rudel, Rambaud d'Orange, Peire 
d'Auvcrgnc, Peire Rogier, Giraut de Borneil, Guilhcni de Cabestang, 
Arnaud Daniel, Bertrán de Born, Peire Vidal. 

< '-• Literatura hispano-scmitica. — Autores judíos, teólogos y filó- 
sofos. — JunÁ Leví, el castellano (io85?-ii43?), el más famoso poeta de 
los musulmanes españoles, escribió el Cusari, tentativa de filosofía 
religiosa ó reacción, más bien, del espíritu tradicional judio contra la 



S. XII. LITERATURA SEMÍTICA 121 

filosofía peripatética, tratando de reducir á sistema la filosofía de la 
Biblia. Adraham-ben-David buscó en La Fe Sublime otra manera de 
conciliar el dogma con la filosofía, tirando al racionalismo, mientras que 
Judá Levi tira al tradicionalismo místico. Abraham-ben-Ezra (1070?- 
1138?), en su Jesod Mora, muestra tendencias neoplatónicas; comentó la 
Biblia y fundó la exégesis racionalista entre los judíos; llevó á Roma 
los estudios gramaticales y abrió el camino á la exégesis gramatical ; 
defendió las opiniones de Saadía contra las de ben-Labrat, y su última 
obra fué el Safah Berurah, de gramática hebrea. En la exégesis racio- 
nalista siguiéronle Joseph Kimji y sus hijos David y Moisés, oriun- 
dos de España y nacidos en Narbona. Los trabajos gramaticales de 
estos tres son bien conocidos, y aunque Renán y Graetz los tienen por 
inferiores á los judíos del todo españoles, ellos son los que influyeron 
€ntre los cristianos. El cordobés Maimónides, Moisés-ben-Maimón 
(1 135-1204), después gran rabino en el Cairo y médico de Saladino, el 
Aristóteles judaico, compuso More Ncbíijim ó Guía de los que dudan, 
suma teológico-filosófica, que concilla la Biblia con el peripato, apli- 
cando á la interpretación bíblica la filosofía aristotélica con criterio 
racionalista, como precursor de Espinosa en el Tratado teológico-po- 
litico. Es audaz en teodicea, y con esta famosa suma despertó gran 
lucha en las sinagogas del Mediodía de Francia é influyó en la esco- 
lástica. Tradujese al castellano en el siglo xv, y del árabe al hebreo 
la vertió Aben-Tibón. Comentó además la Mislina. Los judíos españo- 
les, por ejemplo, Moisés de León, contribuyeron al segundo y más 
famoso de los libros cabalísticos, el Zohar (1300?). Zadik-ben-Zadik, 
cordobés, escribió un Tratado de Lógica y el Microeosmos, Olam Oatom, 
en que emplea el procedimiento psicológico, al modo de Sabunde. 

113. Filósofos árabes del siglo xii. Abu-Beker-ben-Abd-el- 
Melek-ben-Thofail (1116-1185) compuso la novela filosófica, traducida 
al latín con el titulo de Philosoplms Autodidactus, de misticismo ale- 
jandrino y doctrina armónica. Averroes, Mohamed-ben-Ahmed-bex- 
RoSHD (1126-1198), que además de sus Comentos mayores y menores y 
de sus Paráfrasis de Aristóteles, escribió muchos tratados, de los que 
se conservan la refutación del Tehafot, de Algazel (enemigo de la filo- 
sofía y partidario de cierto escepticismo místico), el De Substantia 
Orbis, la Epístola sobre la conexión del intelecto agente ó abstracto 
con el hombre, el Del curso de la filosofia y la teología. Fué el fundador 
de la teoría del intelecto uno ó de la racón impersonal y el que más 
influyó en la escolástica y fué por los escolásticos refutado. 

ll-í- En filología, además de Abraham-ben-Ezra y de los Kimjis, 
florecieron Abu-Suleiman - David-abe.v - Mohadjar, que escribió el 
Sepher ha Melachim; Altabex, de Zaragoza, una gramática hebraica 
en árabe; Abul-Hassan-Ezra-ben--Exe.\zar, la obra gramatical El Com- 
plemento; ]Moisés-ben-Ezra, la Poética Diálogos y recuerdos. 



122 EVOCA DEL SIGLO XII 

115- En ciencias fueron notables: Abu-Isaac-al-Bitrqdji {Alpe- 
tragius), que escribió de Astronomía, traducido al latín, en 1217, por 
Miguel Scoto, y de Óptica y Perspectiva. Abu-Salt-Omeya, Tratado 
del Astrolabio. Averroes, Compendio del Almagesto. Ali-ben-Rachel, 
Tratado de Astrología, De cometarum significationibus, De revolu- 
tionwus narivitafum. Geber-ben-Afla, Líber Geberi f. Afla Hispalensis 
de Astronomía, libri IX, traducido por Gerardo de Creniona, l.iber 
tabulariim Jaferi cum regulis snis. traducido por el mismo, Tratado de 
los triángulos esféricos, Libcr Radiciim Geberi, Regulae Algebrae. 
Abrah.vni Savasorda, judío de Barcelona, Tratado de geometria y 
trigonometría (Ms. Bibl. Nacional de París). Juan de Sevilla ó de Luna 
tradujo al latín, juntamente con Domingo González ó Gundisalvo, mu- 
chos libros arábigos. Aben-Bageh comentó los libros De laj plantas, de 
Aristóteles. Abu-Zacaria-Hiaya-bex-Mohamed-be\-Alav.^m, el mejor 
geopónico árabe, escribió el Kitab-el-Fellaha, traducido por Banqueri 
(1802). AvEMPACE escribió sobre el Libro de los animales, de Aristóteles, 
y sobre el de las plantas, del mismo. 

116. En medicina sobresalieron: Abu-Salt-Omeya, famoso botáni- 
co y médico. Tratado de los medicamentos simples, .\vemp.\ce. Tratado 
de los tumores y de las fiebres, De la manera de sacudir los humores 
nocivos. Mohamed-ben-Quassun-Errafequy, Tratado de los ojos 
(Bibl. Escor.). Abu-Meruan-.'\bd-el-Malek-ben-Abil-Ol.\-bex-Zohar 
ó Avenzoar, distinto de otros cinco médicos escritores de la misma fa- 
milia sevillana, el médico más ilustre entre los árabes, sacados Avicena 
y Rasis, dedicó á Averroes el Teissir. Averroes. el ColUgct, libro de las 
generalidades de Medicina en seis libros, comentario al Cántico, de 
.\vicena, Tratado del temperamento, ídem de las fiebres periódicas, 
ídem de las pútridas, ídem de la triaca, comentarios á varios libros de 
Galeno. Maimó.vides, Aforismos medicínales. Tratado de la conserva- 
ción de la salud. Compendio de Avicena, Toxícologia, Huerto de la 
Salud, sobre materia médica, Compendio de Galeno y otros muchos 
tratados. Abu-Jafar-ben-Mohamed-ben-Ahmed-ben-Seyd (Errafequi), 
fué uno de los botánicos más citados por Aben-Beithar. 

tn. Benjamín de Tudela, rabino, nacido en aquella ciudad de 
Navarra, cuyo nombre propio fué Benjamín-ben-Zona, fué el primer 
explorador de Oriente en la Edad Media: partió de Zaragoza en 1159 
ó 1 165, y volvió á España en 1173, año en que murió. Dio cuenta de 
sus viajes en el libro Massaoth shcl Raffi Binjamín, que se imprimió 
en Constantinopla, 1543, por primera vez, y se tradujo en muchas len- 
guas. Arias Montano lo tradujo con el título de Itinerario y se impri- 
mió en Amberes, 1565; edición inglesa de .'Ksher, The itinerary of R. 
Benjamín of Tudela, Londres yBerlin, 1840-1841. 

*18- Consúltense sobre los semitas españoles: Miguel Asín, El 
averroismo de Santo Tomás, en el Homenaje al Sr. Codera, Zaragoza, 
J904, págs. 271-331 ; Wilhelm Bacher, Marcus Brann, David Simonsen 



S. XII. I.1TER.\TURA SEMÍTICA 1 2? 

V- Jacob Guttmann, Moscs bcn Maimón, scin Lcben, seinc IVcrkc uiid 
sein Einfluss, Leipzig, 1908, un vol. (en publicación) ; Adolfo Bonilla, 
Histor. de la Filosofía española, Madrid, 1908-1911, 2 veis, (en pubi.- 
cación) ; Cari Brockclmann, Gcschichte der arabischen Literatur, Wei- 
mar, 1898; Berlín, 1899- 1902, 2 vols. ; Heinrich Brody, Studien su den 
Dichtioigen Jcluida-ha-Lez'is, Berlín, 1895: Víctor Cliauvin, Biblio- 
graphic des ouzrages árabes 011 relatifs aux Árabes, publics daits l'Euro- 
pe chrctienne de 1880 a i88¡, Liége, 1892-1901, 11 vols. (en publicación) ; 
Francisco Codera, Bibliotheca arábico-hispana, Madrid, 1882-1895, 
10 vols., y en colaboración con J. Ribera en los tomos III y IX; Vi- 
cente de la Fuente, Historia de las Universidades de España, Madrid, 
1884-1S89, 4 vols. ; Abraham Geiger, Diván des Castilicrs Abn'l Hassan 
Juda ha Levi, Breslau, 185 1 ; id., Salomo Gabirol und seine Dichtungen, 
Leipz'g, 1S67; Hirsoh Grátz, Geschichte dcr Juden ron den áltesten 
Zeiten bis anf die Gegenwart, Leipzig, 1865-1870, 11 vols.; Jacob 
Guttmann, Die Philosophie des Salomón ibn Gabirol, Gottingen, 1889; 
id.. Das Verhaltniss des Thomas von Aquino zum ludentum und zur 
jiidischen Literatur, Gottingen, 1891 ; Homenaje á D. Francisco Code- 
ra en su jubilación del profesorado, Zaragoza, 1904; M. Kayserlinj. 
Geschichte der Juden in Spanien und Portugal, Berlín, 1861 : 
id., Romaiiische Poesien der Juden in Spanien, Leipzig, 1859; L.-G. 
Lévy, Máimonide, París, 191 1; Fierre F. Mandonnet, Sigcr der Bra- 
bant et l'averroismc latin au xiii' siécle, Collectanea Friburgensia. 
fase. 8, Fribourg, 1899; Men. Pelayo, De las influencias semíti- 
cas en la literatura española. Estudios de crítica liter., segun- 
da serie, págs. 353-401, Madrid, 1895; Salomón Munk, Mélanges de 
philosophie ji'Jive et árabe, Paris, 1857; J. Münz, Moscs bcn Maimón 
(Maimonides). Sein Leben und seine IVerke, Frankfurt a. M., 1912; 
Pedro Alfonso, Die Disciplina Clericalis des Petrus Alfonsi {das alteste 
Novellenbuch des Mittelalters), ed. A. Hüka y W. Soderhjelni. Heidel- 
berg, 1911, Sammlung mittellateinischer Texte, t. I; Félix Perles, Die 
I'oesie der Juden im Mittelaltcr, Frankfurt, a. M., 1907; Hastings 
Rashdall, Universities of Europe in the Middle Ages, London, 1895, 
2 vols.; Ernest Renán, Averrocs et l'averroismc, 4.' ed., París, 1883; 
Amador de los Ríos, Historia social, política y religiosa de los judíos 
en España y Portugal. Madrid, 1875, 3 vols. ; José Rodríguez de Cas- 
tro, Biblioteca española de los escritores rabinos y gentiles españoles 
y la de los cristianos, Madrid, 1781-1786, 2 vols.; Michael Sachs, Die 
religiose Poesie der Juden in Spanien, Berlín, 1845; Adolf Friedrich 
von Schack, Poesie itnd Kunst der Araber in Spanien und Sidlien, se- 
gunda ed. Stuttgart, 1877, 2 vols.. traducción española de Ji'an Valera, 
3.* ed., Sevilla, 1881, 3 vols.; Jales Tailhan, Appendice sur les bibliothc- 
ques espagnoles du haut moycn age, en Charles Cahier et Arthur Mar- 
tin, Nouvcaux Mélanges d'archcologie, d'histoire et de littcrature sur le 
mayen age, París, 1877, t. IV, págs. 126-346; Leopold Zunz, Die syna- 
gogale Poesie des Mittelalters, Berlín, 1855-1859; id., IJteraturges- 
chichte der synagogalen Poesie, Berlín, 1865. 



124 ÉPOCA DEL SIGLO XII 

119. Literatura hispano-latina. — El movimiento literario 
comenzado desde la conquista de Toledo por Alfonso VI 
(1073-1109), en el año 1085, el primer arzobispo D. Bernardo 
y los cluniacenses, se acrecienta en tiempo de Alfonso VII 
(1126-1157) con el establecimiento del Colegio de traductores, 
amparado por el Rey y por su canciller y arzobispo de Toledo 
D. Raimundo (1125-1151). La persecución almohade lo favo- 
reció, refugiándose en aquella ciudad muchos sabios musulma- 
nes y hebreos, que trabajaron en el Colegio de traductores. 
Primero se tradujeron obras de Medicina, Matemáticas y As- 
tronomía, después obras de Filosofía. De todas partes de 
Europa se juntaron en Toledo, ganosos de aprender, cuan- 
tos querían ser sabios, y de Toledo destelló á Europa 
entera el saber semítico-hispano y el saber oriental, y por su 
medio, el antiguo saber helénico. Tras la ciencia y la Filosofía 
vino á tomarse en cuenta la Literatura, y como ésta se viste y 
arrea siempre del lenguaje hablado, tenia que nacer la litera- 
tura escrita y el castellano literario. Y efectivamente, en los 
reinados de San Fernando (1230-1252) y de D. Jaime el Con- 
quistador, comienza á emplearse el castellano en la especulación 
científico-literaria, tanto en Castilla como en Cataluña, y esto 
antes que en ninguna otra lengua románica, traduciéndose é 
imitándose los libros morales de Oriente, obras didácticas lite- 
rarias, que son el paso á la pura literatura : la Disciplina Clcn- 
calis, de Pedro Alfonso; el Llihre de la Sazñesa. el Libro de los 
doce Sabios, las Flores de Pliilosophia, el Libro de los buenos 
proverbios, la Poridat de Paridades, el Calila e Dina y el Sen- 
debar, que por otros nombres se intituló el Dolopatiws ó la His- 
toria de los Siete Sabios ó la Historia del Príncipe Eraste 6 
Libro del Cendiibete, tra<lucido del arábigo por D. Fadrique, 
hermano de Alfonso X, el año de 1253. Este Sciidebar. el Bar- 
laam y el Calila e Dina, que por orden de Alfonso X se tra- 
dujo del árabe en 1261, son los tres libros principales, segini 
Menéndez y Pelayo, en que la literatura no\'elesca de Oriente 
pasó al Occidente en la Edad Media. 

120. Los jitdios y mozáraljes eran los que tradiician, iialuralniciitc 
al idioma vulgar castellano, ponicndolo en latín los clérigos y frailes, 
que sabían latín. Sobre este Colegio ó Escuela de traductores véase 
Amable Jourdain, Rcclicrches critiques sur ¡'age ct ¡'origine Jes traduc- 



EL COLEGIO DE TRADUCTORES 1^5 

iions latines d'Aristotc, Paris, 1843; F. Wüstenfeld, Dic Ucbersctzun- 
gen arahischcr IVcrke in das Latciuische (Abhandl. d. K. Ges. d. Wis- 
senschaften zu Gottingen, LXXII, 1877) ; M. Steinschneider, Die he- 
braischcn Uebersctsungcn des Mittclalters imd die Juden ais Dol- • 
metschcr, Berlín, 1898; M. Pelayo, Hist. hetcrodox. españ.. I, 396-407; 
Leclerc, Histoire de la Mcdccine árabe, I, 191, París, 1876. Renán, 
Averroes et l'Averroisme, 5.° ed., pág. 200 : "La introducción de los tex- 
tos arábigos en los estudios occidentales divide la historia científica y 
filosófica de la Exlad Media en dos épocas enteramente diferentes. En 
ia primera, el espíritu humano no posee, para satisfacer su curiosidad, 
más que los raquíticos despojos que quedaron de las escuelas romanas, 
acumulados por Marciano Capella, Beda, Isidoro, y en algunos tratados 
técnicos, cuyo valer práctico salvó del olvido. En la segunda vuelve 
también al Occidente la ciencia antigua, pero más completa, en los co- 
mentarios de los árabes ó en las obras originales de la ciencia griega, á 
las que los romanos habían preferido compendios."" 

El arcediano de Segovia Domingo Gonz.\lez ó Gundis.^lvo tadujo, 
sobre todo, obras de filosofía de Avicena, Alfarabi, Algazali, La Fuen- 
te de la vida, de Avicebrón, y llegó á filosofar por cuenta propia, es- 
cribiendo obras como De imniorfalitate aniínac y De proccssionc miin- 
di, De Un-itate, en que resucita no pocas doctrinas del misticismo ale- 
jandrino, haciéndose precursor del panteísmo moderno. Consúltense los 
libros citados y Bonilla, Hist. filos, esp., t. I, pág. 316. Juan Hispalense 
ó de Sevilla, judío converso, colaboró con él, dedicándose más á tradu- 
cir obras de matemáticas y de astronomía. Dio á conocer á los cristia- 
nos el álgebra, tradujo el Ouadripartito y el Centiloquio, de Tolomeo; 
el Libro de las Figuras, de Tabit-ben-Cora ; las obras de Alfergan y 
del cordobés Alcabicio. Desde Alfonso VII hasta Alfonso X fué To!edo> 
el centro del saber y el emporio donde los cristianos españoles se 
hicieron con todo el comercio científica y filosófico de Oriente y del 
que había florecido y todavía florecía en España entre árabes y judíos. 
Así renació la filosofía española. Pero no menos la filosofia y la cien- 
cia de Europa entera, que de España y Toledo salió y aun vinieron á 
aprender los extranjeros. Allí vino á aprender árabe el italiano Ge- 
rardo de Cremona (1114-1187) y allí tradujo hasta 71 obras orien- 
tales (Balt. Boncompagni, Della vita e dclle opere di Gherardo Crcnio- 
nese, Roma, 1851). El inglés Daniel de Morley (1157-1199), según Pits, 
también estuvo en Toledo estudiando matemáticas. Por encargo de 
Pedro el Venerable, abad de Cluny, tradujeron el inglés y arcediano de 
Pamplona en 1143, Roberto de Retines y Hermann el Dálmata, por pri- 
mera vez, el Coran (1143), versión que se imprimió en 1550. Ayudá- 
ronles Pedro Toledano y el notario del abad de Cluny, Pedro Pictavien- 
se (Bibliotheca Máxima Vetertim Patrum, t. XXII, pág. 1030, Lugdu- 
ni, 1677). Otro Roberto Cataneo, con Rodolfo de Brujas, tradujo en Tolo- 
sa, en 1144, el Planisferio, de Tolomeo, y otro Roberto Castrense el Liber 
de composiiionc Alchemiac (1182) y el Calid Rcgi Acgyptiorum. Ro- 
dolfo de Brujas y Hermann tradujeron otras obras, que pueden verse 



120 ÉPOCA DEL SIGLO XII 

en Bonilla, Hist. filos, esp., t. I, pág. 367. Otro Hermann el Alemán, 
obispo de Astorga desde 1266, Adelardo de Bath y Miguel Escoto, tra- 
dujeron no pocas obras, siendo famoso el último por haber propagado el 
averroísmo desde Toledo. Cítanse además Esteban Arnaldo, de Bar- 
celona, que tradujo el Tractatus de sphera solida, de Costa-ben-Luca; 
un "Magister G. filius Magistri loliannis", que tradujo en Lérida el 
Lioer de simplici Medicina, de Algafiki, en 1258; un Platón Tiburtino, 
que vertió en Barcelona el Quadripartitutn, de Tolomeo, en 1138, y otros 
lloros. :savasorda, que vivía en Barcelona en el siglo xii, tradujo dos 
obras mas. A fines del siglo xiii, un canónigo de Toledo, llamado Marcos, 
trauujo otra vez al latín el Coran y varias obras de Galeno. De esta ma- 
nera pasó toda la ciencia y toda la filosofía al latín, derramándose por 
Europa. Nótese que varios de estos extranjeros fueron hechos obispos 
fu España. De Alfonso VIII (1158-1214) dice la Estoria de España, 
Madrid, 1906, pág. 686, que "enuio por sabios a Frangía et a Lombar- 
dia, por auer en su tierra ensennamiento de sapiencia que nunqua 
minguasse en el su regno, ca por las escuelas de los saberes mucho 
enderesqa Dios et aprouecha en el fecho de la caualleria del regno do 
ellas son ; et tomo maestros de todas las scjienqias et ayuntólos en Pa- 
lenqia, logar a abte et plantío para estudio de los saberes, et comunal 
pora venir los clérigos de todas las Espannas, et dioles grandes solda- 
das, porque tod aquel que de los saberes aprender quisiere, que alli 
uenga, ca alli fallara ende ahondo quel correrá alli como corrie la 
magna en el desierto a las bocas". 

121. Barlaam y Josaphat. La Estoria del rey Aneniur e de Josa- 
phat e de Barlaam, ed. F. Sauchert, en Romanische Forschungen (1893), 
t. VII, págs. 331-402. Consúltense: F. de Hann, Barlaam and Joasaph 
in Spatn, en Modern Language Notes (1895), t. X, cois. 22-34 y 137-146; 
E. W. A. Kuhn, Barlaam und Joasaph, etc., en Abhandlungen der phi- 
losopliisch-plulologischcn Classe: K'ónigliche Akadcmie der IVissen- 
schaften (München, 1899), t. XX, págs. 1-88. 

122. Pero Alfonso nació en 1062, fué judío aragonés, de Huesca, 
llamado Mose Sefardí ó Rabí Mosé; pero habiéndose convertido en 
1 106, tomó el nombre de I'cro ó Pedro, por haberse bautizado el día de 
San Pedro, y el de Alfonso por haberle apadrinado Alfonso I el Bata- 
l'ador. Escribió en latin: Dialogi lectu dignissimi in quibtis iinpiae 
iudaeorum opiniones evldcntissime cum naturalis, tum coelcstis phi- 
losophiac argtimcntis confutantnr {Biblioth. I'atr., t. XXI, pág. 172); 
De Scientia et philosophia ; Disciplina Clcricalis, colección de apólogos 
ó cuentos morales eslabonados á la manera oriental y cuyo fundamento 
son los Proverbios de SaUnnún, instruyendo un padre á su hijo acerca de 
la vida humana. Fué uno de los libros más leídos y saqueados en la Fdad 
Mcilia. Muclias parábolas del famoso Barlaam et Jnsapluit se bailan aquí, 
asi como en el Libro de los Estados y del Conde Lucanor, de Don Ju:in 
Manuel, en el Libro de los Castigos, en el de los Enxcmplos por a, h. c, 



F.r. SII.KNSE 127 

en el de los Gatos y en el Isopctc historiado ó Esopo en cuentos, obras 
posteriores, que tomaron de esta fuente y de otras orientales cuentos, 
asunto y manera de trabar las narraciones. La Disciplina Clcricalis tuvo 
duradera influencia. Logró tres versiones francesas, una en prosa en 
el siglo XV; otras dos en verso, publicadas, la una en 1760, por Barba- 
2an y reimpresa en 1808; la otra en 1824, con el original latino, por la 
Sociedad Bibliográfica francesa. Vicente de Beauvais, en la Edad Media, 
le copió pasajes en su Spccidum historíale. Fué Pero Alonso el primero 
que comunicó á los españoles el apólogo oriental, que de lleno entró 
en la literatura castellana á principios del siglo xiii y por ella en las 
demás literaturas de Europa (Puibusque, discurso en su edición del 
Conde Lucanor). La edición de 1824 fué reproducida por Migne, Pa- 
írología, t. I, pág 157; mejor es la de \'^alentin Schmidt, Pctri Alfonsi 
Disciplina clcricalis, Berlin, 1872. 

123. Hacia 1106 Ren.\llo Gramático escribió la / ita et Passio 
Sanctae Eulaliac {Esp. Sagr., t. XXIX, apénd. III). P. Fita: El maes- 
tro Renallo (en el Boletín de la Real Acad. de la Hist.). En el segundo 
tercio del mismo siglo Rodulfo, monje de Carrión, escribió Quaedam 
tniracida Gloriosissimi Maríyris Bcati Zoyli (Esp. Sagr., t. X, apén- 
dice IV), y Juan, diácono de León, la P'ita Sancti Froylani, Episcopi 
Legionensis {Esp. Sagr., t. XXXIV, apénd. VIII). 

124. Año 1119. Pelayo, obispo de Oviedo, escribió hacia el 1119 
su Chronicon, que abraza desde Bernardo II al fallecimiento de Alfon- 
so VI. Edic. Flórez, Esp. Sagr., t. IV. En la Biblioteca Nacional hay 
un Liber Chronicorum ab exordio miindi usquc Era MCLXX, al pare- 
cer del siglo XIII, y contiene el Prólogo de Pelayo, atribuyendo al Pa- 
cense el Cronicón de San Isidoro, la Ortographia lunioris Isidori, la 
Historia lob, Generaiiones Moysi, De Salomonis penitencia, etc.. Ordo 
annorum niundi brcvi collcctus a Beato luliano Pomcrio, la Chronica 
wandalorum regiini, la Suevorum Chronica, la Chronica regmn gofho- 
rum a Beato Isydoro, el Chronicon de Sebastián, el de Sampiro y el de 
PcLayo; luego bulas de Urbano II, el Chronicon turonense, etc., etc. 
Véase Antonio Blázquez: Pelayo de Oz'icdo y el Silensc (en la Rcv. de 
Arcnivos, Marzo- Abril, 1908). 

125. Año 1 139. La Historia Compostclana, escrita por mandato 
de Diego Gelmirez, fué escrita por Munio Alfonso, Hugo y Giraldo, 
canónigos de aquella iglesia, actores y testigos de los sucesos, criados 
y devotos del Obispo y por lo mismo tildados de parciales (Flórez, 
Esp. Sagr., t. XX) ; pero allí está retratado el pretencioso Arzobispo, 
malgrado sus servidores que, sin querer, lo pintaron tal cual fué, y acaba 
con el año 1139, poco antes de que muriese. 

126. El Silensc, monje de Silos, escribió su Chronicon para histo- 
riar el reinado de Alfonso VI; no llegó á él, pero sirve para restaurar 



128 ÉPOCA DEL SIGLO XII 

los de Pelayo y Samjpiro, que inserta íntegro (n. XLVIII al LXVI, 
inclusive los dos). Ed. Flórez, Esp. Sagr., t. XVII. 

127. Otros Cronicones escritos desde el siglo xi hasta principios 
del XIII, antes de Don Rodrigo Jiménez de Rada: el Conipostelano, 
que llega á 1126; el Iricnsc, hecho á fines del siglo xi; los Anales comr 
f Intenses, hasta el 1126; el Burgense, hasta 1212; el Lusitano, escrito 
después del 1212; los Anales Compostclanos, hasta la toma de Sevilla 
en 1248; el Coimbricense, añadido hasta principios del siglo xv. Véan- 
se en Flórez, Esp. Sagra., sobre todo, t. XXIII, y otros monumentos en 
Villanueva, Viaje literario, cuanto á Aragón y Cataluña; G. Cirot: 
Les hisioires genérales d'Espagne. 

128. La Gesta Roderici Campidocti, escrita probablemente en 
tiempo de Alfonso VI, cuyo manuscrito del siglo xiii posee la Acade- 
mia de la Historia, está animada del mismo espíritu que advertimos 
en los cantares de gesta y acaso no hace más que poner en latin lo que 
ya sonaba en las gestas cantadas por los juglares. Milá cree se escri- 
bió en Cataluña y es "en parte resumen y en parte traducción de otra 
poesía más popular, probablemente castellana" (Obseri'aciones sobre la 
poesía popular, 1853, pág. 62). Véase E. Du Meril, Poesies populaires 
latines, pág. 286; Amador de los Ríos, Lit. Esp., t. II, Ilustr., i, 
n. XXI; Dozy, Recherches sur l'hist. et la littér. de l'Esp., 3." ed., t. II, 
París, Leyde, 1881. Mejores ediciones: Risco en La Castilla y el más 
famoso castellano, apénd. VI, Madrid, 1792 ; R. Foulché-Delbosc en Re- 
vue hispan., 1909, t. XXI; con estudio A. Bonilla, Madrid, 191 1, y en 
el Boletín de la Real Academia de la Historia, 191 1, t. LIX, págs. 161- 
257. Tuvo que escribirse antes de 1238, en que tomó á \'alencia 
Jaime I de Aragón, pues hablando de aquella conquista poco después 
de la muerte del Cid, escribe el cronista: "et nunquaní eam ulterius 
perdiderunt''. El manuscrito es del siglo xiii, acerca del cual y de la 
polémica de Masdeu véanse la edición de Foulché-Delbosc y la de 
Bonilla. 

129. La Chronica Aldephonsi, esto es, de Alfonso VII, abraza 
desde 1126, en que falleció doña Urrraca, hasta la conquista de Alme 
ría (i 147), que el mismo autor puso en verso y es el llamado Poema de 
Almería. Ed. E. Du Meril, Poesies pop. latines de tnoycn age, París, 
1847, págs. 248-314. De otra canción en elogio de Ramón Berenguer IV 
(1139-1162) nos ha quedado la introducción. Estas obras en verso latino 
son como las predecesoras del Mió Cid castellano: uno y otras repro- 
ducen las gestas vulgares, pero haciendo obra de erudición. Sus autores 
eran de los segundos citados en aquella frase de la Crónica de Castilla, 
donde, hablando de las bodas de las tres hijas de Alfonso VI, dice que 
se contaron muchas "maneras de yoglares assi de boca como de pe- 
ñola". Los de boca eran los populares; los de péñola los eruditos. 



NACIMIEXTO DE L.\ LITER.\TURA ERUDITA I liQ 

130. A mediados del siglo xii, Pedro Compostelaxo compuso, á 
imitación de Marciano Capaila, de Boecio y de San Isidoro, en prosa 
y verso y con figuras alegóricas, el libro de Consolatione Rationis, 
publicado por el P. Blanco en los Beitráge, de Baeumker (iMünster),, 
ms. del Escorial (R.-110-2-14). Juan Hispano escribió Super Decrettim 
et Decretales Summa. San Martín, de León, escribió Epístolas apostó- 
licas y Comentario sobre el Apocalipsis. 

131. Nacimiento del castellano literario y de la literatura 
erudita. — ¿Cuándo nació la literatura castellana? La literatura 
popular sin duda alguna comenzó con el mismo romance. Los 
más antiguos Concilios, San Isidoro y otros Padres visigodos 
nos hablan de cantares y acaso de representaciones del pueblo. 
Refranes y cantares se hicieron en castellano desde que el habla 
de los españoles pudo llamarse romance, y no es de creer que 
jamás faltüsc en España literatura popular no escrita, desde 
los poemas en el idioma nacional que nos dice Estrabón tenían 
antiquísimos los turdetanos y los cantos en la misma lengua de 
que nos habla Silio Itálico, hasta la poesía latina de las inscrip- 
ciones que pueden verse en el segundo tomo del Corpus inscrip- 
tionum latinaruui, todo dedicado por Hübner á España, y las 
poéticas recogidas por Bücheler. Literatura escrita y, por con- 
siguiente, más ó menos erudita, no hubo, ni, por tanto, caste- 
llano literario hasta que se escribió en romance. Cuándo co- 
menzara á escribirse eso es lo que no sabemos. Rastros de cas- 
tellano literario escrito se hallan en piezas latinas desde el 
año 747 (Wólfflins, Archiv., I, 56) en la Crónica de Toledo, 
que acaso sea anterior (Tailhan, Anonyme de Toledo, 1885) (i). 
En un códice de Santo Domingo de Silos (Museo Británico) 
muy antiguo, aunque no anterior al siglo xi^ se hallan al margen 
unas cuatrocientas palabras vulgares, correspondientes á las 
latinas del texto ; las Cartas pueblas, escritas en latín, tienen no 
pocas voces puramente castellanas. Pero el monumento más anti- 
guo del castellano de aquella lengua vulgar de los españoles, que 
mientan el edicto de Carlos el Calvo (año 844, Flórez, Esp. 



(i> Véase Epitoma ¡mperatorum. Anonyme de Cordoue. Chronique rimée des der- 
niers rois de Toíéde et de la conquéte de l'Espagne par les .\rabes. Editée et annotée 
par le P. Jules Tailhao, Paris, i885 (con el título de Continuaíio hispana a DCCLIV, 
ed. Theodor Mommseo, Monumenta Germariiae Historiae. .ductores antiquissime. t. XI, 
págs. 323-369). .\deraás: Capitulationes penitentiarum de diversis cyiminibus^ ed. J. 
Priebsch (Altspanische Glossen) en el Zeitschrift für romanische Pliilologie, 1895, t. .KIX, 
págs. 1-40 



l3o ÉPOCA DEL SIGLO XII 

Sagr., XXIX, pág. 452) y San Isidoro, es posterior á los que 
hay en francés é italiano; en francés, los juramentos de Stras- 
burgo (S42), que es lo más antiguo que se conoce de las románi- 
cas ; en italiano, la Carta di Capita (960). 

El uso del bable y del castellano en obras forenses llega hasta 
el año 1 145 y 1173, 1180 y 1193, como lo probó Merino, y el 
más antiguo diploma que halló en castellano es del año 1206 
(véase además Fernández Guerra, El fuero de Aiñlcs, 1865). 

Pero dejando aparte estos atisbos de prosa literaria, la li- 
teratura escrita española alborea con una claridad tan limpia y 
despejada, tan natural y sincera, y á la vez con tal reciura 
de realismo y tan sin nube alguna de afectación ni de erudición 
extraña, que bien se echa de ver ser hija de la literatura popular, 
hasta entonces no escrita, pero que llevaba ya años y años de 
correr en labios del pueblo y de resonar por la llanura castella- 
na, como gala é himno triunfador de guerreros rudos y veraces, 
que se alientan con las proezas cantadas de sus adalides á pro- 
seguir la pesada empresa de la reconquista. El cantar de Mió 
Cid es la primera obra literaria, escrita entre 1140 y 11 57. an- 
tes de la muerte de Alfonso VII, que ha llegado hasta nosotrob 
en copia hecha en el siglo xiv por un cierto Per Abbat. Como 
la literatura griega comenzó por la epopeya, así comienza la li- 
teratura castellana. Como aquella epopeya estaba compuesta de 
rapsodias ó retazos, que la erudición posterior atribuyó á un can- 
tor llainado Homero, pero que la critica moderna descubre ha 
ber sido hechos por muchos cantores desconocidos, populares, 
y haber corrido cantados por populares rapsodas, en una pala- 
bra, que los poemas homéricos son el canto de las proezas de la 
raza que Grecia entona á sí misma, no de otra manera la epo- 
peya del Mío Cid está zurcida de tres retazos ó más, y fáltanle 
otros perdidos, algunos de los cuales se transparentan en las 
Crónicas posteriores y se hallan, remozados y modificados con- 
forme á los tiempos, en cantares que después vinieron : es el poe- 
ma en que España celebra sus propias hazañas. Mió Cié es un 
zurcido, repito, de rapsodias. ¿Fueron las primeras rapsodias 
que se escribieron ó escribiéronse antes otras, después perdidas? 
No lo sabemos; sólo sí, que, se escribieran ó no, las del Mió Cid 
no fueron las únicas de la epopeya hispana popular no escrita, 
ni mucho menos las más antiguas. El pueblo cantaba sus trozos 



NACIMIENTO DE LA LITERATURA ERUDITA l3l 

•épicos : era la literatura popular no escrita. De ellos no se sabe 
si se escribieron algunos; probablemente no llegaron á escribir- 
se. De toda aquella masa épica han quedado pruebas manifiestas 
en las Crónica^-, cuyos redactores, al describir los hechos más ó 
menos legendarios de los antepasados, retiñéndoles en los oídos 
los cantares épicos populares, se valían de sus frases hasta el 
punto de desleír en su prosa versos y trozos enteros de aquellos 
•cantares. Los únicos trozos que lograron salvarse enteramente 
por la escritura son los de Mió Cid. 

¿ Por qué se escribieron, no habiéndose escrito nada hasta en- 
tonces ? Esto es lo mismo que preguntar la causa del nacimiento 
■de la literatura escrita castellana, de la literatura erudita, la cual, 
por lo dicho, bien se ve haber tenido su origen en la literatura 
popular y no escrita. Esa causa está bien á la mano : nos la está 
mostrando el mismo cantar de Mió Cid y las circunstancias his- 
tóricas del tiempo en que se escribió. 

Cuanto al cantar, al echar por primera vez los ojos en él, 
■queda al punto desconcertado el lector, notando la barbarie del 
metro y no pudiendo entender cómo una fuerza épica tan gran- 
de y un tan fino valor poético como el que atesora el poema 
puedan casarse con tal rudeza en el versificar. A poco va uno 
notando que la mayor parte de los versos son alejandrinos, que 
hay bastantes otros de los llamados de pie de romance y que los 
■demás hay que achacarlos á los copistas, que condensan versos 
quitando palabras ó los alargan para declarar lo que suponían 
■estaba oscuro. 

Ahora bien, el que está versado en asuntos de métrica latina, 
francesa y castellana, luego se explica el misterio. Tanto el ale- 
jandrino como el pie de romance son metros derivados de la 
métrica latina, con una diferencia capital, clarísima para el lin- 
güista, conocedor del genio de la lengua castellana y de la len- 
gua francesa: que el alejandrino es el verso naturalmente fran- 
cés, como nacido que es del ritmo yámbico latino, que es el rit- 
mo de la lengua francesa, amiga de la entonación aguda ; mien- 
tras que el pie de romance es el verso naturalmente castellano, 
como nacido que es del ritmo trocaico latino, que es el ritmo de 
la lengua castellana, amiga de la entonación llana y grave. El 
métrico y lingüista que de esto esté bien enterado no puede me- 
.nos de descrifrar el misterio de la, al parecer, barbarie métrica 



I 32 ÉPOCA DEL SIGLO XII 

del mío Cid : el que lo escribió quiso cantar en versos franceses 
lo que oía cantar y acaso cantaba él en versos españoles. En ver- 
sos españoles, en romance, se había siempre cantado por el pue- 
blo; pero jamás se había escrito la poesía. ¿Por qué no escribir 
la poesía, como los franceses la escribían? Pero había que es- 
cribir en el metro de los que hasta entonces habían escrito, era 
de buen tono y estaba de moda todo lo francés ; lo vulgar cas- 
tellano no era para escrito. Con todo, esos cantares populares 
españoles los sentía el autor, como verdadero poeta que era; su 
asunto era digno de la escritura. Quiso, pues, cantar lo popular 
español en el metro épico erudito, de moda, francés, y logrólo en 
parte; pero como á buen novicio en este menester de métrica 
francesa, se le escapaban á cada paso versos castellanos de pie 
de romance, que eran los que entre el pueblo se cantaban. 

La lucha entre la métrica francesa, la erudita y de buen 
tono, digamos, y Ja métrica castellana popular, es manifiesta en 
Mió Cid. El autor tenía fino oído y construye muy bien ambas 
suertes de metros; pero los mezcla y en la consecución del 
asonante no guarda regla alguna, sin duda por la misma lucha 
y contrariedad métrica en que se ve enzarzado. Añádase lo que 
la inexperta mano de los copistas mal corrigió, dejando versos 
monstruosos de cortos ó de largos, que es imposible salieran del 
poeta y versificador, primer autor del cantar, y tendremos de- 
clarada la versificación extravagante de la obra. 

Cuanto á las circunstancias del momento histórico en que 
se escribió el Mió Cid y con él nació nuestra literatura escrita 
ó erudita, es cosa todavía más comúnmente sabida. El influjo 
de la literatura francesa fué consecuencia del valimiento que 
los franceses tuvieron en la corte de nuestros reyes desde Al- 
fonso VI. Sin ese influjo francés, claro está que más ó menos 
tarde hubiera nacido la literatura erudita. La toma de Toledo 
en 1085 por Alfonso VI fué el comienzo de una nueva era con 
la comunicación de los mudejares, de los moros latinados ó la- 
dinos, con los judíos, con la ciencia arábigo-judía de la España 
musulmana, que convirtió bien pronto aquella ciudad en puente 
entre la cultura oriental y la europea. La ciencia semítica espa- 
ñola iba á derramarse de allí como de su fuente á toda Europa. 
Comenzóse ix)r traducir en latin; pero presto se hubiera traciu- 
cido en romance. Los mismos judíos escribieron en castellano 



NACIMIENTO DE LA LITER.\TURA ERUDITA l33 

con caracteres arábigos, que es la que llaman literatura alja- 
minda. Pero no hay duda que la cultura francesa, su célebre 
épica, su escritura, el poder de los cluniacenses, la muchedum- 
bre de romeros que venían á Santiago, adelantaron el aconteci- 
miento y encaminaron la primera poesia escrita castellana por 
las vías clericales del mester de clerezui. Influencia erudita fué, 
como siempre, la francesa, que puso en olvido la del mester de ju- 
glaría ó poesía popular, retrasando, en cambio de ese adelanto, 
el ensalzamiento de la épica nacional de los romances por más 
de dos siglos. 

El asunto de algunos textos aljamiados está tomado de 
fuentes occidentales. Como el Recontamiento del Rey Alixandre, 
que procede del griego; la Historia de los amores de Paris e 
Vian-a, viene del provenzal; la Doncella de Arcayona nació del 
Libro de ApoUonio, poema castellano. El Poema de Yuguf, del 
siglo xiVj está en el metro del mester de derezia, así como los 
primeros versos de La Alabanza de Mahoma, obra muy pos- 
terior. 

Pero la prosa, de hecho, no nace en España hasta el si- 
glo XIII. Lo primero que tenemos es el tratado didáctico de un 
fraile navarro. Los dies mandamientos; después vienen los 
Anales Toledanos (1220 y 1250), la versión en romance del 
Fuero Juzgo (1241) y las acabadísimas y maravillosas obra? de 
Alfonso X (1220-1284V 

132. Hasta poco ha los escritores españoles, y aun algunos ex- 
tranjeros, confundían el origen de los romances con el de su literatura: 
el castellano nació, según ellos, en el siglo xi, puesto que hasta el xii 
no aparece literatura castellana. Es como si se dijera que el vascuence 
nació el siglo xvii, en que aparecen escritos vascongados. Hay una 
razón particular en el desenvolvimiento de las literaturas modernas 
europeas, y es que los romances siempre se consideraron como latín co- 
rrompido, indigno de escribirse. Los pocos letrados, para quienes y 
entre quienes se escribía, conocían el latín, de suerte que sólo en latín 
se escribió hasta que se tuvo alguna cuenta con las personas iletradas, 
que no sabían latín. Esto explica el orden de la aparición de las literatu- 
ras modernas. La más antigua es la inglesa. Con la conversión al cris- 
tianismo de los anglo-sajones en 597, que partieron de Roma San Agus- 
tín y sus compañeros, el latín volvió á la Gran Bretaña ; pero fué el 
Ir.tín muerto de los escritores eclesiásticos y de los monasterios. Nadie 
hablaba ya latín en Europa, y en Inglaterra, como en el continente, 
hubo escritores latinos : baste recordar al gran Ealhwine, de York, 



1 34 ÉPOCA DEL SIGLO XII 

Ó Alcuino, que Carlomagno llamó á su corte; á Aldhelm (t 709); í 
!Aeddi, autores, el primero, de poemas piadosos y de una prosodia latina^ 
el segundo, de la vida de San Wilfrith ; á Winfrith ó San Bonifacio, 
apóstol de los sajones del continente; á Beda, nacido en Nortumbria 
hacia el 673, que entre otras obras escribió la Historia Ecclesiastica 
Gentis Anglorum, Pero el pueblo no entendía el latín, así es que conti- 
nuó la literatura antigua anglosajona, acrecentándose con obras de 
utilidad actual sobre religión, historia, leyes, medicina, mientras que 
todo esto se redactaba en latín en Francia, Italia y España. La literatura 
en lengua indígena fué, pues, en Inglaterra mucho más antigua que en 
Francia. En esta nación comienza á escribirse para el común de las gen- 
tes en francés el siglo xi, antes que en Italia y España, porque el fran- 
cés difería más del latín que el italiano y el castellano, de modo que el 
pueblo necesitó antes se le escribiese en su propio idioma vulgar. Viene 
después la literatura castellana, y en poesía, como en prosa, en el Mió- 
Cid y en las Partidas, el idioma presenta todos los caracteres, no de un 
habla en mantillas, sino de una lengua muy acabada y de varios siglos de 
vida. En Italia es donde aparece más tardíamente la literatura, porque 
el italiano es el romance más allegado al latín, y porque el escribir en 
l;t!n era allí tan natural, mayormente dominando el elemento eclesiásti- 
co, que latín llamaban al habla vulgar, y al latín decían gramática, por 
ser para ellos un solo idioma, sólo que se escribía con gramática y co- 
rrección, y se hablaba, según ellos mismos, sin corrección ni gramática,^ 
se hablaba el latín estropeado y corrompido. Nació en Italia la literatu- 
ra cuando decaía ya en la Provenza, de donde, con los Emperadores, 
pasó á Italia, sobre todo con Federico Barbarroja, á quien acompañaban 
no pocos trovadores. Después de la cruzada albigense, la lírica proven- 
zal pasó los Pirineos y los Alpes. Los mismos italianos trovaban en 
provenzal, como Sordello de Mantua (Dante, Pnrg., c. 6, 7 y 8). Los 
primeros versos en lengua vulgar de Italia sonaron en Sicilia, cor» 
Ciullo de Alcamo, en los últimos veinte años del siglo xii, y el padrino 
de la lengua literaria italiana fué Federico II, políglota y poeta, aun- 
que mediano; su secretario Pier delle Vigne y su hijo Enzo, rey de 
Cerdeña, lo fueron bastante mejores. 

Podemos, pues, decir, que cuando se escribía de todo en el habla 
vulgar de la Gran Bretaña sólo se escribía en latín en el continente; 
que cuando ya decaía la gran poesía épica francesa aparece escrita la 
epopeya castellana; que cuando termina la lírica provenzal nace la ita- 
liana. Inglaterra, Francia, España, Italia: tal es el orden en la aparición 
de la literatura, precisamente el mismo en que difieren las lenguas de 
estos países del latín. 

El mejor prosista anglo-sajón fué un rey, Alfredo el Grande, que 
tradujo del latín la Historia universal, de Orosio; la Historia eclesiás- 
tica, de Bcda; la Consolación, de Boecio; la Regla pastoral, de San 
Gregorio, cuyos Diálogos tradujo á imitación suya AVerferlh, obispo 
de Worcester. En España la traducción del Fuero Juzgo y las Partidas, 
con otras preciosas joyas de la literatura castellana primitiva, se deben 



ORÍGENES DE LA EPOPEYA 1 35 

á otros dos reyes: á Fernando III y á su hijo Alfonso X. Pero la prosa 
siempre fué posterior á la poesía, y más á la poesía épica, por ser ésta 
la obra propia de la literatura popular y nacer siempre de la popular la 
literatura escrita ó erudita. La primera manifestación de la literatura 
escrita ó erudita en España es la epopeya del il/ío Cid, por haber sobre- 
salido el canto épico en la literatura popular. Porque el Mió Cid es la 
epopeya popular llevada á los papeles, escrita por primera vez, dando 
nacimiento á la literatura escrita ó erudita. 

El niño, cuando comienza á despertársele la razón, despepítase por 
saber las cosas que ve. Todo es para él nuevo, y siempre tiene en la 
boca el "¿qué es eso?" Poco después, ahondando más en las relaciones 
de las cosas, pregunta el porqué de ellas. De aquí que tanto guste de 
cuentos, al principio, cuanto más inverosímiles, mejor; después han de 
ser bien razonados y trabados con la realidad que ya conoce. Las so- 
ciedades primitivas son como los niños ya despiertos, que gustan se les 
entretenga con cuentos. Los cuentos de la primitiva sociedad griega 
son los poemas llamados de Homero, la Riada, que trata de guerras, y 
la Odisea, que narra aventuras pacíficas. En una y otra los personajes 
son los hombres más célebres de las tradiciones populares, los héroes 
ú hombres semidioses, hijos de un dios y de una mujer. Por eso la 
epopeya griega fué religiosa, y habiendo de elevarse sobre los simples 
mortales, la epopeya idealizó sus personajes y sus hazañas. La épica 
griega fué mítica, religiosa, sobrehumana, ideal. Al despertar la so- 
ciedad española en los siglos xi y xii de la barbarie en que se hundió 
con el Imperio romano, como niña que era pedía cuentos. 

Época de peleas contra los moros, los personajes más célebres ha- 
bían de ser los adalides de aquellas guerras: el Cid, Fernán González, 
los Infantes de Lara, Bernardo. Las hazañas de estos guerreros contadas 
en verso formaron la épica castellana, que llamaban gestas, esto es, 
hechos, hazañas, empresas. No fueron héroes, sino puros hombres: las 
gestas no podían ser religiosas, míticas, sino humanas. No había para 
qué el arte sobrehumanase aquellos personajes y sus hazañas, como en 
Grecia sucedió. De aquí que si la epopeya griega había sido idealista, 
las gestas castellanas fueran realistas. El pueblo griego veía en sus 
héroes hombres sobrehumanos y con sus hazañas se mezclaban los 
mismos dioses, padres de los héroes: tenía que concebir héroes y dioses 
como algo de más levantado que los mortales, que viven en casas de 
barro. Tenían las pasiones de los hombres, pero más engrandecidas; 
habitaban los dioses en un monte, pero el más alto de todos, el monte 
Olimpo : alimentábanse, pero del néctar que les daba la inmortalidad. 
Los personajes de la epopeya helénica hubieron, por consiguiente, de 
despertar en los rapsodas que los cantaban aquel elemento idealista 
que les añadiese al ser humano algo de divino, una cierta serenidad 
sublime, algo de eterno é inconmovible aun en la misma mortalidad y 
mudanza propia de lo humano, que consideraban en los héroes. El arte 
helénico hubo de ser, pues, ideal desde su nacimiento. La gesta caste- 
llana sólo canta puros hombres, grandes y valerosos, pero dentro de 



1 36 ÉPOCA DEL SIGLO XII 

lo humano, no saliéndose jamás de la realidad. Tal es el origen del 
realismo, nota de la literatura castellana en todos tiempos. En los mis- 
mos asimtos religiosos, los santos al ser cantados, sus acciones al ser 
narradas, son tan hombres como los demás, los milagros no los mudan 
á ellos en seres míticos ni sobrehumanos. Santiago, cabalgando en su 
caballo blanco, alienta á los guerreros cristianos; pero es uno de tantos, 
solamente rodeado de la aureola del seguro triunfo que le comunica el 
ser un enviado de Dios para protegerles y darles la victoria. El mis- 
mo Cristo y María, cuando intervienen en los cuentos ó leyendas po- 
pulares, obran como obraron en vida, como verdaderos hombres. El 
mito y el idealismo no tenían cabida en las gestas ni en las leyendas 
castellanas. La épica caballeresca de los pueblos célticos lleva consigo 
un elemento maravilloso que le permite pasar la raya del realismo; sus 
héroes son más que humanos en sus empresas y pasiones ; vencen ene- 
migos estupendos, allanan dificultades extraordinarias, como lo sabemos 
todos por las quimeras que poblaban el cerebro de Don Quijote; pero 
es porque en aquella épica habían entrado elementos míticos, restos de 
las antiguas religiones paganas, más ó menos cristianizados, llamados 
supersticiones: los gigantes, que eran los antiguos héroes, desnudados 
del espíritu divino y heroico; los endriagos, los dragones y otros mons- 
truos, los enanos, las hadas, las brujas. Nada de esto había en España, 
de modo que el realismo fué aquí puro y limpio de todo elemento mara- 
villoso, de toda la exageración de acaecimientos estupendos, que hierven 
en la epopeya caballeresca, céltica de origen y nada española. No menor 
exageración, nacida de idénticas fuentes, se halla en la epopeya fran- 
cesa medioeval, por ejemplo en el Rolland, de donde más tarde, y en 
época ya de decadencia épica, pasó á la épica erudita española, trans- 
formando el Cid y el Bernardo españoles en personajes afrancesados 
por lo maravilloso y extravagante de sus hazañas y aventuras. Esta 
diferencia explica la que se nota en seguida entre el Cantar de Mió 
Cid y el Rolland, los libros de caballerías, la lUada y la Odisea, que 
no es otra que el llamado realismo de la literatura catellana. No consiste 
el realismo en copiar lo real tal cual es, pues toda arte coge de la rea- 
lidad solamente lo típico, lo característico, dejando lo común; condensa 
la flor y nata de la realidad, escogiendo lo más expresivo. El Cid del 
Cantar es dechado de guerreros castellanos, la flor y nata de ellos. En 
el Cid están condensadas las cualidades del guerrero castellano, que se 
hallaban en todos los castellanos reales de entonces, pero desleidamente, 
unas más sobresalientes en unos, otras en otros. Además, el Cantar 
de Mío Cid no se entretiene en narrar lo común y cotidiano que al Cid 
le pasaba hora tras hora, que era lo que á todos nos pasa: el comer 
y dormir, el andar y el sentarse, el charlar por pasar el rato. Todo esto 
común nada tiene de típico, de expresivo, para pintar un guerrero 
esforzado, noble y justo, que es lo que trató de pintar el rapsoda 
castellano. Si á este elegir y condensar se llama idealismo, seme- 
jante idealismo es tarea de todo artista y no se opone al realismo. 
El realismo está en que lo así escogido y condensado, lo característico 



LA EPOPEYA CASTELLANA I 3/ 

y típico, responda á la realidad; en que el Cid sea hombre de carne 
y hueso como los demás; que su valentía, su honradez, su genero- 
sidad sean humanas; que sus hechos pasaran realmente ó pudie- 
ran, á lo menos, pasar de hecho y de verdad, conforme á lo que 
realmente suele ó puede acontecer á los humanos. Que un caba- 
llero parta de un golpe á su contrario, que desbarate él solo un ejército, 
qUe sea invulnerable, que haya hadas que le salven con toda segundad 
de trances en los que humanamente no pudiera salir sano y salvo; que 
haya gigantazos y jayanes, endriagos y vestiglos de la casta y talle 
que cuentan los libros de caballerias: todo ello es quimérico, que jamás 
sucede ni puede suceder en la realidad, sino en la fantasía del poeta, 
no menos que la intervención de los dioses en la epopeya griega y el 
poder de Hércules, de Circe, de Ulises y todas las demás patrañas míti- 
cas de que ella está tejida. Con mitos griegos y con quimeras caballe- 
rescas pueden fraguarse epopeyas soberanamente artísticas, lo mismo 
qi;e con hombres de carne y hueso y con sus humanas empresas ; pero 
aquellas obras artísticas las llamamos idealistas, imaginarias, si se 
quiere; éstas, por el contrario, realistas. Acaso el ideal del arte griego 
sea un linaje de belleza más levantada y sublime, ya que diviniza á sus 
personajes, proyectando sobre ellos una luz sobrehumana, olímpica, con 
algo de eterno, que por lo mismo suena á sublime ; pero el arte realista 
castellano, por ser humano y tocarnos más de cerca á los humanos, es 
posible que se nos hinque más adentro en el alma, nos impresione más 
y nos mueva más reciamente, y el alma así conmovida siente el es- 
tremecimiento estético tanto como el alma arrobada por lo maravilloso 
y sobrehumano del vivir del olimpo. El arte griego es más apolíneo, el 
castellano más dionisíaco; aquél más objetivo y sereno, éste más sub- 
jetivo y conmovedor; aquél responde á la civilización pagana, empa- 
pada de la visión religiosa de la naturaleza, de un politeísmo que endio- 
saba los fenómenos naturales, en cuyo fondo yacía tirt verdadero 
panteísmo; éste responde á la civilización cristiana, empapada de la 
introspección del alma humana, donde se desenvuelve la eterna lucha 
entre el bien y el mal; aquél miraba á fuera, éste hacia dentro; aquél 
admiraba, éste se estremece ; aquél se derramaba en la serena contem- 
plación de lo extraño á sí ; éste se concentra en la lucha de sí mismo. 
Muchos caminos llevan al sentimiento estético, fin del arte : los griegos 
escogieron el déla fantasía; los cristianos el del corazón. Esquilo es 
puramente helénico, épico, religioso; tras él viene Sófocles que, sere- 
namente, muestra por de fuera los efectos de la lucha que dentro pa- 
dece el alma de Edipo y acaba endiosándolo en Colonia, como un héroe 
verdadero que es; pero Eurípides se mete en el corazón, lo abre cho- 
rreando pasiones ante el espectador, muestra la lucha interna del alma, 
que sólo en sus lejanos efectos del ananke, del karma, digamos, mostró 
Esquilo y en sus manifestaciones externas en el hombre descubrió Sófo- 
cles, y con Eurípides despunta en el teatro la alborada del sentimiento, 
de la psicología, de lo puramente humano, que el cristianismo ha de 
traer poco después, como verdadero día del arte moderno. El arte helé- 



I 38 ÉPOCA DEL SIGLO XII 

nico es divino y heroico; el arte cristiano, el español, en particular, es 
humano ; por eso aquél hubo de ser idealista, éste realista. El arte caba- 
lleresco es una mezcla del arte realista cristiano y del fantástico pagano, 
empequeñecida la heroicidad y divinidad de sus personajes, por quedar 
convertidos los dioses y héroes en viejas hadas, feos enanos, horribles 
monstruos, salvajes jayanes, y por exagerarse lo humano de los caba- 
lleros, saliéndose de la raya de hombres, sin llegar á ser dioses ni hijos 
de dioses. Sólo el espíritu de aventuras que encierra hizo que aquella 
literatura caballeresca cuajase en la España aventurera del siglo xvi, 
hasta que el realismo de Cervantes acabó con ella, mostrándose lo 
ridiculo de Don Quijote en cuanto caballero andante á la luz del rea- 
lismo humano de Sancho, venteros y Maritornes, yangüeses y prosaicos 
duques y del mismo Don Quijote, cuando obra y piensa como cuerdo. 

133. Sabido es que la voz romance, de romanice, significó el ha- 
bla vulgar como opuesta al latín ; pero como las primeras obras litera- 
rias, enteramente populares, se compusieron en verso, como en todas 
partes ha sucedido, se empleó pronto la voz romance para significar 
la poesía popular, y de aquí el género de versos más común de los 
romances viejos. Vese claro por Berceo, que en la Vida de San Millón 
(362) contrapone la poesía popular á la erudita: "Sennores, la facienda 
del confesor onrado | no la podría contar nin romanz nin dictado.'' 
Dictado era poesía erudita ; romans, poesía popular. Como igualmente se 
ve en el Libro de Apollonio, donde la juglaresa Tarsiana, que era poeti- 
sa popular "Quando con su viola hovo bien solazado, | a savor de los 
pueblos hovo asaz cantado, | tornóles á rezar un romanqc bien rimado". 
Entiendo que á la misma poesía popular alude la ley 20, tít. 5 de la 
Partida 2.', cuando, hablando de "las alegrías que debe usar el rey en 
las vegadas", pone la lectura "de los romances et de los otros libros 
que fablan de aquellas cosas de que los ornes reciben alegría et placer". 
Porque si romances valiese aquí lengua vulgar, los otros libros serían 
los latinos, cosa no muy hacedera para aquellos reyes; además que 
hubiera dicho en romance y no romances, que sólo puede significar 
versos de los juglares, entonces en uso. 

De los romances más antiguos son los de Carvajal, poeta de la 
corte napolitana de Alfonso V de Aragón, insertos en el Cancionero de 
Stuñiga, uno de ellos con fecha de 1442. Más antiguos acaso son tres 
atribuidos á Juan Rodríguez del Padrón, en su manuscrito del Museo 
Británico: "¡Qién tuvise tal ventura | con sus amores folgar, | como el 
infante Arnaldos | la mañana de San Juan!" (Zeilsclirift fiir Roma- 
nische Philologic, t. XVII, 544-558). Igualmente los de Rosaflorida y 
de la Infantina. En el reinado de los Reyes Católicos el arte popular 
entra de lleno en la literatura escrita y entonces aparecen como por 
ensalmo los romances en los Cancioneros de Constantina y de Castillo, 
y en el siglo xvi la imprenta los recoge á montones de labios dol vulgo. 
No pudieron nacer de repente cu el siglo xv cuando Ic'\'antan úv repente 
la cabeza; si antes se hubieran bajado los poetas crudilos á oírlos entre 



EL PIE DE ROMANXE Y EL ALEJANDRINO 1 Sg 

el pueblo, antes hubieran llegado á la literatura. Pero Santillana, en el 
Prohcmio (1445 ^ 1448). muestra bien el desprecio en que tenían los 
eruditos á los "ínfimos poetas, que son aquellos que, sin ningún orden, 
regla ni cuento, facen estos cantares e romances de que la gente baja, 
e de servil condición se alegran". En el siglo xv se tenían ya por viejos 
algunos romances, pues AJvarez Gato habla de los de D. Bueso como 
de una antigualla y los contrapone á las "lindas canciones nuevas". Ya 
hemos visto que en Berceo romance significa poesía popular: si, pues, 
como poesía popular aparece de repente el romance en el siglo xv como 
cosa vieja, ¿quién no sospecha que la poesía popular en tiempo de 
Berceo estaba en romances? Contrapónense, como hemos visto, en las 
Partidas las dos clases de poesía, la popular y la erudita. Las gestas, 
influidas por la epopeya francesa, no podían ser más que semieruditas, 
y así hace igual distinción la ley 20, tít. 21, de la 2.* Partida: "Et 
por eso acostumbraban los caballeros, cuando comien, que les leyesen las 
hestorias de los grandes fechos de armas... que los juglares non di- 
xiessen ante ellos otros cantares sinon de gesta ó que fablasen de fecho 
darmas." Había, pues, otros cantares que no eran de gesta, sin duda 
los enteramente populares. Comentario á este texto es el del opúsculo 
latino De Castri Stabilimento, de la misma época: ítem sint ibi román- 
ela et libri gestorum, videlicet Alexandri, Karoli et Rotlandi et Oliverii 
et Verdinio... et libri magnorum et nobilium bellorum et praeliorum 
quae facta sunt in Hispania. "Los Cantares del rey Sabio son aquí 
románela, contrapuestos á los Ubri gestorum ó de gesta. Luego, en 
aquel tiempo el cantar popular llamábase romance, como en el siglo xv, 
y en tiempo de Berceo, esto es, á fines del siglo xii y principios del xiii. 
Por aquel tiempo se distinguían claramente los juglares ó cantores po- 
pulares de los poetas cultos ó clérigos. Asi en Alexandre : "Mester trago 
fermoso, non es de ioglaria, | mester es sen peccado, ca es de clcresia." 
Y en la Partida 7.°, 1. 4, t. 6, entre los infamados: "Otrosi son enfa- 
mados los juglares et los remedadores et los facedores de los zaparro- 
nes, que públicamente antel pueblo cantan o baylan o facen juegos por 
precio que les den". Puede verse en escena en la plaza la juglaresa Tar- 
siana, en el Libro de Apolonio (426-429). Populares son no menos los 
juglares del Poema de Alfonso XI (406-413) y de Hita (1095, 1234) del 
siglo XIV. Parece, pues, harto probable, después de todo lo dicho, que 
los romances del siglo xv no nacieron entonces, sino que algunos, qui- 
tada acaso la modernización del lenguaje, ó por lo menos otros, se can- 
taron por los juglares en los siglos anteriores, y aun se llamaban ro- 
mances en tiempo de Alfonso X y de Berceo. 

134. Romance es una serie de versos asonantados de diez y seis 
sílabas, partidas en dos hemistiquios de á ocho sílabas. El ritmo es bina- 
rio: consta cada verso de dos hemistiquios, cada hemistiquio de cuatro 
sílabas ó dos pies, cada uno de dos sílabas. Es ritmo trocaico, esto es, 
con el tiempo fuerte delante del débil en cada pie; aunque la variedad 
penda cabalmente de no atenerse, dentro del ritmo trocaico, á este prin- 



140 ÉPOCA DEL SIGLO XII 

cipio. El uso de escribir aparte cada hemistiquio como si fuera un 
verso se debe á los trovadores; pero en nuestras lenguas, donde la rima 
es principio métrico, la rima los forma y separa. Además los tratadis- 
tas antiguos de poética y música concuerdan en ello. "El tetrámetro 
que llaman los latinos octonario en nuestros poetas pie de romance, 
tiene regularmente diez e seis sílabas, e llamáronlo tetrámetro porque 
tiene cuatro asientos, octonario porque tiene ocho pies" (Nebrija, Arte 
de la leng. cast., 1, II, c. 8), y escribe los versos en líneas largas, no 
menos que Luis de Narváez en Los seys libros del Delphin de Música 
(1538) y Francisco de Salinas {De Música, 1577, pág. 384) : "Ut apparet 
in his Hispanicis Los brazos traigo cansados de los muertos rodear, 
ubi posterius membrum aequiívalet priori, quoniam unum tempus, quod 
p.unc siletur in fine, ab antiquis voce canebatur in hunc modum: Los 
brazos traigo cansados de los muertos rodeare.'" Donde muestra que el 
final agudo equivale á dos sílabas. 

Véase el romance fronterizo: "Alora, la bien cercada'' {Antol., 
M. Pelayo, VIII, 155) : 





00 — 00 o 

000 — 00 — o 
o — 0000 — o 

00 00 — o 

o — 00 — o — o 

o — 00 — o — o 00 00 — o — o 

o 000 — o o 00 — o — o 

000 — o — o o 00 — o — o 

00 — 000 — o o — o — 00 — o 

Lo esencial es que los tiempos séptimo y decimoquinto sean fuertes, 
esto es, que los pies finales de los hemistiquios sean siempre trocaicos. 

"Alora, la bien cercada, — tú que estás en par del río, 
cercóte el adelantado — una mañana en domingo, 
de peones y hombres de armas — el campo bien guarnecido ; 
con la gran artillería — hecho te había un portillo." 

En las gestas de Mió Cid, de Rodrigo, de los Infantes y las prosifi- 
caciones de las Crónicas predomina el mismo metro de 8 + 8. Tan 
popular era el metro, que se aplicaba á los epitafios, como el de Sant i 
Oria, publicado jior Sánchez al fin de las poesías de Bercco: 

"So esta piedra que vedes, — yace el cuerpo de Santa Oria, 
F, el de su niaí'.rc Amunna, — fenibra de buena memoria: 



EL PIE DE ROMANCE Y EL ALEJANDRINO I4I 

Fueron de grant abstinencia — en esta vida transitoria, 
Porque son con los ángeles — las sus ánimas en gloria." 

Y el del alguacil de Toledo Fernán Gudiel, publicado en facsímile 
en la Paleografía, de Terreros (lám. 6). Berceo pasa por dechado d¿- 
perfección silábica por no mezclar en sus versos de 14 sílabas nin- 
guno de 16 del romance; pero "es muy probable, dice M. Pelayo, 
que la continua audición de la poesía juglaresca por los ingenios de 
clerecía (que á veces tomaron argumentos de ella, como el de Fernán 
González) fuese acostumbrando su oído á la cadencia octosilábica en Ios- 
de catorce". El Arcipreste de Hita y el canciller Ayala conEtruyn 
intencionalmente estancias enteras en versos octonarios monorrimos, 
dando con ellas muy precioso testimonio de que el tal verso era indi- 
viso, tan indiviso como el alejandrino, cuyos dominios invade. Así en 
el Arcipreste: 

"Fablar con nuiger en plaqa es cosa muy descubierta : 
A bezes mal atado el perro tras la puerta 
Bueno es jugar fermoso, echar alguna cobierta: 
A do es lugar seguro, es bien fablar cosa cierta." 

(c. 656.) 
"¡ Ay ! ¡ quan fermosa vyene don' Endrina por la plaqa ! 
¡ Qué talle, qué donayre, qué alto cuello de garqa ! 
¡ Qué cabellos, qué boquilla, qué color, qué buenandanza ! 
Con saetas d'amor fyere, quando los sus ojos alqa." 

(c. 653.) 
El Canciller, en el Riitiado : 

"Si quieres parar mientes como pecan los doctores, 
Maguer han mucha sciencia, todos caen en errores, 
Ca en el dinero tienen todos sus finos amores." 

Tenemos, por consiguiente, que en todos los más antiguos monu- 
mentos en verso castellano se trasmina el uso del metro del romance 
popular, aun en los eruditos. 

El abecedario de San Agustín contra los Donatistas está escrito, 
como él dice, para que lo cantasen los imperitos y los idiotas: "volens 
etiam causam Donatistarum ad ipsius humillimi vulgi ct omnino im- 
peritorum atque idiotarum pervenire, notitiam, et eorum quantum 
fieri posset per nos, inhaerere mcmoriae, Psalmum, qui eis cantaretur, 
per latinas litteras feci" (Retract., I, 30). Este cantar del pueblo afri- 
cano está en romance, aunque en lengua latina, esto es, en trocaicos 
octonarios, sin cuidarse de la cantidad clásica, y con asonantes: 

"Omnes qui gaudetis de pace — modo verum iudicat?. 
Abundantia peccatorum — solet fratres conturbare: 
Propter hoc Dominus noster — voluit nos praemovírc. 
Comparans regnum coelorum — retículo misso in more, 
Congreganti multos pisces — omne genus hinc et inde 



142 ÉPOCA DEL SIGLO XII 

Ouos quun traxissent ad litus — tune coepedunt separare. 
Bonos in vasa niisenmt — reliquos malos in mare..." 

¿ De dónde nació este metro, que es lo mismo que preguntar de 
dónde nació el romance castellano? Dos son sus notas características: 
el ritmo tetrámetro trocaico acataléctico y la rima. El ritmo dicho es 
bien conocido en la literatura latina, sobre todo en los cómicos, y en 
«1 siglo II estaban los tetrámetros trocaicos bien de moda. En ellos ju- 
guetearon el emperador Adriano y el poeta é historiador Anio Floro, 
ambos españoles por contera. Recuérdense los versos que trae de ellos 
Esparciano: 

Floro: 

"Ego nolo Caesar esse, — volitare per Sicambros, 
ambulare per Britannos, — Scythicas pati pruínas." 

Adriano: 

"Ego nolo Florus esse, — ambulare per tabernas, 
latinare per popinas, — culices pati rotundos." 

Sidonio Apolinar (1. IX, ep. 13) : 

"Age, convocata pubes, — locus, hora, mensa, causa, 
iubet ut volumen istud, — quod et aure et ore discis, 
studiis in astra tollas: — Petrus est tibi legendus 
in utraque disciplina, — satis institutus auctor. 
Celebremus. ergo, fratres, — pia festa litterarum." 

Lo probable es que nuestro romance naciera de este metro, tan 
común en la decadencia de la literatura latina. A lo cual hay que aña- 
dir el genio trocaico de la lengua castellana, bien así como en francés, 
por su genio yámbico, tuvo más cabida el septenario yámbico: "rerúm 
creátor ómniúm." 

Cuanto á la rima, ante todo la asonancia hoy sólo se usa en España 
por la particular sonoridad de las cinco vocales de nuestro idioma; en 
el mismo italiano es demasiado rápido el paso de vocal á vocal para 
que el asonante resalte suficientemente. Pero antiguamente la hubo en 
la primitiva lengua francesa, más clara y musical que la moderna, no 
menos que en la poesía latina medioeval. Ya lo advirtió Bello en la 
l^ida de la Condesa Matilde, escrita en el siglo xii, respecto del latín, 
y del francés en el Viaje de Carlomagno á Jcnisalcn, del mismo siglo. 
La primera está en hexámetros, con asonancia en los hemistiquios: 

"Auxilio Petui iam carmin.i plurima fEci, 
Paule, doce niEntEm nostraní nunc plura reÍErrE, 
Quae doceant poEnAs mente tolerare serEnAs. 
Pascere pastor oves Domini paschalis amorE 
Assidue curAns comitissam máxime suprA, 
Saepe recordAtAm Christi memorabat ad ArAm." 



EL PIE DE ROMANCE Y EL ALEJANDRINO 143 

"Otro escritor que usó mucho del asonante, añade Bello, bien que 
no con la constante regularidad del historiador de Matilde, fué Gofredo 
de Viterbo en su Panteón, especie de crónica universal, sembrada de 
pasajes en verso." Igualmente en la prosa de San Pedro Damiano, del 
siglo XI: 

"Ad perennis vitae íontem mens sitivit árida. 
Claustra carnis praesto frangi clausa quaerit anima, 
Gliscit, ambit, eluctatur, exsul fruí patria. 
Dum pressuris ac aerumnis se gemit obnoxi.AM, 
Quam amissit, cum deliquit, contemplatur gloRiAM; 
Praesens malum auget boni perditi memoRiAM." 

Del siglo X es la canción de los defensores de Módena contra los 
húngaros (año 924) : 

"O tu, qui servas armis ista mOENiA, 
Noli dormiré, moneo, sed vigila. 
Dum Héctor vigil extitit in Troia, 
Non eaní cepit fraudulenta Graecia. 
Prima quiete, dormiente Troia 
Laxavit Sinon fallax claustra pérfida. 
Per funem lapsa ocultata agmina 
Invadunt urbem et incendunt Pergama." 

Y nótese que sólo hay asonante cada dos versos, quedando sin el 
los intermedios, como si fuesen hemistiquios. A fines del siglo vi ó 
principios del vii en el ritmo de San Columbano : 

"Totum humanum genus ortu utitur pARi, 
Et de simili vita fine cadit aequALi 
Quotidie decrescit vita praesens quam amant, 
Indeficienter manet sibi poena quam pARANT... 
Cogitare convenit te haec cuneta, amiCE, 
Absit tibi amare huius formulam vitae." 

Ya vimos los romances latinos de San Agustín del siglo iv ó v. 
Comodiano, el primer poeta cristiano del siglo iii, deja la cantidad y 
termina en o todos los versos del octavo de los acrósticos de las Instruc- 
ciones ad Paganos. Pero no sólo la poesia popular latina, sino la erudita 
es sabido que aun antes de llegar á Roma la inspiración helénica, cuando 
sólo se cantaba en carmen Saturnium ó italum, usaba ya de la rima. 
En la literatura greco-latina se rezuma de cuando en cuando desde 
el pueblo hasta en los autores más helenizantes, y en apareciendo los 
poetas cristianos, por seguir al pueblo, la emplean ya sin escrúpulo. 

"Dicit in acTERNOS áspera verba Déos." (Tibulo.) 
"Volvitur et plANí raptim petit aequora campi." (Lucrecio.) 
"Trahuntque SICCAS machinae cariNAS." 
"Hunc si mobiLiUM turba quiriTiUM." (Horacio.) 



144 ÉPOCA DEL SIGLO XII 

En las inscripciones españolas hallamos ejemplos dignos de recor- 
darse. En el epitafio del auriga Fusco, en Tarragona (C. I. L., vol. II 
3001 Esp. Cit.) : 

"Integra fama tibi, laudeni cursus meruisxi, 
certasti multis, nullum pauper timuisTi, 
ínvidiam passus, seniper íortis tacuisxi, 
pulchre vixisti, fato mortalis obisxi." 

- En francés la cantinela de Santa Eulalia, la Vida de Saii Leger, 
)a Canción de San Alejo, la de Rolando, los más antiguos documentos- 
de la poesía francesa y todas les gestas primitivas están asonantadas, 
cargando la asonancia en la última vocal acentuada. Sólo en el siglo xii 
venció el consonante al asonante, en el AUscans, el Fierabrás, el Gtii- 
doH, el Macaire. Y cabalmente fué cuando empezaron á escribirse los 
poemas, confiados antes á la pura recitación: bien se ve el influjo eru- 
dito de los eclesiásticos y el deseo de satisfacer á los ojos, más bien 
que á los oídos, para quienes la versificación se hizo. (Véanse Obras, 
de Bello; Santiago, 1883, t. 6.) 

13 5. ¿De dónde procede la métrica europea, que no tiene cuenta 
con la cantidad, sino con las sílabas acentuadas? La literatura griega 
llevó á la latina la métrica cuantitativa; pero la primitiva métrica ro- 
mana, así como la germánica, no se fundaban en la cantidad, sino pri- 
mero en las silabas acentuadas, como la métrica europea moderna, 
después en la aliteración y en la rima. (Véase Westphal, AUgemeine 
Melrík der indogcrmanischen tind senútischen Volker.) Catón nos ha 
conservado un cantar de vendimia, que consta de dos versos iguales á 
los de nuestros romances: 

"Novum vetus — vinun biBO, 
novo veteri — morbo niEDEOR." 

Y puesto que bibo sonaba vulgarmente como nuestro bebo, tenemos 
hasta la asonancia. 

El mismo metro, el tetrámetro trocaico, era el preferido por el pueblo 
durante el imperio, y en él está el epitafio del soldado T. Cissonius 
(Orelli-IIen/.cn, 6674) : "Dúni vixi bibí libenlcr: — bibite vos qui vívitis", 
y un pasquín en Suetonio {Caes., 80; Schol. Jitv., V, 3). Sobre la 
poesía popular latina, véase Du Mcril, Poésies populaircs latines an- 
térieures au dousieme siécle, París, 1843; L. Miiller, De re métr. poct. 
lat., Lips., 1861 ; Westphal, Allg. griech. Mctrik, Leipzig, 1865, pág. 270. 

La literatura romana clásica liclcnizada dejó oscurecida la métrica 
antigua, que el pueblo siguió empleando, bien así como el habla erudita 
oscureció al habla popular. Pero todo lo ficticio, como forzado, perece, 
mientras que lo natural es fecundo y sigue viviendo. La lengua latina 
literaria ó culta y la culta ó hclenizada literatura eran cosas hechizas 
de la alta sociedad romana, y así apenas vivieron un par de siglos, 
pereciendo de hecho desde el siglo iii, mientras que la lengua popular,. 



EL PIE DE ROMANCE Y EL ALEJANDRINO 145 

evolucionando, se convirtió en las lenguas románicas, y la métrica po- 
pular, que seguia siendo la nacional romana entre el pueblo, como para 
todos lo habia sido antes de la época clásica, sobrevivivió y sobrepujó 
á la métrica griega, apenas llegó el cristianismo, la religión entonces . 
popular, á levantar cabeza y afrontar y luego vencer al politeísmo. 
Los mismos poetas cristianos clásicos fueron empleando la rima jun- 
tamente con la cantidad, hasta que la cantidad desapareció, señoreán- 
dolo todo la rima y la acentuación silábica. Como estos mismos elemen- 
tos formaban la métrica germánica, nada tiene de extraño que todos los 
pueblos europeos los reconociesen como única métrica triunfante. Los 
soldados de Aureliano, en el siglo iii, contaban ya, sin cantidad, pero 
con la acentuación silábica : 

"MiUe mille mille 
décollávimús 
únus homo mille 
décollávimús. 

mille vivát, qui mille occídit, 
tántum vini hábet némo, 
quantum fúdit sánguinis. 
Mille Sármatas, mille Francos 
sémel et sémel occidimús, 
mille Persas quaérimús." 

(Vopisc, Diz'. Aiireliaitits.) 

"Plerumque tamen — dice Beda (Métrica, pág. 258 K.) — casu quodam 
invenies etiam rationem in rhythmo non artificii moderatione serva- 
tam, sed sonó et ipsa modulatione ducente, quem vulgares poetae ne- 
cesse est rustice, docti faciant docte. Quomodo ad instar iambici metri 
factus est hymnus ille praeclarus : 

Réx aetérne dominé, 
rerúm creátor ómniúm, 
qui eras ante saéculá 
sempér cum pátre filiús. 

Et alii Ambrosiani non pauci. ítem ad íormam metri trochaici canunt 
hymnum de die iudicii per alphabetum : 

Ápparébit repentina 
dies magna dóminí 
fúr obscura vélut nócte 
. improvisos óccupáns." 

La acentuación silábica y la rima vinieron, pues, al castellano de 
la métrica popular latina y de la popular llegó el tetrámetro trocaico 
acataléctico, convertida la cantidad clásica en acentuación popular. En 
África, el pueblo cantaba verdaderos romances en latin. Cuando, en el 
siglo XIV y XV, el pueblo español cantaba romances, ¿tomólos del latin 
clásico, que no los tuvo, del latin medioeval de los clérigos, que eran 

10 



146 ÉPOCA DEL SIGLO Xt£ 

los eruditos, los cuales al versificar preferían los metros franceses y 
menospreciaban el romance popular ? Cuando aparece en España escri- 
to el romance no pudo tomarlo el pueblo del latín, pues ni los mismos 
clérigos lo querían para sus versos. Hay, pues, que confesar que, aun- 
que no se escribiesen los romances en los siglos anteriores, porque los 
que sabían escribir ignoraban acaso como San Eugenio ó despreciaban 
como Berceo el metro popular, se cantaban romances, y romances se 
cantaron en España desde el siglo iv ó v, en que los cantaban en latín 
los africanos. ¿Desde cuándo se cantaron romances castellanos, 
dejados los romances latinos, pues los unos hubieron de salir de los otros 
sin inter\'alo alguno ? Naturalmente, desde que el pueblo dejó de hablar 
latín y sólo habló castellano. En el siglo v había muerto el latín en todas 
partes como lengua hablada : desde entonces, por consiguiente, hubo 
romances castellanos. La prueba es evidente. El romance, repito, es 
popular; los clérigos y eruditos lo menosprecian. Hubo, pues, de 
hacerlo el pueblo en castellano cuando todavía entendía el latín y 
le reteñía en el oído el romance latino, que tan bien encajaba en 
la lengua castellana. Creer que varios siglos después de haber muerto 
el latín, cuando ninguno del pueblo sabía de tetrámetros trocaicos 
acatalécticos ni sabía cosa que á latín oliese, cuando \or, clérigos, lo? 
únicos que manejaban su mal latín, ni siquiera cantaban en tal metro 
latino, pues no lo hay en los himnarios, sino cabalmente el cataléctíco, 
opuesto al metro castellano popular, cuando nadie podía, por tanto, 
sacar del latín el metro del romance ; creer que entonces ó lo sacara 
el pueblo ó lo inventara tan enteramente igual, por chiripa, al que can- 
taba en latín el pueblo africano muchos siglos antes, es una verdadera 
sinrazón. Según M. Pelayo, el metro de los romances remedó en algo 
al dicho metro latino (Antol. lír. cast., t. XI, pág. 127) ; pero salió in- 
mediatamente del metro de los cantares de gesta {ihid., 83) : "Bastará 
indicar rápidamente cuáles son los elementos de la versificación en los 
cantares de gesta y en los romances. El sistema en unos y otros e.s 
substancialmente el mismo; pero como representan períodos distintos 
de nuestra poesía épica, los romances ofrecen ya en estado relativamente 
fijo y normal lo que es incierto y caótico en las gestas." Entre los 
versos caóticos de las gestas no sabemos lo que se deba á los copistas 
y á los autores. Lo que sí se saca en limpio es que, por ejemplo, el de 
Mío Cid pretende emplear el metro de la cuaderna vía, sino que á veces 
se le escapan algunos versos de pie de romance, esto es, que quiere 
versificar como los eruditos, como después versificaron los del mester 
de cleresia : 

"Contra la mar salada conpecjo de guerrear; 
Aoricnt exe el sol, c tornos aessa part. 
Myo Qid gano a X erica e a Onda e Almenar, 
Tierras de Borriana todas conquistas las ha. 

Aiudol el Criador, el señor que es en qielo. 
Kl con todo esto priso a Muruicdro. 



EL PIE DE ROMANCE Y EL ALEJANDRINO 147 

Ya vie niyo Qiá que Dios le yua valiendo. 

Dentro en Valenqia non es poco el miedo (c. 1090...) 

Pie de romance entre versos caóticos: 

"Meqio suyo (^id los ombros e en grameo la tiesta" (c. 13). 
"E aquel que gela diesse sopiesse uera palabra" (c. 26). 

La mayor parte de los versos que suenan bien son del mestcr de 
clerezia; por excepción hay alguno que otro del pie de romance, ni más 
ni menos que en el Arcipreste de Hita. No puedo yo creer que si el 
autor de Mió Cid se hubiera propuesto versificar en romance tuviera 
tan toscas orejas que no lo pudiera hacer. Ni de este metro caóiico del 
Mío Cid pudo salir el romance. Primero, porque los más de los versos son 
<Jel metro del niester de clerezia, y de este mitro no salió ni pudo salir 
el pie de romance, por ser ritmo enteramente diferente. Segundo, porque 
■de los versos que no suenan y son verdaderamente caóticos, ni el pie 
de romance ni metro alguno pudo nacer. Lo que aqui hay es que 
M. Pelayo, por seguir la teoria de Milá, aceptada también por AL Pidal, 
de que los romances son fragmentos desprendidos de las gestas, por con- 
secuencia tuvo que afirmar que el metro del romance salió del metro de 
las gestas, y ya que se veia bien claro no serlo, no halló otra solución que 
la de atenerse á que "como representan periodos distintos de nuestra 
poesía épica, los romances ofrecen ya en estado relativamente fijo y nor- 
mal lo que es incierto y caótico en las gestas". Pero ni los romances se 
desprendieron de las gestas, ni "el sistema en unos y otros es sustan- 
cialmente el mismo", como no lo es el metro del mester de clerezia, que 
es el de Mió Cid, y el metro de los romances. Son metros sustancialmente 
diferentes. El pie de romance es el octosílabo trocaico español, y el 
metro del 7nester de clerezia y de Mió Cid es el septenario yámbico fran- 
cés ; aquél es el metro del pueblo, éste de los eruditos ; aquél el que 
evolucionó desde el latín, éste el que los eruditos trajeron de Francia; 
aquél el nacional y, por serlo, el despreciado por los eruditos; éste el 
extraño y, por serlo, por los eruditos llevado en palmas. 

Esta doctrina la vio ya Argote de Molina, que en la edición de 
El Conde Lticanor (Sevilla, 1575) dijo que el pie de romance es el metro 
castellano, y el del mester de clerezia francés de origen. Y trae una copla 
de Don Juan Manuel, hecha en el dicho metro castellano, aunque con- 
:sonantando ya los hemistiquios, que fué la manera de nacer la redon- 
dilla del pie de romance y sirvió siempre para la lírica popular, como 
■éste para la épica : 

"Si por el vicio et folgura 
la buena fama perdemos, 
la vida muy poco dura, 
denostados fincaremos." 

Y añade: "Deste lugar se puede averiguar quan antiguo es el uso 
•de las coplas redondillas castellanas, cuyos pies parescen conformes al 



148 ÉPOCA DEL SIGLO XII 

verso Trocayco que usan los poetas líricos, griegos y latinos... Leemos 
algunas coplillas italianas antiguas en este verso; pero es el propio y 
natural de España, en cuya lengua se halla más antiguo que en alguna 
otra de las vulgares, y assi en ella solamente tiene toda la gracia, lin- 
deza y agudez, que más propia del ingenio español que de otro algu- 
no. En el qual género de verso al principio se celebraban en Castilla 
las hazañas y proezas antiguas de los reyes y los trances y sucesos assi 
de la paz como de la guerra, y los hechos notables de los condes, cavalle- 
ros é infanzones, como son testimonio los romances antiguos castellanos, 
assi como el del rey Ramiro, cuyo principio es: 

"Ya se assienta el rey Ramiro, 
ya se assienta á sus yantares, 
los tres de sus adalides 
se le pararon delante..." 

...compostura, cierto, graciosa, dulce y de agradable facilidad y capaz de 
todo el ornato que cualquier verso muy grande puede tener, si se 
les persuadiese esto á los poetas deste tiempo, que cada día la van ol- 
vidando, por la gravedad y artificio de las rimas italianas, á pesar del 
bueno de Castillejo, que desto graciosamente se quexa en sus coplas, 
el qual tiene en su favor y de su parte el exemplo deste principe don 
Juan Manuel y de otros muchos cavalleros muy principales castellanos. 
que se pagaron mucho de esta composición, como fueron el rey don 
Alonso el Sabio, el rey don Juan el segundo..." Y del verso del mester 
de derezia dice : "Usávase en los tiempos deste príncipe en España este 
género de verso largo, que es de doze ó de treze y aun de catorze 
sillavas, porque hasta esto se extiende su licencia. Creo lo tomaron 
nuestros poetas de la poesía francesa, donde ha sido de antiguo muy usa- 
do y oy día los Franceses lo usan." Y trae ejemplo del poema de Fer- 
nán González : 

"Entonces era Castiella un pequeño rincón, 
era de Castellanos Montedoca mojón, 
y de la otra parte Fitero Fondón, 
Moros tenien Carrazo en aquella sazón." 

ISfi- El metro del mester de clcrezia ó poesía erudita de aquellos 
tiempos es el alejandrino, llamado tetrastrofo monorrimo ó cuaderna via, 
esto es, la estrofa de cuatro versos de catorce sílabas, consonantados: 

"En el nomne del Padre, que fizo toda cosa 
Et de don Jesu Christo, Fijo de la Gloriosa, 
Et del Spiritu Santo, que igual dellos posa, 
De un confessor Sancto quiero fer una prosa." 

Este metro vino de Francia y de los franceses lo tomaron los pri- 
meros poetas eruditos. Salió del septenario yámbico latino. No es 
metro (|uc fuera jamás popular en ICspaña, sino erudito, esto es, de 



EL PIE DE ROMAN'CE Y EL ALEJANDRINO I49 

USO de los clérigos, fué el instrumento del mcstcr de clcresia, que me- 
nospreciaba la poesía popular y alardeaba de versificar artísticamente, 
lo cual ya muestra que lo habían tomado del francés y los franceses del 
latín eclesiástico, el único latín que ellos conocían. "No hay más que 
abrir las colecciones de Du-Méril, dice M. Pelayo, para encontrar in- 
numerables ejemplos de este metro latino en el uso eclesiástico: 

"Vehementi nimium commotus dolore 
Sermonem aggredior furibundo more, 
Et quosdam redarguens in meo furore, 
Nullum mordens odio vel palpans amore." 

Pero los himnos que los clérigos cantaban todos los días son los que 
remedaron en el alejandrino y cuaderna vía. Fueron sus autores San 
Gregorio, Prudencio, San Ambrosio y Sedulio, y recogiólos un tal Hy- 
larius. Casi todos son yámbicos. "Das Metrum der altfranzósischen 
Epen — dice Westfall — ist ebenfalls acht und siebensylbíg, hat aber nicht 
in dem trocháischen, sondern in dem iambischen Dimetrum (rerum crea- 
tor omnium) seinen Ursprung, denn es beginnt nicht mit dem schweren 
Takttheile, sondern mit der Anakrusis." Los himnos eclesiásticos eran 
casi todos yámbicos, ritmo que cuadra de lleno á la lengua francesa, la 
cual tiene agudas las palabras, al revés del castellano, que teniéndolas 
de ordinario graves ó llanas, se avenía mejor con el ritmo trocaico. 
Por lo mjsmo, el septenario ó impar concordaba con el francés, y con el 
castellano el octonario ó par. Pudieron, pues, los clérigos españoles 
emplear en su versificación castellana el metro yámbico, que cantaban 
cotidianamente en latín ; pero el hecho de que en la época en que apa- 
recen los primeros monumentos poéticos eruditos en España, que son 
los escritos en este metro de catorce sílabas, con los de siete y de nueve, 
es cabalmente cuando se deja sentir tan poderosamente la influencia 
de los cluniacenses en la corte y en la iglesia española, hace creer que 
á ese influjo eclesiástico francés se deba su empleo. Con los benedic- 
tinos de Cluny vinieron á España las piezas litúrgicas franco-latinas, 
por ejemplo, el Auto de los Reyes Magos, tomado del oficio latinizado de 
alguna ciudad francesa. La Vida de Santa María Egipeiaqua, en versos 
de nueve sílabas, por lo ordinario, está tomada de otra obra francesa ; el 
Libro de ApoUonio está en la cuaderna vía ó versos de siete sílabas, y en 
el mismo metro se escribió el Mió Cid. que tiene semejanzas con la Chan- 
soii de Roland, que no pueden ser casuales: el obispo francés don Jeró- 
nimo, fogoso como el arzobispo Turpin en el poema francés, Alvar 
Fáñez, "diestro brazo" del Cid, como Roland era el "destre braz" de 
Carlomagno. 

Sobre la métrica de Mió Cid oigamos á M. Pelayo {Antol. poet. lir. 
cast., t. XI, pág. 89) : "Hay en el Poema algunos versos, comenzando 
por el primero: "De los sus oios | tan fuerte mientre lorando", que pa- 
recen semejantes al decasílabo ó endecasílabo francés; es decir, que 
pueden partirse en dos mitades: la primera de cinco sílabas, y la segun- 
da, de siete. Pero estos versos son excepcionales, aunque los hemistiquios 



1 5o ÉPOCA DEL SIGLO vil 

de cinco sílabas abundan y también los de nueve." Tómese nota de esto, 
que pudiera ser de influencia francesa. Continúa: "No hablaremos de 
ciertas monstruosidades métricas, como una linea de diez y ocho síla- 
bas, porque no sabemos hasta qué punto será responsable de ellas el 
poeta; ni tampoco del caso bastante frecuente de versos cortos, á los 
cuales parece faltar el primer hemistiquio. Todos estos son accidentes 
que no dan carácter á la gesta. El verso más común oscila entre los 
dos tipos de 7 + 7 y 8 + 8, pero con manifiesto predominio del pri- 
mero: Tornaba la cahcsa \ e estábalos calando... | Alcándaras vacias | 
sin pieles e sin mantos... Atendiendo á la impresión general que el 
poema deja en el oído, se inclina uno á creer (y es la opinión más co- 
rriente) que nuestro rapsoda épico se propuso hacer alejandrinos, 
aunque no siempre resultasen tales, por culpa suya ó de los juglares, 
que repitieron su canción ó la del escriba que la trasladó." De alejan- 
drinos de catorce sílabas y de versos de diez y once sílabas, todos 
metros franceses, no pudo salir el pie del romance castellano de diez 
y seis: son dos ritmos tan opuestos como el yámbico, del que salieron 
los versos franceses, y el trocaico, del que salió el verso castellano. No 
pudo, pues, salir el romance castellano de este caos de metros franceses 
con algunos versos de romance. El poeta quiso imitar en castellano los 
yámbicos eclesiásticos y los metros franceses y se le escaparon algu- 
nos versos de romance, que, sin duda, oía en la poesía popular. 

El autor del AU.randrc , obra tomada de una latina y otra francesa, 
y el de las otras obras de Berceo (i), como poesías que se hicieron algo 
después, tienen los alejandrinos y la cuaderna vía en toda su perfec- 
ción. El Mío Cid es uno de los primeros ensayos, si no el primero, de 
la versificación del mester de clerezia- En cambio, el Arcipreste de 
Hita tiene entre los versos alejandrinos no pocos de pie de romance, 
por ser juglar y poeta popular no menos que poeta erudito. Hallamos, 
pues, el pie de romance en el primer monumento poético del castellano, 
en el Mió Cid, y como metro popular, que se le rezuma al poeta erudito 
al querer emplear el alejandrino, de origen latino-eclesiástico y fran- 
cés. No aparece, pues, el romance por primera vqz en el siglo xv. 

"Los versos de diez y seis sílabas dominan con gran exceso — dice 
M. Pelayo hablando del Poema de Rodrigo — , y aun en versos de otra 
medida se hallan á cada momento hemistiquios de ocho silabas diver- 
samente combinados (8 + 7, 9 + 8, etc.). Asi como la métrica del 
Poema del Cid hace el efecto de un mester de clereaia incipiente, la 
del Rodrigo deja la impresión de una serie de romances informes y 
tosquísimos." Esta última manifestación de M. Pelayo es la pura ver- 
dad, y de ella se deduce que el autor del Poema del Cid se daba más 
maña para la nueva versificación á la francesa que no el del Rodrigo, 
que no acierta á dejar el romance popular; pero que entrambos lucha- 
ban entre el metro vulgar del romance y el nuevo del alejandrino, que 
todavía no habían domeñado. Prosigue M. Pelayo: "De otros cantares 



(I) I'íra mi Bcrcco es el aulor del pocm.i lie Ali.\ajii1ic. 



EL PIE DE ROMANCE Y EL ALEJANDRINO l5l 

de gesta no tenemos más que las prosificacioncs de las Crónicas y 
ésta es base muy insegura, aun contando con el apoyo de las asonan- 
cias. Pero no hay duda que ya en la primitiva Crónica general abundan 
los octosílabos y son ley general en las refundiciones del siglo xiv.'' 
Pero, sobre todo, hablando "de las dos direcciones que hemos recono-, 
cido en el verso épico castellano" (métrica alejandrina y métrica de pie 
de romance), "la seginida — dice (t. II, pág. xx) — , la que no tiene rela- 
ción con los metros de las gestas francesas, se sobrepuso inmediatamente 
á la primera, dejando relegado el alejandrino á los poetas monacales y 
escolásticos y desterrándole enteramente del arte popular. Es curioso 
advertir este fenómeno en los libros historiales que aprovecharon frag- 
mentos épicos, desliéndolos en prosa. Así como en la Crónica general 
aparecen por dondequiera vestigios de versificación alejandrina, así en 
las refundiciones posteriores de dicha Crónica, v. gr. en la llamada 
de Castilla (de donde vino á ser extractada luego la famosa Crónica 
del Cid), se siente, hasta en esos mismos pasajes, la influencia 
del ritmo octosilábico, como si el oído de los compiladores de la his- 
toria fuese siguiendo dócilmente las evoluciones del canto popular." 
Lo que aquí había es que el pueblo seguía cantando romances, mientras 
que los clérigos escribían alejandrinos, según la nueva moda. 

¿ Por qué, pues, se niega que hubiese romances antes del siglo xv ? 
¿ Por qué se añade que los romances conocidos del xv son trozos des- 
prendidos de gestas versificadas en alejandrinos como el Mió Cidf 
Lo que de aquí se saca es que el pueblo tenía sus gestas, largas ó cortas, 
en romances, que de ellas pasaron trozos á las Crónicas y que las 
gestas que conocemos de Mió Cid y Rodrigo y AUxandre son imita- 
ciones que los clérigos hicieron de las populares, trayendo del canto 
eclesiástico y de Francia un nuevo metro erudito, que, poco á poco, se 
perfecciona; pero que raras veces deja la liga del pie de romance que 
á los clérigos poetas les reteñía por oirlos en el pueblo, por más que 
lo menospreciasen. La tan decantada gesta de los Infantes de Lara, 
que tenemos prosificada en una de las Crónicas, son trozos de roman- 
ces, parecidísimos á los romances conservados como tales del mismo 
asunto. No salieron estos romances de aquellos otros, llamados gesta: 
son hermanos gemelos, acaso unos más antiguos que otros, pero nada 
más. Pueden verse cotejados romances y gestas en M. Pelayo (Antol. 
poet. lír., cast., t. XI, pág. 276). Pero hay más: algunos trozos parécen- 
se á Mío Cid: ¡como que ésta es la única gesta en que acaso se fun- 
dieron varios romances, aunque versificándola el poeta por el nuevo 
mester dv cleresia. Cuando conserva el pie de romance resulta un 
romance verdadero. Y luego dirán que no hubo romances hasta el 
siglo XV. Véase este trozo de la llamada gesta de los de Lara : 

"Esora dixo a los suyos — el infante don Mudarra: 
Señores (pensat de) andar, — faremos tal cavalgada 
Que si yo bivo e no muero — el albricia vos sera dada. 
¡ Armas, armas, cavalleros, — el traydor no se nos vaya ! 



1 52 ÉPOCA DEL SIGLO XII 

Hy veredes cavalleros — atan apriesa descir 

E conpañas a conpañas — todos (se van a) guarnir; 
Los que eran ya guarnidos — a las señas piensan de yr. 
Desque esto vio Velazquez — comento de apercibir, 
Acabdillando sus hazes — (bien) oyredes lo que diz : 
Amigos, los que viniestes — cavalleros para mí, 
De todo lo que gané — (bien) convusco lo partí. 

Alli dix Gonzalo Gustios: — fijo por amor de caridad, 
Fuerte cavallero es el traydor — non ha en España su pan: 
Yo que le conozco (bien) — con él me dexad lidiar, 
E vengaré ios mis fijos — e quem' fizo cativar. 

Estonz dixo don Mudarra : — Señor, non mandedes tal, 
Que pleito le tengo fecho — non lo puedo quebrantar." 

Óiganse versos del Mió Cid, picando en cualquier parte : 

"Si Dios me legare al Q\á — e lo vea con mi alma, 
Desto que auedes fecho — uos non perderedes nada: 
Dixo Auengaluon : — plazme desta preséntala, 
Antes deste teqer día — vos la daré doblada." (c. 1529.) 
"Que guardassen el alcaqar — e las otras torres altas." (1571.) 
"E aduxiessen le a Bauieca; — poco auie quel ganara." (1573.) 
"Oyd, Minaya Albarfanez, — por aquel que está en alto," (1297.) 
"Quando Dios prestar nos quiere, — nos bien ge lo gradescamos. 
Ferid los, caualleros, — por amor de caridad ! (720) 
Yo so Ruy Diaz el Qid, — Campeador de Biuar." 
"Por amor de caridat" es frase del Cid y de Gonzalo Gustios. 
Creo que esto es romance, aunque del siglo xii. 

Resumiendo, el romance fué siempre el metro propio de la poesía 
popular castellana; en él cantaba sus gestas el pueblo antes del siglo xii, 
y desde mucho antes, aunque por no haberse escrito sólo se hayan 
conservado versos en las Crónicas y en las más antiguas gestas escritas, 
como el Mío Cid, á pesar de haber pretendido sus autores emplear el 
metro francés; la literatura erudita comienza componiendo en metro 
francés lo que el pueblo había hasta entonces cantado en metro cas- 
tellano; la influencia francesa en el metro de las primeras obras escritas 
prueba haber sido causa principal del nacimiento de nuestra literatura 
escrita ó erudita, comenzando con cpopevas en metro francés. A qué se 
deba esa influencia francesa, cosa es bien sabida. 

1''7. I£n tres épocas, sobre todo, ha influido en España la nación 
vecina: en los siglos xii, xviii y xix. La primera coincidió con el des- 
pertar de nuestra literatura, en la que, por consiguiente, hubo de dejar 
honda huella, rindiendo parias la nuestra á la francesa hasta la época 
del Renacimiento, en que se cambiaron las tornas. Época malhadada 
aquella del siglo xii, en la que, al despertar á la reflexión nuestro 



LA IXFLUENXIA FRí\NXESA 



:53 



pueblo, cuando las instituciones populares, fraguadas en el continuo 
pelear de tantos años, iban á dar sus frutos, cuando el espíritu nacional 
vio que la lengua vulgar podia ser escrita tan bien como la latina, 
cuando aunadas dos de las principales coronas de la Península en una 
sola sien, cuando la morisma, perdidas sus más fuertes plazas, sólo pen- 
saba en asegurar la retirada, en vez de una reconstrucción castiza- 
mente nacional, preparada por el filo de la espada, por las cartas- 
pueblas, por las instituciones populares, á vueltas de las menguadas ven- 
tajas que la reforma monacal y las menos lucidas aún que los cru- 
zados extranjeros nos aportaron, distraídos por acá en saquear 
á los judíos y acaparar honra y provecho, nos vinieron de allende el 
Pirineo una turbamulta de aventureros so color de ayudarnos en las 
conquistas de Toledo y Lisboa y en las batallas de Alarcos y de las 
Navas, y un enjambre de monjes cluniacenses, que empezando por 
reformar los claustros acabaron por llevarse las mitras, abadías y 
demás dignidades eclesiásticas, y hasta el venerando rito muzárabe. 
En cambio, con unos y con otros vino un soplo de feudalismo franco, 
con todas sus consiguientes tiranías, distinciones sociales, y demás 
levadura, que había de fermentar, dando largos siglos de rebelio- 
nes y rivalidades entre los magnates hasta los reyes absolutos, tér- 
mino final en que tenía que parar el feudalismo. Dudosas son las ven- 
tajas de la introducción de la letra francesa, desechándose la gótica 
tradicional ; lo que no puede ponerse en duda es el afrancesamiento 
de la Corte de Alfonso VI y el afrancesamiento de la instrucción, de 
la literatura y hasta de la lengua. Yo no veo que nuestra épica, la única 
manifestación poética genuinamente española de la Edad Media, ganara 
nada con el influjo francés, no por falta de los franceses, á quienes 
debemos el haber comenzado á escribir en castellano, sino por la mala 
mano que nuestros clérigos tuvieron en abrazar la métrica francesa, 
dejando la nacional, que es el pie de romance, sobre todo. Cuanto á 
elementos poéticos, bien pocos y de escaso valor debemos á Francia. 
Si hemos de juzgar por las dos únicas gestas que se han salvado de 
entre las muchas que hubo antes del siglo xiii, desleídas unas en la 
Crónica general, olvidadas otras por las que les sucedieron, la épica 
castellana, si parecida á la francesa, ya que no en la abundancia y en 
el eco general que ésta tuvo en toda Europa, en muchas otras cosas, 
por derivarse ambas lenguas y civilizaciones de un tronco común, difiere 
de ella por la inspiración en el espíritu tradicional de independencia, 
de libertad democrática, de igualdad de clases, y por la forma en el 
realismo, tosco y hasta brutal, pero idealizado hasta en los primeros 
vagidos de aquella gente adusta y guerrera, bien ajena á todos los 
convencionalismos de civilizaciones refinadas y gastadas. "Es claro 
que algo y aun mucho — dice M. Pelayo (Aiitol., II, pág. 17) — había de 
diferir el ideal poético y la cultura mundana entre los caballeros y los 
monjes franceses ó afrancesados que rodeaban á Alfonso VI, al Conde 
de Portugal don Enrique, á la reina doña Urraca, al emperador Al- 
fonso VII ó al arzobispo compostelano don Diego Gelmírez; y los 



1 54 ÉPOCA DEL SIGLO XII 

rudos mesnaderos que seguían al Cid ganando su pan desde la glera del 
Arlanzón hasta los vergeles de Valencia, ó los fieros burgueses de Sa- 
hagún, que, enojados con la aristocrática tiranía de sus abades, entra- 
ban á saco sus paneras y tumultuariamente se bebían su vino. Era 
natural que la epopeya francesa fuese muy del gusto de los primeros, 
pero parece duro admitir que también la entendiesen y se deleitasen 
con ella los segundos." Los poemas castellanos no lisonjeaban los oídos 
de aquellos palaciegos y abades feudales, acostumbrados al servilismo, 
que, dada la división de clases, distinguía tanto á la nación vecina hacía 
ya más de cuatro siglos. Los españoles, más iguales y llanos por carácter 
de raza, habíanse hecho todavía más individualistas, más democráticos, 
más independientes desde que las hordas mahometanas, destruyéndolo 
y confundiéndolo todo, les habían obligado á mancomunarse entre las 
breñas del Norte contra el enemigo común. 

Los mismos héroes épicos parecen haberse ganado las simpatías 
populares precisamente, ó por haber abundado en estas ideas y haber 
participado de estos caracteres de raza, ó porque tal era el ideal y el 
carácter del pueblo castellano, ó, lo que es más cierto, por ambas cosas 
á la vez. Bernardo del Carpió eclipsa á Roldan francés, Fernán Gonzá- 
lez el rebelde, Ruiz Díaz de Vivar el proscrito, no eran hijos ciertamen- 
te del feudalismo. No son héroes que la musa castellana fuera á ofre- 
cer á franceses ó afrancesados para darles un rato de solaz y es- 
parcimiento; son bloques arrancados á las peñas de la Bureba por la 
musa ruda y natural, realista, viviente y sincera del pueblo castellano de 
la Reconquista, siempre en rebelión contra sus adalides, que no llegaban 
á comprender sus aspiraciones democrático-liberales, siempre apasio- 
nado por el espíritu de independencia. La epopeya castellana perdió 
su genial inspiración cuando la literatura francesa influyó en los autores 
castellanos pertenecientes á la sociedad instruida, cuando al mester de 
yoglaría sucedió el mester de cleresia. El Mió Cid, la más antigua 
gesta castellana que se ha conservado es, en el asunto y en la manera 
de tratarlo, una muestra de la épica popular castellana, uno de tantos 
cantares popubres como creen todos que hubo, por los restos que nos 
quedan desleídos en las Crónicas. Pero también es la primera muestra 
de la poesía erudita que pone el nacimiento de nuestra literatura eru- 
dita ó escrita y el nacimiento del castellano literario en el siglo xii, 
en el reinado de Alfonso VII (1127-1157), entre los años de 1140 y 1157. 
Su autor quiso tratar ese asunto popular en metro francés, alejandrino; 
conocía bien la Chanson de Roland, compuesta en el siglo xi, y pro- 
bablemente Garin le Loherain, como se ve por semejanzas que no pue- 
den ser hijas del acaso. El obispo francés don Jerónimo es tan fogoso 
en Mío Cid como el arzobispo Turpin en la Chanson de Roland; Alvar 
Fáñez es el diestro brazo del Cid, conio Roland era el desirc hraz de 
Carlomagno; el llorar de los ojos es el plorer des oils. "De modo, dice 
Menéndez Pidal (edic. La Lectura, pág. 40), que la cuestión puede quedar 
en terreno firme, reconociéndose en el Cantar un fondo de tradición poé- 
tica indígena y una forma renovada por hi inllucncia francesa." "Desde 



LA IN'FLUENXIA FR.4NCESA l33 

fines del siglo x^ añade, á lo largo del camino francés que conducía á 
Santiago, había barrios enteros poblados de franceses, principalmente 
del Mediodía de Francia, en Logroño, Belorado, Burgos, Sahagún,. 
y, fuera de aquella gran vía de peregrinación, en Silos, en Toledo y , 
en otras muchas ciudades. Por fuerza los juglares peregrinos ó Ios- 
franceses principales, que á veces traían sus juglares consigo, harían 
conocer á sus compatriotas establecidos en España los poemas fran- 
ceses. "Bastaba, dice M. Pelayo (Antolog. poet. lír. cast., t. II, pág. xv), 
el hecho capitalísimo del afraticesamíento de la corte de Alfonso VI,. 
con sus dos yernos borgoñeses, y la turba de monjes de Cluny levanta- 
dos á las primeras cátedras episcopales y á las más pingües abadías- 
de Castilla, de Portugal y de León: bastarían indicios tan elocuentes 
como la reforma monacal: el cambio de rito: el cambio de letra: la in- 
vasión del feudalismo franco, no sin sangrienta resistencia de los 
burgueses: la afluencia de cruzados y aventureros transpirenaicos á 
la conquista de Toledo, á la de Lisboa, á las batallas de Alarcos y de las 
Navas (si bien muchas veces se mostrasen más atentos á saquear á los 
judíos que á pelear con los mahometanos), bastaría, digo, el recuerdo 
de todos estos hechos para fijar de un modo bastante aproximado la 
época en que los cantares épicos franceses penetraron en las regiones 
centrales y occidentales de la Península, convirtiéndose en predilecto 
solaz de las clases aristocráticas." Lo que añade: "Pero ¿cómo llegaron 
á las clases populares que ya comenzaban á tener existencia y gustos 
propios?" parece suponer que la épica castellana, en el asimto y ma- 
nera, no era popular y tan nacional y opuesta en gustos, doctrinas y 
carácter á la francesa, enteramente aristocrática, que no pudo nacer en 
Castilla por imitación de la francesa, sino que es muy anterior y autó- 
noma. Los caracteres de la epopeya castellana son tan opuestos á los 
de la francesa, que se bastan para prueba de no haberse en ellas ins- 
pirado, antes haber nacido independientemente mucho antes. "Muy dis- 
tante de la fecundidad prodigiosa de la epopeya francesa y de su uní- 
versal y omnímoda influencia en la literatura de los tiempos medios, 
dice el mismo M. Pelayo (Antol. poet. lír. cast., t. II, pág. vii), tiene en 
desquite un carácter más histórico, y parece trabada por más fuertes 
raíces al espíritu nacional y á las realidades de la vida. Exigua sobre 
manera es en nuestros poemas la intervención del elemento sobrenatural, 
y éste dentro de los limites más severos de la creencia positiva, mani- 
festándose en leyendas tan sobrias como la aparición de San Lázaro al 
Cid en figura de gafo ó leproso. El espíritu cristiano que anima á los 
héroes de nuestras gestas más se induce de sus acciones que de sus 
discursos: alguna oración ruda y varonil es lo único que sienta bien en 
labios de tales hombres avezados al recio batallar, y no á las sutilezas 
de la controversia teológica. Ni de la milagrería posterior, ni mucho 
menos de lo que pudiéramos llamar poesía fantástica, de los prestigios 
de la superstición y de la magia, hay rastro alguno en estas obras de 
contextura tan sencilla y, en rigor, tan escasas de fuerza imaginativa 
cuanto ricas de actualidad poética. Sólo la creencia militar en los agüe- 



1 56 ÉPOCA DEL SIGLO XII 

ros, herencia quizá del mundo clásico, si no ya de las tribus ibéricas 
primitivas, puede considerarse como leve resabio de supernaturalismo 
pagano. Las acciones de nuestros héroes se mueven siempre dentro de 
la esfera de lo racional, de lo posible y aun de lo prosaico : rara vez 
ó ninguna traspasan los límites de las fuerzas humanas. Sólo en un 
poema de evidente decadencia se advierte marcada inclinación á la 
fanfarronada y á la hipérbole del valor, que es la caricatura del heroís- 
mo sano y sincero de las rapsodias más antiguas: sólo en ese mismo 
poema se atropella caprichosamente la historia, que en los anteriores 
aparece respetada, no ya sólo en cuanto al fondo moral, sino también 
en cuanto á los datos externos más fundamentales. La geografía, lejos 
de ser arbitraria y de pura imaginación, como lo es en la misma Canción 
de Rolando, tiene en el Poema del Cid toda la precisión de un itinerario, 
cuyas jornadas podemos seguir sobre el terreno ó en el mapa. La tierra 
que nuestros héroes pisan no es ninguna región incógnita ni fantástica, 
sembrada de prodigios y de monstruos, son los mismos páramos y las 
mismas sierras que nosotros pisamos y habitamos. Esta poesía no des- 
lumhra la imaginación, pero se apodera de ella con cierta majestad bár- 
bara que nace de su propia sencillez y eiñdencia : de su total ausencia 
<Ie arte. Parece que el cantor épico no inventa nada, y hasta que sería 
incapaz de toda invención: lo que añade á la historia resulta más 
historia que la historia misma. El Cid del poema ha triunfado de! Cid 
de la realidad hasta en las Crónicas, hasta en los documentos eruditos : 
€S el que se levanta eternamente luminoso, con su luenga barba no 
mesada nunca por moro ni por cristiano; con sus dos espadas, talisma- 
nes de victoria : 

"¡ Oh, Dios, qué buen vasalo si oviesse buen señor !" 

"En torno de él se agrupan, con fisonomías todas distintas, aunque 
trazadas no más que con cuatro rasgos rudos, los heroicos compañeros 
de sus empresas. Alvar Fáñez Minava, lansa f ardida, brazo derecho 
del Campeador; ¡Martin Antolinez, el Ulises de la epopeya, tan inge- 
nioso y hábil como leal y esforzado ; Pero Bermúdez, el impaciente y 
enérgico tartamudo ; el obispo don Jerónimo, ardido batallador, Caboso 
Coronado. Y enfrente, como envueltos en sombras para el contraste, 
los tipos viles de los Infantes de Carrión y de sus deudos y parientes, 
generación de traidores insolentes y de sibaritas que ahniiercan antes 
que fagan oración. 

"Ni en las descripciones de combates ni en el cuadro asombroso de hs 
Cortes que mandó hacer en Toledo Alfonso VI para que el Cid lograra 
su justicia y desagravio, se encuentra sombra de arte, en el sentido re- 
tórico de la palabra; pero hay otro arte más sublime, aquél que se 
ignora á si mismo, y, confundiéndose con la divina inconsciencia de las 
fuerzas naturales, nos da la visión plena de la realidad. 

"Los sentimientos que animan á los héroes de tal poesía son de 
tanta sencillez como sus mismas acciones. Obedecen, sin duda, al gran 



LA IXFLUENXIA FRANCESA iSy 

impulso de la Reconquista; pero en vez de semejante abstracción mo- 
derna, buena para sintesis históricas y discursos de aparato, no puede 
concebirse en los hombres de la primera Exlad Media más que un ins- 
tinto qu€ sacaba toda su fuerza, no de la vaga aspiración á un fia . 
remoto, sino del continuo batallar por la posesión de las realidades con- 
cretas. Si el Cid tuvo más altos pensamientos y llegó á decir que un 
Rodrigo había perdido á España y otro Rodrigo la recobrarla, no es la 
poesía heroica castellana la que pone en su obra tales palabras, son los- 
historiadores árabes, sus implacables enemigos, que por tal medio 
quieren ponderar el extremo de su soberbia. El Cid del poema lidia 
por ganar su pan, porque (como dice en otra parte el autor del poema) 
"haber mengua de él es mala cosa'' : lidia para convertir á sus 
peones en caballeros, se regocija con la quinta parte de lo que le corres- 
ponde en la repartición del botín; conquista á Valencia para dejar á. 
sus hijos una rica heredad: sentimientos naturalisimos y hermosos en 
un hombre de la Edad Media, por lo mismo que tan lejanos están de 
todo énfasis romántico. Hasta la estratagema poco loable usada con los 
judíos Rachel y Vidas contribuye al efecto realista del conjunto, mos- 
trando sometido al héroe á la dura ley de la necesidad prosaica. 

"No es menos de reparar en nuestros Cantares de Gesta la total au- 
sencia de aquel espíritu de galantería que tan neciamente se ha creído ca- 
racterístico de los tiempos medios, cuando á lo sumo pudo serlo de su 
extrema decadencia. No sólo se buscaría en balde en nuestra viril y 
austera poesía la aberración sacrilega ó hipócrita del culto místico de 
la mujer, ni menos la expresión de afectos ilícitos de que no está in- 
mune la lírica de los provenzales, sino que jamás la ternura doméstica, 
expresada de un modo tan sobrio, pero tan intenso, en las breves pala- 
bras del Campeador á doña Jimena y á sus hijas, y en leyendas como- 
la de libertad de Fernán González por su esposa, se confunde, ni remo- 
tamente, con lo que pudiéramos llamar el amor novelesco, que más que- 
un afecto sano y profundo, suele ser una exaltación imaginativa. Tales 
estados nerviosos, tales cavilaciones y desequilibrios, son producto de- 
una civilización muelle y refinada, é incompatibles de todo punto con 
el ambiente de los tiempos heroicos. Mucho esfuerzo necesita un lector 
vulgar para pasar desde la Ximena dramática de Guillen de Castro ó de 
Corneille, combatida y fluctuante entre el deber y la pasión, á la 
Ximena épica, la de la Crónica Rimada, pidiendo con toda sencillez al 
Rey que la case con Rodrigo, á modo de composición pecuniaria, porque 
éste ha matado á su padre, después que uno y otro se habían robado- 
mutuamente sus ganados, secuestrando, por añadidura, las lavanderas 
que bajaban al río. Pero aunque tal aspereza de costumbres ofenda, 
todavía, para quien tenga sentido de las cosas bárbaras, resulta tan 
poética, por lo menos, como las logomaquias del punto de honra que 
el teatro moderno aplicó indistintamente á todas épocas y estados, 
sociales, como si cada uno de ellos no tuviese su peculiar psicología."' 

Los franceses, pues, que nos trajeron su letra y manera de escribir, 
fueron no pequeña parte para que la literatura, hasta entonces popular. 



1 58 



ÉPOCA DEL SIGLO XII 



se escribiese dando origen á la literatura erudita y al habla literaria; 
pero nada influyeron en la épica popular. A principios del siglo xiii 
dicen que comienza la primera escuela erudita; bien se ve que comienza 
•en el siglo xii con la literatura escrita. Esa escuela se llama á sí misma 
de mester de cleresia, en oposición á los antiguos y populares juglares; 
cuenta las sílabas con nueva maestría y fabla cuento rimado por la ctia- 
■derna vía, destinando sus poesías para lectura de la gente docta en vez 
de servir para la recitación ó el canto popular, como las antiguas gestas. 
Es la poesía de los monasterios, donde vivía la gente que sabía leer, 
■xjiie había recibido la educación latino-eclesiástica. Pero el primer en- 
sayo, como cosa trasladada de la poesía popular, fué una mezcla de 
asunto y manera popular con el nuevo metro francés, que ese es la 
miera maestría, fué una obra erudito-popular. 

¿Redundó en provecho de la literatura castellana este traslado del 
pueblo á los eruditos? No hay más que comparar el Mió Cid, en lo que 
todavía de popular tiene, con las demás obras del mester de cleresia 
-que le siguieron y con los romances populares, que, después de cansados 
los mismos poetas de tan aguado mester, volvieron á sacar del pueblo 
dos siglos más tarde. La influencia francesa y lo poco que alcanza la 
pura erudición en achaque de arte literario, son cosas evidentes en las 
obras que vinieron después del Mió Cid: el Auto de los Reyes Magos, 
de fines del siglo xii, y que procede de uno de los oficios latinos usados 
en Limoges, Rúan, Nevers, Compiégne y Orleáns; la Vida de Santa Ma- 
ría Egipciaqua, tomada de la Vic de Sainte Marte l'Egyptienne ; el 
Libro deis tres Reyes dorient, de fuente francesa ó provenzal; el Libro 
de Apollonio, la Razón de Amor, que remeda las pastorelas francesas, 
provenzales ó galaico-portuguesas. Los escritores del mester de clerecía 
hicieron un gran servicio á España, y ése se lo debemos á los franceses: 
el de haber puesto por primera vez en letra lo que con sólo cantarse 
acababa al fin perdiéndose; pero fué un error gravísimo en ellos no ha- 
ber apreciado y tenido en lo que valía la musa popular, mudando de 
metro y aun mudando de asuntos, y perdiendo así, ó, mejor dicho, de- 
jando en manos del pueblo la fuerza épica nacional. Con ello retrasaron 
ia verdadera y nacional poesía por más de dos siglos, pues hasta qu3 
vuelven á estimarse los romances, apenas se halla en la literatura caste- 
llana verdadera poesía, si no es en las obras del Arcipreste de Hita, so- 
berano poeta, que, por serlo, volvió á amamantarse en la inspiración po- 
pular, llamándose á sí mismo poeta del tnester de juglaria. Bien que ni 
■error hubo; lo que hubo fué falta de grandes ingenios, que, como el Ar- 
cipreste y el autor del Mío Cid. supieran apreciar la jioesia popular, 
como siempre la apreciaron los grandes ingenios, y de ella sacaron sus 
maravillosas obras, mientras el vulgo de los eruditos se entretiene con 
sus libros. 

Tengo para mí, contra lo que M. Pelayo da á entender, que á la 
poesía popular no llegó en esta época el influjo francés, por ser tan 
opuestas, como se ve comparando las dos épicas, la francesa y la pura- 
mente poi)ular castellana del Mió Cid y las doctrinas políticas de ambos 



LA INFLUENCIA FRANCESA iSq 

pueblos. Algo tomaron también los franceses de España, como dice 
Fitzmaurice-Kelly {Hist. de la lit. cspañ., 1913, pág. 9) : "Esto se echa 
de ver en un Fragmcnt de la vie de Sainte Foy d'Agcn, cuya fecha se 

refiere al siglo xi, y que claramente confiesa el empleo de un tema 

€spañol : 

"Canczon audi q'es bella'n tresca, 
Que fo de razo espanesca." 

"La historia del caballo de madera, transmitida por los griegos á los 
árabes, acompaña también á estos últimos en la Península; pasa á 
Francia, donde se la encuentra en el Cléomadis, de Adenet de Roi, y 
«n su derivado el Müiacin, de Gerardo de Aniiens, y torna á España 
para reaparecer en Don Quijote. En fin, observemos que un asunto in- 
dudablemente español está transformado en la epopeya intitulada Ali- 
séis de Carlhage, donde se cuenta cómo Carlomagno dejó en España al 
rey Anséis, que deshonró á Letisa, hija del varón Isorés, y cómo Isorés 
se vengó, desencadenando contra Anséis el ejército musulmán; es de la 
mayor evidencia que nos hallamos aquí frente á una refundición bastan- 
te tosca de la leyenda de Rodrigo y del conde Julián, sustituyendo 
■Cartago á Cartagena. En suma : originariamente, España debe más á 
Francia que ésta á aquélla." 

Resumamos. A Francia se debió el haber puesto por escrito la épica 
■popular, enteramente nacional por los asuntos, manera, doctrinas y 
-carácter, naciendo asi la literatura erudita del mcster de clercsia. Pero, 
por lo mismo, si no á ella, débese á la impericia de nuestros poetas 
eruditos de entonces el haber preferido el metro francés y el haber 
menospreciado y dejado tan desconocida para la posteridad como antes 
lo estaoa aquella épica popular, que, por casualidad, tuvo la fortuna 
■de ponerla por primera vez en escritura el autor de Mió Cid, porque 
sin duaa era tan gran poeta que reconoció su valor artístico; pero 
•que sus sucesores dejaron en olvido ó la trataron tan mal en los restos 
■que nos quedan del Fernán Gonsález, Los Infantes de Lara, etc., que 
ya no se escribió más que la poesía erudita del mester de cleresia, deja- 
da como cosa de menos valor la verdadera poesía nacional, la popular 
■del mester de juglaría. 

138. Consúltense: Joseph Bédier, Les Fahliaux, 2.* ed., París, 1S95; 
id.. Les Icgendes épiques, París, 1908-1912, 4 vols. ; Wilhelm Qoéta, 
Beitr'áge zur Literaturgcschichte des Mittelalters und der Renaissance, 
íTalle, 1890, 2 vols.; Adolf. Ebert, Allgemeine Geschichte dcr Literatur 
des Mittelalters im Ahcnlande, Leipzig, 1874-1887, 3 vols.; Jean Bar- 
thélemy Hauréau, Singularités historiques et littéraires, París, 1861; 
Alfred Jeanroy, Les origines de la poésie lyrique en France aii moyen 
age, París, 1889; 2.' ed. 1904; Manuel Milá y Fontanals, De la poesía 
heroico-popular castellana, Barcelona, 1874; id.. Los Trovadores en 



l6o ÉPOCA DEL SIGLO XII 

España, 2." ed., Barcelona, 1889; Turpini, Historia Kai'oli Magni et 
Rotholandi, edic. F. Castets, en el núni. 7 de !as Puhlications spcciales 
de la Socictc poiir l'ctudc des langncs romanes, Montpellier, 1880; La 
Chroniqíie dite de Tiirpin, publice d'apres les mss, B. N. 1850 et 2137. 
Ed. F. A. Wulff, Lund, 1881 ; G. París, Histoire poétique de Charle- 
magne, París, 1865: A. Bello, Obras completas, Santiago de Chile, 
1882, t. VI. 

Sobre las relaciones de España y Francia en aquel tiempo: Marcel 
Robin, Bcrnard de la Sauí'ctat abbc de Sahagiin et premier archevcque 
de Tolede, 1907 (Positions des théses de l'École de Chartes) ; André 
Michel, Histoire de l'art, Paris, 1906, t. II, ptie i"", pág. 505. 

139. A la influencia francesa desde Alfonso VI (1073-1 109) 
debe también no poco la lengua castellana, mayormente con la co- 
municación continua de romanos que iban á Santiago de Galicia 
por el camino francés. De aquella época son la mayor parte de las 
palabras germánicas que tiene nuestro idioma, pues fuera de las 
que en tiempo de los godos vinieron por la Provenza, que for- 
maba con España un mismo reino visigótico, las demás llegaron 
por medio del francés en el siglo xii. Del mismo francés pasa- 
ron entonces al castellano la mayor parte de las palabras fran- 
cesas, de origen no germánico, que tiene y se hallan en nuestros 
más antiguos escritores. 

11 0- El latín llegó á la Proiñncia (Narbonensis) ó Provcti::a con 
la primera entrada de los romanos (122-118 antes de J. C.) (i), y á. 
toda la Francia con las campañas de César (58-51 antes de J. C). 
Tres lenguas halló el conquistador: la bélgica, la céltica, la aquitánica: 
"Hi onines lingua, institutis, legibus ínter se differunt." La primera 
pertenecía, por lo menos en parte, á la rama germánica; la segimda, á 
la céltica ; la tercera, á la ibérica ó escualduna. De aquí tres diferentes 
pronunciaciones y maneras de apropiarse el latín, de donde resultaron 
tres lenguas románicas: la lengua d'oui ó francés al Norte, la lengua 
d'oc ó provenzal al Sur y Sudeste, el gascón al Sudoeste. El límite 
belga era el Sena, según César; el Loira, scgím Estrabón, como hoy 
lo es, del francés y del provenzal. En el gascón el influjo ibérico ó 
eusquérico es tan señalado, que, sin haber tenido comtmicación alguna 
con el castellano, presenta innegables puntos de semejanza en todo el 
fonetismo, sin contar la gran cantidad de raíces comunes, provenientes 
del éusquera, la mayor parte de las cuales se hallan igualmente en todo 
el Mediodía de Francia. 



(i) lin 122 se fundó cI Castcllum Aqiuc Scxiiac, en 1 18 Narho Murcius. 



IDIOMAS DE FR.-\i\CIA l6l 

En las Leys d'Amors (II, 388) se tiene al gascón por lengua extraña 
respecto del provenzal : "apelam lengatge estranh coma francés, englcs, 
espanhol, gaseó, lonibard". Son caracteres propios del gascón y comu- 
nes al éusquera el poner a- ante r: arrei ren, arriou riu; el empleo de // 
por 1: llebá levar, Hit leit; cli por s ó ss: chens senes, lacha laissar; 
conservar ca y no mudarlo en cha: cansí, no chausi; y por ;'; yutyá 
jutjar, yoye joya, saye satge; sonar como b la f, como en castellano: 
boulé volia, scrbici servici; perder la / debilitándola en h, como en cas- 
tellano: hagot fagot, ha far, hcmne femna. 

En la lengua francesa ó d'oui, descendiente del latín en labios de 
los belgas de César, hay que tener en cuenta su carácter germánico, no 
sólo por el habla de los que primero se expresaron en latín y lo trans- 
formaron en lengua románica, sino por el habla de los francos y nor- 
mandos posteriores. 

Las lenguas célticas todas tienen especial conexión con las itálicas, 
por una parte, y por otra, con las germánicas. El galo era la lengua cél- 
tica del Sur de Francia; el gaélico es de Irlanda, Escocia é isla de 
Man; el cámbrico, del país de Gales, y es el que después pasó á la 
Bretaña francesa traído por los bretones insulares, en la segunda mitad 
del siglo V. 

Con el inmenso caudal ibérico del castellano contrasta el corto nú- 
mero de vocablos galaicos del francés y del provenzal, y aun esos pocos, 
que no llegarán á cincuenta, fueron primero latinizados por su mayor 
parte (i). ¿Débese esta diferencia á la mayor cultura de los iberos sobre 
los galos ?, ¿ al carácter más tenaz de los unos y más voluble de los 
otros?, ¿á la mayor distancia entre la lengua ibérica y la latina que la 
gálica, tan indo-europea como la latina y más cercana á ésta que la 
mayor parte de las demás indo-europeas?, ¿á que la sujeción de España 
nunca fué tan general como la de las Gallas, ni el espíritu de indepen- 
dencia tan grande entre los galos como entre los iberos? No es fácil de- 
terminar lo que haya de atribuirse á cada una de estas causas ó á otras 
por el estilo. 

El hecho es que en Francia no quedó vestigio alguno del galo (2), 
mientras que en España quedó acorralado, pero vivo, el éusquera en 
los Pirineos. Ni los árabes influyeron tanto en el castellano como influ- 
yeron los francos en el galo-romano. En la Morfología, el francés 
apenas conserva otro rasgo céltico más que el sistema vigesimal en el 
quatre-vingts ; mientras que los sufijos eusquéricos del castellano son 
de los más importantes y vulgares. La pronunciación francesa es la que 
más conserva de celtismo; pero el elemento germánico la contaminó de 
ima manera tan poderosa, como fué impotente el elemento arábigo para 
modificar la pronunciación castellana, que puede decirse enteramente 



(i) Prescindo de los términos toponímicos, que en la generalidad son gálicos. Los 
f^rminos gálicos pueden verse en Glück, Die bei C. J. Caesar i'orkominendeJí Keltischen. 
Ñamen; en el Corp. Insc. Lat. v. V, XII, .\I1I; y en la Reyuecelt., III, VIII, .\I1I, XIV. 
(2) El bretón fué importado después de Inglaterra. 

II 



102 ÉPOCA DEL SIGLO XII 

ibérica, salvo la evolución propia, que, dentro del mismo fonetismo 
ibérico, ha ido desenvolviéndose. 

El influjo germánico es el que, sobre todo, separa las dos lenguas de 
las Gallas, la de oil y la de oc, y el influjo céltico, el que allega el proven- 
zal al gallego y lo aparta del castellano en la fonética y pronunciación. 
Hablábase todavía el galo en el Sur de Francia, juntamente con el nue- 
vo romance, ó román ó latín, á principios del siglo iii, conforme se des- 
prende de este texto de Ulpiano: "Fidel commissa quocunique sermone 
relinqui possunt, non solum latina vel graeca, sed etiam púnica vel ga- 
llicana." Y lo que dice San Jerónimo (431-420) : "Calatas propriam 
lingiiam, eamdem paene habere quam, Treviros" (Pref. ad líber : 2, in 
epist. ad Gal.) ; y de la misma época es lo que dice Sulpicio Severo, 
aunque claramente no pueda deducirse de este texto la existencia del 
galo : "vel celtice aut, si niavis, gallice loquere" (Opp. Lugd. Bat., 
pág. 543). 

Todavía subsistía en la Auvernia en la segunda mitad del siglo vi, 
pues San Gregorio de Tours escribe: "Brachio, quod eorum (Auverr 
norum) Hngua interpretatur ursi catalus." {Vit. patr., cap. 12). Esto 
no quita para que el romance ya se hablara de mucho tiempo antes en 
toda Francia, aunque las primeras noticias que de él tenemos no sean 
más que desde el siglo vii, en que de San Mummolin, sucesor de San 
Eloy, en Noyon, se lee respecto del francés ó lengua d'oil: "quia prae- 
valebat non tantum in teutónica, sed etiam in romana lingua" {Acta 
S. Bclgii, IV, 403). En el siglo viii Girad, abad de Sauve-Majeure, 
alaba al abad de Corbie, su maestro S. Adalhart: "Qui si vulgari, id 
est, romana lingua loqueretur, omnium aliarum putaretur inscius... Si 
vero teutónica, enitebat perfectius; si latina, in nulla omnino absofutius" 
(Acta SatiiCt. ordin. S. Bcnedicti, saec, IV, pág. 335). Y en el Concilio 
de Tours del 812: "Et ut easdem homilías quisque aperte transferre 
studeat in rusticam romanam linguaní aut theotiscam" (Labbe, 
Concil.. Vil, 1263). 

En el siglo V entran en las Gallas los visigodos, que se establecen en 
la Aquitania ; Jos borgoñoncs, que se detienen en la Borgoña, y los 
francos salios, que, viniendo de Flandes, ocupan las provincias del 
Norte ; y, en fin, los francos ripuarios, que, venidos de la región renana, 
se desparraman por las del Este. Los francos dieron nombre á la isla 
de Francia, y después á toda la nación; cambiaron todo el sistema po- 
lítico y social y, aunque vencidos en la lengua por el galo-romano, influ- 
yeron profundamente en éste. Los francos salios, que hablaban un dia- 
lecto del bajo alemán, parecidísimo al neerlandés actual, exceptuada la 
evolución que naturalmente transformó la lengua antigua de los fri- 
sónos, olvidaron su lengua; pero dejando en el francés buen caudal de 
palabras, cuyos equivalentes se pueden estudiar en el moderno neerlan- 
dés: bac (bak), canif (Knijf), cruche (kruik), échcvin (schcpcn), étron 
(stront), hétrc (hecster), houx (hulst). etc. Tres sufijos pasaron al fran- 
cés: -ald, de Rcnaud, lourdaud, Iiéraut; -hart, de Richard, Bcrnard, 
renard, vieieliard, richard; -ing, del cual salió -ene, después -an, -and, 



IDIOMAS DE FRANCIA I 63 

-eng, por ejemplo, en brelan, chambellan, merlán, flamand. hareng. En 
•el siglo IX los Vikins ó piratas del Norte entran en Francia, y en 911 
Carlos el Simple les cede parte de la Neustria, que tomó el nombre de 
Normandía. Escandinavos de raza y de lengua, pronto abandonaron su 
■"lingua dacisca'', que, fuera de la toponimia, no dejó huellas en el fran- 
■cés. Ko pueden, pues, traerse ténninos del norso, fuera de algunos 
pocos que conserva el dialecto normando, y tres ó cuatro dudosos del 
francés: cingler, ant. fr. sigler, isl. sigla; crique, ils. kriki, ingl. 
•creek; écraser, sueco krasa; tillac, isl. thilja, danés tilje. Cuanto al alto 
alemán, que se distingue del bajo alemán, y por consiguiente del ha- 
Ijla de los francos salios y de los normandos ó daneses, en el nuevo 
cambio que sufrieron sus consonantes explosivas, nos presenta sus 
primeros monumentos hacia el año 740, y divídese en antiguo alto ale- 
mán (hasta 1 100), medio alto alemán (hasta 1500) y moderno alto 
alemán. Del anglosajón, que pertenece á la estirpe del bajo alemán, 
salió el inglés, y se le llama por lo mismo antiguo inglés (hasta 11 50), 
medio inglés (hasta 1500). después acá inglés. 

Desde el siglo ix hallamos dividida lingüísticamente la Galia en 
dos porciones: la del Norte, en la que se hablaba la langue d'otl, y la 
del Mediodía, en la que se hablaba la langue d'oc. La linea divisoria 
puede trazarse, cuanto á los dialectos literarios conocidos, desde Bor- 
deaux á Lussac, de aquí á Montluqon, de aquí al Sur del departamento 
■de risére. Las diferencias fonéticas más notables entre estas dos len- 
guas son el diverso tratamiento de a y é (?) acentuadas y de -c final: 
amare, hahcre, amicum dieron en el Mediodía amar, aver, amic, y en 
«1 Norte am-er, aveir, ami. Los términos de estas lenguas provienen del 
empleado para la afirmación sí: "Nam alii Oc, alii Si, alii vero dicunt 
Oir (Dante, De vulgari eloquentia. I, c. 9). Italia era donde se hablaba 
la "lingua di si", de sic, como d'oc = de hoc, y d'oil = de hoc Ule. Los 
dialectos de la lengua del Norte, todos literarios, eran : al E., el 
bourguignon, el franc-coTitois, el lorrain, el champenois; al NE., el 
picard, el wallon: al NO. el nomiand; al O., el poitevin, el ange- 
yin y el saintongeais: en el centro ó Isla de Francia y sus contornos 
•el franqais ó francien (Roger Bacon, Opus Maius, que viajó por Fran- 
cia en 1260). No había lengua literaria común; pero el francien, merced 
á las circunstancias políticas, llegó á ser el principal, extendiéndose des- 
pués como lengua literaria de toda la nación, desde el siglo xii hasta el 
siglo XV, época en la cual todos los demás dialectos quedan pospuestos 
en la literatura y son considerados como patois. 

El francés es el latín de la Isla de Francia evolucionado y con prés- 
tamos de vocablos pertenecientes á los demás patois de la Galia; no 
es una mezcolanza de todos ellos, como algunos han creído. El antiguo 
francés comprende el espacio de tiempo entre el siglo ix y xiv Los 
Serments de Strashourg, conservados en un manuscrito de fines del 
siglo x, son el documento más antiguo de la lengua d'oil, del año 842, 
^en que Carlos el Calvo y Luis el Germánico se juntaron contra Lotario. 
De fines del siglo ix es la Séqnfnce de Sainte Eulalie, en 29 versos, pro- 



164 ÉPOCA DEL SIGLO XII 

bablemente en dialecto wallon, y un trozo de homilía en alabanza def 
profeta Jonás. Del siglo x son la Vie de Saint Léger, poema de 40 
estrofas de seis versos octosílabos y la Passion, poema de 129 coplas 
de cuatro versos octosílabos en medio francés y medio provenzal. Del 
sig'lo XI son la Vic de Saint Alexis, el Pélerinage Charlemagne y la 
Chanson de Roland. 

Desde el siglo xii abundan las obras literarias. En el mismo si- 
glo XII se escriben en lengua vulgar las actas públicas de Metz, y desde 
Felipe el Hermoso dejan de escribirse en latín sus Anales los historió- 
grafos oficiales del Reino, los monjes de Saint Denis. 

Véanse las siguientes noticias de M. F. Brunot. respecto del frau- 
den : "Durante el siglo xiv comienza, según Giry, á sustituirse en el 
Mediodía por el francés los demás dialectos en los monumentos públi- 
cos, después de haber luchado con el latín desde fines del siglo xi. En 
el Norte, las ciudades de Flandes, Bélgica, Artois y Lorena comienzan 
á emplear la lengua vulgar para los contratos privados desde principios 
del siglo XIII. Poco más ó menos hacia la misma época aparece en 
los confines de la lengua d'oc, en Aunis y Poitou; algo más tarde en 
Touraine, Anjou, Berry, aunque en itodas partes con huellas dialectales. 
Hay que llegar hasta el siglo xiv, en que el francés es vulgarizado por 
la cancillería y administración reales, que ya desde entonces se em- 
plea exclusivamente, para ser unificada el habla vulgar de las charles 
en una lengua común, la de París, hecha ya lengua oficial. La litera- 
tura dialectal desaparece casi por completo desde el siglo xiv, al pro- 
pio tiempo que los documentos dialectales." 

El contraste que presenta el antiguo francés con el francés mo- 
derno, por su abundancia y libertad, que después perdió, lo declaró 
en breves párrafos Gastón París (Joiirn. des Savants, 1897, pág. 612) ; 
su importancia en toda la Europa y su literatura son cosas conocidas. 
Los normandos conquistan la Inglaterra cantando la chanson de Ro- 
land, y las clases elevadas de la sociedad hablan el francés, prefirién- 
dose el del continente al francés de Inglaterra ó anglo-normando y 
escribiendo en francés algunos autores. En Italia penetran las chansons 
de geste, y Brunetto Latini, maestro del Dante, escribe en francés su 
enciclopedia Li Trcsors (1265), así como están en francés los viajes de 
Marco-Polo y las compilaciones romancescas de !a Tabla Redonda. 
En Alemania habia preceptores franceses. Esta influencia explica el 
préstamo que todas las lenguas de Europa hicieron de vocablos fran- 
ceses. No sólo el inglés está cuajado de términos normandos, sino que 
las poesías alemanas minncsiingcr abundan en ellos, y hasta el alemán 
toma el sufijo francés verbal -icrcn. 

'•íl- Radicales principales tomados del francés (i); abra (?), 
aduana (del it.), ¡alto! 'del gcrm.), amura, áncora (encoré), aniUla, 



(1) Lo5 que v.in en cur.siva son con certeza do pr(5stamo posterior. 



RADICALES FRAXCESES EN EL ROMANCE 1 65 

arandela, arbotante, arenga (del germ.), armiño (del germ.), arnés (del 
bret.), artesano (del lat.), asamblea (del lat.), asesino (?, del arab.), 
avanzar, babor (del ingl.), bachiller (del prov., del lat.), barroco (del fr., 
del cast.), basada, baya (del lat.), belitre (del lat. ó germ.), bergantín, 
betún (del lat.), bisturí (del lat.), blanco (del germ.), blandir (del germ-.), 
blasón (del germ.). blindar (del germ.), blondo (del germ.), bloque (del 
germ.), blusa, bolina (del ingl.), bonete (del lat.), bramar (del germ.), 
brea (del gr.), brecha (del germ.), brigada, bronce, bucle (del lat.), 
hures, buril (del germ.), cable (del lat.), cachalote, (del lat.), 
■cadete (del lat.), calesa (del eslavo), calonge (del lat.), camión (del 
cast.), canapé (del lat., gr.), canica (del germ.), caparrosa (del germ.), 
carpeta, cartuja, catre (del lat.), caviar (del eslavo), clarión (del lat.), 
cobalto (del germ.), cofia (del germ. ó lat.), cofre, cohete (del lat.), 
comba (del galo), coni'oy, copar (del lat., gr.), corbata (del croato), 
corbeta (del lat.), corchea, corsé (del lat.), crisol (del germ.), croqueta, 
chai (del ingl.), chalupa (del germ,), chancilleria (del lat.), chantre (del 
lat.), chapitel (del lat.), charretera, chimenea, dama (del lat.), donques 
{del lat.), dos y endosar (del lat.), draga (del germ.), duna (del germ.), 
edecán (del lat.), enclenque, endivia (del gr.), entremés (del lat.), equi- 
par (del germ.). esparaván (del germ.), etiqueta (del germ.), faisán (del 
lat.), faro (del gr.), fase (de! gr.), ficha, filtro (del germ. ?), flan 
(del ingl.), flete (del germ.), flota (del germ.), foque (del germ.), 
forjar (del lat.), fornir (del germ.), frac (del germ.), fraile (del 
lat), frambuesa (del germ.), franco (del germ.), franja (del lat.), 
friso (del germ.), frotar (del lat.), fruncir (del lat.), furriel (del 
•germ.), fusil (del lat.), gaje (del germ.), garantir (del germ.), garlopa 
(del germ.), garnacha (del germ.), gas (del germ.), gelatina (del lat.), 
gerifalte (del lat.), golfo (del lat., gr.), golpe (del lat., gr.), grabar (del 
germ.), grajea (del gr.), grosella (del germ.), grumete (del ingl.), 
guado (del germ.), guata (del lat.), gueda (del germ.), haca (del germ.), 
hache (del lat.), hulla (del valón), imán (del gr.), jaca (del germ.), jalde, 
jalea (del lat.), jalón, jamba, jamón, jardín (del germ.), jarrete, 
jaula, jefe (del lat.), jirafa (del arab.), lacayo (del germ.), lando, 
levita, lesna (del germ.), librea (del lat.), lingote (del/ lat.), lona, 
lote (del germ.), madama (del lat.), maniquí (del germ.), manivela, 
marchar, marmita, marmota (del lat.), marqués, mástil (del germ.), 
macurca (del eslavo), menaje (del lat.), metge y menjurje (del lat.), 
mensaje (del lat.), merodear, mesón (del lat.), metralla, minué (del 
lat.), mitón (del lat.), moda (del lat.), mofar (del lat.), mosaico (del it., 
gr.), motín (del lat.), narval (del germ.), neto (del lat.). níquel (del 
germ.), obenque (del germ.), oboe, obús (del germ.), orfebrería (del lat.), 
orla (del lat.), pabellón (del lait.), paje (del gr.), país (del lat.), 
paladín (del lat.), palurdo, pantalón, pantalla (del lat.), pantuflo, pa- 
quebot (del ingl.), parcela (del lat.), parche (del lat.), parlar (del lat.), 
parque, pasaporte, patache, peine (del lat. ?), peón (del lat.), percha 
(del lat.), perejil (del lat.), petardo (del lat.), petimetre, pinzón, pi- 
rueta (del gr. ?), placa (del germ.), plancha (del lat.), polca (del eslavo), 



1 66 ÉPOCA DEL SIGLO XII 

poltrón (del it.), porche (del lat.), presea (del lat.), pupitre (del lat.), 
quepis (del germ.), quincalla (del gerin.), quinqué, rail (del ingl.), ram- 
pa (del germ.), recluta (del germ.), refrán, reproche (del lat.), retretes 
(del lat.), revólver (del ingl.), rubí (del lat.), ruibarbo (del lat.), ruta 
(del lat.), sage (del lat.), sarao (del lat.), sargento (del lat.), servilleta: 
(del lat.), silueta, taburete (del arab.), tafetán (del persa), tanino 
(del germ.), tenería (del germ.), tílburi (del ingl.), timbre (del lat., gr.), 
iisú (del lat.), toisón (del cast.), toldo (del germ.), tren, trincar (del 
germ.), trineo, trinquete, tul, túnel, ujier, vagón (del ingl.), vals (def 
germ.), vampiro (del eslavo"), zññeta (del lat.). 

142. El Cantar de Mió Cid es el más antiguo monumento 
que conocemos de la lengua escrita y de la literatura castellana, 
y es probable que no se escribiera otro antes de él. Parece haber 
sido compuesto hacia el año 1140, y, en todo caso, antes de la 
muerte de Alfonso VII en 1157. Consérvase en un solo códice 
del siglo XIV, copiado de otro más antiguo por Per ¿Vbbat. No 
hay otra unidad artística fuera del seguir el orden de los acon- 
tecimientos, distinguiéndose tres cantares, que pudo imitar y aun 
tomar el autor de los populares : i.°, el destierro del Cid (1-1084) ; 
2.", las bodas de las hijas del Cid (1085-2277); 3.°, la injuria 
de Corpes y su reparación (2278). La mayor parte de los hechos 
narrados en el Cantar y los personajes son realmente históricos ; 
la topografía, las tradiciones locales, las costumbres, trajes y 
demás ajuar, son puntuales. El único episodio maravilloso es la 
aparición del arcángel San Gabriel ; ficticios y novelescos son 
el de las arcas llenas de arena y el del león, que debían de ser 
populares leyendas. 

14S. Antes de escribirse el Mió Cid hubo cantares populares 
sobre el mismo Campeador, sobre el rey Rodrigo, los Infantes de Lara, 
el Infante García, Fernán Gonzáilez, etc., etc.; pero que se escribiesen 
ya es harto más dudoso, aunque algunos lo dan por averiguado por 
aquello de que "no es probable que este primer documento conservado 
sea el primero que se escribió". Los mismos asuntos épicos nacionales 
y después otros franceses y caballerescos siguiéronse cantando por el 
pueblo y aun siguen cantándose hasta nuestros días; pero los cantares 
populares siempre fueron menospreciados de los eruditos, que .son los 
que escriben, y asi, sólo en el siglo xv, hartos los poetas eruditos de 
sus aguados versos cortesanos á lo provenzal, .se abajaron á oir la nnisa 
popular y á consignar sus cantares por escrito: tales son los romances 
viejos, escritos según los cantaba el pueblo desde hacía siglos. Algún» 




Cofre del Cid (Catedral de Burgos). 








Sepulcro del Cid (San Pedro de Cárdena). 



CANTAR DE MIÓ CID 1 67 

que otro escritor tomó el asunto de esos cantares plebeyos y lo trató 
más ó menos eruditamente cuanto al metro y manera, como vemos en 
el poema de Fernán González y en la Crónica rimada del Cid. Si estos 
malos poemas eruditos posteriores á Mió Cid se conservaron, por Iia^- 
berse escrito, lo probable es que si ant-es se hubiesen escrito otros tam- 
bién se hubiesen conservado. Lo que de gestas hallamos desleído en la 
prosa de las Crónicas había que probar que eran gestas escritas y para 
ello que estaban en alejandrinos; ahora bien, los versos en las Crónicas 
más parecen prosíficación de romances que no de alejandrinos : las tales 
gestas eran, por consiguiente, las populares que se cantaban, no las 
eruditas que se escribían, pues ya hemos visto que el escribir en caste- 
llano vino del influjo francés entre los eruditos, y éstos, al escribir, 
escribieron en el metro de los franceses, en alejandrinos, siendo siem- 
pre menospreciado el pie de romance, como todo lo popular, hasta fines 
del siglo XV. La fecha de Mió Cid está entre 1140 y 1157, ya que parece 
aludirse á él en la Conquista de Almería, en 1147, ó Crónica de Alfon- 
so VII, escrita en latín, aunque también pudiera aludir á las gestas 
cantadas y no escritas, de las cuales sacó su obra el autor de Mió Cid : 

"Ipse Rodericus, Mío Cid saepe vocatus, 
De quo cantatur quod ab hostibus haud superatur." 

El códice de Per Abbat, procedente de la aldea de Vivar, donde el 
Cid nació, fué propiedad de don Alejandro Pidal, de cuyos herederos 
debe de serlo ahora. Es copia hecha en la era 1245 ó, según otros, 
de 1345, según se lea C (ciento) ó í la letra raspada en la suscrip- 
ción final. Per Abbat, el copista, remozó palabras destruyendo asonan- 
tes, trastrocó otras y aun hemistiquios enteros. De esta copia sacó 
Juan Ruiz de Ulíbarri la que se conserva en la Biblioteca Nacional 
(R. 200), Burgos, 1596. Antonio Sánchez publicó el Cantar en el t. I 
de su Colección de poesías castellanas anteriores al siglo xv, Ma- 
drid, 1799; después Janer, Madrid, 1864, en la Bibl. de Rívadeneyra, 
t. LIX ; Vollmoller, Poema del Cid nach dcr einzigen Madridcr Hand- 
schrift, Heall, 1879; Huntington, 1898; Menéndez Pidal, Poema del Cid, 
Madrid, 1900, y Poema de Mió Cid, Madrid, 1913 (con algunas variacio- 
nes entre las dos ediciones). Hace falta publicar el facsímil para saber 
á qué atenernos. En la primera Crónica general de Alfonso X y en la 
Crónica de Veinte Reyes de Castilla se halla la mayor parte del asunto 
del Cantar con otras cosas que en él faltan, y por cierto, con el mismo 
criterio: ¿es prosificación de él ó de otros cantares populares no es- 
critos? Cierto que no lo es de la copia de Per Abbat, y las frases comu- 
nes al Cantar y á las Cróiticas bien pudieran provenir de cantares po- 
pulares con los cuales pudo tejer su obra el autor de Mió Cid; de ellos 
son, sin duda, otras frases, versos y trozos enteros que en Mió Cid no 
se hallan. El espíritu es el mismo, el que hemos visto en M. Pelayo ser 
propio de la epopeya castellana, de suerte que es dificultoso deslindar 
lo que en Mió Cid haya del autor que lo compuso y que lo tomó de 



l68 ÉPOCA DEL SIGLO XII 

los cantares populares. Menéndez Pidal suple lo que falta al principio 
"con algunos versos de una Segunda Refundición de nuestro Cantar, 
conservados en la Crónica de Castilla y en la Particular del Cid. Estos 
versos darán idea de los que inmediatamente precedían á los primeros 
conservados en la copia de Per Abbat". Están en pie de romance y, por 
consiguiente, se tomaron de cantares populares. Véanse : 

"e los que conmigo fuéredes — de Dios ayades buen grado, 
e los que acá fincáredes — quiérome ir vuestro pagado." 

Entonces fabló Alvar Fáñez — su primo connano : 
"convusco iremos, Cid, — por yermos e por poblados, 
ca nunca vos fallesceremos — en quanto seamos sanos, 
convusco despenderemos — las muías e los cavallos 

— e los averos e los paños, 

siempre vos serviremos — como leales vasallos." 
Entonqe otorgaron todos — quanto dixo don Alvaro ; 
mucho gradesqio mió Qid — quanto allí fué razonado... 

Mío Cid movió de Bívar — pora Burgos adeliñado, 
assí dexa sus palaqios — yermos e desheredados, 
(comienza Per Abbat en alejandrinos;) 

De los sos ojos tan fuertemíentre lorando, 
tornava la cabeqa i estávalos catando." 

La obra tiene 3.729 versos, faltan el comienzo y dos páginas de á 50 
versos, una después del 2.337 y otra después del 3.307, más algunos 
otros después de los versos 181, 440 y 934. El segundo cantar comienza: 

"Aquis conpíeqa la gesta de mío Cid el de Bívar." 

Y acaba : 

"Las coplas deste cantar aquis van acabando. 
El Criador vos vala con todos los .sos santos." 

De estos versos parece sacarse que eran cantares separados ó que 
de otros tales enhebró el autor su obra, á la cual llama gesta y cantar. 
El tercero comienza con la cobardía de los Condes y acaba : 

"en este logar se acaba esta razón." 

Sí hubiera pretendido el autor dar unidad artística al Cantar pudie- 
ra haber comenzado, como se suele, por la mitad, después del destierro, 
por ejemplo. Sobre la puntualidad histórica y geográfica, así como 
sobre los ligeros episodios ficticios, véase M. Pidal, edición de 1913. 
Allí mismo está la historia verdadera del Cid. 

144. Si se prescinde fiel metro, el Mió Cid ofrece el mismo 
cspiriUi, la misma naUíralidad, la misma sencillez, la misma 



CAXTAR DE MIÓ CID 169 

pravedad, la misma alteza de sentimientos, y en cuanto cabe, 
según la diferencia de los tiempos, el mismo estilo y lenguaje, 
el mismo predominio de la realidad sobre la imaginación que 
el Romancero, conocido á fines del siglo xv. Es un zurcido 
de largos romances. Cuanto han dicho los autores de Mió 
Cid puede aplicarse al Romancero, sacada la extensión, el me- 
tro y el lenguaje de las diferentes épocas. Y es que el asun- 
to, la manera de tratarlo, el espíritu del pueblo español es el mis- 
mo; sólo hay diferencia en el metro y la extensión. Ahora bien: 
metro y extensión débense á ser obra escrita por un erudito; de 
lo demás del poema el verdadero autor fué el pueblo, el mismo 
que lo fué del Romancero. No sabemos hasta dónde pueda al- 
canzar lo que, fuera de la extensión y del metro, se deba a' 
autor que escribió el Mió Cid; pero la semejanza con el Roman- 
cero prueba que fué bien poca cosa. En el poema de Mió Cid 
el pueblo español se canta á sí mismo, poniendo en sus sones 
toda su alma, como es el pueblo griego el que se canta á sí tnis- 
mo en los poemas homéricos. Nada de afectaciones, exageracio- 
nes y adornos postizos, nada de fantasía; todo es naturalidad, 
realidad viva, visión de los hechos escueta, seca y grave. Esa no 
es obra de erudito; es obra popular. El erudito no hizo más que 
zurcir en uno varios romances siguiendo la vida pública del 
Cid y ponerlos medianamente en metro francés. De aquí que el 
Cid. que después conocemos en las obras siguientes de eruditos, 
ya es otro Cid, caballeresco, novelesco, exagerado, porque la 
levadura de la caballería, venida de fuera, había echado á perder 
la natural y sencilla visión popular, la cual no vuelve á los es- 
critos hasta que se escribe el Romancero, saliendo á relucir el 
mismo auténtico autor del Mió Cid. el pueblo. 

1-15. Juicios sobre Mió Cid (i). Sánchez (1779): "la sencillez y 
venerable rusticidad", "el aire de verdad". Capmany (1786) lo tiene por 
simple crónica rimada y toma dos pasajes "de los menos inelegantes y 
bárbaros". Forner (1790) : "algún cartapelón del siglo xiii, en loor de 
las bragas del Cid." Mendibil (1819) : "nada tiene de épico y aun casi 
pudiera disputársele el título de poema". Quintana (1807) : "no está 
tan falto de talento que de cuando en cuando no manifieste alguna in- 
tención poética". Martínez de la Rosa (1828) : "embrión informe". 



I M. Pidal, edic. 1913. 



170 ÉPOCA DEL SIGLO XII 

Móratin resume todos estos juicios de nuestros afrancesados escritores 
hallándolo todo deforme: len^iaje, estilo, versificación y consonancia 
(Orígenes del teatro español, nota 3). Southey (1808): "decididamente, 
y sobre toda comparación, el más hermoso poema escrito en lengua es- 
pañola". Autor anónimo de la Ouaterly Reviciv, t. XII, pág. 64: "los 
españoles no conocen aún el alto valor que como poema tiene la histo- 
ria métrica del Cid, y mientras no desechen el falso gusto que les 
impide percibirlo, jamás producirán nada grande en las más elevadas 
esferas del arte ; bien puede decirse sin temor que de todos los poemas 
que se han compuesto después de la lUada, el del Cid es el más ho- 
mérico en su espíritu, si bien el lenguaje de la Península era en aquella 
época rústico é informe". Hallam (1818) : "aventaja á todo lo que se 
escribió en Europa antes del aparecimiento de Dante". Ticknor (1849) • 
"puede asegurarse que en los diez siglos transcurridos desde la ruina 
de la civilización griega y romana hasta la aparición de la Divina 
Comedia ningún país ha producido un trozo de poesia más original 
en sus formas y más lleno de naturalidad, energía, y colorido". 
Wolf (1831): "reproducción inconsciente de la realidad, por eso mismo 
más veraz, más sorprendente"; "la exposición desnuda de arte", "por 
la íntima verdad y elevada naturalidad". Publicado el poema francés 
de Roland en 1837, la crítica coteja entrambas obras. Damas Hinard 
(Poemc du Cid texte ct traduction, París, 1858), dice que el poeta de 
Roland era más docto que el del Cid; conocía de la antigüedad clásica 
cuanto era conocido en su época; condujo su obra con muy buen juicio, 
y por la unidad y simplicidad de su composición puede ser mirado como- 
precursor de los clásicos franceses del siglo xvii. Pero le faltaba la 
gran cualidad del poeta: el sentimiento de la vida humana y el poder 
de expresarlo. La geografía de la Chansoii es fantástica; sus personajes 
son á menudo imaginarios y monstruosos, como los paganos de Micenes, 
de cabeza enorme y cerdosos cual jabalíes. La acción de estos fantas- 
mas es también imposible. El sonido de la trompa de Roldan se oye á 
treinta leguas; Turpin, con cuatro lanzadas en el cuerpo, ó Roldan, 
con la cabeza hendida y los sesos que le brotan por los oídos, obrar» 
y combaten como fanos. Los ejércitos son enormes, de 360.000 y de 
450.000 caballeros. Cinco franceses matan á 4.000 sarracenos. Y la 
misma falta de naturalidad se observa en la exposición ; ba.ste como 
ejemplo el abuso de las repeticiones... Muy al contr&rio, el juglar de} 
Cid no quiere ostentar su imaginación ; la emplea sólo en hacer apare- 
cer ante nosotros la realidad misma; no nos presenta un cuadro de la 
España del siglo xi, sino que nos transporta á ésta y nos hace asistir 
á los acontecimientos. Los personajes están pintados con las conve- 
nientes medias tintas. El tono y color de la narración se amoldan 
blandam-onte al diverso carácter de cada episodio; compárense entre 
sí el de las arcas de arena, el del conde de Rarcelona, el del robredo 
de Corpcs y el más importante de todos, el <lc la corte de Toledo, en 
el cual el oscuro juglar recuerda al más ¡lustre narrador de los tiempos 
modernos, á Waltcr .Scolf. Cuando asi se contemplan imo frente A otro. 



CANTAR DE MIÓ CID IJl 

el Poema del Cid y la Chanson de Roland, no puede menos de declarar- 
se, como hacían los antiguos jueces de campo, que la victoria pertenece 
al poeta español. L. de Monge {Etudes morales et littéi aires, Bruxelles,, 
1887, pág. 285, "Le Cid et Roland") : "En el Roland nos choca la dure- 
za de las costumbres, la ferocidad, la intolerancia; en el Cid, la huma- 
nidad, la caridad, la dulzura, al menos relativa". "En suma : el Poema 
del Cid es menos grandioso acaso que la Chanson de Roland: pero es- 
menos bárbaro á la par que más real, más viviente, más humano, de una 
emoción más directamente accesible á los hombres de todos los tiem- 
pos." Bello (1S30) : "son dignos de Homero, por el sentimiento, las imá- 
jenes i la noble simplicidad del estilo". A. de Puibusque {Hist. comp. 
des littérat. cspagn. et franc., I, 1843, pág. 41) : "dans ees divers ta- 
bleaux, tout l'art du poete est son naturel ; mais ce naturel n'a-t-il 
pas quelque chose du sentiment elevé qui inspira l'IUadef n'est ce pas- 
la méme simplici'té d'héroisme?" Volvamos á los españoles. Amador 
de los Ríos (1863) : "acaso se la podría colocar entre los poemas épicos", 
"tampoco sería gran despropósito el clasificar este peregrino poema 
entre las epopeyas primitivas." Milá (1874) : "bien puede calificarse e'^ 
Mió Cid de obra maestra. Legado de una época bárbaro-heroica, fecun- 
da en aspectos poéticos y no desprovista en el fondo de nobilísimos 
sentimientos, aunque en gran manera apartada del ideal de la sociedad 
cristiana, es, no sólo fidelísimo espejo de un orden de hechos y cos- 
tumbres que no serían bastantes á suplir los documentos históricos, 
sino también un monumento imperecedero, ya por su valor literario, ya 
como pintura del hombre." M. Pelayo : "Lo que constituye el mayor 
encanto del Poema del Cid y de canciones tales es que parecen poesía 
vivida y no cantada, producto de una misteriosa fuerza, que se con- 
funde con la naturaleza misma y cuyo secreto hemos perdido los hom- 
bres cultos..., el ardiente sentido nacional, que, sin estar expreso eti 
ninguna parte, vivifica el conjunto... al temple moral del héroe en quien- 
se juntan los más nobles atributos del alma castellana, la gravedad en- 
los propósitos y en los discursos, la familiar y noble llaneza, la cortesía 
ingenua y reposada, la grandeza sin énfasis, la imaginación más sólida 
que brillante, la piedad más activa..., la ternura conyugal más honda 
que expansiva..., la lealtad al monarca y la entereza para querellarse 
de sus desafueros..." Si esto quiere decir algo, es que la obra, asi, in- 
consciente y castiza, tiene al mismo pueblo por autor. Que es lo que 
viene á decir E. Baret (Hist. de la littcr. esp., París, 1S63. pág. 28) a? 
afirmar que el Poema del Cid comparte la exactitud de Homero en lo 
que concierne al conocimiento de los lugares; pero sólo atento á los 
cantos del pueblo, no procura hacer obra de poeta, bien diferente del 
autor de Roland, que ha leído á Virgilio y se entretiene en crear una 
geografía fantástica, unos personajes y hazañas imaginarios. Fitzmau- 
rice-Kelly (1904): "Le sujet et l'esprit, dans le Poema, sont essentieJ- 
lement espagnols et, en tenant compte de ce fait que le juglar se sert 
de la formule épique conventionnelle, son ceuvre est grande en vertu 
de sa simplicité, de sa forcé, de sa rapidité et de sa fougue." De Menén- 



172 ÉPOCA DEL SIGLO XII 

•dez Pidal habia de copiarse toda su Introducción á la edición de 1913; 
baste este magnifico cotejo: "El Rolaitd, por su simplicidad esquemáti- 
•ca, por su unidad de acción y de tiempo y por su esmero en la presen- 
tación, anuncia la clásica tragedia francesa. El Mió Cid, por su carácter 
más histórico, por buscar una superior verdad artística dentro de las 
■complejidades de la vida entera y por el abandono de la forma, es pre- 
cursor de las obras maestras de la comedia española. Los Nibelungos, 
en su grandioso desorden, tan preñado de aspectos, muestran su paren- 
tesco con las trágicas concepciones shakcspearianas." 



146. Cid (Poema del). Ed. R. Menéndez Pidal, Cantar de Mió 
■Cid: texto, gramútica y vocabulario, Madrid, 1908-1911 [ed. paleográ- 
fica, t. III, págs. 907-1016; ed. t. III, págs. 1017-1164]; ed. Archer 
M. Huntington, New York, 1894-1903, 3 vols. (con trad. inglesa) ; ed. 
popular, New York, 1909, 3 vols.; ed. V. E. Sidforss, en Acta Uni- 
versilatis Lundensis, Lund, 1895-1896, t. XXXI y XXXII; ed. K. Voll- 
moUer, Halle, 1879; ed. J.-S.-A. Damas-Hinard [con trad. francesa], 
París, 1858; ed. A. Bello. Obras completas de Don A. B., Santiago de 
Chile, 1S81, t. II; ed. F. Janer, Bib. de Aut. Esp., t. LVII; edic. Men. 
Pidal, "La Lectura", Madrid, 1913, cuya ortografía está mudada sin 
razón alguna, y aun otras cosas más que la ortografía. Consúltense : 
R. Dozy, Rcchcrchcs. etc., Leyden, 1882, 2 vols.; J. Adam, Ucbersets- 
ung und Glossar des altspanischen Poema del Cid. Breslau, 191 1; 
J. Cornu, Eludes sur le Pocmc du Cid, en Romania (1881), t. X, pági- 
nas 75-79; J. Cornu, Eludes sur le Poemc du Cid, en Eludes romanes 
dcdiccs á Gastón Paris, París, 1891, págs. 419-455; J. Cornu, Revisión 
des Eludes sur le Pocmc du Cid, en Romania (1893), t. XXII, pági- 
nas 531-536; J. Cornu, Verbesscrungsi'orschl'ágc, etc., en Symbolac 
Pragenses, Prag., 1893, págs. 17-23; J. Cornu, Beitrágc cu ciner kunf- 
tigen Ausgabe des Poema del Cid, en Zeitschrift für romanische Phi- 
Inlogie (1897), t. XXI, págs. 461-528; F. Koerbs, Untersuchung der 
sprachlichen Eigcnlümlichkeiten des altspanischen Poema del Cid, 
Bonn, 1893; A. Restori, Osscrvazioni sul metro, sullc assonanze e sul 
testo del Poema del Cid, Bologna, 1887; A. Restori, La Gesta del Cid, 
Milano, 1890; F. Araujo Gómez, Gramática del Poema del Cid, Ma- 
drid, 1897; P. Roca, Rectificación de algunas lecciones del "Poema del 
Cid", en Revista de Archivos, etc. (1897), t. I, págs. 262-265; R. Me-' 
néndcz Pidal, El Poema del Cid y las Crónicas generales, en Rcvuc 
hispanique (1898), t. V, págs. 435-469; E. de Ilinojosa, El derecho en 
■el Poema del Cid, en Homenaje á Menéndez y Pelayo, Madrid, 1899, 
t. I, págs. 551-581; M. Menéndez y Pelayo, Tratado de los romances 
Z'iejos, en Antología de poetas líricos, etc., t. XI, págs. 2<)0-322 ; 
A. Cocstcr, Compression in The ^'l'ocma del Cid", en Revuc hispanique 
(1906), t. XV, págs. 98-211; I',. Baret, üu pocmc du Cid dans scs ana- 
logics avec la Chanson de Roland, París, 1863; J. Omnsby, The Pocm 
of the Cid [irail. inglesa inconiplcla, con pri-facio importantel, Londnn, 



OTROS CANTARES DE GESTA 173 

1S79; L. de Monge, Eludes morales ct Uttcraires, Bruxelles-París, 1889, 
t I, págs. 202-283. 



H7. Los rastros de más viejos cantares de gesta parecen ser I0& 
de la Pérdida de España, esto es, del rey Rodrigo, que alude á los acon- 
tecimientos del año 711 y los de Bernardo del Carpió y de Mainete^ 
que tocan á la venida de Carlomagno á España. Hállanse estos rastros 
en la Primera Crónica de España, reinados de Fruela I, y en la Primera 
Crónica general, reinados de Alfonso II el Casto y de Alfonso III el 
Magno. Sobre Carlomagno y todo á lo á él tocante, el libro más cono- 
cido fué la Crónica latina del sendo Turpin, hecha en gran parte en 
Santiago de Galicia y conocida por un códice dado hacia 1140 á la. 
iglesia de Santiago de Compostela por lel francés Aimeric Picaud {De 
Pseudo-Turpino, tesis latina de Gastón Paris, París, Franck, 1865; 
Dozy, Le Faux Turpin, en el t. II, 3.° ed. de Recherchcs, 1887, pági- 
nas 372-431 y xcviii y cviii). No hay que atribuir esta obra al Arzo- 
bispo de Reims, Turpin. muerto hacia el año Soo, sino á dos falsarios muy 
posteriores. Parece que fué francés y clérigo ó monje ti autor de los 
primeros capítulos, de los que residían en Compostela; desde el capítu- 
lo VI, donde predomina la épica francesa, es de otro francés, y proba- 
blemente lo escribió también en Santiago, donde se ha conservado su 
libro formando parte del célebre Códice Calixtino. Este libro propaló- 
la epopeya carolingia entre los clérigos españoles. La mejor edición es 
la de M. Castets. Debió de escribirse poco antes de 1140. Más antigua es 
la Chanson de Rolland, del siglo xi, y, según Rajna, debió componerla, 
algún juglar francés que, yendo á Santiago ó volviendo de allí, pasó 
por Roncesvalles. Hubo de conocerse en España en el mismo siglo xi. 
Sobre la leyenda de Bernardo, véase M. Pelayo (Antol., t. XI, pág. J76).. 

Sobre el Cid hubo otros cantares, y más antiguos, como el Cantar 
del Rey Fernando y su continuación el Cantar del Cerco de Zamora,. 
que pintaba al Cid más joven que el Mió Cid. Entrambos perecieron i 
pero se transparentan en la Primera Crónica general de España. Otro 
tanto sucedió á los antiguos cantares sobre los Infantes de Lara, los 
siete hijos de Gonzalo Gusitios, que murieron peleando con los moros, 
en Almenar por celada que les puso su tío Ruiz Velázquez para vengar 
el insulto hecho á su mujer doña Lanibra el día de sus bodas. Otra^ 
Gesta de los Infantes de Lara, posterior á esos cantares, fué cantada 
el siglo XII y pasó en parte á la Primera Crónica general; y á fines del 
siglo XIII otra más extensa, que pasó á un arreglo de otra Crónica gene- 
ral del reinado de Alfonso XI, acabado en 1344, y á una refundición 
la tercera Crónica general de principios del siglo xv. 

La Conquista de Almería en latín vemos que alude á otros cantares 
más antiguos sobre el Cid; de los posteriores, que el pueblo siguió can- 
tando, habla la Crónica general: "Non lo sabemos por cierto sinon 
quanto oymos decir á los juglares en sus cantares de gesta", y en las 
Partidas (2.* part., ley 20), ordenando á los juglares que "non di- 



174 ÉPOCA DEL SIGLO XII 

iciessen otros cantares sinon de gesta o que fablasen de fecho de ar- 
anas." "La Estoria d'Espanna, dice M. Pelayo {Antol. poet. lir. cast., 
t. II, pág. xxvi) nos ha conservado, pues, no solamente el fondo, sino 
■en muchos casos las mismas palabras de los cantares, y hay páginas 
-enteras donde la restitución de la forma métrica es facilísima. En este 
■■caso se hallan gran parte de la leyenda de Bernardo y de la de los 
Infantes de Lara, no menos que la caballeresca de Alaynete y Galiana. 
Pero ha de observarse que cuando algún asunto tradicional había ya 
«caído en manos de los poetas cultos, el Rey Sabio y sus colaboradores 
prefieren el texto erudito al popular. Asi la parte relativa á Fernán 
■González en la General es transcripción, no de los cantares de gesta 
■primitivos (de los cuales sólo algún retazo ha llegado á nosotros en el 
<aótico prefacio de la Rimada), sino del poema de mcster de clerezia, 
compuesto por un monje de Arlanza. Respecto de otras fuentes de la 
■General, como la Estoria del romane del Infant D. Garda (el asesinado 
■en León por los Velas), no es fácil decidir por su solo título y por el 
iDreve resumen de la Crónica, si se trata de una obra popular ó erudita, 
ni siquiera si estaba en verso ó en prosa." 

Unos treicientos versos del primitivo cantar de los Infantes de Lara 
■íia sacado Menéndez Pidal de las Crójiicas. Puyol y Alonso ha sacado 
-de la Crónica del Cid un Cantar de Gesta de Don Sancho II de Casti- 
lla, que en su forma original pudo componerse en el siglo xi. 

Todos estos cantares anteriores y contemporáneos de Mió Cid, ¿ fue- 
ron gestas largas ó no fueron más que retazos cortos? Además, ¿ fue- 
-ron escritas y eruditas ó puramente cantadas y populares? Estas pre- 
■guntas no suelen hacerlas los que no distinguen bien la pocsia erudita 
y la popular, las gestas largas y los romances ó gestas cortas. La 
T^rosificación en las Crónicas muestra más bien el pie de romance que 
-ti alejandrino (véase sobre Bernardo la Antol.. de M. Pelayo, t. X, 
pág. 205) : además eran cantares de juglares, esto es, populares, y lo 
•que es más significativo, todos estos cantares encierran cierta lucha 
'Contra Francia y los franceses, cosa propia de los populares, mientras 
que la clerecía estaba afrancesada y afrancesado nació el mestcr de 
derezia, la primera poesía castellana escrita. Otra nota es la enemiga 
que muestra contra el reino de León, por ser puramente castellanos, 
entre los cuales los franceses no influyeron como entre gallegos y leo- 
■neses. Si esto es así, lo más probable es que fueran romances y popula- 
res, no escritos, puesto que el alejandrino vino con la literatura erudita. 
No menos probable es que fueran anteriores á Mió Cid, del siglo xi y 
primera mitad del xtr, ó acaso del siglo x algunos de ellos y que en 
ellos no influyó la epopeya francesa. Es cuanto sabemos del mcster de 
Juglaría. 

148. Cantar de los Infantes de Lara. Consúltense: R Menéndez 
Pidal, La Leyenda de los Infantes de Lara, Madrid, 1896; G. Paris, 
La Légende des Infanls de Lara (Extracto del Journal des Sarants, 



AUTO DE LOS REYES MAGOS ¡j5 

Maj'o y Junio, 1898); G. París, Poetnts et légendes du moycn ágc, Pa- 
rís, 1899, págs. 215-25. 

Cantar de Gesta de Don Sancho II de Castilla, ed. J. Puyol v Alon- 
so, Madrid, 1912 (con estudio). 

149. El Aiíto de !os Reyes Magos fué compuesto á fines del 
oiglo XII ó principios del xiii. Sacado de la liturgia latina, traída 
por los benedictinos franceses de Cluny, es un paso dramático 
para representarse en la fiesta de la Epifanía, en la catedral de 
Toledo. Tiene 147 versos eruditos y algunos leoninos, de seis, 
■ocho y doce sílabas, perdido el final. La fuerza dramática, la 
sinceridad y realismo, la viveza del diálogo, lo ponen muy por 
cima de los oficios latinos y piezas dramático-litúrgicas que 
conocemos de otras partes. Se ve que todavía le soplaba al autor 
la musa popular: pero ya es un poeta erudito del mester de cle- 
recía, que sigue la moda francesa. 

15 0. Halló el Auto de los Reyes Magos, en 1785, en un códice de 
la Biblioteca toledana, Felipe Fernández Vallejo, Arzobispo de San- 
tiago (1798-1800). Según Morel-Fatio, procede de uno de los oficios 
latinos utilizados en Limoges, Ruau, Nevers, Compiégne y Orleáns, y 
los oficios franco-latinos son interpretaciones de piadosas tradiciones 
■orales y en parte amplificaciones del apócrifo Protez'angelium lacobi 
Minoris y de la Historia de Nativitaie Mariae et de Infante Sal- 
■vatoris (loannes Karl Thilo, Codex apocryphus Novi Testamcjiti, 
Lipsiae, 1833, págs. 254-261, 383-393). Cari Langa (Die lateinischen 
Osterfeien, München, 1887, págs. 2, 5, 24-25) ha examinado 224 oficios 
•latinos pascuales, de los cuales 150 de Alemania. 25 de Francia, siete de 
Italia, tres de los Países Bajos, dos de España, y por cierto de los más 
antiguos del siglo xi, y uno de Inglaterra. Estos oficios latinos no de- 
bieron tardar en traducirse á las lenguas vulgares. En el Auto de los 
Reyes Magos se hallan los tres mismos versos de Virgilio (Eneida, VIII, 
112-114) que en el texto del rito de Or'eáns. 

En nuestro Auto hállanse los nombres de los Reyes Magos, los cua- 
les, según Hartmann, sólo les fueron atribuidos después del descubri- 
miento de sus restos en Milán, el año 1158, y se divulgaron después de 
la-inserción de un pasaje apócrifo en la Historia Scholastica, de Pedro 
Comestor (t 1179). El Auto se halla en el códice toledano, después de 
■un comentario alegórico al primer capítulo de las Lamentaciones de Je- 
remías, atribuido á Gilberto el Universal, canónigo de Auxerre (t 1134). 
Téngase, sin embargo, en cuenta, para señalar la fecha del Auto, que 
los nombres de los Reyes Magos se leen en el Poema del Cid, que es 
anterior y algo modificados en una crónica latina del siglo viii. Puede 
verse el texto latino de la catedral de Nevers en Romania, 1875, pu- 
blicado por Leopoldo Delisle. 



176 ÉPOCA DEL SIGLO XII 

151- Auto de los Reyes Magos, ed. R. Menéndez Pidal, en Revista 
de Archivos, etc. (1900), t. IV, págs. 453-462; ed. G. Baist, Erlan- 
gen, 1879; ed. K. A. M. Hartmann, Ucber das altspanische Dreikónigs- 
spiel, Bautzen, 1879; ed. V. E. Lidforss, en Jahrbuch für romamsche 
und cnglische Literatiir, Leipzig, 1871, t. XII, págs. 44-59; ed. J. Ama- 
dor de los Ríos, Historia crítica de la literatura española, Madrid, 1S63, 
t. III, págs. 658-660. Consúltese: A. Graf, Studii drammatici, Torino, 
1878, págs. 249-325; K. Lange, Die latcinischen Osterfeiern, München, 
1887; H. Anz, Die lateinischcn Magicrspielc, Leipzig, 1905; A. D'An- 
cona, Origini del teatro italiano, segunda ed., Torino, 1891 ; M. Cañete, 
Sobi-e el drama religioso antes y después de Lope de Vega (28 Sep- 
tiembre 1862), en Memorias de la Academia Espariola (1870), t, I, pá- 
ginas 368-412. 

152. A fines del siglo xii un monje, probablemente de 
San Salvador de Oña, puso en romance, y en T,y versos alejan- 
drinos, un trozo de la Rixa animi et corporis, con el titulo de la 
Disputa del Alma y el Cuerpo. Es un diálogo entre el alma y el 
cuerpo de un difunto recién enterrado, que se increpan mutua- 
mente, achacándose la causa de los pecados de su vida. 

153. Fué descubierto este trozo por Tomás Muñoz y Romero 
(t 1867) al reverso de un pergamino del Archivo Histórico Nacional y 
publicólo Pedro José Pidal (1809-1865) en 1856. Cotéjese el comienzo 
con el Débat du corps ct de l'áme: 

Un sábado exient, domingo amanescient 
Vi una grant visión en mió leito dormient. 



Un samedi par nuit endormi dans nnuí lit 
Et vi en mun dormant une visión grant. 

En el siglo x fué vertida al inglés la misma obra latina. 

151. Disputa del alma y el cuerpo. Ed. R. Menéndez Pidal, en Re- 
vista de Archivos, etc. (1900), t. IV, págs. 449-453; ed. J. M. Octavio 
de Toledo, en Zeitschrift für romanische Philologie (1878), t. II, pá- 
ginas 60-62. Consúltese: G. Kleinert, Ucber den Streit cwischcn Lcib 
und Seelc. Halle, a. S., 1880; M. Batchioukof, Débat de l'áme ct du 
corps, en Romania (1891), t. X.\, págs. 1-55 y 513-576. 



ÉPOCA DE ALFONSO "EL SABIO" 
(siglo xiii) 



155. Resumen histórico. Reyes de Castilla: Enrique I (1214-1217). 
Fernando III (1217-1230). Reyes de Castilla y de León: Fernando III 
(1230-1252). Alfonso X (1252-1284). Sancho IV el Bravo (1284-1295). 
Fernando IV el Emplazado (1295-1312). Las Navas de Tolosa (1212). 
La conquista de Valencia (1238) y de las Baleares (1229-1235), por 
Jaime I el Conquistador, da el golpe mortal á la dominación arábiga 
en España. Los Estudios generales ó mayores y las primeras Univer- 
sidades continúan la cultura comenzada en Toledo por los Alfon- 
sos VI y VII: Universidad de Falencia (1212?), llevada á Valladolid 
(1260). La de Salamanca (1215). Estudios generales de Valencia (1245), 
de Sevilla (1254). Priz-ilegio general en Aragón (1283) y de la Unión 

{1287)- 

Literatura francesa. Villehardouin, Chronique (1205-1213) ; Gautier 
de Coincy, Miracles de Notre-Dame (1230) ; Guillaume de Lorris, pri- 
mera parte del Román de la Rose (1237). 

Literatura provenzal: Vidal de Besalu, Razos de trabar (primera 
mitad del siglo xiii) ; Jaufré de Foxa, Regles de trabar (hacia 1290). 

Literatura italiana: Tesoretto, de Brunetto Latini (1220-1295), em- 
bajador de Florencia en la corte de Alfonso X; las poesías de Guido 
Cavalcanti (hacia 1259-1300), de Ciño de Pistola (1270-1337), y llega á 
la cumbre con Dante (1265-1321: Vita Nuova, Divina Comedia, Conin- 
vio) y Petrarca y Boccaccio del siglo siguiente. 

156. Pudiéramos llamar siglo del apólogo y cuento orien- 
tal ó del mester de cleresia ó de las leyes al siglo xiii, por ser 
los tres géneros que más se cultivaron; pero Alfonso d Sabio 
lo señorea literaria y culturalmente, aun antes de su advenimien- 
to y aun después de fallecido, de tal manera, que el orientalismo 
y la legislación, la prosa y la lírica, se lo deben todo á él. 
El influjo francés, que hizo nacer la literatura erudita, todavía 

12 



178 ÉPOCA DE ALFONSO EL SABIO (s. XIIl) 

se deja notar ; pero el semítico tiene mayor fuerza, no ciñéndose 
á la ciencia y filosofía, vertidas en latín con las traducciones de 
la escuela toledana, sino que llega á la literatura, y ya que la 
poesía semítica no podía pasar al castellano, por consistir casi 
toda la arábiga en juegos gimnásticos de lenguaje, y la hebraica 
en misticismos religiosos, el apólogo y cuento moral oriental 
halló entre los españoles terreno apropiado, por cuadrar tan al 
justo con el genio moralizador de nuestra raza, expresado bien 
claramente en los refranes y más tarde en la sátira moral. Gé- 
neros utilitarios y semicientíficos son la jurisprudencia y 'la cró- 
nica: ambas abarcó Alfonso X, juntamente con la lírica galaico- 
portuguesa, puesto que la lírica popular ó cantares para nada 
habían de tenerse en cuenta por escritores eraditos. El cuento 
moral lleva como en germen la novela posterior, la crónica pa- 
sará á ser liistoria en el siglo xv ; el mester de clcrezia desapare- 
cerá primero al son de la lírica cortesana galaico-portuguesa, 
después al de la heroico-popular del Romancero. El Arcipreste 
de Hita, en el siglo xiv, se sale del cuadro, se yergue sobre todos, 
con la pujanza que le presta el arte popular, tanto lírico como 
épico, satírico como dramático: es el ímico poeta de cuerpo en- 
tero de la Edad Media. Y el único prosista popular á ratos, y, 
por consiguiente, el i'mico verdadero prosista nacional que se 
levanta igualmente en toda la Edad Media es el Arcipreste de 
Talavera. Son las dos cumbres de la literatura castellana antes 
de llegar al Romancero y á la Celestina. El orden de aparición 
es primero la poesía épica popular con Mió Cid, pero ya medio 
erudita, y lo es enteramente en las demás obras del puro mester 
de clerecía. Luego viene la prosa : primero el cuento y apólogo 
oriental, luego la prosa científica de la jurisprudencia y de la 
crónica. De la misma manera antes llega el gran poeta de Hita, 
en el siglo xiv, que el gran prosista, el de Talavera, en el xv. 

157. Antes de hablar de la obra propia de este siglo, que es 
ia prosa, conviene continuar la poesía del mester de clcrczia. que 
de lieciio comienza con la única poesía épica que conocemos, con 
d Cantar de Mió Cid, y continúa entre el siglo xii y xiii con 
los ]>equcños poemas que hemos mencionado y los que ahora 
'jallaremos. A esta escuela, que dura hasta fines del siglo xiv, 
Ijertenecen todos los poetas que escribían sus versos y que co- 



S. Xlir. EL MESTER DE CLEREZIA 179 

múnmente eran clérigos, por ser casi la única gente letrada de 
aquellos tiempos. Por más que Berceo se llame á si mismo ju- 
glar {S. Dom., 292, 775, yyj), buen cuidado tiene de ponderar 
su arte de nueva maestría, su mestcr sin pecado, despreciando 
el arte popular, no escrito, de los juglares, y preciándose de con- 
tar las sílabas y de fablar cuento rimado por la cuaderna via. 
Toda esta poesía erudita y eclesiástica tampoco era para cantada 
por las plazas, como las populares gestas, sino para leida por 
monjes y gente devota y culta que con monjes trataban frecuen- 
tando los monasterios. Nacida de la popular, con la canción de 
Mió Cid, apartóse todavía más de ella hasta en los asuntos, to- 
mándolos de la historia religiosa ó de la historia de la antigüe- 
dad, conservadas fabulosamente en la misma erudición latino- 
eclesiástica. Debajo de ella, desconocida por no escribirse, siguió 
viviendo la épica popular, la verdadera épica, que alzó la cabeza 
en el siglo xv, cuando la erudita ya había muerto por falta de 
vigor, por sola su propia flaqueza, y no menos, por lo mismo, se 
caía á pedazos la nueva poesía erudita venida de Galicia, la lírica 
cortesana de don Juan el II. El metro del mester de clerezia es 
el alejandrino, de 14 sílabas, pero agrupados los versos en 
estrofas de á cuatro con la misma rima, perfecta siempre, como 
no sea por descuido del poeta ó del copista, por lo que se llama 
tetrástrofo nwnorrimo alejandrino. Esta agrupación fué el fru- 
to único de la escuela, pues parece nació en España á imitación 
dell tetrástrofo latino-eclesiástico de la Edad Media, aunque el 
verso vimos que vino de Francia. 

158. Los autores del mestcr de clerezia no conocen la antigüedad 
clásica, sino mediante la erudición latino-eclesiástica, continuada, y 
cada vez más pobre y fabulosa, desde Juvenco, Prudencio, Sedulio y 
San Eugenio hasta Teodulfo y los poetas de la corte carolingia, y desde 
éstos hasta los de la corte alemana de los Otones, como ha probado 
Ebert en su Historia. El tetrástrofo latino-eclesiástico puede verse en 
las colecciones de Du Méril: 

"Vehementi nimium commotus dolore 
Sermonem aggredior furibundo more, 
Et quosdam redarguens in meo furore, 
Nullum mordens odio vel palpans amore." 

Ni el mismo Arcipreste de Hita conoció á los clásicos: su Ovidio 
•es el autor de Velula; su Vergilio el hechicero Vergilio medioeval. La 
Troya del poema llamado de Ali.vandre es la del seudo cretense Dictys 



l8o ÉPOCA DE ALFONSO EL SABIO (S. XIIl) 

y la del seudo frigio Dares, vistas á través de la Crónica de Guido de 
Columna; su Alejandro es el de Gualtero de Chatillon ó el de los tro- 
veros franceses. 

Men. Pelayo, Antol. poét. lír. cast., t. II, pág. xxxiii: "Coexistió el 
mesier de derezia con el de juglaría, pero no se confundieron nunca. 
Coexistió también, andando el tiempo, con las primeras escuelas líricas, 
con las escuelas de trovadores, pero mantuvo siempre su independencia 
y carácter propio de tal modo, que hasta en las obras poéticas del Ar- 
cipreste de Hita y del Canciller Ayala, en que ambos elementos se dan 
la mano, no aparecen confundidos, sino yuxtapuestos. En suma: el 
mester de deresia, socialmente considerado, no fué nunca ni la poesía 
del pueblo, ni la poesía de la aristocracia militar, ni la poesía de las 
fiestas palaciegas, sino la poesía de los monasterios y de las nacientes 
Universidades ó estudios generales. Así se explica su especial carácter, 
la predilección por ciertos asuntos, el fondo de cultura escolástica de 
que hacen alarde sus poetas y la relativa madurez de las formas exte- 
riores, que son, ciertamente, monótonas; pero nada tienen de toscas y 
£Í mucho que revela artificio perseverante y sagaz industria literaria. 
Juzgúese como se quiera de cada uno de estos poemas, cualquier cosa 
serán menos tentativas informes y engendros bárbaros, como suelen 
decir los que no los han saludado. El escollo natural del género era 
el pedantismo, y no diremos que de él se librasen estos ingenios; pero 
fué pedantería candorosa, alarde de escolar que quiere á viva fuerza 
dejarnos persuadidos de su profundo saber en mitología, geografía é 
historia, con toda la ingenuidad del primer descubrimiento. Estos pa- 
triarcas de las literaturas modernas eran niños hasta en la ostentación 
enciclopédica. En cambio no puede decirse de ellos que abusasen del la- 
tinismo de dicción en el grado y forma en que lo hizo la escuela del 
siglo XV. La lengua de los poetas del mcster de deresia es algo pro- 
saica y no tiene mucho color ni mucho brío, pero es clara, apacible, 
jugosa, expresiva y netamente castellana, sin las asperezas hiperbáticas 
de Juan de Mena, ni las extrañas contorsiones de la prosa de don Enri- 
que de Aragón. El vocabulario de la lengua épica, muy reducido, aunque 
muy enérgico, se ensancha prodigiosamente en manos de Berceo, y mu- 
cho más en el Poema de Alejandro." 

159. De comienzos del siglo xiii parece ser la Vicia de San- 
ta María Ecjipciaqiia, narración iwctica en 1.451 \ersos de 
7, 8, 9, 10, II y T2 sílabas, los más de 9, con el ritmo libre de 
la poesía popular de los refranes, consonanlando dos ó tre.^ 
verso£ y aun cuatro á veces, bien que de ordinario se halla el 
pareado ó de dos solamente. De la misma cix)ca es el Libro 
deis tres Reyes doricnt, de unos 250 versos parecidos á los de 
la Vida de Santa María Egipciaqua, en cuyos prinieros 50 
se habla de los Reyes Magos, y en los demás, de la huida á 



S. XIII. LIBRO DE APOLLOXIO lOI 

Eg-ipto y de ios ladrones que robaron la Sagrada Familia. 
El Libro de Apollonio tiene más de 2.600 versos, en cuartetas 
monorrimas de catorce sílabas, con la nueva maestría, que dice 
en él su autor, aplicada á 600 estrofas, llamada después cua- 
derna vía, de la cual, por consiguiente, parece fué el inventor. 
El autor parece aragonés por el lenguaje ; escribe con claridad 
y brío y era erudito. 

160. Está tomada de la Vie de Sainte Mane l'Egyptienne, atri- 
buida por algunos, bien que poco fundadamente, al obispo de Lincoln, 
Roberto Grosseteste (ii75?-i253), cuyos Carmina Anglo-Normannica 
■comprenden el poema francés. Hállase en el mismo códice escurialense 
que el Libro de Apollonio y el Libro deis tres Reyes dorient, y toda^ 
estas obrillas fueron publicadas en 1841 por Pedro José Pidal. Los ori- 
ginales los indicó A. Mussafia. No se conoce el original de donde se 
sacó el Libro dcLs fres Reyes dorient. 

Vida de Santa María Egipciaqua, ed. R. Foulché-Delbosc, Barcelo- 
na, 1907 (Textos castellanos antiguos, t. I) ; Bibl. Aut. Esp., t. LVII. 
Consúltense: A. Mussafia, Ueber die Quelle der altspanischen Vida 
de S. M. E., en el Sitsungsberichte der Kaiserlichen Akademie der 
Wissenschaftcn, Wien, 1863, t. XLIII, págs. 153-176; K. Bartsch, Jahr- 
buch fitr romanische iind englische Literatiir (Leipzig, 1864), t. V, pá- 
ginas 421-424; G. Bertoni, Nota sulla letteratura franco-italiana a pro- 
posito della vita in rima di S. Maria Egipziaca, en el Giornale storico 
della letteratura italiana (1908), t. LI, págs. 207-215. 

161- El Libro de Apollonio proviene de una novela griega, tradu- 
cida por Antiochus hacia el siglo vi, con el título de Historia Apollonii, 
regis Tyri, que pasó á la Gesta Romanorutn y de allí á las literaturas 
europeas de la Edad Media. El asunto se halla en la Confessio amantis, 
de Govver, contemporáneo de Ghaucer, en los novellieri italianos, en el 
Patraíiuelo, de su imitador Juan de Timoneda y en el Pcriclcs inglés, 
algunos de cuyos actos son de Shakespeare. Pero el autor español aña- 
dió de su cosecha cosas que no se hallan en las demás versiones. La 
jugflaresa Tarsiana, hija de Apolonio, es más española que bizantina y 
hay cuadros del siglo .xiii (422-430; 490; 502), desenvoltura de estilo y 
momentos de pasión, como en el anagnorisis de Apolonio y su hija 
(544-547), que son de un verdadero poeta de casta española. 

Libro de Apollonio, edic. Pedro José Pidal con las otras dos obritas; 
Eugenio Ochoa, París, 1842; Bibl. de Aut. Esp., t. LVIL Consúltense: 
E. Klebs, Die Ersahlung von Apollonius aus Tyrus, Berlín, 1899, pági- 
nas 384-398; C. Carroll Marden, Note on the tcxt of the L. de A., en 
Modern Language Notes (1Q13), t. XVIH, col. 18-20; F. Hanssen, 
Sobre la conjugación del L. de A. en Anales de la Universidad de Chile 
(1895), t. XCI, págs. 637-665; Gover, en Bibl. F. Vally. 



l82 ÉPOCA DE ALFONSO EL SABIO (S. XIIl) 

162. Pero más lírico fué el poeta que compuso en los mis- 
mos comienzos del siglo xiii la Razón de Amor, con los Denues- 
tos del agua y del vino, dos obrillas de suyo diferentes, bien 
que al parecer debidas á una sola plimia. La primera es un diá- 
logo de enamorados, parecido á los cantares d'amigo que galle- 
gos y portugueses solian componer á imitación de las baladas 
francesas. La segunda parece remedar la Düputoison dii vin ct 
de l'auc. El autor sentia lo que decía y se esmeraba en la 
manera de decirlo. 

163. El Lupus me fecit de Moros del último verso debe de ser el 
copista, probablemente aragonés. Fueron descubiertas estas obras en 
un códice de la Biblioteca Parisiense, por Haureau, y publicadas en 1887 
por Morel-Fatio, en el tomo XVI de la Romanía. Vese mezclado no 
poco gallego con el castellano, como en muchas composiciones del Can- 
cionero de Baena. 

Razón de amor, con Los Denuestos del agua y el i'ino, ed. R. Menén- 
dez Pidal, en Revue hispanique (1905), t. XIII, págs. 602-619; ed. A. Mo- 
rel-Fatio, Textes castülans inédits du xiii' siccle, en Romanía (1887), 
t. XVI, págs. 368-373; ed. E. Monaci, Testi basso-Iatini e volgari dellcc 
Spagna, Roma, 1891, col. 39-43; ed. M. Menéndez y Pelayo Antología 
de poetas líricos, etc., t. I, págs. 1-6; ed. E. Gorra, Lingua e lettcratura 
spagnuola delle origíni, Milano, 1898; págs. 216-223; ed. G. Petraglione, 
en Studj di filología romanza (1901), t. VIII, págs. 485-502; ed. seño- 
ra C. Michaélis de Vasconcellos, Algiins textos lyrícos da antíqua poesía 
peninsular, en Revista Lusitana (1902), t. VII, págs. 1-32. 

La Disputa de Elena y María, poesia leonesa del siglo xiii, ha sido 
publicada por el Sr. Menéndez Pidal en el primer número de la Revista 
de Filología española (1914). 

164. Gonzalo de Berceo (ii98?-i264?) nació en el lu- 
gar de su nombre, donde partía términos la diócesis de Calaho- 
rra con el territorio de la abadía de San Millán de la Cogolla, 
célebre monasterio de Ix-nedictinos, donde fué educado y vivió 
después, no como monje, sino como clérigo ó preste seglar ads- 
crito al servicio de la abadía. Tenía un hermano, asimismo 
clérigo, llamado Juan. Era diácono en 1220, presbítero en 1237 
y todavía vivía en 1246. 

165. Berceo, Vida de San Millán, 489: "Gonzalvo fué so nomne, 
<liti fizo cst tractado, | en Sant Millán de Suso fué de ninnez criado. | 
naturíil de Berceo, ond Sant Milian fué nado: | Dios guarde la su alma 
del p<^>dcr del pecado." Vida de S. Domingo., -j^,-]: "Yo Gonzalo 



S. XIII. GONZALO DE BERCEO l83 

por nomne clamado de Berceo, | de Sant Millan criado, en la so mercer 
seo." En escrituras del cartulario de San Millán, examinadas por Sán- 
chez, se halla en 1220 la firma "don Gonzalvo diaconus de Berceo", como 
de testigo en la compra de varias heredades, hecha por Pedro de Olmos 
para el monasterio de San Millán; y en 1237 firma como presbítero 
entre los testigos de una sentencia del abad Juan. Suena como confir- 
mante de otras escrituras en 1240, 1242 y 1246 "Dopnus Gundisalvus 
de Berceo", y en otra castellana "don Gonzalvo de Berceo, prestre". 
Últimamente parece su nombre en una escritura de 1264, que aludiendo 
á un testamento otorgado en tiempos pasados por Garci Gil, dice: "don 
Gonzalo de Berceo, so maestro de confesión e so cabezalero". Acaso 
pasó del 1247, pues en la Vida de Santa Oria (copla 2), su última obra, 
escribe: "Quiero en mi vejez, maguer so ya cansado, | de esta Santa 
Virgen romanzar su dictado." 

166. Escribió La vida del glorioso confesor Sancto Do- 
mingo de Silos, sacándola de la P'ita Beati Dominici Confesso- 
ris Christi et Abbatis, del monje Grinialdo ; La Estaría del Sen- 
nor Sant Millan. traducción libre de la Vita Aeniiliani, de San 
Braulio, obispo de Zaragoza (^ 651 ?) ; el trozo del Martyrio de 
Sant Laurengo, tratado por Prudencio en el Peristcphanon; &\ 
poema De los signos que aparesceran ante el juicio, sacado, se- 
gún e! mismo Berceo, de San Jerónimo, á c[uien se atribula en- 
tonces el PrognostÍ€on futuri sccnli, de San Julián de Toledo 
(Lorenzana, Paires Toletaní) ó de Julián Pomerio (^^ 699) ; El 
duelo que fizo la Virgen Maria el dia de la Pasión de su fijo 
Jesu Christo, que mira al Tractatiis de planctn beatae Mariac, 
de San Bernardo ; la Vida de Sancta Oria, Virgen, versificación 
de los hechos contados por Munio, confesor de aquella santa 
monja del convento de San Millán ; Del sacrificio de la Missa 
y los Loores de Nuestra Sennora, lugares comunes piadosos am- 
plificados ; los Milagros de Nuestra Sennora, tomados de libros 
corrientes, pues de los 25 hállanse los 24 en cierto manuscrito 
latino de la Biblioteca Real de Copenhague. .Son de autenticidad 
dudosa los tres himnos al Espíritu Santo. 

16 7. De los 25 Milagros de Nuestra Sennora, los 18 hállanse 
igualmente en los Miracles de la Sainte Vierge, del trovero francés 
Gautier de Coinci, prior de Vic-sur-Aisne (i 177-1236), citados por Al- 
fonso el Sabio ("En Seixons, ond' un liuro á todo chéo | de miragres") ; 
pero Alfonso, que vivía unos cuarenta años después de Berceo, tuvo 
las facilidades de comunicaciones que Berceo no es creíble tuviese 
desde su rincón de la Rioja. Ambos autores los tomaron de la fuente 



184 ÉPOCA DE ALFONSO EL SABIO (s. XIIl) 

latina dicha. Berceo sobrepuja á Gautier en la elección, sobriedad, 
viveza, claridad y realismo. 

168. Berceo 110 tiene invención cuanto á los asuntos, ni la 
quiere tener: "Lo que non es escripto non lo afirmaremos..., 
non lo diz la leyenda, non so yo sabidor." "Al non escribimos 
si non lo que leemos." Y es que se da por puro divulgador en 
romance, para la gente popular, de lo que ellos no podian en- 
tender en latín. Pero que tenia inventiva poética se echa bien de 
ver por la abundancia de vena con que desenvuelve sus leyendas, 
la riqueza de comparaciones sencillas y tomadas de la vida real, 
los sentimientos delicados, la deleitosa unción con que empapa 
cuanto toca. Su misma riqueza de pensamientos y de palabras y 
su desconocimiento del arte antiguo, le hace ser palabrero y 
difuso, borboteando prosa rimada sin cansarse, no sabiendo 
escoger, cercenar, pulir ni acicalar. Es un poeta devoto, que sin 
cortapisas dice cuanto se le ocurre en el fácil metro, que él co- 
noce, de la cuaderna via, bien asi como lujurioso campo sin 
cultivo, que en asomando la primavera brota sin freno por todas 
partes. Es el cantor de las costumbres monacales del pueblo, que 
en torno de la abadía apacienta su alma con piadosas leyendas, 
sin otras miras políticas ni menos artísticas. Toma, como la ma- 
yor parte de los poetas mediovales, de los escritos latinos los 
asuntos ; pero como poeta de buen natío que es, aunque sin 
cultura artística, ve esas leyendas y milagros como si las tuviera 
delante de los ojos en la tierra y entre las gentes que conoce, en 
escena pintoresca y coloreada por las costumbres de su tiempo, 
y embebecido en ellas, hicrenle el alma y le salen á la boca tari 
sentidas como vivas, en narración dramática, que corre abun- 
dosa y fácil, sin tropiezo ni embarazo, que no se lo sabe ¡)oner 
su poco aquilatado esmero y su menos contenida verbosidad de 
cura de aldea, pero siempre devota y llena de verdad y honrada 
campeciíanería. No es un gran poeta, pero se deja querer por su 
apacible sencillez y devota unción. Es el dechado del poeta 
erudito del mester de clcrczia, con aquella barata erudición de 
algunos libros escritos en mal latín, (]ue alcanzaban los pocos y 
poco doctos de aquel tiempo, clérigos ó amigos de los monas- 
terios. El lenguaje es el vulgar, pero como aqucllus scmidoclos 
clérigos no suponían escribir más que en el mal latín, que co- 
rrompido por c! pueblo llamril)aii román paladino, procuraban 



S. XIII. GONZALO DE BERCEO l85 

allegarlo al latin cuanto podían, usando las voces de las escritu- 
ras y libros que manejaban y con la ortografía que al escribir 
en su mal latín empleaban. Berceo, sin embargo, no se aver- 
güenza, como los más puntosos y fieros imitadores de las letras 
clásicas que después vinieron en el primer Renacimiento, ni re- 
para en echar mano de voces enteramente vulgares, que para 
algunos quisquillosos pasan por groseras y poco literarias. Ber- 
ceo sabe todavía á la pega de los juglares. 

l-lsy un cantarcillo en el Duelo de la Virgen (178-190), que 
Berceo pone en boca de los judíos, en octosílabos, que campea 
en medio de los pesados tetrastrofos monorrimos alejandrinos, 
como una joya del folk-lore popular entre la convencional eru- 
dición del mester de clerecía. Aquel estribillo "¡eya velar!", 
es una racha de sol entre la neblina, que nos deja barruntar, ya 
que no ver de nuestros ojos, lo que sería la verdadera poesía 
popular castellana, la del niester de juglaría, que por despreciarla 
los doctos de entonces dejáronla en el silencio del olvido y, con 
todo, era de tan recio y fino metal como se trasparenta por el 
cantar de Mío Cid y por los romances viejos del siglo xv. 

169. La fama de Berceo no salió de la Rioja ni le mienta Santi- 
llana en la célebre carta al Condestable de Portugal á mediados de! 
siglo XV; sólo en el xvii comienza á ser conocido. Ambrosio Gómez le 
toma unos versos en el Moiscn Segundo (1653). Imprimióse la Vida de 
Santo Domingo en 1736, y Tomás Antonio Sánchez publicó todas sus 
obras en 1780 con verdadera devoción por el poeta, añadiendo un 
Loor de Gonzalo de Berceo, en que imita su estilo. Desperdigados los 
códices de San Millán en la vandálica dispersión de nuestros archivos 
monásticos, sólo pudo cotejar Janer, al reimprimirlo, el texto de la 
Vida de Santo Domingo en un manuscrito de la Academia de la His- 
toria, y el del Sacrificio de la Misa en otro de la Biblioteca Nacional. 

170. Gonzalo de Berceo, Poesías, Bibl. de Aut. Esp., t. LVII; La 
vida de Santo Domingo de Silos, ed. J. D. Fitz-Gerald, 'París, 1904 
(Bibl. de l'École des Hautes Études, fase. 149). Consúltense: J. D. Fitz- 
Gerald, Goncalo de Berceo in Spanisch Literary Criticism before 1780, 
en T!ie Romanic Review (New York, 1910), t. I, págs. 290-301 ; R. Bec- 
ker, Gonsalo de Berceos Milagros und ilire Grundlagen, Strassburg, 
1910; H. R. Lang, A passage in G. de B.'s Vida de San Millan, en Mo- 
dern Langiiage Notes (1887), t. II, col. 118-119; R. Lanchetas, Gramá- 
tica y vocahidario de las obras de G. de B., Madrid, 1903 ; N. Hergueta, 
Documentos referentes á G. de B., en Revista de Archivos, etc. (1904), 
t. X, págs. 178-179; F. Fernández y González, en La Razón (Madrid, 



lS6 ÉPOCA DE ALFONSO EL SABIO (s. XIIl) 

1860), t. I, págs. 223-235, 306-322, 393-402; F. Hanssen, Notas á la Vida 
de Santo Domingo de Silos, etc., en Anales de la Universidad de Chile 
(1907), t. CXX, págs. 715-763 [tres artículos del Sr. Hanssen sobre la 
conjugación, etc., en Berceo, se encontrarán en los Anales (1894 y 1895) ; 
F. D. Fitz-Gerald, Versification of the Cuaderna Via as found in Ber- 
ceo's Vida de Santo Domingo de Silos, New York, 1905. 

171. El Libro de Alixandre, poema en más de diez mi! 
versos, en la cuaderna vía, difiere de las demás obras de Berceo 
en el asunto y en ei tono y unción consiguiente, pero es muy 
probable sea tan obra suya como las anteriormente citadas. La 
misma sencillez en el contar, igual fecundidad en describir por 
menudo y á veces pintorescamente y en versificar llana y co- 
rrientemente, tendencia parecida en aceptar cuanto halla escrito 
en libros latinos, pasando por los más chistosos anacronismos, 
paridad en el léxico y construcción, fuera de las variantes debi- 
das á la diversidad de copias. Donde más sobresale el autor 
del Alixandre es en las comparaciones y descripciones, al iguai 
que Berceo. 

172. Acerca del autor, Rafael Floranes, en sus Ilustraciones del 
Fuero de Sepúlveda, dijo que era Berceo, por hallarse este nombre en 
la copla 1386: "E dixo Gonzalo: Ve dormir que assaz has velado", no 
citándose, fuera de este lugar, en todo el poema. En una de las guardas 
del códice de Osuna, y con letra antigua, se lee el mismo nombre. En 
el nuevo códice, lleno de variantes, hallado en Francia, se lee : "Sy que- 
redes saber quien fizo esti ditado, 1 Gonqalo de Berqeo es por nonbre 
clamado, | natural de Madrid, en Sant Mylian criado, [ del abat Johan 
Sánchez notario por nonbrado." Sánchez imprimió el poema como del 
clérigo Juan Lorenzo Segura, de Astorga, por la copla final, 2510, don- 
de se lee: "Si quisierdes saber quien cscrebió este ditado, | Johan Loren- 
zo bon clérigo é ondrado, | Segura de .astorga, de mannas bien tem- 
prado, I del dia del juicio Dios sea mió pagado. Amen." Dicen muchos 
que éste debió de ser el copista, porque el nombre del autor solia ir 
al principio y el de! copista al fin de las obras; pero no hay tal, pues 
Berceo, á quien en particular atribuye M. Pelayo esta costumbre, puso 
so nombre al fin de la Vida de San Millón (489) y de la Vida de Santo 
Domingo (757 y 775). 

Los leoncsismos del poema confirmarían ser Lorenzo Segura el 
autor. Pero muchos de esos tenidos por leoncsismos son castellanismos de 
entonces: el pretérito en -orón y no -eron, ixioron, vioron y su con- 
traído -on, se usa todavía en toda Castilla la Vieja, noticia que extraña- 
rán los filólogos, poro <iuc pueden comprobarla cuando gusten. Berceo 
y Segura pudieran ser, pues, copistas y no autores, habiendo nunlificado 



S. XIII. LIBRO DE ALIXANDRE 1 87 

cada uno el texto con variantes de su tierra. Pero es el caso que el 
Berceo no puede ser otro en el códice francés que el autor de la Vida 
de Santo Domingo y San Millán, y no es de creer que fuese puro co- 
pista, sino autor. Lo de "natural de Madrid", que pudiera embarazar 
á alguno, se aclara por la c. 3 de la Vida de San Millán, donde hablan- 
do del pueblo en que el santo nació, dice: "Cerca es de Cogolla de parte 
de Orient, ¡ dos le^as sobre Nagera al pie de Sant Lorent \ el barrio de 
Berceo, Madriz la iaz present : | i nació Sant Millan." Ahora bien, 
Berceo nació donde San Millán, en ese Madrid. Porque no hay un solo 
Madrid en España ; que yo conozco, entre otros, uno cerca de Oña. Opo- 
nen la diferencia de escritos, como si el Libro de AUxandrc no pudiera 
haberlo hecho el autor de tantos libros devotos, y los leonesismos y 
otras diferencias de vocablos; pero las copias debieron de variar mucho, 
acomodándolas cada cual al habla de su tierra, como se ve por el códice 
francés, además de lo que ya se sabia. Bien pudiera, pues, ser Berceo el 
autor del Ali.randre, lo cual se confirmaria, no sólo con el Gonsalo de la 
copla 13S6, donde casi sin querer puso el autor su nombre, sino con 
lo poco probable de que en aquel tiempo hubiese dos poetas tan semejan- 
tes, ya que las diferencias casi desaparecen por lo dicho de las varian- 
tes y por la diversidad de asuntos, siendo en cambio igual la facilidad 
de versificar, la fecundidad en escribir y la candorosa sencillez la mis- 
ma, el estilo tan uno. Que era clérigo el autor del AUxandrc se ve por 
la copla 1662. 

Si el Libro de AUxandrc tiene algo de epopeya es tan solamente por 
el asunto; para el autor las fuentes donde bebió le sirvieron como las de 
jas vidas de Santos y de los milagros á Berceo. Se atiene á lo leido, 
amplificándolo por el mismo estilo y con parecida credulidad, por lo 
que á nosotros se nos hace más sabrosa su lectura. '^Maestre Aristotil 
aparece convertido en doctor escolástico, diestro en el trivio y en el 
cuadrivio y formidable en el silogismo: Alejandro recibe la orden de 
caballería el dia del Papa San Antero y ciñe la espada que fabricó 
Don Vulcano: al lado del héroe macedonio asisten sus doce pares: en el 
templo de Don Júpiter sirven gran número de capellanes : los clérigos 
de Babilonia salen en procesión á recibir á Alejandro: el conde Don 
Demóstenes alborota con sus discursos á los atenienses : la madre de 
Aquiles le esconde en un convento de monjas [de sórores)..." 
(M. Pelayo). 

173. Sobre las fuentes del poema, véase Morel-Fatio en la Roma- 
nía, año 1874. Una es la epopeya latina Alexandreis, de Gautier de 
Chátillon, citado en el mismo poema (c. 1935) ; otra el Román d'AIc- 
xandre, de Lambert le Tort y de Alejandro de Bernai: entrambos pro- 
ceden del que se hizo en tiempo de Carlomagno de la obra Epítome, de 
Julius Valerius, que á fines del siglo iii tradujo al latín la novela del 
seudo Calístenes sobre Alejandro Magno: Alexandri Macedonis traiis- 
latae ex Aesopo graeco, publicada según el códice Ambrosiano por 
A. Mai, con el Itinerariitm Alexandri (del 340-345), J. Zacher, 



1 88 ÉPOCA DE ALFONSO EL SABIO (s. XIIl) 

Fseudo-Kallisthenes, Halle, 1867; del mismo, Julii Valcrii epitome. 
Halle, 1867. De este mismo Epitome debió de tomar el autor del Ali- 
jrandre cosas que faltan en los citados traductores y compiladores. El 
Epitome de tiempos de Carlomagno fué la base de los poemas franceses 
del siglo XII (Alberico de Besanzon, imitado en alemán por el clérigo 
Lamprecht, Simón, Lamberto Li Tort y sus continuadores). Consúltese 
Pablo Meyer, Alexandre le Grand dans la litterature francaise de vioyen 
age, París, 1886. El Alexandreis, de Gualtero, es casi una paráfrasis 
de Quinto Curoio. El Arcipreste de León, en el siglo x, hizo otra traduc- 
ción del seudo Calístenes, Liber de praeVns : probable es que la cono- 
ciera Berceo y acaso mejor que el Epitome del tiempo de Carlo- 
magno. Los 1688 versos sobre el sitio de Troya, que en él se inser- 
ían (311...), proceden de la Historia troiana (1272-1287), de Guido delle 
Colonne, fundada en el Román de Troic, de Benito de Sainte-More 
(i 160), más bien que en las dos obras Historia de cxcidio Troiac, de los 
dos sendos Dictys cretense (segunda mitad del siglo iv) y Dares frigio 
(segunda mital del siglo v), sobre los cuales véanse G. Paris, Rei'iie criti- 
que, 1874, y Romanía, 1874. También conoció el autor la Ilias, de Pinda- 
rus Thebanus. Véase H. Dunger, Die Sage vom troianischen Kriege in 
den Bearbeitimgen des Mittelaltcrs, etc., Dresde, 1869; F. Meister, 
IJeber Dares van Phrygien, de exc. Tr. ¡list., Breslau, 1841 ; G. Korting, 
Diktys und Dares. Halle, 1874. El autor del Alixandre es tan amigo 
de la erudición, tan curioso de las rarezas, como en lo sagrado lo es 
Berceo. 

174- El Alixandre fué por su asunto mucho más conocido que las 
otras obras de Berceo. El autor del Poema de Fernán Gonqalez, en el 
siglo XIII, le tomó versos enteros; en el xiv el Arcipreste de Hita le 
imitó en la descripción de la tienda de Don Amor; en el xv, el Cronista 
de Don Pero Niño, los amaestramientos morales que en el poema ende- 
reza Aristóteles á Alejandro. El libro de Alixandre, Ms. esp. 488 de 
la Bibliothéquc Nationale de Paris, ed. A. Morel-Fatio, Dresden, 1906; 
Ms. de Madrid, Bibl. de Aut. E.sp., t. LVH. Consúltense: A. Morel- 
Fatio, Rccherches sur le texte ct les sourccs du Libro de Alexandre, en 
Romanía, 1875, t. IV, págs. 7-90; G. Baist, Eine neue Handschrift des 
spanischen Alexandre, en Romanischc Forschungcn, t. VL pág. 272-; 
E. Miiller, Sprachliche und textkrilische Untersuchungen ísunv altsp<i- 
nischcn Libro de Alexandre, Strassburg, 1910; L. Pistolesi Raudana- 
X'accolini, Del posto che spetta il Libro de Alcxandro nella sloria delta 
letteratura spagnuola, en Revue des langucs romanes (1903), t. XLVI, 
págs. 255-281; Marcelo Macias, Juan Lorenzo Segura y el Poema de 
Alexandre, Orense, 1913. 

17">- Las dos supuestas Cartas enviadas por Alejandro á su madre, 
impresas detrás del Libro de Alixandre, notables por la prosa, salieron 
del Bonium y de la Paridad de las Paridades. Zachcr, Pscudo CalUs- 




Momia de D. Rodrigo Ximéxez de Rada. 



(Discurso de D. Enrique de Aguilera y Gamboa, IMarqués de Cerralbo, 
en su recepción de la Real Academia de la Historia, Madrid. 1908). 



S. XIII. D. RODRIGO XIMÉNEZ DE RADA 1 89 

ihenes, Die Quellc dcr Trostbricfc Alexander an Olympias in dcr spa- 
nischcn Alexandrcis, Halle, 1867, págs. 177-193; M. Steinschneider, 
Zur Alexandersagc, en el Hehraische Bibliographic, Berlín, 1869, volu- 
men IX, págs. 13-19, 44-53. 

176. De las primeras muestras de la prosa erudita ó escrita 
es el tratado de los Diez Mandamientos, compuesto á principios 
del siglo XIII por un fraile navarro para uso de los confesores. 

Entre 1219 y 1250 se escribieron en castellano las dos pri- 
meras partes de los Anales Toledanos, que abarcan doce siglos, 
en estilo seco y cortado, año por año, á manera de lista de acae- 
cimientos ; aunque al llegar á .A.lfonso VIII el autor, que se mues- 
tra contemporáneo, se extiende algo más. La tercera parte es 
bastante posterior. En la misma primera mitad del siglo xiii se 
escribieron en castellano los Anales de Aragón y Navarra, que 
abarcan desde Augusto hasta 1196 y son listas escuetas de suce- 
sos. Algo más tardíos son los Anales de los Reyes Godos de 
Asturias, León, etc., que abrazan del 348 al 1252. 

17 7. Los Diez Mandamientos. Ed. A. Morel-Fatio, Textes castil- 
lans incdits, en Romanía (1887), t. XXI, págs. 379-382. Anales Toleda- 
nos. Ed. E. Flórez, en Esp. Sagr., Madrid, 1799, t. XXIII, págs. 381-424. 

El códice de los Anales de Aragón y Navarra está en la Biblioteca 
Nacional, juntamente con el Fuero de Sobrarbe y otros varios anales 
latinos. Incluyólos Abella en el tomo VIII de su Colección de Escritores 
coetáneos de la Historia de España. En el mismo se imprimieron los 
Anales de los Reyes Godos de Asturias, etc., y el códice de m.ediados del 
siglo XIII se conserva en la Biblioteca toledana. 

178. Aíio I24¡. — ^DoN Rodrigo Ximénez de Rada (1170?- 
1247) nació en Puente la Reina, de Navarra; estudió en Pa- 
rís y pasó á Castilla durante el último tercio del siglo xii ; fué 
Obispo de Osma y electo en 1208 Arzobispo de Toledo, á cuya 
cátedra subió en 12 10, y se señaló en la batalla de las Navas. 
Asistió en 12 15 al Concilio Lateranense y ayudó á Fernan- 
do III en sus empresas. Escribió un notable Breviarium Eccle- 
siae Catholicae, que se guarda en la Biblioteca de El Escorial : 
pero, sobre todo, el Chronico Rerum Gcstarum in Hispania, ó 
mejor dicho, Historia Gothica, que abraza hasta el año 1243. 
Añadió un libro de los Ostrogodos, Hunnos, Vándalos y Suevos. 
Murió volviendo de Roma, cerca del Ródano. Fué sepultado ea 
el monasterio de Huerta, á la raya de Aragón. 



igO ÉPOCA DE ALFONSO EL SABIO (s. XIIl) 

Algo después, en el mismo siglo xiii, se tradujo y se retocó 
la Historia Gothica con el título de Estoria de los Godos. La 
latina se imprimió por primera vez en Granada. 1545 ; luego en 
Francfort, 1579. La traducción castellana en Toledo, 1495. 

La Chronica de los Rcys de Espanna debió de acabarse en 
1256 y el códice está en la Biblioteca de Toledo, escrito en la 
segunda mitad del siglo xiii. 

179. La Historia Gothica, de Ximénez de Rada, en Hispaniae ilu- 
stratae... scriptores varii. ed. A. Schott, Francofurti, 1603-1608, t. I; 
PP. Toletanorum Opera, ed. Lorenzana, Madrid, 1782-1793, t. III. Con- 
•súltená;: Marqués de Cerralbo, El Arzobispo Don Rodrigo, discurso, 
Madrid, 1908; Rafael Ballester y Castells, Las fuentes narrativas de 
la Historia de España durante la Edad Media, Palma de Mallorca, 1908, 
pág. 75; Estoria de los godos; ed. V. E. Lidforss, Acta Universitatis 
Lundensis. Lund, 1871-1872, t. VII y VIII ; ed. A. Paz y Melia, Colec- 
ción de documentos inéditos para la historia de España (1887), 
t. LXXXVIII. 

ISO. Cuanto á otros escritos en latin, en la primera mitad del 
siglo XIII florecieron los hagiógrafos Don Martín de León, abad; 
Don Alfonso Ramírez, obispo de Orense, y el celebrado Diego de 
Campos, entre cuyas obras citemos la llamada Planeta; "trata de materia 
de gran claridad", cuyo códice, del 1218, está en la Biblioteca toledana. 
Véase Nicolás Antonio, Bihliothcca Vetus, 1. VIII, c. i ; Rodríguez de 
Castro, Bibl. Esp., t. II, págs. 504, 510, 514. Entre los filósofos y gramá- 
ticos Pedro Hispa.n'o y pR. Bartolomé: véase Nic. Antonio. Bibl. Vet., 
1. \'IIT, c. 3; Rodríguez de Castro, t. II, págs. 59S y 616. Entre los ju- 
risconsultos: Juan Hispano, que honró en Bolonia el nombre de su pa- 
tria; Fabricio, Bibl. mediae ct infimae latinitatis, 1. IV. 

I8t. Año 1263. — Don Luc.vs de Túy ó el Tcdense nació en León á 
mediados del siglo xii, estuvo en Roma, Constantinopla, Chipre, Jeru- 
salén y, vuelto á España, escribió, de orden de doña Bercnguela, las 
Crónicas, en latin, acabadas en 1236 ; dos años antes había escrito Con- 
tra los albigenses; más tarde acabó la Vida de San Isidoro, comenzada 
en su mocedad. Muestra poco juicio crítico en sus Crónicas, y se le 
tiene por "fabuloso'". Más bien es copilación de obras con añadiduras. 
J'-ueron romanzadas á fines del siglo xiii, ó poco después, con el titulo 
de Coránica de Spaña por don Luchas de Tui, con otros sucesos desde 
1236 á 1252 añadidos. Imprimióse la obra latina en Francfort, 1608; 
de la castellana hay códice en la Academia de la Historia. 

182. El Fttcro Viejo de Castilla ó de los fijosdalgos for- 
mólo en parte el conde don Sancho, probablemente en latín ; fué 



S. XIII. EL FUERO JUZGO IQI 

añadido en las Cortes de Nájera del 1128, donde probablemente 
se romanceó y quedó aumentado y corregido en 1222 (era de 
1.250). Don Alfonso el Agobie lo convirtió de particular en Código 
general. Derogólo Alfonso X, sustituyéndole el Fuero Real; 
pero hubo de declararlo vigente en 1272 por la sublevación de 
Jos nobles; reformólo don Pedro el Cruel en 1356. Galindo cree 
que su lenguaje es anterior al de las Partidas, salvo pocas pala- 
bras. Discútese, sin embargo, actualmente, la autenticidad del 
Fuero Viejo, que no parece haber sido la única colección de 
antiguas f ácanas (sentencias memorables) formada en Castilla. 
La primera versión castellana, llamada Fuero Juzgo, de las 
leyes visigodas, se hizo en virtud de lo dispuesto en el Fueru 
particular que en 4 de Abril de 1241 dio el rey San Fernando 
á la ciudad de Córdoba, después de haberla conquistado de los 
moros, en el cual dice que le da por Fuero el libro de los jueces 
ó Código latino visigodo, á cuyo fin manda que se traduzca 
«n lengua vulgar y que le tenga perpetuamente por fuero con 
el nombre de Fuero de Córdoba. 

183. El Códice del Fuero Juzgo impreso por la Academia es el que, 
iegún la tradición de Murcia, regaló á aquella ciudad Alfonso X, aun- 
que ello es dudoso (León Galindo, Progreso y vicisitudes del id. cas- 
tell., pág. 19) ; de todos modos no ofrece la forma primitiva de la tra- 
ducción cuanto al castellano y á la ortografía, y aun tiene variantes 
«n el texto respecto del latino. Además de este códice del siglo xiii, la 
Academia gozó otros siete del mismo siglo, de los cuales dio Galindo la 
prioridad, por el lenguaje más arcaico, al de Campomanes, y al de Vi- 
lladiego el segundo lugar, antes del de Murcia. El lenguaje del Fuero 
Juzgo murciano tiene muchas voces puramente latinas, propias de la 
erudición de los traductores ; algunas arábigas, maravedí (de los Al- 
morávides, siglo xi), alcalde ó álcali por juez, fasta, mezquino, asóte; 
las formas leonesas son nmchas y mezcladas con las castellanas y aun 
Jas gallegas, como el articulo el, la, lo y o, a, os, as y lio, lia, líos, lias; 
además, variantes dialectales castellanas como sus y sos, su y so, to y tu, 
suyo y sua, suyos y suas y siiyas, que y qui, o y u y hu (ubi), sin y 
sen y sien; mas y viays y mes. ni y ne y nin y nen, si y se. 

Los códices y ediciones del Fuero Juzgo véanse en el Prólogo de la 
edición latino-castellana de la Academia Española, 1815. 

Fuero Juzgo. Ed. Academia Española, Madrid, 1815. Consúltense: 
R. de Ureña y Smenjaud, La legislación gótico-hispana, Madrid, 1905; 
R. de Ureña y Smenjaud, Historia de la literatura jurídica española, 
Madrid, 1906; M. Rodríguez y Rodríguez, Fuero Juzgo, su lenguaje, 
gramática y vocabulario, Santiago, 1905. 



192 ÉPOCA DE ALFONSO EL SABIO (S. XIIl) 

184. Con la subida al trono castellano de Alfonso el Sabio, 
el año de 1252, puede decirse que pasó á los cristianos y al cas- 
tellano la sabiduría oriental y todo linaje de sabiduría. Proba- 
blemente se deben á sus ruegos, deseos y trabajos, las primeras 
obras didácticas, que se compusieron, según se cree, durante el 
reinado de San Fernando (1230-1252), de autores y fechas no 
averiguadas todavía : Las Flores de Filosofía, en que por estilo 
sentencioso, á la oriental. Séneca y treinta y siete otros filósofos 
discurren sobre la moral. El libro de los buenos Proverbios, ti-a- 
ducción del libro arábigo de Honain-ben-Ishák Al-Ibádi (809- 
875). El libro de los doce sabios ó Libro de la Nobleza ó Leal- 
tat, que trata el gobierno y educación de los príncipes. Algo más 
tardías y con mayor probabilidad aconsejadas del Rey Sabio, 
son las dos obras Poridad de las Poridades, de fuente arábiga, 
y el Bonium, así llamado del supuesto nombre de su autor, fa- 
buloso Rey de Persia, ó por otro título, Bocados de Oro, obra 
sacada de la de Abul Uafá AIubashir-ben-Fatik (s. xii). El Libro 
de los doce Sabios créese haberse traducido en tiempo de Saii 
Fernando (1217-1252), y tomó el nombre por los doce sabios 
que se juntaron para averiguar "lo que todo príncipe et regidor 
de regno a de fazer en ssi et de commo deve regir et castigar 
et mandar et conoscer a los de sti regno". El lijjro de Poridat 
de las Poridades ó Castigos de Aristotil a Alexandrc, es tra- 
ducción del Secreta secretorum. En él se halla una de las cartas 
atribuidas á Alejandro y otra en el Boniíim. 

185. En 1502 se publicó el Tratado de la nobleza y lealtad, com- 
puesto por doce sabios, por mandado del rey Don Fernando, que ganó 
á Scz'illa, Valladolid. En 1495 se publicaron los Bocados de oro que 
compuso Bonium, rey de Persia, Sevilla; Toledo, 1502; Valladolid, 1527. 

Las flores de Filosofía son de la misma época que el Libro de los 
doce Sabios, y están formadas de sentencias sacadas de los mismos ori- 
ginales que los Buenos Proverbios y los Bocados de oro, y asi muchas 
les son comunes. Steinschneider demostró que los Buenos Proverbios 
fueron traducción de las Sentencias morales de los Filósofos, escritas 
por Ilonein-ben-Ishac (809-875) y conservadas en la Biblioteca de El 
Escorial (núm. 756) y en la de Munich (núm. 651), y los Bocados de oro 
del Libro de las Sentencias, escrito por Abul Uafa Mobeshir-ben-Fatic 
(siglos XI y xii), cuyo manuscrito está en la Biblioteca de Leyden 
(núm. 1.487), el cual se tradujo ai latiii, francés é inglés. En la Historia 
del Cavallero Cifar, futra de algunos capítulos, están las Flores de Fi- 
losofía. 



S. XIII. KALII.A ET DIGNA I §3 

186. Flores de Filosofía. Ed. H. Knust, en Dos obras didácticas y 
dos leyendas (Soc. de biblióf. españoles), 1878, págs. 11-83. ^^ libro de 
los Buenos Proverbios. Ed. H. Knust, en Mitthcilungcn aus dcm Es- 
kurial (Bibl. des litt. Vereins in Stuttgart, t. CXLI), Tübingen, 1879, 
pégs. 1-65, 519-537. Libro de los dose Sabios. Ed. (con el título de Li- 
bro de la nobleza y lealtad) A. M. Burriel (quizá Miguel de Manuel Ro- 
dríguez), en Memorias para la vida del santo rey Fernando III, Ma- 
drid, 1800, págs. 1S8-206; fragmentos reimpresos en M. Lafuente, His- 
toria de España, 1851, t. V, págs. 485-494. Poridat de las Paridades; 
H. Knust, Jahrbuch fiir romanischc tind englische Literatur, Leip- 
zig, 1869, t. X, págs. 153-172 y 303-317. Bocados de oro. Ed. H. Knust, 
en Mittheilungcn aus dcm Eskurial (Bibl. des litt. Vereins in Stuttgart, 
t. CXLI), Tübingen, 1879, págs. 66-489, 538-601. 

187. Alfonso X, antes de subir al trono, hizo traducir del 
árabe el Lapidario, el año de 1241, y Kalila ct Digna, el 1251, 
en lenguaje suelto y bien dialogado-; su importancia en nuestra 
literatura es muy grande, por ser el primer libro de fábulas 
orientales traducido en romance y dechado de los muchos pos- 
teriores que en España se escribieron y la primera muestra de 
narración recreativa en nuestro idioma. 

188. En el Lapidario de Abolays, traducido por Rabi Jehudah- 
Mosca-ha-Qaton, se cuentan y describen las virtudes de 360 piedras. 
Ayudó en la traducción al Rabino el clérigo Garci Pérez. 

El libro de Kalila et Digna se tradujo del árabe: "romaneado por 
mandado del infante don Alfonso, fijo del muy noble rey don Fernan- 
do, en la era de mili e dozientos e noventa e nueve años". Pero debe 
haber error en esta fecha de uno de los códices escurialenses, pues el 
1261 ó era de 1299 ya era rey, y no infante, don Alfonso. Que se tradu- 
jo inmediatamente del árabe lo probaron Gayangos {Escritor en prosa 
anter. al siglo xv) y Benfey {Orient und Occident, I, pág. 497). En árabe 
es uno de los textos más clásicos y elegantes de lenguaje y había sido 
á este idioma traducido en el siglo viii por Abdalla-ben-Almokaft'a con 
arreglo á una versión pehleví hoy perdida, y hecha por Barzuya de su 
original sánscrito. También ha desaparecido este original, aunque subs- 
tancialmente el asunto se halla posteriormente en el Pantchatantra, de 
un budista del siglo iii. Todas las versiones conocidas proceden de la 
arábiga, y la castellana fué tan famosa, que Raimundo de Béziers se 
sirvió de ella (1323) hasta donde el mur cuenta su historia en el capitulo 
quinto. (Véase el año 1493 de este nuestro libro.) Del mismo texto ará- 
bigo salió la traducción hebraica del italiano Rabí Joel, de la cual pro- 
cede la latina del judío converso Juan de Capua, con el título de Directo- 
ruim vitae hamanae, segunda mitad del siglo xin^ y de ésta las demás 
de Europa, menos la castellana. El texto arábigo publicólo Sacy, Pa- 

i3 



194 ÉPOCA DE ALFONSO ZL SABIO (S. XIIl) 

rís, 1816, y después los PP. Jesuítas de Beirut. Bidpai, que es el Esopo 
oriental, pasa por autor de estas fábulas; pero ellas son mucho más anti- 
guas, no sólo en la India, sino en todas las naciones indo-europeas, y así 
algunas recogió Grimm entre las germánicas. 

189. Calila et Digna. Ed. C. G. Alien, Mácon, 1906; Bibl. de Aut. 
Esp., t. LI. Consúltense: H. D. L. Ward, Catalogue of Romances in the 
Department of maniiscripts in thc British Musciim, London, 1893, t. II, 
págs. 149-1S1; I. G. N. Keith-Falconer, Kalilah and Dimnah [trad. in- 
glesa con prefacio y notas], Cambridge, 1885; The earlicst Englisch 
versión of the Pables of Bidpai, "Thc Moral Philosophie of Doni", 
trad. Sir T. North, ed. J. Jacobs, London, 1888; L. Hervieux, Les fa- 
bulistes latins depuis le sieclc d'Augustc, París, 1899, t- V; G. Paris, 
Histoire littéraire de la France, t. XXXVIII (1906), págs. 191-253. 

190. Dos años después del Kalila ct Digna, esto es, en 1253, 
tradujo e! infante don Fadrique, hermano de Alfonso X, el fa- 
moso libro arábigo Sendchar, de origen indiano, poniéndole por 
título Libro de los eíigatmos e los asayamientos de las mugeres, 
escrito en lenguaje elegante y grave. 

191' Se han perdido el primitivo texto sánscrito del Sendebar, el 
persa, en que éste se debió de traducir, y el arábigo, sacado del persa, 
y del cual salió el castellano. El arábigo citólo Masghudi en el siglo x, 
al hablar del filósofo indio llamado Scndebad. Del árabe se tradujo al 
siríaco, de éste al griego (siglo xi') con el título de Syntipas. Tradújo.se 
en el siglo xiii al hebreo. Otras formas del mismo libro son el Sindibad- 
Nameh, del persa (1375), el Baktiar-Namch ó Historia de los dice visi- 
res, que pasó á las ilil y una noches. De la versión hebraica salió el 
Dolophatos ó Historia septem sapicntium Romae, imitación hecha por 
el monje Juan de Alta Silva en el siglo xiii (ed. Hermann Oesterley, 
Strasburgo, 1873. En el Dolophatos, del trovero Herbers (ed. Gastón, 
París, 1876) y en el Erasto italiano se suprimieron trozos é intercalaron 
otros. Otras versiones españolas son la catalana, publicada por Mussafia 
(Viena, 1878) ; la castellana de Diego de Cañizares, á mediados del si- 
glo XV (edic. Oposc. litcr. de los siglos .viv á xvi , Socied. Biblióf. esp.) ; 
otra de hacia 1530, que se imprime con el nombre de Marcos Pérez 
{Libro de los siete sabios de Roma, Burgos, 1530; Sevilla, 1538; Barce- 
lona, 1583, 1593, 1621), y la Historia del Príncipe Erasto, hijo del Btn- 
fcrador Dioclcciano, traducción del texto italiano por Pedro Hurtado ác 
la Vera, Anvers, 1573. 

Libro de los engaños c ¡os asayamientos de las mugeres. Ed. y es- 
tudio de A. Bonilla y San Martín, nihliothcca hispánica, t. XIV; ed. 
D. Comparctti, en Riccrchc in torno al libro di Sindibád, Milano, 1869; 
cd. D. Comparctti, Rcsearches rcspecting the hook of Sindibád, London, 
1882 (Publications of the Folk-Lorc Socicty, t. IX). 




Ai.riixsd X (Ms. iIl- la Cróniea (jrncral de !a época. Biljliotcca Ri-al^ 



S. XIII. ALFONSO X EL SABIO IqS 

192. De 1524, en que Colón la compró en Medina, es la primera 
edición conocida de la Historia de la doncella Teodor, que pasó á las Mil 
y una noches y mucho antes debió verterse del árabe al castellano. Atri- 
búyenla algunas ediciones á un Mosen Alfonso Aragonés; pero no fué 
seguramente Pero Alfonso el de la Disciplina Clericalis. El texto, publi- 
cado por Knust (Tübingen, 1879, Socied. Liter. de Stuttgart), según dos 
códices de El Escorial, parece del siglo xiv ó anterior. Salva cita dos 
ediciones, una de 1535 y otra que supone de 1520. Colón tenía la 
dicha de 1524 y otra sin fecha. Conocidas son las de Zaragoza, 
1540; Toledo, 1543; Segovia y Sevilla, sin fecha; Alcalá, 1607; Sevilla, 
1642; Valencia, 1676; Madrid, 1726; Lisboa, 1735. 

Otro libro antiguo es el Capítulo de las cosas que escribió por rres- 
puestas el filósofo Segundo á las cosas que le preguntó el emperador 
Adriano, editado por Knust, y cuyo asunto se halla en la Crónica de Al- 
fonso X y en el Speculum historióle, de Vicente de Beauvais. 

193. AxFONSO X "el Sabio", rey de Castilla y de León 
(1221-1284), nació en Burgos, fué hijo de Fernando III el Santo 
y de doña Beatriz de Suabia; peleó de mozo con los moros, to- 
mando á Cartagena y Lorca, y casó con doña Violante de Aragón 
(1248), hija de don Jaime I y de doña Violante de Hungría; 
residió mucho en Toledo, donde juntó los mayores sabios para 
componer, entre otras obras, las Tablas Alfonsíes, y fué pro- 
clamado Rey dos días después de la muerte de su padre (1252). 
Luego repudió por estéril á su esposa y envió por Cristina, hija 
■del rey de Dinamarca; pero habiendo dado á luz su esposa á la 
princesa Berenguela, casó á Cristina con el infante don Felipe, 
electo arzobispo de Sevilla. Falto de recursos, alteró el valor 
de la moneda, acuñando los burgaleses en vez de los pepiones, que 
eran de mayor ley. Señoreó á Jerez }■ Arcos de la Frontera, Medi- 
na Sidonía y Lebrija. Nacióle el primogénito, el infante don Fer- 
nando de la Cerda, en 1256; volvió en 1261 á guerrear con los 
moros de Murcia y los venció en Alcalá la Real. En 1202 la ilota 
castellana tomó á Cádiz. Muerto Guillermo de Holanda y va- 
cando el trono de Alemania, presentóse como pretendiente, apo- 
yándole cuatro electores y oponiéndosele los Papas durante 
diez años; pero las luchas civiles le impidieron lograrlo por las 
armas. Confederados los descontentos nobles con el Rey de 
Granada, que había hecho treguas, consiguieron de Alfonso X 
cuanto le pidieron (1274), y mientras fué á vistas á Beaucarie 
con Gregorio X, el nievo Rey de Granada, a¡x)yado de los 
benimerines, entróse por tierras de Córdoba y derrotó al Gober- 



196 ÉPOCA DE ALFONSO EL SABIO (s. XIIl) 

nador interino don Fernando de la Cerda, que murió luego en 
Ciudad Real, encargándose de la regencia el infante don Sancho, 
cuyo ejército fué también derrotado en 1275, pereciendo don 
Sancho, arzobispo de Toledo. Vuelto Alfonso á Fspaña, lirmó 
treguas con los moros y convocó Cortes en Segovia, donde 
declararon á don Sancho, su hijo segundo, heredero del reino,, 
en daño de los hijos del difunto don Fernando de la Cerda, 
lo cual llevando á mal doña. Violante y temiendo por la vida de 
sus nietos, se los llevó á Aragón, acción que el Rey calificó de 
crimen de lesa majestad, mandando á don Sancho matar á los 
cómplices de la Reina, y por ello fué muerto el infante don 
Fadrique en Treviño, lo que motivó la intervención de Feli- 
pe III, de Francia, á ruegos de su heiTnana la princesa doña 
Blanca, viuda de don Fernando de la Cerda, y pidió al Rey 
cediese al primogénito de los infantes de la Cerda el reino de 
Jaén, como vasallo de Castilla, á lo que no se avino don Sancho. 

En las Cortes de Sevilla de 1271 tornó á aumentar el valor 
de la moneda para poder guerrear con el de Granada, lo que 
le malquistó con el pueblo, mientras que don Sancho iba apo- 
derándose del gobierno y el francés proseguía apoyando á los 
de la Cerda. Juntadas Cortes, se opuso don Sancho á lo del 
reino de Jaén en forma desabrida, por lo cual su padre le ame- 
nazó con desheredarle, respondiéndole el hijo: "Tiempo vendrá 
en que esta palabra la non quisierades halser dicho." Alzóse, en 
efecto, con algunas ciudades contra su padre, apoyado de Ara- 
gón y Portugal (1282) y convocando Cortes en Valladolid, con 
asistencia de doña Violante, la nobleza y procuradores de las 
ciudades, despojaron á don Alfonso del título de Rey, dándoselo 
á don Sancho, bien que no lo quiso aceptar. Quedó el Rey 
solamente con Sevilla, que le fué fiel, como lo dice la empresa 
de su blasón: "No m'a dejado." Martín IV mandó se volviese 
á su obediencia so pena de excomunión, y Alfonso envió su 
corona al rey Jacub de Marruecos, el cual le envió 60.000 do- 
blas de oro y vino con un ejército, juntámloselc en Zahara. 
Evitóse la guerra civil ix>r negarse don Sancho á ir contra su 
padre (i2(S3); pero fué proclamado Rey el año siguiente, en el 
cual murió <lon Alfonso. 

Condescendencias con un Iiijo ambicioso y i)equeños yerros,, 
cometidos con sana inlención, le llevaron á totlos estos desas- 



S. XIII. ALFOXSO X EL SABIO 1 97 

tres, añadiéndose, sin duda, su amor á las ciencias y letras, que 
no suele compaginarse con el cuidado que pide el gobierno, lo 
cual Mariana cifró en este juicio que de él hizo: "Dumque coe- 
lum considerat observatque astra, terram amisit." Si algo erró - 
como rey, la cultura española le debió harto más, acaso más que 
á ningún otro hombre de nuestra nación. El fué nuestro primer y 
más grande legislador, el primero en fecha y uno de los mayores 
prosistas españoles, el fundador de la prosa castellana, el mejor 
historiador y el mejor lírico de su época, y sobre todo, el que 
trajo al castellano la ciencia y la cultura arábigo-judía española 
y oriental y dio empuje y aun hizo nacer toda la cultura espa- 
•ñola. Por eso se le han atribuido cuantas obras corrían anóni- 
mas, lo cual implica el juicio que de él formó España entera no 
menos que coronándole con el calificativo de El Rey Sabio. 

La literatura castellana, sobre todo, le es deudora de haberse 
comenzado con él á escribir las leyes y documentos oficiales en 
romance, haciéndolo él por tan elegante y natural manera, que 
muchos años y aun siglos habían de pasar hasta que hubiese: 
quien le igualase. Bárbara era y siguió siendo la prosa de los 
demás romances, cuando Alfonso X levantó tan alto la prosa 
de la lengua castellana. 

La obra de Alfonso X no acaba en lo que él escribió y en 
lo que otros por orden suya escribieron. Su ejemplo parece ban- 
dera enhiesta en lo alto del trono castellano, que no dejan de 
mirar y seguir los reyes y cortesanos que tras él vinieron. Sin 
su ejemplo probablemente no se hubiera dado á las letras su 
sobrino don Juan Manuel, que en su tío se miraba, como se 
ve por el prólogo al Conde Lucanor, ni su hijo Sancho IV, ni 
Alfonso XL ni don Juan H, con toda su corte, hubieran favo- 
recido las letras y dádose á ellas, brillando conforme á su talen- 
to, ni el Canciller ni Santillana y todos los demás magnates de 
aquella semibárbara edad hubieran manejado la pluma á par de 
la espada, si el Rey Sabio no hubiese ensalzado y entronizado 
las letras castellanas. 

19 1. Don Juan Manuel, prólogo á su Libro de la Caza: "Entre mu- 
chos cumplimientos et buenas cosas que Dios puso en el rey Don Alfon- 
so, fijo del sancto et bien aventurado rey Don Fernando, puso en él 
su talante de acrescentar el saber cuanto pudo, et fizo por ello mucho: 
así que non se falla que del rey Tolomeo acá ningún rey nin otro honm* 



igS ÉPOCA DE ALFONSO EL SABIO (s. XIIl) 

tanto ficiese por ello commo él. Et tanto cobdició que los de los sus reg- 
nos fuesen muy sabidores, que fizo trasladar en este lenguaje de Castilla 
todas las sciencias, también de teología, commo la lógica et todas las 
siete artes liberales, commo toda la arte que dicen mecánica. Otrosí, 
fizo trasladar toda la secta de los moros, porque paresciese por ella los 
errores en que Mahomad, el su falso Profeta, les puso, et en que ellos 
están hoy en día. Otrosí, fizo trasladar toda la ley de los judíos, et aun el 
su Talmud, et otra sciencia que han los judíos muy escondida á que 
llaman cabala. Et esto fizo porque paresce manifiestamente por la su ley, 
que toda fué figura desta ley, que los cristianos habemos, et que también 
ellos commo los moros están en grant error et en estado de perder las 
almas. Otrosí, romanzó todos los derechos eclisiásticos et seglares que 
vos diré: non podría decir ningún homme cuánto bien este noble rey 
fizo, sennaladamente en acrescenlar et alumbrar el saber... mandó facer 
muchos libros buenos en qu€ puso muy complidamente toda la arte de 
la caza, también del cazar commo del venar commo del pescar. Et puso 
muy complidamente la teórica et la práctica commo conviene á esta arte. 
Et tan complidamente lo fizo, que bien cuidan que non podría otro emen- 
dar nin enadir ninguna cosa más de lo que él fizo, nin aun facer tanto 
iiin tan bien commo él." 

B. Calvo: "En quer cab sai chanz e solatz | pos los manté lo Reís 
N'Anfos, I mas si per lui tot sol no los | jais agron del tot oblidatz". 
En su corte, de las más brillantes de la Edad Media, hallaban regalo 
los trovadores provenzales y franceses Bertrán de Lamanon, Bonifacio 
Calvo, Aymeric de Belenoi, Giraud Riquier, Foulgues de Lunel, Arnaud 
Plaques, Bertrán Carbonel, N'At de Mons y otros muchos. Milá y Fon- 
tanals. De los trovadores en España, Barcelona, 1889, 2.° ed. ; P. Meycr, 
Encyclop. Britann., XIX. 867; C. Micháelis de Vasconoellos, Canc. de 
Ajuda, t. II, c. VIL 

195. La Esloria d'Espaiina ó Crónica (jcncral fué compues- 
ta de 1260 á 1268 por orden y traza de Alfonso y continuada 
en tiempo de Sancho el Bravo. Salvo la diferencia entre prosa 
y verso, diríase ser uno mismo el autor de ella y el de Mió Cid: 
la misma sencilla naturalidad, la misma verdad histórica, sin 
pizca de idealización, la misma desnudez de adornos, la misma 
reciura de pensar y de describir, de suerte que los hechos pó- 
nensc de relieve por sí mismos, sin que la fantasía parezca tener 
parle. Lo tocante al C.'iíl es realmente el propio poema puesto 
en prosa. La Grande et general Estoria, comenzada en 1270, 
tomaba por fundamento la Escritura y abrazaba la historia del 
mundo desde la creación hasta los Apóstoles, pero quedó sin 
acabar. 



S. XIII. ALFONSO X EL SABIO I99 

196. Segiin la tradición, colaboraron en la Crónica general Egidio 
ó Juan Gil de Zamora, franciscano y maestro de Sancho IV; Jofre de 
Loaysa, Martín de Córdoba, Garci Fernández de Toledo y Suero Pérez, 
obispo de Toledo. Alfonso X diseñó la traza y debió de enmendar, como 
solía, el lenguaje; pero la variedad de estilos muestra que fué obra 
áe más de uno. Hay fábulas y anacronismos, como la venida de Maho- 
ma á Córdoba, y se citan fuentes arábigas de lo que del Cid se cuenta, 
como en el c. 911 : "Et diz Abenalfarax en su arauigo, onde esta estoria' 
fué sacada." El prólogo es traducción de la Crónica de Jiménez de Rada, 
el cual, juntamente con Lucas de Túy, fué uno délos autores más con- 
sultados, y no menos los cantares de gesta, populares sin duda por aquel 
tiempo, de los cuales se hallan desleídos en prosa muchos trozos y hasta 
versos enteros, trasparentándose el asonante. 

El texto de la Crónica general fué publicado por Florián de Ocampo, 
Zamora, 1541, y después varias otras veces; pero Menéndez Pidal lo ha 
devuelto á su primera extensión, Madrid, 1906, Nueva Bibl. de Autor. 
Españoles, t. V. Según sus investigaciones, el primer manuscrito de- 
rivado del texto original fué la Crónica abreznada, compuesta (1320- 
1324) por don Juan Manuel, sobrino de Alfonso X; el segundo es una 
refundición que encierra una versión de la crónica de Abubekr Ahmed- 
ben-Mohammed-ben-Musa (Al-Rasi), y que se acabó el 21 de Enero 
de 1344, de donde el práctico rótulo de Crónica de 1344; después hubo 
otra refundición, que se ha perdido, pero que está representada por la 
Crónica de veinte Reyes, la Crónica de los Reyes de Castilla y la impre- 
sa por Ocampo, que se llama Tercera crónica general. 

197. Las Siete Partidas, en las que trabajaron Femando 
Martínez, Roldan, Jacobo El de las Leyes, es la obra de mayor 
importancia de Alfonso X, documento preciosísimo histórico, 
social, lingüístico, literario y, sobre todo, legal. 

El Libro de las Tablas Alphonsies se acabó en 1252 y en 
ellas trabajaron Jehudah-bar-Moseh-ben-Mosca, y Rabí Zag- 
ben-Zaqut-Metolitolah ó el Toledano. Los catorce Libros ael 
Saber de Astronomía fueron mandados traducir ó compilar por 
Alfonso X, el cual cuidó del lenguaje, pues como dice en el pre- 
facio del Libro de la Esfera (1259) : "tollió las razones que eran 
sobejanas e dobladas e que non eran en castellano derecho, e 
puso las otras que entendió que compilan, e cuanto al lenguaje 
enderezóle él por sí". 

Otras obras de Alfonso X son el libro de Agedrcs ó ajedrez, 
el de las Tablas e los Dados, y el de Montería ó Tratado de 
la Venación, que cita don Juan Manuel, y no se ha hallado 
hasta hoy; el Septenario ó tratado de las siete artes liberales 



200 ÉPOCA DE ALFONSO EL SABIO (s. XIIl) 

(trivium y quadrivium), enciclopedia de la ciencia de entonces, 
como el Tresor^ de Brunetto Latini, que habrá de verterse poco 
después. 

En 1255 promulgó Alfonso X el Fuero Real. Añadió las 
Leyes de los Adclanludcs mayores, que faltaban en el Fuero 
Real y el Ordenamiento de las Tafurerías en 1276. 

Paul Groussac ha puesto en duda la atribución de las Can- 
tigas á Alfonso X, pero aunque algunas ó muchas de ellas sean 
de otros autores, todavía no se han traído pruebas ciertas contra 
su autenticidad. 

198. La edición de la Academia de las Partidas es seg"ún el texto 
más lato, puesto "en otro leng'uaje algo distinto del que se usaba un si- 
glo antes", como todos convienen, por Alfonso XI, en 1348. El texto 
más concreto, y es el de don Alfonso X, se halla en los códices de la 
Biblioteca Real 2° y 3.°, y en los escurialenses 1.°, 2° y 4.°, y en el i.° 
toledano, el cual, segTjn el P. Burriel, y según su letra de albalaes, 
parece escrito en tiempo del mismo rey Alfonso X. El escurialense 4.° 
está en lemosín, traducido, según se cree, para el uso de los Royes de 
Aragón y aun se sospecha que para don Pedro IV, que comenzó á 
reinar en 1336: este texto del códice lemosín debió, por consiguiente, 
ser el oficial. 

199- Los Libros del saber de Astronomía son: i.° Libro de la 
octava sphera et de sus XLVIII figuras, traducido del arábigo por 
Jehudah-ha-Cohen y el clérigo Guillen, hijo de Remon d'Aspa. 2.° Li- 
bro de la sphera redolida. 3.° Libro del Alcora ó de la Sphera, escrito en 
árabe por Costa-ben-Luca, y vertido al castellano por los mismos antes 
citados, el primero de los cuales anadió un capítulo ''sobre el modo de 
fazer las armiellas et para saber el atacyr et egualar las casas". 
4.° Libro del Astrolabio redondo y Libro del Astrolabio llano, originales 
de Rabí Zag de Toledo. 5.° Libro de la Asafeba de Asarquel, traducido 
por Maese Fernández de Toledo y segunda vez por Bernaldo el Ará- 
bigo "et don Abrahan, su alfa(|uí". 6.° Lámina universal de Ali-ben-Ha- 
laf, descrita por Rabí Zag. 7.° Libro de las Armiellas, del mismo. 8." Li- 
bro del Quadrante. 9.° Libro de la Piedra de la Sombra. 10. Libro del 
Relogio del agua. 11. Libro del Argent vivo. 12. Libro del palacio de las 
horas. 13. Libro del Atacyr, todos ellos de Rabí Zag, y. por último, el 
14. Libro del Relogio de la Candela, original de Rabí .Samuel-Iía-Levi. 
Edic. Rico y .Sinobas, Madrid, 1863-1867. 

A su iniciativa se deben, además: la traducción de los Cánones de 
Albatcgui, con algunas tablas de Azarquel, hecha por Rabí Zag. que le 
añadió algunas pruebas de ricomclria y Astrología ; el Libro complido de 
los juicios de las estrellas, de Ali-Abcn-Ragel, vorlido por Moscb-ba- 
Coiicn, y el Libro de ¡as Tres Cruces, traducido por el mismo y por 



S. XIII. LA lírica GALAICO-PORTUGUESA 201 

Johan d'Aspa. Estos dos últimos pertenecen á la Astrología judiciaria, 
así como el de las Formas e imagines de los cielos, apócrifo, según al- 
gunos. Atribuyéronle falsamente dos tratados de Alquimia : el Libro del 
Tesoro y la Claz'is Sapicnliae. Ya vimos cómo antes había mandado tra- 
ducir el Lapidario. 

200. El Fuero Real de Alfonso X imprimióse en los siglos xv y xvi ; 
en este último primero en Zaragoza, 1501, con el comentario del doctor 
Alfonso Diaz de Montalvo, insigne jurisconsulto de Cuenca (Fermín 
Caballero, Elogio del Dr. Alf. D. de Montalvo, Madrid, 1870; Id., Con- 
quenses ilustres, in. Dr. Montalvo, Madrid, 1873). 

Consérvase el texto castellano de las Cortes de Valladolid, 1258, y 
de Zamora, 1274, celebradas por Alfonso X. 

201. Las Siete Partidas, ed. R. Academia de la Historia. Ma- 
drid, 1807, 3 vols. ; Opúsculos legales, ed. R. Academia de la Historia, 
Madrid, 1836, 2 vols. : Libros del saber de Astronomía, ed. M. Rico y 
Sinobas, Madrid, 1863-1867, 5 vols.; Lapidario, ed. J. Fernández Mon- 
taña, Madrid, 1881 ; Cantigas de Santa María, ed. R. Academia Espa- 
ñola [prefacio del marqués de Valmar], Madrid, 1889, 2 vols. Consúl- 
tense: F. Martínez Marina, Ensayo histórico-crítico sobre la legislación 
y principales cuerpos legales de los reinos de León y Castilla, especial- 
viente sobre el código de las Siete Partidas, etc., Madrid, 1834; F. Hans- 
sen, Estudios ortográficos sobre la Astronomía del rey Don Alfonso, 
en Anales de la Universidad de Chile (1895), t. XCI, págs. 281-312; 
O. J. Tallgren, Observations sur les manuscrits de l'Astronomie d'Al- 
phonsc X, etc., en Neuphilologischc Mitteilungcn (1908), págs. 110-114; 
M. Barrington, The Lapidario, etc., en The Connoisscur (London, 1906), 
t. XIV, págs. 31-36; C. de Lollis, Cantigas de amor e de maldiser di 
Alfonso el Sabio, en Studj di filología romanza (1887), págs. 31-66; 
señora C. ^lichaélis de \'asconcellos, Grundriss dcr romaníschen Phílolo- 
gíe, t. n, 2. Abteilung, págs. 178-186; H. Collet y L. Villalba, Contri- 
bution á l'étude des "Cantigas^' d'Alphonse le Savant, en Bulletin his- 
panique (1911), t. XHI, págs. 270-290; F. Hanssen, Los versos de las 
Cantigas de Santa María, etc., en Anales de la Universidad de Chile 
(1901), t. CVIII, 337-373, 501-546; E. Cotarelo y Morí, Estudios de histo- 
ria literaria. Madrid, 1901, págs. 1-31 ; G. Daumet, Les testaments 
d'Alphonse X le Savant, roi de Castille, en Bibliothcque de l'Ecole des 
Charles (1906), t. LXVIII, págs. 70-99; Antonio Ballesteros, Sevilla en 
el siglo XI JJ (1913). Libro de las Querellas. Consúltese: E. Cotarelo y 
Morí, El supuesto libro de "Las Querellas" del rey don Alfonso el Sa- 
bio, en Estudios de historia literaria, Madrid. 1901, págs. 1-41. [Cf. la 
critica de este ensayo, por A. Morel-Fatio en Romanía (1898), t. XXVII, 
Pág. 525] 

202. La poesía lírica provenzal llegó á las Cortes castella- 
nas de Alfonso IX (1188-1229) Y Alfonso X (1252-1284). don- 



202 ÉPOCA DE ALFONSO EL SABIO (s. XIIl) 

de los trovadores hallaron buen acogimiento, cuando ya no había 
Cortes en Tolosa. Pero sobre todo vino más tarde de Portugal, 
donde había hallado segunda patria en la corte de don Dionis, 
que comenzó á reinar el año de 1279. Juntamente con la lírica 
provenzaJ vino de Portugal y Galicia la poesía galaicoportu- 
guesa, de origen popular gallego. La provenzal se escribía en 
versos largos de diez sílabas ó Arte mayor y el asunto era el 
amor, tratado de una manera casuística y sutilmente sentimen- 
tal ; la galaico-portuguesa propia en versos cortos, redondillas ó 
Arle menor, el asunto era casi el mismo, pero tratado con más 
sinceridad y frescura en las llamadas canciones de amigo, de 
ledino, serranillas y zñllancicos. El dialecto en que se escribieron 
en España tales poesías era el mismo galaico-portugués, que 
entonces no se diferenciaba el portugués del gallego. En este 
dialecto escribieron, no sólo el Rey de Portugal don Dionis y los 
Príncipes y señores Je aquel reino, como sus bastardos el Conde 
de Barcellos y Alfonso Sánchez, sino grandes reyes de Castilla 
como Alfonso X y Alfonso XI, abades de Valladolid como don 
Gómez García, burgueses de Santiago como Juan Ayras, ju- 
glares de Sarria, de Cangas y de Lugo, mezclados con otros de 
León, de Burgos, de Talavera y hasta de Sevilla, como e! lla- 
mado Pedro Amigo, uno de los poetas más fecundos y notables 
del Cancionero de la Vaticana, como dice Menéndez y Pelayo 
(Antol. poet. lir. cast., t. 3, p. ix). Pero esta lírica fué pura- 
mente erudita y de la corte castellana y no llegó al pueblo. 

203. La lírica provenzal floreció todo el tiempo de las Cruzadas: 
comenzó con la primera (1095) y en la última (1268) llegó á su mayor 
perfección. Pasó á Portugal derechamente desde Provenza con el rey 
Dom Diniz, hijo de Alfonso III y nieto de Alfonso X, educado por un 
maestro provenzal, Aimeric d'Ebrard, de Cahors. Cabalmente cuando 
decaía la lírica provenzal, entre 1250 y 1290, llegaba á colmo la lírica 
portuguesa. Cuantos estaban al servicio de Dom Diniz eran trova- 
dores: Joáo Vclho, Martín Peres, Dom Joáo de Alboini. Por su casa- 
Hiiento, entró Dom Diniz en relaciones con el Conde de Provenza, tío 
de su mujer, y desde que comenzó á reinar (1279) fué su corte centro 
de los trovadores de León, Castilla y Aragón. Consérvanse de aquel 
rey 1,38 canciones, pero al punto se ve la diferencia que las divide en 
dos clases. Las unas son de corte provenzal, de scntimeiilal casuística 
amorosa y en endecasílabos Icmosinos; las otras .son las que él llama 
Cantares de amigo ó serranillas populares. Las primeras rcsi)onden á 
la lírica provenzal; las .segundas, á la lírica nacional, llamada gallega. 



S. XII r. LA LÍRICA GALAICO-PORTUGUESA 2o3 

porque no se diferenciaba entonces el portugués del gallego, y porque 
el pueblo gallego cantaba esta clase de poesías líricas, de metros cortos- 
y aires de serranillas, villancicos, alboradas, baladas, etc. Hay que dis- 
tinguir, pues, tanto en Portugal como en Castilla, estas dos escuelas: 
la lemosina ó provenzal y la gallega. De la kmosina dice Santillana en 
su Carta al Condestable de Portugal : "Los catalanes, valen<;ianos é aun 
algunos del reyno de Aragón fueron é son grandes offiqiales desta arte.. 
Escrivieron primeramente en trovas rimadas, que son pies ó bordones 
largos de sillabas, é algunos consonaron é otros no. Después desto 
usaron el de(;ir en coplas de diez sillabas á la manera de los lemosis". 
Por eso se le llamaba Arte mayor, en contraposición á las redondillas 
ó Arte menor. Pues bien, esta poesía lírica provenzal y el arte mayor 
dice luego que pasó á Portugal y Galicia: "E después fallaron esta arte 
que mayor se llama é el arte común, creo, en los reynos de Gallicia é 
Portugal, donde non es de dubdar que el exercicio destas sciencias- 
más que en ningunas otras regiones é provincias de España se acostum- 
bró ; en tanto grado, que non ha mucho tiempo qualesquier decidores é 
trovadores destas partes, agora fuesen castellanos, andaluces ó de la 
Extremadura, todas sus obras componían en lengua gallega ó portu- 
guesa. E aun destos es cierto rescevimos los nombres del arte, asy com& 
maestría mayor é menor, encadenados, lexapren é mansobrc... Acuer- 
dóme... seyendo en edat non provecta, mas assaz pequeño mozo, en 
poder de mi abuela Doña Mencia de Cisneros, entre otros libros haber 
visto un gran-d volumen de cantigas, serranas é dicires portugueses é- 
gallegos, de los cuales la mayor parte eran del rey Don Dionis de Por- 
tugal... cuyas obras aquellos que las leían, loaban de invenciones sotiles 
é de graciosas é dulces palabras". 

El re}' Dom Diniz alardea de este arte lemosín : 

"Quer'en en maneyra de Provenqal 
fazer agora um cantar d'amor." 

{Canc. Vatic, núm. 123.) 

Instituyó Cortes de Amor {Canc. Vatic, núm. 597). De esto ha tra- 
tado eruditamente Teófilo Braga en varias de sus obras {Curso de His- 
toria de literatura portuguesa, Cancionero del. Vaticano, por él editado 
con eruditísimo estudio, etc., etc.). El portugués y el gallego eran en- 
tonces una misma lengua, que, después, sobre todo desde el siglo xv, 
fueron diferenciándose más y más. El Cancionero de Ajuda tiene las 
canciones más antiguas y son de tono provenzal, hechas por eruditos. 
Cansados los poetas cortesanos portugueses de la afectación y artificio 
casuístico provenzal, pronto se volvieron á las serranillas v cantares de 
amigo, esto es, á la poesía popular del pueblo gallego y portugués, que 
era todo uno. Vese bien por el Cancionero de la Vaticana. Por ejemplo, 
en el número 1043 : "Diz una cantiga de vilaáo : 
"O'pee d'uma torre 

bayla, corp'e giolo, 

vedel-o eos, ay cavaleyro." 



204 ÉPOCA DE ALFONSO EL SABIO (s. XIIl) 

En el número 1062 se dice al fin : "Esta cantiga fuy seguida por urna 
"baylada, que diz : 

"Vos avedel-os olhos verdes, 
matar-m'edes com eles..." 

En las redondillas de Camoens se halla una alusión á este añejo 
mote: "Senáo que tendes los olhos verdes". La serenata de Berceo 
{Duelo) parécese á la Alvorada, de Pombal : 

"Velat, aliama de los Judios, "Viudas sao as alvoras, 

eya, velar ! Eh, levad' á alva ! 

Que íurtan el Fijo de Dios! Que sao da Virgen sagrada; 

eya, velar!" Eh, levad' á alva!" 

Dom Diniz remedó estos aires populares en los Cantares de amigo, 
los mejores de la poesía portuguesa. Hoy sobrevive la scrran'úha, des- 
pués de sepultar la poesia erudita provenzal y la italiana petrarquesca 
en Portugal. El Conde de Barcellos, hijo natural de Dom Diniz, dejó 
en testamento, hecho el año 1350, su Liz'ro das Cantigas á Alfonso XI 
de Castilla, y asi pudo salir de Portugal aquel Cancionero, del cual nos 
da noticias el Marqués de Santillana á mediados del siglo xv; mientras 
que el Cancionero de Dom Dinij: quedaba en la librería del rey Dom 
Duarte. El Cancionero que vio el de Santillana en Castilla aparece en 
Roma desde el siglo xvi: tal es el Cancionero portugués de la Vaticana, 
que ha publicado Theophilo Braga, Lisboa, 1878. 

De la poesía provenzal fueron protectores Alfonso IX (i 188-1229) y, 
sobre todo, Alfonso X (1252-1284), que dio asilo á los trovadores que 
vinieron de Provenza, cuando ya no hubo Cortes en Tolosa, y no menos 
á los trovadores portugueses, como Pero Gomes Barroso, Payo Gomes 
Charririho, que fué almirante de Castilla. (Véase Diez, Les Trouhadours, 
pág. 61). Giraud Riquier de Narbona le dirigió, en 1275, una poesía 
acerca del titulo de juglar y de trovador. Hay en la Vaticana una com- 
posición de Alfonso XI: 

"En un tiempo cogí flores del muy nobre paraíso". 

Las obras poéticas de don Juan Manuel se han perdido, y sin duda 
cultivó la poesía galaico-portuguesa, segi'm son los metros que usa en el 
Conde Lueanor. La poesia provenzal entró en Castilla por Galicia y Por- 
tugal. Desde 1214 tuvo Castilla relaciones directas con los trovadores. 
Aimeric de Bellinoi estuvo en la corte de Alfonso IX; Martaquagent y 
Folquet de Lune! celebraron la elección de Alfonso X como Emperador; 
Raymundo de Tours le dirigió versos, y Bcrtrand de Carboncl le dedicó 
sus composiciones (Ticknor, pág. 47). Pero la imitación provenzaicsca 
sólo fué en Castilla palaciega moda, que no llegó al pueblo, el cual tenia 
su poesía épica, sus romances, que cantaban los juglares y á veces se 
trasminaban á la literatura erudita, al Mió Cid, al poema de Fernán 
González, á las Crónicas. Por ese carácter palaciego se escribía la 
poesía provenzalesca en gallego ó portugués y nunca en castellano, hasta 



S. XIII. LA LÍRICA GALAICO-PORTUGUESA 205 

que la puso en olvido la imitación latina de Dante y Petrarca. En 
Portugal, donde la vida nacional no tenía tanto arraigo, la poesia de 
los trovadores, primero sola, luego mezclada con la popular gallega, con- 
servóse hasta el siglo xvi, como se ve en los Cancioneros. El Cancio- 
nero Colocci-Brancuti abraza los dos géneros: el provenzal de los eru- 
ditos y el popular, también compuesto por los poetas eruditos, pero 
de origen é imitación juglaresca. Esta segunda vena lirica es la ver- 
daderamente nacional y de ella no hay rastro en el Cancionero de 
Ajuda, que es de composiciones más antiguas y puramente erudito-pro- 
venzales. Las Canciones de amigo se dijeron por repetirse esta palabra. 
con el sentido de amante, así como las de ledino, que parece un dimi- 
nutivo de ledo, alegre. Balada era especie de danza y su canción, de 
balar ó bailar, así en gallego, provenzal é italiano. Dista tanto esta 
poesia lirica popular del Cancionero de la Vaticana de la erudita que 
encierran los Cancioneros ordinarios, como la épica castellana erudita 
del mester de cleresia dista del Romancero y del Mió Cid. En las 66- 
composiciones á la provenzal y las 53 cantigas de amigo, de Dom Diniz- 
puede verse bien esta diferencia. Las serranas, vaqueras ó pastorelas,, 
las villanescas ó i'ilanas, ellas mismas están diciendo ser populares. 
Satíricas son las Cantigas de maldecir y de escarnio, las de joguete 
cerfeyro y las de risaelha (del reír), como las obras de burlas castella" 
ñas y los cantares cazurros, de los que el Arcipreste nos ha conservado- 
un ejemplo. 

¿Es cierto lo que M. Pelayo afirma {Antol. poct. l¡r. cast., t. III, 
pág. ix), que "la primitiva poesía lirica de Castilla se escribió en ga- 
llego antes de escribirse en castellano y coexistió por siglo y medio con' 
el empleo del castellano en la poesia épica y en todas las manifestacio- 
nes de la prosa"? Cierto es que la hubo y se escribió; pero esta lirica 
galaico-portuguesa, naturalizada entre algunos eruditos castellanos, ni' 
fué "la primitiva poesía lírica de Castilla" ni mucho menos, como luego 
añade, parece cierto que "este galleguismo no era meramente erudito, 
sino que trascendía á los cantares del vulgo. El mismo pueblo caste- 
llano, que entonaba en la lengua de Burgos sus gestas heroicas, se 
valía del gallego para las cantigas de escarnio y de maldecir, como lo 
prueban aquellos curiosísimos versos 

"Rey velho que Deus confonda..." 

con que los vasallos de Alfonso el Sabio increpaban al gran rey de 
Aragón don Jaime I, según nos refiere don Juan Manuel en su Conde- 
Lucanor". Tenemos aquí la eterna cuestión de confundir el habla con. 
la escritura. En primer lugar, en todo el Conde Lucanor, que me he 
leído para buscarlo, no he hallado nada de los vasallos de Alfonso el 
Sabio, de don Jaime I ni de los "curiosísimos versos", á lo menos en la 
edición de Rivadeneyra. Sea de ellos lo que fuere, ¿eran esos vasallos 
gente del pueblo?, ¿hablaban de por si ó repetían versos tradicionales 
gallegos ? Vengan pruebas de que el vulgo repetía versos gallegos- 
Claro está que hablo, no del vulgo de Galicia y aun León ó regiones- 



2C6 ÉPOCA DE ALFONSO EL SABIO (s. XIIl) 

■donde se hablaba más ó menos parecidamente al gallego, sino del 
vulgo donde sólo se hablaba castellano. Tales pruebas no las conozco, 

_y, por tanto, debo de suponer que el pueblo castellano no era bi- 
lingüe. En segundo lugar, el dicho de M. Pelayo supone que en Cas- 
tilla no hubo poesía lírica propiamente castellana, sino que la primi- 
tiva fué allí la gallega. A principios del siglo xiii, mucho antes 
de Alfonso X, escribía Berceo el citado cantarcillo de los judíos (Due- 

.lo) "Velat, aliama de los ludios", que no iba á traducir del gallego ni 
lo cantaban sino en castellano, ni era imitación de la poesía gallega, 

-í.unque se le parezca, sino uno de tantos cantarcillos españoles, que yo 
tengo para mi se cantaron siempre en España. La lírica, los cantares, 
son tan viejos como los refranes, y la variedad métrica de éstos res- 
ponde á la de los cantares. Los padres visigodos y los Concilios dan 
bien á entender que el pueblo los cantó en todo tiempo. Que Galicia 
fuera tierra particularmente acomodada á la lírica es tan cierto que 

-ahora mismo lo es y la misma lengua gallega, dulcísima cual ninguna 
de la Península, es tan propia de la lírica, que ella de por si se es 
lirismo puro, como es epopeya el idioma castellano. Pero eso no empece 
para que en el resto de España no hubiese cantares de versos cortos, 
lírica popular, en una palabra. Los autores que entienden de arte in- 
ternacional han proclamado que la poesía lírica es de toda la raza ibera. 
(Teóf. Braga, en la introducción al Cancionero de la Vaticana; Fauriel, 
Hist. de la Pocsie proveníale, etc.). En Provenza llegó antes á escri- 
birse; pero el origen ibero de sus primeros habitantes creen ser la 
raíz del lirismo, popular allí de muy antiguo. El mismo vocablo de 
balada y bailada, conocido ya por San Isidoro como poesía popular es- 
pañola, aparece en Provenza, Galicia y Portugal y es vocablo ibérico 
(Cejador, Tesoro de la lengua castellana, Labiales). Los pueblos ger- 
mánicos eran más épicos y originaron la épica del francés ó lengua 
d'oil; los meridionales de la lengua d'oc fueron líricos, como los galle- 
gos y toda España. Lástima grande que, como menospreciaron la épica 
popular nuestros eruditos hasta el siglo -xv, que, apreciámiola, la sacan 
del pueblo en los romances, asi pasasen tantos siglos sin acordarse de 
la lírica popular hasta que nos la mostró el Arcipreste de Hita y, en 
parte, Santillana, y tras otro largo sueño volviéronla á sacar de entre el 
pueblo Juan del Enzina, Lucas Fernández y Gil Vicente en villancicos, 
églogas y autos. El Renacimiento hizo que muchos poetas la menos- 
preciasen, aunque todavía se aprovecharon de ella los poetas más aman- 
tes de la tradición: Castillejo, Alonso de Alcaudete, Gregorio Silvestre, 
Góngora, Lope y Tirso. Hoy ha vuelto á renacer en Galicia, y algo 
menos en Castilla de lo que fuera de desear, aunfiiie el pueblo hoy, 

-como siempre, canta tan maravillosamente como jamás los mejores 
poetas eruditos cantaron. 

SOI. Cancioneros portugueses (Thcophilo Braga, Cancionero por- 
tugues da Vaticana, pág. xcv) : 

Libro de las Cantigas do Conde de Barccllos, citado en su testa- 



S. XIII. POEMA DE FERNÁN GONgALEZ 207 

mentó (1350), dejándolo á Alfonso XI de Castilla, compilación que 
hizo el Conde de muchos poetas. En el Cancionero da Vaticana huían- 
se canciones del Conde, de Alfonso XI y del de Ajuda hasta 56, atri- 
buidas á hidalgos de la corte de Dom Diniz. 

Cancioneiro de Dom Dinis -(Livro das Trovas de El rei Dom Dinis), 
estuvo en volumen aparte, según se sabe por el Catálogo de los libros 
del rey Dom Duarte. Fué incorporado en el de la Vaticana desde la 
canción 79. 

Cancioneiro da Ajuda, comienza en la hoja 41, fáltanle las anterio- 
res y al final no está acabado. No entraron en él las canciones de Dom 
Diniz y parece ser parte de otra colección mayor desconocida. 

Cancioneiro de Dom Mcncia de Cisneros, el que vio Santillana y con- 
tenía las canciones de Dom Diniz y los trovadores del Códice de Roma 
citados por Márquez. 

Cancioneiro da Vaticana, núm. 4.S03, con 56 canciones que están en 
el de Ajuda con variantes notables, lo que prueba que ambos códices 
vienen de diferentes fuentes. Tiene una parte relativa á los sucesos 
de la corte de Alfonso IV, que proviene de cancioneros extraños y 
posteriores al de Ajuda. 

Cancionero de Ajuda, edic. por Lord Stuart, 1824, y F. A. de 
A'ernhagen, Madrid, 1849, con el titulo de Trozas c Cantares d'um 
yodice do sectilo xiv. Carolina Michaélis de Vasconcellos, Cancioneiro 
da Ajuda, Halle, 1904, 2 vols. Cancionero del Vaticano (códice 4803), 
copia de mano italiana de principios del siglo xvi de un cancionero 
perdido, edic. E. Monaci, Halle, 1875, con el título de Cansonicre por- 
foghese delta Biblioteca Vaticana, Halle, 1875, y Theophilo Braga, 
Cancioneiro Portugucc da Vaticana, Lisboa, 1878, con introducción y 
glosario. Cancionero Colocci-Brancuti, de los nombres de sus poseedo- 
res Angelo Colocci en el siglo xvi y marqués Brancuti, en cuya biblio- 
teca lo halló Monaci, importantísimo por tener mejores variantes que el 
de la Vaticana y 470 canciones nuevas; editáronlo Monaci y su discí- 
pulo Molteni como tomo segundo del Cancionero de la Vaticana, Ha- 
lle, 1880. Consúltense: H. R. Lang, Cancioneiro Gallego-Castellano, I, 
New- York, 1902; A. Jeanroy, Origines de la poésie lyrique en France, 
París, 1889, pág. 334, etc. 

205. Entre 1250 y 1271 se escribió el Poema de Fernán 
Condales por un monje del monasterio de San Pedro de Ar- 
lanza, que se cree fundado por su liéroe (895 ?-97o). Fué el autor 
castellano viejo de la montaña de Burgos y tomó el asunto de 
los Cantares de gesta populares, conservando acaso trozos de 
ellos y por lo menos, además de epítetos y frases, el brío en la 
narración, el lenguaje guerrero (c. 316), el ardiente amor á la 
patria chica burgalesa (c. 58, 159, 174, 260). Este poema oca- 
sionó, sustituyéndolos, la pérdida de los cantares de juglares 



208 ÉPOCA DE ALFOXSO EL SABIO (S. XIIl) 

sobre la leyenda del primer Conde de Castilla; por eso tiene 
de lo popular y no menos de lo erudito, pues remeda á Berceo 
y al autor del Alixandre, ostenta erudición bíblica, discursea 
largamente y moraliza, no desconoce la epopeya francesa 
(c. 350), y escribe en la cuaderna vía del mester de clerecía. 
También tomó de la crónica anónima (Epitoma Impcratorum)^ 
de la crónica de Lucas de Túy (Chronicon Mundi, acabado el 
año 1236), de la de Turpin y acaso del tratado De laude His- 
paniae. 

2 06. Poem. Fern. Gons., 148: "Sobre todas las tierras meior es la 
Montanna". El códice escurialense, incompleto al final, muy incorrecto 
y con otras lag^unas, lo conoció Sánchez sin publicarlo ; extractáronlo 
en 1829 los traductores de Bouterweck y se imprimió entero en 1S63 
por Zarco del Valle y Sancho Rayón, en el tomo I del Ensayo de una 
biblioteca española de libros raros y curiosos, col. 763-804, siguiendo la 
copia de Bartolomé José Gallardo. \'olviólo á publicar F. Janer en 1864, 
Bibl. de Aut. Esp., t. LVII. Edición última, C. CarroU Marden, Balti- 
more, 1904. Consúltense: C. Carroll Marden, An episode iii the Poema 
de F. G., en la Revue hispanique, 1900, t. VII, págs. 22-27; R- Menén- 
dez Pidal, Notas para el Romancero del Conde Fernán González, en 
Homenaje á M. y Pelayo, t. I, págs. 429-507. 

207. En tiempo de Sanho IV el Bravo (1258?- 1295), tra- 
dujeron por orden del Rey el maestro Alfonso de Paredes, fí- 
sico del infante heredero don Fernando, y Pero Gómez, su 
escribano, la famosa enciclopedia escrita en francés Li Livres 
don Trcsor par Brunetto Latiiii (publicada en París, 1863), con 
el título de Libro del Tesoro. Al mismo Pero Gómez atribuyen 
algunos los 40 versos en la cuaderna vía de los Proverbios cu 
rimo del sabio Salomón, rey de Israel, ix)r lo menos así lo dice 
el manuscrito más antiguo, aunque no se sabe si es el mismo 
Pero Gómez ú otro diferente. Otros lo atribuyen á Pedro López 
de Ayala. 

208. Fué Brunetto tlorcnlino, tenido por maestro de Dante, y no 
hizo casi más que compilar textos latinos, sobre todo de San Isidoro, 
de Cicerón y de otras fuentes que ha estudiado el danés Thor Sundby, 
Della vita e delle opere di Brunetto Lalini, traducida, l'ircnze, 1884. 
Vino Brunetto en 1260 á Castilla como cmbaja<lor de los güelfos de 
Florencia á solicitar protección de Alfonso el Sabio. 

Proverbios en rimo del sabio Salomón, Rey de Israel. Ed. A. Paz 



S. XIII. LA GRAN" CONQUISTA DE ULTRANfAR 209 

y Melia, en Opúsculos literarios de los siglos xiv á xz'i, Sociedad de 
Biblióf. Españoles, 1892. 1 

209. Juan Gil de Zamora, colaborador de Alfonso X, escribió 
De praeconiis Hispaniae (1278-1382) y Liher illustrinm pcrsonarum y 
Otras obras (Nic. Antonio). José de Loaysa, también colaborador del 
mismo Rey, y Arcediano de Toledo, continuó en castellano la Historia 
Gothica de don Rodrigo; pero se perdió, y sólo la conocemos por la 
traducción latina de Armando de Cremona ; ed. Morel-Fatio, Bibl. de 
l'Ecole de Chartes, t. LXIX; G. Cirot, De opcribus historiéis Joa)niis 
Aegidii Zamorcnsis, Burdeos, 1912. 

210. En el mismo reinado de Sancho IV se escribió la 
compilación llamada Lucidario, en io6 capítulos, sacada del 
Speculuui natnrale, falsamente atribuido á Vicente de Beauvais 
(■f 1264), donde se tratan cuestiones curiosas y algo pedantes 
de historia natural y física. 

El Especulo, Espeio de todos los derechos, que antes se 
tenía por una especie de esbozo de las Partidas, se atribuye hoy 
en parte á Sancho IV y á los descontentos del Rey Sabio. 

La Gran conquista de Ultramar es obra de fines del si- 
glo XIII y por lo menos se acabó bastante después de la muerte 
de Sancho IV. Contiene las leyendas del Caballero del Cisne, 
de Berta v de Mainete. Es la historia de las Cruzadas hasta 1271. 

211. La Gran Conquista de Ultramar es una adaptación de la His- 
toria rerum in partibus transmarinis gestarum, de Guillermo de Tyro 
(t 1 184) y, según Grousac, tiene por fundamento el Román d'Eracle, 
versión francesa del libro de Guillermo de Tyro. Tiene trozos de la 
Chanson de Jérusalem y la Cansó d'Antiocha, refundición de un origi- 
nal perdido que compuso Gregorio Bechada, siendo la primera obra 
castellana que tiene cosas tomadas de la literatura provenzal. 

En torno de la primera Cruzada se formó un ciclo épico cuyas ramaá 
son la Canción de Antioquia, la de Jerusalén, los Cautivos, Helias y la 
Infancia de Godofredo de Bullón. A la última pertenece la leyenda del 
Caballero del Cisne, supuesto antepasado del conquistador de Jerusalén, 
y que ocupa más de cien capítulos, desde el 47, en la Gran Conquista 
de Ultramar, y es lo más poético de esta obra. Es el Lohengrin, que en 
Alemania aparece en 1200. 

212. La Gran Conquista de Ultram<ir. Ed. P. de Gayangos, 
Bibl. de Aut. Esp., t. XLIV. Consúltese: G. Paris, La Chanson d'An- 
iische provéngale ct la Gran Conquista de Ultramar, en Romanía (1888), 
t. XVII, págs. 513-541; (1890), t. XIX, págs. 562-591; (1893), t. XXII, 

'4 



210 ÉPOCA DE ALFONSO KL SABIO (s. XIIl) 

págs. 345-363 ; J. F. D. Blóte, Mainc in dcr Sage vom Schivanritter, en 
Zeitschrift für romanische Philologie (1903), t. XXXVII, págs. 1-24; 
Emeterio Mazorriaga. La leyenda del Cavallcro del Qisnc, transcrip- 
ción anotada del códice de la Biblioteca Nacional, 2454, Madrid, 1914} 
A. Bonilla, Las Leyendas de Wagner en España, Madrid, 1913 

213. A fines del siglo xiii parece compuso la Historia del 
Cauallero de Dios que auia por nombre Cifar, probablemente 
un eclesiástico toledano, conocedor de las novelas bretonas, de 
los lais de María de Francia y de los ix>emas de Chrétien de 
Troyas. Es una novela caballeresca con mezgla de picaresca, por 
sus dos personajes, pues el ribaldo es un verdadero picaro escu- 
dero, un Sancho Panza, y Roboan un caballero andante. Es, 
pues, el primer ensayo de entrambas clases de novelas, tan es- 
pañolas y tan divinamente cifradas en el Quijote. Pudo leerlo 
Cervantes, por haberse impreso en Sevilla, 15 12. Sin embargo, 
está tan cargada de cuentos, apólogos, sentencias y moralida- 
des, que todavía pertenece, en parte, al género didáctico hasta 
entonces cultivado. Es, pues, obra de transición en la que se 
mezclan lo caballeresco, lo didáctico y lo hagiográfico. 

214. Historia del Cavallero Cifar. Ed. H. Michelant, Tübingen, 
1872 (Bibl. des litt. Vereins iti .Stuttgart, t. CXII). Consúltese: 
C. P. Wagner, The sources of El Cavallcro Cifar, en Rcz'iie hispani- 
que (1903), t. X, págs. 4-104; M. Pelayo, Orig. de la noz'cla, pági- 
na CLXXXVII. 

215. Aíio 12^5. — Raimundo Luli. ó Lulio (1235-1315'» nació en 
Palma de Mallorca, pasó livianamente en amoríos y devaneos su mo- 
cedad, á pesar del cargo de senescal que tenía en la corte del Rey de 
Mallorca y del matrimonio que por orden de éste contrajo. Sólo se 
convirtió, según la tradición, al penetrar á caballo por la iglesia de 
Santa Eulalia, durante los oficios, tras la hermosa genovesa Ambrosia 
del Castcllo, cuando le descubrió ella su seno devorado por un cáncer. 
Abandonó casa, mujer é hijos y dióse á penitencias y estudios. Tuvo des- 
de entonces tres intentos: la cruzada á Tierra Santa, la predicación de! 
Evangelio á judíos y musulmanes y hallar un método ó ciencia nueva 
con que demostrar racionalmente las verdades de la religión á sus 
opugnadores. Para ello aprendió el áral)e, y en el monte Randa imaginó 
el Arte universal; logró de don Jaime II de Mallorca, en 1275, la crea- 
ción de un colegio de lenguas orientales en Miramar, para que los re- 
ligiosos Menores saliesen de él dispuestos á convertir á los sarracenos, 
fundación que aprobó Juan XXI el año primero de su pontificado. El 
mismo dcscriln; en Blanqucrna la vida de .soledad y contemplación que 



S. XIII. 1275. RAIMUNDO [.ULIO 211 

hacía en Miraniar y en Randa; pero luego parte para Roma para impe- 
trar de Nicolás III la misión de tres franciscanos á Tartaria y el per- 
miso de irse él mismo á predicar á los mahometanos, y peregrinó por 
Siria, Palestina, Egipto, Etiopia, Mauritania. Vuelto á Europa enseñó 
en Montpellier su Arte, y logró de Honorio IV la creación de otra es- 
cuela de lenguas orientales en Roma; estuvo dos años en la Univer- 
sidad de Paris aprendiendo gramática y enseñando filosofía ; instó á 
Nicolás IV para que predicase la cruzada; fué á Túnez, donde predicó, 
salvándose por milagro; acudió á Bonifacio VIII con nuevos proyectos 
de cruzada, y predicó en Chipre, Armenia, Rodas y Malta. Nuevos via- 
jes á Italia y Provenza; más proyectos de cruzadas oídos con desdén 
por el Rey de Aragón y Clemente V ; otra misión á África, donde vuel- 
ve por milagro á salvarse. En 1309 la Universidad de París le autorizó 
para enseñar su doctrina contra los averroistas, y en 1311 se presentó 
al Concilio de Viena con muchos proyectos. Fué otra vez á Bugia 
en 1314, y allí logró la palma del martirio, siendo apedreado. 

Filósofo famoso, poeta y novelista insigne, teólogo, místico, contro- 
versista y apóstol de la fe. Escribió <:n su lengua nativa y en latín, so- 
bresaliendo literariamente por sus novelas filosóficas Blaiiqucrna (1283) 
y el Libre apellat Félix de las maravelles del mon (1286) ; son también 
notables el Libro del Gentil y de los tres sabios, escrito primero en árabe 
por Lulio mismo, luego en su lengua. Libre del Gentil c los tres Savis; 
y el Libre del Orde de Cauayleria. 

Tuvo controversias con moros y judíos sobre teodicea racional: Libro 
del Gentil y de los tres sabios. Liber contradictionis inter Rayniitndum 
et Averroistam. Disputatio Raymundi Lnlli et Homarii Sarracenia 
Obras ascéticas como Libro de las Contemplaciones. Blanqnerna. 
Libro del amigo y del amado. Philosophia Amoris. Líber Proverbio- 
rum, etc., etc., sin contar las poesías en lengua vulgar. Obras filosó- 
ficas: Ars Generalis. Ars brevis. Ars inventiva veritatis. Ars Magna, 
GeneraUs et ultima. Tabula generalis ad omnes scientias appUcabilis. 
Liber de ascensu ci descensu intellectus. Liber de lumine. Ars volunta- 
tis. Ars Atnativa boni. Lógica Parva. Lógica Nova. Liber lamentatio- 
nis duodecini principiorum philosophiae contra Averroistas. Liber de 
principas philosophiae. Liber de anima raiionali. Metaphysica Nova. 
Liber de ente reali et rationis. Liber de homine. Liber de contempla- 
tione. Arbor Scientiae. Tractatus de articuHs fidei. De Deo ignoto et 
de mundo ignoto. Disputatio Raymundi et Avcrroistae. Liber disputa- 
tionis intellectus et fidei. Liber de convenientia quam habent Pides et 
intellectus in obiecto. Ars theologiac et philosophiae mysticac contra 
Averroem. De ente simpUciter per se. contra errores Averrois. Liber 
de reprobatione errorum Averrois. Liber quaesÜonum. super quatu-or li- 
bros Scntentiarum. Quaestioncs Magistri Thotnae Attrebatensis solutae 
secundum artem, etc. Las primeras cátedras lulianas en Barcelona y 
Palma se abrieron en 1478 y 1481. Los primeros maestros oficiales del 
lulismo: Juan Llobet {De Lógica et Metaphysica), Pedro Dagui (Janiia 
Artis. Tractatus formalitatum. Metaphysica), Jaime Grener {Januarius. 



212 ÉPOCA DE ALFONSO EL SABIO (s. XIIl) 

Ingressiis reriim intcUigibilinm Raymundi Lulli. Ars Mctaphysica Natii- 
ralis, etc.). De Derecho: Ars Principionim Inris. Ars de lurc. Ars utrius- 
que inris. Sobre literatura escribió Retórica. De ciencias : Tractatus de 
Astronomia. Ars Astrologiae. Liber de planctis. Geometría Nova. Geo- 
mctria Magna. Libre de circulis. Ars Arithmctica. Ars navigandi (véase 
M. Pelayo, Ciencia españ., t. I, pág. 105, 3." ed.). Sendo lulianos son: De 
secrcti.s nciturac seu de Quinta Essentia. Epistola accurtationis lapidis 
Philosophorum. Testamentum N ovissimum. Cantilena Raymundi Ltilli. 
Elucidatio Testamenti R. L. Lux Mcrcuriorum R. L. Maioriccnsis. Liber 
Mcrcuriorum. Experimenta R. L... in qiiibus vcrae philosophiac chymicae 
operationes clarissimc traduntur. Liber artis compendiosac quem Vade- 
mécum nuncupavit. Compendium animae transmutationis artis metallo- 
rum. Apertorium. Ars intellectiva super lapidem philosophontm. Pra~ 
etica Ray. Lulli. Magia Naturalis. Tcrtia distinctio quintae essentiae. 
Lucidarium totius Testamenti. Libre naturae et Lumen nostre lapidis. 
Jnvestigatio secreti occulti. Estos tratados de alquimia se le atribuían 
antes; pero son apócrifos, aunque, de todos modos, como de autores 
españoles de los siglos xiv, xv y xvi merecen recordarse. Raymundo 
Lulio no se dio nunca á la alquimia, y así tampoco se le atribuyen más 
que, falsamente, no pocas invenciones de esta arte. Sobre estos tratados 
y otros de alquimia, véase José Ramón de Luanco, La Alquimia en Es- 
paña, Crónica Científica, de Barcelona. De Medicina: Liber de prinei- 
piis Medieinac. Ars compendiarla Medieinae. Liber de regiminibus sa- 
nitatis et infirmitatis. El Libro Félix. 

216. Año I28¡. — Arnaldo de Vilanov.-\ (1240-1311) nació en uno 
de los pueblos llamados Vilanova, de tierras de Lérida, fué "de terruño 
ignoblc y oscuro", "nada por su origen", había aprendido teología con 
los dominicos de Montpellier; hebreo, con Raymundo Martí. Sabía el 
árabe, y de sus maestros en Medicina cita á Juan Casamida y Pedro de 
Musadi, y fué acaso el más eminente en esta facultad de entre los cris- 
tianos de la Edad Medía. Se dio á la alquimia, auncjuc más adelante 
(|uemó sus escritos de esta arte. Fué corto de vista, de ingenio vivo, 
agudo y pronto y no releía sus obras. Llevóle su fama á la corte de 
don Pedro III de Aragón, el cual, en 1285, "por los niuohos servicios 
que había recibido y esperaba recibir de su amado Físico", le regaló el 
castillo de Ollers, cerca de Tarragona, y el mismo año le tomó ¡lor 
testigo de su último codicilo. Don Jaime II también le protegió, y no 
menos su hermano don Fadrique ó Federico, rey de Sicilia, y le lle- 
naron de niiercedes. En 1302 don Jaime cedió "á su venerable y amado 
consejero" la gabela de la sal de Burriana y plena licencia para donar 
ó legar "á iglesias y lugares religiosos" las casas, censos, honores y 
posesiones que tenía en el reino de Valencia. V.n 1299 fué í.\q embajador 
á I-rancia, llamándole don Jaime "su consejero y familiar", "físico, 
canciller y familiar nuestro". Redactó para el reino de Sicilia, por en- 
cargo de Federico, unas Constituciones, autorizadas en 1310 por el 
Rey como leyes. Murió antes de 1312. En 131Ó fueron condenadas al- 



S. XIII. S. PEDRO rASCfAL 



2l3 



i;unas proposiciones teológicas suyas. Sus obras se publicaron en Lyon, 
1504; París, 1509; Venecia, 1514; Lyon, 1520, 1532; Basilea, 1585. 
Escribió con sentido herético el Comentario del Apocalipsis^ el De 
adz'Cntii Antichristi, etc. Son en la de Basilea: En el tomo I, de medicina: 
Spcculum introdnctionum mcdicinaliuni. Aphorismi. De parte operativa. 
De húmido radicali. De conceptione. De simplicibus. Antidotarium. De 
phlebotomia. De dotihus theriacalibus. Líber aphorismorum. De z'inis. De 
oquis mcdicinalibus. De conferentibus ct nocentibus principalibus mem- 
bris nostri corporis. De ligaturis. Expositioncs X'isionnm quae fiunt in 
somnis. De regiminc sanitalis. Régimen sanitatis. De regimine castra se- 
quentium. De conservanda iuveniute et rctardanda senectute. De boni- 
iate memoriae. De coiiu. Considerationes operis medicinac. Medicationis 
parabolae. Tabulac qitac medicum informant. Breviarium practicae. 
Practica summaria. De cautelis medicorum. De modo pracparandi cibos 
et potus infirmorum. Compendium regimenti acutorum. Regulae gene- 
rales de febribus. Régimen sive consilium quartanac. Consilium sive 
curatio febris hecticae. Consilium sive régimen podagrae. De sterilitate. 
De signis leprosorum. De amore heroico. Remedia contra maleficia. De 
venenis. De arte cognoscendi venena. Contra calculum. Régimen... contra 
catharrum. De tremare cordis. De epilepsia. De esu carnium. Recepta 
electuari mirabilis. De ornatu midierum. De decorationc. Commentum 
super régimen Salcrnitanum, etc. En el tomo II, de química : Thesaurus 
thesaurorum. Noviim lumen. Sigilla duodecim pro totidem coelestibus 
signis. Magisterium et gandium. Epístola super Alchimiam. Capitula 
Astrologiac. Flos florum. Atribuyansele otras varias obras, que pueden 
verse en Nicolás Antonio. 

217. En el siglo xiii San Antonio de P.\dua interpretó mística- 
mente y manifestó las concordancias morales de la Sagrada Escritura. 
El neófito Fray P.\blo Christiá tuvo controversias con Rabí Moseh 
Najman, de Gerona, y otros doctores judíos en tiempo de don Jaime el 
Conquistador. Se hicieron en este siglo las primeras traducciones cas- 
tellana y catalana de la Biblia. Fr.\y Poncio Carbonell escribió una 
inmensa Catena ó colección de sentencias de expositores sagrados. El 
converso Alfonso de Valladolid (Rabí Abner de Burgos) empleó 
por primera vez en las controversias bíblicas el castellano, escribiendo 
el Monstrador de Justicia, el Libro de las tres gracias y el de las Bata- 
llas de Dios. Fray Ramón de la Puente, dominico, natural de Fraga, 
obispo de Valencia desde 1283, escribió De sacramentis. Fray Miguel 
de Fraga, dominico, De donationibus factis coenobio Pracdicatorum 
Valentiae. En Teología fueron célebres, además del Pugio fidei, el 
Planeta, obra enciclopédica de Diego de Campos. 

S.\N Pedro Pascual, obispo de Jaén, en los últimos días del siglo xin. 
durante su cautiverio en Granada, escribió Libro contra las jadas et 
ventura et horas minguadas et sigios et planetas. De la historia de 
Mahomat... y de su secta de los Moros y como se prueva que no es 
verdadera. De la encarnación de Jesu Christo. De la nacencia de J. C. 



2 14 ÉPOCA DE ALFONSO EL SABIO (S. XIIl) 

De cómo adoraron los tres Reyes Magos á N. S. Glossa al Patcr nostcr. 
Libro en que se prueva que Dios es Trinidad. Explicación de los diez 
mandamientos. E.rplicación del Credo. Ms. en dos vols., de Argote de 
Molina, hoy de El Escorial (Nic. Antonio). 

218. Entre los primeros escolásticos españoles hay que poner á 
Pedro Hispano, después Juan XXII, que compuso las Sutnulas logicales, 
obra popular en los estudios que aun en el siglo xvi halló comentadores 
como Esbarroya, Ciruelo, Mercado y Alonso de Vera-Cruz, y fué autor 
de los bárbaros versos de los modos y figuras del silogismo. 

-í9. Y^\ filósofo árabe murciano Abex-Sabin respondió á las pre- 
guntas filosóficas del emperador Federico II. Las persecuciones de los 
almohades mataron entre los árabes la Filosofía, la cual pasó á los ju- 
díos. El judío Sem-Tob-Falaguera tradujo á Avicebrón de arábigo en he- 
breo, y comentó á Maimónides : Diálogo entre un teólogo y un filósofo 
sobre la concordia entre la religión y la filosofía. Guía de las cien- 
cias ó principios de la Sabiduría. Tratado del Alma. Apología de Mai- 
mónides, etc. 

220. Intérpretes del Derecho romano fueron el M. Jacome Ruiz 
ó Jacobo de las Leyes, que escribió Flores de las leyes ó Suma legal v 
el Doctrinal de los pleitos; el M. Ferrando Martínez. Maestre Rol- 
dan, Las Partidas; Bernardo Compostellano, Apostillae in Codicem et 
Digestum. Scholia in secundam collectioncm Decretalium. Collcctio 
Decretalium ó Compilatio Romana. Lectura Áurea super primum librum 
Decretalium. Breviarium iuris canonici. Casus super Decretales librí V. 
Apparatus in Decretales. Summa quacstionnm e.v Decrctalibus. Notnbilia 
novae compilationis Decretalium. Juan de Dios escribió: Cavillationcs 
seu doctrina advocatorum partium et assessorum. Apparatus Decrcto- 
rum. Breviarium Decretorum. Liber Dispensationum. Summa sub ccrtis 
casibus Decretalium. Liber iudicum, etc. Vicente Hispano: Apparatus 
super quinqué libros Decretalium Gregorii IX. Casus Decretalium, etc. 
San Raimundo de Peñafort, autor de la compilación de las Decretales, 
mandada hacer por Gregorio IX : Compilationes Decretalium Gre- 
gorii IX. Summa Raymundina. Dubitabilia cum responsionibus. De 
dtiello et bello. Juan García, autor del Super Decrctalibus libri quinqué, 
fué el primer profesor que tuvo sueldo fijo en Bolonia. D. \'ital de 
Canella.s, obispo de Huesca, autor de la compilación legal, hecha en 
tiempo de D. Jaime el Conquistador, del Derecho aragonés (1246), la 
ilustró con glosa: Ad Foros Aragonum Regni Commentaria. El mismo 
D. Jaime escribió el Libre de la Sat'iesa. El Maestre Pedro Gómez 
Barroso: Libro de los Conseios et Conscieros de los Príncipes para su 
buen gobierno. 

221. La obra filológica de mayor importancia fué en el siglo xiii 
el Vocabulario Arábigo-Latino, el primero que se conoce, de Fray 



S. XIII. FR. RAMÓN MARTÍ 21 5 

Ramón Martí (i230?-i286?), dominico, natural de Subirats, en Catalu- 
ña, gran teólogo, filósofo, escriturario y filólogo. El Vocabulario ha 
sido publicado por Sciapparelli, 1871. Fué además utor de la famosa 
apología contra moros y judíos llamada Pugio fidei, que se publicó en 
París, 1631. 

Ramón Vidal de Besalú escribió Reglas ó drcita maniera de trabar. 

222. MoHAMAD Aben-Quich compuso el Lapidario, libro que va 
unido á los Lapidarios, de Rabí Jehudah Mosca-ha-Qaton y, como ellos, 
fué mandado traducir por Alfonso X. Este Rabí tradujo del árabe 
desde 124 1 á 1250, por orden del mismo Rey, con el clérigo Garci Pérez, 
los tres Lapidarios, de Abolays. Otro Lapidario hay al fin del Poridat 
de Paridades, que se atribuía á Aristóteles. Abu Mohamed Abdai.lah- 
ben-Ahmed ó Aben-el-Beithar, de Málaga, compuso la Gran Colección 
de medicamentos y alimentos simples (Almofridat), la mejor obra de 
botánica y materia médica de la Edad Media. 

223. En Medicina fué notable Aben Aljhatib, que escribió De la 
peste. Cuestiones de Medicina. De la confección de la triaca. Trata Jo de- 
Medicina. De la generación del feto. De los medios de conservar la sa- 
lud. Poema sobre la medicina. Poema sobre los alimentos. 

De un judío es el Libro de Isaaque, en castellano, sobre las fiebres, 
incluso las intermitentes. Un médico toledano anónimo, probablemente 
judío, escribió uno de los primeros tratados de Topografía médica, vul- 
garmente conocido por Medicina Castellana Regia; floreció en tiempo de 
Fernando IV de Castilla. 



ÉPOCA DIDÁCTICA 
(siglo xi\^) 



224. Resumen histórico. Reyes de Castilla y de León: Fernan- 
do IV cl Emplazado (1295-1312). Alfonso XI el del Salado (1311-1350). 
Pedro I el Cruel (1350-1369). Casa de Trastamara: Enrique II el de las 
Mercedes (1369-1379). Juan I (1379-1390). Enrique III el Doliente 
(1390-1407). Los Benim«rines vencidos en el Salado (1340). Cisma de 
Occidente (1378-1417). Fundación del Cóleg-io de San Clemente de Bo- 
lonia por el cardenal don Gil de Albornoz (1364). 

Literatura francesa. Cronistas, Joinville (1224-1319) y Froissart 
(1337-1410) ; poetas, Guillaume de Lorris (t 1260) y Jean de Meung 
(t 1305); dramáticos y líricos, Adam de Le Halle (t 1286), Ruteboeuf 
(contemporáneo de Luis y Philippe le Hardi), Eustache Deschamps 
(t 1407). 

Literatura provenzal: G. Molinier (hacia 1350), Flors'dcl gay saber 
ó Leys d'Amors. 

Literatura italiana: Petrarca (1304-1374), Rime, Trionfi y obras la- 
tinas; Boccaccio (1313-1375), Dccaincrón, Filocolo. Filostrato, La Fiam- 
mctta, II Ninfale Fiesolano, Ameto, L'amorosa Visionc; Francisco de 
Barberino (1264-1348), / documenti d'Amorc, Del reggimento c costomi 
di donne; Sacchetti (1335-1400); el historiador Villani (t 1348), Santa 
Catalina de Sena (1347-13801, Cartas: Salutati, humanista. 

225. Tres grandes escritores llenan el siglo xiv : don Juan 
Manuel, cuentista moralizador ; el Arcii>rcstc de Hita, poeta de los 
grandes del mundo; Pero López de .\yala, nuestro historiador 
más antiguo. El espíritu de los tres es didáctico y de moralista, no 
menos f|ue el de Sem Tob, el tínico poeta de segundo orden, y cl 
de los grandes prela<los y demás escritores eclesiásticos de este 
siglo. Al cual poflemos llamar, por consiguiente. Época didác- 
tica, aun(|nr el Arcipreste de if¡l;i, ¡iroponiéndose en.señar. 



S. XIV. POEMA DE JOSÉ 2I7 

además de liacerlo como nadie, narrando apólogos, se levante 
como vate extraordinario y parezca y sea de hecho un lírico y 
un dramático de los mayores que ha habido en España. 

El lenguaje castellano erudito, el único que de esta época 
conocemos, se hace más castizo y menos latino en estos autores, 
cobrando matices y bríos, sobre todo en manos del Arcipreste, 
merced á su ingenio popular, que le lleva á sacar del habla del 
vulgo otra más nueva }• rica sátira, de la que Berceo y los otros 
escritores del íiicstcr de f/rrcria sacaban de los libros latino- 
eclesiásticos. El caudal léxico se enriquece, hácese más doble- 
gadiza y blanda la construcción y el engarce de las frases, prefié- 
rense los vocablos populares á los latino-eruditos y el habla, en 
suma, toma mayor color y fuerza. 

226. La l'ida de San Ildefonso debió de escribirse á poco 
de haberse instituido la fiesta del santo en el Concilio de Peña- 
fiel, en Mayo de 1302. En sus 1034 alejandrinos procura el 
autor, beneficiado de Ubeda, imitar la sencillez y unción de 
Berceo ; pero no lo consigue por no tener sentimientos ni orejas 
de poeta. 

22 7. Al final de la J'ida declara el autor haber puesto en metro la 
historia de la Magdalena, cuando era beneficiado de Ubeda. El manus- 
crito es abominable y del siglo pasado, de donde la publicó por primera 
vez Janer (1864) ; el códice original, que estaba en San Martín de Ma- 
drid en tiempo de Sánchez, no se sabe dónde para. Ed. Bibl. de Aut. 
Esp., t. LVII. Consúltense: A, Restori, Alcimi appunti su la Chiesa di 
Toledo nel secólo xin, en Atti della Reale Academia dcllc Scien::e di 
Torino, 1893, t. XXVIII, págs. 54-68. 

228. Pertenece al incster de clcre"ia el principal de los mo- 
numentos aljamiados, esto es. escritos en romance con letras 
arábigas ó hebraicas, compuestos por mudejares, moriscos y 
judíos, la Historia de Yitciif ó Poema de José, Hadig de Yucjif, 
que hizo algún mahometano, sacando el asunto, no de la Biblia, 
sino de la duodécima sitra ó capítulo del Coran, con añadiduras 
tradicionales entre moros y judíos. Escrita para musulmanes 
esta historia del hijo de Jacob, nada tiene del arábigo más que 
la invocación á Allah. En ella el principal papel lo hace la infiel 
esposa de Putifar, llamada aqui Zuleika ó Zalija. Está en la 
cuaderna vía y se lee con gusto por su apacibilidad. 



2l8 ÉPOCA DIDÁCTICA, SIGLO XIV 

229. Alfonso el Sab'o insertó este asunto en su Grande c General 
Estoria y fué varias veces contado en prosa castellana por nuestros 
moriscos, como puede verse en un libro publicado recientemente por 
Guillen Robles. El Yucuf se conserva en uos manuscritos muy defectuo- 
sos, el más antiguo de los cuales y el menos castellanizado permite afir- 
mar que el autor fué algún morisco aragonés de fines del siglo xiii ó 
principios del xiv. Transcribiólo en letra vulgar Pascual Gayangos, y 
se lo dio á Ticknor para que lo insertase en los apéndices al tomo III 
de su History of Spanisch Uteratnre, de donde lo han copiado los demás. 
Se ha publicado después el texto en letra arábiga. El Poema de José, 
ed. H. Morf, Leipzig, 1883 ; M. Schmitz, Ucber das altspanische Poema 
de José, en Romanischc Forschungen, 1901, t. XI, págs. 315-411 y 
623-627; Bibl. Aut. Esp., t. LVII (estas ediciones reproducen el Ms. de 
la Bibl. Nacional de Madrid, la primera en letra arábiga, las otras dos 
en letra latina), Poema de Yúquf, ed. R. Menéndez Pidal, en Revista 
de Archivos, 1902, t. VII, págs. 91-129, 276-309, 347-362 (reproducción 
del Ms. de la Academia de la Historia de Madrid, en letra arábiga y 
latina). Consúltense: J. Saraoihandy, Keiucirqucs sur le Pocme de Yiigiif, 
en Bulletin hispanique, 1904, t. VI, págs. 182-193; J- D. M. Ford, The 
oíd Spanisch sibilants, en Studies and Notes in Philology and Litera- 
ture, Harvard University, 1900, t. VII, págs. 153-159; ^I- Grünbaum, 
Gesammcltc Aufsatze sur Sprach-und Sagenkunde, Berlín, 1901, pági- 
nas 548-551. 563-593- 

230. Sobre los aljamiados, etc.: Francisco Codera y Zaidin, Alma- 
cén de un librero morisco descubierto en ALmonacid de la Sierra, en el 
Boletín de la R. Academia de la Historia, 1884, t. V, págs. 269-276; 
Pablo Gil, I-os manuscritos aljamiados en mi colección, en el Homenaje 
á Codera, Zaragoza, 1904, págs. 537-549; Pablo Gil, Julián Ribera y 
Manuel Sánchez, Textos aljamiados, Zaragoza, 1888; Francisco Guillen 
Robles, Leyendas moriscas, Madrid, 1885-1886, 3 vols. ; id., Leyendas de 
José, hijo de Jacob y de Alejandro Magno, Zaragoza, 1S88, Bibliot. de 
Escritores Aragoneses, t. V; Marcus Joscph Müller, Morisco Gcdichte, 
en el Sitzungsbcrichte del Konigl. bayer. Akademie der If'issen- 
jchaften su München, 1860, Heft I, págs. 201-253; Eduardo Saavedra, 
Discurso sobre la literatura aljamiada, 1878, en las Memorias de la 
Real Academia Española. 1889, t. VI, págs. 140-192 y 237-328. 

231. lín 1305 escribió en Monpesier 15ei<nakuo Gordonio el Libro 
de mcdecina. Las labias de los ingenios. El Regimiento de las agudas. 
El tractado de los niños con el regimiento del ama. Las pronosticas. 
Imprimiéronse en Toledo, 1513; Madrid, 1697. 

I'2n 1305 celebró Fernando IV Cortes en .Medina del Campo, cuyo 
texto -sc conserva, así como el de las de Valladolid, 1307. 

Recordemos que en 1309 Moisís-ben-Shem-Toh, de León, dio á co- 
nocer el famoso libro llamado Zohar. en siro-arameo, y parece haberse 
compuesto en el siglo 1. 



?. XIV. DOX JUAN MANUEL 2I9 

Fray Pedro Pekpiña.vo de Riu, carmelita, escribió por aquel tiempo 
Super Sententiarum libri IV. Quaestiones Sentcntiarum libri II. In 
Psalmos. Sermones varios. 

Don Gonzalo de Hinojosa (t 1319) obispo de Burgos desde 1313, 
cribió Abbrcviatio historiarum Rcgum omnium Cliristianoriim. 

Fray Arnaldo de Rosignol^ valentino, mercedario, escribió hacia 
1314 un Comentario al cap. Nunquam y De consecratione. 

Hacia 1320 floreció el Doctor Dulcíflco Antonio Andrés, teólo- 
go escolástico, discípulo de Escoto, franciscano aragonés, escribió Com- 
mentarii in avtcm vctcrem Aristoidis. In libros ser principiorum Gil- 
berti Porretani. In libros Peri-hermenias Aristotclis. In libriim diz'isio- 
tmm Boethii. In acto libros physicorum. In XII libros nietaphysicae. In 
quatuor libros Sententiarum. 

Hacia 1322 floreció Fray Miguel Carmell, mercedario aragonés, 
que escribió In Canticmn Canticorum. 

D. Ximen Pérez de Salanova^ Justicia de Aragón, dicen escribió un 
tomo de Observantiae ; vivió hasta 1330. Jayme Hospital (hacia 1349), 
Observantiae. Otros comentadores de las leyes aragonesas: Juan Pedro 
DE Patos, Pedro Lanaja, Martín de Pertusa, Juan Antich Bages, 
Juan del Río, Martín de Larraga, etc. 

El M. Pedro Compostelano escribió, hacia 1325, De Consolatione 
Ratioms, parte en verso. Fray Guillermo Rubio, franciscano aragonés, 
escribió In quatuor libros Sententiarum. 

232. El principe don Juan Manuel (1282-1348) debe po- 
nerse antes del Arcipreste de Hita, por pertenecer más de lleno 
á la escuela didáctica y del apólogo, tanto, que es el principal de 
ella. Nació en Escalona, del infante don Manuel, postrer hijo 
de San Fernando, y de doi"ia Beatriz de Saboya, hija de Ame- 
deo IV, conde soberano de dicho Estado. Perdió á su padre á 
los veinte meses, quedando bajo la dirección de su madre, que 
le dio por mayordomo á Juan Sánchez de Ayala, y por ayos á 
Gómez Fernández de Orozco y á Alfonso García. Titvole en su 
casa y cuidó de él don Sancho IV, acrecentando su herencia, 
con la cual labró el Príncipe su castillo de Peñafiel, su preferida 
morada, fundando allí mismo un monasterio de dominicos. En 
1294, de doce años no cumplidos, entró en tierra de Vera como 
Adelantado del reino de Murcia, venciendo á los moros grana- 
dinos ; peleó luego con aragoneses y navarros, que, en paz ajus- 
tada en 1289 con los de la Cerda, tomaban villas y castillos en 
Murcia y Alicante. Antes de los veinte negoció hábilmente, en 
nombre de la reina doña María de Molina y de su hijo don Fer- 
nando, con don Jaime II, logrando en premio la mano de la in- 



220 ÉPOCA DIDÁCTICA, SIGLO XI\- 

fanta aragonesa doña Constanza, hija de don Jaime, para dentro 
de ocho años, por ser muy niña todavía. Su mediación con los 
Infantes de la Cerda le valió el señorío de Villena. Pero su am- 
bición le lleva á asociarse con el infante don Felipe contra don 
Juan el Tuerto por la tutoría de don Alfonso XI, y luego se alia 
con el segundo contra el primero y hasta se declara contra el 
Rey, la Regente y sus cortesanos, declarándolos reos de muerte. 
Gracias que el Rey le ganó para sí pidiéndole la mano de su hija 
doña Constanza, á quien hizo Reina, dándole en cambio casti- 
llos y alcázares y el titulo de Adelantado Mayor de la frontera 
y del reino de Murcia, con lo cual, satisfecho, entró en el reino 
de Granada, venciendo á Osmin orillas del Guadalhorce. Otra 
vez se levantó contra Alfonso XI, y ésta aliándose con los mis- 
mos moros vencidos, añadiendo la "despedida del Rey", y 
"desnaturamiento" del reino, usando del "fuero de la tie- 
rra". Motivo, el haber encerrado el Rey á su esposa, hija de 
don Juan ^Manuel, en el castillo de Toro. En esto murió su 
nuijer, doña Constanza de Aragón, año de 1327. Alióse con 
doña Juana Núñez de Lara, viuda de don Fernando de la Cerda, 
y ajustó las bodas de los dos hijos de ésta, tomando él la mano 
de doña Blanca y ofreciendo á don Juan Núñez, alférez mayor 
del Reino, la de doña María, hija de don Juan el Tuerto. Luego 
buscó amistades en Portugal, ofreciendo al infante don Pedro 
la mano de su hija, la que fuera Reina de Castilla, y fué ace]>- 
tada. Solicitó, además, y logró el apoyo del rey de Granada 
Mohammad III y, en fin, metió cizaña entre los privados del 
Rey, atrayéndose algunos á su bando. Con esto pudo luchar con 
su sobrino don Alfonso XI, turbando la tierra, hasta tener que 
humillársele el Rey en 1328, rogándole se le juntase contra los 
moros, ofreciéndole la libertad de su hija. Aceptado, vuélvese el 
Principe contra los granadinos, venciéndolos en todas partes. 
Vuelto á Castilla, arremete de nuevo contra el Rey, hace treguas 
con el moro, desbaratando los i)lanes de don Alfonso. Cansado 
éste, en 1331 de tío tan tornadizo y revolvedor, dicen le convi- 
dó á comer á Villahiunbrales, con don Jn.ni Nin'iez, con propó- 
sito de dcsliacerse de él, como lo hizo con don Juan el Tuerto: 
pero est|uiva el peligro, y más sañudo, hace alianza con don 
Pedro IV de Aragón. Quiere don Alfonso arrebatarle su liija 
doña Constanza para ¡miK'dir la t^oda con el do Porlugal y Ic 



S. XIV. DOX JUAX MAXUEL 221 

sitia en Garci-Muñoz. de donde escapa en 1336 y se "desnatura" 
otra vez. Así anduvo dos años más, revolviendo en bandos á 
Castilla, hasta que, mediando su suegra doña Juana Núñez, 
tuvo por bien allegarse al Rey por centésima vez, ayudándole 
ésta contra los moros africanos y granadinos y muriendo en paz 
con todos en 1349, después de asistir á las Cortes de Alcalá del 
del mismo, y en Agosto ya su hijo don Fernando se halla en 
el cerco de Gibraltar como señor de Villena. Concurrió don Juan 
Manuel á la batalla del Salado y á la toma de Algeciras, como 
uno de los más valientes guerreros de su tiempo. Pocos como él 
supieron tan gallardamente menear á la vez la pluma y la espada. 
Pero lo que pasma es ver á un varón tan bullicioso y revolvedor. 
de tan desapoderada ambición, de entrañas tan vengativas, de 
altanería tanta, que parecía cebarse en luchas perpetuas con el 
Rey, con los de su propia casa, con los que el día anterior 
fueron sus amigos, ponerse á escribir con la serenidad y so- 
siego de un sabio, que no sabe dejar su rincón ni desnudarse 
el casero brial. ¿Quién dijera, al leer sus graves escritos, sus pa- 
triarcales consejos, sus severas sentencias, que el mismo día de 
asentar tan apesadumbradamente la pluma en el pergamino le 
había de volver á ver entre sus mesnadas desnudo el acero en la 
diestra, encarnizados los ojos de cólera contra su real sobrino ó 
finnando tan frescamente- alianza con el moro enemigo de Es- 
paña ó desnaturalizándose de su patria como un forajido? He 
aquí un caso en que la vida y carácter de un escritor no sola- 
mente no concuerdan y aclaran sus escritos, sino que los contra- 
dicen de todo en todo. Este guerrero, este vengativo, este hom- 
bre de violentísimas pasiones y desgarrado proceder, escribe 
con la gravedad de Séneca y la candidez de un niño inocente. 

Las obras de don Juan Manuel son: i. Tractado que fizo 
don Juan Manuel sobre las armas... (publicado). 2. Libro de los 
Castigos et Consejos ó Infenido (publicado). 3. Libro de los Es- 
tados ó del Infante ó de las Leyes (publicado). 4. Libro del Ca- 
ballero ct del Escudero (publicado). 5. Libro de la Caballería 
(inédito). 6. Crónica Abrexñada (inédito). 7. Crónica coviplida 
(inédito). 8. Libro de los Engennos (inédito). 9. Libro de la 
Caza (publicado). 10. Libro de las Cantigas ó Cantares (inédito). 
II. Reglas cómo se debe trovar (inédito). 12. Libro de los Sa- 
bios (inédito). 13. Libro del Conde ó Libro de Patronio ó Libro 



222 ÉPOCA DIDÁCTICA, SIGLO XIV 

de los Enxicniplos ó El Conde Lucanor (publicado). 14. Tracta- 
do en- que se prueba por ra^on que Santa María está en cuerpo 
et alma en Paraíso (publicado). Su mismo autor preparó el tex- 
to de sus obras antes de 1335 y lo depositó en el monasterio de 
dominicos de Peñafiel. pero el tal texto desapareció. No posee- 
mos el Libro de la Caballería, liecho hacia 1320-1322 á imitación 
del Libre del arde de Cauaylcria, de Raimundo Lulio; ni el 
Libro de los Engcnnos ó de máquinas bélicas ; ni las Reglas 
cómo se debe trovar; ni el Libro de los Cantaren, escritos los 
tres antes de 1329; ni el Libro de los Sabios, que poco más ó 
menos fué compuesto por el mismo tiempo. El de los Cantares lo 
tuvo Argote de Molina (1549?-! 597) y quiso imprimirlo después 
de editar el del Conde Lucanor, donde hay cuartetas de cuatro, 
ocho, once, doce y catorce sílabas y redondillas octosilábicas. 
La Crónica Abreviada (entre 1320 y 1324) lo es de la General, 
de su tio Alfonso X. Perdióse la Crónica complida y acaso está 
resumida en el Clironicon domini Johannís Emmannelis. El 
Libro de la Caza se compuso hacia 1325- 1326, y en el c. 8 se 
habla de dos halcones llamados Langarote y Galván, lo que 
muestra que ya se conocían las novelas del ciclo bretón. El Libro 
del Caballero et del Escudero es imitación libre del Libro del 
orde de Cauayleria de Raimundo Lulio. La primera parte del 
Libro de los Estados está fechada en 22 de M^ayo de 1330 y es 
cbra didáctica alegórica en 1 50 capítulos. El Libro de los casti- 
gos ó Lnfenido (no acabado) es una colección de consejos á su 
hijo don P>rnando, hecha hacia 1334; en el c. 26 escribe para 
el monje Juan Alfonso Las maneras de amor, sobre la amistad. 
De la misma época es el Libro de las armas, de los blasones y 
privilegios de su linaje. 

El Libro de los enxiemplos del Conde Lucanor et de Patro- 
nio, en cuatro partes, la más importante es la primera, en 5 1 ca- 
pítulos; la última lleva la fecha de 12 de Junio de 1335. Debió 
de escribirse entre 1328 y 1335, antes del Decamerón, de Boc- 
caccio, (jue se compuso entre 1348 y 1353. Ambas obras reme- 
daron las Mil y una iwches, haciendo don Juan Manuel en su 
libre de califa cnn nombre de Conde Lucanor y Patronio de 
Sclicherazada. Son todos ejemplos ó apólogos con su moraleja 
al fin, en versos que resumen la prosa del capítulo. Es la mejor 
obra de don Juan Manuel, y en ella se muestra buen cuentista y 



S. XIV. DON- JUAN MAXIEL 223 

narrador, conciso y á la vez pintoresco, en hacer resaltar jxjr- 
n.enores, hábil en planear y desenvolver con gracia el caso, rea- 
lista en aplicarlo á las costumbres y gente de su tiempo y muy 
moral y severo en fondo y forma. 

233. Advertencia al Libro de Patromo: '"Et los libros que él ha 
fecho fasta aquí son éstos: la Coránica abreviada, el Libro de los Sa- 
bios, el Libro de la Caballería, el Libro del Infante, el Libro del Caba- 
llero et del Escudero, el Libro del Conde, el Libro de la Caza, el Libro 
de los Engcnnos, el Libro de los Cantares. Et estos libros están en el mo- 
nasterio de los fraires predicadores que él fizo en Peñafiel". Equivo- 
cando las últimas palabras. Pascua! Gayangos hizo un Libro de los frai- 
res predicadores, de un capítulo del Libro de los Estados. Argote de 
Molina dividió en dos el Libro del Caballero et del Escudero. El mismo 
Gayangos hizo otro libro titulado De las maneras del Amor, del final del 
Libro de los Castigos et Consejos: pero no es más que su final, como 
allí dice el mismo autor; "et asi lo porné en este libro". En el prólogo 
que puso don Juan Manuel á sus obras: "Todos los libros que yo fasta 
aqui he fecho son doce : el primero tracta de la razón por qué fueron 
dadas al infante don Manuel, mió padre, estas armas, que son alas et 
leones, et por qué yo et mió fijo legitimo heredero et los herederos del 
mi linaje podemos facer caballeros, non lo seyendo nos, et de la fabla 
que fizo conmigo el rey don Sancho en Madrid ante su muerte (Trac- 
tado que fizo don Juan Manuel sobre las armas que fueron dadas á su 
padre el infante don Manuel, et por qué él et sus descendientes pu- 
diesen facer caballeros non lo siendo, et de cómo pasó la fabla que con 
el rey don Sancho ovo ante que finase) (i). Et el otro de Castigos et 
Consejos, que dó á mi fijo don Fernando, et son todas cosas que yo 
probé. El otro libro es de los Estados. Et el otro es el Libro del Caba- 
llero et del Escudero. Et el otro Libro de la Caballería, et el otro de la 
Crónica Abreviada, et el otro de la Crónica Complida. El otro el Li- 
bro de los Engennos. et el otro el Libro de la Caza, et el otro el de las 
Reglas como se debe trovar". Aunque antes dijo que eran doce sus 
libros, no hizo relación más que de once, y aqui olvida dos de los allí 
apuntados. 

De e.sto resulta que son trece los libros que él nombra; el catorce de 
la lista lo publicó Gayangos, y Amador de los Ríos le da el título de 
"Libro sobre la Fé, intitulado ó Fray Reman de Masquefa, que tal vez 
sea el omitido por el copiante al transferir el prólogo general de todas 
las obras" {Hist. crit. de la Liter. Esp., 1863, t. IV, pág. 234). Argote 
de Molina publicó el Conde Lucanor en Sevilla, 1575, del cual se han 
hecho otras ediciones: Madrid, 1642; Stuttgart, 1840; Barcelona, 1853. 
Pero la mejor es la de Knust, I^eipzig, 1900, sacada del mejor códice 



(1) Asi lo titula Gayangos al publicar este libro. 



224 ÉPOCA DIDÁCTICA, SIGLO XIV 

(Bibl. Nac, 6.376, antes S-34) ; la de Krapf, Vigo, 1902, reproduce el 
códice del Conde de Puñonrostro, hoy de la Academia Española, sin 
las adiciones de los otros, aunque sólo tiene la primera parte. Los có- 
dices son, además de los dos citados, otro de la Nacional (4.236, antes 
M-ioo), el de Gayangos, hoy en la Nacional (1.190), y el de la Academia 
de la Historia (Est. 27, gr. 3, E-78). Gayangos dio á luz los números 4, 
I, 2, 3, 13, 14. José Gutiérrez de la Vega publicó el Libro de la Casa, 
Bibl. Venatoria, Madrid, 1879. 

234. Leyendo á don Juan Alannel echamos menos lo que 
después hallamos en la prosa artística del Renacimiento, ese 
buscar de palabras, frases y metáforas, cjue condensen más ce- 
ñidamente el pensamietito, hagan resaltar un toque, varíen el 
estilo, ya con mayor atropello, ya con espacioso sosiego, pinten 
las cosas, distingan colores y sentimientos. Los primeros rena- 
centistas del siglo XV, como Santillana y el de \'illena, buscan 
j>or otro camino la novedad y la redondez de las lenguas clásicas 
por medio del hipérbaton, desaforado las más veces, por el uso 
de latinismos que desvirtúan el lenguaje. En don Juan Manuel 
no hay la menor huella ni de lo uno ni de lo otro. Escribe con 
una sencillez de niño que ignora los secretos del arte, no ha 
caído todavía en la cuenta de que pueda escribirse de otra ma- 
nera. Estamos en la niñez de la prosa castellana. \'éase, por 
ejemplo, cómo en el Libro de ¡a Caza menudea la conjunción et, 
cómo corta cada frase de por sí, sin cuidarse de engarzarlas en 
un todo más armónico. En esto le ganó su abuelo Alfonso X, el 
cual gasta un ropaje más rozagante para envol\'er sus reale3 
leyes, un estilo como imperial y cesáreo, y en la Crónica mayor 
])articulari(iad en los pormenores y en toques de color, que ofre- 
cen escenas tan menudas y sentidas como las de Mió Cid. Don 
Juan Manuel desconoce la manera de dar color y amplitud á su 
decir, deja correr la pluma con una sencillez paradisíaca. Acaso 
se acomode más esta cualidad á los asuntos que trata, al apólogo 
y á los consejos que da un tan elevado magnate á su hijo y á 
sus subditos. Porque esa sencillez y no buscada naturalidad nada 
tienen de bajo y de arrastrado: antes una señoril elevación y una 
dignidad aliidalgada mantienen siempre en su punto la llaneza 
del estilo. 

No alardea don Juan Manuel, ([uo bien pudiera, de erudicio- 
nes empalagosas, como los autores renacentistas. Su enulición 








Crónica de Don .hiiuic el Conquistador (siglo xiv. Códice de Poblet, 
Biblioteca de San Juan). 



S. XIV. nOX JUAN MANUEL 2*5 

está en los consejos, sentencias y cuentos, á hi manera oriental 
eslabonados, que parecen se traen de la mano unos á otros, sin 
extremar el encluifado, como en las Mil y una noches acontece. 
En el lenguaje no faltan voces propias y particulares, mayor- 
mente en el Libro cíe la Casa, aunque no sea tan rico como el 
del Arcipreste de Hita, que por allegarse más al pueblo y ser tan 
.soberano poeta y juglar de castiza cepa, gana en riqueza de \o- 
cabulario á todos los autores de la Edad Media. Tampoco tiene 
su gracejo, í.u alegría, y menos su ironía socarrona el príncipe 
don Juan Manuel, el cual nunca desciende de su gravedad prin- 
cipesca ni se mezcla con la gente villana de plazas y encru- 
cijadas. 

235. El infante Juan Manuel, Obras, ed. P. de Gayangos, Bibl. de 
Aut. Esp., t. LI ; Libro de ¡as tres razones, ed. A. Benavides, en Memo- 
rias de don Fernando IV de Castilla, Madrid, 1860, t. I, págs. 352-362; 
Libro de los Estados, ó del Infante, ed. A. Benavides, Memorias de don 
Fernando IV de Castilla, Madrid, 1860, t. I, págs. 444-599; El Conde 
Lucanor, ed. H. Knust [y A. Birch-Hirschfeld], Leipzig, 1900; El Conde 
Lucanor, ed. E. Krapf, Vigo, 1898; El Conde Lucanor, ed. E. Krapf, 
Vigo, 1902; Libro de la Caza, ed. J. Gutiérrez de la Vega, en Biblioteca 
venatoria, Madrid, 1877, t. III ; Libro de la Casa, ed. G. Baist, Halle, 
1880; El Libro del Cauallero y del Escudero, ed. S. Gráfenberg, en Ro- 
manische Forschungen, Erlangen, 1893, t. VII, págs. 427-550; La Cró- 
nica complida, ed. G. Baist, en Romanische Forschungen, Erlangen, 
1893, t. VII, págs. 551-556. Consúltense: G. Baist, Altey uiid Tc.rtiiber- 
lieferung der schriften don Juan Manuels, Halle, 18S0; R. Menéndez 
Pidal [recensión de las obras publicadas por los señores Gráfenberg y 
Baist, en Romanische Forschungen, t. VII], en Revista Crítica, etc., Ma- 
drid, 1896, t. I, págs. 111-115; Sra. de Menéndez Pidal, en Romanía 
(1900), t. XXIX, págs. 600-602; F. Dónne, Syntaktische Bcmcrkung su 
don Juan Manuels Schriften, Jena, 1891 ; F. Hanssen, Notas á la versifi- 
cación de Juan Manuel, en Anales de la Universidad de Chile (1901), 
t. CIX, págs. 539-563; A. Giménez Soler, Un autógrafo de don Juan 
Manuel, en Revue hispanique (1906), t. XIV, págs. 606-607; A. Giménez 
Sokr, Don Juan Manuel (en pubilicación). 

236. Fray Guido de Terrena (t 1342), natural de Perpiñán, gene- 
ral de los carmelitas desde 13 18, escribió Supcr octo libros physicorum 
Aristotelis. In libros de anima. In XII libros metaphysicae. Quodlibe- 
torum liber I. Quaestionum Ubcr I. Super IV libros Sententiarum. De 
perfectione vitae. Concordia Evangeliorum. Expositio in tria cántica. De 
haeresibus. Correctio Decretorum,. De vita et moribus Christi, etc. 

Fray Juan de Claravó, catalán, carmelita y obispo de Cerdeña desde 

i5 



226 ÉPOCA DIDÁCTICA, SIGLO XIV 

1327, escribió Comm-entariorum in libros Sentcntiarum libri IV. Lectu- 
rac. Sermones. 

Alvaro Pílagio (Peláez, Páez ó Payo), franciscano y escotista, 
obispo de Silves, escribió en 1330 De planctu Ecclcsiae. Apología pro 
loanne XXII adversas GtiHlelmum Ockam. Speculum Regum. Collyrium 
fidei contra hacreses. Siitnma Thcologlae. 

Hasta 1336 vivió el M. Alfonso converso de Valladolid, antes 
Rabbi Abner, que trasladó de hebreo en romance, por mandado de 1? 
infanta doña Blanca, señora del monasterio de las Huelgas, de Burgos^ 
el Libro de las batallas de Dios, que había escrito primero en hebreo 
(núm. 217). 

237. Año IS43- El Libro de buen Amor, del Arcipreste 
de Hita, acabado de escribir el año 1343, es el libro más valiente 
que se ha escrito en lengua castellana. Nuestra literatura ofrece 
tres cimas, que se yergiien hasta las estrellas y sobresalen entre 
las obras más excelsas del ingenio humano. Bl Quijote en el gé- 
nero novelesco, La Celestina en el dramático. El Libro de Buen 
Amor en el satírico, en d lírico, en el dramático, en todos los 
géneros, porque todos los confunde ila reventazón creadora de 
un poeta solitario, que ailza su voz poderosa en el silencio de una 
sociedad medio guerrera y inedio bárbara. Pero en reciura de 
músculos, en volubilidad de ineneos, en fuerza de rugiente 
vida, en desenfadada sinceridad y abertura de pecho, el Arci- 
preste de Hita se adelanta á todos los artistas del mundo. Este 
hombre es el gigantazo aquel, llamado Poli femó, que nos pin- 
tó Homero, metido á escritor. Los sillares con que levanta su 
obra son vivos peñascos, arrancados de la cumbre de las mon- 
tañas y hacinados sin argamasa ni trabazones convencionales, 
de las que no pueden prescindir ilos más celebrados artistas. 

" ¡ Qué lástima — dice benditamente Martínez de la Rosa — que 
un hombre de tanto ingenio naciese en un siglo tan rudo!" 
¡ Acaso — digo yo — naciendo en el que nacisteis hubiera sido 
de vuestra atildada escuela! Porque ¿quién sabe si vuestro in- 
genio académico, puesto en el siglo xiv, hubiera volado tan sin 
pihuelas como el del Arcipreste? 

.Su lK>ca dice todo lo que encierra su pecho, y el i>ccho de este 
poeta ])rimilivo es grande como el universo. ¡Una verdad tan sin 
tapujos que tumba de espaldas al más arrojado! ¡Un realismo 
tan cimarrón, que ciega y acobarda al más atrevido ! Tan gran- 
de, tan colosal es el Arcipreste de Hita, que sobrepujando á 



S. XIV, 1343. JUAX RUIZ 227 

toda previsión y escapándose de toda medida, se les ha ido 
de vuelo á los críticos más avizores y de más firme mirar. El 
Greco se queda corto en pintura, para lo que en literatura es 
Juan Ruiz (i). Su obra, repito, es el libro más valiente que se 
halla en esta literatura castellana de escritores valientes y des- 
mesurados sobre toda otra literatura. 

La obra del Arcipreste es toda suya, personal, originalísima. 
¿Que glosó una comedieta latina, que engarzó en su libro fábu- 
las orientales, de todos conocidas entonces, que tomó de la litera- 
tura francesa algún fabliau y el tema del combate entre don 
Carnal y doña Cuaresma ? Esos son materiales en bruto, que el 
poeta labró, pulió, vivificó con aliento nuevo y no soñado por los 
autores que tales materiales le ofrecieron. 

Levántase el Arcipreste entre dos épocas literarias sin perte- 
necer á ninguna de las dos, aunque con dejos de la que le prece- 
dió : la de los apólogos sentenciosos y últimos vagidos del mes- 
ter de clerezia, que fué lo que hasta entonces se había escrito, y 
el renacimiento de torpe y retorcido decir de don Enrique de 
Víllena y del Marqués de Santillana, que vino á poco, seguido de 
la lírica postiza y desleída de los cortesanos de don Juan el IL 

¡Increíble parece que, resonando todavía y retiñendo en lo 
hondo de los corazones aquel metal de voz de un tan verdadero 
vate como Juan Ruiz. tuvieran valor de chirriar, no uno, ni una 
docena de afeminados boquirrubios, sino toda aquella cáfila y 
enjambre de ahembrados poetillas, cuyas ñoñeces nos conservó 
Baena en su Cancionero, cerrando la procesión de tan almibara- 
dos donceles el por luengos años de más estruendo y más enre- 
vesado y menos delicado y natural poeta que conozco, el famo- 
sísimo Juan de Mena ! 

Pasados los tiempos heroicos de la épica castellana con sus 
gestas, de las cuales nos ha quedado el más acabado modelo en 
el cantar de Mió Cid, nació, en los comienzos del siglo xiii, un 
género de poesía, ni épica ni lírica, que los míismos poetas lla- 
maban ¡nestcr de clerezia. Clérigos eran, efectivamente, por la 



(i) "¿Quién creerá que Domenico Greco trajera sus pinturas muchas 
veces á la mano y las retocase una y otra vez para dejar los colores 
distintos y desunidos, y dar aquellos crueles borrones para afectar valentía?" 
Asi juzgó el académico pintor Pacheco al Greco; y esta valentía en que lo 
comparo con el Arcipreste no la ha entendido Azorin. (Los valores lite- 
rarios, pág. 71.) 



22» ÉPOCA DIDÁCTICA^ SIGLO XIV 

mayor parte, porque apenas si la cultura y las letras alcanzaban 
más que á los clérigos. Fruto de la eauídición latino-eclesiástica, 
por medio de la cual les llegaba por una cierta manera mitoló- 
gica algo de la antigua historia y de sus héroes, eran aquellos 
poemas para leídos por monjes y estudiantes de las nacientes 
universidades ; sus voces no llegaban á las mesnadas de guerre- 
ros, á las cortes de los reyes ni á las fiestas y regocijos po- 
pulares. Así era de prosaico y didáctico el tono de aquellas le- 
yendas devotas y poemas de Berceo, del AUxandre, del Libro de 
Apolonio y otros, á vueltas de cierta candidez y color primitivos, 
que si no enardece y levanta los pensamientos, agrada, y, sobre 
todo, contentaba á sus poco leídos lectores y más á sus autores, 
los cuales despreciaban la verdadera poesia del pueblo, que lla- 
maban mestcr de juglaría . 

Pero la cultura arábiga, fomentada por Alfonso el Sabio, 
trajo á España el saber grave, diluido en ajDÓlogos y sentencias, 
y de él se alimentó la prosa castellana, llevada á la legislación, á 
la historia y á la ciencia por el sabio Rey. A poco, la corriente 
lírica gallega se derramó por toda la Península, escribiéndose 
nuestra lírica erudita en aquella dulce lengua, y desaparece el 
pesado alejandrino, sustituyéndole la riqueza métrica de aquellos 
cantares cantables y ligeros de la musa, ya erudita, ya popular, 
venida de Galicia. La sociedad medioeval se transfonniaba á la 
par de caballeresca en burguesa, y el empuje realista del popular 
I>ensar y sentir no pudo menos de llegar á la literatura. Estos 
cam]>ios se verificaron en el siglo xiv, en que vivió el Arcipreste 
de Hita. El añejo mester de cleresia se coloreó no poco con estas 
novedades, y á él pertenecen en el siglo xiv el rabí don San 
Tob de Carrión y el canciller Pero López de Ayala. No menos 
pertenece á él nuestro Arcipreste, ix)r la intención nioralizadora 
de su libro y por la doctrina y fábulas orientales de que lo en- 
treveró; pero no menos, antes mucho más, ha de tenerse por 
poeta popular del mestcr de juglaria, como él mismo francamente 
lo proclama, sin desdeñarse por ello (c. 1633): 

Señores, hcvos servido con poca sabiduría; 
por vos dar solas á todos, fablévos en juglería. 

Con estas palabras, y mucho más con su libro, sus cantares 
y "cantigas de danqa e troteras, ¡yara judios e moros e para en- 



S. XIV, 1343. JUAN RCIZ 229 

tendederas, para ciegos y escolares, para gente andariega" 
(c. 15 13, 1 5 14), alzó bandera revolucionaria en el campo de 
la literatura erudita, injertándole la savia popular, la única que 
suele y puede engrandecerla. El fué quien enterró el iiiestpr de 
clerezia, desgarrándose de la tradición latino-eclesiástica ; él quien 
rompió todos los moldes de erudiciones trasnochadas, de ritmos 
apesadumbrados y de entorpecidos andares ; él quien supo apro- 
vechar como nadie en sus apólogos la manera pintoresca y sen- 
tenciosa de la literatura oriental, harto mejor que en sus prosas 
don Juan Manuel, su contemporáneo ; él quien dio vida á la 
sátira moral, harto mejor que el Canciller y el Rabí ; él quien 
llevó á la literatura castellana las cantigas, las villanescas y las 
serranillas gallegas; él quien zanjó para siempre el realismo de 
nuestra literatura; él, en una palabra, quien dio vida de un golpe 
y en un solo libro á la lírica, á la dramática, á la autobiografía 
picaresca, y, sobre todo, á la sátira en todos sus matices. 

El Arcipreste de Hita no puede ser encasillado, como no 
pueden serlo los pocos altísimos ingenios que se levantan sobre 
la muchedumbre de los poetas )• escritores comunes, por sobresa- 
lientes que alginios de ellos sean. Fuélo, sin duda, el infante don 
Juan Manuel, el único cuya voz puede oírse mientras canta el 
de Hita ; pero entre uno y otro hay un abismo. Porque nuestro 
Arcipreste, no sólo es el primer poeta de su siglo, sino de toda 
la Edad Media española, y fuera de España tan sólo el Dante 
puede con él emparejar. 

¿Quién fué este hombre tan extraordinario? Fuera de lo 
que nos pueda decir su Libro de Buen Amor, no sabemos ni una 
palabra; y este libro es tan naturalmente artístico y tan irónico 
y socarrón y en castellano tan viejo y poco conocido escrito, que 
él y su autor siguen siendo hasta hoy una verdadera quisicosa, 
un enigma, aun para las personas más doctas. Para í^lenéndez 
Pelayo fué el Arcipreste "un clérigo libertino y tabernario": 
para Puymaigre, "un librepensador, un enemigo de la Iglesia" ; 
para Joí« Amador de los Ríos, por el contrario, fué "un severo 
moralista y clérigo ejemplar, que, si es cierto que cuenta de sí 
propio mil picardías, lo hace para ofrecerse como víctima ex- 
piatoria de los pecados de su tiempo, acumulándolos sobre su 
inocente cabeza" (Menéndez y Pelayo, Antología, HI, pági- 
na LXii), Si con tan encontradas opiniones se juzga del hombre, 



23o ÉPOCA DIDÁCTICA, SIGLO XIV 

de esperar es que con las mismas se juzgue de su obra, que no ha 
faltado quien la llamase nada menos que Libro de alcahuetería. 

Bien es verdad que todos convienen en tenerle por extraor- 
dinario poeta. Pero ¿puede ser poeta tan extraordinario un 
hombre que va contra el sentir de toda la sociedad cristiana en 
que vive, como lo supone Puymaigre? Los grandes poetas que 
conocemos sobresalieron entre sus contemporáneos ; pero fueron 
la voz de toda la sociedad en que vivían, y eso les hizo ser gran- 
des. ¿Puede ser extraordinario poeta un poeta "clérigo, libertino 
y tabernario; un escolar nocherniego, gran frecuentador de taber- 
nas; un clérigo de vida inhonesta y anticanónica", como dice de 
él Menéndez y Pelayo? Yo concederé que entre tales hombres 
pueda darse un poeta; jamás un extraordinario poeta. Los más 
encumbrados pensamientos y los sentimientos más delicados no 
andan por las tabernas y lupanares. Si alguien puede creer lo 
contrario, respeto su opinión; pero me guardo la mia en todo 
contraria. Si otros creen que un desalmado sin conciencia y sin 
religión, en un siglo religioso, sobre todo, puede ser poeta excel- 
so, de los de gran talla, de los pocos que se levanten á lo más 
alto, como yo tengo fué el Arcipreste, tampoco me ofenderé; 
pero seguiré creyendo que esos altísimos ingenios jamás se die- 
ron sin una honda creencia religiosa en el corazón, fuente la 
más pura y abundante de la sublime poesía. Pero todo esto es 
opinar. Lo que en limpio de todo ello se saca es que el valer del 
Arcipreste y de su libro sigue en balanzas, que el Libro de Buen 
Amor es todavía un enigma aun para los más doctos y discretos. 

Del libro, bien estudiado, se sacan las pocas noticias siguien- 
tes, tocantes al extraño personaje de su autor: Llamóse Juan 
Ruis (c. 19 y 575). Nació en Alcalá de Henares (c. 326, 
1 5 10, 1457). Fué Arcipreste de Hita, villa en la provincia de 
Guadalajara. Cargo era éste de importancia, como entonces 
todos los eclesiásticos, y el primero de la villa, puesto que el Ar- 
cipreste es cabeza de todos los demás clérigos, lira ya muerto, 
probablemente, á no ser que hubiera dejado el arciprestazgo, el 
año 1 35 1, pues en escritura que cita Antonio Sánchez era Arci- 
preste allí y aquel año un tal Pedro Fernández ; todavía parece 
más probable (jue iiubicse muerto para el año 1348, como deduz- 
co por cierta conjetura de la copla 326. Acabó de componer su 
libro el año 1343 fe. 1O34), siendo ya viejo (c. íf)9-'") y estando 



S. XIV, 1343. JUAN RUIZ 2ál 

preso en Toledo por mandado del Arzobispo de aquella ciudad, 
don Gil de Albornoz íc. 167 1, 1709). 

Compuso, por consiguiente, el libro en los últimos años de 
su vida, preso y lleno de angustias, agraviado é injustamente 
puesto en prisión, "por cansas meramente curiales", dice Me- 
néndez y Pelayo, muy probablemente por falsas delaciones sobre 
que hablaba contra el Arzobispo, llevadas de parte de los clérigos 
de Talavera, fuertemente enojados por la sangrienta sátira que 
contra ellos escribió (c. 1690). 

Fué persona leída y entendida en Sagrada Escritura, Dere- 
cho civil y canónico, en la erudición latino-eclesiástica de su 
siglo y en los libros de don Juan Manuel y demás obras que 
hasta entonces se habían escrito en lengua vulgar. 

La biblioteca del Arcipreste debió de ser harto menguada. 
Por su libro se saca que conocía la Biblia, varias obras canónicas 
y jurídicas, que menciona en la copla 11 52; las Decretales 
(c. 1 148): el Decreto (introducción); el Especulo (c. 11 52); el 
Libro de la^ tafurerias (c. 556); el Conde Litcanor, del cual sacó 
el asunto de algunas fábulas ; el poema de Alixandre, al cual 
imita (c. 1266); algiin Isopete, del que sacó el de otros apólo- 
gos (i) ; el Pa¡nphilus, que glosó; los Aforismos de Catón (intro- 
ducción y c. 44, 568). A Aristóteles cita en la copla 71 ; á 
Tolomeo, en la 124, y á Hipócrates, en la 303; pero, sin duda, 
de segunda mano. 

No tenía ningún clásico latino, ni menos griego, pues aunque 
cita á Ovidio (429, 446, 612, 891), para él y sus contemporáneos 
Ovidio Xason era principalmente el Pamphihis medioeval, obra 
de un monje imitador del verdadero Ovidio. Tampoco trae nada 
su libro de la Disciplina clerical is, del judío converso español 
Pedro Alfonso, ni del Libro de los engaños ó Sendebar, mandado 
verter al castellano por el infante don Fadricjue, obras ambas que 
pudiera muy bien haber aprovechado por la comunidad de asun- 
tos y que acaso leyó, pero que es extraño no hayan dejado la me- 
nor luiella en el Libro de Buen Amor. De la poesía francesa debió 
conocer algo, aunque no tanto como creyó Puymaigre, pues 
el cuento de Pitas Pajas probablemejite fué español de origen, 



(i) Véase Tacke : Die Fabeln des Ercfriestcrs von Hita, in Rahmen 
der mittelalterlichcn Fabeiliterattir nebst eincr Analyse des Libro de buen 
amor. Breslau, 191 1 (32 págs.). 



232 ÉPOCA DIDÁCTICA, SIGLO XIV 

si no fué invento del mismo Arcipreste (473), y las serranillas 
tenían su abolengo más en Galicia que en Francia. No habiendo 
conocido el Román de la Rose, derramado por toda Europa y de 
asunto tan parecido al de su libro, ¿que otra obra francesa iba 
á conocer ? 

Pero este maravilloso poeta, si no tenía libros, tampoco U^- 
necesitaba. Fué un vidente de la naturaleza, de las almas, de la 
sociedad en que vivía : un verdadero vate, que estaba por c¡ma de 
los libros y calaba adonde los libros no alcanzan. 

Que fué personaje de cuenta y de gran confianza para el 
gran estadista, no menor conocedor de hombres y severo y ente- 
rizo Arzobispo de Toledo, gran privado del emperador Alfon- 
so XI y del Papa (mis notas á las coplas 1690, 1516), don Gil de 
AJbornoz (i), se ve claramente por la grave comisión que le en- 
cargó de llevar sus letras al clero de Talavera. con amplios pode- 
res (c. 1690) para retraer á aquellos clérigos de la suelta vida que 
llevaban y hacerles apartar de sus mancebas, á ellos y á los se- 
glares de aquella ix)blación. Puesto que don Gil fué Arzobispo 
de Toledo desde el año 1337 hasta el 1350, en que se puso al 
servicio idel Papa en Aviñón, está comisión fué después del año 
1337, algunos años más tarde, sin duda, y el Arcipreste era ya 
hombre entrado en años, pues él se llama viejo (c. 1692) y de 
conocido valer, prudencia y severas costumbres. Este hecho in- 
contrastable y cierto de toda certeza es el que lia de tenerse bien 
en cuenta al juzgar de su persona y de .su obra, la cual vino á es- 
cribir ¡x)r las causas y acontecimientos que de todo esto se des- 
prenden y son como siguen. 

No debió ser grande la enmienda de los clérigos de Talavera, 
cuando, á pocos años, escribió el Arcipreste la famosa sátira, 
que añadió más tarde al final de su libro. Poco después se vio 
puesto en prisión por causas desconocidas, y lo más probable 
por las dichas delaciones de aquellos señores (c. 1709). Enton- 
ces fué cuando, tomando aquella sátira clerical como boceto de 
otra mayor, comjniso el Libro de Buen Aviar, cuyo intento es 
claramente satirizar á los clérigos de vida airada, que, como 
aquellos de Talavera, tanto abun(lal)aii por hispana (c. 505). El 



(i) "Las Grandc.-i virtudes y hazañas de este nuevo Prelado mejor será 
pasallas en silencio, que quedar en este cuento cortos." Mariana, H. E., 16, 5. 



S. XIV, 1343. JUAN" RUIZ 2í:> 

personaje principal de todo el libro es un arcipreste, como 
cabeza de clérigos perdidos y más perdido que todos ellos. 

Para dar vida dramática á la sátira, habla en primera per- 
sona el de Hita, poniéndose así en el lugar del dicho arcipreste 
abstracto, que personifica toda la perdida clerigalla. De este 
modo, en foiTna autobiográfica, va describiendo cuanto á aque- 
llos Clérigos solia acontecerles, que se resume en la lucha en su 
alma y en sus obras entre el espíritu cristiano del amor de Dios 
■ó buen amor, como el Arcipreste le llama, y el espíritu carnal 
y mundano, que él intitula locura ó loco amor. Llevado de la 
naturaleza carnal, que el protagonista atribuye al sino, confor- 
me á las doctrinas astrológicas de entonces, busca una tras otra 
mujeres para sus amoríos, valiéndose de tercerones y de terce- 
ronas viejas. La fe cristiana le vuelve una y otra vez á Dios y al 
buen camino mediante los desengaños, de que la gracia se vale, 
seg-im la católica teología. Pero suele quedar vencedor el loco 
amor, porque tal sucede á los hombres de carne y hueso, y el 
Arcipreste no se espanta de pintar los hechos y la verdad como 
ella se es. 

La idea capital del libro está, por consiguiente, en que pinta 
al hombre mundano, sobre todo cristiano y clérigo, el cual cono- 
ce el mal que hace y se arrepiente ; pero que vuelve á caer en 
los lazos del loco amor, que acaba señoreándole. La unidad de 
plan no puede ser más clara ni el intento de satirizar á los locos 
clérigos, naturalmente para aprovechamiento de ellos y de los 
demás. Pero asi como el ingenio poderoso de Cervantes convirtió 
en sátira de toda la sociedad de su tiempo y atm de toda la hu- 
inanidad la que pretendió hacer de los libros de caballería, de la 
misma manera el ingenio del Arcipreste, tan grande acaso como 
el de Cervantes }•, si menos clásico y en todo mesurado, más pri- 
mitivo sin duda y montaraz, convirtió la sátira de los clérigos 
en la sátira de la sociedad del siglo xiv y de la humanidad de 
todos los tiempos. El Libro de Bv.en Amor es, como dice Me- 
Tiéndez y Pelayo, la Comedia Humana del siglo xiv y la epopeva 
cómica de la Edad Media. 

Un arcipreste erudito, canonista, gra\e y macizo, }-a entra- 
do en años y que sin embargo emprende y lleva á feliz cima se- 
mejante obra, hubo de ser de un temple capaz de hacer cara á 
todos los enemigos que, heridos en lo más vivo, y poderosos 



234 ÉPOCA DIDÁCTICA, SIGLO XIV 

por SU estado cJerical y asegurados en la costuiTíbre, que viene 
á ser nueva naturaleza y nue\'a ley y derecho, se le echasen en- 
cima ó solapadamente jurasen su perdición y se la tramasen por 
todas vias. Tal sucedió, y no podía menos de suceder ; pero la 
grandeza de corazón de aquel hombre queda, por lo mismo, 
fuera de todo debate. 

Hay otro género de enemigos todavía i>eores, el de los moji- 
gatos y escrupulosos, el de los hipócritas, que se espantan y se 
llevan las manos á la cabeza al leer la realidad de lo que cada día 
sucede, cuando hay quien sepa pintarla tal cual es, sin medias 
tintas que la ensombrezcan y suavicen, y que acaso acaso no se 
espanten de los hechos vistos y tocados, y quién sabe si por ellos 
mismos cometidos. Este linaje de gentes siguen siendo hoy mis- 
mo enemigos del Arcipreste de Hita, aunque parezcan tan anchos 
de manga como Puymaigre. Mas el alma del Arcipreste era de 
tan finos aceros y de tan levantados vuelos, que se sobrepuso á 
todos esos espantadizos y asombradizos grajos. Su pincel se 
tiñó en los hechos más sangrientos de la realidad y llevó al 
lienzo el más fiero realismo, chorreando sangre y verdad á 
puñados. 

Pero no es lienzo ni pintura este libro; es piedra berroqueña, 
grabada á martillazo limpio por un cíclope. La literatura griega 
es de alfeñique ante esta obra de un verdadero primitivo del arte; 
sólo Esquil(j puede aparearse con él en la fuerza, y sólo asentado 
cnlre los primitivos artistas egipcios se halla como en su casa y 
en compañía de quien le entienda, ó codeándose con un Ezequiel 
y un Isaías, almas de la misma cantera que la de este hombre 
verdaderamente varonil y artista colosal. 

No es que quisiera ofrecerse como víctima expiatoria de los 
pecados de su tiempo, como devotamente dijo Amiador de los 
Ríos; es que no era homl>re para entemler que alguien so es- 
pantase de que se atribuyese á sí el pai>el de clérigo tabernario y 
libertino. 

'l"(xIos hemos conocido en nuestra líspaña curas do tan sanas 
costumbres como de desenfadado buen iuimor, que están ix>r 
cima de Iiablillas y chismografías de barrio y les gusta terciar 
con tfxlos y chocarrear á sus tiempos y aun tocar la guitarra y 
cantar flamenco, si á mano viene. Do esta madoia fué el Arci- 
preste. Sabía de cantares y tonadas, do cristianos, moros y judíos. 



S. XIV, 1343. JUAN RUIZ 235 

que entonces vivian harto mejor hermanados de lo que se figuran 
los cuáqueros y cataros que quieren ahora monopolizar la fe 
católica, tan grande de suyo, que no cabe ni asoma siquiera en 
pechos tan pequeños y apilongados. Para todos hacía coplas 
y tañia instrumentos, á lo menos entendía de ellos. Sabía de to- 
nadillas y cantares arábigos. Conocía á entendederas ó ensalma- 
deras y curanderas, á estudiantes nocherniegos y á ciegos canta- 
dores y les hacía á todos coplas. Calaba las tramoyas de las vie- 
jas celestinas, llamadas entonces trotaconventos, grandes cuen- 
tas al cuello, enlabiadoras de dueñas, terceronas de clérigos. 
Todo ello lo tenía muy sabido el Arcipreste y lo pintó tal como 
lo sabía y no le pasó por pensamiento desdeñarse ni correrse ni 
menos asombrarse de escribirlo. Porque era un hombre, y los 
asombradizos de entonces y de ahora no sé lo que serán, pero 
hombres están lejos de serlo. 

Sólo él, grave y regocijado á la par, podía escribir aquel car- 
naval de abigarrado colorido, en que van pasando todo linaje 
de gentes con sus locuras y solapadas intenciones, y él les va 
arrancando sin compasión la careta. Allí, como dice Dozy, los 
caballeros que vienen presto al tomar de la paga, tarde al par- 
tirse á la frontera, jugadores de dados falsos; los jueces poco 
escrupulosos y los abogados intrigantes y cohechadores ; los 
criados que se distinguen por catorce cualidades, pobres pecado- 
res que guardan muy bien el ayuno cuando no tienen qué lle- 
varse á la boca ; las nobles damas vestidas de oro y seda ; las 
delicadas iThonjas de palabrillas pintadas y sabrosas golosinas, 
las judías y moras, las villanas de la sierra, chatas y lujuriosas 
como cabras, de anchas caderas y macizas espaldas. 

"La fantasía ingeniosa, la viveza de los pensamientos, la 
exactitud con que pinta las costumbres y los caracteres, la en- 
cantadora movilidad de su ingenio, el interés que acierta á co- 
municar al desarrollo de su obra, la verdad del colorido, la gra- 
cia con que cuenta los apólogos y, sobre todo, la incomparable 
y profunda ironía, que ni á sí mismo perdona, dice el famoso 
crítico alemán Clariis (Guillermo Volk), le elevan, no solanijente 
sobre otros poetas españoles que le siguieron, sino sobre la 
mayor parte de los poetas de la Edad Media en toda Europa. " 

Menéndez y Pelayo señala como cualidades principales del 
Arcipreste: "La primera, el intenso poder de visión de las reali- 



236 ÉPOCA DIDÁCTICA, SIGLO XIV 

dades materiales: en el Arcipreste todo habla á los ojos: todo se 
traduce en sensaciones ; su lengua, tan remota ya de la nuestra, 
posee, sin embargo, la virtud mágica de hacernos esi>ectadores 
de todas las escenas que describe." 

"Es la segiinda de sus dotes una especie de ironia superior 
y transcendental, que es como el elemento subjetivo del poema, 
y que unido al elemento objetivo de la representación, da al total 
de la obra el sello especial! simo, el carácter general á un tiempo 
y personal, que la distingue entre todas las producciones de la 
Edad Media. La obra del Arcipreste refleja la vida entera, aun- 
que bajo sus aspectos menos serios y nobles ; pero en medio de 
la nimia fidelidad del detalle, que en cada página hace recordar 
las bambochadas y los bodegones flamencos, pasa un viento de 
poesía entre risueña y acre, que lo transforma todo y le da un 
valor estético superior al del nuevo realismo, haciéndonos entre- 
ver una categoría superior, cual es el mundo de lo cómico fan- 
tástico. En este género de representaciones brilla principalmente 
el Arcipreste, y es lírico á su modo, con opulencia y pompa de 
color, con arranque triunfal y petulante verso, sin dejar de ser 
fidelísimo intérprete y notador de la realidad." (AntoL, III, CX.) 

Pero no admito "la tercera y muy visible dote, la abundancia 
despilfarrada y algo viciosa de su estilo, fomiado principal- 
mente á imitación del Ovidio, de cuyas buenas y malas condi- 
ciones participa en alto grado, puesto que la riqueza degenera 
en prodigalidad, y la idea se anega en un mar de palabras..." Ni 
se formó en Ovidio, ni leyó siquiera un solo verso suyo, ni se le 
parece en nada más que en ser Ovidio elegantísimo y social 
poeta, y el Arcipreste poeta insociable y primitivo, de lo más 
primitivo, bronco y estui)endamente salvaje que resolló y echó 
á este mundo la diosa Madre de la poesía universal, de la cual 
fueron hijas helénicas las elegantes Musas clásicas que cono- 
cemos. 

En cambio, añado yo que el Arcipreste no fué ix>eta de una 
sola cuerda, como la mayoría de los poetas lo fueron. A lo aris- 
tofancsco de alguna serranilla y de la contienda entre don Car- 
nal y doña Cuaresma, junta el candor de égloga, más natural 
que el de Teócrito, en otras serranillas: á la vena satírica queve- 
desca del poder del dinero y de las costumbres de los clérigos 
lalaveranos, caballeros y monjas, la delicada y suave unción de 



S. XIV, 1343. JUAN RUIZ 237 

los gozos de la V'irgen, en el tono con que los ha cantado siem- 
pre el pueblo; á lo dramático y hondamente psicológico de la pa- 
ráfrasis del Pamphilus, lo sublimemente trágico de la elegía á la 
Muerte; á lo tristísimamente endechado en las Cantigas á María, 
lo triunfalmente pindárico del epinicio cantado á Cristo como 
venciendo á la muerte misma, reina del universo; á lo sentenciosa 
de los consejos de don Amor y á lo oriental de los apólogos, lo 
muy occidental y jamás igualado cómico del rezo de los clérigos 
con sus amigotes golfines y en acecho de dueñas y mujerzuelas. 
Por tal brusquedad de saltos baja y sube nuestro Arcipreste de lo 
cómico á lo trágico, de lo lírico á lo dramático, de lo idílico á lo 
satírico y todas las cuerdas pulsa y tañe como poeta consumado, 
con un garbo y soltura asombrosa, sobresaliendo siempre la fuer- 
za, el color, el sentimiento y la veracidad. 

Nada diré acerca del estilo, porque tamaño escritor no podía 
menos de tenerlo, y lo tiene tan personal y propio como el más 
pintado de los escritores castellanos. Ni del caudal léxico y gra- 
matical, que es en su tanto el más rico de los escritores de la 
Edad Media y en su libro, como en ningiin otro, puede estudiarse 
el castellano antiguo. Pero he de añadir que el Arcipreste em- 
plea no pocas voces con el significado aragonés y algunas pura y 
exclusivamente aragonesas. ¿Bastará para dar razón del hecho 
el emplearse no pocos aragonesismos en Guadalajara, Segovia y, 
sobre todo, en Soria? 

Dejóse decir Puymaigre {Les iñciix autcurs castillans, II, 
pág. 83) que el Arcipreste fué un discípulo de la literatura fran- 
cesa y que en nada fué poeta español : " Ruiz n"a guére d'espagnol 
que sa laiigue, et encoré y méle-t-il grand nombre de mots d'ori- 
gine étrangére." Yo, á salida de tal calibre, sólo le respondería 
que hasta hoy, por lo menos, no se ha dado en Francia escritor 
alguno del temple, de la fuerza y color que el Arcipreste de Hita ; 
que sus grandes escritores y artistas son de otro jaez; que Juan 
Ruiz es el artista y escritor más español y más de raza que cch 
nozco. Sus cualidades son las de nuestra literatura y enteramente 
encontradas y opuestas á las de la literatura francesa. Cuanto 
al "grand nombre de mots d'origine étrangére", el índice de 
voces de mi edición prueba claramente que ni una sola fué de 
otra cepa que la castiza y ix>pular castellana. Por fortuna, nues- 
tros tres principales escritores, Cervantes, Rojas y Juan Ruiz, 



238 ÉPOCA DIDÁCTICA, SIGLO XIV 

nacieron en el centro de ia meseta castellana y á pocas leguas en 
la misma región toledana, donde se fraguó nuestro lenguaje 
literario. 

La versificación ordinaria del Libro de Buen Ai>wr es el 
llamado tctrástrofo ó quaderna z'ía ó alejandrino. 

238. Alude, en la copla io88, al Sultán de África, llamado Aly, que 
sucedió en 1331 á su padre Othman, y envió á España á su hijo Abdel- 
Melek, que tomó á Granada, y por entonces se apoderó de Tleme- 
cen y Túnez. Proclamó la guerra santa contra España y fué derro- 
tado e! 30 de Octubre de 1340, orillas del Salado, cerca de Tarifa. Esta 
fecha es, pues, anterior cá la composición de este libro. El códice 5" dice 
que se compuso el 1343, lo cual queda confirmado por este pasaje: te- 
niendo el Arcipreste tan fresco el hecho de pocos años antes, pudo 
componer este libro el 1343. 

En la copla 326 habla de la "Era de mili é trecientos en el ano pri- 
iq^^, I Rregnante nuestro señor el león masillero. | Que vin' á nuestra 
cibdat por nonbre de monedero." Esta era es la de César, que comienza 
treinta y ocho años antes de la cristiana, y por ella se contaba en Es- 
paña, esto es, el año 1339 de Cristo. Dentro de los trece años que van 
del 37 al 50 de aquel siglo xiv. durante los cuales fué Arzobispo de 
Toledo el cardenal don Gil de Albornoz, hay que poner la prisión en 
aquella ciudad de nuestro Arcipreste. Acaso alude, pues, aquí á que el 
año 39 pudo ser su prisión por acusación de los abades y clérigos de 
Talavera, Iolx)S reales y abogados de fuero. Según 5 fué compuesto 
este libro el año 1343, y G y T dicen que el año 1330, cuando aún no 
era arzobispo don Gil. Pudo, pues, estar preso desde el 39 y comenzar á 
escribir el 43, estando preso, como dice con letra encarnada que escri- 
bió su libro, el códice 5" (c. 1709). Llama al rey Alfonso XI Icón masi- 
llero, esto es, que hace riza y se encarniza y ensangrienta hiriendo á 
sus enemigos, como lo hizo este rey, verdadero león español, que "si 
alcanzara más larga vida, desarraigara de España las reliquias que en 
ella quedaban de los moros" (Mariana, H. E., 16, 15), pues murió mozo 
de treinta y ocho años. Dice que vino á nuestra cibdat por nonbre de 
monedero. En efecto, Alfonso fué á .Mcalá dos veces para sacar dine- 
ro, que esto es lo que monedero indica aqui, el que labra moneda, y en 
este caso el que se la procura. Ordenam. Cort. Burgos, 1315: "Que 
aquellos que son monederos naturales de padre ó de abuelo é saben 
labrar moneda, que gelo guardemos, et los otros que nunca labraron 
moneda é lo han por cartas ó previlegios, <|uc gelo revocamos." La 
primera vez que fué el Rey á Alcalá fué el año 1342, después de Bur- 
gos, cuando instituyó las Alcabalas, de donde le llama monedero. Oiga- 
mos á Mariana: "Tenia el Rey puesto to<lo su cuidado y pensamiento 
en cercar á Algeciras y en allegar para ello dineros de cualquier ma- 
nera que pudiese. Aconsejáronle que impusiese un nuevo tributo sobre 
las mercadurías. Esta traza que entonces pareció fácil, después el liem- 



s. XIV, 1343. ju.w Rriz 239 

po mostró que no carecia de graves inconvenientes. Tomado este con- 
sejo, el Rey se partió para Burgos... Por la grande instancia que el Rey 
y estos Señores hicieron, los de Burgos concedieron al Rey la veintena 
parte de lo que se vendiese, para que se gastase en la guerra de Jos 
moros... A imitación de Burgos concedieron lo mismo los de León y 
casi todas las demás ciudades del reino... Llamóse á este nuevo pecho ó 
tributo Alcabala, nombre y ejemplo que se tomó de los moros", 
(ídem, 16, 9.) Esto pasaba el año 1342 en Burgos; pero el mismo año, 
ó poco después, fué cuando el Rey vino á Alcalá con el mismo fin, y es 
á lo que alude el Arcipreste: que z'iiio á nuestra cibdat por nonbre de 
monedero. En efecto, en las Cortes de la misma Alcalá del año 1348 se 
lee: "Que librasen los pleitos de las alcavalas los alcalles ordinarios..., 
ca as! lo otorgaranws otras veces en la cibdat de Burgos e aqui en 
Alcalá de Fcnares". También fué á Alcalá el año 1348 á dichas Cortes. 
Si á esta segunda ida alude el Arcipreste, es claro que todavía vivía el 
año 1348 y habría que suponer que, habiendo compuesto su obra el año 
1343. todavía anduvo retocándola el 1348 y algo después, ya que la 
copla 326 toma ese año como pasado, que vino. De todos modos, fué el 
Rey á Alcalá el 1342 ó á principios del 1343, y en esta copla alude á 
esta ida como cosa pasada. Lo cual confirma que el libro lo compuso 
el año 1343, como dice el códice 5 (c. 1709). De la misma copla 326 se 
comprueba que el Arcipreste era de Alcalá, y con bastante probabilidad 
se saca que el año 1339 ó era de 1301 fué cuando le pusieron en prisión 
en Toledo. En las Cortes de Alcalá de 1348 "pidióse el alcalaba. Al 
principio no se quiso conceder : las personas de más prudencia adevina- 
ban los inconvenientes que después se podían seguir ; mas al cabo fué 
vencida la constancia de los que la contradecían, principalmente que 
se allanó Toledo, si bien al principio se estrañaba de conceder nuevo 
tributo. El deseo que tenía que se renovase la guerra y la mengua del 
tesoro del Rey para poderla sustentar la hizo consentir con las demás 
ciudades. Concluido esto, de común acuerdo de todos, con increíble 
alegría, se decretó la guerra contra los moros" (Mar., H. E., 16, 15). 
Fué el cerco de Gibraltar, en que murió de landre Alfonso XI, el 
año 1850. En la copla 354 se habla de que los judíos daban á logro "de 
tres por cuatro", como hasta entonces estaba ordenado. Pero es el caso 
que en las Cortes de Alcalá de 1348 se prohibe enteramente á los judíos 
dar á logro: "e fasta aquí de luengo tiempo acá fué dado á logro 
sennaladaniente por los judíos..., por ende Nos don Alfonso... manda- 
mos e defendemos que de aquí adelante ningund judío nin judia nin 
moro nin mora non sea osado de dar á logro por si nin por otro." Esta 
orden significa para mí que el año 1348 estaba ya compuesta la obra 
del Arcipreste y aun que había muerto, pues no enmendó lo del logro 
de los judíos "de tres por cuatro". De hecho era muerto para el año 
1351, de modo que no sobrevivió á su obra más de tres ó cuatro años. 
La era de César ó española de 1381, ó año de Cristo 1343, que se 
lee en la copla 1634 es el año en que se compuso (c. 1088). Romance 
era el habla vulgar y cualquiera escrito en ella. Escribiólo para desenga- 



240 ÉPOCA DIDÁCTICA, SIGLO XIV 

ños de muchos, que pueden ser engañados, como el Sendcbar ó Libro de 
los engannos e assayamiento de las inugeres, que tradujo don Fadrique, 
y para entretener y enseñar nuevas maneras de versificar á los sencillos 
ce corazón que no corrían tales peligros. Esta copla es del mismo Arci- 
preste y se halla en 5' 3' en T. Pero en T se lee: "Era de mili e tresyen- 
tos e sesenta e ocho años | fué acabado este lybro por munchos males e 
daños...'' Y aquí acaba T; lo que sigue es sólo de 5. Esta fecha de T, 
ó sea el año 1330, está errada, pues escribió su libro el Arcipreste es- 
tando preso y siendo arzobispo de Toledo don Gil de Albornoz (c. 1709), 
el cual sólo lo fué desde el año 1337. 

El severo arzobispo de Toledo don Gil de Albornoz (c. 1516) encar- 
gó á nuestro Arcipreste llevase las cartas del Papa á Talavera y las 
leyese á aquellos clérigos de vida desgarrada. Cómo recibieron estas 
órdenes es lo que el Arcipreste pinta en la sátira de la copla 1690 y si- 
guientes, que ohorrea ironía por todas partes, aunque sin amargura ni 
ensañamiento, como escrita con el sano propósito de que se enmen- 
dasen. No es posible que aquellos clérigos se quedasen sin dar coces 
contra el aguijón. Piensan, pues, acertadamente los que suponen que 
ellos fueron los que indispusieron al Arzobispo contra nuestro Arci- 
preste, haciendo llegar sin duda hasta él chismes y cuentos, acaso que 
tampoco Su Excelencia se libraba de las críticas del que tan vivas sabía 
escribirlas. Don Gil de Albornoz, Jiecho á mandar y á ser respetado, de 
gínio recio y hasta tiránico, daría crédito á las hablillas. Ello es que 
puso en prisión al Arcipreste, sin que se sepan las razones, "por causas 
meramente curiales", supone Aíenéndez y Pelayo; injustamente y agra- 
viado, dice el Arcipreste. En la prisión escribió el Libro de Buen Amor, 
al fin del cual puso esta sátira, que yo tengo por un como boceto del 
libro. No que lo hiciera como preparación, sino que, viéndose preso, 
tomólo como tal para trazar el libro, esplayándose en la sátira del clero, 
que es la trama de todo él, pintando á un arcipreste que los simbolizase 
á todos, y para que fuera, no seca abstracción, sino persona viva y real, 
púsose á sí mismo como protagonista. ¿Quién va á creer que todas esas 
aventuras le pasaron al mismo Arcipreste, cuando consta de lo contrario 
de algunas, como la de don Melón de la Huerta? ¿Con qué autoridad 
hubiera pretendido enmendar á los demás, si él hubiera sido uno de 
tantos? ¿Cómo el severo don Gil de Albornoz le hubiera encomendado 
cargo tan grave y delicado como el de llevar las cartas del Papa á la 
clerecía de Talavera? Juan Ruiz era, pues, un Arcipreste muy respe- 
table, á pesar de su regocijado natural, de tan austeras costumbres como 
pedia la confianza que en él puso su prelado el famoso Albornoz, per- 
sona de entereza y gravedad bien conocidas, llora es ya de no colgar 
el sambenito de un hombre perdido á un autor, sin otros motivos para 
juzgar de él que una obra, en que algtmos sólo han visto los chispazos 
más salientes, figurándose salían de un volcán de pasiones mundanas 
desapoderadas. Para Mcnéndez y Pelayo fué el Arcipreste "un clérigo 
juglar, una especie de goliardo, un escolar uochcniic¡¡Oj iiKans;ible 
tañedor de to<io género de instrumentos y gran frecuentador de la- 



s. xiv^ 1343- JUAN Ruiz 241 

bernas" {Antolog.. III, pág. lxix), "un clérigo libertino y tabernario" 
(pág. LXiv); fué "su vida inhonesta y anticanónica"' (pág. lxvii), y su 
obra "una autobiografia picaresca, sin la menor señal de arrepenti- 
miento" (pág. Lxvi). Cuanto al intento, "fué un cultivador del arte 
puro, sin más propósito que el de hacer reir y dar rienda suelta á' la 
alegría que rebosaba en su alma aun á través de los hierros de la cárcel, 
y á la malicia picaresca, pero en el fondo muy indulgente, aunque con- 
templaba las ridiculeces y aberraciones humanas, como quien se reco- 
nocía cómplice de todas ellas" (pág. lxvii). "De esta levadura herética 
creemos inmune al Arcipreste, si bien confesaremos sinceramente que 
hay pasajes de sus obras que hacen cavilar mucho, y hasta sospechar 
en él segundas y muy diabólicas intenciones" (pág. xciii). Para Puy- 
maigre fué ©1 Arcipreste "un precursor de Rabelais, un librepensador 
en embrión, un enemigo solapado de la misma Iglesia á quien servia" 
(j\Ien. Pelayo, ibid, lxv). No juzgaré yo á estos dos ilustres escritores: 
el lector formará juicio del Arcipreste leyendo su libro, y esto basta. 
Pero lea antes el boceto del mismo, lo que para mi fué como un in- 
centivo para pintar el alma podrida de aquella desalmada clerigalla con 
sólo ensanchar el marco de este pequeño cuadro de costmubres de los 
de Talavera. El asunto mismo le llevó á meter en él á toda la sociedad 
de su tiempo, resultando la gran Comedia Humana del siglo xiv. como 
'el Quijote, sátira de la fantasmagórica caballería, resultó la Comedia 
Humana del tiempo de Cervantes, ingenio gemelo del Arcipreste de 
Hita. Si plugo á uno, sin duda al Arcipreste, que veía con lágrimas en 
los ojos la depravación de costumbres que tan gallardam-ente satirizó. 



239. El verdadero título del libro es Libro de buen amor, como 
se ve por las coplas 13, 3 ; 933, 2 ; 1630, i ; no el que Janer le puso de 
Libro de Cantares, por la copla 3, pues es tan genérico como el de 
Libro del Arcipreste de Hita, con que el Marqués de Santillana le llamó 
en su Prohemio. Menéndez y Pelayo (Líric. cast., t. III, pág. lxx) dijo 
que se ha de tomar "este vocablo amor, no solamente en su sentido li- 
teral, sino en el muy vago que los provenzales le daban, haciéndole 
sinónimo de cortesía, de saber gentil y aun de poesía". Xo entender el 
título de un libro es no entender el libro, y el del Arcipreste es tan claro 
como su titulo. El intento del Arcipreste, como él dice, es traer al 
hombre mundano del loco amor deste mundo al buen amor, que es el 
de Dios. El mismo tuvo el Arcipreste de Talavera, un siglo más tarde, 
en su Corbacho. ¡ Cuan diferente fué el de Jean de Meun en su Romem 
de la Rose, aunque, segim sus palabras, fuera llevar de la fole amor 
al bone amor! Con tan parecidos vocablos distan tanto una de otra 
obra como del amor de Dios dista la propagación de la especie, que es 
adonde tira el famoso Román francés. El cual ha probado Frederick 
Bliss Luquiens no haber influido para nada en el libro de nuestro Ar- 
cipreste, á pesar de tener asuntos tan comunes á cada paso {The Román 
de la Rose and medieval Castilian literature, en Rotnanisclie Forscliun- 

16 



242 ÉPOCA DIDÁCTICA, SIGLO XIV 

gen, vol. XX, pág. 284). Por eso llama el Arcipreste locura al amor 
mundano á cada paso. Este intento suyo, encerrado en el titulo, ha de 
tenerlo siempre presente el lector si desea entender la mente del que 
lo escribió y no sacar las cosas de quicio, como lo han hecho la 
mayor parte de los que de Hita hablaron. 

La prosa del principio es un comento del título del libro, en la cual 
pone su intento de traer á todos al buen amor, que es el de Dios ; pero, 
como el Arcipreste era un verdadero hombre de cuerpo entero, sin las 
niñerías de mojigatos afeminados ó pillastrones, que siempre los hubo, 
entendió que había que desenmascarar al hombre mundano y las tra- 
pacerías de su loco amor, para que, conociéndolo todo, lo bueno y lo 
malo, libremente escogiese el buen camino el que de veras y con conoci- 
miento de las cosas se quisiese salvar. Tal es el sentido del salmo que 
allí glosa con otras palabras de la Escritura y del Derecho canónico y 
civil : Intellcctum tibi dabo, et instruam te in z'ia hac, qiia gradieris, 
te daré conocimiento y te enseñaré el camino que has de recorrer, que es 
el del mundo, lleno de engaños y con la natural inclinación al loco amor 
en el cuerpo, pues con él nacemos: asi, obrando el bien á sabiendas y 
peleando contra el mundo y contra la propia naturaleza, firmaba supcr 
te oculos meos, pondré complacido mis ojos en ti, que, como bueno, 
luchaste. La alteza de pensar de este varón fuerte, y que no sabía de 
embustes, se ve en aquellas palabras que han escandalizado á los que 
no pican tan alto como él : "en pero, porque es umanal cosa el pecar, 
si algunos (lo que non los conssejo) quisieren usar del loco amor, aquí 
fallaran algunas maneras para ello". No intenta llevar á nadie al mal, 
como se ve por la cortapisa del paréntesis, sino que es una manera de 
enseñar el cebo á los mismos mundanos para que lean el libro, porque 
está persuadido de que la verdad no daña jamás á nadie y es don de 
Dios: intelleclum tibi dabo. Nadie como Dios respeta la 'jbertad de 
todas sus criaturas, y no quiere llevar al cielo á tontos y gente para 
poco, sino que todos entiendan las cosas y escojan el buen amor, cono- 
ciendo y despreciando eJ loco del mundo. Esto dice el salmo y esto 
intenta nuestro autor, y suponer doblez en él va contra todo derecho y 
justicia: "las palabras sirven á la intención e non la intenqion á las 
palabras". 

Desde la copla 181 saca al .\mor todos sus trapillos sucios, descu- 
briendo los vicios y males, la podre toda que suele colorearse con tan 
bonita palabra como es la del amor, cuando es malo y vicioso, se en- 
tiende. El alegato llega hasta la copla 423, recorriéndose los pecados 
capitales, cuya raíz es ese amor ó apetito lascivo, cobdicia. que él llama 
conforme á su valor etimológico de cupidUia, de cupidiis. esto es, la 
concupiscencia ó pecado, hablando en términos de la católica Teología. 
Está este trozo lleno de sentencias, tan hieráticaniente expresadas por el 
Arcipreste como las mejor cinceladas de Séneca y Salomón. Desmenuza 
los afectos y sentimientos del alma de los enamorados con bisturí de 
oro, hasta descubrirnos sus más delicadas fibras. Y todo lo aclara con 
ejemplos ó fábulas, con comparaciones, que á granel le ocurren, pinto- 



S. XIV, 1343. JUAN RUIZ 243 

rescas y brillantes y de una propiedad maravillosa. Comienza con una 
pintura del Amor, de sus ardides, mañas y obras. 

Dicen que el enxiemplo de la copla 474, etc., viene de un fabliau 
francés, pero no hay fabliau semejante en la edición Méon ni en otros 
libros, ni mi€nta este nombre Gastón Paris, tan puntual en todo. -El 
único lugar donde se cita este cérvido es en el Cancionero de Baena 
(362), noticia que debo al eruditísimo señor Bonilla: "Señor Juan Al- 
fonso, pintor de taurique, | qual fué Pitas Payas, el de la fablilla". No 
sé si aquí se aludirá al libro del Arcipreste ó al cuento que sería tradi- 
cional. El cuento es graciosísimo y el chapurreado medio gabacho, para 
darle color, es invención del guasón del Arcipreste, y no porque lo 
tomara del soñado fabliau francés. 

240. En Fuyme á doña Vetius (c. 583) comienza la admirable glosa 
de la comedia latina Pamphilus, desde el final de la primera escena: 
■"Ergo loquar Veneri, Venus est mors vitaque nostra." Puede verse im- 
presa en el t. II de la edición de La Celestina, de Krapf, Vigo, 1900, con 
una sustanciosa Advertencia, de Mexéndez y Felayo. en la cual habla 
de su bibliografía y del autor desconocido, pues Pamphilus es el nombre 
del protagonista. El Mauríllianiis, á quien la atribuyó Goldasto en su 
edición de 1610, se debe á la falsa lectura de M. Aurilliaci, esto es, ma- 
nuscriptum Aurilliaci, manuscrito de Aurillac. Ni se ha de confundir 
esta comedia con el estrafalario poema De Vetula, que, como ella, se 
atribuyó á Ovidio en la Edad Media, como en la copla 891, donde aca- 
ba la glosa de ella, se la atribuyó el Arcipreste. Hizo la comedia algún 
monje del siglo xii al xiii, recogiendo conceptos del Ars Amandi, de 
Ovidio, é imitándole en sus hexámetros y en no pocas frases, aunque 
dándole forma dramática. Es un esbozo seco y desnudo, elemental, del 
cual el Arcipreste sacó tal partido, que convirtió en español el asunto y 
creó la trotaconventos, dando carne y huesos á la anus abstracta del 
PamphiUis. Fernando de Rojas acabó de redondear la vieja y «1 drama 
todo, creando La Celestina. "Las figuras antes rígidas, dice M. Pe- 
layo (Advert., pág. 36), adquieren movimiento; las fisonomías, antes 
estúpidas, nos miran con el gesto de la pasión; lo que antes era un 
apólogo insípido, á pesar de su cinismo, es ya una acción humana." De 
esta obrilla Pamphilus sacó el Arcipreste cuanto él dice y otros creen 
que sacó de Ovidio Nason, pues por de Ovidio la tenía; pero al verda- 
dero Nason no leyó el Arcipreste. Nótese que toma en esta paráfrasis 
la vez del protagonista Pamphilus y hace su papel, como si todo ello 
hubiera pasado por él ; ni más ni menos que se atribuyó hasta aquí 
cuanto ha dicho de los mundanos, á quienes trata de corregir, y se lo 
atribuirá hasta el fin del libro. Esta es la traza artística é ingeniosa 
con que quiso dar fuerza autobiográfica al libro, acrecentándole así el 
brío, color y verdad: esta es la falsedat que él dijo había en las coplas 
puntadas (c. 69), y por no tener esto en cuenta juzgaron erradamente 
el libro y la persona del A.rcipreste M. Pelayo, Puymaigre y Puyol, 
á pesar de entreverlo este último. 



244 ÉPOCA DIDÁCTICA, SIGLO XIV 

2-11. Las serranillas se parecen, como nota Puymaigre, á las pas- 
tourelles de los trouz'cres franceses : 

"En une vallée 

Prés de nion sentier 
Pastore ai trouvée 

Qui fet a proisier..." 

Pero Puymaigre rebaja harto las serranillas del Arcipreste, teniéndolas 
por parodias bufonescas de las pastourcUcs. Lo que hay es que aquellos 
señores de allende escribieron con guantes y para caballeros y damas 
de castillos feudales, mientras nuestro Arcipreste, poco avenido con 
idilios hechizos y églogas fantaseadas, se arrimó más á la naturaleza, 
sintió ateridas sus manos con los hielos de la sierra, comió el queso 
y el conejo de soto, dio con serranas oliatas y hombrunas á veces, 
retozonas cual cabras monteses siempre, y no les quiso quitar la chatez, 
lo cabrio y lo montaraz. Siempre fué más remilgado y de salón el arte 
francés; más bronco por más natural, harto más rugiente y pizmiento, 
más real y menos amanerado, en una palabra, el español. Tienen estas 
serranillas el candor que les basta, huelen á mejorana, á orégano y 
tomillo; pero también llevan pinceladas vivas, hasta chirriadoras y como 
buriladas con punta de acero, que á las pastourcUcs no les sobran. De 
donde verdaderamente viene, sin salir de España, la vena de esta lirica 
villanesca es de Galicia, como se ha visto bien claramente por el Can- 
cionero del Vaticano; de alli corre al Arcipreste, que á nadie imita, 
pero remansa éste, como los demás raudales poéticos, en inmenso lago ; 
después sigue la corriente hasta el Marqués de Santillana, Bocanegra 
y Carvajal en el siglo xv, y en el xvi se explaya en Gil Vicente, Juan 
del Enzina y Lucas Fernández, hasta perderse casi en el teatro del si- 
glo XVII, donde asoma de cuando en cuando en las obras de Lope y 
Tirso, y en estos nuestros tiempos ha vuelto á flor de tierra con el rena- 
cimiento de la poesía gallega en la misma Galicia, donde estaba la 
fuente. Enrique de Mesa escribe hoy serranillas lindísimas los veranos 
que pasa en el Guadarrama. 

En la Pelea de Don Carnal con la Qiiarcsma (c. 1067) tuvo por mo- 
delo el Arcipreste el fabliau de la Bataillc de Karesme et de Cliarnage, 
que se halla en el tomo IV de la colección de Méon (pág. 80); pero sólo 
tomó la trama general, como suele, dejándose llevar de su brillante 
fantasía y sobrepujando al modelo, mal que le pese á Puymaigre. 
Véanse otras parecidas en Rabclesiana, págs. 615-636. 

"i Qué pensar de esta apoteosis, no ya humorística, sino irreverente 
y sacrilega?" Asi pregunta Mcnéndez y Pelayo sobre la copla 1225 y 
siguientes, y cree excusarle con responder: "En el Arcipreste no es más 
que una facccia brutal, en que el poeta, dando rienda suelta á los ins- 
tintos pecadores de su naturaleza exuberante y lozana, se alegra y 
regocija ferozmente con la perspectiva de bodas y yantares y juglarías 
con que le convidaban las ferias de primavera" {Antolog., III, pág. xcii). 
Tan irreverente y sacrilega apoteosis del Amor la hallaba el Arcipreste 



S. XIV, 1343. JUAN RUIZ 245 

€n los clérigos, frailes, monjas, caballeros )' dueñas de su tiempo, sino 
que él supo darle forma poética, sacándola de los repliegues de las almas 
donde se solapaba, á la luz pública del arte. Su penetrante mirada la 
vio y su ingenio le dio plasticidad poética. ¿Y por eso se ha de atribuir 
á la persona del Arcipreste como f aceda brutal de su alegría y regocijo 
feroz á la vista de bodas y yantares que le aguardan? Lo que supo ver 
y pintar en la sociedad que critica ¿básele de atribuir á él mismo? Viejo 
é injustamente agraviado y preso escribía todo esto el Arcipreste 
(c. 1671, 1674, 1677, 1683): ¡bueno estaba él para tales facecias bru- 
tales, yantares y bodas ! 

2 43. Los versos del tetrástrofo del Arcipreste son de catorce sila- 
bas los más y algunos de diez y seis, divididos en dos hemistiquios. Se 
ha dicho que en aquel tiempo no se admitía la sinalefa, de modo que 
han de contarse las sílabas con sus vocales. Es cierto; y en vez de la 
sinalefa suprimían una vocal, lo cual indico yo con el apóstrofo: 

"Diz' al león el lobo qu' el asno tal nasqiera" (c. 903). 

Léase, pues sin sinalefa, con sus diez y seis silabas : 

"Vy una apuesta dueña seer en el su estrado" (910). 

Sin embargo, no hallo medio de evitar la sinalefa en la c. 911, a no 
ser que cada hemistiquio forme verso aparte y el primero sea de ocho 
y el segundo de siete sílabas: 

"Nunca vy tal como ésta, i sy Dios me dé salud !" 

Si se admite lo primero, sería preferible escribir á lo romance la 
cuaderna vía. 

Lo mismo la 912, donde la sinalefa no ha lugar : 

"Poco salya de casa : era como salvaje." 

Al revés, el primero de siete y el segundo de ocho, si no se omite 
la c final de guárdeme: 

"De mensajero malo j guárdeme Santa María !" (913). 

Pero no cabe omisión alguna en: 

"Que nunca mal rretrayas á furto nin en conqejo" (923). 
"Ayna yerra ome, que non es apercebudo" (922). 

Hay que decir, por consiguiente, que en el tetrástrofo de Hita cabe 
igualmente el hemistiquio de siete y el de ocho sílabas en sus cuatro 
combinaciones: 

7-1-7, 8 -f 8, 7 + 8. 8 + 7. 

Fuera de estos casos, la copia está errada por los copistas y admite 
corrección. Aun algunos hemistiquios de ocho creo yo serían de siete 



246 ÉPOCA DIDÁCTICA, SIGLO XIV 

en el original, pues pronunciando el Arcipreste como el pueblo, haría 
más contracciones, por ejemplo: d' por de, qu' por que, 'I por el, etc. 
No me he atrevido á llevar al extremo este principio, aunque lo practico 
á veces. Alguna que otra hállanse segundos hemistiquios agudos de ocho 
sílabas; pero sabido es que la silaba última en todas las métricas se 
enseña que suena menos fuerte, de manera que pudiera tomarse como 
por grave esa sílaba aguda final : 

"Que fecha la conclusión en criminal acusación 
Non podía dar lyqenqía para aver conpusigion" (370). 

Y aun en el primer hemistiquio : 

"Oh' el otiV poder del rrey, en la su comisión" (371). 

Las combinaciones de hemistiquios en cada tetrástrofo son muy 
variadas. 

Ejemplos: S + 7, 7 + 8, 8 + 7, S +8 en la copla 931 ; 7 + 7, 7 + 8. 
7 + 7. 7 + 8 en la 930; 7 + 7, 8 + 8, 7 + 8, 8 + 7 en la 933. 

No pocas composiciones del Arcipreste se han analizado mal mé- 
tricamente por no haberse separado bien los versos (véase por ejemplo 
en Puyol) ; yo los he dividido como lo están pidiendo ellos mismos. 

Conviene particularizar aquí las demás clases de versos y estrofas 
del Arcipreste, aunque no sea más que para admirar la riqueza que in- 
trodujo en esta parte este poeta revolucionario, quiero decir extraordi- 
nario, que supo campar por sí é inventar lo que nadie había soñado. 

Además del tetrástrofo, han variado como hemos visto en versos de 
diez y seis y de catorce silabas en dos hemistiquios, quiso el Arcipres- 
te "dar alg^mos leqion e muestra de metrificar e rrimar e de trobar ; 
ca trobas e notas e rrimas e ditados e versos que fiz conplidamente, 
segund que esta qiencia requiere" (Introd.). De hecho nos dio en su 
libro versos de todas clases y estrofas variadísimas (22 clases de estro- 
fas además del tetrástrofo), como antes de él no se conocían y pocos 
después de él abarcaron. 

Versos dodecasílabos y endecasílabos ha creído hallar Puyol en las 
coplas 1049-1058 y 1678-1683, respectivamente; pero véanse en su lugar 
cómo naturalmente han de dividirse. Además, pues, de los versos de 
catorce y diez y seis sílabas del tetrástrofo, hay los versos siguientes: 

Octosílabos en las coplas 1710-1719, 1720-1728, 1650-1660, 987-992, 
1668-1672, 1059, 1060-1066, 959-971, 997-1005, 33-43. 

Heptasílabos en las coplas 1635-1641, 1678-1683, 1661-1667, 1673- 
:677, 1684, 1685- 1689, 21-32. 

Hexasílabos en las coplas 1049-1058. 1642, 1649, 1022, 1023-1042. 

Pentasílabos en las coplas 1678-1683. 

Tetrasílabos en las copias 1661-1667, 20-43, 1678-16S3. 

Mayor es la riqueza de combinaciones de los versos en estrofas y de 
Jas estrofas entre sí en toda la composición. 

I. Estrofas de diez versos: heptasilabos, menos los 2°, 5.°. 10, y 



S. XIV, 1343. JUAN RUIZ 247 

consonantados los i.°, 4.", los 2.°, 5.", los 3.°, 6.°, 7.°, los 8.°, 9.°, y el 
ídtimo con el último de todas las estrofas y con el de la primera, que 
es de cuatro versos, los tres primeros consonantados (c. 1661-1667). 

2. Estrofas de nueve versos octosílabos, consonantando los i.°, 3.°, 
5.", 7.° y los 2.°, 4.", 6.°, 8.°, y el último de todas las estrofas entre sí- y 
con el 3.° de la primera estrofa, que es de tres versos, los dos primeros 
pareados (c. 987-992). 

3. Estrofas de ocho versos heptasílabos, consonantando los i.°, 
3.°, los 2.°, 4.", 5.°, 8.°, y los 6.°, 7.° Además, el consonante del primer 
verso de cada estrofa es el mismo del último de la anterior, y la prime- 
ra estrofa es de cuatro versos, consonantando los i.°, 4.° y los 2°, 3.°, 
(c. 1673^1677). 

4. Estrofas de ocho versos octosílabos, consonantando los 1.°, 3.°, 
5.° y los 2.°, 4.°, 6.°; luego los 7.°, 8.°, de todas las estrofas entre sí y 
con la estrofilla primera de cuatro versos (c. 1060-1066). 

5. Estrofas de siete versos 'hexasílabos en combinación de a, b, 
a, b, a, b, y el final de catorce sílabas agudo, como estrambote, con- 
certando el de todas las estrofas (c. 1049-1058). 

6. Estrofas de siete versos: i.°, 3.°, 5.° y 6.° tetrasílabos agudos 
consonantados, y 2.°, 4.° y 7.° heptasílabos consonantados (c. 1678-1683). 

7. Estrofas de siete versos, consonantando los i.°, 3.°, 5.° y los 2.°, 
4.°, 6.°, 7.°, todos hexasílabos, menos el tetrasílabo último (c. 1642- 1649). 

8. Estrofas de siete versos octosílabos, consonantando los i.°, 3.°, 
los 2°, 4.\ 7." y los 5.0, 6.° (c. 959-971). 

9. Estrofas de siete versos octosílabos, consonantando los i.°, 3.°, 
5.°, los 2.°, 4.°, 6.°, y: (c. 997-1005). 

10. Estrofas de siete versos heptasílabos, consonantando los i.°, 
3.°, los 2.°, 4.°, 7.°, los 5.°, 6.» (c. 1635-1641). 

11. Estrofas de seis versos heptasílabos, consonantando los i.", 2.'', 
los 3.°, 4.°, y los 5.°, 6." (c. 1721-1728). 

12. Estrofas de seis versos heptasílabos, consonantando los i.'' 2.°, 
A.", 5° y los 3', 6.° (c. 1685-1689). 

13. Estrofas de seis versos, los dos primeros de diez y seis ó catorce 
sílabas, y los otros cuatro octosílabos, consonantando los i.°, 2°, 3.°, 6.° y 
los 4.°, 5.° (c. 1668- 1672). 

14. Estrofas de seis versos octosílabos, consonantando los i.°, 3.', 
5.° y los 2.°, 4.°, 6.° (c. 1710-1719). 

15. Estrofas de seis versos, consonantando los octosílabos i.", 2.", 
4.°, 5.° y los tetrasílabos 3.°, 6.° (c. 33-43). 

16. Estrofas de cinco versos hexasílabos, consonantando los i.°, 2.° 
y los 3.°, 4.°, y el 5.° con los cuatro de la primera estrofa (c. 1023-1042). 

17. Estrofa de cuatro versos octosílabos, consonantando los tres 
primeros entre sí, y el cuarto de todas las estrofas con el pareado del 
principio de la composición (c. 1651-1660). 

18. Estrofas de cuatro versos octosílabos, consonantando los tres 
primeros entre sí y el cuarto de todas las estrofas con la estrofa pri- 
mera (c. 21-32; 116-120). 



248 ÉPOCA DIDÁCTICA, SIGLO XIV 

19. Estrofa de cuatro versos tetrasílabos, todos consonantados 
(c. 20). 

20. Estrofa de cuatro versos hexasílabos, dos consonantados 
(c. 1022). 

21. Estrofa de cuatro versos de siete sílabas, consonantados i." con 
3.° y 2." con 4° (c. 1059). 

22. Estrofa de dos versos octosílabos, consonantados (c. 1650 y 115). 

243. Don Tomás Antonio Sánchez, en el tomo IV de su Colección 
de poesías castellanas anteriores al siglo xv (año 1790, Madrid), formó 
un texto arbitrario de los tres códices, escardó lo que le pareció ir contra 
la moral, confundió la ortografía y dejó sin explicar la mayor parte del 
glosario. Janer (t. LVII, Bibliot. Rivadeneyra, 1864) enmendó yerros de 
lectura y entremetió los trozos suprimidos ; pero sólo tuvo en sus manos 
el códice de Gayoso y fué menos sincero que su predecesor. Ducamin 
tuvo intención de hacer la edición crítica, pero se entró en el claustro sin 
hacerla. Le debemos, sin embargo, el mayor servicio que pudo hacer al li- 
bro del Arcipreste: hizo la edición paleográfica (Toiilouse, 1901), reco- 
giendo en su obra las variantes de los códices G y T al pie del texto ínte- 
gro del códice S, que tuvo por el mejor. Con este trabajo, que pocas 
veces habrá que recurrir á los códices, la edición estaba preparada. 
Adviértase que los códices G y T carecen de títulos y divisiones, que 
se hallan en S, de manera que no son los del Arcipreste. 

Los manuscritos principales del Libro de Buen Amor son: 

El manuscrito G ó de don Benito Martínez Gayoso, que hoy es pro- 
piedad de la Academia Española, y fué escrito el año 1389, esto es, cua- 
renta años después de escribir el autor su libro. Es, sin duda, el mejor, 
aunque Ducamin prefiera el manuscrito 5" por razones secundarias, 
pues G tiene ortografía más popular y más antigua y sus versos constan 
mejor que los de S, que se ve ha añadido y cambiado no poco por dar 
claridad al texto. Yo le sigo siempre que las variantes de los trozos no 
prueben estar errado. 

El manuscrito T ó de la catedral de Toledo, que hoy está en la 
Biblioteca Nacional, concuerda más en todo con G que con 5" y es de la 
misma época que G, lo cual comprueba la preferencia que doy á G, pero 
tiene más erratas. 

El manuscrito .S" ó del Colegio Mayor de San Bartolomé, de Sala- 
manca, que hoy para en la Biblioteca Real, es el más moderno de los 
tres, de principios del siglo xv, su ortografía más complicada y con- 
serva más trozos que los otros dos. Estas dos razones movieron á Du- 
camin á darle la preferencia; yo prefiero atenerniK al texto más antiguo. 

Los tres fueron impresos por Ducamin : S íntegramente, y los otros 
dos al pie en las variantes. Mi edición se atiene, en cuanto es posible, 
al texto más antiguo, que es G, corrigiendo por los demás y siempre con 
la ortografía del texto de donde las palabras se toman. Pero en todos 
los códices hay muchos versos de deslavazada expresión y en el cuento 
de sílabas echados á perder, por conTezón de aclarar el texto. 



S. XIV, 1348. DOX ALFONSO XI 249 

3-14. Juan Ruiz. Libro de buen amor [ed. paleográfica Ducamin], 
Toulouse, 1901 (Bibliothéque méridionale, t. VII); [Libro de cantares], 
ed. F. Janer, Bibl. de Aut. Esp., t. LXII; Libro de' buen amor, ed. y 
notas de J. Cejador, Madrid, 1913, dos tomos (de la colección de Clá- 
sicos Castellanos). Consúltense: M. Menéndez y Pelayo, Antología de 
poetas líricos, etc., t. III, págs. liii-cxiii ; R. Foulché-Delbosc, recen- 
sión de la ed. Ducamin, en Revuc Hispanique (1901), t. VIII, págs. 553- 
557; J- Puyol y Alonso, El Arcipreste de Hita: estudio crítico, Ma- 
drid, 1906; O. Tacke, Dic Fabeln des Erspriesters van Hita ini Rahmen 
der mittclalterlichen Fahelliteratur, Breslau, 191 1, señora Humphrey 
Ward, A Medioeval Spanisch IVriter, en Fortnightly Rezneiv (1876), 
t. XV (núm. i), págs. 809-832. 

245. El año 1344 se escribió la Crónica general de 1344, 
refundición que incluye una versión de la crónica de Abubekr 
Ahnied ben Mohainmed ben Musa (Ar-Rasi, del s. x), y que por 
haberse acabado el 21 de Enero de 1344, se puede llamar como 
hemos dicho. La Crónica de Veinte Reyes (desde Fruela II 
hasta la muerte de San Fernando) se hizo á mediados del si- 
glo XIV, teniendo en cuenta la de AlfonsO' X y la de 1344; pro- 
sificó no pocas gestas ó cantares, sobre todo del Cid. 

2 4 6. La Crónica de Ahnied-Ar-Razi ó moro Rasis es la más nota- 
ble de las historias escritas en árabe del siglo x. Los suyos le llaman 
Attaridji, esto es, el cronista por excelencia. Del texto arábigo sólo hay 
referencias en otros historiadores más modernos y la traducción caste- 
llana del siglo XIV, fundada en otra portuguesa hecha por el maestre 
Mohamad y el clérigo Gil Pérez, y es la llamada Crónica del moro 
Rasis. Su autenticidad probóla Gayangos {Memoria sobre la autenti- 
cidad de la Crónica denominada del moro Rasis, t. VIII de las Memo- 
rias de la Real Academia de la Historia, 1850) y Sjaavedra. Nos ha 
llegado en códices muy estragados y pasando por dos intérpretes, y pa- 
rece algo interpolada; pero es la mejor fuente para las leyendas de don 
Rodrigo y la principal de la Crónica de Pedro de Corral, del siglo xv. 
Una de las lagunas que tiene ha sido rellenada por la narración que 
R. M. Pidal halló en una de las redacciones de la Segunda Crónica 
general, esto es, la de 1344 (Catálogo de la Real Biblioteca. Manuscritos. 
Crónicas generales de España descritas por R. Menéndez Pidal, Ma- 
drid, 1898. Bl texto de Rasis, desde la pág. 26 á la 49). 

247. Año 134S. Don Alfonso XI, el Justiciero, ó el 
DEL Salado (1311-1350) comenzó á reinar en 1312, bajo la tu- 
teila de su abuela doña María de Molina que mostró su gran pru- 
dencia y valor contra las pretensiones de los infantes don Pedro, 



25o ÉPOCA DIDÁCTICA, SIGLO XIV 

tío del Rey ; don Juan, tío de don Fernando, y don Juan Manuel. 
Se encargó del gobierno á los catorce años, juntando Cortes en 
Valladolid y, deshaciéndose de los tutores, se hizo famoso por sus 
leyes y por las guerras con los moros en Algeciras, El Salado y 
Gibraltar, en cuyo sitio murió. Publicó el Ordenamiento de Al- 
calá, á 28 de Febrero de 1348 (era de 1386), y lo mandó usar y 
guardar su hijo don Pedro. Puso en vigor las Siete Partidas. 
Atribuyesele el Libro de la Montería. Fué, después de Alfonso X, 
el legislador á quien más debe la jurisprudencia española. 

248. El Libro de la Montería publicólo Argote de Molina en 1582 
y reprodújolo J. Gutiérrez de la Vega, Bibliot. venatoria, Madrid, 1877, 
t. I y II. Consúltese: B. Martín Mínguez, Alfonso XI y el Libro de la 
Montería, en La Ilustración Española y Americana, 1906, t. LXXXI, 
págs. 190-191. Consérvase el texto de las Cortes celebradas por Al- 
fonso XI en Burgos, 1315; en Valladolid, 1325; en Medina del Campo, 
1328: en Madrid, 1329; en Alcalá, 1348, con su famoso Ordenamiento, 
y en León, 1349. 

249. A 'la primera mitad del siglo xiv pertenece el Poema 
de Alfonso Onceno (1312-1350), traducción probablemente del 
gallego, hecha por Rodrigo Yáñez. El autor debió asistir á 
muchos de los hechos qite canta como soldado y juglar, no coma 
poeta erudito. Hay brío y calor, como en ningún otro poema 
anterior, fuera del Cantar de mió Cid. Consta de 2.455 estro- 
fas de á cuatro versos octosílabos, consonantados el primero 
con el tercero y el segundo con el cuarto, aunque le falta el 
principio y el fin y tiene algunas otras lagunas. Es la última 
muestra de la epopeya castellana del mestcr de juglaría. 

250. Descubrió el Poema de Alfonso XI en Granada, por los años 
de 1573, Diego Hurtado de Mendoza, y publicó un extracto de él Argote 
de Molina en la Nobleza de Andalucía (1588). Mendoza lo tuvo por una 
de las antiguas gestas (en su carta de i." de Diciembre de 1573 á Zurita) 
y <le hecho es la última del mestcr de juglaría. Nicolás Antonio creyó que 
su autor era Alfonso XI. El manuscrito, que fué de Mendoza, pasó con 
su librería á la Biblioteca de El Escorial, donde estuvo hasta 1864, en 
que Florencio Janer lo publicó, reduciendo á la forma versificada el 
texto, que está como si fuera prosa. Hállase plagado de faltas en la ver- 
sificación, debidas acaso al que se supone lo transcribió al castellano, 
como insinuó Julio Cornu, pues leídos en gallego ó en portugués los 
versos cojos resultan enteros. Parece, pues, que el Rodrigo ó Ruy 
Yáñez, que se nombra en la copla 1841 ("Yo Rodrigo Yannes la note | 



S. XIV. lA CRÓNICA RIMADA 25 1 

en leiiguage castellano") fué un traductor desmañado, natural de Ga- 
licia, que castellanizó su nombre de Rodrigo Eannes. Hay otros que 
suponen fué un portugués el que se esforzó por escribir el Poema en 
castellano ; pero el sonar bien los versos en gallego hace más probable 
la primera conjetura. Las alusiones á las profecías de Merlín (242-246, 
1808...) la corroboran, pues éstas entraron en Galicia con los lays bre- 
tones, y no menos lo de "la farpa de don Tristán" (409). El autor de la 
Crónica de Alfonso XI parece tuvo presente el Poema. 

251. Poema de Alfonso Onceno. Ed. F. Janer, Madrid, 1863; Bibl. 
de Aut. Esp., t. LVII. Consiiltense : señora C. Michaélis de Vasconce- 
llos, en Grundriss der romanischen Philologie, t. II, 2. Ableitung, pá- 
ginas 204-205 ; señora C. Michaélis de Vasconcellos, Estudos sobre o 
romanceiro peninsular: Romances vellios cni Portugal, Madrid, 1909, 
pág. 330- 

252. La Crónica rimada- de las cosas de España desde la 
muerte del rey don Pelayo hasta don Fernando ''el Magno" , y 
más particularmente de las aventuras del Cid, qne otros inti- 
tulan Cantar de Rodrigo ó también Las mocedades de Rodri- 
go, es una composición de unos 1.225 versos, los más de diez y 
seis sílabas, esto es, en romance, con huellas de la cuaderna vía 
y algunos versos que no son más que prosa cortada (ej. 235- 
248; 312-313). El autor semierudito tomó del pueblo d metro 
del romance, el asunto histórico y hasta la manera novelesca 
que habían traído á Castilla las nuevas leyendas caballerescas, 
venidas de Galicia y Francia. Es, pues, un largo romance con 
inspiración popular, hecho por persona algún tanto letrada. 

253. La Crónica rimada se halla en un manuscrito del siglo xv. La 
refundición de la Crónica general de 1344 contiene ya en prosa la his- 
toria de las mocedades del Cid, tal como la ofrece la Crónica rimada, 
de manera que parece hubo gestas, mejor diremos romances, que las 
cantaban, de los cuales salió ó á los cuales alude esta prosa de la Cróni- 
ca de 1344 y la descuidada Crónica rimada. El autor, que parece debía 
de ser palentino, tiene del juglar y del erudito. La manera de tratar al 
Cid en una y otra Crónica muestra que el espíritu caballeroso y aventu- 
rero corría ya por España y que ya se debían de cantar romances de este 
nuevo género novelesco, de los que tantos hay entre los romances viejos 
del siglo XV. El Cid, mozo de doce años, se combate con el Conde Gó- 
mez de Gormaz por haber maltratado éste á los pastores de su padre y 
robádole su ganado. Mátale, y la más joven de las hijas del muerto, 
llamada Ximena Gómez, demanda en matrimonio al matador, hecho 
caballeresco hasta dejarlo de sobra. Cásase Rodrigo contra su voluntad 



252 ÉPOCA DIDÁCTICA, SIGLO XIV 

cediendo á los ruegos del rey don Fernando, á quien insulta y jura 
no besarle la mano á él ni ver á Ximena hasta tanto que no haya salido 
vencedor en cinco lides : otro rasgo caballeresco. Vencedor en una, se 
aviene con el Rey; peregrina á Santiago y, al volver, acoge á San 
Lázaro en figura de leproso, el cual se le aparece en sueños; sóplale 
en las espaldas y prométele victoria siempre que sienta estremecerse 
(calentura). En Falencia está aún en pie la iglesia de San Lázaro, man- 
dada labrar por el Cid, y junto á ella hubo el primer hospital de leprosos 
de España, según alli se dice. Emprende, pues, sus aventuras, vence 
al Conde de Saboya, coge presa á su hija y aconseja al rey don Fer- 
nando que la tome para si ; pártese para París, golpea las puertas, en- 
cuentra al Papa, desafia al Rey de Francia y á los doce Pares; asiste 
á las vistas de los Reyes de Castilla y de Francia, del Papa y del Em- 
perador de Alemania, portándose con altanera fanfarronería; la hija 
del Conde de Saboya da á luz un hijo, cuyo padre es "el buen rey don 
Fernando", y para celebrarlo, el Papa solicita treguas de un año, apo- 
yándole el Rey de Francia y el Emperador de Alemania, padrinos del 
niño. El romántico Cid de la Crónica rimada bien se ve cuánto dista 
del histórico Mió Cid: el soplo de la novela caballeresca había soplado 
regañonaniente de Galicia. Tal aparece después en no pocos romances 
y en el teatro, en la Comedia de la muerte del rey don Sancho y reto 
de Zamora por don Diego Ordóñez, de Juan de la Cueva ; en Las moce- 
dades del Cid, de Guillen de Castro; en Las Almenas de Toro, de Lope; 
en La jura en Santa Gadea, de Hartzenbusch; en Le Cid, de Corneille; 
en La Légende des Siccles, de Víctor Hugo; en los Poemcs tragiques, 
de Leconte de Lisie; en los Trophces, de José María Heredia. 

La Crónica Rimada se conserva en un códice de la Biblioteca Na- 
cional de París; fué impresa por Francisque-Michel, Viena, 1846; por 
Ferdinand Wolf, Viena, 1847; por Duran, en el Romancero general, 
vol. II, Madrid, 1851, Bibl. de Autor. Esp., t. XVI. Apénd. IV. núm. 188. 

254. El Cantar de Rodrigo. Ed. B. P. Bourland, en Rez^ite Hispa- 
ñique (1911), t. XXIV, págs. 310-357; Crónica rimada de las cosas de 
España desde la muerte del rey don Pelayo hasta don Fernando "el 
Magno", y más particularmente de las aventuras del Cid, ed. Fr. Mi- 
chel, Anzeigc-Blatt für IVisscnschaft und Kunst, en Jahrbikher der 
Lileratur (Wien, Ditiembre 1846), t. CXVI ; reímp., en Bibl. de Aut. 
Esp., t. XVI, págs. 651-664; facsímile del manuscrito de la Bibliothéque 
Nationale, ed. Archer M. Huntington, New York, 1904. Consúltese: 
M. Menéndez y Pelayo, Tratado de los romances viejos, Madrid, 1903, 
t. I, págs. 337-345- 

255. Fernando Sánchez de Tovar ó d£ Valladolid, 
predecesor de López de Avala en la Cancillería de Castilla en 
tiempo de Alfonso XI, y que acaso alcanzó hasta Enrique II, 
escribió por orden del mismo Alfonso XI la Chronica dd rey 



S. XIV, 1350. LA CRÓNICA TROVAXA 253 

D. Alonso "el Sabio", V'alladolid, 1604; la Chronica del rey 
D. Sancho "el Braz'o" ; la Chronica del rey D. Fernando el IV; 
la Chronica del rey D. Alfonso XI. Todas en la Bibl. Escor. Cre- 
yéronse antes obra de Juan Núñez de Villaizan. 

Acaso en 1345, y por lo menos poco antes de 1350, Fray 
JoHAN García de Castro Xerex (Castrojeriz), de la orden de 
los frailes menores, confesor de la reina de Castilla, trasladó 
del latín El Reginuento de los príncipes, por orden de don Ber- 
nardo, obispo de Osma (1331-1335), "por honra e enseñamien- 
to del muy noble infante don Pedro, fijO' primero heredero del 
muy alto e muy noble don Alfonso, rey de Castilla, de Toledo, 
de León". Este Infante fué el que reinó después, llamándose don 
Pedro el Cruel, nacido en 1334 y que sucedió á su padre Al- 
fonso XI en 1350. La obra latina era De regimine principum, 
hecha por Egidio Colonna, ó "Gil de Roma", de la orden de 
San Agustín, que dice la versión, el cual murió en Aviñón en 
1316, después de ser Obispo de Bourges y maestro del futuro 
Felipe IV el Hermoso, de Francia, para quien escribió el libro. 
Nacido este Rey en 1268 y habiendo sucedido á su padre en 
1 28 1, el libro se compuso antes de esta fecha. El trasladador 
añadió muchas cosas de su cosecha. Imprimióse la traslación en 
Sevilla, 1494. Consúltese Rcvue Hispaniqíie, t. XV, pág. 370. 

En 1350 se tradujo la Crónica Troyana del Román de 
Troie, hecho por Benoit de Sainte-More hacia el 1160. 



256. Resumamos ía historia de las llamadas Crónicas troyanas 
y cuanto al cido troyano atañe. En la segunda mitad del siglo iv, antes 
de Teodosio (379), compuso Septimius una historia fabulosa de la gue- 
rra de Troya, que pasa por traducción de un seudo cretense, Dictys, el 
cual la escribió en fenicio 3' fué hallada en tiempos de Nerón en su ce 
pulcro, el cual mandó se vertiese al griego. Así se dice en el prólogo 
de la redacción latina ; pero ésta parece haberse compuesto, sin ser tra- 
ducción del tal Dictys. En la segunda mitad del siglo v otra Historia 
de excidio Troiae se publicó, no menos fabulosa, como traducción del 
seudo frigio Dares, que estaba en griego: el traductor se firma Co."nelio 
Nepote, y la dirige á Salustio ; el autor se presenta como testigo ocular. 
Todo ello es una superchería de aquel tiempo de decadencia. Se han 
publicado entrambas fabulosas historias juntas, generalmente, F. Meis- 
ter, Lips., Bibl. Teubner, 1873. En la Edad Media se tuvo por fabuloso 
á Homero y en cambio se creyó á pies juntillas cuanto decían estas dos 
fabulosas historias: "Todos aquellos que verdaderamente quisiéredes 
saber la estoria de Troya, dice la traducción castellana del Román de 



254 ÉPOCA DIDÁCTICA, SIGLO XIV 

Troie. non leades por un libro que Omero fiso... este libro fiso él des- 
pués más de cient annos que la villa fué destroyda; et por ende non 
pudo saber verdaderamente la estoria en commo passara. Et fué 
después este libro quemado en Atenas. Mas leet el de D^ítis, aquel que 
verdaderamente escrivió estoria de Troya en commo passaua por ser 
natural de dentro de la cibdad, et estudo presente a todo el dcstruy- 
miento, et veya todas las batallas et los grandes fechos que se fasian, 
et escrivía siempre de noohe por su mano en qual guisa el fecho pasa- 
ua". Dictys era de los griegos, Dares de los troyanos, según se decía. 
Isidoro, Orig., I, 41 : "Historiam primus apud nos Moyses... conscripsit; 
apud gentiles vero primus Dares Phrigius de Graecis et Troianis hi- 
storiam edidit, quam in foliis palmarum ab eo conscriptam esse ferunt". 
Consúltense: H. Dunger, Die Sage vom trojanischen Kriegc iu lirn 
Bearbeitungen des Mittelalters, Dresde, 1869 ; F. Meister, Ueber Dares 
von Phrygien, Breslau, 1841 ; G. Kortin, Dicktys iind Dares; ein Bei- 
iragc sur Gesch. d. Trojasagc in ihrem Uebergangc aus d. antiken in 
die romantische Form, Halle, 1874. También hay una Historia Daretis 
Frigii de origine Francormn (que pretenden venir de los troyanos), 
interpolada en tres manuscritos de Fredegario y publicó G. Paris, Ru- 
mania, 1874. La Historia excidii Troiae es también acaso de origen 
franco. Un poeta de Turena, Benoit de Sainte-More. compuso con estos 
materiales, hacia 1160, el Román de Troic, en más de 30.000 versos 
pareados de nueve sílabas, y aduló la vanidad nacional con el supuesto 
parentesco de francos y troyanos. Tradujese al alemán y compendióse 
en prosa francesa; pero sobre todo corrió por Europa en la traducción 
latina hecha por Guido delle Colonne, juez de Mesina, con el título de 
Historia Troiana, comenzada en 1272 y acabada en 1287, callando mali- 
ciosamente su verdadero original, refiriéndose sólo á Dictys y Dares y 
dando al libro una pedantesca apariencia histórica que contribuyó á 
su crédito entre los letrados (M. Pelayo, Orig. novel, t. I, pág. cxlv). 
Todas las variantes, españolas é italianas, de la Crónica Troyana se 
fundan en la Historia de Guido de Columna ó en el Poema de Benito de 
Sainte-More. A. Mussafia las distinguió en Uber die Spanische versio- 
nem der Historia Trojana, Viena, 1817. Ya dijimos del Poema de Ali- 
xandre, de Berceo. La traducción castellana del Román de Troie de 
1350 dice: "Este libro mandó facer el muy alto e muy noble e muy es- 
celent rey don Alfonso, fijo del muy noble rey don Fernando e de la 
reyna doña Costanza. E fué acabado de escribir e de estoriar en el 
tiempo que el muy noble rey don Pedro, su fijo, regnó, all cual mantenga 
Dios... Fecho el libro postremero dia de diziembre. Era de mili et 
trecientos et ochenta et ocho años. Nicolás Genitales, escriban de los 
sus libros, lo escribí por su mandado." Tradujese esta versión castellana 
por Fernán Martis al gallego, "era de mili e quatro<;cntos et onze años", 
esto es, año de 1373; de ella hay dos códices: el que fué de Santíllana 
y hoy para en la Bibl. Nacional, procedente de la de Osuna, y el bi- 
lingüe, gallego y castellano, de la biblioteca de M. Pelayo : de entrambos 
salió la edición de Andrés Martínez Salazar, La Coruña, 1900, dos 



S. XIV, 1356. FR. XICOLÁS EVMERICH 2Í)5 

vols. Volvió á traducirse el Román de Troic en castellano por autor 
anónimo á fines del siglo xiv, con algunos trozos versificados, cuyo có- 
dice, también de Osuna, para en la Bibl. Nac. (véase Reznie Hisp., 1899), 
aunque parece anterior á la de 1350 por ciertos arcaísmos del lenguaje. 
De la Crónica, de Guido de Columna, procede la traducción catalana de 
Jaime Conesa (1367), y la castellana de Pedro de Chinchilla (1443), cuyo 
■códice está en la bibl. de M. Pelayo. La Crónica Troyana, impresa en 
el siglo XVI á nombre de Pedro Núñez Delgado, Medina, 1587, toma á 
■Guido por principal fuente y añade otras fábulas. 

Crónica Troyana, códice gallego del siglo xiv, etc., ed. M. R. Rodrí- 
guez, La Coruña, 1900, 2 vols. Consúltense : J. Cornu, Estoria Troyáa 
■acabada era de mili et quatrogentos et onze annos (1373), en Miscellanea 
lingüistica in onore di Grasiadio AscoU (Torino, 1901), págs. 95-128; 
A. Mussafia, Ueber die spanischen Versioncn dcr Historia Trojana, en 
Sitzungsbcrichtc d. k. k. Akadcmie (Wien, 1871), t. LXIX, págs. 39-62. 

35 7. Don Gil Alvarez de Albornoz (1310-1367), nacido en Cuen- 
ca, consejero de Alfonso XI, Arzobispo de Toledo, Cardenal desde 
1350, Legado y cabeza de las tropas de Inocencio VI, para quien recon- 
quistó muchas plazas de su patrimonio. Aniquiló en Italia el poder de 
Visconti de Milán, como Legado de Inocencio VI por la publicación de 
las Constitutiones Aegidianae del año 1362, impresas en Venecia, 1568- 
1571. Fundó el Colegio Mayor de San Clemente de los Españoles en 
Bolonia, que se inauguró en 1367. Hizo otras varias Constitutiones, 
como las diocesanas y provinciales de Toledo (1339), las contra Cle- 
ricos conciibinarios (1342); además el Catecismo, en castellano: Inte- 
rrogaiiones et Scrntinia de peccatis piiblicis para los Visitadores de las 
Iglesias; en fin, las Constitutiones de 1345: todo ello en la Biblioteca 
de El Escorial. 

Fray Bernardo Oliver, valentino, agustino y obispo de Tortosa 
hacia 1345, publicó Excitatorium mentís in Deum, traducido por anó- 
nimo : Espertamicnto ó levantamiento de la voluntad en Dios. Tracta- 
ilis contra Judaeos. 

Fray Guillermo Anglés, valenciano y obispo de \'alencia en 1345. 
escribió Expositio de ordine Missae. 

El maestro general Gavee, barcelonés, escribió hacia 1345 Epístola 
Apologética. De perfectione eitisdem Ordinis. De caelesti eiusdem Ordi- 
nis revelatione ac fundatione. 

Rodrigo de Mallorca escribió E.vimiae Chiromantiae in Universi- 
tate Oxoniensi circa médium saeculi xiv compilati, ó De praedictionibus. 

Fray Nicolás Rosell (t 1362), dominico mallorquín y cardenal des- 
de 1356, escribió De quadruplici iurisdictione Romanae Ecclesiae in 
regnum Siciliae. De unitate Ecclesiae et schismate z'itando. Historia 
crdinis Pracdicatorum, que acabó en Roma el 1357. Otras obras en 
Nic. Antonio. 

En 1356 Fray Nicolás Eymerich, dominico gerundense, fué nom- 
brado inquisidor de Aragón. Publicó Directorium Inquisitorum, impre- 



256 ÉPOCA DIDÁCTICA, SIGLO XIV 

SO en Roma, 1578. De potestate Pontificis contra hacrcticos. De duohus 
Christi naturis et de tribus personis in Deo. De excellentia Christi et 
B. Virginis. In Pmdi ad Calatas et ad Hehraeos. Contra adoratorcs et 
advocatores daemonum. Contra calumniantes pracemincntiam Christi et 
Virginis. Supcr quatuor EvangcUa. Condones. Contra astrólogos im- 
peritos atque contra nigromantes. 

A principios del reinado de don Pedro I y por su mandado se 
compuso el Becerro ó Libro famoso de las Behetrias de Castilla, que 
se custodia en la Real Chancillería de Valladolid, en el cual se expresan 
la naturaleza y origen de la nobleza de España y se describe en todo su 
esplendor el feudalismo español en el último tercio de la Edad Media. 
Imprimióse en Santander, 1866, en cuyo prólogo se atribuye á don Pe- 
dro I. Tenemos las Cortes celebradas por don Pedro en Valladolid, 1351, 
con sus varios Ordenamientos; las celebradas por Enrique II en Bur- 
gos, 1367; en Toro, 1369 y 1371 ; en Burgos, 1373, 1374, 1377; las cele- 
bradas por Juan I en Burgos, 1379; en Soria, 1380; en Valladolid, 1385; 
en Segovia, 1386; en Briviesca, 1387; en Palencia, 1388; en Guadala- 
jara, 1390; las celebradas por Enrique III en Madrid, 1391 y 1393. 

Hacia 1356 Guillermo Despaborde, jurisconsulto de Pedro IV de 
Aragón, escribió De privilegio militari. De pace et tregua. Alpliabetum 
inris patrii. 

Don Fray Alonso de Vargas (1299-1365), agustino toledano, ar- 
zobispo de Sevilla desde 1361, escribió Quacstioncs de anima, Venecia, 
1565. In Ubrum Magistri Scntcntiarum, ibid., 1490. 

Fray Juan Ballester (t 1374), carmelita mallorquín, general de la 
Orden, escribió Siiper libros Sententiarum. Constitutiones sui Ordinis. 
Sermones. De bello forti militantis Ecclesiae et Anti-christo. 

Fray Francisco de Bacho (t 1372), carmelita catalán, procurador 
general de la Orden desde 1366, luego provincial, escribió Repcrtoritim 
Praedicatorum. Super libros Sententiartim. Sernvones. 

Fray Bernardo Oller, carmelita de Manresa, general y sucesor de 
Ballester desde 1375, escribió De Ordinis sui origine. De immaciilata 
Virg. conceptione. 

258. Los castigos y documentos, libro atribuido al rey don 
Sandio IV, se publicaron malamente en la Biblioteca de Riva- 
deneyra, 1857. Gran parte está tomado de la traducción del 
De regimine principiiin, de Egidio Colonna, liecha cincuenta 
años después de morir Sancho IV, no sólo de lo que Colouna 
escribió, sino de lo añadido por el traductor Jolian Garcia. No 
es obra de dicho Rey y se hizo entre los años 1350 y 1369, segiin 
Groussac, cuanto á la redacción primitiva, contraheclia y aumen- 
tada después, acaso en tiempos de Enrique III. 

Castigos e Documentos. Bibl. de Aut. Esp., t. El. Consúltense: 



S. XIV. PEDRO DE VERAGÜE 267 

P. Grousac, en Revue Hispanique (1906), t. XV, págs. 212-339; R- Foul- 
ché-Delbosc, en Rcviie Hispanique (1906), t. XV, págs. 340-371. 

259. El rabino Sem Tob ó Santob ó Santo, que suena 
biícn nombre, fué el primer judío que escribió en castellano y el 
primero que introdujo en Castilla la poesía gnómica ó senten- 
ciosa, poniendo en 686 cuartetas de versos heptasilabos los Pro- 
zerbios Morales. Era ya canoso cuando -dirigió su obra á don 
Pedro (1350-1369), de quien algunos le creen médico, sin algi'm 
fundamento. Tampoco se sabe si nació en Carrión de los Condes, 
aunque allí estuviese avecindado. El Teognis castellano supo 
poner en versa bien rimado, con la gracia y nobleza de este 
género de composición y con bien apropiadas metáforas y cierto 
colorido oriental, la doctrina sentenciosa, que en aquel siglo 
habían tantos tratado en prosa, sacándola de la Escritura y de 
los libros de origen arábigo, corrientes á la sazón. Peca á veces 
de alguna oscuridad y sequedad, debidas á su extremada conci- 
sión y á las alegoría^ ó metáforas. 

3G0. Sermón comunalmente rimado de glosas y nwralmente sacado 
de filosofía llamó el autor á su obra. Santillana dice de él que fué 
"grand trovador", que escribió "muy buenas cosas" y "assaz comen- 
dables" sentencias. Según el mismo Marqués, escribió Sem Tob otras 
obras, que desconocemos. Falsamente se le atribuía la Doctrina de la 
Discricion, la Revelación de un ermitaño y la Danza de la Muerte. 
Dos son los textos que tenemos del libro de Sem Tob, tan diferentes, 
que parecen dos obras: el mejor y más completo es el de la Biblioteca 
de El Escorial, en 686 estrofas, y es el que editó Janer, poniendo al pie 
las variantes del otro manuscrito, 627 estrofas, que se guarda en la Bi- 
blioteca Nacional y que editó Ticknor. Ambos fueron cotejados por 
José Coll y Vehí. Proverbios morales, edic. Bibl. de Aut. Esp., t. LVII. 
Consúltese: Untersuchungcn iiber die Proverbios morales van Santob 
de Carrión, mit besonderen Hinweis auf die Quellen und Parallelen 
von doctor Lcopold Stein, Berlín, 1900; M. Menéndez Pelayo, Antolo- 
gía de poet. lír. cast., t. III, págs. cxxiv-cxxxvi. 

261. Pedro de Veragüe escribió la Doctrina de la Discri- 
gion, que falsamente atribuyen algunos á Sem Tob. Es un ca- 
tecismo en 154 estrofas, de tercetos octosílabos, con el último 
verso de cuatro sílabas. Es de fines del siglo xiv y fué impreso 
en el siglo xvi (Gallardo). 

Foulché-Delbosc ha editado el ms. de El Escorial, IV, b. 21, fol. 88- 

>7 



258 ÉPOCA DIDÁCTICA, SIGLO XIV 

io8, en Reí'. Hisp., t. XIV (1906), págs. 565-597; Bibl. de Autor. Esp., 
t. LVII. 

262. Juan Fernández de Heredia, "ilustre vastago de una de las 
más poderosas familias de Aragón", como escribe Am. de los Ríos 
(V, 240), nació en 1310, entró en la Orden de San Juan en 1332 y cin- 
cuenta y cinco años después fué nombrado Gran Maestro de la Orden ; 
asentó en Aviñón el 1382 y se rodeó de letrados hasta que murió, el 1396, 
escribiendo durante aquel tiempo obras de historia. Atribúyensele, aun- 
que no todas sean enteramente suyas, sino que las planearía y revisaría, 
las obras siguientes en castellano aragonés : Versión de las Vidas de Plu- 
tarco, Ídem de Crosius, ídem de Marco Polo, ídem De Secreto Sccreto- 
rum, de Aristóteles; Flor de las Istorias de Orient, La Historia de Eutro- 
pio, La grant Crónica de Espanya, La grant Coronica de los C onquirido- 
res, de la que ha publicado la Sociedad de Bibliófilos Madrileños las 
Gestas del rey don Jayme de Aragón, Madrid, 1909. Véase Revue His- 
pan., 1907, t. XVI, pág. 244; Morel-Fatio, Rom., XVIII, pág. 491. 

Johan Fernández de Heredia, Libro de los fechos et conquistas, ed. 
[con trad. francesa] A. Morel-Fatio, Genéve, 1885 (Publications de la 
Société de l'Orient Latín, IV) ; Gestas del rey don Jayme de Aragón, 
ed. R. Foulché-Delbosc (Soc. de Biblióf. Madrileños, t. I). 

Don Pedro Gómez de Albornoz, arzobispo de Sevilla hasta 1372, 
escribió De la justicia de la vida espiritual (Bibl. Real). 

263. El Canciller Pero López de Ayala (1332-1407) 
nació en Vitoria, de padre ailavés, Ferrán Pérez de Ayala, y de 
madre montañesa. Elvira de Ceballos. Entró de paje de don 
Pedro el Cruel en 1353, fuélo después del infante don Fernando 
de Aragón, volviendo el año siguiente al servicio de don Pedro, 
de quien fué partidario hasta 1366, en que fué proclamado rey 
don Enrique en Calahorra, que, huyendo don Pedro, se pasó con 
su padre al bando del bastardo. En 1359 recorre como capitán 
de la flota los mares de Valencia y Cataluña, alcanzando el al- 
guacilazgo mayor de Toledo en premio de su extraordinario 
valor. Hecho prisionero en Nájera por el Príncipe Negro (i367\ 
se rescató, y tras el fratricidio de don Pedro en Montiel (1369], 
fué enriquecido y honrado por Enrique II y Juan I. En Alju- 
barrota (1385) fué preso de los portugueses, pasando quince 
meses en una jaula de hierro en el castillo de Oviedes, donde 
trabajó en el Rimado de Palacio y en el Libro de la ca::a. que 
comjniso en 1386. Rescatado en 1387 volvió á España y fonnó 
parte del Consejo de regencia en la minoría de Em-ique III 
(1390-1394) y fué nombrado Gran Canciller de Castilla (1398). 



S. XIV. PERO LÓPEZ UE AYALA 25^ 

En 1402 vio nombrados Merino mayor de Guipúzcoa á su hijo 
Pemando y Alcalde mayor de Toledo al otro hijo Pedro. Toda- 
A'ía vivió nueve años dado á la política y á las letras, residiendo, 
ya en la corte, ya en sus estados de Álava y la Rioja, en los nvy- 
nasterios de que era fundador ó patrono, sobre todo en el de 
San Juan de Ouijana y en el de San ^Miguel del Monte, cerca 
<ie Miranda de Ebro. Murió casi de repente en Calahorra en 
1407, después de don Enrique III y cuando se hallaba escri- 
biendo su Crónica. Pué recio de complexión y de musculoso 
cuerpo, de valor hasta la temeridad, salvo que con reflexión, 
diestro en la caballería y en las armas, amigo de la caza de ce- 
trería y montería, "muy dado á as mujeres, más de lo que á tan 
sabio caballero como él convenia", en frase de su sobrino Fer- 
nán Pérez de Guzmán. 

264. Su padre fué rico hombre de Álava, de los que ayudaron á 
Alfonso XI á apoderarse de su provincia natal. Ete la hermana del 
Canciller descendía Fernando <•'/ Católico. En su Crónica confiesa su 
desleal traición: '"e de tal guisa iban los fechos, que todos los más que 
del se partían habían su acuerdo de non volver más á él". Amontonó 
señoríos, alcaldías, tenencias, heredamientos y riquezas sin cuento, sien- 
do además arbitro de cuanto se hacía en Castilla. Obtuvo al pasarse á 
don Enrique el cargo de alférez mayor de la Orden de la Banda, cuyo 
pendón llevó en la batalla de Xájera; fué de los más favorecidos en el 
reparto del botín de Montiel, adonde no asistió; en 1369 logró la Pue- 
bla de Arciniega, la torre del valle de Orozco, la posesión del valle 
de Llodio, que traía en litigio su padre; en 1374, los cargos de alcalde 
mayor y merino de Vitoria y la confirmación del mayorazgo fundado 
por su padre, que ya entonces era fraile dominico ; en fin, la alcaldía 
mayor de Toledo, en 1375. Como consejero de Enrique II y Juan I 
mostró su habilidad en misiones diplomáticas en las Cortes de Aragón 
y de Francia, asistiendo á Carlos VI en la batalla de Rosebeck, por lo 
que le hizo en 1382 su camarero y le dio una pensión anual de i.ooo 
francos de oro. Treinta mil doblas de oro pagó por su rescate á los 
portugueses su mujer doña Leonor de Guzmán, con ayuda de su pariente 
«I Maestre de Calatrava y de los Reyes de Francia y de Castilla. Ajustó 
las paces entre don Juan I y la casa de Lancáster, representante de 
los derechos de los descendientes de don Pedro y peroró en las Cortes 
•de Guadalajara de 1390 contra el proyecto de abdicación y repartición 
del reino que tenía fvensado don Juan I. En 1392 ajustó las treguas 
con Portugal por don Enrique III, que estaba en su minoridad, el cual 
después, en 139S, le nombró Canciller. Escribió su vida Rafael Floranes 
y se publicó en los tomos XIX y XX de los Documentos inéditos pai-a 
la Historia de España. 



26o ÉPOCA DIDÁCTICA, SIGLO XIV 

265. El Rimado de Palacio fué compuesto por 'la mayor 
parte en la jaula de hierro de Oviedes, como el Libro de buen 
Amor y el Quijote se compusieron en la cárcel. La desgracia 
abre los ojos para reconocer las culpas propias y ajenas. Desde 
la estrofa 903 hubo de escribirse más tarde, cuando ya libre el 
Canciller pudo poner en su obra más tranquilidad y serenidad,, 
que cuando preso comenzó con la propia confesión para que su 
crítica de los vicios ajenos tuviese más fuerza, bien así como lo^ 
hizo el de Hita. Al acabar su Sermón dice en la estrofa 706 que 
se hallaba aquejado "de muchas grandes penas e de mucho cuy- 
dado". Así el Arcipreste pide á Dios: "Saca á mi coytado desta 
mala presión. " No puede negarse cierta parentesco entre la obra 
del Canciller y la del Arcipreste : ambos pretenden criticar los 
vicios de la sociedad, con la diferencia de unos cuarenta años. 

El Canciller leyó y remedó al Arcipreste en el intento de 
la crítica social, en la enérgica franqueza y aun extremada li- 
bertad de juicio, en el mudar de metro sobre el fondo del te- 
trástrofo, dando lugar á las combinaciones métricas de la tra- 
dición galaico-portuguesa, en las canciones á la Virgen, en la 
unidad personal que sirve de trama, en lo variado y al parecer 
descosido de las partes: "Efemérides del espíritu de su autor", 
llamó Gallardo al Rimado de Palacio. Ya conocemos la obra 
del Arcipreste; la del Canciller es un libro más del mcster de 
clerezia, sin pizca de la juglaria, que es el alma del Libro de 
buen Amor. Obra didáctica como las acostumbradas hasta en- 
tonces, "que le hizo caer en cierto prosaísmo ético y pedagógi- 
co", como dijo M. Pelayo; nada de lo lírico, de lo dramático y 
de lo épico, que lo es todo en la obra del Arcipreste. El cual era 
grandísimo y originalísimo poeta; el Canciller era un puro ver- 
sificador. El fino hiunorismo con que el de Hita envuelve la re- 
tozona sátira, hasta el punto de haber desconocido los críticos 
su verdadero intento, se convierte en declarada causticidad en 
la grave sátira de Ayala. Donde mejor le imita es en la pintura 
de la simonía (c. 229). Tanto va del espíritu erudito del Canci- 
ller al espíritu popular del Arcipreste, del beber en los muertos 
libros al beber en la vena búhente de la vida, del morar cu pa^ 
lacios al corretear por ferias y plazas, del tratar con disimulados 
cortesanos al andar entre escolares, troteras, moriscas y serra- 
nas. Con todo eso, ya que no como poesía, la obra del Canciller 



S. XIV. PERO LÓPEZ DE AYALA 261 

sirve como claro documento de la depravación de costumbres du- 
rante la malhadada época del cisma de occidente. Con esta obra 
desaparece el verso alejandrino de la literatura castellana. 

Pasaba de los setenta años cuando dio el último toque al Ri- 
mado de Palacio: nada tiene de extraño que después de los me- 
tros ligeros que en las canciones religiosas empileó, á imitación 
del Arcipreste, volviese á la cuaderna vía, parafraseando al final 
de la obra el libro de los Morales de San Gregorio. 

266. Se ha creído que el Rimado de Palacio lo escribió durante su 
-cautiverio en Inglaterra, fundándose en un manuscrito indicado por 
Gallardo. Pero, según esto, lo escribió el año 1367. ]\Ias en la estrofa 
215 (ed. Janer) se alude al cisma en tiempo de Urbano VI, de modo que 
estos versos no pudieron escribirse antes de 1378. En la estrofa 811 se 
dice que el cisma había durado veinticinco años, pasaje que no pudo 
escribirse antes de 1403. Lo que se dice en la estrofa 853, "que me libre 
e me tire de entre estas paredes", no pudo escribirse hasta después 
de 1372, en que el padre de López de Avala fundó el convento de San 
Juan de Quejana, á cuyas monjas dominicas dirige estos versos desde 
el castillo de Oviedes. Todas estas partes de la composición fueron 
•escritas después de 1367, en que el autor cayó preso del Príncipe Negro. 
Ahora bien, no se sabe que estuviese otra vez en Inglaterra. Su pa- 
riente Santillana llama á esta obra Las maneras del Palacio; también 
se titula El libro de Palacio; pero lo corriente es darle el rótulo que le 
dio Pérez de Guzmán, Rimado de Palacio. 

267. Así como el Arcipreste de Hita había nacido poeta 
}• se amañaba mal en la prosa, López de Ayala, versificador mo- 
ralista sin estro poético, era por naturaleza im gran prosista. 
Durante su encierro en Oviedes (Junio de 1386) escribió el 
Libro de la casa de las aves et de sus plmnagcs et dolencias et 
melecinamientos, dirigido á su pariente Gonzalo de Mena, obis- 
po de Burgos, tan aficionado como él á la caza de altanería. 
Gran fautor de toda buena cultura, tradujo, ya en los ocho últi- 
mos años de su vida, las Decadas /.^ 2.^ y 4." de Tito Livio, de 
la versión francesa del benedictino Pedro Berguire Q 1362J, á 
instancias de Enrique III. Por sí ó por sus secretarios tradujo 
el libro De siimmo bono sive De senfcHtiis. de San Isidoro, los 
Morales ó Comentario de Job, de San Gregorio el Magno, el 
De consolatione philosophiae, de Boecio, el De casibus virorum 
et ferninarum illustrinm, ó Caida de principes, de Boccaccio, 
traducción hecha entre 1356 y 1364, continuada por Alonso de 



262 ÉPOCA DIDÁCTICA, SIGLO XIV 

Cartagena y Juan Alfonso de Zamora en 1422 ; la Historia TrO' 
iana, de Guido delle Colonne, traducida muchas veces en los 
siglos XIV y XV, libro de caballerías de asunto clásico, y acaso 
el Valerio Máximo. 



268. El título Lihro de la caza de las aves ct de sus plumajes ct 
dolencias ct melecinamientos se halla en la Invocación con que el /ibro 
comienza, y en el prólogo al obispo de Burgos don Gonzalo de Mena 
dice cinco veces Caza de las Aves. Por último, escribe al fin del libro: 
"Aquí se acaba el Libro de la Caza de las Aves, que fizo Pero López de 
Avala en el castillo de Oviedes, en Portogal, en el mes de junio, año 
del Señor de mili et trecientos et ochenta y seis años, era de César de 
MCCCCXXIV años." Extraño parece que en la edición de la Sociedad 
de Bibliófilos Españoles, preparada por Lafuente y Alcántara, y por 
su muerte acabada por Gayangos, el título sea El Libro de las Aves de 
Caza, como si fuese un tratado de historia natural. Acerca de las Glo- 
sas del Duque de Albnrquerque, añadidas á esa edición, léase lo que 
dice Gutiérrez de la Vega en su hermosa edición, pág. xlvii. Sobre los 
códices, la Biblioteca Venatoria Española y la Bibliografía Venatoria 
Española, del mismo Gutiérrez. 

En el libro de la Caza se ve su intento siempre de gran moralizador 
de las costumbres, pues en su ejercicio halla una manera de "tirar á 
los omes de ocio et malos pensamientos et que puedan aver entre los 
sus enojos et cuidados algund plazer et recreairtiento sin pecado". Libro 
curioso para la historia de las costumbres de la época, para el conoci- 
miento de este deporte y de su vocabulario particular. Amante de toda 
cultura, emprendió sus traducciones "por avisar é ennoblecer la gente 
c nación de Castilla, fizo romanzar de latín en lenguaje castellano 
algunas crónicas y estorias que nunca antes del fueron vistas ni conos- 
cidas en Castilla" (Pedro López de Avala, su nieto, en la Relación fidc 
lisima de su linaje). El texto latino de Livio para el Canciller "estava 
en latín por bocávulos ignotos et escuros", como dice él al Rey. El 
intento de sus versiones fué "á bien et á provecho de la república", 
entresacando de ellas "dichos de muchos buenos enxemplos et de buenas 
doctrinas para bien vivir cspiritualmente ct moral et onestamente." 
La Crónica Troyana había dejado sus huellas en el Libro de Alixandre 
y un tal Domingo de Troya se decía haber divulgado la leyenda en 
España antes de Alfonso el Sabio, en cuyo reinado un eclesiástico hizo 
una refundición castellana del Román de Troic, de Benoit de Sainte- 
More (hacia 1160), de la cual se conserva la copia de Nicolás González, 
fechada en 31 de Diciembre de 1350. Esta versión castellana la tradujo al 
gallego en 1373 Fernán Martínez. La versión latina de Guido delle Colon- 
ne ó Historia Troiana (1272-1287) no es sino una reproducción de la obra 
de Benoit de Saintc-More. De esta traducción l.ntina de Colonne sacó la 
suya Ayala en 1358, y en 1367 la suya catalana Jaime Conesa. La le- 



S. XIV. PERO LÓPEZ DE AYALA 203 

yenda y refundiciones proceden de las latinas de los sendo cretense 
Dictys y seudo frigio Dares. 

269. Pero la obra principal del Canciller fué convertir la 
infonne crónica, hasta su tiempo usada, en verdadera histo- 
ria artística. Acaso él mismo no' se percató de ello ; sino que 
aficionado y aun estimulado por el ejemplo de su padre á 
leer historias, sin querer remedó á Tito Livio, cuyas Décadas 
había traducido, insertando breves discursos y frases, que en- 
cierran los motivos que tenían al obrar los personajes. Conocien- 
do tan de cerca á los Reyes, no se dejaba encandilar por las apa- 
riencias; su natural austero }- grave no le permite rebajarse 
ante nadie, no bandearse más á una que á otra parcialidad, y su 
amor por la moral y la justicia le mantiene en el fiel de la equi- 
dad generalmente. Con este criterio escribió sobre los reinados 
de don Pedro, don Enrique II, don Juan I y don Enrique III, 
el último no acabado por haberle tomado la muerte cuando ha- 
bía llegado á los acontecimientos del año 1396, y la crónica de 
este reinado fué después continuada por Alvar García de Santa 
María (1390-1460). López de Ayala es el primer historiador 
en fecha, de España, y fuera de ella no lo hubo hasta fines 
del siglo XV. Es historiador grande y severo, que con cierto ins- 
tinto ahonda y escudriña en el alma de los personajes, pin- 
tándolos además en retratos ceñidos y recios ; pónelos en ac- 
ción haciéndoles declarar por su propia boca sus intentos por 
medio del diálogo, cartas y arengas, y, sobre todo, prepara los 
acontecimientos trágicos con maña de habilidoso dramático, 
haciendo crecer el terror por momentos hasta el desenlace. Tié- 
nesele por sospechoso en lo que atañe al rey don Pedro, de quien 
deslealmente se apartó ; pero convienen con él los cronistas ca- 
talanes, como el autor de las memorias de don Pedro IV; los 
portugueses, como Fernán Lopes ; los italianos, como Villani ; y 
los franceses, como Froissart y el biógrafo de Duguesclin. Fue- 
ra de este caso, todos concuerdam en tenerle por historiador 
veraz y de imparcial fidelidad. 

2 70. Hasta él no había habido más que Crónicas, la Crónica ge- 
neral, de Alfonso el Sabio; el compendio que de ella hizo don Juan Ma- 
nuel y las varias refundiciones conocidas; los anales de Alfonso el 
Sabio, de Sancho IV, de Fernando IV y de Alfonso XI, que fueron es- 



264 ÉPOCA DIDÁCTICA, SIGLO XIV 

critos por Fernán Sánchez de Tovar, predecesor de López de Avala en la 
Gran Cancillería castellana, más bien que por Juan Xuñez de Villaizan ; 
La grant Crónica de los Conquiridores (1383), ó historia del Imperio 
bizantino de 780 á 1118 y crónica de Morea de 1199 á 1377, y La grant 
Crónica de Espanya (1385), ambas redactadas por orden del gran 
maestre de la Orden de San Juan de Jerusalén, Johan Fernández de 
Heredia (1310-1396). Fernán Pérez, padre de López de Ayala, "como 
era tan grand caballero et tan entendido et mesurado en todos sus fe- 
chos, se pagaba de decir bien et apuestamente et otrosi de alcanzar 
noticias de letras et de estorias de cosas grandes et nobles que en el 
mundo hubiesen pasado" y había romanceado una "antiqua escriptura", 
compuesta por "un muy grand caballero de los de Ayala, á quien decían 
San Velázquez", la cual sirvió al Canciller para escribir sobre "el 
linaje de Ayala y las generaciones de los señores que vienen de él''. 
Como muestra de su pincel, recuérdese el retrato de don Pedro: "assaz 
grande de cuerpo et blanco et rubio et ceceaba un poco en la f abla ; 
era muy cazador de aves: fué muy sofridor de trabajos; era muy tem- 
prado et bien acostumbrado en el comer et beber ; dormía poco et amó 
mucho mujeres: fué muy trabajador en guerras; fué cobdicioso de 
allegar tesoros et joyas et aljófar et baxilla de oro et de plata et paños 
de oro et otros apostamientos". Las cartas que atribuye al "sabidor 
moro granadino" Ben AJkhatib le sirven para envolver sus máximas 
morales y políticas. Sobre su manera de preparar los grandes sucesos, 
recuérdese la profecía de Merlín, interpretada por Ben Alkhatib, y no 
menos la muerte de Garcilasso de Burgos, el suplicio del rey Ber- 
mejo, etc. Próspero Mérimée, con poco más que adobar esta Crónica 
á la moderna, hizo una historia hermosísima. 

2 71. Pero López de Ayala, Rimado de Palacio, ed. F. Janer, Bibl. 
de Aut. Esp., t. LVII ; ed. A. F. Kuersteiner (en prensa) ; Crónicas de 
los Reyes de Castilla don Pedro, don Enrique 11, don Juan I. don Enri- 
que ni. ed. E. de Llaguno y Amírola, en Crónicas españolas. Madrid, 
1799, ts. I y II; Crónica del rey don Pedro, Bibl. de Aut. Esp., t. LXVI; 
El libro de las aves de Caca (Soc. de Biblióf. Españoles), ed. P. de 
Gayangos, Madrid, 1869; Libro de la Casa, ed. J. Gutiérrez de la Vega, 
en Biblioteca Venatoria, Madrid, 1879, t. III. Consúltense: R. Floranes 
Robles y Encinas. J'ida literaria de P. L. de A., en Documentos inéditos 
(1851-52), ts. XIX y XX; J. Catalina García. Castilla y León durante 
los reinados de Pedro I, Enrique H, Juan I y Enrique III, Madrid, 
1892-1901 [sin terminar] ; M. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas 
líricos, etc., t. IV, págs. ix-xxxvii; A. F. Kuersteiner. A Textual Sludy 
of the First Cántica sobre el Fecho de la Iglesia in Ayala's Rimado, en 
Studics in honour of A. Marshall Elliott, Baltimore [191 1], vol. 11, 
págs. 237-256; G. Daumet, Etude sur l'alliance de la France ct de la 
Caslille aux xiv' et xv' siecles (Bibl. de l'Ecole des Hautes Eludes, 
fase. 118), París, 1898; .\. Fernánder^Guerra y Orbe, Discursos leídos 
ante la Real Academia de la Historia en la pública recepción de don 



S. XIV. FR. FRAXCISCO EXIMEXIZ 205 

Francisco Javier de Salas, Madrid, 1868, págs. 131-200; F. ^^'. Schirr- 
macher, Ueher die Glaubiviirdigkeit der Chronik Ayalas, en Geschichtc 
von Spanien, Berlín, 1902, t. V, págs. 510-532; E. Fueter, Ayala und 
die Cronik Peters des Grausamen, en Mitteilungen des Institnts fü'r 
bsterrsichische Gcschichtsforschung (1905), t. XXX\'I, págs. 225-246; 
A. F. Kuersteiner, The use of thc relative pronoun in ihe Rimado de 
Palacio, en Rez'ue Hispanique (191 1), t. XXIV, págs. 40-170. 

272. La Revelación de nn ermitaño, poema didáctico y 
anónimo en octavas de arte ma_vor y con influencia italiana, se 
escribió en 1382 (verso 3); está tomado el asunto de la Rixa 
Animi ct Corporis. Ed. Bihl. 'Autor. Esp., t. LVll. 

2 73. Fray García be Eugui, elegido obispo de Bayona en 1384, 
compuso la Crónica General de España, publicada últimamente por 
G. Eyzaguirre Rouse: Crónica General de España, en los Anales de la 
Universidad de Chile, transcripción del manuscrito de El Escorial. 

Fray Gomb.\ldo de Uligia (t 1384), dominico catalán de Cervera, 
«scribió In libros Senfentiarum. De vitis Sanctoritm. 

Fray Felipe Ribot (t 1391), carmelita catalán, escribió De institu- 
tione et gestis Carmelitarum. De zñvis illnstribus Carnielitarum. Ser- 
mones. Epistolae. 

En 1487 murió Pedro R' "el Ceremonioso", que parece escribió en 
romance una Crónica de su tiempo. Por orden suya se compusieron las 
Ordinations y ceremonias de la Casa Real, en lemosín. promulgadas en 
1344 (Bibl. Escor.). También escribió De ordine seri'ando in coronatio- 
mbus Regiim Aragonum (ibid.). (Véase Nic. Ant.. 1. IX. c. VII, pág. 177.) 
Fray Francisco Eximeniz (t 1409), franciscano y obispo de Elna, 
aunque escribió en catalán merece citarse por su obra enciclopédica 
Cresfiá (El Cristiano), y más por las otras que se tradujeron al ro- 
mance. De les dones, cuyo ejemplar del Arcipreste de Talavera se con- 
serva, tradújose y hay Ms. del siglo xv (Gallardo) : Aquí comiensa el 
libro llamado de las Donas, compuesto e ordenado por el Maestro fray 
Francisco Jiménez... En Valladolid, 1542, salió impreso el Carro de las 
donas, que comprende el "libro de las mujeres..." "Va repartido en 
cinco libros : los cuatro hizo este Doctor, aunque yo añadi mucho en 
ellos copilando )■ sacando doctrina de doctores muy sanctos. Copilé otro 
libro que trata del aparejo que el hombre cristiano ha de hacer para 
la muerte: todo junto se llama Carro de las Donas" (Prol. dedicat.) 
"Un religioso de Sant Francisco, morador en Sant Francisco de \^a- 
lladolid le tradujo." Gallardo añade: "\^éase si el traductor es el padre 
toledano Gómez García." Comprende además, como dice el título, el 
■"Vita christianorum" y "Memoria eterna". Escribió Eximeniz además 
el Vita Christi en catalán, traducido por don Fernando de Talavera; 
Del Angels, trajducido al romance: La natura angélica. Burgos, 1490, 



266 , ÉPOCA DIDÁCTICA, SIGLO XIV 

1516; Pastoral, Barcelona, 149S ; De la temor de Den, ain (sic) Virtut de- 
justicia, Barcelona, 1509. 

Don Gonzalo González de Bustamante (t 1392), obispo de Segovia, 
escribió La Peregrina ó repertorio alfabético del Derecho canónico,, 
romano y español (Bib. Escor.). 

Pedro de Luna ó Benedictus XIII desde 1394, escribió, entre otras, 
obras (Nic. Ant.), Libro de las Consolaciones de la Vida humana. De 
potestate summi Pontificis et Concilii. De horis diccndis per clericos. 

Hacia 1397 Juan Figuerola, canónigo valenciano, escribió Adver- 
sas ludacos ct Thalmndem. 

3 74. San Vicente Ferrer (1352-1419) parece profesó en los do- 
minicos en 1374, maravilloso varón apostólico. De vita SpirituaU, Ve- 
necia, 1568. De fine mitndi. Suppositiomim libcr. De sacrificio nússae. 
Tractatus consolationis in fidei tentationihus. Sermones y Cartas, 3 vols.^ 
Lyon, 1530, 1539, 1550; Ambares, 1569; Venecia, 1573. Obras completas, 
Valencia, 1591. Otras en la Biblioteca Nacional. 

2 7 5. En el siglo xiv se escribió, por el Maestre Audallá, De ca- 
ballos y sus dolencias (Gallardo). De fines del siglo xiv es el Vergel 
de Consolación, escrito por Fr.\y Jacobo de Benavente, impresa en Se- 
villa, 1497. 



ÉPOCA DE DON JUAN EL II 

LA POESÍA LÍRICA CORTESANA Y LOS ALBORES DEL RENACIMIENTO 
(primera mitad del siglo XV HASTA I454) 



276. Resumen histórico: Juan II (1407-1454), privado y verdadero 
gobernante de Castilla don Alvaro de Luna. En Aragón, Alfonso V el 
Magnánimo (1416-1458), hijo de Fernando I el de Antcquera, coronado 
en el Compromiso de Caspa, conquista el reino de Ñapóles, corte de 
renacimiento para la literatura española. 

Literatura francesa: Alain Charticr (1394-hacia 1439). Charles 
d'Orléans (1391-1465). Villon (1431-1483?). Gringoire {Jeu du Prince 
des Sots, 1512). Román de Tro'ilus (1400). Gerson (Scrmons. 1389-1414). 

277. A los esforzados Reyes del siglo xiv^ que gastan sus 
aceros eu la morisma acabando con su poder, como Alfonso XI 
en el Salado, ó que tienen á raj'a á los magnates y luchan entre 
SÍ, como don Pedro y su hermano el Bastardo, suceden en el 
siglo XV Reyes apocados, como don Juan II y Enrique IV el 
Impotente, á quienes se sobreponen los grandes y hasta los 
destronan, peleando ellos por la privanza y señoríos y no escar- 
mentando ni con ver caer en el cadalso la cabeza del más po- 
deroso de todos y único verdadero Re}- en Castilla durante 
largos años, don Alvaro de Luna. Las costumbres, de brutales 
que fueran en el siglo xiv, se hacen refinadas en el xv, domi- 
nando la hipocresía y la doblez cortesana. Mientras anda calla- 
damente la intriga por las antesalas entre los grandes ó revienta 
estruendosamente en los campos de batalla, en manos de los 
grandes intrigadores y en la del mismo Rey, hollado por sus 
ambiciones turbulentas, suena la lira cortesana en el tono fie- 



268 ÉPOCA DE DON JUAN EL II (s. XV) 

ticio y apagado de la escuela galaico-'portuguesa, que da sus 
últimos y moribundos sones en Castilla y á la vez en el no 
menos ficticio y falso de la escuela italiana comenzada á sonar 
con intempestivo y descerrajado chirrido. De entrambas es- 
escuelas es la lirica de la corte de don Juan II ; pero como ecos 
remedados y por gente cortesana, no contiene más que lo peor 
de entrambas. El nervio de la galaico-portuguesa había sido lo 
popular gallego, el aire serrano, candoroso y sentido; de ello 
sólo quedaba en la poesia de la corte de don Juan II la sencillet 
de la cascara, los versos cortos, ligeros y delicados, propios de 
los cantares populares que aun hoy suenan en todas partes y 
debieron de sonar en España mucho antes de aquella época. 

El alma gallega y popular había volado : á la natural candi- 
dez había tomado el lugar la sutileza, al candoroso sentimien- 
to el jugueteo de los conceptos. Mas que de la escuela gallega 
eran aquellos los últimos dejos de la escuela provenzal, llegada á 
Castilla por Portugal y Galicia. Así acabó en España el influjo 
de la literatura venido de Francia, primero de la lengua d'oil á 
la épica, después de la d'oc á la lirica. La literatura italiana, la 
última en fecha de las literaturas románicas, habia resonado á 
fines del xiii y durante el siglo xiv en las liras de Dante, Pe- 
trarca y Boccaccio, con cadencias tan nuevamente elegantes, come 
viejas de abolengo, puesto que eran las de la antigua Grecia y 
Roma, que despertaban al mágico poder de aquellos renacen- 
tistas de la antigüedad clásica. Micer Imperial y sus discípulos 
traen por Sevilla á la corte y resto de España, á principios del si- 
glo XV el culto de la Divina Comedia, y tras Dante siguen Pe- 
trarca y Boccaccio, apuntando la primera aurora del renaci- 
miento latino. Pero es aurora todavía harto entre tinieblas, ó 
mejor digamos, la gente cortesana no estaba aparejada para 
admirar y gozar de tan desusados resplandores; no tenían ojos 
para ver entre tanta luz y cegaron á sus rayos. La naturalidad 
del arte griego no podía ser percibida y apreciada por gentes 
palaciegas que vivían de la doblez y mentira, de la ficción y 
engaño. Aquella soberana naturalidad llegal^a además envuelta 
en el ropaje del simbolismo, con que Dante la había vestido, 
porque así lo llevaban los tiempos y las circunstancias políticas 
en que escribió. Nuestros poetas cortesanos quedáronse con el 
ropaje y se les escabulló lo que dentro iba. Comenzó además 



S. XV. EL PRIMER RENACIMIENTO CLÁSICO 269 

á entrar en España la erudición latina entre prosistas que no 
sabían latín, y en vez de tomar lo bueno del fondo, también 
se quedaron con lo de la corteza, que, acomodado al idioma 
castellano, le cuadraba mal, con los desaforados latinismos y el 
destartalado trastrueque é hipérbaton de palabras y frases, amén 
de la fría y farragosa erudición de mito-logias y leyendas, que 
para los españoles eran letra muerta, y horriblemente gravosa 
y desquiciada por el consiguiente. En urdir alegorías dantescas 
los poetas sin el alma de la poesía de Dante, y en argamasar 
suciamente añejas erudiciones en estilo desvencijado, descuar- 
tizado y empedrado de voces latinas y de latinos nombres pro- 
pios los prosistas, se fueron entreteniendo aquellos escritores 
cortesanos de la corte de don Juan II, hasta que el gusto de las 
gentes acudió en tiempo de los Reyes Católicos á la vena popular 
y castiza de los romances y de los cantarcillos de villanos, cuan- 
do los eruditos, ahondando en el verdadero clasicismo de Roma 
y Grecia, fueron echando de ver que el alma del arte antiguo 
había salido del pueblo de Grecia y que el alma del arte moderno 
bien podía hallarse en el pueblo de España, que en naturalidad, 
brío y color no le iba en zaga. Con razón ha podido, pues, lla- 
mar M. Pelayo al reinado de Juan II "pórtico de nuestro Re- 
nacimiento", aunque él fuese pórtico algún tanto estrafalario 
y más bien parece revoltijo de materiales, piedras, argamasa, 
maderos y andamiaje, que amontonan los alarifes al echar los 
cimientos de ese pórtico. Fué, pues, el reinado de Juan II una 
época de transición, de poesía galaico-portuguesa harto retra- 
sada, de poesía italiana por demás prematura, de prosa clásica 
que á los dos pinos que hace da tres trompicones. Todo ello 
manejado por cortesanos y eruditos, que, tapándose todavía las 
orejas para no oír á los villanos, aprendían su arte en los libros. 
Con todo, á la poesía de los villanos se iban acercando, quieras que 
no. Los versos cortos, que á imitación de la firica galaico-portu- 
guesa, se menudean tanto y no menos el pie de romance, cortado 
en hemistiquios ó enteros, eran versos populares castellanos. 
Poca verdadera poesía se halla en cuarenta y siete años, á pesar 
de los 218 poetas que contó Amador de los Ríos; pero la ver- 
sificación es tan ^•aria y rica, que no pocas composiciones se 
leen con agrado, mayormente cuando algún buen ingenio rodea 
sutil y galanamente el pensamiento ó cuando algún juglar bufo- 



270 ÉPOCA DE DON JUAN EL II (s. XV) 

nesco y satírico se olvida del pudor cortesano y deja correr, aun- 
que sea á medio chorro, la vena castiza, que sin pretenderlo se 
apropia derivándola del pueblo. No á medio, sino á todo chorro 
salta y se rebulle el habla castiza en la prosa del Arcipreste de 
TaJavera, sobre todo en unos cuantos capítulos de costumbres, 
en que parece se le envistió en el cuerpo el retozón espiritillo 
del Arcipreste de Hita. Los dos Arciprestes pertenecen á la cepa 
castiza y popular, son pintores realistas de empuje, son, sin 
género alguno de duda, los dos mejores escritores de los si- 
glos XIV y XV. Ellos se bastan, aunque más no hubiera, para 
representar el verdadero arte en la historia universal de las 
manifestaciones estéticas, y para eslabonar la áurea cadena cuyo 
primer esilabón es el Mió Cid, y ha de llegar al siglo xvi en- 
garzando los no menos castizos y maravillosos del Romancero 
y la Celestifia al acabar el siglo xv. Estas son las cumbres del 
arte nacional; lo demás son jugueteos y remedos de artes ex- 
traños, pesadumbre de estantes, broza de bibliotecas. 

278. M. Pelayo, AntoL, t. V, pág. ix : "La antigua hegemonía 
literaria de Francia sobre los demás pueblos de la Edad Media estaba 
definitivamente perdida desde el siglo xiv. Dante, Petrarca y Boccaccio 
habían destronado completamente á los troveros franceses y á los tro- 
vadores provenzales, sin excluir aquellos que en algún modo podían 
considerarse como maestros suyos. El genio francés, que tanto creó 
en aquellas edades, no había acertado á perfeccionar nada ni á poner 
estilo ni acento personal en sus obras. La cantidad había ahogado 
monstruosamente á la calidad en aquellas selvas inextricables de can- 
ciones de gesta, de fahliaitx, de leyendas devotas y de misterios dramá- 
ticos. En aquella masa informe estaban contenidos casi todos los ele- 
mentos de la literatura moderna, pero rudos y sin desbastar, esperando 
el trabajo de selección y la obra del genio individual: Francia, que en 
los tiempos modernos se ha distinguido principalmente por el don de 
adaptar y perfeccionar las invenciones y pensamientos ajenos, y por el 
modo fácil y agradable de presentarlo y exponerlo todo, tenía en la 
Edad Media cualidades absolutamente contrarias: el don de la invención 
enorme, facilísima y atropellada, no el de la perfección ni el de la 
mesura. Por eso la primera literatura de carácter moderno no fué la 
france.sa, sino la italiana, la más tardía en su aparición de todas las 
literaturas vulgares, la que desde el primer momento pareció reanudar 
la tradición clásica, en parte conocida, en parte adivinada por secreto 
influjo de raza... Comunicaciones cada día más frecuentes con Italia 
aceleraron este movimiento, al cual no fué extraña la asistencia en 
Roma de algunos prelados y otros doctos varones de nuestra Iglesia 
á la ida ó á la vuelta de los Concilios de Constanza y Basilea (1414- 



S. XV. EL PRIMER RENACIMIENTO CLASICO 27 1 

1431), sobresaliendo entre ellos don Diego Gómez de Fuensalida, oLispo 
■de Zamora; el arcediano de Briviesca don Gonzalo García de Santa Ma- 
ría; don Alvaro de Isorna, obispo de Cuenca; y más que todos aquel me- 
morable converso don Alonso de Cartagena, obispo de Burgos, cuyo, 
nombre se encuentra mezclado en toda empresa de cultura durante el 
reinado de don Juan II, y de quien cuentan que dijo Eugenio IV: "Si 
"el Obispo de Burgos en nuestra corte viene, con gran vergüenza nos 
"asentaremos en la silla de San Pedro." Don Alonso de Cartagena, 
•que en Basilea había sostenido los derechos de la Sede apostólica con 
no menos brío que la precedencia de su rey sobre el de Inglaterra, 
■entró allí en trato familiar con Eneas Silvio, una de las más simpáticas 
figuras del Renacimiento antes y después de su Pontificado ; y oro dulce 
comercio por epístolas con Leonardo Aretino, entrando en discusión 
-con él sobre su nueva traducción de la Etica, de Aristóteles : lo cual 
da á entender que el Obispo burgense no era enteramente peregrino 
•en la lengua griega. 

"De este mismo Leonardo Aretino recibía cartas filosóficas don 
Juan II, tan admirador de su doctrina y tan penetrado de la nobleza 
y excelencia del saber, que, tratando como á príncipe al modesto hu- 
manista de Florencia, le enviaba embajadores que le hablaban de 
rodillas. Si á este infantil y candoroso entusiasmo por las letras hu- 
manas se añade la antigua comunicación de la ciencia jurídica por 
medio de las escuelas de Bolonia y Padua, siempre muy frecuentadas 
•de españoles, y más después de la fundación del Colegio Albornoziano, 
se verá hasta qué punto comenzaban á ser estrechos los lazos del es- 
píritu entre España é Italia. Fueron ya no pocos los poetas y prosistas 
castellanos del siglo xv que en Italia recibieron su educación en todo 
-ó en parte: Juan de Mena, Juan de Lucena y Alonso de Falencia des- 
cuellan sobre todos, siendo más visible y marcada en ellos que en otros 
escritores la tendencia al latinismo de dicción y de pensamiento... El 
Renacimiento español, rezagado en medio siglo respecto del italiano, 
-pasase por un período de vulgarización y de dUettantismo más aristo- 
crático y cortesano que gramatical y erudito, período de traducciones 
y adaptaciones, en que se procuraba coger el seso real según común 
estilo de intérpretes. "Si se carece de las formas, poseamos al menos 
"las materias", decía el Marqués de Santillana, que, no bastante noti- 
cioso de la lengua latina, empleaba como traductor á su propio hijo, 
■don Pero González de Mendoza, el que fué después gran Cardenal de 
España. Crecía la afición á los libros, que venían en su mayor parte de 
Italia, y comenzaban á formarse suntuosas colecciones de códices, des- 
collando entre los más apasionados bibliófilos don Iñigo López de 
Mendoza y el Maestre de Calatrava don Luis Núñez de Guzmán. Rarí- 
simo aún el conocimiento del griego, como lo había sido en Italia en el 
siglo XIV, puesto que el Petrarca no lo supo, y Boccaccio sólo pudo 
•alcanzar alguna tintura de él en sus postreros años ; lo poco que de 
aquella literatura pasó en el siglo xv á la nuestra venía por intermedio 
-de los traductores latinos, como es de ver en la [liada, de Juan de 



272 ÉPOCA DE DON JUAN EL II (s. XV) 

Mena ; en el Fcdón, y el Axioco, de Pedro Díaz de Toledo ; en el Plu- 
tarco y el Josefa, de Alonso de Falencia ; en las homilías de San Juan 
de Crisóstomo y otras obras de padres y doctores eclesiásticos. A los 
latinos se los traducía directamente y, por lo común, con extrema fide- 
lidad literal, más que con discreción de sentido, en estilo sobremanera 
revesado y pedantesco, con afectada imitación ó, más bien, grosero 
calco del hipérbaton del original. Prototipo de tales versiones es la 
Eneida, de don Enrique de Villena, con las prolijas glosas que la acom- 
pañan, en que vierte el traductor toda la copia de su saber enciclopédico 
é indigesto. El gusto no estaba maduro aún para que entrasen en la 
literatura moderna Horacio y los elegiacos, cuyas bellezas requieren 
más hondo conocimiento de la lengua y civilización greco-romana y 
más refinado gusto; pero se traducían las obras de carácter narrativo, 
y así el futuro gran cardenal Mendoza ocupaba sus ocios de estudiante 
en facilitar á su padre la lectura de las Metamorfosis, de Ovidio, gran 
repertorio de fábulas mitológicas, al cual llamaban entonces la Biblia 
de los Poetas, porque de él principalmente se sacaban argumentos y 
comparaciones y todo género de alardes de erudición profana. Simul- 
táneamente, y muy estimados en su calidad de españoles, pasaban á 
nuestra lengua Lucano y Séneca el trágico. Era la prosa forma única 
de estas versiones, sin que haya una sola excepción en contrario, lo 
cual se explica bien, considerando que en ellas se atendía únicamente 
á la materia y de ningún modo á los caracteres del estilo poético, que ni 
el traductor ni sus lectores entendían ; y así á Lucano se le traducía, no 
en concepto de épico, sino de historiador de la guerra civil entre César 
y Pompeyo, y á Séneca, no como poeta dramático, sino por las máximas 
y sentencias morales que en sus tragedias se encuentran. La afición á 
la lectura de los moralistas era carácter especialísimo de este período, 
como lo había sido de nuestra primera Edad Media, salvo que entonces 
eran preferidos aquellos libros orientales que suelen revestir la ense- 
ñanza con las amenas formas del cuento y del apólogo, y ahora, por el 
contrario, se daba mayor estimación á la forma directa con que aparece 
la doctrina en los libros de los moralistas clásicos ; y aun entre éstos, 
más que la rotundidad de los períodos ciceronianos (cuya plena imita- 
ción no se logró hasta el siglo xvi), agradaba el vivo y ardiente decir 
de Séneca y su manera cortada y vibrante. Intérprete lo mismo de Mar- 
co Tulio que del filósofo de Córdoba, pero mostrando predilección por 
el segundo, aparecía á la cabeza de estos moralistas el obispo Cartagena, 
seguido á corta distancia por su grande amigo el señor de Batres, que 
se decía el Liicilo de aquel Séneca, y por el doctor Pedro Díaz de 
Toledo, que dilató sus estudios hasta Platón, y conserva reminiscencias 
de sus diálogos en su propio Rasonamicnio sobre la muerte del Marqués 
de Santillana. Ni estaban olvidados los historiadores, cuya serie había 
abierto el canciller Ayala trasladando á Tito Livio ; Vasco de Guzmán 
hacía la primera traducción de Salustio ; otros vulgarizaban á Julio 
César, á Orosio y á Quinto Curcio, ya de sus originales, ya de versiones 
anteriores toscanas y catalanas. Y dándose la mano la antigüedad sa- 



S. XV. EL PRIMER RENACIMIENTO CLÁSICO 278 

grada con la gentílica, no sólo se traía de la verdad hebraica toda la 
- Biblia por obra de judíos y cristianos, con alto honor de la muniiicencia 
y alto espíritu del maestre Calatrava, sino que los libros más funda- 
mentales de San Agustín, San Gregorio el Magno y San Bernardo, 
los dos famosos tratados ascéticos de San Juan Qímaco y el monje' 
Casiano, la Leyenda Áurea, de Jacobo de Vorágine, y otras muchas 
producciones de la literatura eclesiástica de los diversos siglos, trans- 
portadas al habla vulgar, alternaban en las nacientes bibliotecas seño- 
riales con las producciones del mundo clásico, sirviendo como de lazo 
de concordia entre unas y otras el saber enciclopédico de San Isidoro, 
perenne institutor de las Españas. de cuyas Etimologías, nunca olvida- 
das, se hacía por este tiempo curiosísima traducción, muy digna de la 
estampa. De Italia nos había venido la luz del Renacimiento, y no po- 
dían quedar olvidados en este movimiento de traducciones los poetas 
y humanistas italianos, ora hubiesen escrito en su lengua nativa, ora 
en la lengua clásica, ó bien en una y otra, como más frecuentemente 
acontecía. A todos precedió, como era natural que sucediese, el Alighie- 
ri, el maestro de la nueva poesía alegórica, cuya Divina comedia era 
trasladada en 1427 por don Enrique de Villena, "á preces de Iñigo Ló- 
"pez de ^lendoza", coincidiendo casi con la traducción catalana de 
Andrea Febreu, terminada setenta días antes. No había llegado en 
Castilla la época de la dominación poética del Petrarca; pero en cam- 
bio el Petrarca humanista y moralista era uno de los autores más leídos 
y más frecuentemente citados ; estaba representado por gran número 
de códices en la biblioteca del Marqués de Santillana, y corrían ya, 
vertidos al castellano, antes de terminar el siglo, los Remedios contra 
próspera y adversa fortuna, las Flores é sentencias de la vida solitaria, 
el libro De viris illustribiis, parte de las Epístolas y las Reprehensiones 
é Denuestos contra un médico rudo é parlero, obra en que entendió cuan- 
do joven el futuro primer Arzobispo de Granada y entonces oscuro ba- 
chiller Hernando de Talavera. Pero el más afortunado de los patriarcas 
de la literatura italiana, en cuanto al número y calidad de versiones 
que de sus obras se hicieron, fué Boccaccio, que fué traducido casi por 
entero, ya en las novelas y obras de recreación, como el Decamerone, 
la Fiameta, El Corbacho y el Ninfal de Admeto, ya en los repertorios, 
para su tiempo muy útiles, de mitología, historia y geografía, que llevan 
¡os títulos de Genealogía de los Dioses, Libro de montes, ríos v selvas, 
Tratado de mujeres ilustres y Libro de las caídas de los Príncipes. Cada 
una de las principales obras de Boccaccio forma escuela dentro de 
nuestra literatura del siglo xv, á excepción del Decamerone, cuya semilla 
no germina hasta los grandes narradores de la Edad de Oro. Pero de la 
Fiameta nacen inmediatamente El Siervo libre de amor, de Juan Ro- 
dríguez del Padrón, y la Cárcel de Amor, de Diego de San Pedro, pri- 
meras muestras de la novela sentimental, y los dos opuestos libros 
del escritor Certaldo en loor y vituperio del sexo femenino, tienen lar- 
guísima progenie, que alcanza desde el Libro de las virtuosas et claras 
mujeres, de don Alvaro de Luna, hasta el deleitoso y regocijado Coi-la- 

18 



274 ÉPOCA DE DON JUAX EL II (s. XV) 

cho, del Arcipreste de Talavera, que fabla de los vicios de las, atalas mu- 
jeres et de las compUsiones de los ornes. Al mismo tiempo se acrecen- • 
taba con nuevos materiales la antigua serie de apólogos y ejemplos, y 
desde 1425 las picantísimas facecias, de Poggio Bracciolini, lograron 
entrada en el Libro de I sópete y st orlado, junto á las fábulas de la an- 
tigüedad y á los cuentos de nuestro Pedro Alfonso. Al mismo tiempo 
que crece el número de traducciones del latin y del italiano, van hacién- 
dose rarísimas las del francés, que tanto abundaron en el siglo xiv. 
Todavía, sin embargo, el Mar de Historias, de Fernán Pérez de Guz- 
mán, y el Árbol de Batallas, nos dan razón de esta antigua influencia, y 
no son las únicas, aunque sí las más importantes que pueden citarse. 
¿Qué más? Hasta de la literatura inglesa, que debía suponerse tan pe- 
regrina y apartada de nuestro conocimiento, vino primero al portugués 
y luego al castellano un poema de tanta curiosidad como la Confesión 
del Amante, de Gower, por diligencia de un Roberto Payno (Robert Pay- 
ne), canónigo de Lisboa, dándonos indicio de que no había sido entera- 
mente inútil para la comunicación intelectual de ingleses y españoles el 
cruzamiento de la casa de Lancáster con la sangre de nuestros reyes .. 
Apareció, informe aún y embrionario, un nuevo tipo de dicción artificio- 
samente latinizada, en que, con raras dislocaciones de frase, se preten- 
día remedar la construcción hiperbática, y con retumbantes neologis- 
mos se aspiraba á enriquecer el vocabulario, so pretexto "de non fallar 
"equivalentes vocablos en la romancial texedura, en el rudo y desierto 
"romance, para exprimir los angélicos concebimientos virgilianos". La 
aspiración era generosa, pero evidentemente prematura y muy expuesta, 
por ende, á descaminos pedantescos que en la prosa de Juan de Mtna 
y en la del último período de don Enrique de Aragón llegaron á un ex- 
tremo casi risible." Las poesías de esta época están en el Cancionero de 
Baena, en el general del Castillo algunas pocas; las más en otros ma- 
nusciitos, en el de Gallardo ó Academia de la Historia, cu dos de la 
Biblioteca Real, en el de Stúñiga, en el de Ixar, en varios de la Biblio- 
teca de París y en el de Resende. 

279. Don Pablo de Santamaría ó el Burgense (1350-1435), na- 
ció en Burgos, judío sapientísimo que de su propia voluntad se convir- 
tió (1300) ; fué Obispo de Cartagena y Burgos y Patriarca de Aquilea, 
ayo y consejero de Juan O ; habíase antes llamado Rabí Selemoh Ha- 
levi. Additiones ad Postillam Nicolai de Lyra supcr Biblias, etc., obra 
heoha en 1429, impresa en Maguncia, 1478; Nuremberg, 1493; Leydcn, 
1590. En 1434 escribió Scrutiniíim S. Scripturarum sive Dialogus Sauli 
et Pauli contra ludaeos, imprimióse en Mantua, 1474; Paris, 1520; 
Burgos, 1591. Otras obras no se sabe si se imprimTieron, como la Cena 
del Señor y la Generación de Jesucristo. 

280. La Vida de Pablo de Santamaría escribió su paisano el agus- 
tino Fray Cristóbal Santotis, y en Gallardo, Bibliot., t. IV, col. 493, hay 
un escrito del siglo xvi acerca de él, de donde copio párrafos: "Fué 



S. XV, 1403. PEDRO DE CORR.\L SjS 

(Rabí Selemoh) hombre doctísimo en su Ley, y con la continua lección 
della, ayudado principalmente de la gracia del Espíritu Santo, se con- 
virtió de su propia voluntad el año 1390, que habrá agora 206 años... 
Después de su conversión... los Sumos Pontífices le honraron con 
dignidades eclesiásticas y obispados de Cartagena y Burgos y con 
título de Patriarca de Aquileya; y con hacerle su Legado a-latere; 
y encomendarle el negocio de la scisma que hubo en su tiempo, de 
los tres Pontífices. Y el rey don Henrique el III le hizo su Chanciller- 
mayor, y Consejero de Estado, tratando con él los negocios más graves 
del Reyno : y en su muerte le encomendó la educación y institución de 
su hijo (don Juan II), que quedaba de veinte meses; y lo tocante al 
gobierno de su persona y casa, hasta llegar á los catorce años ; y le 
nombró por su Testamentario... Todo lo cual hizo con tanta satisfac- 
ción de la Reina y Reino, que fué elegido por uno de los Gobernadores 
del por el infante don Fernando, tío del rey don Juan el II : y el mis- 
mo rey don Juan le honró también, y estimó grandemente, conservándo- 
le en las mismas honras y oficios, y comunicándole todas las cosas 
que ocurrían de importancia... Tuvo... cuatro hijos, todos de legitimo 
matrimonio, llamados don Gonzalo, don Alonso, Pedro de Cartagena y 
Alvar Sánchez de Cartagena, que fueron varones insignes, imitadores 
de las virtudes, excelencias y servicios de su padre..." Véase además 
Rodríguez de Castro, Biblioteca Rabínica. 

281. En 1402 el judío converso Don J.acob Qadiqve, de Uclés, 
filósofo y médico, que nació en 1350, tradujo del catalán el Libro de 
dichos de sabios e philosophos c de otros enxemplos e dotrinas muy 
buenas (Bibl. Escor.). 

Don Vicente Ari.\s de B.\lbo.v obispo de Plasencia desde 1404, 
escribió Glossa al Fuero Real y Comentario al Ordenamiento de Alcalá. 

282. Pedro de Corral escribió hacia 1403 la Coronica 
Sarrasyna ó Crónica del rey don Rodrigo con la destruycion 
de España, que Pérez de Guzmán calificó de "trufa ó mentira 
paladina" ; pero que con todo se leyó mucho, por confundirse en- 
tonces la crónica con la novela, gracias al espíritu novelesco y 
aventurero que reinaba. Tiene mucha semejanza con esta Cró- 
nica la Chronica intitidada Atalaya de las Coránicas, obra he- 
cha el mismo año de 1443 y todavía inédita, que se atribuye á 
Alfonso Martínez de Toledo, y aunque no se parece en nada 
al Corhacho, la firma del autor basta, y la diversidad de asuntos 
da razón de la desemejanza de estilos. 

283. Atribuye Pedro de Corral su libro á Eleastras y Alanzuri, 
cronistas del rey don Rodrigo, y á un tal Carestas, que dice vivió 



276 ÉPOCA DE DON JUAN EL II (s. XV) 

en el siglo viii, en tiempo de Alfonso el Católico; pero todo ello es tin- 
glado fantástico, como el que usaron después los autores de libros de 
caballerías, atribuyéndolos á historiadores que nunca fueron, y bien 
se burla de ellos Cervantes, atribuyendo su Quijote á Cide Hamete 
Benengeli. Debió valerse Corral de las Crónicas generales y de la del 
moro Rasis; pero acudió no menos á la fuente novelesca de la Crónica 
Troyana y zurció de su caletre otras aventuras caballerescas, haciendo 
pasar su novela por crónica. Puede decirse que es una novela caballe- 
resca, aunque sus contemporáneos tom'áronla comúnmente por historia, 
el mismo Ansias March, por ejemplo. Antes de 1499 se cree que debió 
de imprimirse. Hay las ediciones siguientes: Crónica del rey don Ro- 
drigo con la destniycion de España, Sevilla, 1511, 1522, 1527; Valla- 
dolid, 1527; Toledo, 1549; Alcalá, 1587; Sevilla, 1587. Consúltese 
J. ]\Ienéndez Pidal, Leyendas del último rey godo, Madrid, 1906. 

284. En 1404 compuso MosÉ Qarfaty y se apropió el Maestro 
Jacobo de las Leyes, que se las habla encomendado hacer, siendo pri- 
vado de dicho Maestro, las Flores de Derecho copiladas por el Maestro 
Jacobo de las Leyes (Ms. Escor.). 

285. Año 140/. Sin duda la literatura caballeresca comen- 
zó á dar sus frutos en el siglo xiv, despertando en los españoles 
el espíritu aventurero, que les hizo rodear y rodar por el mundo 
entero en el siglo xvi. De aquí nació la literatura de viajes, 
aventuras y maravillas, en la cual sobresalen en el siglo xv Cla- 
vijo, Díaz de Gómez y Pero Tafur, grandes pintores de tierras, 
costumbres y hechos extraños, pero de un juicio tan sano y de 
un realismo tan español, como extravagantes, ultraideales y 
falsas eran las novelas caballerescas. Es muy de notar cómo 
supieron sacar el jugo artístico que contenían á vueltas de sus 
disparates, sobreponiéndose juiciosamente el realismo español 
á tan fantásticos sueños. 

Ruy González de Clavijo {^ 141^), escribió la Historia 
del gran Tamorlan, e Itinerario y enarración del viaje y rela- 
ción de la emhaxada, libro curioso, escrito en suelto y ameno 
estilo. 

28(!. Habia enviado Tnmerlán á Enrique III dos doncellas, cele- 
brada una de ellas en el Cancionero de Bacna (núni. 240) por un poeta 
anónimo, que, según Argote de Molina, debió de ser Alvarez de \'i- 
llasandino. Devolvióle el Rey de Castilla la embajada, compuesta de 
González de Clavijo, Fray Alfonso Pácz de Santa María y Gómez 
de Salazar, los cuales salieron del puerto de Santa María el 22 de 




K^on \I/-)iriQue ()e C^^ilu'iuii 



(Del Arte Cisoria, edición Felipe Benicio Navarro). 



S. XV, I415. DOX ENRIQUE DE VILLEXA 277 

Marzo de 1403, y, muerto Salazar en el camino, año de 1404, llegaron 
los demás á Samarcanda el 8 de Septiembre del mismo año, y fueron 
presentados á Tamerlán, el cual, de edad de setenta años, "tan viejo era, 
que los párpados de los ojos tenía todos caídos", habiendo muerto en 
Febrero del año siguiente, 1405. Antes de esta fecha, en Noviembre 
•del 1404, habían salido los embajadores, llegando á Sanlúcar el i.° de 
Marzo de 1406. Clavijo fué camarero de Enrique III. Mariana dice del 
Itinerario^ "que relatan por menudo los particulares de su embajada y 
muchas otras cosas asaz maravillosas, si verdaderas". Probablemente 
el autor dio demasiado criterio á cosas que oyó, pero en lo demás fué 
verídico. 

Ruy González de Clavijo, Vida y hazañas del gran Tamorlan. en 
Crónicas españolas, Madrid, 1782, t. III; Itinéraire de l'amhassade cs- 
pagnole á Samarcand en 140^-1406 (texto, trad. rusa y notas), ed. I. Srez- 
nevski, Academia Scientianim Impcrialis (1881), San Petersburgo, 
t. XXVIII. 

2 8 7. En 1409 Fray Jofre Gilabert fundó en \"alencia el más an- 
tiguo hospital de locos del mundo: Alfonso \' de Aragón, en 1425, el de 
Zaragoza; Marcos Sánchez de Contreras, en 1436, el de Sevilla; el 
protonotario Francisco Ortiz, en 1483, el de Toledo. El primer lazareto 
fué el de Mallorca, en 1471 ; los estudios anatómicos se abren en Zara- 
goza el 1488. 

En 1410 Fernando Esteban compuso Reglas de canto plano c de 
contrapunto c de canto de órgano (Gallardo). 

288. Año 1415. Dox Enrique de Villena (1384-1434), 
nieto de Enrique II, amigo de toda erudición misteriosa y des- 
usada, retraido entre sus libros como verdadero apasionado del 
saber, y por el consiguiente poco ducho en las arterías y em- 
bustes de la vida mundana, pasó por un ente extravagante y 
medio nigromántico en vida y después de muerto por un Fausto 
español, cuya curiosidad científica le entrega al diablo y á las 
artes mágicas, llegando á ser en la tradición popular un símbolo 
más legendario que histórico. Fué un sabio desgraciado como 
todos los sabios, y más si, como él, pretenden luchar con los 
mundanos y cortesanos que, no siéndolo, tienen por suyo todo el 
tiempo, que el sabio gasta en su rincón, y se presentan avezados 
á las intrigas que el sabio no acaba de entender ni menos acierta 
á manejar cuando se lo propone. Empobrecido y desdeñado de 
la turbamulta de cortesanos, de no tan ilustre sangre como él 
y ayunos de sabiduría, desposeído de sus cargos, acabó en el 
retiro de Iniesta ó de Torralba, sin otro solaz que los libros y 



278 ÉPOCA DE DON JUAN EL II (s. XV) 

la buena mesa, á que fué aficionado como buen epicúreo. Era 
descendiente, por parte de padre, de la casa real de Aragón, y por 
la de madre, de la de Castilla; pudo ser poderoso y rico y no llegó 
á ser Marqués de Villena ni Condestable de Castilla como su 
abuelo, ni siquiera á disfrutar del condado de Cangas de Tineo, 
con habérselo otorgado Enrique III. Casó muy mozo con María 
de Castilla, amante que fué después del mismo rey Enrique ITI, 
por lo que le nombró Maestre de Calatrava, llegando para ello 
hasta á divorciarse, declarando su propia impotencia; pero el 
Maestrazgo fué mariposa que por más vueltas que dio casi 
puede decirse que no la llegó á atrapar. En 1414, marquesado, 
condado y maestrazgo se le habían huido como el humo. Bien 
lo pintó Fernán Pérez de Guzmán por aquellas palabras: "Este 
caballero, aunque fué tan grand letrado, supo muy poco en 
lo que le compila." Murió Enrique III en 1407, y halló desde 
entonces protector el de Villena en el que había de ser Fer- 
nando I de Aragón, pero también se le murió el protector en 
1416, sin haber reinado más de cuatro años. Tan sólo la glo- 
ria literaria oreó sus sienes, y esto en una sola ocasión y, por 
cierto, fué bien poca cosa: cuando en 1412, llegado al reino de 
Aragón en la comitiva del Infante de Antequera, pudo ser pre- 
sidente de Juegos florales y organizador de justas y mascaradas 
poéticas en Zaragoza y Barcelona. ¡Y cómo se lo saborea él 
mismo en el Arte de trovar, contándonos las ceremonias de 
aquella fiesta de la Gaya Ciencia, remedo pedantesco del ya pe- 
dantesco y degenerado Consistorio de Tolosa! Entonces parece 
que compuso en Zaragoza una farsa alegoría en que dialogaban 
la Justicia, la Verdad, la Paz y la Misericordia. Murió el Rey, 
enmudecieron músicos y juglares y el de Villena se retiró á su 
pobre señorío de Iniesta ó de Torralba, donde escribió la mayor 
parte de sus obras, hasta que la gota le acabó á los cincuenta 
años de edad, hallándose casualmente en Madrid. 

Hasta en muerte le persiguió el mal hado, pues por orden 
de don Juan II hizo el Obis]XJ de Segovia, fray Lope Barrien- 
tos, un espurgo en sus obras, echando á las llamas las que le 
pareció. Escribió el Libro de los Trabajos de Hércules, en ca- 
talán, el año 1417, traducido al castellano el mismo año é im- 
l)rcso en 1482, novela alegórico-mitológica, de sabor añejo y 
fondo didáctico, sentencioso, vestido novelescamente como en 



S. XV, 1415. DON ENRIQUE DE VILLENA 279 

los libros de Raimundo Lulio y don Juan Manuel, aunque con 
atisbos dantescos y aun petrarquescos ; el estilo más suelto que 
en las obras posteriores, por menos latino. De 1422 á 1423 
compuso un tratado de la consolación, retórico, pedantesco y ' 
archilatinizado, sobre todo por el hipérbaton y la manía de 
posponer el verbo ; otro acerca de la lepra, un comentario sobre 
unos versículos del salmo VIII ; las tres obras están sin impri- 
mir. En 1423 comipuso el Tratado del arte del cortar del cu- 
chillo, ó como suele llamarse Arte cisoría, curiosísimo docu- 
mento de los yantares reales de aquel tiempo, el primer libro 
de cocina que tenemos, anterior más de medio siglo al famoso 
Libro de guisados, de Ruperto de Ñola, y brava mina de voces 
para el lexicó^^rafo. Los latinismos son menos y bien se ve 
que al escribir de tan sabroso menester se chupaba los dedos 
de gusto. El Libro del Aojamiento ó Fascinología tiene recetas 
curiosas. Perdiéronse la traducción del tratado de Corníficio 
Retorica á Herenio, y algunas de sus oraciones y cartas : pero 
se conservan dos versiones en prosa, la de Virgilio y la del 
Dante. La de la Eneida es la más antigua que se hizo en nin- 
guna lengua vulgar, hecha de prisa, pues la comenzó el 28 de 
Septiembre de 1427 y la acabó un año y doce días después, en 
10 de Octubre de 1428, como dice él mismo. El estilo es es- 
tupendamente descoyuntado y traspuesto por querer remedar 
la pompa sonora del original y más por las glosas y paréntesis 
que añade al texto, de las cuales él estaba enamorado. Dirigió- 
la á Santillana, así como la traducción de la Divina Comedia, y 
el Arte de trovar, escrito hacia el 141 5 y 1417 y retocado hacia 
el 1430, cuya doctrina se funda en la del Consistorio de Tolosa, 
esto es, sobre la Gaya Ciencia. Hay, con todo, quien duda le 
pertenezca esta última obra. No quedan versos suyos. 

289. Marqués de Villena se le ha llamado; pero habiendo andado 
toda su vida en pleitos por el dichoso Marquesado, nunca lo gozó. Debie- 
ra llamarse don Enrique de Aragón ; mas tampoco se le nombra asi, por 
no confundirlo con su contemporáneo el infante don Enrique de Ara- 
gón. M. Pelayo, hablando de la farsa hecha en Zaragoza para solem- 
nizar la coronación de don Fernando el Honesto, dice (Antolog., t. V, 
pág. xxxi) : "En el texto de la Crónica de Alvar García de Santa María, 
copiado por Ustarroz en sus adiciones á las Coronaciones, de Blancas, 
no se dice que fuese don Enrique el autor de esta representación, como 
se viene repitiendo por todos sobre la fe de don Blas Nasarre, que quija 



2So ÉPOCA DE DON' JUAN" EL II (s. XV) 

encontraría la noticia en alguna otra copia de la misma Crónica.. Lo 
que allí se da á entender es que la representación estaba en catalán y 
que el mismo cronista Alvar García la tornó en palabras castellanas.'" 

L. Barrientos, Tratado de las especies de adiz'inansa : "Este libro (del 
Ángel Raziel) es aquel que después de la muerte de don Enrique de Villa- 
na, tú, como rey christianísimo, mandaste á mí, tu siervo et fechura, que 
lo quemasse á vuelta de otros muchos, lo cual yo puse en ejecución en 
presencia de algunos tus servidores... é puesto que aquesto fué et es de 
loar, pero por otro respecto en alguna manera es bueno de guardar los 
dichos libros, tanto que estuviessen en guarda é poder de buenas personas 
fiables, tales que no usassen dellos, salvo que los guardassen al fin que 
en algund tiempo podrían aprovechar á los sabios." No ihay, pues, que 
dar crédito al Centón epistolar, obra apócrifa, como es sabido, del si- 
glo XVII. En la Crónica de don Juan II se dice : "Fray Lope miró los 
libros é fizo quemar algunos é los otros quedaron en su poder." En el 
mismo Barrientos y parte en M. Pelayo (AnfoL, t. V, pág. xxxiii). 
puede verse el contenido del libro del Ángel Rastel. De pura ciencia es el 
libro de Astrologia, que debe estar tomado de la doctrina de don En- 
rique y se guarda en la Biblioteca Nacional ; pero un tan curioso sabio, 
amigo de todo lo desconocido, no podía menos de mezclar con la cien- 
cia algunas supersticiones, y más en aquel tiempo, y así lo afirma F. Pé- 
rez de Guzmán y lo comprueba el Tractado del aojamiento ó fascinolo- 
gia. La leyenda sobre don Enrique comenzó en vida ; poco después la 
desarrollaron los alquimistas, que le colgaron no pocos libros apócrifos 
para darles autoridad, como el del Tesoro ó del Candado, que también 
se atribuyó falsamente á Alfonso XL Además la Carta, que dicen fué 
escrita por los i'cinte sabios cordobeses á don Enrique de Villena, pu- 
blicada por José Ramón de Luanco en La Alquimia en España, es otra 
patraña de los mismos embaucadores. En ella se le atribuyen facultades 
tamañas como la de embermejecer el sol con la piedra heliotropia; la 
de adivinar lo por venir por medio de la chelonites; la de hacerse in- 
visible con la hierba andrómena ; hacer tronar y llover con el baxillo de 
arambrc y congelar el aire en bola con la hierba yclopia. En la res- 
puesta cuenta don Enrique á sus discípulos que se le aparece Hermes 
Trimegisto, caballero en un pavón, para entregarle una pluma, una ta- 
bla con figuras geométricas, la llave de su encantado palacio y la arque- 
ta de las cuatro llaves, donde se encerraba el gran misterio de la alqui- 
mia. Con esto se creyó que había hedió pacto con el diablo, y en el 
siglo XVI hasta escritores graves lo creyeron, y en el xvii corría la 
conseja de haber perdido su sombra, con lo cual engañó al demonio, y 
la de haber aprendido y enseñado las ciencias ocultas en la famosa 
cueva de San Ciprián de Salamanca, que dio asunto á La Cueva de 
Salamanca, de Cervantes y de .Marcón ; Lo que quería ver el Marqués 
de Villena, de Rojas; La Visita de los chistes, de Quevedo; La Rcdonuj 
encantada, de Hartzenbusch, y La hierba de fuego, de Bremón. 

Los trabajos de Hércules los acabó en Valencia, escritos en catalán, 
"á preces é instancia del virtuoso caballero Mesen Pero Pardo", y la 



S. XV, I4I5. DON ENRIQUE DE VILLENA 281 

versión castellana la hizo "en la su villa de Torralva... á suplicación 
de Johan Ferrández de Valera, el mozo, su criado... alongando en al- 
gunos pasos et en otros acortando, segunt lo requería la obra... por el 
trocamiento de las lenguas"'. Queria fuese el libro un "espejo actual á 
los gloriosos caballeros en armada caballería... e non menos á la caballe- 
ría moral dará lumbre é presentará buenas costumbres, por sus señales, 
desfaciendo la texedura de los vicios é dominando la ferocidat de los 
monstruosos actos, en tanto que la materia presente más es sátira que 
trágica". "Será este tractado en doze capítulos partido, é puesto en 
cada uno dellos un trabajo de los del dicho Ercoles, por la nranera que 
los ystoriales é poetas los han puesto; é después la exposición alegórica 
é luego la verdal de aquella ystoria, según realmente contesció, é dende 
seguirse ha la aplicación moral á los estados del mundo, é por enxeniplo 
al uno de aquellos trabajos." 

Eneida, glosa : "Fasiendose leer la Comedia de Dante, reparó en que 
alababa mucho á Virgilio, confesando que de la Eneyda avia tomado la 
doctrina para ella, é fiso buscar la dicha Eneyda, si la fallaría en roman- 
ce, porque él non era bien instruido en la lengua latina... é fué movido 
el dicho rey de Navarra (don Juan II) á enviar desir por su carta 
afincadamente á don Enrique, qiie trasladase la Eneyda." Tradujo á 
libro abierto, y maravilla no hierva en mayores yerros. Baena, Santi- 
llana y Mena dicen que don Enrique hizo versos ; los que se le atribu- 
yen, y Pellicer de Salas y Tovar incluyó en su Biblioteca, no son au- 
ténticos, acaso del mismo Pellicer. 

El Arte de la Gaya Sciencia, de \'illena, trajo á Castilla la doctrina 
provenzal, que "se remonta al siglo xiii con la Dreita maniera de tro- 
bar, de Ramón Vidal de Besalú ; adquiere, á mediados del xiv, propor- 
ciones de farragosa enciclopedia en los Leys d'amors, de Guillermo 
Molinier, y pedantesca sanción en el malhadado Consistorio de Tolosa; 
recibe aplicación á la lengua catalana en los diccionarios rítmicos de 
Jaime March y Luis de Aversó, que en tiempo de don Juan I trasplan- 
tan á Barcelona aquella institución, ya entonces anacrónica y funesta 
á los progresos de la legítima poesía". (M. Pelayo.) 

Los Trabajos de Hércules se copiaron bastante y se imprimieron en 
Zamora, 1483, por primera vez ; reproducción fotolitográfica por José 
Sandio Rayón. Del Arte cisoria, como se tituló en la impresión de 1766 
hay dos códices: uno falto de una hoja, en la Biblioteca de El Escorial, 
y otro completo y no menos antiguo en la de M. Pelayo. El de El Es- 
corial sirvió para sus dos impresiones: la de 1766, publicada por la 
Real Biblioteca de San Lorenzo, y la muy esmerada é ilustrada pre- 
ciosamente por Felipe Benicio Navarro, Barcelona, 1879. La Fascino- 
logia se publicó en Revista Contemporánea, 1876, t. IV, págs. 405-422. 
La traducción de la Eneida nos ha llegado entera; pero partida en 
tres diferentes códices, de Madrid, Sevilla y París. Perdióse el có- 
dice del Arte de Trovar, y así sólo tenemos los trozos que imprimió 
Mayáns en sus Orígenes de la lengua cspaTiola, y M. Pelayo en la An- 
iologia de poet. lir. cast., t. V, págs. 3-17. Villena tradujo para Santi- 



282 ÉPOCA DE DON JUAN EL II (S. XV) 

llana en prosa la Diz'ina Comedia, entre 1427 y 1428; era del Duque de 
Osuna y está entera en la Bibl. Nac. (I-i-iio) ; hállase al margen del texto 
italiano (escrito en Florencia en 1354). Véase Hom. M. Pclayo, I, pági- 
na 269. Santillana ha puesto señales y notas conforme leía y se le ocu- 
rrían. Consúltense: E. Cotarelo y Mori, Don Enrique de Villcna, Madrid, 
1896; M. Schifí, La premicrc traducción espagnolc de la Divine Comedie, 
en el Homenaje á M. Pelayo, Madrid, 1899, t. I, págs. 269-307; E. Dorer, 
Heinrich van Villena, ein Spanischer Dichter iind Zauberer, en el 
Archiv fii,r das Studium dcr neucrcn Sprachen tind Litcratur, 18817, 
t. XXVII, págs. 129-144. 

290. Año 141Ó. Maestre Juan el Viejo de Toledo, converso del 
judaismo, escribió contra sus antiguos correligionarios la Declaración 
del Salmo LXXII, y el año de 1416, el Memorial de los misterios de 
Christo. 

En 1419 Juan de Aviñón escribió Sez'illana Medicina, uno de los 
más antiguos tratados de topografía médica; imprimiólo Monardes en 
Sevilla, 1545. 

El Maestro Alonso Chirino ó de Guadalajara, natural de Cuenca, 
físico del rey don Juan II y su alcalde y examinador de los físicos, es- 
cribió el tratado llamado Menor daño de medicina, que se imprimió 
en Sevilla, 1506; Toledo, 1513; Sevilla, 1519, 1538, 1547, juntamente 
con su Testamento, escrito en Medinaceli el año 1429. Fray Sancho 
Puerta (t 1429), dominico zaragozano, Maestro del Sacro Palacio en 
tiempo de Benedicto XIII, publicó Marialc. Sermones. Sanctorale. 
Maestro Diego de Cobo, Cirugía Rimada. Vasco de Tarant.\, Tracíatus 
Epidemialis, pasa por el primer libro de medicina impreso en España. 

291. Año 1420. A la época del de \'illena pertenecen dos 
obras de la antigua escuela didáctica y moral. El libro de los 
gatos, 69 cuentos, versión hecha por un autor desconocido, de 
las fabiilae ó Narrationes del fraile inglés Odo de Chefiton 
(^ 1247), entre los años 1400 y 1420, en estilo claro y corriente, 
aimquc algiin tanto prolijo. La Suma ó El Libro de Excmplos 
por a. b. c. fué compilado por el doctor Clemente Sánchez 
DE Vercial (i370?-i426?), arcediano de VaJderas en León, y 
tiene 395 ejemplos, más 72 hallados en 1878 por Morel-Fatio. 
E.scribióse entre 1400 y 1421. También compuso el mismo autor 
un Sacramental en romance, comenzado en 1421 y acabado en 
1425; se imprimió en Logroño, 1504; Toledo, 1527. Además, 
Breve copilación de los cosas tiecessarias á los sacerdotes. Se- 
villa. T477 y 1478. 

!il*-- lil Libro de los gatos parece ser una mala lectura por Libro de 
¡os cuentos. El libro 'de los E.vemplos cree Morel-Fatio que es tradüc- 



S. XV, 1422. AL. DE STA. MARÍA DE CARTAGENA 283 

ción de uno de los Alphabcta cxemploriim, que corrieron en la Edad 
Media, y haiy de la misma época en catalán un ReciiU de exemplis e 
mirades, gestas e faules c altres ligendes, ordenades per a. b. c, tra- 
ducción del Alphahctum iiarrationnm de Etienne de Besanqori. En el 
libro de Vercial, mejor que en el de los Estados, de don Juan Manuel; 
se recuerda la leyenda del Buddha, acomodada al griego por algún monje 
cristiano que conocía la refundición árabe, derivada del Lalita-Vistara 
sánscrito. Tradújose esta historia griega al latin, lo más tarde, en el 
siglo xii ; resumióla hacia 1250 Vicente de Beauvais en su Specuhim 
historíale, libro común entonces, y se hizo popular en todo el mundo con 
el título de Román de Barlaam et Josaphat, cuya bibliografía hemos 
puesto en el párrafo 121. 

293. El libro de los Gatos, ed. G. T. Northup, Chicago, 1908 (Ex- 
tracto de Modern Philology, t. V, núm. 4) ; ed. P. de Gayangos, Bibl. de 
Aut. Esp., t. LI. Consúltense : H. Knust, Das Libro de los Gafos, en 
Jahrbuch für romanische und engUsche Literatur (1865), t. \T, pági- 
nas 1-42 y 1 19- 141; L. Hervieux, Les fahuUstes latins dépuis le siécle 
d'Aiiguste jusqu'á la fin du moyen age, 1896, t. IV, págs. 106-109; 
G. C. Keidel, Xotes on Aisopic Literature in Spain and Portugal during 
the Middle Ages, en Zeitschrift fiir romanische Philologie (1901), 
t. XXV, págs. 720-730. 

29-1. Clemente Sánchez de Vercial. Libro de los exemplos 
[CCCXCV], ed. P. de Gayangos, Bibl. de Aut. Esp., t. LI ; [suplemento], 
ed. A. Morel-Fatio, en Romanía (1878), t. VII, págs. 481-526. Consúl- 
tense: Th. de Puymaigre. Les vieux auteurs castillans, París, 1890, 
t. I, págs. 107-113: The Exempla, or illustratcd stories from the Ser- 
mones ztdgares of Jacqiies de Vitry, ed. T. F. Crane (Folk-Lore So- 
cietT,' Publications, t. XX\r[), London, 1890. 

295. Ario 14.22. Alonso de Santa María de Cartagena 
(1396-1456) nació en Burgos y fué hijo de Pablo de Santa Ma- 
ría. En el acta de toma de posesión de la canonjía que tuvo en 
Burgos (2 Enero 1421) se le llama Alonso García de Santa 
María. Fué cronista de Castilla, deán de -las iglesias de Santiago 
y Segovia, del Consejo Real de Juan II, no muy afecto de don 
Alvaro de Luna y al cabo contrario ; Embajador, con otros tres, 
en el Concilio de Basilea, donde persuadió la primacía del 
Rey de Castilla sobre el de Inglaterra: Obispo de Burgos desde 
1435, arbitro del Concilio para mediar con el Rey de Polonia 
y el Emperador de Alemania, concertando las paces. Degene- 
rando en 1438 el Concilio en conciliábulo, retiróse con los espa- 
ñoles á Roma, y Eugenio IV dijo: "Si el Obispo de Burgos 



284 ÉPOCA DE DON JUAN EL II (s. XV) 

viene á nuestra corte, con gran vergüenza nos asentaremos en la 
silla de San Pedro." Allí se entregó á los estudios del Rena- 
cimiento y tuvo polémicas con Leonardo Bruno de Arezo sobre 
las Éticas de Aristóteles. Vuelto en 1440 á España, convirtió 
su palacio en "escuela pública de toda doctrina", como decían 
sus contemporáneos, donde se formaron Alfonso de Falencia, 
Rodríguez de Almella y los mejores latinos del tiempo de los 
Reyes Católicos. " Maestro de toda dulce elocuencia, de toda ve- 
rísima historia y de toda sotil poesía", le llamaron. "Deliciae 
hispanoruní, decus praelatorum, non minus eloquentia quam do- 
ctrina praeclarus, ínter omnes consilio et facundia praestans", 
dijo de él Eneas Silvio, después Pío II. Recomenzó los interrum- 
pidos trabajos de la catedral de Burgos, en cuya capilla de la 
Visitación está su sepulcro gótico, que él hizo labrar en vida. 
En 1422, siendo deán de Santiago, acabó de traducir, á ruego 
de Juan Alfonso de Zamora, secretario del Rey, la Cayda de 
Principes, de Boccaccio, cuyos ocho primeros libros tradujo ó 
mandó traducir Pero López de Ayala. Imprimióse en Sevilla, 
1495; Toledo, 151 1. 

Libro de Marcho Tiilio Cigcrou, que se llama de la Retorica 
(Ms. de El Escorial). Tidlio de officiis et de scnectitte. en ro- 
mance; Sevilla, 1 501. Ciiico libros de Séneca. (De la z'ida bien- 
aventurada, De las siete artes liberales. De amonestamiento y 
doctrinas, El primer libro de providencia de Dios.) Sevilla, 
1491; Toledo, 1510: Alcalá, 1530; Amberes, 1548, 1552; Ma- 
drid, 1627. Como trovador fué juez en justas literarias, escribió 
canciones y decires; aunque se cree que las que á su nombre 
traen los Cancioneros son de su padre Pablo de Santa María. 
En asuntos religiosos : Oracional de Fernán Pérez, Burgos, 
1487, escrito á ruegos de Pérez de Guzmán. Apología sobre 
el salmo Indica me Deas (Ms.). Memorial de J'irliides (Ms. 
Escorial), escrito en latín y traducido por otro al castellano. 
Prefación de San Juan Crisóstomo. Además : Anacephalaeo- 
sis, Genealogía de los Reyes de España, Emperadores romanos, 
Reyes de Francia, Pontífices y Obispos de Burgos, Grana- 
<Ia, MDXLV (Ms. en El líscorial). Doctrinal de los Caballe- 
ros, Burgos; 1487; Sevilla, 1492. Defensorium fideí. El libro 
de las doce cuestiones. Crónica de los reyes don Alfonso "el 
Sabio", diiii Sancho "el Bravo" . \ don Fernando "el F.mtila- 



S. XV, 1422. AL. DE STA. MARÍA DE CARTAGEXA 285 

sado" (Ms.)- Sobre la pertenencia de las conquistas de Canarias, 
Tánger, Fec y Marruecos á Castilla. Libro de Uis mujeres ilus- 
tres (Ms.), AUegationes factae per R. P. D. Alf. Cart. in concilio 
bassilensi siip. conq. Insidarum Canariae contra Portugalenses,. 
Anno domini IM.CCCC tcessimo V. (Ms. Escorial). 

296. En la "Alegación en derecho", impresa en 1596, que trae Ga- 
llardo (Bibl., t. IV, col. 493) y que hemos citado al hablar de don Pablo 
de Santa María, dícese : "Don Alonso fué grandísimo cristiano y le- 
trado, tanto que por su virtud }• su valor singular y muchas letras, por 
renunciación del dicho Patriarca su padre, le pasó Su Santidad el 
obispado de Burgos. Y fué del Consejo del rey don Juan el II. y su Re- 
ferendario, y Embajador á los Reyes de Portugal. Navarra y Polonia, y 
al emperador Alberto II, que estando á punto de romperse la batalla 
entre él y el Rey de Polonia, los concertó. Y en el Concilio basileense, 
todos los Prelados que allí concurrieron, de sólo él fiaron el sello. Y 
allí ganó la precedencia para la Corona de Castilla al Rey de Ingla- 
terra. Y la conquista de las Canarias, Fez y Marruecos para la misma 
Corona al Rey de Portugal. Y luego pasó á hacer reverencia al Papa, 
el cual, sabiendo su venida, dijo en el Consistorio público de los Carde- 
nales: "Por cierto que si el obispo don Alonso de Burgos viene á 
"nuestra Corte, con gran vergüenza nos asentaremos en la Silla de 
"San Pedro." 

29 7. Las obras de don Alfonso de Cartagena, que se hallan en la 
Biblioteca de El Escorial y pueden verse descritas en la Biblioteca Ra- 
bíiiica, de Rodríguez de Castro, son: Dii. Alfonsi a Carthagcna. Epi- 
scopi Biirgeiisis rerwn Hispanorum, Romaiwrum Impcratonim, siim- 
morum Pontificiim, Regum Francorum anacephalaeosis. Francfort, 
1603. Tradujeron esta obra al castellano, con notas y adiciones, Fernán 
Pérez de Guzmán y Juan de Villafuerte, cuyos Ms. están en El Esco- 
rial. Iiiciptf traclatiis qui dicitur Mcmorialc virtutum, obra traducida 
al castellano. Memorial de virtudes, ambas en Ms. de El Escorial. 
AUegationes factae per referendum patrem dñm Alfonsum de Car- 
taiena Epm. htrgensem in consillio bassilensi sup. conqsta Insularum 
Cañarle contra Portugalcnsses Anno domini M. CCCC. tcessimo 5.° 
Coiitcnplacion mescl^ida con oración conpuesta en latin c tornada en 
lenguaje castellano por el rreucrendo don alfonso, obispo de burgos, 
ssobre el pssalmo del profecía dauid que eomienca jusgame dios 
{\ls. Escor.). Tractado que se llama el oragional de fernan peres porque 
contiene Respuesta a algunas questiones que fiso el noble eauallero fer- 
nan peres de gusman al muy Rcucrendo e -eyrtuoso sabio perlado don 
alfonso de cartajena, de gloriosa e loable memoria, obispo de burgos, 
tocantes a la fiel e denota oración : tiene 58 capítulos, y en el prólogo 
dice que aunque su correspondencia con Pérez ha sido sieiiipre en latín. 



286 ÉPOCA DE DON JUAN' EL II (s. XV) 

escribe este Tratado en castellano para la más fácil inteligencia de 
todos. Tradujo los libros de Séneca con glosa y otros, cuyo Ms. de El 
Escorial dice : De la vida bienaventurada. De la divina prouidencia. De 
la clemencia. De los Remedios de la fortuna. Prouerbios y dotrinas. 
Tratado de la guerra. Declamaciones. Copilaqion de algunos dichos y 
sentenqias de Séneca sacados de algunos tratados suyos. Dichos morales 
ó sentenqias de Quinto Curdo. Libro que se llama el doctrinal de los Ca- 
valleros. Consúltense: Flórez, Esp. Sagr., t. XXVI; Hern. del Pulgar, 
Claros varones de Castilla; Crónica de Juan 11; Gil González Dávila, 
Teatro eclesiástico, t. III, pág. 78. 

298. Don Gonzalo de Santa María (t 1448), hijo de Pablo de 
Santa María y hermano de Alonso de Cartagena, escribió en latín la 
Historia de los Reyes de Aragón (Nic. Ant., t. II, Bibl. vet., pág. 161 ; 
Zurita, Anales, 1. XII, c. 53). 

299. Año 14^5. Rabí Josef Albo, de Soria, vecino de Zaragoza, 
asistió á la famosa disputa que en Tolosa hubo entre cristianos y judíos 
ante Benedicto XIII, en 1412 y 1413, y fué el único que no quedó con- 
vencido entre los rabinos en aquella disputa con Jerónimo de Santa Fe, 
cuando todos los demás abjuraron; se retiró á Soria, donde, en 1425, 
escribió Sepher Iqarim ó Artículos, libro de los principios fundamentales, 
del que se conocen 10 ediciones; Soncino, 1487; Venecia, 1521, 1544. 
Modificó hondamente el racionalismo de Maimónídes y abrió nueva era 
á la teología judía. 

En 1426 escribió Bbrenguer de Montrava, canónigo de Urgel, el 
Lumen Constitutionum, Usaticorum et Consuetudinum Cataloniae. 

304. A principios del siglo xv floreció Javme Calicio ó Callis, 
que compuso Commentaria in Usaticos Barcinonenses. Tractatus de 
pracrogativa militari. Tractatus de maneta. Hcres solidus. De iuris- 
dictionibus. E.vtravagantorium Curiarum. Processus soni emissi (soma- 
tén). Directorium pacis et treguae. AUegationcs super jacto luitionis 
inchoate contra Ecclesiam. Margarita Fisci. Viridarium Militiac. Mu- 
chas de estas obras se hallan en la edición de 1556. 

301. 'Año 142P. Personificación de la cultura y erudición 
durante el reinado de don Juan II es don Iñigo López de Men- 
doza (i 398- 1 458), primer Marqués de S.\ntillana que fue 
después. Nació en Carrión de los Condes, aunque su prosapia 
paterna era la de los Mendozas de Álava y su madre fué aquella 
fiera y arrogante rica hembra niontañesa, que se llamó doña 
T^onor de la Vega, á quien debió el con.servar su patrimonio 
contra usurpadores y litigantes y ensancharlo por fuerza de 
armas, no menos que la educación, por hal>erle faltado el padre 




Don Iñu.o López de Mendoza, primer Marqués de Síuuillaiia. 
(De un rc-tablo del Hospital de Biiitrago.) 



S. XV, 1429. MARQUÉS DE SANTILLANA 287 

á la edad de siete años, que lo fué don Diego Hurtado de Men- 
doza, señor de Hita, Buitrago, Guadalajara y el Real de Man- 
zanares, prepotente y acaudalado Almirante de Castilla. Con- 
certóle su madre el matrimonio con doña Catalina de Figueroa, 
hija del Maestre de Santiago don Lorenzo Suárez. En 1414 se 
le ve siguiendo á la corte en el viaje del Infante de Antequera 
á Aragón. Fué de los que, conjurados con el infante don Enrique. 
Maestre de Santiago, desacataron la majestad real en Tordesillas 
y Avila en 1420, obligando á Juan H á velarse con doña María y 
á convocar Cortes ; fué también de los que le cercaron en el casti- 
llo de Montalbán, después de lo cual se retrajo á Guadalajara 
y hubo de transigir en el pleito con la Condesa de Trastamara. 
Mudando mañosamente de política, hallábase en 1429 en la 
hueste de don Juan H y del Condestable contra el Rey de Na- 
varra y el Infante don Enrique, defendiendo la frontera por 
Agreda, y aunque destrozado por el mayor número en los cain- 
pos de Araviana, fuéle, por su valor, como una victoria, valién- 
dole la merced de 500 vasallos en tierra de Guadalajara, y des- 
pués, cuando en 1,434 dio don Juan sentencia de confiscación de 
todos los bienes y estados que en Castilla poseían los Infantes 
de Aragón, tocóle el señorío de los pueblos de Fuente el Viejo, 
Armunia, Pioz, Meco, Retuerta y otros, hasta doce. Por enton- 
ces, y en aquella campaña, compuso dos de sus primeras serra- 
nillas, como en ellas se dice. Luego fué á la montaña, donde 
compuso otra de ellas ; al año siguiente partió para la expedición 
contra los moros de Granada ; pero aunque su mesnada asistió 
á la batalla de la Higuera, hubo de quedarse él enfermo en Cór- 
doba. Retrájose después á Hita en la disensión que siguió á la 
victoria, hasta ver libres sus encarcelados parientes. Muerta su 
madre en 1432 y tras nuevos pleitos con su media hermana doña 
Aldonza, muerta ésta, logró verse señor del Real de Manzana- 
res en 1442. En 1436 casó á su primogénito con doña Brianda 
de Luna, sobrina del Condestable, siendo padrino don Juan II, 
y tres años antes á una su hija con el primogénito de la familia 
de la Cerda. Rotas las treguas con los moros en 1436, tuvo á su 
cargo la defensa de la frontera como Capitán mayor del reino de 
Jaén y ganó victorias, villas y fortalezas, asistido de sus hijos Iñi- 
go López y Pero Laso, hasta obligar á los moros á pedir treguas. 
que en 1438 les fueron concedidas á condición de entregar 550 



288 ÉPOCA DE DON JUAN EL II (s. XV) 

cautivos cristianos y pagar en parias 24.000 doblas de oro. De 
aquel tiempo es la serranilla quinta. En 1441 dio don Juan II 
la sentencia de Tordesillas desterrando á don Alvaro de Luna, 
siendo don Iñigo el que habia de velar cerca del Rey por el 
cumplimiento de su palabra, y al volver á llamar al Condestable 
hubo de recogerse don Iñigo á su castillo de Buitrago. Con- 
currió por el Rey á la batalla de Olmedo, en 1445, siendo ga- 
lardonado por él con el titulo de Marqués de Santillana y 
Conde del Real de Manzanares. Partidario de doña Isabel de 
Portugal contra el Condestable, enconóse más y más la enemi- 
ga cuando vio que encarcelaba á su primo y mejor amigo el 
Conde de Alba, y entonces compuso el diálogo filosófico de 
Bias contra Fortuna, acaso la mejor de sus poesías. Ayudó á 
la caída de don Alvaro, y, ahorcado éste en Valladolid, puso en 
sus labios la confesión de sus pecados, acerba ironía y sátira 
política de las más crueles, el Doctrhml de privados. En 1454 
murió don Juan II. á fines del año siguiente la mujer del Mar- 
qués, doña Catalina de Figueroa y pocos meses antes su hijo don 
Pedro Laso de 'la Vega; luego, en 1456, su poeta predilecto Juan 
de Mena, á quien la tradición dice que hizo la sepultura en To- 
rrelaguna, aunque ya en el sigilo xvi nada se sabía de su ente- 
rramiento. Asistió á las Cortes de Cuéllar, de don Enrique IV, y 
á la tala de la Vega de Granada, después de lo cual fué en ro- 
mería á Guadalupe, cantando las loores de la Virgen y se retrajo 
á Guadalajara, "aparejándose para bien morir", y tras grandes 
y pías donaciones falleció allí mismo en 1458, siendo enterrado 
en el monasterio de San Francisco, de aquella ciudad, cerca de 
la sepultura de su padre y de su mujer, como él mismo lo había 
dejado ordenado. 

302. Apenas cerró los ojos su padre, por presto que sU madre le 
hizo reconocer en el señorío de Hita y Buitrago, se apoderó de Guada- 
lajara un hermano del Almirante, el señor de Relio, entabló litigio sobre 
doña Aldonza de Mendoza, hija del primer matrimonio de don Diego, 
_v encendieron guerra civil en los valles de la montaña los Manriques, 
señores de Castañeda, aspirando á la posesión de Liébana, Pernia y 
Campóo de Suso; y su partidario Garci González Orejón invadió el 
solar de la Vega y atropello á los habitantes de Potes, aunque fueron 
rechazados por los de doña Ix;onor, acaudillados por Pero Gutiérrez de 
la Lama. La misma señora logró que el Real de Manzanares quedase 
en secuestro hasta que el Obisiio de Sigüenza, nombrado arbitro, deci- 



S. XV, 1429. MARQUÉS DE SANTILLANA 289 

diese. Aunque el señor de Relio conservó las casas mayores de Gua- 
dalajara, reconoció el derecho de su sobrino, obligándose á pagarle dos 
mil maravedís anuales á manera de alquiler. Por sentencia de los 
oidores Juan González de Acevedo y Juan Alfonso de Toro fué recono- 
cida doña Leonor, en 1407, por señora de los valles de Carriedo, Vi- 
llaescusa. Gayón, Camargo, Cabezón y el Alfoz de Laredo ; en 1409 se 
le devolvió la casa y torre de la Vega y por fuerza de armas fueron 
etíhados de Liébana los usurpadores. Firmáronse las capitulaciones ma- 
trimoniales en Ocaña el 17 de Agosto de 1408, aportando la novia 
15.000 florines de oro del cuño de Aragón. Por la corta edad de los 
cónyuges los desposorios no se hicieron hasta 1412, en Valladolid, cuan- 
do ya el Maestre de Santiago habia fallecido. Hernando del Pulgar 
erró algo en estos hechos, pues para cuando doña Leonor murió, en 
1432, ya habia recobrado los estados, de modo que no fué don Iñigo el 
que los recobró huérfano, sino su madre. Por sentencia de 22 de Julio 
de 1423, el Real de Manzanares fué divido entre doña Aldonza y don 
Iñigo, aunque á poco protestó éste contra tal decisión. Sobre la última 
enfermedad y muerte del Marqués, compuso su capellán, Pedro Díaz 
de Toledo, un Diálogo, publicado por Paz y Melia en Opúsculos litera- 
rios de los siglos xiv á xvi (Socied. Biblióf. Españoles). Fué querido 
el Aíarqués en vida y respetado y glorificado después de su muerte. En 
vida le habia ya honrado Juan de Mena, en su Coronación; después, 
Diego de Burgos, en el Triunfo del Marqués (Cancionero general de 
151 i), y Gómez Manrique, en sus Coplas á la muerte del Marqués de 
Sant ¡llana. De aquí que como personaje simbólico, tras el doctor Pedro 
Díaz de Toledo, que puso en sus labios altas moralidades sobre la in- 
mortalidad, Juan de Lucena le hiciese disertar sobre el sumo bien y la 
Vita beata. Sus Proverbios fueron glosados por el doctor Pedro 
Díaz de Toledo, por Luis de Aranda (Granada, 1575 : Aznsos sentencio- 
sos sobre el modo de conducirse en el trato cizñl de la gente ; 17S1, en 
el t. V del Caxon de Sastre, de Nipho). 

Su retrato físico y moral fué trazado por Hernando del Pulgar en 
sus Claros varones de Castilla. Fué "hombre de mediana estatura, bien 
proporcionado-en la compostura de sus miembros, é fermoso en las fa- 
ciones de su rostro... Era hombre agudo é discreto é de tan gran cora- 
zón, que ni las gralides cosas le alteraban, ni en las pequeñas le placía 
entender. En la continencia de su persona é en el razonar de su fabla 
mostraba ser hombre generoso é magnánimo. Pablaba muy bien é 
nunca le oían decir palabra que non fuese de notar, quier para doctrina, 
quier para placer. Era cortés, é honrador de todos los que á él venían, 
especialmente de los hombres de sciencia... Fué muy templado en su 
comer é beber, y en esto tenía una singular continencia... Era caballero 
esforzado, é ante de la facienda, cuerdo é templado ; é puesto en ella, 
ardit é osado, é ni su osadía era sin tiento, ni en su cordura se mostró 
jamás punto de cobardía... Gobernaba asimismo con grand prudencia 
las gentes de armas de su capitanía, é sabía ser con ellos señor é 

19 



290 ÉPOCA DE DON JUAN EL II (s. XV) 

compañero. E ni era altivo con el señorío, ni raez en la compañia, por- 
que dentro de sí tenía una humildad que le facía amigo de Dios, é fuera 
guardaba tal autoridad, que le facía estimado entre los hom.bres. Daba 
liberalmente todo lo que á él como á capitán mayor pertenescía de las 
presas que se tomaban, é allende de aquello, repartía de lo suyo en los 
tiempos necesarios. E guardando su continencia con graciosa liberali- 
dad, las gentes de su capitanía le amaban, é temiendo de le enojar, no 
salían de su orden en las batallas... Los poetas decían por él que en 
la corte era grand Febo por su clara gobernación, é en campo Aníbal 
por su grand esfuerzo. Era muy celoso de las cosas que á varón perte- 
nescía facer é reprensor de las flaquezas que veía en algunos hom- 
bres... Solía decir á los que procuraban los deleytes que mucho más 
deleytable debía ser el trabajo virtuoso que la vida sin virtud, quanto 
quier fuesse deleytable. Tenia una tal piedad, que cualquier atribulado 
ó perseguido que venía á él fallaba muy buena defensa é consolación en 
su casa, pospuesto cualquier inconveniente que por le defender se le 
pudiese seguir... Este claro varón, en las huestes que gobernó... con 
la autoridad de su persona é no con el miedo de su cuchillo, gobernó 
sus gentes, amado de todos, é no odioso á ninguno... Tenía gran fama 
é claro renombre en muchos reynos fuera de España ; pero reputaba 
muy mudho más la estimación entre los sabios que la fama entre los 
muchos. E porque muchas veces vemos responder la condición de los 
hombres á su complexión é tener siniestras inclinaciones aquellos que no 
tienen buenas complexiones, podemos sin duda creer que este caballero 
fué en grand cargo á Dios por le aver compuesto la natura de tan 
igual complexión, que fué hábil para recebir todo uso de virtud, é re- 
frenar sin grand pena cualquier tentación de pecado... Si verdad es 
que las virtudes dan alegría é los vicios traen tristeza, como sea verdad 
que este caballero lo más del tiempo estaba alegre, bien se puede jud- 
gar que mucho más fué acompañado de virtudes, que dan alegría, que 
señoreado de vicios, que ponen tristeza." 

303. Poca.s son las obrillas en prosa del Marqués. El Pro- 
hcmio ó carta, que envió al Condestable de Portugal con las 
obras suyas, encierra su criterio estético y es como su poética. 
Es preceptivo é histórico, de más elevados pensamientos que el 
'Arte de trovar, de don Enrique de Villena, que sólo se atuvo á 
la doctrina provenzal ; pero su clasicismo erudito le hace des- 
preciar y calificar de ¡nfinia la poesía popular, de mediocre toda 
poesía en lengua vulgar y '.; sublime solamente la escrita en 
griego y latin. Muchos años habían de pasar y aun siglos hasta 
que cayera este ídolo y se persuadiese la gente de qu(^ los ro- 
mances son tan idiomas como el latin y el griego y de que la 
más sustanciosa y digna de aprecio es la ix)esía popular, aquella 



S. XV. 1429. MARQUÉS DE SANTILLANA 29I 

"de que la gente baja éde servil condición se alegra". En prosa 
escribió el Prólogo y las Glosas á los Proverbios, la Carta á su 
hijo, cuando estudiaba en Salamanca, y la LamoJitagion fecha 
en Prophegia de la segunda destniycion de España, en estilo 
enfático. La colección de Refranes que dicen las viejas tras el 
fuego se le ha siempre atribuido, pero quizá sin fundamento, 
y á la verdad no cuadra este gusto por lo popular con las aficio- 
nes del Marqués. La prosa de Santillana, aunque no tan mala 
como la de Villena en sus momentos de mayor furor latinizante, 
se le parece no poco, á causa de la miisma tendencia. Partiendo 
del falso principio de que el romance no era más que latin co- 
rrompido é indigno de ser escrito, tendían á allegarlo al latín 
en voces, construcción é hipérbaton. ¿No era mejor, según eso, 
no escribir más que en latín? ¡Quién nos diera un cilindro fo- 
nográfico del habla popular de entonces ! A buen seguro que 
era tan realista, briosa, concisa y elegante como ha sido siempre 
el habla de los españoles. 

Los Proverbios de gloriosa dotrina e fructuosa cnscñanga 
(1437), son adagios bien rimados para la educación del príncipe 
don Enrique, sacados de Salomón y otros autores, que cita en 
el prólogo. Al itálico modo compuso 42 sonetos, que por ser el 
primer ensayo que se hizo en Espaüa merecen respeto y hasta 
admiración. 

De las poesías de Santillana, Jas mejores son las Serranillas, 
que hizo por la mayor parte en sus primeros años y son cabal- 
mente las más cercanas al arte popular. Aunque ya no tienen 
la naturalidad primitiva de los cantos de ledino y canciones de 
amigo, de la lírica galaico-portuguesa, de las que son tardío 
remedo, son "canciones más graciosas, como dice Puymaigre, 
que las de Teobaldo de Champagne y pastorales más lindas que 
ias de Giralldo Riquier". .Son idilios condensados, esbozados 
apenas con cuatro ligeras pinceladas y no sin una puntita de 
sabrosa malicia, que les da cierta tonalidad hiunorística, rara en 
aquellos tiempos. Bien que variado en cuanto cabe, el cuadrito 
es siempre el mismo y se ve que al lugar común del encuentre 
de un caballero y una pastora, que tomó el Marqués ya inven- 
tado, no tenía grande inventiva para añadir otras escenas, así 
como ni para detenerse en la descripción, cosas en que tanto 
sobresalió Teócrito, y aun en España mismo el Arcipreste de 



292 ÉPOCA DE DON JUAN EL II (s. XV) 

Hita, cuyos "excesos de feo realismo", en frase de M. Pelayo, 
son toques de pintor tan excelso y de poeta tan bravio y mara- 
villoso, que para mi, comparadas á sus serranillas, son las del 
Marqués dibujos de principiante. Asunto, metro y lenguaje, 
tómalos éste de la tradición popular, de donde los habían to- 
mado los poetas galaico-portugueses. De la misma fuente pro- 
ceden los decires y los cantares, que de ellos se diferencian por 
el estribillo y el tema inicial, aunque llevan ya el sello de la 
cortesanía delicada que el Marqués supo comunicarles. Ya 
sobrecargó la dosis del elemento cuito en El Sueño, El Trhim- 
phete de Amor, El Infierno de los enamorados, y así suenan algo 
más á hueco y cansan por lo largos. Pero donde abruma es en 
sus visiones y sueños, debido al uso y al abuso de la mitología, 
de la historia, de la alegoría dantesca y petrarquesca, envuelta 
en i^edante retórica. La defunssion de don Enrique de Villena 
es una retahila de sabios y poetas, con los cuales compara á don 
Enrique, su grande amigo, que le dirigió Al Arte de trovar y la 
traducción de la Eneida y de la Divina Comedia. Sigue siendo 
dantesco en la Coronación de Moscn Jordi (1430), en el Planto 
de la Reyna doña Margarida y en la Visión de las tres virtudes 
Firmesa, Lealtad y Castidad. No deja de tener brío El Planto 
que fiso Pantasilea, tomado de la Crónica Troyana, libro muy 
leido por el Marqués. En la Comedicta de Ponza (1444), que 
nada tiene de dramática y es un poema dialogado que lamenta 
la derrota de los aragoneses por la armada genovesa en 1435, 
hay clara influencia del Petrarca y dióle el título por el de la 
Divina Comedia de Dante, á causa de la profecía de la Fortuna, 
que al final consuela á las Reinas con el brillante porvenir de sus 
maridos, Alfonso V de Aragón, don Juan, rey de Navarra y el 
infante don Enrique, que cayeron prisioneros en aquella triste 
jornada, según la doctrina de que la comedia comienza por tra- 
bajos y acaba por alegrías. La erudición apesadumbra esta obra, 
como las más del Marqués ; encierra, sin embargo, algunos trozos 
briosos y animados. Más dramática es la obra Bias contra Fortu- 
na (1448), hecha para consolar á su primo el Conde de Alba cuan- 
do fué encarcelado por don Alvaro de Luna, animándole con la 
doctrina lilosólica de los estoicos, de que el sabio dura constante 
en medio de ¡os altibajos de la vida, los cuales no le (|uitan el .so- 
siego de su .'lima ni le amenguan la verdadera libertad. Consta de 



S. XV, 1429. MARQUÉS DE SANTILLANA 2g3 

180 coplas de arte menor, armoniosas y bien cortadas. El Doctri- 
nal de Privados (1454) es una invectiva en 53 estrofas contra don 
Alvaro de Luna, haciéndole confesar sus fechorías con una 
inquina que en ninguna otra ocasión muestra Santillana, y. que 
no se da por vengada ni con la muerte del Condestable. Este 
odio sincero le sacó de sus casillas y le hizo escribir una de las 
mejores páginas por la fuerza y verdad, que no suelen abundar 
en líos escritos eruditos. 

Santillana es un poeta que ni remotamente puede compa- 
rarse con el Arcipreste de Hita. No es original ni en los asuntos ] 
ni en la manera de tratarlos, ni en el estilo, en ell brío, en el 
color, en la delicadeza y sentimiento, ni en el lenguaje. Tampoco 
era un sabio, ni sabia latín ni menos griego, ni supo sobrepo- 
nerse á las falsas interpretaciones que la erudición de su tiempo 
daba al arte clásico, ni á la doctrina estética reinante. Fué con 
todo un artista imitador de cuanto bueno hallaba á mano, un 
erudito de los mejores de entonces, uno de los que mayor em- 
puje dieron al estudio de las letras y al Renacimiento italiano, 
trayéndolo á España. Tentólo todo y todo lo hizo adelantar. 
Admirador de Dante, Petrarca y Boccacio, les imitó y hasta 
les copió no pocas cosas, siendo de los más gloriosos precur- 
sores de Boscán. Fué un aficionado de las Humanidades, sin 
llegar á ser humanista, que no los podía haber en aquel siglo. 
Rodeado de una verdadera corte literaria, encargó á otros ver- 
siones de libros de que poderse aprovechar y con que aprove- 
char á los demás. Conocía la literatura francesa de los si- 
glos XIV y XV, la catalana y la italiana, de la antigua provenzal 
harto poco y de segunda mano. Lo que no conoció ó menospre- 
ció fué la poesía española de origen popular, porque no veía 
más que la erudita y culta. Ni siquiera el nombre de cantar 
de gesta suena en sus obras ; aun del inester de clerecia sabía 
bien poco, pues ni nombra á Berceo. Sus aficiones estaban en 
Italia, y así creyó que sus sonetos serían su más alta gloria, pero 
se engañó. Santillana vive y vivirá por sus decires y serranillas, 
no porque fuera el primero que las hizo, ni siquiera el que mejor 
las hizo, sino porque en aquel siglo no hubo otro que las hiciera 
mejor desde el Arcipreste, que le sobrepuja de cien codos, hasta 
Juan del Enzina y Gil Vicente. 



294 ÉPOCA DE DON JUAX EL II (s. XV) 

304. Sobre la Comedieta, dice su autor en el prohemw: "E inti- 
túlela deste nombre por quanto los poetas fallaron tres maneras de 
nombre á aquellas cosas de que fablaron, es á saber: tragedia, satyra, 
comedia. Tragedia es aquella que contiene en si caydas de grandes 
reyes é principes, asy como de Hércoles. Prianio é Agamenón é otros 
átales, cuyos nascimientos é vidas alegremente se comenzaron é grand 
tiempo se continuaron é después tristemente cayeron. E del fablar 
destos usó Séneca el mancebo, sobrino del otro Séneca, en las sus 
Tragedias, ó Joban Boccaccio en el libro De casibus vironim illustrium. 
Satyra es aquella manera de fablar que tovo un poeta que se llamó 
Satyro, el qual reprehendió muy mucho los vicios é loó las virtudes; 
e desta manera después del usó Oracio é aun por esto dixo Dante: 
"L'altro é Oracio sátiro, che vene..." Comedia es dicha aquella cuyos 
comienzos son trabajosos é después el medio é fin de sus días alegre, 
gozoso é bienaventurado ; é desta usó Terencio, Peno é Dante en el su 
libro, donde primero dice haber visto los dolores é penas infernales é 
después el Purgatorio é después alegre é bienaventuradamente el 
Paraíso." 

Los pecados capitales del estilo de Santillana son debidos á ser de 
los primeros que traían á España el renacimiento clásico, lo cual des- 
arma á cualquier crítico, aunque á la vez retraiga á los lectores comu- 
nes : la comezón por rebutir sus escritos de nombres mitológicos y 
erudiciones lejanas, que, no diciendo nada á los lectores españoles, 
les deja fríos y ahitos de tan trasnochada erudición, y el hipérbaton 
y voces latinas con que retuerce y enturbia la lengua castellana cre- 
yendo ennoblecerla y engalanarla. Eran los primeros pinitos del cla- 
sicismo y nada tiene de extraño anduviese á trompicones; mayor culpa 
les cupo á los que le siguieron, no acabando de dejar esta material imi- 
tación y no acertando á beberle al clasicismo su verdadero espíritu, 
que cabalmente está en la sublime naturalidad y en el arraigo, cuanto al 
pensar, sentir y hablar, en las entrañas y alma del pueblo y de la raza. 

Herrera, en su Comentario á Garcilaso: "No en la edad de Boscán, 
como piensan algunos (se introdujo la versificación toscana) ; que más 
antigua es en nuestra lengua, porque el Marqués de Santillana, gran 
capitán español y fortísímo caballero, tentó primero con syngular 
osadía y se arrojó venturosamente en aquel mar no conocido y volvió 
á su nación con los despojos de las riquezas peregrinas. Testimonio 
desto son los sonetos suyos, dinos de veneración por la grandeza del 
que los hizo y por la luz que tuvieron en la soml)ra y confusión de 
aquel tiempo." 

Sobre sus trabajos dice el Marqués: "A ruego é instancia mía, pri- 
mero que otro alguno, se han vulgarizado en este reyno algimos poemas, 
así como la Eneyda, de Virgilio; el libro mayor de las Transforma- 
ciones, (le Ovidio; las Tragedias, de Lucio Anco Séneca, é muchas otras 
cosas en (jue yo me he delcytado fasta este tiempo é me delcyto é .son 
asy como un singular reposo á las vexaciones é trabaxos que el mundo 
continuamente trahe, mayormente en estos nuestros reynos." Su capellán, 



S. XV, 1429. MARQUÉS DE SANTILLANA 2g5 

Pedro Díaz de Toledo, puso en romance el Phcdon, de Platón, antes de 
1450. Su hijo don Pedro González de Mendoza tradujo probablemente á 
Homero de la versión latina del milanés Pedro Cándido Decimbre, y bien 
pudiera ser el texto castellano de los cinco primeros libros de la Iliada 
vertidos del latino del didho milanés, y dedicados á don Juan II, que Vol- 
móller ha descubierto. Véase la carta del Marqués á su hijo donde á esto 
alude. Sobre la biblioteca del Marqués, cuyos restos paran en la Na- 
cional, véase Amador de los Ríos. Todavía dura, aunque no en España, 
el códice magnifico del Román de la Rose, que le perteneció. Además 
de Guillermo de Lx>rris y su continuador, hállanse citados en sus escri- 
tos Alichante (Michault), que escribió "un grand libro de baladas, can- 
ciones, rondeles, lays é virolays é assonó muchos dellos"; Micer Otho 
de Grandson (Alain Chartier), "muy claro poeta moderno é secretario 
deste rey Luis de Francia (Luis XI), que con grand elegancia compuso 
é cantó en metro el Debate de las qiiatro damas, la Bella Dama San- 
mersi, el Revelle matin, la Grand pastora, el Breviario de nobles é el 
Hospital de amores, por cierto cosas asaz fermosas e placientes de oír". 
Todos estos poetas franceses son de la escuela alegórica y pedantesca, 
cuyo principal monumento es el Román de la Rose. "Los catalanes, va- 
lencianos é aun algunos del reyno de Aragón fueron é son grandes 
officiales desta arte." Conoció á Pedro March el viejo, al petrarquista 
Mosen Jordi de Sant-Jordi "el cual ciertamente compuso asaz fermosas 
cosas, las quales él mesmo asonava, ca fué músico excelente"; á Ausias 
March, "grand trovador é orne de assaz elevado espíritu". "De los pro- 
venzales parece haber conocido las poéticas más bien que los poetas, dice 
M. Pelayo, y aun éstos sólo de nombre y por citas de los italianos. As!, 
de Arnaldo Daniel, uno de los poquísimos que menciona (sin duda por 
haberle encontrado en la Divina Comedia), dice expresamente que no 
había visto obra alguna." 

Los Proverbio,s de Enigo de mendoca con su glosa se imprimieron, 
próximamente, en 1490, Zaragoza (Bibliogr. Zarag. del siglo xv). Tam- 
bién hizo traducir Santillana del italiano las Tragedias de Séneca 
(Amador de los Ríos, edic. de Santillana, págs. 639 y 482). 

Sobre la biografía de Santillana: Crónica de don Juan ¡I; To- 
más Antonio Sánchez, Coleccicn de poesías castellanas anteriores al 
siglo XI; Amador de los Ríos, Vida del Marqués de Santillana, en la 
edición de sus obras ; Schiff y M. Pelayo, que se citarán luego. 

Centiloquio, impreso en 1496, 1558. 

305. Marqués de Santillana. Cancionero. Ed. R. Foulché-Delbosc, 
en Cancionero castellano del siglo xi>. Nueva Bibl. de Aut. Esp., t. XIX; 
Obras, ed. J. Amador de los Ríos, Madrid, 1852; Bia^ contra fortuna 
[facsímile de la ed. de Sevilla, 1502, por Archer M. Huntington], New 
York, 1902: Refranes que dicen las viejas tras el fuego, ed. U. Cronaii, 
en Revue Hispanique (191 1), t. XXV, págs. 134-176; Testament du mar- 
quis de S., ed. R. Foulché-Delbosc, en Revue Hispanique (191 1), t. XXV, 
págs. 114-133. Consúltense: M. Menéndez y Pelayo, Antología de poe- 



296 ÉPOCA DE DOX JUAN EL II (s. XV) 

tas líricos, etc., t. V, págs. lxxxviii-cxliv; B. Sanvisenti, / primi in- 
fliissi di Dante, del Petrarca e del Boccaccio sulla Letteraiura spantwla. 
Milano, 1902, págs. 127-186; M. Schif, La BibliotJiéque du marquis de 
Santillane, París, 1905 (Bibliothéque de TÉcole des Hautes Études, 
fase. 153); A. Vegue y Goldoni, Los sonetos "al itálico modo" de don 
Iñigo Lopes de Mendoza : estudio crítico y nueva edición de los mismos, 
Madrid, 1911. 

En 1430 se acabó la "Biblia romanceada, por R.\bí Mosé Arragel de 
GuADALFAjARAj á petición de don Luis de Guzmán, maestre de Cala- 
trava, con ayuda é información de los muy honorabiles famosos sabios 
é señores angeles divinos don Vasco de Guzmán, arcediano de Toledo, 
é el maestro frey Arias de Encinas, guardián del convento é estudio 
de San Francisco de Toledo, é el maestro fray Juan de Zamora, de la 
Orden de Predicadores", como puso por título el mismo Mosé Arragel 
á la famosa Biblia que guarda la Casa de Alba. Véase: Homenaje á 
M. Pelayo, II, pág. 5 ; Gallardo, t. IV, col. 1485. 

306. ATio 1432. Fernán Pérez de Guzmán (i378?-I46o?), 
señor de Batres, sobrino del Canciller Avala y tío del ^Marqués de 
Santillana, fué hijo de Pedro Snárez de Guzmán y de doña El- 
vira de Avala. Embajador en Aragón en tiempo de Enrique Til, 
prometíase una gran carrera política. Salvó la vida á Pero Melén- 
dez de Valdés, capitán de la mesnada del señor de Hita, en la 
batalla de la Higuera; pero en vez de serle recompensado, fué 
preso, y cayó en disfavor de Juan H. Declarado enemigo de don 
Alvaro de Luna y sospechoso por su cercano parentesco con el 
Arzobispo de Toledo don Gutierre Gómez, de los más fervoro- 
sos partidarios de los Infantes de Aragón, no podía vivir en 
aquella corte, donde sólo reinaban, segi'm él, "cobdicia de al- 
canzar é ganar, engaños, malicias, poca verdad, cautelas, falsos 
sacramentos é contratos é otras muchas é diversas astucias é 
mailas artes". Era, además, él mismo poco amigo de someterse 
á nadie, algo áspero de genio, recto en la justicia y aficionado á 
la lectura y al estudio. Por todo ello se retiró á los cincuenta y 
seis años de su edad á su señorío de Batres, de donde apcna.s 
volvió á salir, habiendo muerto, según se cree, á los ochenta y 
dos años de su edad. 

Fué su consejero y maestro en la voluntaria soledad el obispo 
de Burgos don Alonso de Cartagena, con quien mantuvo larga 
correspondencia ascética, filosófica y literaria. Fué en los años 
de su mocedad aficionado á la poesía y alabado como poeta, 
aunque lo fué mediano, imitandf) á su tio el Canciller en la 



S. XV, 1432. FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN 297 

gravedad y en las moralidades, bien que no en el metro, pues 
empleó las formas cortas de su tiempo. Tampoco sobresalió 
por la fuerza de su imaginación. Hállanse, con todo, trozos y 
frases de peregrina fuerza sentenciosa en sus versos, que fueron 
los más de materia moral ó religiosa y llegaron hasta 13.000, 
de los cuales los mejores son las Coplas de z'icios e virtudes, la 
lamentación por la muerte de Alonso de Cartagena ("'' 1456) y 
los Loores de los claros varones de España, en 409 octavas de 
arte menor. 

Pérez de Guzmán fué, ante todo, prosista. Su ingenio grave 
y sentencioso, parecido al de su tío el Canciller, halló en el trato 
de don Alonso de Cartagena, obispo de Burgos, lo que más 
le cuadraba. Llamábale su Séneca^ llamándose á sí propio Lticilio, 
y de hecho el dechado que más al justo venía á su natural era 
Séneca el moralista, el sentencioso, el grave, cuyas veces hacía á 
maravilla el famoso Obispo de Burgos. De aquí le vino á Pérez 
de Guzmán la ocurrencia de hacer traducir las Cartas de Séneca 
á Lucilio, aunque no del latín, sino de la versión toscana de 
Ricardo Pedro, ciudadano florentino. Patrocinó la versión de 
Salustio, de quien fué aficionadísimo, que á "ruego et afinca- 
miento" suyo hizo su primo el arcediano de Toledo, Vasco de 
Guzmán. También compiló la Floresta de los Philosophos, co- 
lección de sentencias, la mayor parte sacadas de Séneca, inédita 
hasta 1904. 

Pero la obra principal de Pérez de Guzmán es el Mar de 
istovias, dividida en tres partes. La primera trata "de los em- 
peradores é de sus vidas é de los príncipes gentiles é católicos" ; 
la segunda, "de los sanctos^ é sabios é de sus vidas é de los libros 
que ficieron" ; la tercera, de "las semblanzas y obras de los ex- 
celentes reyes de España don Enrique III y don Juan el II y 
de los venerables prelados é notables caballeros que en los tiem- 
pos destos nobles Reyes fueron". En las dos primeras partes 
la materia está tomada de otras obras y sólo es suyo el estilo, 
de lo mejor del siglo xv por lo vivo, caudaloso y brillante, ma- 
yormente en las descripciones y retratos. La tercera parte es 
obra enteramente suya. Algo se le pegó el estilo de Salustio ; pero 
sin leer á Tácito, tiene de Tácito. 

Los vaivenes de la fortuna, los desengaños de la vida y el 
trato con don Alonso de Cartagena habían robustecido en Pérez 



298 ÉPOCA DE DON JUAN EL II (s. XV) 

de Giizmán aquel su natural, recto ya de suyo, honrado y se- 
vero, apasionado del bien y de la verdad, y aun habíale tantico 
amargado el desdén con que se veía menospreciado de los seño- 
res, él tan señor como el que más y como ninguno pagado del 
orgullo patricio de su sangre. Al poner, pues, los ojos en los 
poderosos de su tiempo para pintar sus semblanzas, los miró 
como miró á los del suyo el historiador Tácito, con la misma 
severidad de juicio, con la misma honradez y rectitud de ánimo, 
con el mismo espíritu aristocrático, y como Tácito los halló, 
hallólos Pérez de Guzmán. La misma bravia elocuencia brotó 
de sus pechos y pasó á sus plumas, empapada en hieles ; con la 
misma penetración ahondaron en las almas y desmenuzaron sus 
fibras; con parecidos rasgos y recias pinceladas retrataron los 
personajes. Aunque no le llega á Tácito ni con mucho, es más de 
maravillar, cuanto no habiéndole leído, resultó un escritor que 
no deja de tener con él algtm parecido. Es más brioso que Plu- 
tarco, menos crédulo y menos amigo de anecdotillas y no se le 
puede comparar en la erudición estupenda de aquel historiador 
griego, y sí solo en pintar retratos; pero en esto más se parece 
á Suetonio y en el tono á Tácito cuando habla de los malos, con 
un pesimismo sufrido y filosófico. La prosa castellana de Pérez 
de Guzmlán es limpia y concisa, grave y bien domeñada. 

307. En el testaniiento de Pero Suárez de Gtizmán, en 9 de Enero 
de 1381 (1419 de la era esp.), se habla de sus hijos menores Ferrando, 
María, Aldonza, y de su madre, Elvira Alvarez, ya difunta. De sólo 
esta fecha se saca que Fernán nació, lo más tarde, entre 137S y 1380 
(no sabemos si fué el mayor) ; y s-i su madre, según Amador de los Ríos 
(VI, págs. 212-214), murió al empezar el 1380, Fernán nacería, lo más 
tarde, entre 1377 y 1379. Pedro de Guzmán, hijo de Fernán, tomó po- 
sesión de los bienes del señorío el 29 de Enero de 1461, y declaró que 
un su apoderado lo había hecho antes en su nombre. Fernán nnirió. pues, 
probablemente el 1460, y á lo menos tenia oclienta años. 

Las Coplas sobre la muerte de don Alonso de Cartagena se hallan 
al fin del Tractado que se llama oronal de fcmand peres, Murcia, 1487. 
Las poesías más antiguas se hallan «n el Ca-ncionero de Bacna y se 
remontan al reinado de Enrique Til. "Fernán Pérez de Guzmán, mi tío, 
doto en toda buena doctrina, dice SantilLina, ha compuesto muchas 
cosas metrificadas é entre las otras aquel epitafio de la scpoltura de 
mi Señor el Almirante don Diego Furtado, que comienza Ombrc que 
vienes aqui de presente. Fizo muchos otros decires é cantigas de amo- 
res:" Fuera de los amorosos, requcslas, etc., que trac el Cancionero de 
Baena, escribió "Proverbios de grandes sentencias, é otra obra assaz 



S. XV, 1432. FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN 299 

Útil é bien compuesta de las Quatro Virtudes Cardinales" , como dijo 

Santillana. Los Proverbios se publicaron por Ochoa en sus Rimas in- 
éditas del siglo Xc\; pero están más correctos en el Cancionero que fué 
de Gallardo, y se componen de 102 coplas redondillas, con sentencias, de 
Séneca y de la Biblia. La Coronación de las Quatro Virtudes, dedicada 
á Santillana, es obra algo mejor. A Alvar García de Santa María diri- 
gió Diversas virtudes e loores divinos ó Coplas de vicios y virtudes, 
fondo principal de la compilación hecha desde fines del siglo xv, con 
uno ú otro titulo, sobre todo el de Setecientas... exeniplo de bien vivir, 
añadiendo la Confesión Rimada, los himnos, etc., hasta completar 700 
estrofas, para remedar las Trescientas, de Juan de Mena. Véanse estas 
impresiones: Coplas, Sevilla, 1492; Las Setecientas... por las guales 
qualquicr hombre puede tomar regla e doctrina y excmplo de bien bivir, 
Sevilla, 1506 y 1509; Las Sentencias, Lisboa, 1512; Las Setecientas, 
Sevilla, 1516 y 1527; Lisboa, 1541 y 1564. Últimamente, por Foulché- 
Delbosc, en el Cancionero castellano del siglo xv, Nueva Bibl. de Aut. 
Esp., t. XIX, págs. 575-759. Los Proverbios y los Claros varones se 
imprimieron en las Rimas, inéditas, de Ochoa. París, 1844. Las poesías 
hállanse desparramadas en los Cancioneros del siglo xv, especialmente 
en los de Baena, Ixar, Gallardo, en tres de la Biblioteca Nacional de 
París, en el de Llavia (Zaragoza, 1490) y en el General del Castillo. 
Hay Cancioneros particulares de Fernán Pérez, como el de la biblio- 
teca de los Duques de Gor, en Granada, escrito por Antón de Perrera, 
criado del Conde de Alba (1452). 



308. I^as Epístolas de Séneca se publicaron en Zaragoza, 1496; 
Toledo, 1502 y 1510; Alcalá, 1529; Amberes, 1551. Están trasladadas de 
la versión italiana del florentino Ricardo Petri, hecha de la francesa. 

El Mar de istorias se publicó por primera vez en \'alladolid, 1512; 
Sevilla, 1527 y 1542; Valencia, 1531. La fuente principal de las dos 
primeras partes fué el Mare Historiarum, de Giovanni Colonna (nació 
el 1298). La tercera parte fué añadida por Galíndez á su edición de la 
Crónica de don Juan 11, con él título de Generaciones y Semblanzas, 
con el cual ha corrido después como libro independiente. Generac. y 
scmbl., Valladolid, 1512 (en el Mar de istor.) ; Logroño, 1516 (en la 
Crón. de Juan II) ; Valencia, 1531 (en el Mar de ist.) ; Sevilla, 1543 (en 
la Crón.); Pamplona, 1590 (en la Crón.) y 1591 (ibid.) ; Madrid, 1678 
(en el Epítome de la Crón.) ; 1775 (en el Centón Epistolar) ; Valencia, 
1779 (en la Crón.) ; Madrid, 1790 (en el Cent.) ; 1877 (en las Crónicas 
de los Reyes de Castilla); Mácon, 1907 (Foulché-Delbosc). Prólogo: 
"Yo tomé esta invención de Guido de Colupna, aquel que trasladó la 
Historia Troyana de Griego en Latín, el qual en la primera parte es- 
cribió los gestos y obras de los Griegos y Tróvanos" : pero Pérez de 
Guzmán, si se inspiró en esta obra, fué del todo original. Tampoco 
debió leer el Liber illustriiim personarum ó Historia canónica et civilis, 
de Juan Gil de Zamora, en tiempos de Sancho IV, libro que se le pa- 



300 ÉPOCA DE DON JUAN' EL II (s. XV) 

rece: Pérez de Guzmán no debía de leer corrientemente el latín. 
R. Foulché-Delbosc ha publicado el Mar de Historias en la Revue 
Hispaniquc (1907). 

Las Generaciones, semblancas y Obras, edic. R. Foulché-Delbosc, 
Mácon, 1907; ed. E. de Llaguno Amírola, Madrid, 1775; Bibl. Aut. 
Esp., t. LXVIII. Consúltense: R. Foulché-Delbosc, Etude bibliographi- 
qiie sur Fernán Peres de Gusnian, en la Revue Hispaniquc, 1907, 
t. XVI, págs. 26-55; ^I- Pelayo, Antología de poet. lír. cast., t. V, pá- 
ginas L-LXXVIII. 

En las Semblanzas: "No pequeña confusión para Castilla, que los 
grandes, prelados é caballeros, cuyos antecesores á magníficos é nobles 
reyes pusieron freno, empachando sus desordenadas voluntades con 
buena é justa osadía por utilidad é provecho del reino é por guarda 
de sus libertades, que á un hombre de tan baxa condición como éste 
así se sometiesen. Y aun por mayor reprehensión e increpación dellos 
digo que no sólo á este simple hombre, más á una liviana é pobre mu- 
jer, ansi como Leonor López, é á un pequeño é raez hombre, Hernán 
López de Saldaña, ansi se sometían é inclinaban, que otro tiempo á un 
señor de Lara ó de Vizcaya non lo hacían ansi los pasados. Por causa 
de brevedad no se expresan aquí muchas maneras é palabras desdeñosas 
é aun injuriosas, que los susodichos dijeron á muchos grandes é buenos: 
lo qual es cierta prueba é claro argumento de poca virtud é mucha 
cobdicia del presente tiempo; que con los intereses é ganancias que 
por intercesión de ellos avian, no pudiendo templar la cobdicia, con- 
sentían mandar é regir á tales que poco por linajes é menos por virtud 
lo merecían... Ca, en conclusión, á Castilla posee hoy é la enseñorea el 
interesse, lanzando della la virtud é humanidad." De don Juan II dice 
que ni antes ni después de la muerte del Condestable "hizo auto al- 
guno de virtud y fortaleza en que mostrase ser hombre". De Enri- 
que III dice que era "asaz de buena disposición..., blanco é rubio, é la 
nariz un poco alta ; pero cuando llegó á los diez y siete años hobo mu- 
chas y grandes enfermedades, que le enflaquecieron el cuerpo é le 
dañaron la complesion, é por consiguiente se le dañó é afeó el sem- 
blante", "muy grave de ver é de muy áspera conversación, ansi que la 
mayor parte del tiempo estaba solo é malenconioso", de no mucha dis- 
creción, pero "á los rreyes menos seso y esfuerzo les basta para regir 
que á otros hombres, porque de muchos sabios pueden haber consejo". 

La Floresta de philosophos, publicada en la Revue Hispaniquc, 
1904, según el único Ms. de la Nacional (P. 156, hoy 4.515), se atribuye 
á Fernán Pérez de Guzmán : tiene muchas sentencias de Séneca. 

309. ]•:,! 1431 entregó á Eugenio IV Andre.\s de Escobar, bene- 
dictino. Obispo de Megara, su Gubcrnaculum Conciliorum. En 1437 
compuso el Tractatus copiosus contra qiiinquaginta Graccorum errores. 

El cardenal y obispo de Cesárea Ji;an de Segovia, uno de los que 
ilustraron el Concilio de P.asilea (1431-1442), copiló las Concordantias 
bíblicas vocum indcclinabilinm. De proccssione Spiritus sancti ex Filio. 



S. XV, 1434. PERO RODRÍGUEZ DE LENA 3oi 

De sinnma auctoritatc Episcoporum iii univcrsali Concilio. De aclis 
Concilii de Basilea. De immaciilafa Virginis Dciparae conccptione, 
impreso en Bruselas, 1664. De mittendo gladio spiritus in Saracenos. 
Con él ilustraron el Concilio Juan de Torquemada y Juan Polenijir, 
además de Alonso de Cartagena, arbitro del Concilio. 

Juan Polemar ó Palomar, que asistió al Concilio de Basilea, archi- 
diácono barcelonés, capellán de Eugenio IV y oidor del Sacro Palacio, 
escribió Contra BasHeense Concilitim. Pasifio snpcr possessione bo- 
normn temporalium ab Ecclesia. Pro temporalitate et inrisdictione 
Eaclesiae, etc. 

Juan de Casaxova, natural de Barcelona, que entró en la Orden do- 
minicana ya de edad madura, en 1403, y murió en Florencia, en 1436, 
maestro del Sacro Colegio, Obispo de Cerdeña y de Elna, confesor de 
Pedro V de Aragón, cardenal desde 1430: Contra schismaticos Bas'- 
leenses. De potestate Papac supra Concilium. Obras dirigidas á Euge- 
nio IV (1431-1447). 

En 1433 Fray Lope Ferrández, agustino, escribió Espejo del alma. 
De la Penitencia (Bibl. Escor. ; Nic. Ant., Bibl, II, 236). 

310. Año 14^4. El Libro del Passo honroso defendido 
por el c.vcelente cavallero Suero de Quifiones fué redactado por 
el notario Pero Rodríguez de Lena, testigo del famoso torneo 
que sostuvo aquel caballero con nueve otros contra cuantos 
aventureros se presentaron, el año de 1434. Resumiólo en 158S 
el franciscano Juan de Pineda. 

311. El espíritu aventurero, debido en parte á las leyendas caba- 
llerescas, pusieron de moda en España los torneos y justas, como las 
que se celebraron en la plaza de la Petite Bretagne y en la Cousture 
Sainte-Catherine, cerca de París, á las cuales asistió Pero Niño, en 
tiempo de don Juan II, como aventurero. Don Alvaro de Luna y Santi- 
llana tomaron parte en ellos. Aventureros como Suero de Quiñones tuvi- 
mos, entre otros, en España, á Juan de Merlo, Gonzalo de Guzraán, Juan 
de Torres, J. de Polanco, Mosén Pero Vázquez de Saavedra, Gutierre 
Ouixada, Mosén Diego de Valera y Diego García de Paredes. El más fa- 
moso de los celebrados en España fué el llamado Paso honroso, de Suero 
de Quiñones, caballero que votó llevar al cuello todos los jueves una ani- 
lla de hierro en señal de servidumbre para con su dama y se presentó á 
defender con otros nueve el puente de San Marcos, de Orbigo, cerca de 
León, contra cuantos campeones extranjeros le disputasen el paso. 
Duró la justa desde el 10 de Julio hasta el 9 de Agosto de 1434 y 
describióla Lena, que se halló presente, con los pormenores de un pro- 
ceso verbal. Quedaron heridos Suero de Quiñones y ocho de los suyos; 
murió uno de los contrarios, y otro, por haber bien librado, juró de no 
cortejar más á las monjas de allí adelante. Setecientos combates se tu- 



302 ÉPOCA DE DON JUAN EL 11 (s. XV) 

vieron con un sinnúmero de peripecias, que se leen con gusto, sobre 
todo en Juan de Pineda. Passo honroso defendido por el excelente ca- 
vallero Suero de Quiñones. Copilado de un libro de mano, etc.; Sala- 
manca, 1588 [facsímile por Archer M. Huntington, New-York, 1902] ; 
ed. Real Academia de la Historia, 1783 (compendio hecho por fray 
Juan de Pineda del libro de Pedro Rodríguez de Lena, libro que no se 
ha publicado íntegramente). 

312. En 1434 Diego de Lobrañan, criado de Alfonso González de 
León, contador del Rey, tradujo el Valerio Máximo. (Nic. Ant., Bibl., 
11, 237.) 

En 1435 Juan Ximénez Cerdán, Justicia de Aragón de 1390 á 1423, 
escribió una famosa carta sobre su oficio de Justicia de Aragón. Hacia 
1437, si Justicia Martín Díaz de Aux ordenó las Observancias, de 
Salanova, Hospital y otros. (Nicol. Antonio, Bibl., II, págs. 237 y 242.) 

313. En 1436 acabó de escribir Raimundo Sabunde el Libcr Crea- 
turarum seu Naturae sew Liber de Homine, ...inchoatus et inceptus 
in alma unií'crsitatc vcnerabilis studii Tholosani, auno Domini m'ille- 
simo quadringentesimo tricésimo quarto ct complctiis et tcrminatus in 
eadem univcrsitate anuo 1436 in mense Februarii, undécima die, quae 
fuit die sabbati, como ya había notado Nicolás Antonio {Bibl. vct., II, 
pág. 215). Tal dice el códice de Tólosa. D. Reulet, Un inconu célebre, 
Rcchcrchcs historiques ct critiques sur Raymond de Sabondc, París, 
1875. El autor murió el mismo año 1436, como se dice en la nota final 
del códice tolosano, y en ella se le llama Sibiudc. Desde el abad Trithe- 
mio (1498), Montaigne, todos lo tuvieron por barcelonés; Reulet le ha 
querido hacer provenzal, pero sin pruebas (M. Pelayo, Cieñe, csp., t. II, 
pág. 283, 3." ed.). Se imprimió en Deventer, 1484; París, 1509, aunque 
se supone hubo edición anterior. Púsolo en mejor latin Pedro Dorland: 
Viola animae, Milán, 1517, traducida al castellano por fray Antonio 
de Ares: Diálogo de la naturaleza del hombre, 1616. También lo tra- 
dujo Juan Amos Conienio al latín: Oculus fidei, Amsterdam, 1661. 
Tríthemio dice que escribió además Quacstiones Controversac. La bi- 
bliografía del Liber Creaturarum, en la Rez'ista de Instrucción pública, 
1857, por Suárez Barcena. Sabido es que Montaigne lo tradujo al fran- 
cés en el siglo xvi, haciendo gran caudal de nuestro filósofo, cuya obra 
dijo que estaba "basti d'uxi espaignol baragouiné en terminaisons la- 
tines"; pero "trop riche ct trop bcau pour un autcur duquel le non 
soit si peu cogncu". En los libros do actas de la Universidad de Tolosa 
se lee: "Raymundus Sabunde, in Universitate Tolosana med'cirae 
professor, defunctus anno 1436." 

;tll. Año 1437. Juan de Toro'iemada (1388-1468), dominico A 
servicio del Papa (1431), fue enviado por Eugenio IV al Concilio de 
Basilea y al de Florencia (1430), donde fue de los redactores ilcl de- 



S. XV, 1438. ALFONSO MARTÍNEZ DE TOLEDO 3o3 

creto de unión de la Iglesia griega; como Cardenal (1439) asistió á la 
Asamblea de Bourges (1440), y fué Obispo de Palestrina (1455) y de 
Sabina (1464). Compuso 27 obras impresas y 14 manuscritas. Medita- 
tioncs, Roma, 1467, 1473; Foligno, 1479; Albi, 1481. Expositio brez'is 
et iitilis supcr toto Psalterio, Roma, 1470; Ausburgo, 1472; Maguncia, 
1474. Tractatus de aqua benedicta, Roma, 1475. Qtiaestiones spiritualis 
convivii delicias praefercntes super Evangeliis tam de tempere qiianí de 
dandis, Roma, 1477. Commentarii in dccretmn Gratiani partes V, 
Lyon, 15 19, 6 vols. ; Venecia, 1578: Roma, 1726. Obra acabada en Roma 
el 1451. Siiinma de Ecclesia, Salamanca, 1560. Contra errores pcrfidi 
Mahometii, Roma, 1606. De corpore Christi adversus Bohettws, otros 
libros contra los Hussitas. Contemplationes. Apología de las Revelacio- 
nes de Santa Brígida. Ouaestiones de praeceptis inris naturalis. De Dco. 
Super decreto unionis Graecorum in Concilio Florentino edito, Venecia, 
1561. Tractatus contra Concilium BasHeense. Tractatus de decreto irri- 
tante, factns in Concilio Basileensi. Quod non liccat appcllare a Concilio 
ad Papam. De veritate conceptionis b. Virginis, pro facienda relatione 
coram Patribus Concilii Basileae anno Domini MCDXXXVII. Flores 
sententiantm D. Thomae, etc., etc. 

315. A fio 1438. Alfonso Martínez de Toledo (1498- 
1470?), ARCIPRESTE DE Talavera, iiació probablemente en To- 
ledo, debió de estudiar en Salamanca, tomando eil grado de Ba- 
chiller en Decretos, pasó luego al reino de Aragón, donde estuvo 
de 1420 á 1430, poco más ó menos, y vuelto á Castilla logró el 
Arciprestazgo de Talavera. Escribió en 1438, siendo capellán 
de don Juan II, el Corbacho ó Representación del amor mundano, 
ó como el autor quiso que su libro se llamase, el Arcipreste de 
Talavera. En 1443 escribió 'la Chronica intitulada Atalaya de 
las Coránicas, qne contiene los grandes hechos de los Godos y 
Reyes de España sus subcesores, escrita por Alfonso Martínez 
de Toledo, Arcipreste de Taiavera y Capellán del Rey Don Juan 
el Segundo de Castilla, que comprende <la historia de España 
desde Walia hasta don Juan I, ambos inclusive. En 1444 acabó 
de escribir las Vidas de San Isidoro y San Ildefonso, ilustrán- 
doilas con a'lgunos escritos de ellos. En 1448 era ya Racionero 
de la igle: ia de Toledo y capellán de la Capilla de los Reyes, de 
la misma iglesia, y alli debió de morir hacia 1470. 

316. El mismo dice tenía cuarenta años al escribir, en 1438, el 
Corbacho. En nota ológrafa, que puso en un ejemplar de la Crónica 
Troyana, se lee : "Ego Alfonsus Martini, archipresbiter Talaverensis... 
porcionarius eclesiae Toletanae, eadem oriundus civitate." En la í^ida 



304 ÉPOCA DE DON JUAN EL II (s. XV) 

de San Ildefonso dice: "O cibdadano del cielo emperial | Ildefonso de 
Toledo natural, ¡ ruega á Ihu X^ eternal | por mi Alfon aunque non 
tal, I porque nascí pecador ] donde tu fueste señor." De su estancia en 
Valencia véase edic. 1901, pág. 266; en Tortosa, pág. 71; en Barcelo- 
na, pág. 72. Ediciones del Corbacho, con varios títulos, sobre todo : 
El Arcipreste de Talayera, que fabla de los z'icios de las malas mitgeres 
p complexiones de los hombres, Sevilla, 1495 (desconocida, cítala Pan- 
zer); Sevilla, 1498; Toledo, 1499, 1500, 1518, 1529; Sevilla, 1547; Ma- 
drid, 1901 por la Socied. Biblióf. Españoles. 

El autor quiso que su libro "sin bautismo sea por nombre llamado 
Arcipreste de Talavera, dondequier que fuere levado''. Pero cada editor 
mudó el título á su talante. Pérez Pastor tomó para su edición de 1901 
del Corbacho el códice iij-h-io de la Biblioteca de El Escorial, citado 
por Gallardo (t. III, 666), que es del siglo xv, anotando las variantes de 
las ediciones incunables de Sevilla, 1498, y Toledo, 1500, con las que 
corrige y completa el códice, el cual parece escrito en 1466; pero el 
libro, según su epígrafe, fué compuesto por Alfonso Martines de To- 
ledo, Arcipreste de Talauera, en hedat suya de quarcnta annos, acabado 
a quinse de Marco, anno del nascimiento del Nuestro Salnador Ihesu 
X.° de mil e quatrogientos e treynta e ocho annos. Copia de un original 
de la Chronica, coetáneo del autor, y que sacó Pedro Rodríguez Cam- 
ponianes, está en la Academia de la Historia, y merece publicarse. Un 
códice de las Vidas hay en la Nacional (1178); otro en El Escorial 
(b, iij, i) ; otro en la biblioteca de M. Pelayo. El cargo de Capellán en 
Toledo, etc., se halla en nota autógrafa que puso en su ejemplar de la 
Crónica Troyana, que para en la casa de Alba. Hay documento (Archi- 
vo de la capilla de los Reyes Nuevos) donde firma el primero como el 
más antiguo de los capellanes, año de 1466. Pérez Pastor (edic.) : "El 
Léxico del Arcipreste de Talavera es tan variado y original, que desde 
antiguo llamó la atención de los eruditos, ya porque algunas voces 
usadas en este libro no se encuentran en ningún autor de los que han 
escrito en castellano, ya también porque el autor tomó muchas palabras 
y frases del lenguaje popular y recogió no pocas del mismo arroyo." 
Es probable que á Martínez de Toledo deba atribuirse una de las versio- 
nes castellanas de los libros De summo heno, de San Isidoro, que se 
hallan en la Biblioteca Nacional. 

317. Es el Corbacho nn "tratado contra la.s mujeres, que 
con poco saber, mezclado con malicia, dicen é facen cosas non 
debidas", "reprobación del loco amor", "compendio breve y 
muy provechoso para infomiación de los que no tienen expe- 
riencia de los males y daños que causan las malas mujeres". Es, 
pues, una sátira de costumbres, como la obra del de Hita y 
como la Celestina, pero en prosa, y sin ser drama, sino tratado. 
Corbacho, por otro nombre, á imitación de // Corbaccio ó La- 



S. XVj 1438. ALFONSO MARTÍNEZ DE TOLEDO 3o5 

berinto d'Amore y el tratado De claris muHcribtis, obras am- 
bas de Boccaccio, pero sin la exag-eración con que en la primera 
se ensaña en ellas y las alaba en la segunda. Además, es sátira 
sin alegorías, más desinteresada y general, más amena, rego- 
cijada y chistosa. Eslabones de una misma cadena de las obras 
maestras de la literatura castellana son el Libro de Buen Amor, 
el Corbacho, La Celestina, el Lazarillo y eQ Quijote, todos sa- 
tíricos, de asunto ético, de habla castiza y popular, todos imi- 
tadores, cada cual de su predecesor. 

318. La crítica mordiendo y el panegírico ensalzando á las muje- 
res, fué tema común de aquel tiempo desde que Boccaccio compuso sus 
dos obras. Así Juan Rodríguez del Padrón escribió el Triumpho de las 
donas contra el Corbacho, de Boccaccio, y no menos Diego de \'alera en 
su Defensa de virtuosas mujeres, y don Alvaro de Luna en el Libro de 
las virtuosas e claras mujeres; en cambio, Jaime Roig las satiriza en el 
Libre de les dones, y Francisco Exiraenis en el Libro de las Donas. 

319. El estilo y lenguaje del Arcipreste de Talavera no es 
peor ni mejor que el de los demás escritores de su tiempo eti 
gran parte de sus libros ; pero hay unos cuantos capítulos en el 
Corbacho que sufren el cotejo con los anejores trozos de La 
Celestina y del Quijote. No hay que asombrarse: Cervantes 
imitó La Celestina' y Rojas imitó el Corbacho en esos trozos. 
Cuando se abaja á recoger á puñados los dichos cortados, elíp- 
ticos, de rompe y rasga de las comadres del barrio y de la pla- 
za, entonces es cuando toda prosa anterior y aun posterior, 
salvo los trozos semejantes de las dos grandes obras dichas, 
queda enteramente oscurecida. Allí se ve la pujanza realista, 
el nervio, el donaire, el gracejo del habla castellana en toda su 
desnudez del uso vulgar, sin las veladuras que los eruditos suelen 
echarle, sin la sosera con que la deslíen, y mucho más sin los 
retorcijones hiperbáticos del clasicismo de los Villenas y Santi- 
llanas. Fué el de Talavera, en prosa, en esos momentos, lo que 
el de Hita en verso, porque entrambos bebieron en la misma 
fuente el habla vulgar sin cortapisas ni artificios. Y nótese 
que esos trozos se oyen hoy en día por ahí, sin quitar una hi- 
lacha; ¡cuántos siglos haría que el pueblo se expresaba de la 
misma manera y los clérigos del mester erudito lo despreciaban ! 
Tan lozana y fresca es esa manera de decir del Arcipreste como 
sj hoy se eseribiera, tomándola por medio del fonógrafo de 

20 



306 ÉPOCA DE DON JUAN' EL II (S. XVj 

entre las tías que salen á solejar á la puerta de la calle, á juntar 
delantales, como ellas dicen. Hay que hacer hincapié en esto, por- 
que el criterio moderno de apreciar lo popular y ponerlo muy 
por cima de lo erudito queda tan resplandecientemente probado 
con la prosa de un Arcipreste como con el verso del otro. 

330. M. Pelayo, Oríg. novel., t. I, pág. ex: "La literatura caste- 
llana del siglo XV nos ofrece un singular escritor, que, sin ser novelista, 
ni haber cultivado el apólogo más que ocasionalmente, influyó como 
pocos en el desarrollo de la literatura novelesca, transformando el tipo 
de la prosa, sacándola de la abstracción y aridez didáctica, de que sólo 
don Juan Manuel, aunque por diverso camino, había acertado á librar- 
se, vigorizando los lugares comunes de moral con la observación con- 
creta y pintoresca de las costumbres, y derramando un tesoro de dicción 
popular en el cauce de la lengua culta. La lengua desarticulada y fami- 
liar, la lengua elíptica, expresiva y donairosa, la lengua de la conver- 
sación, la de la plaza y el mercado, entró por primera vez en el arte 
con una bizarría, con un desgarro, con una libertad de giros y movi- 
mientos, que anuncian la proximidad del grande arte realista español. El 
instrumento estaba forjado: sólo faltaba que el autor de la Celestina 
se apoderase de él, creando á un tiempo el diálogo del teatro y el de 
la novela. La obra del Archipreste de Talavera fué de las más geniales 
que pueden darse : no tiene más precursor en Castilla que el Archipreste 
de Hita, á quien algunas veces cita, y en cuyo estudio parece empa- 
pado... Se parecen (los dos Arciprestes) en lo opulento y despilfarrado 
del vocabulario, en la riqueza de adagios y proverbios, de sentencias y 
retraheres, en la fuerza cómica y en la viveza plástica ; en el vigoroso 
instinto con que sorprenden y aprisionan todo lo que hiere los ojos, 
todo lo que zumba en los oídos ; el tumulto de la vida callejera y des- 
bordada... Salvo algunos textos históricos, cuya excelencia es de otra 
índole, no hay prosa del siglo xv que ni remotamente pueda compararse 
con la sabrosa y castiza prosa del Corbacho. Castiza he dicho con toda 
intención, porque en sus buenos trozos no hay vestigio alguno de imi- 
tación literaria, sino impresión directa de la realidad castellana. Es 
el primer libro español en prosa picaresca : la Celestina y el Lasarillo 
de Termes están en germen en él." 

321. Alfonso Martínez de Toledo. Arcipreste de Talavera, ed 
C. Pérez Pastor, Soc. de Biblióf. españoles, 1901. Consúltense: Arturo 
Farinelli, Note sulla fortuna del Corbaccio nclla Spagua Mcdievale, 
Halle, 1905, Miscelánea Mussafia. 

322. Año 143S. Ju.\N DE Mena (1411-1456), nació tn 
Córdoba, fué nieto del señor de Almenara Rui h\'rnández de 
Peñalosa é hijo de Pedrarias, regidor ó jurado de aíiuella ciu- 



S. X\', 1438. JUAX DE MENA Soj 

dad. Quedó huérfano muy pronto y con mediana asistencia de 
los suyos, de modo que pasó mal su mocedad y sólo comenzó 
los estudios cuando tenia veintitrés años, los cuales hizo en Sa- 
lamanca, Córdoba y Roma, no sabemos á la sombra de quién. 
Vuelto á España, tuvo en la corte el cargo de Secretario de car- 
tas latinas, después el de Veinticuatro de Córdoba y el de Cro-. 
nista regio. Valióle la amistad de Santillana, que le honró en 
vida y en muerte y fué el poeta más valido de don Juan II y de 
4on Alvaro de Luna, á quienes no fué, como otros, desleal 
Fué dulce en sus palabras y modales, pálido, enfermizo' y gran 
trabajador. Corren dos variantes acerca de su muerte. Valerio 
Romero dice que de un "rabioso dolor de costado^" ; Fernández 
de Oviedo (Qitinctiag., pte. II, est. 13), que "una muía le arras- 
tró e cayó della de tal manera, que murió en la villa de Torre- 
laguna", pero todos convienen en que en Torrelaguna murió y 
fué sepultado. 

A pesar de haber sido el cronista de Juan II, no tuvo parte 
en la Crónica de aquel Rey y sólo tenemos de su pedantesca é 
infame prosa el comentario á su poema de la Coronación y el 
breve compendio de la Iliada en romance, tomado de las Perio- 
chae de Ausonio y del seudo Píndaro tebano, donde gana al 
mismo Villena en hinchazón y erudición intempestiva. En los 
versos cortos no se diferencia de los demás poetas cortesanos 
de su tiempo. Las coplas de Lo claro escuro encierran una tal 
mezcla de conceptismo sutil y de oscuridad enigmática, que se 
adelantó más de un siglo á Góngora, su compatriota. 

La Coronación ó Calamicleos {14},^), en 51 quintillas dobles, 
es ya im poema alegórico' en que se finge arrebatado al Parnaso 
y ve coronar á Santillana; pero se detiene más hablando "de la 
miseria de los malos y de la gloria de los buenos, por que un 
contrario puesto cabe otro, más reluzga". Para más imitar á 
Dante piérdese el poeta en bravia selva, yendo á parar al infierno, 
donde contempla "los tormentos de los damnados". Tan os- 
curo hacen este poema la rimbombancia y las descabelladas alu- 
siones á la historia, á la fábula y á la astronomía, que tuvo qu» 
añadir su correspondiente comentario "literal, alegórico y ana- 
gógico" á una obra, que segim dice, pertenece al género "có- 
mico y satíricO'", porque empieza por el infierno y acaba en el 
cielo, como la Divina- Comedia, esto es, porque empieza por males 



3o8 ÉPOCA DE DON JUAN EL II (s. XV) 

y acaba en bienes, al modo de la Comcdieta de Ponza. El comen- 
to regocija á veces por lo candido, ptieril, pedante, y la prosa 
y los versos desregocijan por el hipérbaton, Jos horribles lati- 
nismos y la erudición. Las Coplas contra los siete pecados mor- 
tales, que en los códices llevan el título de Debate de la Razón 
contra la Voluntad, son aJgo mejores, ó si se quiere, menos malas 
(jue el poema de la Coronación. Es la última obra que hizo Juan 
de Mena, y no está acabada; no tiene los latinismos y extrava- 
gancias eruditas de sus demás obras, pero es seco, adusto y sin 
rasgo poético alguno. Continuaron este sermón rimado^ Gómez 
Manrique, Pero Guillen de Segovia y fray Jerónimo de Oliva- 
res, de la Orden de Alcántara, añadiendo las disputas de la 
Gula, Envidia y Pereza y la sentencia de la Prudencia. 

La única gloria poética que suelen reconocer á Mena estriba 
en El Laberinto de Fortuna (1444), ó como los editores des- 
pués le llamaron Las Trecientas, por las estancias que unos dicen 
tuvo en los manuscritos, aunque otros afirman no tener más que 
297. Es tradición añeja que don Juan II deseó fuese el número 
de estancias igual al de los días del año, según dice Hernán Nú- 
ñez (1475-1553) en el comentario que publicó de este poema 
en 1499, y que así Mena compuso hasta 24 de las 65, tomándole 
la muerte antes de llegar á este número. Según investigaciones 
de Foulché-Delbosc, semejante anécdota no tiene fundamento y 
las 24 añadidas no son de Mena, cortesano por temperamento 
y por oficio ; con las otras tres, que dicen faltaban á las 300 en 
los manuscritos, hacen parte de un poema fragmentario inde- 
pendiente, escrito por un desconocido que juzga severamente la 
debilidad del Rey. Es un poema alegórico el de Mena, tan frío 
y abstracto como todos los que compusieron los imitadores de 
la Divina Comedia, cuya grandeza está en la fuerza plástica des- 
criptiva, siendo la alegoría un medio secundario para darle uni- 
dad ; mientras que sus imdtadores, no sabiendo ser poetas en la 
descripción particular, lo reducen todo al camino alegórico, amon- 
tonando cosas y vocablos que aluden á recónditas y frías erudi- 
ciones. Los personajes y escenas del Dante son N'ividas, lomadas 
de la realidad ó creadas por el pueblo crietiano, no abstracciones 
(le vicios y virtudes ó mitologías traídas de allende, al pueblo 
enteramente ajenas. El camino del bastardeamienlo lu abrió Pe- 
trarca en sus Triunfos, con la iicrsonificación del .\mor, la Cas- 



S. XV, 1438. JUAN DE ME\A BoQ 

tidad, la Fama, el Tiempo, etc. Juan de ]\Iena no poseía la vi- 
sión poética de Dante ni el ingenio y gusto de Petrarca, y asi se 
quedó con la huera corteza de la alegoría y con las secas abstrac- 
ciones, amontonando de su cosecha indigestas erudiciones y 
plagando sus versos de voces latinas y retorciendo el habla con 
el hipérbaton. Hay, cierto, grandeza en algunos trozos y versos 
bien sonantes, pero nada más, en este poema tan celebrado por los 
eruditos de su siglo y del siguiente, fárrago indigesto, sin pizca 
de verdadera poesía, que todavía admiran algunos literatos. Di- 
cen que Mena fué aficionadísimo de Lucano y de hecho le alude 
y le saquea, mayormente en sus erudiciones, y es tan ampuloso 
como él ; pero su pincel no era nada fino }'■ sus tintas demasiado 
aguadas, para que ni de lejos se le pueda comparar con su anti- 
guo compatriota. Mena supo como nadie rimar en el arte ma- 
yor: es su único merecimiento. El Laberinto tuvo necesidad de 
glosa y comentario como los demás poemas, porque al fin y al 
cabo es un verdadero laberinto. Hízolo cumplidamente el Co- 
mendador Hernán Núñez y luego el Brócense ; pero una obra 
poética que recién escrita necesita comentario, más tiene de 
enigma que de poesía. 

Juan de Mena es más poeta que Villena y Santillana y, por lo 
mismo, es mayor duelo que, enredado en la poesía erudita y dan- 
tesca, no hiciera más que frías alegorías repletas de vanas erudi- 
ciones, sin poner los ojos en las almas y en el mundo que le ro- 
deaba, donde la verdadera poesía siguió oculta por no saberla 
él sacar, teniendo verdaderas facultades para ello. El habla lite- 
raria, prosaica y poética, por la comezón de latinizarla, salió tan 
manchada y tan retorcida de sus manos, que fueron menester 
algunos años para que otros ingenios, acudiendo al puro minero 
popular, la desencostrasen de tan bárbara inmundicia. Si la eru- 
dición vale para algo en poesía, vióse en Mena hasta dónde puede 
alcanzar. ¡A ese emporcamiento del lenguaje le llamaron algunos 
propósito de crear una lengua poética ! Y no nos vengan con que 
algunas de sus extravagantes voces latinas han llegado á usarse 
después, porque los eruditos que las generalizaron hicieron con 
ello tanto daño al idioma como Mena y eran de la misma escuela 
erudito-pedantesca. 

323. Ko se sabe si son suyas las Memorias de algunos linajes anti- 
guos e nobles de Castilla que va escribiendo Juan de Mena... por man.- 



3lO ÉPOCA DE DON JUAN EL II (s. Xv) 

dado del muy ilustre señor don Alvaro de Luna, que se halla en el có- 
dice K-161 de la Biblioteca Nacional; aunque sólo unas veinte hojas de 
más de ciento que hubo de tener. Seis códices se conocen de la Iliada, 
de Mena, cinco en la Biblioteca Nacional, y uno en la de M. Pelayo; 
se imprimió en Valladolid, 15 19. En el Cancionero, de Herberay des 
Essarts, del cual publicó la parte inédita Pascual Gayangos en el t. I 
del Ensayo, núm. 484, de Gallardo, hay una docena de poesías de Juan 
de Mena ; las Otras no son suyas ; otras hay en el Cancionero general, 
en el de Baena, Stúñiya, Gallardo, etc., además de las que suelen hallar- 
se con sus tres poemas mayores. Las Coplas de ¡Ay, Panadera! (1445) 
es imposible que sean de Mena; si lo fueran, hubiera sido verdadero poe- 
ta una vez en su vida, poeta popular y satírico. Pero no es esa su vena, 
y así no me persuado sean suyas tampoco las coplas "Sobre un macho 
que compró de un ^Arcipreste", que, con no ser cosa del otro jueves, son 
populares y de un donaire que no es el suyo. ¿ Las hizo acaso alguno 
sobre la Jeyenda de su muerte? Si son de Mena, con ser bien poca cosa, 
es lo único legible hoy en día que compuso. 

La continuación de Olivares á las Coplas de los siete pecados morta- 
les es la que ha solido imprimirse en las ediciones de Mena ; las de los 
otros dos poetas están en sus propios Cancioneros, inédito el de Guillen 
de Segovia. En el Cancionero, de Gallardo, y en otro códice de M. Pe- 
layo: "Fenesce este tractado fecho por Juan de Mena et presentado al 
rey don Juan H, nuestro señor, en Tordesillas, á veynte e dos días de 
febrero, año del Señor de mili e quatrocientos e quarenta e quatro años." 
.Según M. Pelayo, tenía 300 estancias ; pero las tres últim;»s parecen 
realmente añadidas después, así como las 24 que se siguen aparte en 
las impresiones. 

S24. Escribieron la biografía de Mena el comendador Griego en 
la Vida de Juan de Mena^ puesta al frente de las Trescientas de 
la edición sevillana de 1499, y un discípulo de Hernán Núñez, Vale- 
rio Francisco Romero, en unas estancias de arte mayor, que con título 
de Epicedio (canto fúnebre) compuso á la muerte del mismo Comenda- 
dor y andan al fin de sus Refranes, Salamanca, 1555. Juan de Lucena, 
Vita beata: "Muchas veces me juró por su fe (son palabras que pone 
en boca de Santillana) que de tanta delectación componiendo algunas 
vegadas detenido goza, que olvidados todos afferes, trascordando el 
yantar y aun la cena, .se piensa estar en gloria." "Trabes magrescidas 
las carnes por las grandes vigilias tras el libro (le dice don Alonso de 
Cartagena) : el rostro ])álido, gastado del estudio, mas no roto y reco- 
sido de encuentros de lanza." Crón. de don Al%'. de Luna, tít. 95: "Era 
coronista del Rey e tenía cargo de escrebir la historia de los reynos de 
Castilla, fizo en estos días al nuestro Maestre..." No queda rastro del 
"suntuoso sepulcro", que dicen le levantó Santillana, y en el siglo xvi 
escribía Fernández de (Oviedo: "Yo espero en Dios de ir pronto á Es- 
paña y le tengo ofrecida una piedra ccm epitafio", y en 1781, en su viaje 
por España, sólo halló Ponz una piedra en las gradas del presbiterio 



S. XV, 1438. JUAX DE MEXA 3ll 

con la pedestre inscripción: "Patria feliz, dicha buena, | escondrijo de 
la muerte, | aquí le cupo por suerte ■ al poeta Juan de Mena." La gloria 
de Juan de M«na fué inmensa entre los escritores eruditos de aquellos 
tiempos. Unos añaden y alargan sus obras, otros las glosan y comen- 
tan, todos le respetan y le tienen, sobre todo, en cuenta tratándose 'de 
la versificación de arte mayor. Acaso en lo bien que lo manejó estribaba 
toda aquella nombradla, inexplicable para el que busca al poeta y no 
al versificador. En las artes de trovar es el dechado citado por todos. 
En la de Juan del Enzina apenas se alegan otros ejemplos que los de 
Mena. Nebrija, Gram. castellana^ 1. IV, c. VII : "Por el poeta entende- 
mos Virgilio e Juan de Mena." Castillejo invoca su autoridad contra 
los petrarquistas. En la carta del Bachiller de Arcadia: "Hizo tres- 
cientas coplas, cada una más dura que cuesco de dátil : las cuales, 
si no fuera por la bondad del Comendador Griego, que trabajó noches 
y días en declarárnoslas, no hubiera hombre que las pudiera meter el 
diente ni llegar á ellas con un tiro de ballesta." Jerónimo de Arbclan- 
ches, Epístola á Melchor Enrico, en Las Habidas (1566): "No sé yo 
hacer, como hizo Joan de Mena, | coplas que se han de leer á descan- 
sadas, I el cual, como tenía preñada vena, ¡ trescientas dellas nos dejó 
preñadas..." Lo que de Mena pensaron H. Núñez y el Brócense puede 
verse en sus Glosas sobre el mismo poeta. Véanse además Argote de 
Molina, Discurso sobre la poesía castellana, que va en su edición de 
El Conde Lucanor (1575), Mariana, Hist. de Es-p., 1. XXI, c. XVI, y Cer- 
vantes, Quijote, II, 44. 

323. De La Coronación hay una edición gótica, del siglo xv, con 
su glosa, sin lugar ni fecha, probablemente de Zaragoza, 1499; Toledo, 
1504; Sevilla, 1512, 1520 y 1534; Valladolid, 1536. Glosa sobre las tre- 
cientas del famoso poeta Juan de Mena, compuesto por Hernand Núñes 
de Toledo. Comendador de la Orden de Santiago, Sevilla, 1490 y 1499. 
Las CCC del famosissimo poeta Juan de Mena con su glosa y las cinquen- 
ta con su glosa: e otras obras, Granada, 1505, y Salamanca, 1505. Las 
Trecientas se publicaron además en Zaragoza, 1506 y 1509 (con glosa 
anónima'); Sevilla, 1512; Zaragoza, 1515; Sevilla, 1517, 1520, 1528, 1534; 
Valladolid, 1540; Amberes, 1552; Alcalá, 1560 y 1566; Salamanca, 15S2 
(con notas del Brócense). Obras de Juan de Mena, Sevilla, 1528 y 1534; 
Valladolid, 1536 y 1540; Toledo, 1547; Amberes, 1552 y 1554; Alcalá, 
1566; Amberes, 1582; Salamanca, 1582. Las CCC de Juan de Mena, 
Zaragoza, 1489 (Bibliogr. Zaragozana del siglo .it') ; Sevilla, 1496, 1499 
(dos, 28 Agosto y 7 de Octubre, la primera con glosa de Fernán N'úñez; 
la segunda sin ella, así como sin ella salieron las otras dos de 1489 y 
1496). 

32 C. El verso por excelencia de Juan de Mena es el zrrso de 
arte mayor, que lo trabajó más qae ninguno de sus predecesores. Es 
de origen gallego, como dijo Santillana, y sirv-ió durante todo e! si- 
glo XV para la poesia erudita y elevada. Responde al decasílabo francés 



3ia ÉPOCA DE DON JUAN EL II (s. XV) 

con cesura después de la quinta, y sin duda vino de Francia, no der»- 
chamente, sino mediando Galicia, como se ve por las Cantigas : 

"Por ende un miragre | aquesta reyna 
Sancta fes muy grande ¡ á una mesquina." 

Y en el Cancionero del Vaticano (núni. 462) : 

"Baylemos nos ja todas, todas, ay, amigas, 
S5 aquestas avelaneyras floridas; 
E quem por velida como nos velidas, 

Se amigo amar, 
So aquestas avelaneyras floridas 

Verrá baylar." 

Parécese al endecasílabo anapéstico ó de gaita gallega, propio de la 
muñeira, esto es, al endecasílabo con acento en 4.° y 7.° Es tan evi- 
dente el parentesco entre el dodecasílabo y el endecasílabo anapéstico, 
como el que ambos metros tienen con el decasílabo de los himnos 
(verso de nueve sílabas de los franceses). La octava, con estos versos 
formada, parece fué obra de los castellanos en el siglo xiv y se halla 
por primera vez en el Deyfado sobre el cisma de Occidente, del can- 
ciller Avala. Duró hasta mediado el siglo xvi, en que le sustituyó el 
endecasílabo italiano. Han tratado del arte mayor Morel-Fatio, L'Arte 
mayor et l'Hendécasyllabc dans la poésic casti'llane du xv' siccle et dti 
commencement du xvi°, extracto de la Romanía, t. XXIII, París, 1894; 
M. Pelayo, Antol. de poet. lír. cast., t. XIII, pág. 199, etc.; Milá y 
Fontanals, Obras, t. V, pág. 324, etc.; Cáscales, Tabl. poét., Madrid, 
1779, pág. 99; Alonso López Pinciano, Philosoph. ant. Poética, Madrid, 
1596. pág. 2S6; Juan de! Enzina, Arte de poes, cast.; Nebrija, Gram. 
castellana: sobre todo Foulché-Delbosc, Revue Hisp., 1902, pág. 75, etc., 
traducido por Bonilla, Juan de Mena y el Arte Mayor, Madrid, 1903. 

Jun de Mena, Cancionero, ed. R. Foulché-Delbosc, en Cancionero 
Castellano del siglo xv, i, Nueva Bibl. de Aut. Esp., t. XIX, páginas 
120-221 ; El Laberinto de Fortuna, ed. R. Foulché-Delbosc, Macón, 
1904. — Consúltense: R. Foulché-Delbosc. Etude sur le "Laberinto" de 
Juan de Mena, en Revue Hispaniquc (1902), t. IX, págs. 75-138 [con 
disertación sobre el arte mayor y bibliografía de Mena] ; A. Morel- 
Fatio, L'arte mayor et l'hendecasyllabc dans la pocsie castillane di* 
xv' si'ecle et du commencement du xvi' sidcle, en Romonia (1894), 
t. XXIII, 209-231; John Schmitt, Sul verso de Arte mayor, en Rcndi- 
conti della Reate Accademia dei Lincei (classe di scicnze moral!, sto- 
riohe e filosofiche), 5." serie, Roma, 1905, t. XIV, págs. 109-133; 
F. Hanssen, El Arte Mayor de Juan de Mena, en Anales de la Uni- 
versidad de Chile (1906), t. LXVIII, págs. 179-200; M. Menéndez y 
Pelayo, Antología de poetas líricos, etc., t. V, págs. CXLVIII-CCVI; 
B. Sanviscnli, / primi influssi di Danti, del Petrarca e del Boccaccio 
sulla lellcratura spagnuola. Milano, 1902, págs. 81-125; C. R. Post, 



S. XV, 1439. JCAN rodríguez DE LA CÁMARA 



3l3 



Tbc sources of Juan de Mena, en The Romanic Reficzü (1912), t. III, 
págs. 223-279. 

327. Año i4sg. Juan Rodríguez de la Cámara ó del 
Padrón, por el lugar en Galicia de su nacimiento, es el último 
de los trovadores de la escuela gallega. Xació á fines del siglo xiv 
y murió á mediados del xv, de familia antigua y linajuda, pero 
sin muchos haberes. Educado en los libros de caballerías del 
ciólo bretón y en los de linajes, que no eran menos fantásticos, 
entró al servicio del cardenal don Juan de Cervantes, gallego 
de origen y Obispo de Segovia en 1442 y Arzobispo de Sevilla 
en 1449, como trovador suyo, y parece le acompañó al Concilio 
de Basilea, donde ya estaba aquel prelado en Abril de 1434. En- 
tre los familiares del Cardenal se contaban El Tostado, Juan de 
Segovia y Eneas Silvio, después Pío II, con quienes sin duda 
adquirió su caudal clásico, no menos que en sus viajes por Italia 
en compañia del mismo Cardenal. También parece estuvo en 
Tierra Santa, quizá como consecuencia de amores desventurados 
en la corte de Castilla, después de dejado el servicio del cardenal 
Cer\'antes, siendo acaso paje de don Juan II, y haciendo de 
vergonzoso en palacio con una "grand señora", á quien "prendió 
por señora y juró su servidumbre", y ella cada dia le mostraba 
más "ledo semblante" ; pero perdióle la soltura de su lengua 3^ 
el confiarse á un amigo, pues sabido por ella el quebrantamiento 
del secreto, se indignó de suerte que él se retrajo "al templo de la 
gran soledat, en compañía de la triste amargura, sacerdotisa de 
tiquélla", y se desahogó haciendo tan duras penitencias como 
Beltenebrós en la Peña Pobre y escribiendo El siervo libre de 
Amor. No hay en esta novela romántico-caballeresca alusión al- 
guna á fecha posterior á 1439, y para cuando se compiló el Can- 
cionero de Baena, que fué antes del 1445, ya había entrado fraile 
Juan Rodríguez, no se sabe si en Jerusalén. Ignórase igualmente 
qué dama fuese aquélla, y hay quienes han escrito novelas creyen- 
do fuese uno doña Juana, mujer de Enrique IV y madre de la 
Beltraneja, otro doña Isabel de Portugal, segunda mujer de don 
Juan II, aunque los dos fantasean como novelistas. Ello es que 
Juan Rodríguez, si no murió trágicamente, como también soñaron 
otros, sufrió largo y penoso destierro, hasta que en el claustro de 
Herbón, que contribuyó á edificar con sus bienes patrimoniales. 



3 14 ÉPOCA DE DON JUAX EL II (s. XV) 

halló tranquilidad entre los franciscanos. Su vida fué, pues, una 
novela romántica y tal es el fondo biográfico, sin duda, de su obra 
principal. El siervo Ubre de Amor (1439-1440), como de un nuevo 
Macías, de quien él se dice amigo y fué su dechado de vida. Esta 
novela romántica en prosa y en verso se divide alegóricainente 
en tres partes: "la primera parte prosigue el tiempo que bien 
amó y fué amado, figurado por el verde arrayán..., la segunda 
refiere el tiempo que bien amó y fué desamado, figurado por el 
arbor de paraíso..., la tercera y final trata el tiempo que no amó 
ni fué amado, figurado por la verde oliva...." Es ima obra en que 
hay que distinguir dos partes, la de su autobiografía y la no- 
vela caballeresca y sentimental Estoria de los dos aviadores 
Ardanlicr e Licsa, de pura invención. La primera está inspirad.i 
en la Fiammetta, de Boccaccio; la segunda, en las ficciones del 
ciclo Bretón, incluso el Amadís de Gaula, en los viajes aventu- 
reros de españoles, como don Pero Niño "á la dolce Francia", 
de Mosén Diego de Valera á Hungría, Polonia y Alemania, y 
en acontecimientos románticos reales. Xo es obra caballeresca 
enteramente, pues juega más el amor que el esfuerzo, ni hay 
elementos sobrenaturales de magia y encantamientos, sino del 
género de la novela sentimental, como la Cárcel de Aviar y la 
Menina é Moga de Bernardim Ribeiro. 

El Triunfo de las donas en elogio de las mujeres, refutando 
á Boccaccio, cu3'a sátira feroz contra ellas en // Corhaccio ó 
Laberinto d'Amore fué muy leído é imitado en el siglo xv, fué 
dirigido por Juan Rodríguez á la reina doña María y trae 50 
razones sobre las excelencias de la mujer sobre el hombre, con 
muchas autoridades "divinas, naturales y humanas", que en 
sus manos resultan á veces chistosos disparates. La cadira de! 
honor ó Tratado de la noble:;a ó fidalguía es un i)anegírico. y 
en él alude á otra obra sobre lo mismo, eJ Oriflama, cuyo ma- 
nuscrito había dejado en Padua ó Venecia. También se cree tra- 
dujo las Heroidas de Ovidio, que se conocen con el título de 
Bursario, que le dio su autor. 

Fuera de las seis composiciones líricas insertas en El sien'o 
libre de Amor, consérvanse unas 14 en k>s Cancioneros, general, 
de Baena, de Stúñiga, de Herberg des Essarts y los dos de la 
Biblioteca Real. Todas son de amores, menos la mejor de ellas, 
la Flama del diz'ino rayo, himno de su conversión ; de las otras 



S. XV^ 1439- JL'A>í RODRÍGUEZ DE LA CÁMARA 3l5 

recordemos Los siete gozos de Amor, Los diez iiiandaniientos 
de Amor, la canción Hain, Jiam, hiiyd que ravio. Pero la prosa 
de Juan Rodríguez es mejor que sus versos, y su vida román- 
tica, más curiosa que sus versos y su prosa. Con ser gallego, no 
se sabe escribiese más que en castellano, al cual trajo el senti- 
mentalismo apasionado y misterioso y el sentimiento de la na- 
turaleza, cosas propias de su raza y elementos verdaderamente 
poéticos siempre y más extraños en aquella sociedad cortesana 
de poetas cultos y eruditos. La erudición, que también le sobra 
á Juan Rodríguez, la debe al clasicismo, que aprendió en Italia. 
Si fuesen suyos los tres romances del British Museum, del Con- 
de Arnaldos, Rosa florida y la Infantina, sería el primer poeta 
que puso su nombre á un romance y de los mejores poetas de 
su siglo; pero el ritmo afeminado y lánguido de Juan Rodríguez 
hace dudar sean suyos tales romances. 

32 8. El apellido Cámara parece en el Tumbo de la iglesia Iriense, 
dado á conocer por el P. Fita y el canónigo Ferreiro (Monumentos an- 
tiguos de la Iglesia Com^posfelana, pág. 6, Madrid, 1883 ; Recuerdos de 
un viaje á Santiago, por el P. Fita y don Aureliano Fernández Guerra, 
Madrid, 1880, cap. VIII). Probablemente nació en La Rocha, lugar 
cerca de El Padrón, y donde pone las principales escenas de su novela 
El siervo libre de Amor. Tuvo gran reputación entre los genealogistas, 
quienes citan un nobiliario suyo, que no se conoce. Hay quien cree que 
viajó hasta por el extremo Oriente. Las palmas que crecen en el huerto 
de los franciscanos de Herbon dicen los gallegos que las trajo él de 
Tierra Santa. La pasión con la dama cree M. Pelayo fué ilícita y adúl- 
tera, como solían serlo los amores trovadorescos, y tal creía en el si- 
glo XVI el que forjó sobre ellos una novela, suponiendo fuese la tal 
dama la reina doña Juana: hállase en un códice de la Biblioteca Na- 
cional, y publicóla Pedro José Pidal en la Rez'ista de Madrid (Noviem- 
bre de 1839), reproducida en las notas del Cancionero de Baena y en las 
Obras de Juan Rodrigues del Padrón. Pero ni Juan Rodríguez era 
aragonés, como allí se dice, ni el tiempo concuerda, como ni el del que 
cree fuese doña Isabel de Portugal, cuyo matrimonio con don Juan II 
fué el 1447, cuando para el 1445 estaba compuesto el Cancionero de 
Baena, donde se lee : "Juan Rodrigues del Padrón quando sse fué 
meter frayre á Jerusalén..., en despedimiento de su señora" (núm. 470), 
de modo que fuera allí ó en otra parte donde se metió fraile, para 
entonces ya lo era. Hizose popular su vida y amor romántico. Garci 
Sánchez de Badajoz escribió, hablando del infierno simbólico: "Vi 
también á Juan Rodríguez ] del Padrón decir penando : ¡ "Amor, ; por 
"qué me persigues ? [ ¿ no basta ser desterrado ? | ¿ aún el alcance me 
"sigues? I Este estaba un poco atrás, ! pero no mucho compás, | de 



3l6 ÉPOCA DE DON TUAX EL II (S. XV) 

"Macias padeciendo, [ su misma canción diciendo: | "Vive, leda, si 
^'podrás." Canción que trae Baena, la recuerda la novela anónima y la 
cita Valdés en el Diálogo de la lengua. Su trágica muerte se inventó 
igualmente para asemejarle á Macias, de quien se decía amigo y el único 
•'merescedor de las frondas de Dafne". Sobre su profesión, Wadingo, 
Scriptores Ordinis Minorum, artículo Fr. Juan de Herbón : "Mino- 
rum subiit institutum in patria, ubi, concessis facultatibus coenobio 
construendo, vitam duxit religiosissimam. Floruit sub annum 1450." 
Del Siervo libre de Amor sólo hay una copia muy incorrecta en el 
códice Q. 224 de la Bibl. Nac, de donde se sacaron las dos ediciones: 
la de Manuel de Murguía, en su Diccionario de escritores gallegos, 
Vigo, 1862, y la de Paz y Melia, en las Obras de J. Rodrigues, 1884. 
Del Triunfo de las donas se conocen dos códices : el de la biblioteca del 
Duque de Frías y el de la Nacional. De la Cadira los hay en el Museo 
Británico, en la Academia de la Historia y entre los manuscritos de la 
casa de Osuna, hoy en la Nacional. El portugués Fernando de Lucena 
tradujo al francés el Triunfo (1460), del cual hay dos manuscritos: 
uno en la Biblioteca de Bruselas; Brunet cita una edición de 1530. 



1 «ít 



!29. Juan Rodríguez de la Cámara, Obras, ed. A. Paz y Melia. 
Soc. de Biblióf. Españoles, 18S4, 2 vols. ; Lieder des Juan Rodríguez del 
Padrón, ed. H. A. Rennert, en Zeitschrift für romanische Philologie 
(1893), t. XVII, págs. 544-558. Consúltense: A. Mussafia, Per la biblio- 
grafía del Cancioneros spagnuoli, en Denkschriften der Kaiserlichen 
Akadeinie der Wissenschaften (Philosophisch-historische Classe), Wien, 
Í902, t. XL\r[I, págs. 20-23; B. Sanvisenti, / primi influssi di Dante, 
del Petrarca e del Boccaccio sulla Letterafura spagnuola. Milano, 1902, 
págs. 328-333. 

330. En 1439 Pedro Fernández de Velasco, conde de Haro, es- 
cribió el Seguro de Tordesillas, Milán, 1611; Madrid, 1784. A. Paz y 
Melia, La Biblioteca del Conde de Haro (en la Revista de Archivos, Bi- 
bliotecas y Museos). 

En 1439 Guillermo de Monserrat, escribió Commenti super P>'ag- 
maticam Sanctionem Caroli VII Galliae Regis anno 1439. De Potcstatc 
Generalis Concilii ac de Episcoporum elecione. De Reservationibus per 
Papam e.r rationali causa factis. De Regia pracrogativa in clectivis 
dignitatibus. 

En 1439 Tomás Mieres compuso Apparatus super Constitutionibus 
Curiarum Generalium Cataloniac, impreso en Barcelona, 1533, 1610. 
De homagio et oppressionibus. Usanliae et consuetudines civitatis Ge- 
rundensis. Scholia et interpretaliones in constilutioncs Cataloniae. De 
Privilegio militari. 

331. Año 1440. El bachiller Alfonso de la Torre, al 
parecer natural ele Burj^os, agre.^ado al colegio de San Bar- 
tolomé, de Salamanca, en 1437, compiiso la J'ision delctable de 



S. XV^ 1443- ALFONSO DE MADRIGAL Siy 

¡a philosopJüa c de las otras sgicngias, hacia el año i-l-io, en 
excelente prosa castellana, con soltura y brío, aunque mante- 
niéndose en el lenguaje erudito, sin remedar el del pueblo como 
el autor del Corbacho. Es una enciclopedia de las arte; liberales 
en forma de alegoría, en la que hablan la razón, la sabiduría, la 
naturaleza, al modo que en el tratado de Boecio. 

332. Compuso su obra á ruegos de Juan de Beamonte, prior de la 
Orden de San Juan de Jerusalén y preceptor del príncipe Carlos de Via- 
na (1421-1461). Imprimióse una versión italiana en 1556, hecha por Do- 
menico Delfino, el cual la dio por obra propia, hasta el punto de que en 
1663, Amberes, el judío Francisco de Cáceres tradujo al castellano 
esta versión italiana, ignorando «1 original. 

Alfonso de la Torre, Visión dclctable de la filosofía y artes libe- 
rales, metafísica y filosofía moral. Bibl. de Aut. Esp., t. XXXVI. 
Consúltese: J. P. Wickersham Crawford, The Seven Liberal Arts in 
the "Vision Dclcctable" of Alfonso de la Torre, en The Romanic 
Reviezv (1913), t. IV, págs. 58-75. 

333. Año 1441. El CARDENAL JUAN DE CARVAJAL (14OO ?-I469), 

natural de Trujillo, parcial de don Alvaro de Luna, á cuya muerte pasó 
á Roma, donde fué gobernador, y embajador (1441-1448), legado en la 
Dieta de Maguncia, embajador en Hungría y Alemania (1455), legado 
en Venecia. Escribió, sobre todo desde 1441, Dcfcnsio scdis apostoUcac, 
Relatio compendiaria legationum sitarum, Epistolanim volumen, Oratio- 
nes sacrae et profanae. Consúltese López, De rchtis gestis S. R. E. 
Card. Carvajal connn-entarius, Roma, 1754. 

En 1442 Fray Gonzalo de Ocaña tradujo las Omclias que fiso el 
bienaventurado Sant Gregorio papa sobre el libro del Soneto Profeta 
Esequiel y los Diálogos de Sant Gregorio (M. S., véase Gallardo), La 
Vida y Pasión de N. S. Jesucristo, historias de las festividades, etc., 
Zaragoza, 1516. Fué prior del Monasterio de Santa María de la Sisla, 
de la Orden de San Jerónimo. 

Entre 1440 v 1450 Alfonso de San Cristóbal, dominico, escribió la 
traducción y glosa moral y ascética de los libros de Vcgecio (Bibl. 
Escor.). 

334. Año 1443. Alfonso de Madrigal, llamado El Tostado 
(1400? t 1455), doctorado en Salamanca á los veinticinco de edad, obis- 
po de Avila, El Ahulense, fué símbolo de los escritores más fecundos, 
habiendo escrito 24 tomos en folio, según la edición de Venecia, 1615. 
Dcfcnsorium trium propositioniim contra Juan de Torquemada (1443). 
De Sanctissima Trimtate. De statu animarum post mortem. Líber de 
quinqué fíguratis parado.xis. Cuestiones sobre la filosofía natural y mo- 
ral (en castellano). Breviloquio de amor y amicicia. Comentó todos los 



3l8 ÉPOCA DE DOX JUAN EL II (s. Xv) 

libros históricos de la Sagrada Escritura. \"éase Nicolás Antonio, 
Bibl., II, 255. En castellano: Commentario sobre Ensebio (sobre su 
Crónica), Salamanca, 1506, 5 vol. Tratado de los Dioses de la gentilidad. 
Salamanca, 1506; Burgos, 1545. Confessional, Sevilla, 1321 ; Logroño, 
1529. Artes y instrucción para todo fiel Christiano como ha de dezir 
Missa, Zaragoza, 1503, etc. Publicóse la Parte primera del Tostado sobre 
el Ensebio en español, en Salamanca, 1506; la Segunda, en 1506; la 
Tercera, en 1507; la Cuarta y Quinta, en 1507. 

335. Al entrar triunfalmente en Ñapóles Alfonso \' de 
Aragón el año 1443, abre de par en par á los espaiioles las puer- 
tas de Italia y del Renacimiento clásico. De guerreras y comer- 
ciales puramente, que habían sido hasta entonces las comunica- 
ciones entre ambas Penínsulas, se convierten en literarias, 
familiares y amistosas. La corte de Alfonso \' fué centro de hu- 
manistas italianos : de aragoneses y catalanes, que se hacen sus 
discípulos ; de poetas cortesanos, de teólogos, filósofos y sabios 
de todo género. Las composiciones poéticas de aquella corte las 
recogió, no se sabe quién, en el Cancionero de Stiiñiga, así lla- 
mado por ser la primera con que comienza de Lope de Stú- 
ÑiGA. Hasta ocho poesías suyas hay en el volumen, aunque fal- 
tan las mejores, esi^ecialmente políticas, que se hallan en otros 
Cancioneros manuscritos. De su padre hay dos en el de Baena 
(418, 576). Juan de Tapia celebró los amores del Rey con Lu- 
crecia Aniano. Pedro Torrellas ó Torroell.\, mayordomo 
del Príncipe de Viana, cultivó en castellano el genere- burlesco 
y mofador, siendo famosas sus Coplas de las calidades de las 
doms, ó "de maldecir de mujeres", en las que las puse cual 
digan dueñas; fueron refutadas por Suero de Ribera, Juan del 
Enzina y otros. ^Iosén Juan de Vill.\lpando, caballero ara- 
gonés, fué el único poeta del siglo xv qtie hizo sonetos después 
de Santillana, pero en versos de arte mayor y rimas cruzadas. 
Juan de Dueñas, castellano de azarosa y larga vida, compu- 
so una fantasía alegórica de la Nao de Amor, estando preso 
en la torre de San \''ícente. Quejóse contra Juan II de la poca 
justicia, que sólo compraba el f|ue tenía "bien poblado su bol- 
són", y de que los judaizantes esquilmaban al pueblo. Escribió 
un diálogo en 1438, El plcyto que ovo Juan de Dueñas con 
su amiga, á manera de paso dramático. Juan de Andújar com- 
puso en versos de arte mayor Loores al rey don Alfonso, y 
fue poeta alegórico, admirador de Dante, de quien imitó en la 



S. XV, 1443. CORTE DE ALFONSO V EN ÑAPÓLES 3ig 

Visión de Amor los cantos IV y V del Infierno. El mejor de 
todos es Carv'ajal ó Carvajales, que suena algo á popular en 
la naturalidad y ligereza, sobre todo glosando letrillas corrien- 
tes entre el pueblo, en las graciosas serranillas, algo á lo Santi- 
llana y algo á lo Hita por el desenfadado realisimo. También 
probó á ca:itar hazañas y lo hizo en son guerrero. Juan de Va- 
LLADOLiD ó Juan Poeta, judío converso, se ganaba la vida 
recitando sus versos y los ajenos, como "ciego juglar, que canta 
viejas fazañas, | que con un solo cantar ¡ cala todas las Espan- 
nas", como dice motejándole Montoro, y vio el cielo abierto 
cuando oyó cuan bien trataba Alfonso V á los poetas, y asi 
se fué allá y corrió además por Mantua y Milán, de 1458 á 1473 
como bufón, improvisador y astrólogo, sucediéndole peregri- 
nas aventuras, de las cuales la última fué caer, al volver á 
España, en manos de cosarios, que le vendieron en Fez, donde 
estuvo cautivo, hasta cjue, rescatado, tomó á la corte de Castilla 
á ser hazmerreír de -los palaciegos poetas, que hacían chacota de 
sus desgracias y de su antigua condición de judío. Algunas de 
sus coplas están en el Cancionero de obras de burlas provocantes 
á risa, con las que á él le endilgaron, desde Antón de Montoro 
hasta el Conde de Paredes, padre de Jorge Manrique. Baste 
mencionar algunos otros, como !^íosén Juan Ribelles, catalán; 
Pedro de Santafé, Fernando de la Torre, húrgales ; Suero 
de Ribera, Gonzalo de Cuadros, el Conde de Castro. Mo- 
sén Juan de Moncayo, Mosén Hugo de Urríes, traductor del 
Valerio Máximo; don Jxtan de Sessé, don Pedro Manuel 
de Urrea, que merece capítulo aparte. 

336. B. Croce, La Corte Spaguola di Alfonso d'Aragona a NapoU 
1894: "Entonces fué revelado á los españoles el nuevo aspecto de la 
vida italiana y poco después empezaron á conocer los italianos la nueva 
vida española." "Semi-barbari et efíerati homines" llamó Boccaccio á 
los castellanos, y Dante, en el De z'idgari eloquio. confundía nuestro 
idioma con el provenzal. El gran político cardenal don Gil de Albornoz 
desbarató á los tiranos que devastaban á Italia y volvió á las manos 
del Papa el patrimonio de San Pedro ; pero Alfonso V españolizó la 
Italia meridional y, convirtiendo su corte en escuela y tertulia de los 
mejores ingenios de Italia y Aragón, echó el puente por donde el rena- 
cimiento entrase de lleno en España, cabalmente en el punto y hora 
en que la cultura de las humanidades llegaba alli á su colmo. Acerca 
de esta comunicación de ideas entre ambos pueblos durante aque! rei- 
nado, consúltense : Amador de los Ríos, Hist. de la lit. esp., t. VI ; 



020 ÉPOCA DE DON JUAN EL II (s. XV) 

Burckhardt, La cultura italiana en el Renacimiento ; Gothein, Desarro- 
llo de la cultura en el Sur de Italia, Breslau, 1886; B. Croce, obra citada 
(vol. XXIV de los Atti della Academia Pontaniana di Napoli) ; José 
Jordán de Urríes, Los poetas aragoneses en tiempo de Alfonso I', Za- 
ragoza, 1890; Antonio Rubio y Lluch, El Renacimiento clásico en la 
literatura catalana, Barcelona, 1889; M. Pelayo, Antología, t. V, pá- 
gina ccLxiii, el cual dice : "Entonces empieza el segundo Alfonso V, 
el Alfonso de los humanistas, que es complemento y desarrollo, no ne- 
gación ni contradicción, del primero ; el que con aquella misma furia 
de conquista, con aquel irresistible ímpetu bélico con que habia expug- 
nado la opulenta Marsella y la deleitable Parténope, se lanza encarni- 
zadamente sobre los libros de los clásicos; y sirve por su propia mano 
la copa de generoso vino á los gramáticos; y los arma caballeros; y los 
corona de laurel; y los colma de dineros y de honores; y hace á Jorge 
de Trebisonda traducir la Historia Natural de Aristóteles; y á Poggio 
la Ciropedia, de Xenophonte; y convierte en breviario suyo los Co- 
mentarios, de Julio César; y declara deber el restablecimiento de su 
salud á la lectura de Quinto Qurcio ; y concede la paz á Cosme de 
Médicis á trueque de un códice de Tito Livio; y ni siquiera se cuida de 
espantar la mosca que se posa media hora en su nariz mientras 03-e 
arengar á Giannozzo Manetti. Es el Alfonso V que, preciado de orador, 
exhorta á los príncipes de Italia á la cruzada contra los turcos, ó dicta 
su memorial de agravios contra los florentinos en períodos de retórica 
clásica; el traductor en su lengua materna de las Epístolas, de Séneca, 
y el más antiguo coleccionista de medallas después del Petrarca." 

Los principales humanistas italianos de aquella corte fueron el 
Panormita, el Fazzio, Lorenzo Valla y Eneas Silvio (después Pío II). 
De los españoles que se hicieron sus discípulos véase Pedro Miguel 
Carbonell, De viris illustribus catalanis suae tempestatis. Todos ellos, 
maestros y discípulos, escribían en latín. Otros eran los poetas cortesa- 
nos, que escribían en castellano y algunas veces en catalán. 



33 7. Los primeros humanistas españoles son los de la corte de 
Alfonso V de Aragón en Nápolcs (1416-1458) : Ferrando Valenti. Lu- 
ciano Colomer, De Grammatica libri IV. Jaymc García, que corrigió 
el texto de Terencio. Jayme Pau, Apostillas al Derecho Romano. Juan 
Ramón Ferrer, De laudibus scientianim. Jerónimo Pau, De fluminibus 
et montibus Hispaniae. De Viris illujtribus Hispaniae, etc. Los poetas 
cortesanos eran bilingües, catalanes los más, versificaban en castellano 
más que en su lengua propia. El Cancionero de Stúñiga (1S72) es el 
que más nos ha conservado sus versos, además del general, de Hernan- 
do del Castillo (1511) ; el de Obras de burlas provocantes á risa (1519) ; 
el de Herberay des Essarts, y el de la Academia de la Historia 6 de 
Gallardo, de quien antes fué. El códice M. 48 de la Biblioteca Nacio- 
nal sirvió para la publicación del de Stúñiga: y hay otros dos en 
la Biblioteca Casanatense de Roma y en la Marciana de Vcnecia (Mus- 



S. XVj 1443. CORTE DE ALFONSO V EN XÁPOLES 321 

safia, Ein Beitrag sur Bibliographie der "Cancioneros" aus der Mar- 
cusbibliotek iii Venedig, en Sitsb. d. phil. hist., CI, LIV, Band. I). 

Lope de Stúñiga, comendador de Guadalcanar, hijo del mariscal 
Iñigo Ortiz y biznieto de Carlos el Temerario, rey de Navarra, apadri- 
nó á su primo Suero de Quiñones en el Paso honroso y rompió lanzas 
con otros caballeros. Versificó fieramente contra don Alvaro de Luna, 
como en el Decir sobre la cerca de Atiensa, hecho en 1446 ; hizo un 
monólogo el año anterior, estando preso, y coplas delicadas, como la 
Gentil dama esquiva, muy glosada después. La leyenda forjó que Torre- 
lias había muerto á manos de mujeres en pago de sus invectivas. Cuén- 
tase en el Tractado de Grisel y Mirabella, compuesto por Juan de Flo- 
res á su amiga, Sevilla, 1529: "Una dama llamada Brasayda, de las 
más prudentes del mundo en saber y en desenvoltura y en las otras cosas 
á graciosidad conformes, la cual por su gran merecer se habia visto 
en muchas batallas de amor y en casos dignos de memoria, y un caba- 
llero de los reynos de España, al qual llamaban Torrellas, un especial 
hombre en el conocimiento de las mujeres ó muy osado en los tratos 
de amor e mucho gracioso, como por sus obras bien se prueba", aboga 
por las mujei^es ante el rey de Escocia; pero vence el que aboga por los 
hombres, para su mal, pues reina y damas asen de él, átanle de pies y 
manos y le atormentan despiadadamente: "E fué luego despojado 
de sus vestidos, é atapáronle la boca por que quexar no se pudiesse, é 
desnudo fué á un pilar bien atado, é allí cada una traía nueva invención 
para le dar tormentos ; y tales ovo, que con tenazas ardientes, et otras 
con uñas y dientes rabiosamente le despedazaron. Estando assi medio 
muerto, por crecer más pena en su pena, no lo quisieron de una vez ma- 
tar, porque las crudas é fieras llagas se le resfriassen é otras de nuevo 
viniessen : é después que fueron assi cansadas de atormentarle, de gran 
reparo la reina é sus damas se fueron allí cerca del porque las viesse, 
é allí platicando las maldades del, c trayendo á la memoria sus malicio- 
sas obras... dezían mil maneras de tormento, cada qual como le agrada- 
ba... E assi vino á sofrir tanta pena de las palabras como de las obras, 
é después que fueron alzadas las mesas, fueron juntas á dar amarga 
cena á Torrellas... E después que no dexaron ninguna carne en los 
huesos, fueron quemados, de su ceniza guardando cada cual una buxeta 
por reliquias de su enemigo. E algunas ovo que por joyel en el cuello 
la traían, porque trayendo más á memoria su venganza, mayor placer 
oviessen." Otras tres composiciones de Torrellas pueden verse en los 
números 173, 175 y 856 de la edición de los Bibhófilos Españoles. Juan 
de Dueñas tuvo que acogerse á los Infantes de Aragón. En sus versos 
nos cuenta sus andanzas y peligro en que estuvo de renegar la fe por 
"una fermosa gentil judía". 

338. Cancionero de Lope de Stúñiga. Ed. Marqués de la Fuen- 
santa del Valle y J- Sancho Rayón, Colección de libros españoles raros 
ó curiosos, t. IV. Consúltense: B. Croce, La lingna spagnuola in Italia, 
Roma, 1895; B. Croce, Primi contatti fra Spagna é Italia, Napoli, 1894; 



322 ÉPOCA DE DON JUAX EL II (s. XV) 

B. Croce, Ricerche ispano-italiane, Napoli, 1898; G. Mazzatinti, La 
biblioteca dei re d'Aragona in Napoli, Rocca S. Casciano, 1897 ; A. Fa- 
rinelli, en Rassegna bibliográfica (1899), t. VII; Cancionero de obras de 
burlas proiocantes á risa. Ed. L. de Usoz y Río, Londres, 184 1. 

339. Pedro Juan Belluga (í 1468), nacido en Valencia, floreció 
en el reinado de Alfonso V de Aragón, "el Bartolo valenciano", como 
le llamaron algunos, estudió en Bolonia. Speculum principum, impreso 
en Paris, 1530. Singularia inris. 

Cocinero de Alfonso V de Aragón fué Ruperto ó Roberto de Ñola, 
que escribió en lemosín y tradujo al castellano el Arte de Cocina, To- 
ledo, 1577. 

Por este tiempo Fray Bernardo Fontova, cartujo valentino, con- 
fesor de doña María, la esposa de Alfonso V de Aragón, escribió Tra- 
tado espiritual de las tres vías: purgativa, iluminatiz'a y unitiva. Menos- 
precio de las cosas visibles. Escuela de la Divina Sabiduría. 

340. El Príncipe don Carlos de Viana (1421-1461), 
hijo de don Juan II, rey de Aragón y de Navarra, escribió es- 
tando preso en el castillo de Monroy la Crónica de los Reyes de 
Navarra, que editó don José Yanguas y Miranda, secretario 
de la Diputación provincial de Navarra^ en Pamplona, 1843. 
En el retiro de Ñapóles tradujo las Éticas de Aristóteles, de la 
latina de Leonardo de Arezzo, dedicadas al rey don Alonso V, 
su tio, impresas en Zaragoza, 1509, por Georges Coci, alemán, 
en un tomo en folio: La philosofía moral del 'Aristotel: es a 
saber Ethicas: Polithicas y Económicas, Qaxdigoqa.. "Acábanse 
los diez libros de la Etílica de Aristotil los quales fueron trans- 
ladados por el muy ilustre don Carlos principe de Viana primo- 
génito de Navarra etc. Y sígnense los ocho libros de la política 
del mismo Aristotil: los quales agora nuevamente han sido 
trasladados de latín en romance de la traslación de Leonardo 
Aretino. " Vid. G. Desdevises-du-Dézert : Don Carlos, princc 
de Viana. 

34 1- Hacia 1444 floreció Fray Bartolomí: Cataneo (t 1462), de 
Mallorca, franciscano, que escribió Homiliac ct sermones multipliccs 
pro univcrsis anni diebus. 

En 1444 Juan Alfonso de Benavente, profesor de Derecho canó- 
nico en Salamanca, recitó la Rcpetitio super cap. Sufficit De pocnilcn- 
tia; en 1446 la Rcpetitio üc iciunio. Otra en 1455; en 1456 copiló los 
Cañones Poenitentiales y Actus Confessoris. Véase en la Bibl. Escorial 
y Nic. Antonio. Escribió De poenitentiis. Salamanca, 1502; Burgos, 



S. XV, 1445. CAKCWSERO DE BAEN'A 323 

1516. Oratio de Scientiarum laudibus. De memoria et pronuntiatione. 
In Aristotelis Ethicam et rhctoricam. De arte studcndi legendique. In 
Evangelia. Y otros muohos tratados, más de sesenta. 

El cardenal Juan de Mella (1397-1467), nacido en Zamora, escribió: 
Elucidarium. Contra gravamina illata clero per loannem Regem Portü- 
galliae. Mss. en Roma. 

342. La Crónica particular del Cid. de fecha desconocida, 
pero de la misma época, no se publicó antes de 15 12, por Juan 
López de Velorado, abad de San Pedro de Cárdena. Se funda 
en la Crónica general de Alfonso X, pero está tomada derecha- 
mente de una refundición de ella, titulada Crónica de Castilla. 
Tiene cantares prosaizados y leyendas populares, que avaloran 
mucho su estima, y debían de correr en romances, como co- 
rrieron en los posteriores que conocemos ; su valor histórico 
es nulo. Sus ediciones en el año 15 12 de esta historia. 

343. Véase esta clasificación (Fitzmaurice-Kelly, Hist. de la lit. 
españ., 1913) : 

Primera Crónica general de Alfonso X. 



Segunda Crónica general de 1344 Refundición perdida (con elemen- 
(refundición con adiciones). tos de la Crónica de 1344). 



Crónica de vein- Tercera Cróni- Crónica de 
te Reyes. ca general. Castilla. 

.1 
Crónica par- 
ticular del Cid. 
Crónica particular del Cid. Chronica del famoso cavallero Cid Ruy- 
diez Campeador. Nueva ed. por D. V. A. Huber, Stuttgart. 1853: fac- 
símile de la ed. de 15 12 por Archer M. Huntignton, New- York. 1903. 

344. Don Lope de Barrientos (1382-1469). dominico, nacido en 
Medina del Campo, confesor de Juan II, Obispo de Segovia, Avila y 
Cuenca, Canciller de Castilla: Tratado del caso y fortuna. Tratado del 
dormir y despertar y del soñar y de las adivinanzas y agüeros y pro- 
fecías. Tratado del adivinar y de sus especies y del arte mágica. Llave 
de la sabiduría, etc. (Nicol. Antonio). 

345. Hacia el 1445 compiló Juan Alfonso de Baena el 
Cancionero de Baena, con poesías de unos 60 versificadores. 



324 ÉPOCA DE DON JUAN EL II (s. XV) 

de los que mantenían la tradición gallega y de los novadores á 
la italiana, esto es, alegóricos al modo de Dante, abarcando los 
reinados de Enrique lí, Juan I, Enrique III y la larga minoridad 
de Juan II, durante la regencia del Infante de Antequera y de 
la reina doña Catalina. El compilador fué judío converso y su 
intención, la de dar placer y solaz al mismo rey don Juan, á los 
Prelados, damas y caballeros de su corte. Al pasar aquí el lirismo 
de Galicia á Castilla, los poetas trasladaron más lo artificioso, 
que cuadraba con su genio cortesano, que no lo popular, la se- 
rranilla, la cantiga de amigo ó de ledino. El provenzalismo 
nunca se generalizó en España, y sólo llegó á ella en el siglo xv 
por mediación de la escuela gallega ; ni conoció Santillana á Ar- 
naldo Daniel ni el de Villena á Ramón \^idal de Besalú, cuanto 
menos los demás poetas castellanos. 

346. El más antiguo poeta del Cancionero de Bacna pa- 
rece ser Pero Ferrús, exceptuando al canciller Ayala, su ami- 
go; tenemos de él cinco composiciones, en las que cita los hé- 
roes bíblicos, greco-romanos y caballerescos, entre éstos á Ama- 
dís, con la advertencia de que ya se leían tres de los cuatro 
libros que componían la obra, refundida después por Garci Ro- 
dríguez de Montalvo. El más copioso (más de un centenar de 
versos) y de más valer que Ferrús, es el burgalés Alfonso Al- 
VAREZ DE Villasandino Ó de Illescas, gran decidor, según 
Santillana, y demasiadamente ponderado por su amigo Baena, 
que le atribuye gracia infusa. Alquilaba su arte, de que vivía, 
á cuantos le pedían coplas, y se enamoraba por su cuenta á cada 
paso, poéticamente por lo menos, ya de reinas é infantas, ya de 
moras plebeyas, carnal ó platónicamente. Procaz é insolente 
cuando denuesta, hasta frisar y aun pasar de lo soez, no le em- 
barazó para ser el poeta más buscado de la corte y llegar á ser 
caballero de la Banda. Perdió al juego sus dineros, y con los 
años, la sal de sus versos, y vióse anticuado, y además, ya en 
1424, "viejo, cano, calvyllo y lleno el rostro de arrugas y cl cuer- 
po de bizmas de socrocio". No pasa Villasandino de ser el más 
fácil versificador del Cancionero de Baena. 

Aunque algo menos, no deja de serlo Garci Ferrandes de 
JERENA y tan descuadernado de vida como Villasandino. Per- 
diéronle las m(;n.scas juglarescas, enamorándose de una "pcn- 



S. XV, 1445. CANXIONERO DE BAE,NA 



325 



sando que avia mucho tesoro", casóse con ella perdiendo el favor 
en la corte de Juan II y "falló que su mujer non tenia nada". 
Metióse despechado á ermitaño fingido y simulando peregrinar 
á Jerusalén, dio con su cuerpo en Málaga, donde se circuncidó 
abrazando el mahometismo, hasta que trece años después, el 
1401, volvió del reino de Granada viejo, pobre y cargado de 
hijos, habidos los más en la hermana de su mujer, y arrepentido, 
acabó en Castilla entre los escarnios de los poetas, sus antiguos 
compañeros. Sus poesías, peores que las de Villasandino, y es 
bastante decir. 

El Comendador Fernán Sánchez Talayera filosofa como 
escéptico y fatalista, proponiendo la cuestión de predestinados y 
precitos, en la que tomaron parte el canciller Ayala, un paje 
de Juan I, Ferrán Manuel de Lando, un monje de Guadalupe, 
fray Alonso de Medina, un judío converso y escribano del Rey 
Garci Alvarez de Alarcón, un médico moro de Guadalajara, 
Mahomat-el-Xartosse, un franciscano de León, fray Diego de 
Valencia. Pero el desir "que está muy bien fecho é bien ordena- 
do é sobre fermosa invención", que dice Baena, de Sánchez Ta- 
lavera es el que compuso á la muerte del almirante Ruy Días 
de Mendoza, parecido á las coplas de Jorge Manrique, y no 
menos el que compuso sobre las "vanas maneras del mundo". 

Fray Migir, capellán del Obispo de Segovia, es autor de 
un sermón fiinebre que don Enrique III dirige á los mortales 
desde su tumba de Toledo. 

Atildado versificador era el Arcediano de Toro, que es- 
cribió tres poesías en gallego y el testamento satírico. Gallego 
de escuela, lengua y nacimiento, poeta insípido y sólo famoso 
por la leyenda trágica del amor adúltero, fué Macías, si hemos 
de dar crédito á Juan Rodríguez del Padrón, que dice fué su 
mayor amigo este extraño personaje, acaso de realidad más 
legendaria y simbólica que efectiva. Puede verse en la Antolo- 
gía de M. Pelayo (t. IV, pág. lviii...). Fuera de Rodríguez del 
Padrón y Fernán Pérez de Guzmán, de quienes ya se trató, los 
demás de la escuela gallega, ó si se quiere provenzal, son poe- 
tillas de menor cuantía ó Mecenas aristocráticos. 

La escuela toscana de los imitadores de Dante y más ade- 
lante de Petrarca y Boccaccio, preparó el Renacimiento en Es- 
paña. El más antiguo y como fundador de la escuela sevillana 



326 ÉPOCA DE DON JUAN EL II (s. XV) 

fué el genovés, en Sevilla avecindado, Micer Francisco Im- 
perial, el mejor poeta del Caiicionero de Baena, primer imita- 
dor de Dante, predecesor de Boscán y manejador del endeca- 
sílabo italiano; pero fué poeta que no sabía volar por sí, sino 
con las plumas arrancadas á la Divina Comedia, pegadas peor 
ó mejor á su propósito. Tal es el Dcsyr de las Siete Virtudes, 
su mejor y más larga poesía, casi traducción á retazos del 
Paraíso y Purgatorio. Siguiéronle, si no en el endecasílabo, 
que no vuelve á sonar desde Santillana, en la alegoría dantesca, 
por lo menos, un enjambre de sevillanos, que luego trajeron la 
innovación á la corte castellana, y que por lo menos sustituyeron 
á la degenerada y paliducha poesía cortesana de la antigua es- 
cuela galaico-portuguesa, nuevo calor de vida, tonos vivos y bri- 
llantes y hasta atrevimientos desusados y pompas de juveniles 
arreos. El más señalado fué Ruy Páez de Ribera, "ome muy 
sabio y entendido", aunque, acaso por lo mismo, reducido á 
pobreza, con ser vastago de la ilustre familia de Perafán de 
Ribera, Adelantado de Andalucía, cuyos descendientes fueron 
Marqueses de Tarifa y Duques de Alcalá. De la pobreza so- 
berbia y malsufrida sacó aquellos fuertes y bien sentidos versos 
del Proceso que ovieron en uno la Dolemia é la Vejez é et 
Destierro é la Pohrvza, y otros de lástimas y dolencias. 

Diego y Gonzalo Martínez de Medina, hijos del tesorero 
mayor de Andalucía, eran de los Medinas sevillanos, de los cua- 
les Diego se hizo al cabo fraile Jerónimo en Buenavista y es- 
cribió acaso la poesía contra el amor mundanal; Gonzalo sobre- 
pujó á su hermano y satirizó y mordió fieramente á prelados y 
jueces, validos y encumbrados, "ome muy sotil é intrincado en 
muchas cosas é buscador de muy sotiles invenciones", y sobre 
todo, "muy ardiente e suelto de lengua". 

Citemos solamente al dominico Fray Lope del Monte, al 
franciscano Fray Aj^onso de la Monja, á los cordobeses Gó- 
mez Pérez Patino y Pedro González de Uceda, luliano el 
último y autor de una fantasía Ininiorística ó sueño fauláslico 
y de una di.sputa entre los colores, Amorc iudicc. 

El que llevó á Castilla la innovación dantesca fué 1'"ernán 
Manuel de Lando, doncel que fué de Juají I y de valimiento 
en la corte durante la menor edad de Juan II, "imitó más que 
ningún otro á Miccr Francisco Imiicrinl, \\o asymcsmo algunas 



S. XV, 1445. CANCIONERO DE BAENA 327 

invectivas contra Alonso Alvarez", dice Santillana, y contra 
"letrados e frayles faldudos", podía haber añadido, que '"fa- 
blaban sin orden como tartamudos". En la contienda tomaron 
parte varios poetas y hasta Baena, que califica la poesia de Laji- 
do de "'borruna, desdonada, muy salobre y de madera flaca", 
lle\'ando, en cambio, muy buenos palos del guerrero Ferrán 
Manuel, y bien merecidos, porque el pelo de la dehesa de su 
bajo nacimiento no pudo desecharlo nunca en la corte, soltando 
chocarrerías groseras y torpezas en las muchas contiendas que 
su vanidad literaria y su insolencia promovieron con Lando, 
Villasandino, don Juan de Guzmán, Iñigo de Estúñiga, Pero 
García de Herrera. Alvaro de Cañizares, Gonzalo de Cuadros, 
Soria, Vinuesa, Ruiz de Toro, García de Ría y con todo bicho 
viviente. Era, aparte de esto, de sutil ingenio y gran versificador, 
con lo cual, junto con sus rastreras artimañas, se hizo un jus- 
tador de cuidado en las lid^s cortesanas. 

3-1". En el Cancionero de Baena hallamos los últimos ecos de la 
escuela galaico-portuguesa en Castilla y los primeros sones del arpa 
alegórica dantesca, que vaticinan la venida del Renacimiento italiano. 
Época de transición en los asuntos, en la manera, en el estilo, en el 
lenguaje y en la métrica. Nada hay, por consiguiente, de acabado y 
macizo en aquella cáfila de poetas que bulleron en la corte de casi cuatro 
reyes; pero se ve que una nueva aurora apunta, lo pulido se baraja con 
lo grosero, como las primeras luces batallan con las nieblas de la noche 
que se va. Abusan de la alegoría, como niños que no dejan de las 
manos los primeros días el juguete que acaban de regalarles ; hacen, 
con todo, esfuerzos por elevar el pensamiento, por colorear y robustecer 
el estilo, por crear el lenguaje poético, por domeñar el nuevo metro. 
Si no lo consiguen del todo, no son menos loables sus esfuerzos. "Gra- 
cias á la influencia de Italia y también de la antigüedad latina, escribió 
Puymaigre {La Cour Litteraire, t. I, pág. 97), pudo la poesía española 
del siglo XV producir páginas como entonces no se escribían en Francia, 
muy alejada todavía de los modelos italianos y latinos: sólo un siglo 
después las mismas relaciones produjeron entre nosotros efectos aná- 
logos, pero menos brillantes." 

Los metros del Cancionero pueden reducirse al endecasílabo, con 
acentuación sáfica, y á veces cojitranco, no sé si debida la cojera al 
amanuense ; y al dodecasílabo de cuatro cadencias con cesura intermedia, 
dispuesto en estancias de ocho versos y comúnmente llamado metro de 
arte mayor ó verso de Juan de Mena, aunque ya lo había usado el 
canciller Avala. No se sabe ni cómo ni cuándo nació ó entró en Castilla 
este segundo metro ni la estrofa. Tal vez es indígena y nació del trí- 
metro yámbico senario, como dijo Nebrija, que también los llamó adó- 



328 ÉPOCA DE DON JUAX EL II (s. XV) 

líteos doblados. Aparecen por primera vez los versos de doce sílabas 
en las Cantigas; pero no las estancias de ocho versos: 

"Por ende un miragre aquesta reyna 
sancta fes muy grand á una mesquina." 

{Cant. XXVI.) 

Las coplas de arte mayor, aunque no combinadas como después, se 

entrevén por primera vez en Hita {De la Pasión, copla 1049). Digo se 

entrevén, suponiendo interna la rima, que por estar bien manifiesta, yo 

he dividido en los verdaderos senarios ó adónicos doblados de Nebrija: 

"Myércoles á terqia 

El cuerpo de Xristo 

Judea r apre(;ia : 

Es' ora fué visto 

Quan poco lo preqia 

Al tu Fijo quisto 
Judas el que 1' vendió, su discipoilo traydor.'' 
"La Poetrya é gaya sciencia, dice Baena en el prólogo, es una escrip- 
tura é composición muy sotil é byen graciosa, é es dulce é muy agrada- 
ble á todos los oponientes é rrespondientes della é componedores é 
oyentes, la qual sciencia es ávida é rrecebida é alcanzada por gracia 
infusa del Señor Dios, que la da é la embya é influye en aquel ó aquellos 
que byen é sabia é sotyl é derechamente la saben fazer é ordenar é 
componer é limar é escandir é medir por sus pies é pausas é por sus 
consonantes é syllabas é acentos é por artes sotiles é de muy diversas 
singulares nombranzas, é aun assymismo es arte de tan elevado enten- 
dimiento é de tan sotil engeño, que la non puede aprender nin aver 
nin alcanzar nin saber byen nin como debe, salvo todo orne que sea de 
muy altas é sotiles invenciones é de muy elevada é pura discreción é de 
muy sano é derecho juycio é tal que haya visto é oydo é leydo muchos 
é diversos libros é escripturas é sepa de todos lenguajes é aun que aya 
cursado cortes de Reyes é con grandes señores é que aya visto é plati- 
cado muchos fechos del mundo é finalmente que sea noble fidalgo é 
cortés é mesurado é gentil é gracioso é polido é donoso é que tenga 
miel é azúcar é sal é ayre é donayre en su rrasonar é otrosy que 
sea amador é que siempre se prescie é se finja de ser enamorado, 
porque es opinión de muchos sabios que todo ome que sea enamo- 
rado, conviene á saber, que ame á quien deve é como deve é donde 
deve, afirman é disen que tal de todas buenas doctrinas es dotado." 
Aquí está el criterio de la poesía de aquel tiempo y de los poetas del 
Cancionero: poesía cortesana de amores cortesanos hecha sutil y cor- 
tesanamente por cortesanos poüdos, algo leídos y mejor apuestos. 
El Cancionero de Baena es de un valor que no tiene precio, no por 
las poesías, que pocas veces son otra cosa que versificaciones, sino 
porque nos pinta la sociedad literaria y cortesana de casi cuatro rei- 
nados, la historia interna en gran parle del siglo xv. Es un rico monu- 
mento histórico y filológico, más bien que poético. 



S. XV, 1446. DON ALVARO DE LUNA 829 

34S. El original del Libro de Trovas, presentado por Baena á don 

[uan se conservaba todavía en la Cámara Real de la Reina Católica, 
según consta por el inventario de sus libros. La copia única que dura la 
examinó en El Escorial Rodríguez de Castro; sacada para los trabajos 
de una comisión literaria que entendía en continuar la colección de To- 
más Antonio Sánchez, fué vendida por los herederos de José Antonio 
Conde, uno de los de la Junta, ,y adquirióla en subasta en Londres 
la Biblioteca Nacional de París en 1.140 francos; allí sigue clamando 
por su dueño. Ed. P. J. Pidal, Madrid, 1851, sacada de las copias de 
Eugenio de Ochoa sobre todo, con muchas faltas, y Glosario en que 
trabajó Pascual de Gayangos, é Introducción de Pidal; F. Michel, 
Leipzig, 1860, 2 vols., sin consultar el manuscrito de París. Consúltense 
los estudios de Pidal en su edición; Leopoldo A. de Cueto, Reviie de 
Denx Mondes, 15 Mayo 1853: Milá y Fontanals, Opiisculos literarios, 
t. I; Fernando J. Wolf, Studicn; José Amador de los Ríos, Hist. de la 
Liter. Esp., t. V ; Puymaigre, La Cour Littéraire de don Juan II, t. I : 
M. Pelayo. Antología de Poet. Ur. castelL, t. IV, págs. 38-45. 

349. Garci Fernández de Gerena. Consúltese: L. Dolfuss, Études 
sur le moyen age espagnol, París, 1894, págs. 287-309. 

Francisco Imperial. Consúltense: P. Savj-López, Un imitatore spa- 
gnuolo di Dante nel' 400, en Giomale Dantesco (1S96), t. III, págs. 465- 
469; M. Chaves, Micer Francisco Imperial: apuntes bio-bibliográficos, 
Sevilla, 1899; R. Sanvisenti, / primi influssi di Dante, del Petrarca e del 
Boccaccio sulla Letteraíura spagnuola. Milano, 1902. 

Maclas. Poesías, ed. H. A. Rennert, en Maclas, o Namorado, a 
Galician trabador, Philadelphia, 1900; Cancioneiro Gallego-Castclhano, 
ed. H. R. Lang, New-York-London, 1902. Consúltese: M. Menéndez y 
Pelayo, Antología de poetas líricos, etc.. t. IV, págs. lvii-lxii. 

350. En 1445 se escribieron las Coplas de ¡Ay panadera!, 
que algunos atribuyen á Juan de Mena y otros á Rodrigo de 
Cota. Ed. B. J. Gallardo, Biblioteca, t. I, col. 613-617. 

351. En 1446 compuso don Alvaro de Luna el Libro de 
las claras e i'irtiiosas mugeres, impreso en 1891 por la Sociedad 
de Bibliófilos Españoles con un pródogo de Menéndez y Pelayo. 
Pero para ello no se tuvieron en cuenta los dos manuscritos de 
la Biblioteca Salmantina y del Reail Palacio, coetáneos del autor, 
sino sólo el de Villaumbrosa. Teniéndolos en cuenta reimpri- 
miólo don Manuel Castillo en 1909, con el proemio de Juan de 
Mena, que trae el inanuscrito del Palacio Real, y con un voca- 
bulario. Imita á Boccaccio: "E dize el dicho iohan vocaíjio que" 
(página 151). El estilo es noble; la construcción, corriente: bien 



33o ÉPOCA DE DON JUAX EL II (s. XV) 

rodado el período, sin los tropiezos ni latinismos de otros escri- 
tores de su tiempo. 

352. Año 1447. Gutierre Díaz de Gámez ó Díez de 
Games (i379?-I45o), viejo abanderado y leal servidor de Pero 
Niño, escribió la historia verdaderamente maravillosa y entre- 
tenida de su señor desde 1379 hasta 1446, con el título de El 
Victoria!, libro sin acabar, comenzado probablemente hacia 1431 
y publicado en 1782, con bastantes lagunas, por Llag-uno y Ami- 
rola, con el título de Crónica de don Pero Niño, conde de Buel- 
na. El autor levanta de modo á su héroe, le hace tan valiente, tan 
caballero, tan agradable y bienafortunado, que se deja querer 
del lector como de cuantos le trataron. Escribe con alteza de 
sentimientos, con erudición bien ajustada, en estilo tan llano y 
sin embargo tan artístico, pintoresco y elocuente á veces, que se 
lee esta obra de viajes con el afán de una novela moderna. Como 
su amo, era hombre experimentado, leído y conocedor de la alta 
sociedad, no sólo de España, sino de Francia é Inglaterra. 

353. Fué Pero Niño conde de Buelna desde 1431; tuvo á su sol- 
dada, como trovador de sus juveniles amoríos, á Alvarez de Villasandino 
(Cancionero de Bacna, 10, 32, 33, 42), y compuso su propio epitafio, en el 
cual dice que "fué siempre vencedor e nunca vencido, por mar e por 
tierra". 

Gutierre Díez de Games. Crónica de don Pedro Niño, Conde de 
Buelna, ed. E. de Llaguno y Amirola, en Crónicas españolas, t. III, Ma- 
drid, 1782; ed. L. Lemcke, Bruchstiiche aits den noch ungcdriickien 
Theilen des Victorial, Barburg, 1865 ; trad. francesa de A. de Circourt 
y Th. de Puymaigre, París, 1867 [contiene los pasajes suprimidos por 
E. Llaguno y Amirola]. 

354. Año I44p. Pedro Díaz de Toledo, que floreció en tiempo de 
Juan n y vivía en 1499 ya muy viejo, oidor, referendario y consejero 
de Juan II, capell:\n del Marqués <le Santillana, canónigo de Sevilla 
(1477), provisor de Toledo (1483), primer obispo ile Málaga (1487). 
Dialogo e Raqonamiento en la muerte del marqués de Santillana, do 
filosofía y erudición bíblica y gentílica (Ms. de la bibl. del Duque de 
Osuna). Comentario á los proverbios de Santillana y á los proverbios 
de Séneca (antes de 1450). Introducción al libro de Platón llamado 
Fedón (Ms.). Tradujo algunas obras de Aristóteles. Véanse, acerca de 
Díaz de Toledo: A. Paz y Melia: Opúsculos literarios de los siglos xiv 
á 'xvi (Madrid, 1892); y A. Ronilla: Ion. diálogo platónico, traducido 
del griego (Madrid, 1901). 



S. XV, 1450. CANCIONERO DE RESENDE 



3ól 



355. Año 1430. Don Pedro (i 429- i 466), condestable de 
Portugal y después Rey de Aragón (1464- 1466), á quien San- 
tillana dirigió su célebre Carta, fué por causas políticas echado 
de Portugal (1449), vivió en Castilla siete años (1449-1456), 
durante los cuales aprendió el castellano. Escribió Coplas del 
contemplo del mundo, una Satyra de felice e infelicc z'ida, 
imitación del Sicrz'o libre de Avwr, de Rodriguez de la Cámara; 
una Tragedia de la insigne Reyna doña Isabel, con recuerdos de 
Job, Boecio y Boccaccio, en diálogo, en prosa y verso. Es el más 
antiguo portugués de la literatura castellana, salvo el autor de! 
Poema de Alfonso XI, si fué portugués también. Es tan mal 
escritor en prosa como Mena y su discípulo en verso, con sus 
defectos y algunas de sus virtudes. En todas sus obras no hace 
más que desahogar la melancolía y desengaños de su propia 
vida. La prosa latinizante é hiperbatónica es á veces de lo más 
detestable que puede caer en gusto humano. 

356. El Condestable fué hijo del famoso infante don Pedro, se- 
gundo de los hijos del maestre de Avis, infatigable viajero, de quien 
nuestro vulgo dice que anduvo "las siete partidas del mundo", y cuyas 
aventuras corren en un libro, todavía reimpreso en 1873. Historia del 
infante don Pedro de Portugal, y hay ediciones de Burgos, 1564; Zara- 
goza, 1570; Sevilla, 1595, etc.; murió victima de la perfidia en la sor- 
presa de Alfarrobeira (1449). Ha tratado de él Oliveira Martins, Os 
Filhos de don Joao, Lisboa, 1891. Por orden de éste su padre, grande 
amigo de don Alvaro de Luna, envió en su ayuda á su hijo el condesta- 
ble de Portugal, aunque llegó tarde, cuando ya la contienda se había 
decidido por las armas en Olmedo. Allí le festejaron los vencedores y, 
sobre todo, el Marqués de Santillana. La Satyra de felice e infclice vid-a 
ha sido publicada por A. Paz y Melia en el tomo de Opúsculos literarios 
de los siglos xiv á xvi, de los Bibliófilos Españoles, 1892. La Tragedia 
la analizó Bellermann, Die alten Liederbüchcr der Portugiesen, Berlín, 
1840, págs. 29-31. Editóla C. Michaélis de Vasconcellos en el Homenaje 
á M. Pelayo, Madrid, 1899; t. I, págs. 637-732. Las Coplas, en el Can- 
cionero de Rcsendc; antes se atribuían, con el autor del Cancionero, 
al "infante dom Pedro, filho del rrey dom Joam da gloriosa memoria". 
M. Pelayo dice que son las mejores coplas de aquel Cancionero, y 
Oliveira Martins que son "el documento poético más notable de la lite- 
ratura portuguesa de su tiempo". Pueden verse en la Antología, de 
M. Pelayo, así como cuanto se refiere á este autor en el t. VII, pági- 
na ex, y t. II, pág. 263. 

357. El Condestable de Portugal es el mejor de los poetas 

del Cancionero de Rcsendc. donde están las poesías de los poetas 



332 ÉPOCA DE DON JUAN EL II (s. XV) 

portugueses cortesanos del siglo xv, casi todos bilingües y dis- 
cípulos de Mena y Santillana. Hay alli algunas composiciones 
de trovadores castellanos, como Juan Rodríguez de la Cámara y 
Juan de Mena, y otras de portugueses en lengua castellana, como 
de don Juan de Meneses, Mayordomo mayor de los reyes don 
Juan II y don Manuel; de Fernán de Silveira, de Alvaro de Brito 
Pestaña, de Duarte de Brito, de don Juan Manuel, hijo natural 
del Obispo de Guarda, y nieto del rey don Duarte ; del Conde de 
Vinioso, de Antonio Méndez de Portalegre, de Ferreira, de 
Fernán Brandam, de Jorge Resende, de Francisco Ornen, de 
Duarte de Resende, de Luis Enríquez, de García de Resende, 
autor del Cancionero, y de otros muchos, hasta ciento cincuenta. 

358. En la primera mitad del siglo xv se escribió la Danza 
de la Muerte, que con la Totentanz de Lübeck (1463) y la Dan- 
se Macabré de los Santos Inocentes de París, proceden de un 
original francés que todavía no se conoce. Tras un breve prólo- 
go llama la Muerte á los mortales de todos estados á sus espec- 
trales festejos, forzándolos á tomar parte en la danza. Las 
33 víctimas, un papa, un emperador, un cardenal, un rey, etc., 
alternando siempre los del estado eclesiástico con los del seglar, 
le responden en octavas. 

359. Con razón dice M. Pelayo que esta obra es una concepción 
exótica entre nosotros. ''No parece sino que la alegría y la luz de nues- 
tro cielo y el espíritu realista de la misma devoción peninsular ahuyenta- 
ban de España como de Italia estas visiones macabras, estas fantás- 
ticas rondas de espectros, este humorismo de calaveras y cementerios, 
<|ue en regiones más nebulosas, en Alemania y en el Norte de Francia, 
informa un ciclo entero de composiciones artísticas, y no sólo se es- 
cribe, se representa, se danza, sino que se pinta, esculpe y graba, y 
reaparece dondequiera : en las letras de los misales y de los libros de 
trovas, como en las vidrieras de las catedrales; y llega á obtener en 
aquella universal pesadilla del siglo xiv cierto género de siniestra reali- 
zación histórica con las danzas de epilépticos y convulsione.'; de San 
Guy, que interrumpían con li'igubre y tremenda algazara el silencio de 
la noche y la medrosa paz de los cementerios. Nada de esto llegó á 
España sino muy tardíamente y por vía erudita" (Antología de poet. 
líric. cast., t. III, pág. cxxxix). De sus dos elementos, el trágico y te- 
rrorífico, el elemento de la Muerte misma, bañado todavía por los i'illi- 
mos reflejos del paganismo septentrional, ni arraigó ni podia arraigar 
en F.spaña. Pero sí el de la igualdad de todos ante la Muerte, que 



S. XV, 1450. JOSEPH-BEK-SEM-TOB 333 

cuadraba con nuestro espíritu democrático, dando lugar á la sátira 
social. Este segundo es el que sobresale en la refundición castellana 
presente y en otra de fines del siglo xv ó comienzos del xvi, aumen- 
tada y ensanchada. 

Hay quien la atribuye á esta época juzgando por la forma de los 
versos, que dicen revelan progreso respecto de los tanteos de Ruiz y de 
López de Avala ; yo creo que en Juan Ruiz hay tanta ó mayor ¡)er- 
fección métrica y no menos en algunos trozos de López de Ayala. La 
importancia de esta obrilla está en ser un tanteo de drama, puesto que 
alternan la muerte con un pedricador, dos donzellas, el padre santo, 
el emperador, el cardenal, el rrey, el patriarca, el duque, el arzobispo, 
etcétera, etc., con personas de todos estados y oficios, hasta el recab- 
dador, el sacristán y el santero, convidándoles ella á entrar en la 
danza á todos, hasta treinta y tres, dándoles á entender que todos ha- 
brán de morir. 

Publicó la primera Danza de la Muerte Ticknor en los apéndices 
al tomo III de su History of Spanish Literatitre, Xew-York, 1849; 
después, con mayor cuidado, Janer, en París, 1856, 3- en el tomo de 
Poetan anteriores al siglo xv; últimamente, con todo esmero, R. Foul- 
clié-Delbosc, Barcelona, 1907, y C. Appel, Beitrage sur romanischen 
und englischen Philologie dcm X deutschen N cuphüologeniage üher- 
reicht van dem Verein akademisch gebildeter Lehrer der nencren 
Sprachen in Brcslau, Breslau, 1902, págs. 1-41. Consúltese: W. Seel- 
mann, Dic Totcntanse des Mitiel-altcrs, Leipzig, 1893. La segunda la 
reprodujo Amador de los Ríos en los apéndices del tomo VII de su 
Historia de la literatura española, transcribiéndola del rarísimo ejem- 
plar impreso por Juan \'arela. de Salamanca, en 1529, que se guarda 
en el archivo capitular de Sevilla. Pasó al drama en el siglo xvi en un 
auto sacramental del segoviano Juan de Pedraza ; después en el auto de 
las Cortes de la Muerte, comenzado por el placentino Miguel de Car- 
vajal y acabado por Luis Hurtado de Toledo y á él alude el Quijote 
(II, 11); transformóse en el Diálogo de Mercurio y Carón, en manos 
de Juan de Valdés y en las tres Barcas, en las de Gil Vicente. 

360. Hacia el 1450, según Nicolás Antonio (Bibl.. II, 247), el zara- 
gozano Pedro de Cavalleria escribió Zclus Christi contra ludaeos, 
Saracenos et Infideles, Venecia, 1592. 

Hacia 1450 Juan de Sahagún, cazador del rey don Juan II, escribió 
De las aves que casan. Comentólo Bertrán de la Cueva, duque de Al- 
burquerque (Nic. Ant., Bibl., II, 274). 

Josepii-ben-Sem-Tob, averroísta segoviano, nacido el 1420, escribió 
en hebreo Gloria de Dios ó tratado del supremo bien y del objeto final 
de la ciencia. Sabiduría excelsa. Tratado del intellccto hylico ó de la 
conjunción del entendimiento agente con el hombre. Comentario sobre 
el De Anima, de Aristóteles; otro sobre Del Entendimiento, de Ale- 
jandro de Afrodisia, y otro á la Etica á Nicómaco, de Aristóteles. Su 
hijo Sem-Tob-ben-Joseph fué comentador de Aristóteles y Maimónides: 



334 ÉPOCA DE DON JUAN EL II (s. XV) 

Tratado sobre la causa final de la creación. Idetn sobre la materia 
prima y sus relaciones con la forma, etc. 

361. Fernando de Córdoba (1425-1486?), doctor en teología, me- 
dicina y artes, gran polemista, de descomunal memoria, hablaba y es- 
cribía el latín, griego, arábigo y caldeo; venció á todos los contrincantes 
de Francia é Italia en Roma; sabía música, matemáticas y astronomía. 
Escribió De Pontificii Pallii mysterio. Convmentaria in Almagestum 
Ptolomaei. Alberti Magni opus de Animalibus, Roma, 1478. Verum 
qiio pcrvcnerit aut qualem vitae habuerit fincm nihil certi scribitur 
In Apocalypsim S. loannis ApostoU aliaquc opuscula. De Artificio 
otnnis scibilis (Ms. Bibl. Nac). Trató de conciliar Platón con A-ristó- 
teles. Gozó del aprecio de Sixto IV y Alejandro VI, además del de 
Juan II, rey de Castilla. Consúlt. : J. Renom, Vida de Fernando de 
Córdoba y Bocanegra, Madrid, 1717; A. Bonilla, Fernando de Córdoba 
y los orígenes del renacimiento filosófico en España (Discurso de in- 
greso en la R. Acad. de la Historia y contestación de M. Pelayo), Ma- 
drid, 1911. 

362. Del siglo XV fué el Libro de Cetrería que fizo Evangelista, 
corriendo fortuna por el Golfo de León, por no estar ucioso. 

Fray Diego de Herrera, santanderino, Jerónimo, In libros metaphy- 
sicorum Aristotelis commentaria. In Boctií libros de consolationc (Nic. 
Ant, Bibl., II, 252). 



■^^ 



.traliüivCmuUa 






Don Enrique IV (Códice de 146;, en Stuttgart). 



ÉPOCA DE LOS REYES CATÓLICOS 

EL ARTE POPULAR. EL RENACIMIENTO Y LOS HUMANISTAS 
(segunda mitad DEL SIGLO XV, 1454 HASTA I516) 



363. Resumen histórico: Enrique IV el Impotente (1454-1474). 
Isabel de Castilla y Fernando de Aragón ó los Reyes Católicos (i474" 
1504). Juana la Loca (1504-1507) y Felipe el Hermoso (t 1506). Re- 
gencia de Fernando de Aragón (1507-1516). 

Literatura francesa: Villon (1431-1483?). Jean Marot. La Passion 
(de Gréban, 1450; de J. Michel, 1486). Farce de Pathelin (hacia 1470). 
Gringoire (Jen du Priftce des Sots, 1512). Les Cent Nouvelles nouvelles 
(1450-1460). La Salle (Jelian de Saintré, 1459). Comimynes (1447-1511). 
Erasmo (1467-1536; Adagios, 1500). 

Literatura italiana: Pulci {Margante, 1466-1483). Boyardo {Orlando 
innamorato, 1494). Lorenzo el Magnifico. Angelo Policiano {Orfeo, 
1471 ; Stanse per la Giostra, 1475). Savonarola, Sermones (1452-1498). 
Masuccio, Cuentos (1460-1470). Sannazaro, la Arcadia (1489-1504). 

364. Alvar García de Santa ^Iaría (i 390- i 460), judío 
converso, hermano de Pablo de Santa María (1350-1432), re- 
gidor de Burgos y del Consejo del rey don Juan el II, de quien 
se hizo muclio caudal y confianza y fió el infante don Fernan- 
do, cuando fué á ser Rey de Aragón, el Registro del Consejo 
de los Gobernadores que dejaba en Castilla, fué el que primero 
bosquejó y tuvo más parte probablemente en la Crónica de don 
Juan II, como dijo Lorenzo Galíndez de Carvajal en la edición 
primera que hizo en 15 17; algunos otros tuvieron parte en ella, 
probablemente Pedro Carrillo de Albornoz, Diego de Valera y 
Lope Barrientes. Es notable como historia oficiad y escrita en 
buen lenguaje, imitando á López de Ayala. No menos bien es- 
crita está La Crónica de don Alvaro de Luna, impresa por pri- 



336 ÉPOCA DE LOS REYES CATÓLICOS (S. xV) 

mera vez en Milán, 1546, por Alvaro de Lima, biznieto de! 
Condestable, antes atribuida al mismo Alvar García, pero de 
autor desconocido. Es obra parcial en favor del héroe, "del 
mejor caballero que en todas las Españas ovo en su tiempo". 

3C5. Galíndez de Carvajal (i472?-i56o?) añade que tomaron parte 
en la Crónica de Juan II Mena, Rodríguez de la Cámara, Pedro Carri- 
llo de Albornoz, Diego de Valera y Lope de Barrientos, y que el último 
se había alzado con el crédito del trabajo, aunque todo el texto fué re- 
tocado por Fernán Pérez de Guzmán. Su dicho tiene probabilidad, con 
tal de descartar enteramente á Mena, Rodríguez de la Cámara y Pérez 
de Guzmán. 

La Crónica de don Juan I! no es de Fernán Pérez de Guzmán, como 
se ha creído por el dicho de Galíndez, su editor, pues en el prólogo de las 
Generaciones, en que el Señor de Batres, ya de edad bien adelantada (por 
los años 1455 ó 56), lejos de manifestar propósito de escribir la crónica 
de su tiempo, dice que "aunque quisiesse non sabria, et si sopiesse non 
estava ansy instruydo nin enformado de los fechos como era necessario 
á tal acto". Aunque dudaba la escribiese bien el cronista oficial, la Cró- 
nica resultó fidedigna. Escribiéronla varios, sobre todo el más antiguo, 
Alvar García de Santa María, que historió los trece primeros años del 
reinado. Después de refundida varias veces la publicó Lorenzo Galín- 
dez de Carvajal, Logroño, 1517; Sevilla, 1543; Pamplona, 1590 y 1591; 
Epitome de la Crónica de don Juan II. Madrid. 1675; Crónica de don 
Juan II, Valencia, 1779; Madrid. 1877 (Bibl. Aut. Esp.) ; Colección de 
documentos inéditos para la Historia de España, ts. XCIX y C. 

Crónica de don Alvaro de Ltina, ed. J. M. Flores, en Crónicas espa- 
ñolas, Madrid, 1775, t. V. 

366. Antón de Montoro ó el Ropero de Córdoba (1404- 
14S0), así llamado por el oficio de sastre que tuvo, nació en 
Montoro y se convirtió del judaismo á la religión católica, flore- 
ciendo en los reinados de Enrique IV y de los Reyes Católicos 
como coplero de verdad, sobresaliendo en Ja sátira y poesía 
burlesca, no sin sailes y donaires y siempre con la naturalidad 
y sinceridad que le ponen á ciai codos por cima de Mena y 
demás poetas eruditos. Es el primer poeta que se allega al pue- 
blo y belje en su decir la fuerza satírica, aunque ix>r lo mismo 
á veces aJgiin tanto grosera. 

3<>7- F.n una composición dirigida á la Reina Católica en 1474, dice 
haber cumplido setenta años. No reniega, antes confiesa su origen judío; 
I>cro parece se convirtió de veras, pues tiene á veces unción religiosa. 



S. XV, 1453. ÁLVAREZ GATO SSy 

Sus émulos, como Guevara, Hernán alexia y el comendador Román le 
burlaban, aconsejándole se dejase de las ilusas y empuñase "la vara 
de su remenderia"; pero otros, que conocieron su valor poético, le ani- 
maban á que dejase tan abatido oficio, que hacia despreciar sus versos, 
así Alfonso Velasco. Siguió él siendo sincero sastre y sincero poeta, 
y aunque dirigía versos á quienes le pudiesen socorrer y no llevaba á 
bien ver más favorecidos á otros peores poetas que él, fuera de la dura 
sátira que hizo contra Juan de Valladolid "porque pidió dinero al Cabil- 
do de los Abades de Córdoba'', no puede decirse que se rebajó ni que 
infamó su poesía. Fué grande admirador y amigo de Juan de Mena y 
de don Iñigo López de Mendoza ; pero para el que no se pague de frías 
}■ afectadas erudiciones y aprecie más la personalidad de un poeta que 
escribe naturalmente y no sin chiste, buen humor y mordacidad cuando 
conviene, valia como poeta mucho más que todos ellos. Lope de Vega 
dice de sus "agudos epigramas" que "tienen tantos donaires y agudezas, 
que no les hace ventaja Marcial en las suyas" {Introd. á la Justa Poét. 
de San Isidro). El códice que encierra más poesías suyas es el de la 
Biblioteca de la catedral de Sevilla ó Colombina del siglo xv. del que 
se sacó una copia incorrecta que se halla en la Nacional (Dd-6i, 
fol. 123...); pero hay que ver además dos Cancioneros de la Biblioteca 
Real y otro de la Nacional de Paris (586 del Catal. de Morel-Fatío), el 
Cancionero de obras de Burlas y las diversas ediciones del Cancionero 
general. 

Cancionero de Antón de Montoro, edic. E. Cotarelo y Mori, ^Madrid, 
1900. Consiíltense : Pedro J. Pidal, Introd. al Cana. Baena, pág. xxxiii, 
etcétera; J. Amador de los Ríos, Histor. de la liter. esp., t. VI, págs. 150- 
160; M. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, etc., t. XI, 
págs. xx-xxxviii; R. Ramírez de Arellano, Antón de Montoro y su tes- 
tamento, en Revista de Archivos, etc. (1900), t. IV, págs. 484-489; 
R. Ramírez de Arellano, Ilustraciones á la biografía de Antón de Mon- 
toro, en Revista de Archivos, etc. (1900), t. IV, págs. 923-935. 

368. "^Año 1453. Juan x\lvarez Gato (i430?-i496), ma- 
drileño, emparentado con el linaje de Lujan, fué hijo de Luis 
Alvarez Gato, señor del mayorazgo de su apellido en Madrid y 
alcaide de sus reales alcázares en tiempo de don Juan II, á quien 
habia servido en la guerra de Granada y en Olmedo. Fué el 
hijo armado caballero por el mismo Rey (1453) y tuvo hacienda 
en Pozuelo de Aravaca, donde le visitó varias veces el mismo 
don Juan II, que le trataba de amigo. Enrique IV se valió de el 
para sosegar las diferencias entre Toledo y el Conde de Fuen- 
salida, fué mayordomo de la Reina Católica, murió después 
de 1495 y fué sepultado en la iglesia del Salvador, capilla de 
Nuestra Señora de la Antigua. Su mujer se llamó Aldonza de 



338 ÉPOCA DE LOS REYES CATÓLICOS (S. XV) 

Luzón, de quien no tuvo hijos, pasando el vinculo, por él fun- 
dado, á la familia de su hermano Fernán Alvarez Gato, comen- 
dador de Villoría en la Orden de Santiago. Escribió "coplas 
viciosas de amores, pecadoras y llenas de mocedades... habla 
en cosas de razón y al cabo espirituales, provechosas y contem- 
plativas". En las eróticas hay fantasía viva y risueña y un 
decir algo picante, entre las tonterías amorosas, poco sinceras, 
y las frias alegorías que entonces se usaban. La versificación 
es fácil y graciosa, tanto que Gómez Manrique dijo de él que 
"fablaba perlas y plata". Hizo Jindas glosas á cantarcillos sa- 
grados y profanos, sobre todo, populares. En sus últimos años 
"se despidió del mundo" y se dio á componer coplas espiritua- 
les, que no son tan buenas como las amorosas de su mocedad. 

Amigo de Alvarez Gato, y de parecida, aunque no tan fe- 
cunda vena, fué el capitán Hernán ó Ferrand Mexía, veinti- 
cuatro de Jaén. Su mejor composición fué la sátira contra las 
mujeres, imitación mejorada de la que hizo Torrellas. Escribió, 
además, en prosa, el Nobiliario Vero (Sevilla, 1492), libro de 
heráldica de los mejores y más antiguos que tenemos. 

369. En la Miscelánea, del portugués García de Resende, se dice 
que Alvarez Gato, "hombre de criar e tratar caballos e muías, vino á 
privar tanto que le dio el Rey renta y estado cerca de sí. No hizo jamás 
bien á su padre y yendo con el rey camino, topando á su padre que 
venia con dos jumentos cargados, el padre se quitó el bonete y el hijo 
non le miró. Súpolo el rey y mandóle echar de la corte, diciendo que 
quien non era para facer bien á su padre non se podía su señor fiar de 
él''. Quien tan mal informado estaba del linaje y oficio del padre no 
puede ser creído en esta leyenda y en los villanos sentimientos, tan 
opuestos á los que muestran los versos del poeta. Cayó temporalmente 
en desgracia de don Beltrán de la Cueva, pero la causa la pone el mismo 
Alvarez Gato : "Al tiempo que fué herido Pedrarias por mandado del 
rey don Enrique, paresciole muy mal (al autor), porque era muy notorio 
que le fué gran servidar, y por esta causa hizo las coplas siguientes." 
En esta y en otra sátira se despide de la corte por no ver el abati- 
miento real. 

Las poesías eróticas solamente pasaron al Cunáoncro general, y fal- 
tan, por haberse perdido, las cinco primeras hojas, en el códice de la Bi- 
blioteca de la Academia de la Historia. Amador de los Ríos, en las ilus- 
traciones del tomo VI de su Historia crítica, puso íntegro el índice de 
sus 82 poesías. Véanse algunas en Gallardo, t. I. Cancionero de Juan 
Alvares Gato, edic. R. Foulché-Dclbosc, en Cancionero Castellano del 
siglo xr. 1912, t. I, págs. 222-269 (Nueva Bibl. de Aut. Esp., t. XIX) ; 



S. XV, 1456. ALFONSO DE FALENCIA SSg 

Cancioneros inéditos, ed. E. Cotarelo y Mor!, Madrid, 1901. Consúl- 
tense: señora C. Michaélis de Vasconcellos, Nuevas disquisiciones acer- 
ca de T. A. G., en Revista Lusitana (1902), t. VIII, págs. 241-244; 
M. Menéndez y Pelayo, Antología de podas líricos, etc., t. VI, pági- 
nas XXXIV-LIV. 

Sobre Mexía véase la Relación de los fechos del Magnifico Condes- 
table Miguel Lucas de Iranso, en el Memorial Histórico Español, 
t. VIII, pág. 382. Ximena, en sus Anales de Jaén, pág. 115, le atribuye 
cierta obra sobre los pobladores de Baeza. Sus poesías se hallan en el ma- 
nuscrito de su amigo Alvarez Gato y en el Cancionero de Castillo 
(núms. 1 15-124, edic. Biblióf. Españ.). Cancionero, ed. R. Foulché- 
Delbosc, en Cancionero Castellano del siglo .vv, I, Nueva Bibl. de Aut. 
Esp., t. XIX, págs. 269-287; Der Spanische Cancionero des Brit. Mus., 
«d. H. A. Rennert, Erlangen, 1895. 

370. Año 1455. Pero Tafur (i4IO?-I4S4?), descendiente 
de Pedro Ruiz Tafur, que con Martín Muñoz y Ruiz de Ar- 
gote sorprendió la Axarquía de Córdoba, en donde estaba ave- 
cindado, nació en Sevilla y parece se crió en casa del Maestre 
de Calatrava don Luis de Guzmán, bajo cuyas banderas militó 
{1431-1432), cuando era frontero de Jaén. Con licencia de don 
Juan II partió de España (1435) y viajó por Italia, Judea, Chi- 
pre, Egipto, Rodas, Frigia, Grecia, Tartaria, Suiza, Alemania, 
Flandes, Borgoña y Francia, y vuelto á Córdoba (1439), acabó 
de ordenar y pulir la narración de sus viajes por los años que 
median entre la muerte de don Juan II (1453) y la de Ladislao 
el Postumo de Hungría (1457), ignorándose el de su propia 
muerte. Joven, rico é hidalgo, fué regalado por el Papa, el Em- 
perador de Alemania y por las personas de cuenta en todas par- 
tes. Su obra Andangas é viajes de Pero de Tafur por diversas 
partes del mundo ávidos (1435-1439), es amena en la descrip- 
ción, atinada en las observaciones, animada en las aventuras, 
desembarazada y llena de buen humor en el estilo, llana y co- 
rriente en el lenguaje. 

371. Andangas é viajes de Pero Tafur. Edic. de M. Jiménez de la 
Espada, Madrid, 1874, de la Colección de Libros españoles raros ó cu- 
riosos, t. VIII. Consúltese : R. Ramírez de Arellano. en el Boletín de la 
Real Academia de la Historia, 1902, t. XLI, págs. 273-293. 

372. Ario 1456. Alfonso de Falencia (1423-1492), sir- 
vió al obsipo de Burgos, Alonso de Cartagena ; después, varios 
años, en Italia, al cardenal Bessarion (i403?-i472). Protegido 



340 ÉPOCA DE LOS REYES CATÓLICOS (S. XV) 

primero por Enrique IV, se pasó luego al bando opuesto, en- 
carnizándose en sus antiguos amgos. No conoció el griego; 
pero fué consumado latino y Enrique IV le nombró su cronista 
y Secretario de cartas latinas en 1456, sucediendo en este cargo 
á Juan de Mena. 

Escribió en Jatín el año de 1456. aunque la nota final diga 
erradamente 1457, Y tradujo luego al castellano La guerra cam- 
pal de los perros contra los lobos, alegoría satírica, probable- 
mente, de las luchas civiles de aquel tiempo. En 1459 el Tratado- 
de la perfección del Trmnfo militar, también alegórico, aunque 
mezclando otras cosas. En 1490 publicó el primer Diccionario 
latino-castellano, Universal vocabulario en latín e en romance 
coUegido por el cronista Alfonso de Falencia, Sevilla. En 1491 
tradujo del latín á Plutarco, Varones ilustres de Plutarco, y en 
1492 á Josefo, Josefo, de Bello Judaico, Sevilla, 1492, 1522; 
corregido por Erasmo. En latín escribió Gesta hispaniensia ex 
annalibiis suorum dieruní, que abraza de 1440 á 1474 y ha pu- 
blicado Paz y Melia, traduciéndolas al castellano juntamente 
con un relato de la guerra de Granada, que abraza del 1480 al 
1489, no pudiendo acabarlo por haberle tomado la muerte en 
Marzo de 1492. Opus Synoniniorum, acabado en 1472. 

Como historiador, Alfonso de Palencia es parcial, hasta 
sacar sangre á los del bando contrario con su acerada pluma. 
Corre otra historia de aquel tiempo en castellano, escrita por uno 
de la misma bandería de Alfonso de PaJencia y pinta los acon- 
tecimientos de una tan parecida manera, que se sospecha si la 
escribiría él mismo. Fué de ingenio observador y perpicaz, es- 
cribió el castellano con brío y empuje ; pero todavía latiniza 
como los demás sus contemporáneos, aunque la mordacidad sin- 
cera le haga sacar del romance más vivos chispazos que á otros. 

Juan de Olid es el autor probable de da Relación de fechos 
del condestable Miguel Lucas de Iranzo, que se ha atribuido 
también á Diego Gómez y á Pedro de Escavias. Tiene buenas 
¡linturas de costumbres. 

37:5. Alfonso de Falencia. Dos tratados, ed. A. M. Fabié, en Libros 
de antaño, t. V; Crónica de Enrique IV, trad. española de A. Paz y 
Melia, Madrid, 1904-1912, 5 vols. publicados. Consúltense: \V. L. Hol- 
land, Fur gcschichtc Castilieus, Bruchstückc aus dcr Chronik des 
Alonso de Palencia, Tiibingen, 1850; G. Cirot, Les Décadcs d' Alfonso 




Don Gómez Maxriqi-e (Monasterio de Fres-del Val). 



S. XV, 1458. GÓMEZ MANRIQUE 34 1 

de Falencia, la Chronique castillane de Henri IV attribuée á Falencia, 
en Bulletin Hispaniquc (1909), t. XI, págs. 425-437. 

Crónica del Condestable Miguel Lucas de franco. Ed. P. de Gayan- 
gos, en Memorial histórico español, Madrid, 1855, t. VIII. 

374. 'Año 1458. GÓMEZ Manrique (i4I2?-i490?), poeta, 
orador político, caballero leal y esforzado y personaje de tanta 
cuenta en la historia de su tiempo, que de sus hechos están lle- 
nas las crónicas de Enriciue IV y de dos Reyes Católicos. Nació 
en Amusco, de tierra de Campos, siendo quinto hijo del ade- 
lantado mayor del reino de León don Pedro Manrique y de 
doña Leonor de Castilla, nieta de Enrique II y camarera mayor 
de la reina doña María, que, viuda en 1446, vivió en Calaba- 
zanos desde entonces, para cuyo convento compuso su hijo la 
Representación del nacimiento de Nuestro Señor. De genio 
blando y conciliador, fué elegido arbitro en muchos casos, 
aunque por su misma docilidad siguió á su hermano mayor 
el conde de Paredes^ don Rodrigo, penúltimo maestre de San- 
tiago, en las empresas guerreras, en que fué vencedor veinti- 
cuatro veces. Púsose con todos los de su casa de parte de los 
Infantes de Aragón y entre los adversarios de don Alvaro de 
Luna; fué herido en Maqueda en 1441 entre los sitiadores y 
asistió al asalto de Cuenca en 1449. Fimdóle su madre, en el 
testamento otorgado en 1440, un mayorazgo. Con todos los 
Manriques se puso del bando opuesto á Enrique IV y tomó la 
voz del infante don Alonso y luego de doña Isabel, asistiendo 
al juramento de los Toros de Guisando en 1468 y prestando 
el suyo, en sus manos, en Cervera, don Fernando, escoltándole 
hasta Dueñas y recibiendo en sus manos el pleito homenaje de 
los príncipes Femando é Isabel en Valladolid, el 1469, siendo 
fiadores el Arzobispo de Toledo y el Almirante. Fué elegido 
por don Fernando para ir á desafiar en Toro, año de 1475, al 
Rey de Portugal y nombrado Corregidor de Toledo y defensor 
del Alcázar, puertas y puente contra el turbulento arzobispo Ca- 
rrillo, en que se portó como bueno y desbarató con su elocuencia 
y cuidado las tramas del Arzobispo, que tuvo que rendirse á 
los Reyes. Defendió á los judíos y reedificó el punte de Alcán- 
tara en 1484 y las Casas Consistoriales, muriendo en aquel regi- 
miento probablemente en 1490, fecha de su testamento, en el 
que ordenó le sepiiltasen en el monasterio de Santa Clara de 



342 ÉPOCA DE LOS REYES CATÓLICOS (S. XV) 

Calabazanos. Preciábase más de las armas que de las letras, aun- 
que tuvo gran facilidad en versificar y afición á los estudios, con 
no menor modestia que aprovechamiento. Consérvanse 108 com- 
posiciones de discreteos amorosos, preguntas ó "requestas", al 
uso de la antigua escuela galaico-portuguesa ; de felicitaciones 
ó "estrenas" y "aguilandos" ; jocosas ó de biurlas y son las más 
ligeras. Pero son mejores las morales y graves, sentenciosas y 
políticas, como las de Santillana y Mena, á veces alegóricas, 
como la conocida de El Planto de las Virhtdcs e Poesía, por el 
Magnífico señor don Iñigo López de Mendosa, que dedicó á la 
muerte del primero el año 1458. Su mejor obra acaso sean los 
Consejos á Diego Arias de Avila, favorito de Enrique IV, cuya 
imitación en las famosas Coplas de su sobrino Jorge Manrique 
no puede desconocerse, tanto en los pensamientos cuanto en el 
metro. Sus contemporáneos preferían las Coplas del vial gobier~ 
no de Toledo ó Exclamación c querella de la Gobernación, glo- 
sadas por Pedro Díaz de Toledo {Cancionero de Goni. Manr.,. 
t. II, pág. 230). Antes de 147S dirigió á los Reyes Católicos un 
largo doctrinal de buen gobierno, sencillo y elegante. La Prose- 
cución continúa las Coplas de los siete pecados mortales, de Juan 
de Mena. 

Pero la principal novedad de Gómez Manrique es la Repre- 
sentación del Nacimiento de Nuestro Señor, compuesta para el 
monasterio de Calabazanos, verdadero drama litúrgico, senci- 
llo y candoroso, terminado con un cantar de cuna ó "canción 
para callar al niño", compuesto sobre el tono del popular "Ca- 
llad, fijo mío, chiquito". Algo se le parecen las Lamentaciones 
fechas para Semana Santa, diálogo entre la Virgen, San Juan 
y la Magdalena. También fueron representaciones los dos Mo- 
mos, uno de los cuales, escrito el 1467 por mandamiento de la 
infanta doña Isabel, fué de hecho representado por la misma 
Infanta y sus damas. Gómez Manrique es, por consiguiente, 
predecesor de Juan del Enzina como fundador del teatro es- 
pañol. 

375. Sobre la vida de Gómez Manrique véanse las Crónicas dichas 
y Salazar, Casa de Lara, t. II, págs. 531-542. Es curioso el inven- 
tario de sus bienes, descubierto y conservado por Gallardo, Canc. de 
Góm. Manrique, t. II, pág. 326, donde pueden verse los libros que 
tenia, ninguno impreso, con ser del año 1490, y ninguno de Dante ni 



S. XV^ 1462. RODRÍGUEZ DE ALMELLA 343 

Petrarca, aunque sí de Boccaccio, historiadores y moralistas. Su faci- 
lidad en versificar era tal. que "solia hacer en un dia quince ó veinte 
trovas sin perder sueño ni dejar de hacer ninguna cosa de las que tenia 
en cargo" ; aunque "esto no podré decir que aya fecho en el estudio de 
las sciencias ni arte de la poesia, porque yo éstas nunca aprendí nin 
tova maestro que me las mostrase, de lo qual las obras mias dan verda- 
dero testimonio". Tan poca estima hacía de sus obras, que debemos su 
conservación á su amigo y deudo don Rodrigo Pimentel, conde de Be- 
navente. El códice ornado é historiado y con la divisa de Gómez Man- 
rique entre sus follajes, que era una cabeza de laúd ó viola con seis 
clavijas y esta letra: "Xo puede templar cordura lo que destempla 
ventura", que posee la biblioteca particular de Su ^Majestad, pudiera 
ser el que le envió su autor á petición suya. El de la Nacional (V-236) 
acaso es más antiguo, pero falto de folios. Con ellos y los Cancione- 
ros preparó su edición Paz y Melia, Madrid, 1885, 2 vols. Consúltese: 
Menénd. Pelayo, Antología de poetas líricos castellanos, t. VI, pági- 
nas CIV-CLI. 

3 7 6. El año 1458 hacen memoria los carmelitas de Fray Bernar- 
do DE MoNTESA, de Calatayud, escritor de su Orden, que compuso : In 
librutn Divi Thomae Aquinatis '^Dc quatuor virtutihus cardinalilms" 
Commcntaria. In libnim loannis Patriarchac Hierosolymitani "D^ 
institutione monachormn" clucidationcs. In lihrum Pliilippi Rihhoti. De 
pcculiaribiis gcstis Carmelitanim" (Nic. Ant., Bibl., II, 272). 

Fray Aloxso de Espix.\, de los menores de la observancia, rector 
de la Universidad de Salamanca y ministro de la Inquisición, sabio 
judío converso, escribió en 1458 Fortalitiinn Fidei, contra los judíos, 
Nuremberg, 1494; Lyon, 151 1, 1525; Cambray, 1629. Sermones de no- 
mine lesH XXIV. De fortuna (Ms. Escor.). Fué el que asistió á don 
Alvaro de Luna en el cadalso. 

Alfonso de Oropesa, monje Jerónimo de Guadalupe, escribió Lumen 
fidei ad revelationem gentium. Sermones dichos en los capítulos gene- 
rales de 1459, 1462, 1465 y 1468. 

377. 'Ario 1462. Diego Rodríguez de Almela (1426?- 
1492?), arcipreste de Santibáñez, capellán de la reina Isabel y 
después canónigo de Cartagena, compuso en 1462 y publicó en 
1487 el Tractado que se llanta copilación de las batallas campales 
que son contenidas en las historias escolásticas s de España, 
íilurcia, y el Tractado que se llama Valerio de las Estarías es- 
colásticas s de España, Murcia, 1487 : son dos obras diferentes. 
Compendio Historial, presentado á los Reyes Católicos en 1491 
(inédito, Bibl. Nac, P-i, y Bibl. M. Pelayo), obra que merece 
imprimirse. 



344 ÉPOCA DE LOS REYES CATÓLICOS (s. XV) 

3 7 8. Otras ediciones: Valerio de las istorias escolásticas, ^Medina, 
1511. Valerio de las historias escolásticas de la sagrada cscriptura y de 
los hechos de españa con las batallas campales : copiladas por fernan 
peres de gusman, Toledo. 1527. Como en ésta, atribuyese ya en todas las 
demás á Pérez de Guzmán y todas llevan el mismo titulo, Sevilla, 1527, 
1536; Toledo, 1541; Sevilla, 1542, 1551; Madrid, 156S; Medina, 1574; 
Salamanca, 1587; Madrid, 1793. 

Pról. (Murcia, 1487. Valerio de las Estorias...): "Como yo estoviese 
de edad de catorce años en servicio del muy Rev. mi Señor don Alfonso 
de Cartagena, de gloriosa memoria, obispo de Burgos, s por su merced 
me mandase aprender Gramática, algún tanto introducto en ella, como 
en su cámara hobiese muchos libros de diversas sciencias Teologales, z 
de Filosofía, Leys, z Cañones; z asi mesmo muchas Estorias z Crónicas, 
asi de la Sacra Escriptura, como de Emperadores, Reyes z Principes, 
señaladamente de los de España, por no estar ocioso (que de la ociosi- 
dad no se sigue virtud alguna) segmid flaqueza de mi engenio, z po- 
quedad de mi saber ; dime a leer en las Estorias de la Sacra Escrip- 
tura, principalmente en la Biblia, z en el libro de las Estorias Escolas- 
ticas, z en las Coronicas de los Reyes de España desde su población 
fasta el tiempo presente... En su vida (del Obispo de Burgos) cog- 
noscí ser su deseo que, como Valerio Máximo de los fechos Romanos z 
de otros libros fizo una Copilacion de nueve libros, poniendo por titulo 
todos los fechos, adaptante a cada título lo que era consiguiente a la 
materia, sacado de Tito-Livio, z de otros Poetas z Coronistas; que asi 
Su Merced entendía facer otra Copilacion de los fechos de la Sacra 
Escriptura z de los Reyes de España, de que cosa alguna Valerio non 
fabló : lo cual él ficiera en Latin, escripto en palabras scientificas, s de 
grand elocuencia, si viviera. Yo, porque mi sciencia es poca, propuse 
el su deseo escribir en nuestra Lengua Castellana... yo segund mi in- 
genio lo mejor que pude, de los dichos libros z algund tanto de otros 
tractados ordenados por el dicho mi señor Obispo, adaptando cada cosa 
a su titulo, principalmente los fechos de la Sacra Escriptura z después 
los de España, fice esta copilacion asi mesmo en nueve libros, z cada 
libro dividido por títulos, z cada titulo por capítulos..." Y en la "Res- 
puesta" á la "Carta z Coplas quel